A la memoria de Xuan Bello (1965â2025)
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1 Introducción1
En las páginas de la Historia de los mongalos fray Juan de Pian del Carpine advierte a los lectores de que âel propósito de los tártaros es someter el mundo entero a su dominioâ y de âno hacer paz con nadie que no se someta a su dominioâ2. Para fray Juan la amenaza tenÃa muchos visos de convertirse en realidad, de modo que le parecÃa imprescindible la creación de un gran ejército en su contra formado por miembros de todos los estados cristianos. Ignoro si el cronista catalán Ramon Muntaner (1265â1336) llegó a leer, o a tener noticias, de la Historia de los mongalos. Supongo que sÃ. Lo que es seguro es que llegaron a sus oÃdos noticias sobre los tártaros y consejos como los de fray Juan de Pian del Carpine. Incluso es probable que llegara a tener algún contacto con los tártaros en Bizancio. Y una obra que estoy seguro de que llegó a conocer, como intentaré demostrar en este artÃculo, es la Fleur des estoires de la terre dâOrient del monje armenio Haitón de Córico. Me parece, por lo tanto, que los conocÃa bastante bien.
Ramon Muntaner fue un hombre de acción con una hoja de servicios impecable, como se desprende de la lectura de la Crónica. Participó en la conquista de Menorca (1287), en la defensa de Sicilia contra los Anjou (1300â1302) y entre los años 1303â1307 jugó un papel de primer orden en la expedición de los almogávares a Bizancio. Fue también gobernador de Djerba y de las islas Querquenes (1309â1313) y actuó diversas veces como diplomático y hombre de confianza de los reyes de Aragón, Mallorca y Sicilia. La Crónica, que escribió entre los años 1325â1328, narra la expansión catalana por el Mediterráneo bajo el patronazgo de los diversos reyes de la Casa de Aragón â de Jaime I a Alfonso III de Aragón â que Muntaner llegó a conocer3.
Con un curriculum vitae como el que acabo de comentar, no es sorprendente que Muntaner sintiera admiración por un pueblo guerrero como el tártaro, aunque cabe reconocer que la lectura de la Crónica arroja como balance tan sólo dos menciones directas a los mongoles, que a lo sumo se podrÃan ampliar a tres si incluÃmos una referencia a âla mar de Tanaâ, es decir, al mar de Azov, un punto de importancia capital en la Ruta de la seda y en las relaciones entre Europa y los mongoles en la baja Edad Media. Sin embargo, estoy convencido de que los tártaros fueron un modelo o, mejor dicho, el modelo del proyecto polÃtico y militar que Muntaner presenta y defiende a lo largo de la Crónica. La voluntad de poder y la unidad de acción, âquasi vir unusâ, del pueblo tártaro eran para Muntaner un ejemplo a seguir.
Un modelo que, como veremos en la segunda parte de este trabajo, hasta cierto punto se sintetiza en el famoso eximpli, o ejemplo, como lo llama Muntaner, de la gavilla de juncos, que cierra y corona la Crónica y que tengo la impresión de que procede, en primera instancia, de la Fleur des estoires de la terre de lâOrient del monje armenio Haitón de Córico y, en segunda instancia, de la tradición mongol. (Si, como intentaré demostrar, el eximpli, o sÃmil, de la gavilla procede de Haitón, habrÃa, por lo tanto, dos referencias directas a los tártaros en la Crónica, y una referencia encubierta, aunque de importancia capital para la interpretación del relato).
2 De la âdreta Casteylaâ al imperio bizantino
La primera mención a los tártaros se encuentra en el capÃtulo 29 de la Crónica. Se trata de un pasaje que se ha comentado mucho en la tradición filológica catalana, pero que a mi juicio no se ha interpretado del modo más adecuado. En un pueblo con una historia lingüÃstica tan complicada, por no decir torturada, como el catalán, los filólogos hemos tendido a concentrar la atención en los comentarios lingüÃsticos de Muntaner, que de entrada cabe reconocer que son sorprendentes, y hemos descuidado las observaciones demográficas y polÃticas sobre los tártaros, que, desde mi punto de vista, son el auténtico centro de gravedad del pasaje4. Muntaner empieza su discurso con un afirmación tan sorprendente entonces como ahora: âque dâun lenguatge solament, de negunes gents no són tantes com cathalansâ5, es decir, el catalán es la lengua con más hablantes como mÃnimo de Europa y quizás del mundo. Para demostrarlo empieza comparando el catalán con diversas lenguas europeas, y culmina su discurso hablando de los tártaros, pero sin hacer ninguna referencia a su lengua y centrándose en su modus vivendi y en su demografÃa.
Debe tenerse en cuenta que las reflexiones lingüÃsticas y demográficas de Muntaner están colocadas, a modo de digresión, después del relato de la coronación de Pedro el Grande, el hijo de Jaime I. Muntaner cuenta, en primer lugar, que Pedro se coronó como rey de Aragón en Zaragoza; después como rey de Valencia en Valencia y, finalmente, como conde de Barcelona âe senyor de tota Catalunyaâ en Barcelona. Muntaner era consciente de que no era lo mismo un tÃtulo de rey que uno de conde y, como si le supiera mal que Cataluña no fuera, como Aragón o como Valencia, un reino, introduce en la Crónica una defensa muy particular de Cataluña, y a la vez una primera versión de su proyecto polÃtico y militar.
El discurso de Muntaner contiene dos elogios muy singulares. El primero parece una crÃtica demoledora del tópico de la pobreza congénita de Cataluña, sintetizado en el famoso verso de Dante âlâavara povertà di Catalognaâ (Paradiso VII, 77). Muntaner reacciona contra este tópico reconociendo de entrada que en Cataluña no existen las grandes fortunas de otros paÃses, para afirmar acto seguido que, sin embargo, la riqueza está tan bien distribuida entre todas las capas de la población que de hecho sus habitantes viven bastante mejor que cualquier otro pueblo del mundo:
Et negú no·s pens que en Cathalunya sia pocha provÃncia, ans vull que sà pia tothom que en Cathalunya ha comunament pus rich poble que negun poble que yo sà pia ne aja vist de neguna provÃncia, si bé les gents del món la major part los fan pobres. Ver és que en Cathalunya no ha aquelles grans riquees de moneda de certs hòmens senyalats que ha en altres terres; mas la comunitat del poble és lo pus benenant que poble del món, et qui viuen mils et pus hordonadament en lur alberch ab lurs muylers et lurs fills que poble qui e·l món sia6.
Dicho de otro modo, la ausencia de grandes fortunas en Cataluña se compensaba con la mejor renta per cápita del mundo, muy superior a la de los paÃses donde la riqueza se concentraba en unas pocas familias determinadas, sin llegar a repartirse de forma equitativa entre toda la población. Cataluña podÃa parecer pobre, pero no lo era de ningún modo.
El segundo elogio de Muntaner, el que más interesa en este artÃculo, es de lectura más complicada. Debemos tener en cuenta que Muntaner es, sobre todo, un narrador, un gran narrador, que, sin embargo, no domina tan bien el discurso abstracto como el relato de las batallas, de los viajes o de las anécdotas. Para poder analizar a fondo su discurso lo mejor es dividirlo en dos partes: la primera, dedicada a las lenguas de diversos estados europeos, y la segunda, centrada en exclusiva en los tártaros. El centro de gravedad de la primera parte son las lenguas de Europa empezando en Castilla y terminando en el imperio bizantino. Según Muntaner, en realidad no habÃa en Europa estados monolingües, sino estados con una gran diversidad lingüÃstica. El primer ejemplo que pone Muntaner es el de la âdreta Casteylaâ, dividida en muchas provincias y con diversas lenguas en su seno. Aunque Muntaner no las especifique, debe referirse, como mÃnimo, al castellano, al galaicoportugués, al asturleonés y al vasco, e incluso quizás al árabe y al hebreo. Y lo mismo sucedÃa, a escala más reducida, en la corona de Aragón con el aragonés y el catalán (y quizás también con el árabe y el hebreo).
Dâaltra part, vos diré cosa de què us meraveylerets (emperò, si bé u ensercats, axà u trobarets): que dâun lenguatge solament, de negunes gents no són tantes com cathalans. Que si volets dir castellans, la dreta Casteyla poch dura et poch és: que en Casteyla ha moltes provÃncies qui cascun parla son lenguatge, qui són axà departits con cathalans dâaragoneses. Et si ben cathalans et aragoneses són dâun senyor, la lengua no és una, ans és molt departida7.
Si para Muntaner Cataluña no era una âpocha provÃnciaâ, la âdreta Casteylaâ, es decir, la Corona de Castilla, era en realidad una nación más pequeña de lo que parecÃa, dividida en provincias donde se hablaban lenguas tan diferentes (galaicoportugués, asturleonés o vasco, aparte del castellano) como el catalán del aragonés, o incluso más.
Una vez analizada la diversidad lingüÃstica de la penÃnsula, Muntaner atraviesa los Pirineos y hace un repaso rápido del plurilingüismo del centro de Europa e, iniciando un desplazamiento hacia el este, del de Italia y del imperio bizantino: âet axà mateix trobarets en Ffrança, et en Anglaterra, et en Alamanya, et per tota Ytà lia et per Romaniaâ8. La diversidad lingüÃstica de la Francia medieval tiene que ver no solo con la variedad de lenguas habladas en su seno (francés, bretón, occitano, vasco, etc.), sino también con la considerable diversidad dialectal de la lengua francesa. Roger Bacon ya habÃa señalado, pocos años antes del nacimiento de Muntaner, la gran variedad dialectal del francés en un pasaje del Opus Maius, y habÃa extraÃdo unas conclusiones en realidad muy cercanas a las del cronista:
Nam et idiomata variantur ejusdem linguae apud diversos, sicut patet de lingua gallicana quae apud Gallicos et Normannos et Picardos et Burgundos multiplici variatur idiomate. Et quod proprie dicitur in idiomate Picardorum horrescit apud Burgundos, immo apud Gallicos viciniores: quanto magis igitur accidet apud linguas diversas9.
Lo mismo sucedÃa en Inglaterra, donde, a parte de los diversos dialectos ingleses, se hablaba también anglonormando, galés y gaélico. Alemania no se quedaba a la zaga: por un lado, la división entre el bajo y el alto alemán, y, por el otro, la presencia del frisón o del holandés en las fronteras occidentales del dominio lingüÃstico o, en los territorios conquistados por los Caballeros teutónicos, del prusiano antiguo o de lenguas bálticas como el letón o el lituano10. Y respecto a Italia basta con la remisión al De vulgari eloquentia de Dante.
La referencia lingüÃstica más interesante y detallada es la de la lengua griega. Después de cinco años de estancia en el imperio bizantino (1303â1307), Muntaner debÃa conocer casi tan bien el griego como Roger de Flor, el máximo dirigente de la compañÃa de los almogáveres, de quién asegura en la Crónica que âsabÃa greguesc assats cominalmentâ11. Por todo ello sus observaciones sobre el plurilingüismo del imperio bizantino son de gran interés:
Que·ls grechs qui són de lâemperador de Costantinoble són axà mateix moltes provÃncies, axà con de la Morea, et del realme de lâArta, et de la Blaquia, et del realme de Salònich, et del realme de Massedònia, et del realme del Natholà et dâaltres provÃncies moltes, en les quals ha aytal departiment de los lenguatges com ha de cathalans a aragoneses12.
En todas las regiones enumeradas por Muntaner los dialectos griegos coexistÃan con otras lenguas, tan diferentes entre ellas, o incluso más, como el catalán del aragonés. Dichas lenguas tanto podÃan ser eslavas, como el macedonio o el búlgaro, como románicas, como el valaco (rumano) de la Blaquia o el francés, hablado en Morea desde 120413. En el fondo Muntaner se está refiriendo a la llamada Sprachbund de los Balcanes, es decir, el conjunto de lenguas de orÃgenes diferentes que, gracias a su vinculación polÃtica con el imperio bizantino y religiosa, con la Iglesia ortodoxa, habÃan desarrollado ya por aquel entonces una serie de fenómenos lingüÃsticos comunes. Aunque no figure en la relación de Muntaner, el albanés, una lengua ilÃrica, también forma parte de la sprachbund balcánica14. Es probable que Muntaner también la tuviera en cuenta. En Bizancio, por lo tanto, se repetÃa, mutatis mutandis, la diversidad lingüÃstica de Castilla, de Francia, de Italia o de Inglaterra.
3 Los tártaros como ejemplo
En la segunda parte del discurso Muntaner propone un cambio de perspectiva. Se pasa de Europa a âles altres provÃncies del mónâ, es decir, del resto del mundo, pero en lugar de presentar, como en la primera parte, diversos ejemplos de Asia o del Oriente Medio, Muntaner se limita a un único caso: el del pueblo tártaro. Por desgracia, en esta parte el discurso no es demasiado claro, quizás como consecuencia de una laguna en la transmisión manuscrita. Sea como sea, Muntaner destaca dos detalles de los tártaros: en primer lugar, que se trata de un pueblo de cultura bélica y nómada, que vive de la guerra y para la guerra, y, en segundo lugar, que no son un pueblo tan numeroso como parece, y que, si lo parece es solo porque integran en sus huestes a las tropas de los pueblos conquistados.
E axà mateix sâés de les altres provÃncies del món: que hom diu que tartres són molta gent, et no ho són, mas per ço paren molts, con sotsmeten moltes nacions del món; con jamés no ha tartre e·l món qui ffassa res de ses mans, ans hostegen tostemps e van ab lurs mullers e lurs enffants hosts fetes. Et axà podets pensar si·ls cathalans feÿen atretal, si serien molt més que ells: yo us dich que si serien II tants15.
Las dos observaciones de Muntaner sobre los tártaros se repiten a menudo en la mayorÃa de los autores del siglo XIII que se ocuparon de dicho pueblo: el arzobispo ruso Pedro; Ivó, obispo de Narbona; el cronista benedictino Mateo Paris, o los cronistas y diplomáticos franciscanos Juan de Pian del Carpine y Guillermo de Rubruck, que habÃan visitado como embajadores del papa la corte de los tártaros en las estepas de Asia central. Todos ellos insisten en el número no demasiado elevado de guerreros de las huestes tártaras, a pesar de tratarse de un pueblo que ya se habÃa adueñado de medio mundo y que pretendÃa conquistar a la otra mitad. Lo pone de relieve un pasaje muy famoso de una carta del año 1241 del obispo Ivó de Narbona, un pasaje que Mateo Paris incorporó, al pie de la letra, en su Chronica maiora:
In voluntate et proposito subiciendi suo dominio totum mundum persistunt omnes quasi vir unus, nec possunt tamen milia milium computari. Satellites vero, numero sexcenta milia16.
A pesar de su proyecto de convertirse en los dueños del mundo entero, el ejército tártaro, según el obispo de Narbona, no llegaba ni tan solo al millón de guerreros, reforzado con seis cientos mil hombres procedentes de los pueblos conquistados que habÃan incorporado a sus filas. No es mucho para el inmenso volumen de sus conquistas y la contundencia y rapidez de sus victorias.
Los eruditos, viajeros y clérigos que se ocuparon de los tártaros, entre ellos el mismo Marco Polo, también coincidieron con Muntaner en el hecho de que los guerreros tártaros no tenÃan otra ocupación que la guerra o, a lo sumo, la caza17. Según Guillermo de Rubruck, las únicas actividades artesanales que practicaban eran de carácter bélico: construcción de flechas, de arcos, de estribos o de las yurtas con que viajaban de un lugar a otro. Fray Juan de Pian del Carpine indicó que, para poder disponer de productos más refinados, los tártaros o raptaban a los mejores artesanos de las tierras que conquistaban, o los contrataban para trabajar a sus órdenes18. Debe tenerse en cuenta que las observaciones de Muntaner sobre la ausencia de trabajos artesanales entre los tártaros no tienen, sin embargo, carácter etnográfico, como en los dos frailes franciscanos, sino militar.
Una vez puestos de relieve estos dos detalles del modus vivendi et conquerendi tártaro, Muntaner propone para Cataluña seguir dicho modelo de vida, es decir, presenta un proyecto imperialista que en cierto modo ya se habÃa seguido con las conquistas de Mallorca, del reino de Valencia, de Sicilia y con la aventura de los almogávares en Bizancio, que Muntaner conocÃa muy bien. (Unas campañas, dicho sea de paso, narradas y elogiadas por Muntaner en la Crónica).
Muntaner se atreve incluso a afirmar que, siguiendo este modelo, los catalanes podrÃan llegar a convertirse de algún modo en los tártaros de Europa. De hecho, Muntaner llega a insinuar que incluso podrÃan tener más éxito, es decir, un curriculum militar más brillante que el de los propios mongoles: âEt axà podets pensar, si·ls cathalans feyen atretal, si serien molt més que ells: yo us dich que sà serien II tantsâ19.
¿En qué se basa Muntaner para formular una afirmación tan radical, que es consciente de que sorprenderá a mucha gente? (De hecho, hoy, a siete siglos de distancia, una afirmación de este tipo sigue generando sorpresas y perplejidad). Para entender bien esta afirmación es preciso conectar el primer elogio â la defensa de la riqueza bien repartida de Cataluña â con el segundo â la defensa de la unidad de la lengua catalana y de sus, para Muntaner, deseables consecuencias. En efecto, si el primer elogio empieza negando el tópico de que Cataluña sea âuna pocha provÃnciaâ, en el sentido de pobre y humilde, el segundo empieza afirmando que âla dreta Casteylaâ, es decir, la orgullosa Castilla, en realidad es menos de lo que parece, ya que âpoch dura et poch ésâ, una frase que creo que se debe interpretar en el sentido de poco fuerte y, en realidad, pequeña.
En resumidas cuentas, ni Cataluña serÃa para Muntaner una nación, o provincia, pobre y humilde, ni âla dreta Casteylaâ darÃa para tanto. (El quid de la cuestión está tanto en un caso como en el otro en el uso del adjetivo poc/a: Cataluña, en contra de lo que se creÃa, no era una provincia poca ni pobre, mientras que, a pesar de las apariencias, la orgullosa o âdretaâ Castilla no era, ni mucho menos, una provincia tan poderosa). Por otra parte, según el cronista, el reino de Castilla estaba formado por muchas provincias, donde se hablaban lenguas diferentes, un fenómeno que, según Muntaner, se repetÃa en muchos otros reinos europeos. Cataluña, en cambio, destacaba por tener una sola lengua, hablada por un número de personas superior al del castellano, el alemán, el francés, el italiano y de muchas otras lenguas. La cohesión lingüÃstica de la lengua y del pueblo catalán corrÃa pareja, según Muntaner, a una renta per cápita bien distribuÃda entre toda su población, en contraste con las grandes diferencias económicas entre las clases altas y las bajas de otros paÃses europeos.
El centro de gravedad del pasaje que estoy comentando no es la cohesión lingüÃstica excepcional de la lengua, que es como ha tendido siempre a interpretarlo la tradición filológica catalana, sino un fenómeno quizás aún más sorprendente: la afirmación de que la lengua catalana podÃa llegar a tener más hablantes que el castellano o que cualquier otra lengua del mundo20. No se trata, ni mucho menos, de una afirmación marginal, porque para Muntaner, como se puede apreciar a lo largo de toda la Crónica, la cohesión lingüÃstica y étnica de los ejércitos era un elemento de una importancia capital21.
Pero volvamos a la segunda parte de la digresión muntaneriana, que empieza afirmando que en Asia sucedÃa lo mismo que en Castilla, en Francia, Italia o Alemania. Muntaner solo cita un ejemplo para ilustrar esta afirmación: el de los tártaros. (De hecho, bastaba con este ejemplo, porque en aquellos momentos los tártaros eran amos y señores de Asia). Me parece que lo que le interesa al cronista, una vez puesta de relieve la diversidad lingüÃstica en todo el mundo, es señalar de forma implÃcita que, del mismo modo que en Europa se hablaba una lengua que destacaba por su unidad, la catalana, en Asia se hablaba otra lengua, la tártara, que destacaba por las mismas razones y quizás por ello, es decir, por su unidad, se habÃa extendido tanto. A partir de este punto Muntaner se centra en el número de hablantes nativos de la lengua tártara, que, como ya hemos visto, según los cálculos del obispo de Narbona y de Mateo Paris, era de un millón. Y lo que sucedÃa es que, según Muntaner, los tártaros no eran tantos como parecÃan: a pesar de las apariencias y de su extraordinaria expansión territorial, no superaban en número, ni mucho menos, a los catalanes.
Según los cálculos de Carme Batlle, la población del principado de Cataluña estaba formada, antes de los estragos causados por la peste negra, por unas 500.000 personas, mientras que la del reino de Valencia era de unas 200.000 y la del reino de Mallorca, de unas 50.00022. En total, unas 750.000 personas, una cifra, sin duda, inferior a la calculada para los tártaros, pero no de un modo aplastante23. No podemos saber con certeza si Muntaner conocÃa los cifras ofrecidas por Mateo Paris, o unas de parecidas, â yo creo que sÃ, porque era un autor mejor informado de lo que se tiende a suponer â, pero me parece que de su discurso se puede deducir que, a pesar de que exagera cuando afirma que la demografÃa catalana superaba a la de los tártaros, sus palabras no son tan hiperbólicas como de entrada pudieran parecer. En realidad, lo que está diciendo Muntaner en condicional (serien), no de un modo categórico, es que los catalanes podrÃan llegar a ser â y a hacer â el doble que los tártaros.
Volvamos de nuevo a las elucubraciones de Muntaner. El número de hablantes nativos de la mayorÃa de las lenguas europeas era, como ya hemos visto, menor de lo que parecÃa. En el caso de los tártaros, que, según creo que se puede deducir del discurso de Muntaner, hablaban una sola lengua, sucedÃa más o menos lo mismo, porque se debÃan descontar los nativos de los numerosos pueblos que habÃan conquistado. (Los tártaros, por lo tanto, hasta cierto punto reproducÃan, mutatis mutandis, el modelo lingüÃstico de los estados europeos, aunque no el modelo polÃtico).
La frase final de la digresión de Muntaner es un poco confusa: âEt axà podets pensar, si·ls cathalans feÿen atretal, si serien molt més que ells: yo us dich que si serien II tantsâ24. Creo que esta frase se debe interpretar en el sentido de que, si los catalanes hicieran lo mismo que los tártaros, es decir, si llevaran a cabo una expansión territorial y militar similar, podrÃan conseguir lo mismo, o incluso bastante más.
Este es, a mi juicio, el sentido de la digresión sobre las lenguas y el pueblo tártaro del capÃtulo 29 de la Crónica. Una reflexión más polÃtica y militar que lingüÃstica que en los momentos en qué se escribió y se publicó la Crónica cobraba sentido si se relacionaba tanto con la biografÃa y el currÃculo polÃtico y militar de Muntaner, como con las peripecias de la compañÃa de los almogávares en tierras bizantinas, que habÃa culminado con la conquista de los ducados de Atenas y de Neopatria. Lo que en resumidas cuentas propone Muntaner es imitar el modelo tártaro, es decir, concentrarse en el arte de la guerra y lanzarse a la conquista del mundo. Cuando Muntaner señala que los tártaros no hacen nada con las manos lo que quiere decir es que no se dedicaban a las artes mecánicas, ni al comercio, sino que su única ocupación es el ejercicio de las armas. Si los catalanes en bloque hicieran lo mismo â un ideal que quizás Muntaner veÃa realizado en los almogávares â podrÃan llegar a igualar o incluso a superar los logros de los mongoles.
Muntaner formula, sin lugar a duda, una defensa vibrante del poder militar y de la polÃtica de expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo. No es ninguna casualidad que, después de la crÃtica fulminante del tópico de âlâavara povertà di Catalognaâ, Muntaner matiza, por un lado, la imagen de âla dreta Casteylaâ, la gran rival de la Corona de Aragón en el ámbito peninsular, y, por el otro, también la imagen de los tártaros, los artÃfices de una expansión sin igual en la Edad Media. Para Muntaner, en definitiva, si ni los castellanos ni incluso los tártaros eran tantos como los catalanes, sus compatriotas podrÃan lograr, si se lo proponÃan, incluso bastante más que los tártaros.
4 Entre los alanos y la mar de Tana
Aparte de la digresión del capÃtulo 29, los tártaros solo son mencionados otra vez en la Crónica. Se trata de un pasaje del capÃtulo 226 donde se narra la incursión almogávar en territorio búlgaro para vengar el asesinato en Adrianópolis de Roger de Flor a manos de Girgón, el jefe de un ejército alano. Según cuenta Muntaner, después del asesinato, las tropas de Girgón, formadas por 3000 hombres a caballo y 6000 peones, se habÃan desplazado hasta Bulgaria acompañados de sus esposas y de sus hijos, âe tuit hi havien llurs mullers e llurs infants, que los alans â indica Muntaner â ho fan a manera de tartres, que ab tot ço del llur van tots temps, e jamés no posen en ciutat, ne en vila ne en poblatâ25. En principio se trata, o parece que se trata, de una referencia del todo marginal, usada tan solo para explicar el carácter nómada de los alanos.
Es posible, sin embargo, que en la imagen que se proyecta de los alanos en el relato de esta batalla se filtre también la admiración que creo que profesaba Muntaner por el pueblo y los guerreros tártaros. En efecto, a pesar de ser los responsables del asesinato de Roger de Flor, uno de los grandes héroes de la Crónica, Muntaner sentÃa un profundo respeto por los alanos, que âsón tenguts per la mellor cavalleria que sia al Llevantâ26. Los presenta como unos guerreros hábiles y valientes, capaces de morir sin titubear en el combate al lado de sus mujeres y de sus hijos.
Según el relato de la Crónica, en la batalla contra los almogávares solo una minorÃa de los 9000 guerreros alanos escapó con vida: âde tots los alans no nâescaparen, qui de cavall, qui de peu, tres-cents hòmens, qui per ço moriren aixà tuit con doliaâls lo cor de llurs mullers e de llurs infantsâ27. Para ilustrarlo Muntaner narra la muerte, como buen guerrero, de un alano a caballo que intentó huir en compañÃa de su esposa, pero al ver que el caballo de su mujer renqueaba y que tres almogávares a caballo estaban a punto de atraparla, reculó para poder besarla y abrazarla por última vez y, acto seguido, decapitarla. Después se enfrentó a los tres almogávares, mató a uno de ellos y dejó a los otros dos malheridos antes de morir descuartizado al lado del cadáver de su esposa.
Què us diré? Que faç-vos saber que anc no es volc llevar prop de la dona estrò lâhagren tot especejat, e ell carvenés tan fort que hac mort aquell Guillem de Bellveer e nafrats los altres dos malament. E axà podets veure con morà con a bon cavaller, e que ab dolor faïa ço que faïa28.
Si los alanos eran considerados la mejor caballerÃa de Levante, la de los tártaros era, para Muntaner, la mejor de Oriente y del mundo. Y en la admiración que siente Muntaner por los primeros es probable que se filtre la que profesaba por los segundos. Hay un detalle que permite alimentar esta hipótesis. Es posible que como mÃnimo una parte de los alanos a las órdenes de Girgón hablara tártaro y se vistiera â e incluso quizás se armara â al modo de los tártaros. En efecto, según el historiador bizantino Georgios Paquimeras, los alanos sometidos por el khan Noqai, general y de hecho gobernador de la Horda Dorada a finales del siglo XIII, adoptaron las costumbres de los mongoles, aprendieron su lengua y se vistieron como ellos29. Es probable, por lo tanto, que los mercenarios alanos que entre los años 1302â1304, después de la muerte de Noqai el año 1299, pasaron a luchar al lado del ejército bizantino hablasen y se vistiesen al modo de los tártaros, un detalle que pudo influir en la imagen positiva del guerrero alano del capÃtulo 228 de la Crónica30.
Rizando un poco el rizo solo he podido encontrar una referencia más a los tártaros, en este caso indirecta, y más secundaria que la anterior. Se trata de una alusión a Tana, en el mar de Azov, un enclave de importancia capital en la ruta de la seda, el punto de partida, según Francesco Pegolotti, de la vÃa del norte de la ruta para atravesar las tierras dominadas por los mongoles y llegar hasta China31. Muntaner se refiere al clima de Tana para poner de relieve el intenso frÃo que sufrieron los miembros del ejército catalanoaragonés que durante la Navidad del año 1286 se concentró en Mallorca para, acto seguido, invadir y conquistar Menorca. Muntaner, que formaba parte de dicha expedición, da fe de la extraordinaria dureza de las temperaturas en los dÃas previos a la salida de la expedición:
E eixhivernà tan fortment, que jamés no viu tan forts hivern de neus, e de pluges e de tant de glaç. Què us en diria? Què tan forts hivern era que bastara que hom fos en la mar de Tana, que galiots hi havia que de fred perderen los caps dels dits32.
Se trata de una referencia indirecta, más marginal incluso que la comparación entre los alanos y los tártaros, que pone de relieve los conocimientos geográficos y mercantiles de Muntaner.
5 El ejemplo de la gavilla de juncos entre Oriente y Occidente
Dos referencias a los tártaros, a lo sumo dos referencias y media, es un bagaje muy reducido para el enorme relieve que tiene la primera mención de los tártaros en el capÃtulo 29. Sin embargo, a pesar de que no aparezcan por ningún otro lado, hay otro fragmento de la obra que tiene una relación profunda con ellos. Me refiero al famoso apólogo de la gavilla de juncos, o de âla mata de joncâ del capÃtulo 292, al final de la Crónica, que a mi modo de ver procede de la Fleur des estoires de la terre dâOrient, del monje armenio Haitón de Córico (Kóriko o Górigos).
Hay dos teorÃas sobre el origen de este relato. Por un lado, como ha puesto de relieve Jonathan Ratcliffe, el apólogo de la gavilla de juncos, o de flechas, sigue un patrón narrativo (fable-pattern) que nació entre las tribus nómadas de las estepas de Asia Central y que, antes de llegar a la páginas de la Crónica de Muntaner, tuvo una extensa divulgación por Oriente y Occidente33. Por otro lado, el descubrimiento de diversas versiones de las fábulas esópicas, entre ellas la de la gavilla de flechas, en sogdiano, parto y turco antiguo, fechadas entre los siglos VIII y XII, ha permitido defender un origen occidental para el apólogo34.
Dichas versiones están relacionadas con unas pinturas murales del siglo VIII, descubiertas en la ciudad sogdiana de Panjakent (Tayikistán) y basadas también, entre otros motivos de origen hindú o musulmán, en las fábulas esópicas. En una de dichas pinturas se encuentra lo que podrÃa ser una recreación de la fábula del haz de flechas, aunque no hay consenso sobre esta cuestión debido al mal estado de las imágenes35. (Sin ser un especialista en la materia, me inclino por el origen oriental del relato).
En esencia, la historia del apólogo se centra en una prueba que un padre, que en la mayorÃa de las versiones es un rey a las puertas de la muerte, plantea a sus hijos antes de morir. De lo que se trata es de hacer evidente la diferencia entre intentar romper el haz entero o intentarlo partiendo cada una de sus piezas por separado. (La gavilla suele estar formada por tantas varas, o flechas, como hijos tiene el padre). Mientras que la primera operación resulta imposible, la segunda es muy fácil. De este modo se pone de relieve la necesidad de que los hijos, y sus dominios, se mantengan unidos después de la muerte del padre. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que, en sus orÃgenes, y en la mayor parte de las versiones que se han conservado, el manojo no era de juncos, como en la versión de Muntaner, sino de flechas. Y es que en la vida diaria de las tribus de las estepas de Asia Central las flechas eran, por un lado, un sÃmbolo de poder y, por el otro, una arma imprescindible en el arte de la guerra y de la caza.
El apólogo debió nacer como un relato oral. A pesar de tratarse de una narración de origen oriental, el primer testimonio escrito conservado se encuentra en los Moralia de Plutarco, donde se narra dos veces, primero en el opúsculo conocido con el tÃtulo de Regum Imperatorum Apohtegmata (174), y después en el titulado De garrulitate (511). Sus protagonistas son Siluro, rey de los escitas â un pueblo, detalle importante en la génesis del relato, nómada y de origen euroasiático â y sus ocho hijos. En una de las versiones se usa un mazo de flechas (
El segundo testimonio conservado también es occidental y se encuentra tanto en la denominada recensio augustana de las fábulas esópicas, como en una fábula de los Mythiambi Aesopei de Babrio, un poeta latino que vivió en Siria a finales del siglo primero y a principios del segundo de nuestra era37. Dado que la recensio augustana se suele datar entre los siglos IâII y V de nuestra era38, lo más probable es que la versión de Babrio sea la más antigua. Se trata de dos relatos en forma de fábula con muchos puntos en común. En ambos casos el padre no es un rey, sino un granjero, que, a diferencia de Siluro y de la mayorÃa de los monarcas que protagonizan las diversas versiones de este relato entre Oriente y Occidente, no se encuentra en su lecho de muerte y no usa un manojo de flechas, sino de varas.
El primer texto conservado por escrito en Oriente se encuentra en las páginas de un clásico de la historiografÃa china primitiva conocido con el tÃtulo de Wei Shu (Libro de Wei), compilado por Wei Shou entre los años 551â554 de nuestra era, y dedicado a la historia de las dinastÃas Wei del norte y del este39. Los protagonistas del relato, que usan un haz de flechas, son Achai, un rey de la etnia nómada Tuyuhun, sus veinte hijos y algunos de los hermanos del rey. Achai pide a sus hijos y a sus hermanos que cada uno lleve una flecha y encarga a Mu-li-yen, su hermano pequeño, que rompa una de las flechas. Una vez rota, Achai le pide que intente romper un haz de diecinueve flechas, pero Mu-li-yen no lo consigue40. En este caso el sentido de la fábula es un tanto distinto del más común en la mayorÃa de las versiones conservadas: âthe major message inherent in this version of the fable is to teach unity as to prevent the rulerâs brothers from usurping what belongs to the higher âchildrenâ or inheritors, rather the mere passing around of the bundle to equals in the Scythian version to encourage solidarityâ41.
En el siglo X Constantino VII Porfirogénito (905â959), cuarto emperador romano de Oriente de la dinastÃa macedónica, además de escritor y bibliófilo, incluyó otra versión del apólogo en un tratado polÃtico que, aunque se escribió en griego, se suele conocer con el tÃtulo de De administrando imperio42. Los protagonistas de su versión son Sphendoploucos, gobernador de Moravia, y sus tres hijos43. Los hijos de Sphendoploucos intentan en vano romper un manojo de tres flechas que les entrega su padre; acto seguido, cada uno de ellos rompe con suma facilidad, una por una, las flechas44. El sentido del âejemploâ, como lo califica Constantino VII Porfirogénito, es, como en la mayorÃa de las versiones, vis unita fortior.
La transmisión de la historia continua como parte de diferentes fuentes persas de época selyúcida y mongol. Si bien Ratcliffe sugiere que la historia ya está presente en la crónica persa SaljuqnÄma, escrita a finales del siglo XII por Zahir al-Din Nishapuri y dedicada a glosar los hechos de los fundadores de la dinastÃa selyúcida, en realidad la historia no se encuentra en la versión del SaljuqnÄma editada por A.H. Morton45. Ratcliffe usa la versión del SaljuqnÄma llevada a cabo por Luther y Bosworth, y reconstruÃda a partir de fuentes posteriores, pero se confunde e interpreta una cita de esta edición como parte del mismo texto46. El que sà se hace eco de la historia es Muhammad Ibn Ali Ravandi. En su caso el protagonista del relato es Tughril Beg, el primer sultán de la dinastÃa selyúcida, quién no se encuentra en su lecho de muerte y que no propone la prueba de las flechas a sus hijos, sino a su hermano47. Después de haber roto una, dos y hasta tres flechas, el hermano fracasa en el intento de partir un haz de cuatro flechas. En ese momento Tughril Beg le revela el sentido de la prueba.
El siguiente paso en la historia de la transmisión del apólogo se encuentra en el primer capÃtulo de la Historia secreta de los mongoles (siglo XIII), que está dedicado a los antecesores de Chinggis Khan y que contiene una fuerte carga mitológica. Posiblemente buena parte de dicha carga está formada, como en el caso del apólogo de las flechas y de su marco narrativo, por relatos procedentes de la tradición oral48. En este caso el protagonista de la historia no es un hombre, sino una mujer, Alan Qoâa, esposa de Dobun Mergen, dos figuras mÃticas en la historia de los orÃgenes del pueblo tártaro49. Según la Historia secreta de los mongoles, Alan Qoâa tuvo en primer lugar dos hijos con Dobun Mergen, y después de la muerte de su marido otros tres con una figura mágica de origen celestial. Los dos hijos varones de Dobun Mergen y Alan Qoâa dudaban de la legitimidad de sus hermanos menores y sospechaban que en realidad eran hijos de un esclavo. Para disipar las dudas y mantener a sus hijos unidos Dobun Mergen les planteó la prueba de las flechas y, acto seguido, les contó cómo fueron engendrados los tres hijos menores50. La versión del apólogo de la Historia secreta de los mongoles no solo defiende el principio de que la unión hace la fuerza, sino que también concede prioridad, dentro del clan familiar, a los hermanos menores sobre los mayores.
El historiador persa Ê¿Ala al-Din Ê¿Ataʾ Malik Juwayni incluyó, quizás después de haber tenido noticias de segunda o de tercera mano de la Historia secreta de los mongoles en su estancia en Karakórum (1252â1253), dos versiones del apólogo en el TÄrÄ«kh-i JahÄngushÄ (La historia del conquistador del mundo), una crónica de la llegada de los mongoles a Persia escrita a mediados del siglo XIII. Los protagonistas del relato son Chinggis Khan y sus hijos. En la primera versión quién rompe, o intenta romper, las flechas es el propio Chinggis Khan, sin que se haga ninguna mención a la inminencia de su muerte51. En la segunda versión la escena se repite casi en los mismos términos, aunque está situada en los inicios de la carrera polÃtica y militar de Chinggis Khan52.
La siguiente versión documentada del apólogo, antes de llegar a la Crónica de Muntaner, se encuentra en la Fleur des estoires de la terre dâOrient de Haitón de Córico, que, a mi modo de ver, es la fuente del cronista de Peralada, como intentaré demostrar a partir de ahora53. Sin embargo, la transmisión del apólogo del haz de flechas no terminó, ni mucho menos, con Haitón y con Muntaner, sino que continuó su viaje por Europa a través de una obra tan divulgada, y tan traducida, como los Viajes (cap. LVIII) de Juan de Mandeville.
6 El âeximpli de la mata de joncâ entre Babrio y Haitón
El origen en primer lugar armenio, y en última instancia mongol, del ejemplo de la gavilla de juncos de Muntaner se empieza a hacer evidente si se conecta dicho relato con la comparación entre los catalanes y los tártaros del capÃtulo 29 de la Crónica. Ambos pasajes tienen un sentido muy similar y están situados, además, en unos contextos muy parecidos. En efecto, el fragmento del capÃtulo 29 forma parte, como ya hemos visto, de una digresión de carácter polÃtico que se desprende del relato, en primer lugar, de la muerte de Jaime I y, en segundo lugar, de la coronación de Pedro el Grande, su sucesor, como rey de Aragón y de Valencia y conde de Barcelona.
El apólogo de los juncos cierra o, mejor dicho, corona una digresión, también de carácter polÃtico, que Muntaner coloca después de la muerte del rey Jaime II y antes de dar inicio al relato de las grandes fiestas de la coronación de Alfonso III que cierran, en otro momento de plenitud, la Crónica. Son dos contextos muy parecidos, al principio y al final del relato, para dos discursos polÃticos que se refuerzan el uno al otro. De hecho, la comparación inicial entre los catalanes y los tártaros del capÃtulo 29 acaba de cobrar todo su sentido a la luz del apólogo de la gavilla de juncos. La invitación a seguir el modelo de los mongoles que se formula al principio de la Crónica es el reverso del ejemplo de la gavilla. Se puede afirmar que la mayor parte del mensaje polÃtico de Muntaner se concentra en estos dos pasajes. Según Muntaner, los catalanes solo pueden superar el modelo y las conquistas de los tártaros, como se reclama en el capÃtulo 29, si aplican al pie de la letra la lección polÃtica que se desprende del ejemplo del capÃtulo 292. Vis unita fortior.
En efecto, la polÃtica unitaria entre los reinos de Aragón, Mallorca y Sicilia que se reivindica a través del apólogo era, a los ojos de Muntaner, la misma que habÃa hecho posible la vertiginosa expansión de los tártaros a la cual se alude en el capÃtulo 29. Como ya se ha comentado, en el siglo XIII el obispo Ivó de Narbona y Mateo Paris resumieron la fórmula secreta de los éxitos del imperialismo tártaro en estos términos: âIn voluntate et proposito subiciendi suo dominio totum mundum persistunt omnes quasi vir unusâ, es decir, los tártaros persisten como un solo hombre en la voluntad y el propósito de someter a todo el mundo. El apólogo de la gavilla de juncos propone nada más ni nada menos que lo mismo cambiando los tártaros por la Corona de Aragón y los reinos de Mallorca y de Sicilia, y manteniendo la voluntad de poder y de dominar el mundo o, como mÃnimo, Europa.
Según Muntaner, si los tártaros habÃan protagonizado, a pesar de su demografÃa limitada, una expansión territorial extraordinaria actuando de forma unitaria, âquasi vir unusâ, los catalanes de la Corona de Aragón, y de los reinos de Mallorca y de Sicilia podÃan conseguir lo mismo, o incluso más, si aplicaban al pie de la letra la lección polÃtica sintetizada en el apólogo de la gavilla de juncos leÃdo a la luz de las reflexiones lingüÃsticas y, sobre todo, demográficas y polÃticas del capÃtulo 29 de la Crónica. (La expansión por el Mediterráneo de los diversos reinos fundados, o refundados, por Jaime I y sus descendientes también incluÃa la conquista, de una vez por todas, de Tierra Santa)54.
El ejemplo de la gavilla de juncos forma parte, como recordaba Martà de Riquer, de la tradición de las fábulas de Esopo55. Se trata de un motivo folklórico universal recogido tanto en el catálogo de Stih Thompson con el número J 1021 como en el de A. Aarne y S. Thompson como el tipo 910F. También está recogido en el Index Exemplorum de F.C. Tubach con el número 4623. Muntaner conocÃa, por supuesto, a Esopo. En el capÃtulo 284 de la Crónica se narra de forma muy sintética la conocida fábula del ratón y de la rana56, «axà con trobarets en les faules dâIsop», que aprovecha para comentar las consecuencias de la desastrosa alianza entre las repúblicas de Génova y de Pisa contra la Corona de Aragón en la campaña de conquista de Cerdeña que dirigió el prÃncipe Alfonso de Aragón.
Veritat és que la companyia fo feta entre ells ab aquell enteniment que fo feta la companyia de la rata e de la granota, qui cuidava enganar lâuna lâaltra, aixà con trobarets en les faules dâIsop; e per ço con cascuna anava ab mal enteniment venc lo milà , qui abdós les emportà e les menjà , aixà con ha esdevengut dels que la companyia faïen, cascuns ab engan, e ab malvestat e ab enteniment de decebre e enganar lâun a lâaltre; e el poder de la casa dâAragon, qui és lâà guila, és-los vengut al través e ha-los devorats e destruïts, e farà tots temps, si a Déu plau57.
La lección de Muntaner está muy clara. El águila, o el milano (la Corona de Aragón), acaba sacando tajada de las desavenencias internas entre los genoveses y los pisanos (el ratón y la rana) y conquistando la isla de Cerdeña en contra de la alianza de sus enemigos.
En los repertorios ingleses la fábula de la gavilla de juncos se conoce con el tÃtulo âThe quarrelling sons and the bundle of sticksâ, en la tradición francesa el tÃtulo más común es âLe laboreur et ses enfantsâ, mientras que en los trabajos de Francisco RodrÃguez Adrados es denominada âLos hijos del labradorâ58. A pesar de que este apólogo figura en la colección de las fábulas esópicas, me parece que su presencia en la Crónica de Muntaner no se debe tanto a la tradición folklórica, o esópica, europea, como a la tradición mongol a través de la Fleur des estoires de Haitón de Córico.
En primer lugar, debemos tener en cuenta que, a diferencia de lo que ocurre en el capÃtulo 284, Muntaner no cita en ningún momento a Esopo en la fábula de la gavilla de flechas. Y, en segundo lugar, no se debe olvidar que hasta finales de la Edad Media la fábula de los hijos del labrador no llegó a formar parte de las colecciones esópicas que circulaban por la penÃnsula. La primera versión conocida de dicho relato, basada en la tradición de la recensio augustana (v. supra), se encuentra en el Esopo romanceado impreso en Zaragoza el año 1482, casi ciento cincuenta años después de la redacción de la Crónica de Muntaner59. (En cambio, sà que formó parte de las colecciones del imperio bizantino).
En tercer lugar, como ya hemos tenido ocasión de ver, en el género de la fábula esópica la primera versión conocida de este relato se debe al poeta en lengua griega Babrio. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que la mayor parte de sus fábulas no llegaron a Occidente hasta el año 1842 cuando se descubrieron en un manuscrito conservado en el Monte Athos â el Londinensis Additional 22087, en estos momentos en la British Library60. Aunque es posible que Muntaner llegara a conocer, quizás de forma oral, alguna versión de dicha fábula durante su estancia en Grecia (1303â1307), creo que el modelo que siguió se encuentra en la Fleur des estories de la terre dâOrient. En cuarto lugar, Muntaner no solo no hace ninguna mención a Esopo, sino que narra el ejemplo dando por supuesto que en aquellos momentos no era un relato muy conocido en Cataluña y en la Corona de Aragón: âE si negú me demana: â En Muntaner, quin és lâeximpli de la mata de jonc?, jo li responc â¦â61.
7 La versión de Haitón
La versión del monje armenio se encuentra en el capÃtulo séptimo del tercer libro de La fleur des estoires. Dicho libro empieza narrando el ascenso al poder imperial de Chinggis Khan después de haber unificado bajo su mandato a todas las tribus tártaras y de haberlas lanzado a la conquista del mundo. En el capÃtulo séptimo Chinggis Khan reune a sus doce hijos alrededor de su lecho de muerte, les ordena que se mantengan unidos y que todos sean âdâune volonté e dâun acordâ â en la recreación muntaneriana del apólogo se habla âdâuna voluntat e dâuna valençaâ â , y, a modo de ejemplo, les pide que rompan, entero, un manojo de doce flechas, una por cada uno de sus hijos. Después de comprobar que ninguno de sus hijos puede lograrlo, el más pequeño, siguiendo las indicaciones de Chinggis Khan, consigue deshacerlo con suma facilidad partiendo las flechas una por una.
Reproduzco a continuación la versión francesa de este relato, en lugar de la latina de Nicolas Falcón, porque, según Peter Jackson, la versión oral francesa fue el origen del relato del monje armenio62.
E, si come il plout à Dieu, une grief maladie sorprist Changuis Can, dont il fist venir devant soi XII enfans quâil avoit e luer comanda que feüssent tous ades dâune volonté e dâun acord, e leur dona tel essemple. Il comanda que chascun de eaus portast une seite, e quant les XII seites furent totes assemblées, lors comanda au premier filz que preïst totes celes saïetes e les rumpist as mains. Et celuy les prist et ne les pot rompre aux mains. Apres les bailla au secunt filz, e celui ne les pout brisier. Apres comanda Changuis Can que les saïetes feüssent departies, e comanda au plus petit des enfans que il preïst celes saïetes, chascune par soie, e que les brisast, e lâenfant depeça toutes les XII saïetes.
Lors se torna Changuis Can vers ses enfants e leur dist: â Por quoi ne peüstes vous despecier les sajettes, si comme je vous avoye commandé?
Et ceux distrent: â Por ce que quâelles estoient ensamble trestoutes. â Et pourquoy les ha depeciés celui petit enfant? E ceaus respondirent: â Por ce que il les departi chascune par soi.
Lors dist Changis Can: â Tout ausint avendra de vous, car tant come vous serez dâune volenté e dâune acord, vostre seignorie durera tous jours, e quan vous serez departis e descordans, tantost tornera vostre seignorie à nient, et ne porra durer.
Et mains autres comandemens e bones essamples dona Changis Can à ses enfans e à sa gent, les quels les Tartars gardent encores à grant reverence63.
Muntaner dice exactamente lo mismo que Haitón cambiando las âsajettesâ o flechas por los juncos y permitiéndose el lujo de reservarse el papel de Chinggis Khan. Aunque en la Crónica la historia no se desarrolla en el lecho de muerte de ningún rey, en realidad el contexto es similar. En efecto, Muntaner inserta el apólogo después de haber narrado el fallecimiento de Jaime II de Aragón y poco antes de dar inicio a la descripción de las fiestas de la coronación de Alfonso el Benigno, su sucesor, en Zaragoza. Por lo tanto, el contexto es parecido y, sobre todo, el sentido del apólogo es el mismo. Leamos en primer lugar el marco narrativo donde se insertó el eximpli de la mata de jonc. (Para entenderlo como es debido es preciso tener en cuenta que de hecho Muntaner está dirigiendo sus palabras a Alfonso el Benigno como heredero de la rama principal de la casa de Aragón).
E pot fer compte que ell és rei dâAragon, e de València, e de Sardenya, e de Còrsega, e de Mallorca e de SicÃlia, que, si ell se vol, aixà és lo regne de Mallorca a son manament con és lo regne dâAragon, e aixà mateix lo regne de SicÃlia, que de tot és ell cap e major. E mentre que a ell plà cia que aquells regnes haja e tenga per cosa sua pròpia, e el senyor rei de Mallorca e el senyor rei de SicÃlia sien dâuna volentat e dâuna valença, aixà con ésser deuen, poden fer compte que seran sobirans a tots los reis del món e prÃnceps, aixà de crestians con de sarraïns, e a totes les comunes; e, si era contrari, ço que Déus no vulla, que entre ells hagués departiments, fets compte que ab la un confondria hom lâaltre. Per què és mester que al senyor rei dâAragó, NâAnfós, que li vaja lo cor en ço: que tota la fermetat e la unitat està en Déu e en ell, qui és cap e major de tot; e plà cia-li que li vaja lo cor al proverbi que diu lo català , que no són tots amics aquells qui rien a hom. E aixà la casa de Mallorca e de SicÃlia, qui porten lo seu senyal e ab aquell han a viure e a morir, reja e mantenga contra tots los hòmens del món. E males gents no metessen à ls en son cor, e membre-li de lâeximpli de la mata de jonc, que en ells ha lloc a recordar. Déus per la sua mercè li do cor e volentat e los do a tots compliment de la sua grà cia. Amén64.
La gran modificación que Muntaner introduce en su versión del relato es que está adaptado al contexto histórico de la coronación de Alfonso el Benigno. La versión de Haitón, en cambio, es más intemporal. Los doce hijos sin nombre de Chinggis Khan se convierten, en el capÃtulo 292 de la Crónica, en tres: los reyes de Aragón, de Mallorca y de Sicilia. Muntaner también hace alusión a los enemigos que están al acecho para aprovechar el primer atisbo de desunión entre los tres reyes de la casa de Aragón: todos los reinos del mundo, tanto cristianos como sarracenos, además de las repúblicas municipales italianas. Si Muntaner no precisa en que reyes cristianos está pensando es porque la lectura de la Crónica deja bien claro que se trata, sobre todo, de los reinos de Castilla, la âdreta Casteylaâ del capÃtulo 29, y, muy en especial, de Francia.
8 La versión de Muntaner
Muntaner narra el âeximpli de la mata de joncâ a partir de una pregunta hipotética que le podrÃa llegar a plantear un lector â o un interlocutor â también hipotético. Se trata de un juego retórico que se repite varias veces en la Crónica y que procede, como ha puesto de relieve J.A. Aguilar, de las novelas en prosa de la materia de Bretaña65.
E si negun me demana: â En Muntaner, quin és lâeximpli de la mata de jonc?
Jo li respon que la mata de jonc ha aquella força que, si tota la mata lligats ab una corda ben forts, e tota la volets arrencar ensems, dic-vos que deu hòmens, per bé que tiren, no lâarrencaran, ne encara con gaire més sâhi prenguessen; e, si en llevats la corda, de jonc en jonc la trencarà tota un fadrà de vuit anys, que sol un jonc no hi romandrà . E aixà seria dâaquests tres reis, que, si entre ells havia devision neguna ne discòrdia, ço que Déus no vulla, fets compte que han de tals veïns que pensarien de consumar la un ab lâaltre. Per què és mester que dâaquest pas se guarden, que mentre tots tres sien dâuna valença, no temen tot lâaltre poder del món, ans, aixà con davant vos he dit, seran tostemps sobirans a llurs enemics66.
Creo que hay más de una razón para defender que la fuente de Muntaner es el relato de Haitón. En primer lugar, la estrecha relación entre el apólogo tal y como lo presenta Muntaner y las reflexiones sobre la lengua y la demografÃa de los catalanes y de los tártaros del capÃtulo 29 de la Crónica. El sentido de los dos pasajes es el mismo. El discurso del capÃtulo 29 es una apelación a la unidad de acción de los catalanes en el cual se presenta a los tártaros como el ejemplo a seguir. El capÃtulo 292 contiene otra apelación, rematada con el ejemplo de la gavilla de juncos, a la unidad de acción de los diversos reinos de la casa de Aragón, que deben actuar de forma coordinada, âdâuna volentat e dâuna valençaâ, sin discordias ni divisiones polÃticas. En este caso no se menciona a los tártaros por ningún lado, pero como correlato objetivo del discurso se usa un apólogo que procede de la tradición folklórica y literaria tártara.
En realidad, no hace falta conocer la fuente del âeximpli de la mata de joncâ para conectar las reflexiones sobre la lengua del capÃtulo 29 con el discurso del capÃtulo 292. Los dos textos dicen lo mismo con palabras diferentes, pero de un modo o de otro los tártaros siempre están presentes: en el primer caso, de forma explÃcita, mientras que en el segundo lo están de forma implÃcita. El origen mongol, a través de Haitón, del apólogo de la gavilla de juncos no hace otra cosa que evidenciar aún más dicha relación.
Un detalle a tener en cuenta es que el apólogo de la gavilla de flechas solo permite dos secuencias de hechos: a) primero se intenta romper, sin éxito, el manojo y después se parten las piezas una por una; b) o bien la secuencia contraria, es decir, primero se rompe una flecha con facilidad y después se intenta quebrar, sin lograrlo, el haz entero. El primer modelo es el que siguen los autores de la rama occidental del relato: Babrio, Plutarco, Constantino VII Porfirogénito, Haitón de Córico y Muntaner. El segundo modelo, en cambio, solo se encuentra en la rama oriental: Wei Shu, las crónicas persas y la Historia secreta de los mongoles.
La Crónica no solo coincide en este punto con la Fleur des estoires, sinó también en otro que me parece mucho más significativo. Me refiero al âfadrà de vuit anysâ que rompe, âde jonc en joncâ, todas las piezas de la gavilla con suma facilidad. Se trata de un detalle que en toda la tradición del apólogo solo se encuentra en la crónica de Haitón, donde Chinggis Khan encarga por separado a su primer y a su segundo hijo que intenten romper, entero, el manojo de flechas. A la postre, visto su fracaso, Chinggis Khan pide âau plus petit des enfansâ que rompa las flechas de una en una. El âfadrà de vuit anysâ de Muntaner está inspirado, sin lugar a dudas, en el âplus petit des enfansâ del monje armenio.
También se debe tener en cuenta que tanto Haitón como Muntaner califican dos veces el apólogo de ejemplo â eximpli en la Crònica, essemple en la versión francesa de La Fleur des estoires y exemplum en la traducción latina67. Esta denominación, de indudable origen eclesiástico, solo tiene sentido en una obra europea y de autor cristiano. En el resto de las versiones del apólogo no hay, excepción hecha del De administrando imperio de Constantino Porfirogénito, otro autor cristiano, ni rastro de una denominación parecida.
Tampoco me parece una casualidad la similitud entre los sintagmas âdâune volonté e dâun acordâ, usado dos veces por el monje armenio, y âdâuna volentat e dâuna valençaâ del cronista catalán, quién lo usa una vez en la forma citada en el marco introductorio del apólogo, y una segunda vez, aunque con algunas variaciones, al final del apólogo, en la forma âmentre tots tres sien dâuna valençaâ.
Debe tenerse en cuenta, además, que este sintagma, y el ejemplo de la gavilla de juncos, tienen una importancia capital a lo largo de toda la Crónica. Ya en el primer capÃtulo el âprohom veyl vestit de blanchâ que se aparece en sueños a Muntaner le marca la pauta de lo que debe contar, y de cómo lo debe contar, en su relato recordándole que
et qui ab veritat guerreja et va, Déus lo exalça e li dona victòria, et que ab poques gents fa vençre et destrouir moltes qui ab supèrbia et malvestat van e·s fien més en lur poder que en lo poder de Déu68.
En este caso no se usa el sintagma âdâuna volentat e dâuna valençaâ, o las variantes âdâun cor e dâuna volentatâ, o âdâun voler e dâuna volentatâ, pero no hace falta porque, como se irá revelando a lo largo de la crónica, las âpoques gentsâ capaces de vencer a las más grandes multitudes son los súbditos de las tres ramas de âlâalt casal dâAragonâ69, es decir, la Corona de Aragón y los reinos de Mallorca y de Sicilia, siempre que actúen a la par, sin discordias ni divisiones, aplicando, âquasi vir unusâ, la lección de la gavilla de juncos70. Podemos verlo al final del capÃtulo 6 de la Crónica, donde se usa una variante del sintagma âdâun cor e dâuna volentatâ en un pasaje en que Muntaner recuerda a los reyes de Aragón, de Mallorca y de Sicilia, descendientes de un rey mesiánico como Jaime I, que deben actuar en todo momento mancomunados:
Et axÃ, senyors dâAragó, et de Mallorches et de SicÃlia, qui exits et sóts dexendens dâaquest senyor rey En Jacme, que Déus per la sua obra et vertut féu néixer, estats ab bon cor et siats tots dâun voler et de una volentat, e axà serets subirans a tots los prÃnceps del món; et males lengües no us fassen per res departir, que·l departir seria contra ço que Déus ha format71.
Estas palabras, que forman parte de un elogio hiperbólico de Jaime I de Aragón, parecen una glosa del apólogo del manojo de flechas o de juncos.
Otro ejemplo muy parecido, aunque limitado a los reyes de Aragón y de Sicilia, se encuentra en el capÃtulo 249. Después de la muerte de Pedro el Grande, a finales de 1285, el prÃncipe Jaime, que seis años más tarde será rey de Aragón, es coronado rey de Sicilia. Una de sus primeras medidas es enviar una flota de veinte galeras a saquear las costas entre el golfo de Nápoles y el puerto de Ostia. En segundo lugar, una vez terminada la razia, el propio rey de Sicilia invade y ocupa la Calabria. Según Muntaner, el objetivo de estas dos operaciones militares tiene estrecha relación con el mensaje polÃtico de los capÃtulos 29 y 292 de la Crónica:
que ell volia donar a conèixer als enemics que el rei dâAragon no era mort, ans davant havien a contrastar ab un rei, e que dâaquà avant nâhaurien a contrastar ab dos, qui és un cos e una volentat72.
Si Muntaner solo habla de los reyes de Aragón y de Sicilia en este fragmento es porque en aquellos momentos, después del fracaso de la cruzada contra Cataluña del 1285, Jaime II, rey de Mallorca, habÃa sido destronado y sus dominios estaban ocupados por la Corona de Aragón. Según la versión que ofrece la Crónica, no se trataba, ni mucho menos, de una operación de castigo contra Jaime II por su colaboración con el ejército cruzado, sino de una maniobra para ocultar el acuerdo secreto a que en realidad habrÃan llegado, según Muntaner, los reyes de Aragón y de Mallorca antes de la invasión. Muntaner tiene que ocultar o, mejor dicho, maquillar la traición cometida por Jaime II al aliarse con los cruzados, porque pone en entredicho una de las ideas polÃticas que defiende a capa y a espada a lo largo de todo el relato, es decir, que los reyes de Aragón, Mallorca y Valencia debÃan luchar, como los tártaros, quasi vir unus, para evitar ser engullidos por sus vecinos.
9 Conclusión
Es muy probable que Muntaner tuviera diversas fuentes de información sobre los tártaros, tanto orales como escritas. Por desgracia, no llegó a conocer, por tan solo unos meses, a Rabban Bar Sauma, el diplomático mongol y monje nestoriano que se entrevistó con Eduardo I, rey de Inglaterra, en tierras gasconas a principios de noviembre del 128773. Tan solo tres meses antes Muntaner habÃa formado parte, en compañÃa de Arnau de Vilanova, de la embajada catalanoaragonesa que negoció con Eduardo I, también en tierras gasconas, el Tratado de Olorón74.
Pero si no llegó a conocer a Rabban Bar Sauma, pudo conocer a algunos tártaros, o como mÃnimo a personas que habÃan tenido trato directo con ellos, en los cinco años que pasó en tierras bizantinas, entre 1303 y 1307. Una de estas personas fue Giovanni Quirini, varias veces embajador de la serenÃsima república de Venecia âin partibus infidelium mongolorumâ. En un bello artÃculo Jaume Torró identificó a Giovanni Quirini con el Joan Corà que comparte amigablemente mesa y cama con Muntaner entre los capÃtulos 235 y 237 de la Crónica, en un tramo de su viaje de retorno a occidente después de haberse despedido de los almogávares75. Quirini, que, además de embajador y mercader, también era poeta y, por lo que parece, amigo y divulgador de Dante, se queja en un soneto (âIo sun tra gente barbare crudeliâ) de las costumbres bárbaras de los tártaros y de las nieves y los hielos que, como los inviernos en el mar de Tana, o de Azov, de qué habla Muntaner, se debÃan atravesar para poder llegar hasta ellos.
Pero, aparte de los contactos con cortesanos, diplomáticos, mercaderes o guerreros que los habÃan tratado, me parece que Muntaner, también leyó, probablemente en francés, el texto de Haitón para conocer mejor a un pueblo que, a diferencia de Quirini, admiraba a fondo. Además de los que ya he destacado, hay algunos otros puntos en común entre la Crónica y La fleur des estoires que quizás no sean fruto del azar. La visión, por ejemplo, del caballero blanco que anuncia a Chinggis Khan, al principio del libro tercero, su dominio en primer lugar sobre las siete tribus o naciones tártaras y, en segundo lugar, sobre âleur voisinsâ76, es decir, sobre sus vecinos, puede haber inspirado la visión con que se abre la Crónica, en qué âun prohombre viejo vestido de blancoâ ordena a Muntaner que escriba un libro sobre âles grans meravelles que has vistes que Déus ha fetes en les guerres on tu es estat, com a Déu plau que per tu sia manifestatâ77, es decir, le ordena que narre, por un lado, la expansión militar de la corona catalanoaragonesa por el Mediterráneo a costa de los vecinos musulmanes, angevinos, franceses, italianos e incluso bizantinos y, por el otro, la derrota del ejército cruzado que invadió Cataluña el 1285.
También debe tenerse en cuenta que tanto en La Fleur des estoires como en la Crónica la visión se repite dos veces. En el tratado de Haitón el caballero armado vestido de blanco se aparece por primera vez a Chinggis Khan, mientras que en la segunda se aparece a los guerreros del entorno de Chinggis Khan, que se burlan de la primera visión y les repite el mismo mensaje. En el caso de la Crónica es el propio cronista quien duda al principio de la autenticidad de la visión hasta que, al cabo de unos dÃas, el âprohombre viejo vestido de blancoâ reaparece para recriminarle que aún no le haya hecho caso y no haya empezado de inmediato la redacción de la Crónica.
Muntaner no era un diplomático o un mercader, además de poeta, como Giovanni Quirini, sino un guerrero, un hombre de acción que admiraba profundamente a los tártaros y que no dudó en presentarlos como el ejemplo que debÃan seguir sus compatriotas, los súbditos de los reyes de Aragón, de Mallorca y de Sicilia. No fue, sin embargo, el único que comparó a los catalanes, y a los almogávares, con los tártaros. También lo hizo, aunque desde un punto de vista harto distinto, en su autobiografÃa el monje serbio Danilo II, que ejerció de igumen, o abad, en el monasterio de Khilandar, en el Monte Athos, entre los años 1306â1311. Danilo II sufrió en sus propias carnes los repetidos ataques almogávares contra el Monte Athos entre los años 1307â1309, cuando la compañÃa estaba instalada en la penÃnsula de Casandria y Muntaner ya la habÃa abandonado. No es sorprendente, por lo tanto, que Danilo II comparara en su autobiografÃa los estragos causados por los catalanes y los almogávares con los de los francos y los turcos, y los alanos y los mongoles.
Such a horror could be seen when the Holy Mountain was ravaged at the hand of the foe. The godless peoples, such as the Franks and Turks, Yas and Tatars, Mogovars and Catalans, and various other peoples fell on the Holy Mountain. They set fire on many holy churches, stole all the riches piled up in them and took away the captives to work. Those who remained there died of famine. No one was there to bury them, and the beasts of earth and the birds of heaven were feeding on their flesh78.
Es obvio que Danilo II no hubiese estado de ningún modo de acuerdo con la comparación entre los catalanes y los tártaros que se insinúa en la Crónica de Muntaner, y aún menos con la valoración positiva de la voluntad de poder y del modus operandi de los unos y los otros. Por supuesto Muntaner tampoco habrÃa estado de acuerdo con las palabras de Danilo II.
Este artÃculo forma parte del proyecto de investigación PID2019-109214GB-I00 y su publicación ha sido financiada por el PID2023-149946NB-I00/MICIU/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE. Aprovecho la oportunidad para agradecer los consejos y la ayuda facilitada por Josep Antoni Aguilar, Agustà Alemany, Paul Freedman, Valerie Hansen, MarÃa Jesús Lacarra, Bruno De Nicola y Ernest Marcos, que espero haber sabido aprovechar.
Juan Gil, En demanda del Gran Kan. Viajes a Mongolia en el siglo XIII (Madrid: Alianza Editorial, 1993), 215 y 217.
Como introducción a la Crónica y a la figura de su autor son muy recomendables los artÃculos de sÃntesis de Josep Antoni Aguilar âLa Crónica de Ramon Muntanerâ, en Lola Badia, dir. Història de la literatura catalana. Literatura medieval (I). Dels orÃgens al segle XIV (Barcelona: Enciclopèdia Catalana, Barcino, Ajuntament de Barcelona, 2013), 152â188, y de Mateu Rodrigo, âRamon Muntaner i la ciutat de Valènciaâ, in Josep Antoni Aguilar et alii eds. Dits, fets i veres veritats. Estudis sobre Ramon Muntaner i el seu temps (Barcelona: Publicacions de lâAbadia de Montserrat, 2019), 25â52.
Me he ocupado in extenso del pasaje del capÃtulo 29 en el artÃculo âEl bell catalanesc i els tà rtarsâ, in J.A. Aguilar et alii eds. Dits, fets i veres veritats. Estudis sobre Ramon Muntaner i el seu temps (Barcelona: Publicacions de lâAbadia de Montserrat, 2019), 219â239. En las páginas que siguen resumo, dicho trabajo y comento de forma más matizada algunos detalles de las reflexiones de Muntaner.
Josep Antoni Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner: edició i estudi (pròleg-capÃtol 146). Volum 2 (Barcelona: Institut dâEstudis Catalans, 2015), 141. Traducido al castellano por J.F. Vidal Jové, Ramón Muntaner. Crónica (Madrid: Alianza Editorial, 1970), 58â59: âQue de ningún lenguaje hay tantas gentes que lo hablen como de catalanesâ.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 141; trad. Vidal Jové, Crónica, 68: âNadie se figure que Cataluña sea una provincia pequeña, antes quiero que sepa todo el mundo que en Cataluña hay, en general, un pueblo más rico que ningún otro pueblo que yo sepa que haya en ninguna otra provincia, aun cuando la mayor parte de gentes del mundo se figuran que son pobres. Es verdad que en Cataluña no existen aquellas riquezas en moneda que ciertos hombres señalados tienen en otras tierras, pero la comunidad del pueblo es la más bien regida del mundo y viven mejor y más acomodadamente en sus casas con sus esposas y sus hijos que ningún otro pueblo que en el mundo existaâ.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 141; trad. Vidal Jové, Crónica, 68â69: âPor otra parte os diré una cosa de la que os maravillaréis, pero si bien lo buscáis, asà lo encontraréis: que de ningún lenguaje hay tantas gentes que lo hablen como de catalanes, pues si queréis buscar castellanos ya veréis que la orgullosa Castilla es poco fuerte y poco extensa, y tiene muchas provincias que cada una habla su lenguaje, que son tan diferentes como los catalanes de los aragoneses. Y aun cuando catalanes y aragoneses pertenezcan a un mismo señor, la lengua no es una, sino muy distintaâ.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 141; trad. Vidal Jové, Crónica, 68â69: âY lo mismo encontrareis en Francia y en Inglaterra y en Alemania y por toda Italia y por toda RomanÃaâ. RomanÃa era una de las denominaciones que se usaban en la Corona de Aragón para referirse al Imperio Romano de Oriente, es decir, a Bizancio.
John Henry Bridges, ed. The âOpus Maiusâ of Roger Bacon (Oxford: Clarendon Press, 1917), 66: âLas maneras de hablar una misma lengua difieren según las regiones, como se puede ver con los hablantes de la lengua francesa que, entre los habitantes de la Isla de Francia, los normandos, los borgoñones y los picardos puede llegar a ser muy diferente. Y lo que se dice bien en picardo puede sonar muy mal en borgoñón o incluso entre los franceses más próximos. ¿Y dichos contrastes no serán incluso superiores entre los pueblos que hablan lenguas diferentes?â [traducción mÃa].
Elda Morlicchio, âRiflessioni per lo studio del plurilingüismo nel contesto medievaleâ, en Lucia Sinisi ed. Il plurilingüismo in area germanica nel Medioevo (Bari: Palomar, 2005), 211â225.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 333: trad. Vidal Jové, Crónica, 413: ây sabÃa hablar griego muy correctamenteâ.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 142; trad. Vidal Jové, Crónica, 69: âQue los griegos que son del emperador de Constantinopla son igualmente muchas provincias, asà como la de la Morea y del reino del Artá, y de la Blaquia, y del reino de Salónica, y del reino de Macedonia, y del reino de Anatolia, y muchas otras provincias, en las cuales hay tanta separación en los lenguajes como entre los catalanes y los aragonesesâ.
Al final de la Crònica se puede leer una versión un poco fantasiosa de la fundación y la historia del principado de Morea a partir de la cuarta cruzada. Según Muntaner, âhom deïa que la pus gentil cavalleria del món era de la Morea, e parlaven aixà bell francès com en Acreâ en Ferran Soldevila (ed.), Les quatre grans Cròniques. III. Crònica de Ramon Muntaner (Barcelona: IEC, 2011), 430; traducido al castellano por Vidal Jové, Crónica, 538: âPor lo que se decÃa que la mejor caballerÃa del mundo estaba en la Morea, donde hablaban un francés tan perfecto como el de Acreâ.
Según Geoffroy Horrocks, Greek: A History of the Language and its speakers (Oxford: Wiley-Blackwell, 2010) 227, todas estas lenguas âare spoken in lands which were either once administered by Constantinople or at least adjacent to former byzantine territory, and their speakers were all under long-term byzantine cultural influence, particularly that of the Ortodox churchâ.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 141â142; trad. Vidal Jové, Crónica, 69: âY lo mismo ocurre en las otras provincias del mundo; y asà se dice que los tártaros son mucha gente y no lo son, sino que parecen ser muchos porque someten a muchas otras naciones del mundo, porque no hay ningún tártaro que haga nada con sus manos, sino que siempre guerrean y están acompañados en todo momento en sus huestes por sus mujeres y sus hijos Y asà podéis pensar que, si los catalanes hicieran lo mismo, serÃan muchos más que ellos, y os diré que serÃan el dobleâ.
Henry R. Luard, ed. Matthew Paris. Chronica Maiora. Vol. IV A.D. 1240 to A.D. 1247 (Londres: Longman, 1877), 276: âAunque no llegan a ser un millón, todos los tártaros persisten, como un solo hombre, en la voluntad y el deseo de someter bajo su yugo al mundo entero. Los refuerzan unos seis cientos mil hombresâ [traducción mÃa].
Cfr. Xavier Renedo, âEl bell catalanesc i els tà rtarsâ, en J.A. Aguilar et alii eds. Dits, fets i veres veritats. Estudis sobre Ramon Muntaner i el seu temps (Barcelona: Publicacions de lâAbadia de Montserrat, 2019), 228â229.
Renedo, âEl bell catalanesc i els tà rtarsâ, 229â230.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 141â142; trad. Vidal Jové, Crónica, 69: âY asà podéis pensar que, si los catalanes hicieran lo mismo, serÃan muchos más que ellos, y os diré que serÃan el dobleâ.
Sobre las interpretaciones de dicho pasaje en la tradición filológica catalana a lo largo de los siglos XX y XXI, cfr. Renedo, âEl bell catalanesc i els tà rtarsâ, 220â221 y 225â226.
Son muy interesantes en este sentido las observaciones de Muntaner tanto sobre la composición pluriétnica, y sus nefastas consecuencias, de la flota de Carlos de Anjou en la batalla de Nicótera como sobre la composición de la tripulación, mucho más homogénea, de la flota que acompañó a Pedro el Grande en su viaje de regreso desde Sicilia a la penÃnsula ibérica para tomar parte en el desafÃo de Burdeos. Me he ocupado de esta cuestión en el artÃculo âEl bell catalanesc i els tà rtarsâ, 231â236.
C. Batlle, Lâexpansió baixmedieval (segles XIIIâXV) (Barcelona: Edicions 62, 1988), 86.
He sumado a la población del principado la de los reinos de Mallorca y de Valencia porque es evidente, como se verá en el comentario del exemplum de la gavilla de juncos (v. infra), que Muntaner pensaba en estos términos. Incluso se tendrÃa que añadir a esta cifra la población del reino de Sicilia y la de Montpellier, la ciudad natal de Jaime I, que en vida de Muntaner pertenecÃa al reino de Mallorca.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 141â142; trad. Vidal Jové, Crónica, 69: âY asà podéis pensar que, si los catalanes hicieran lo mismo, serÃan muchos más que ellos, y os diré que serÃan el dobleâ.
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 368; trad. Vidal Jové, Crónica, 457: âY estaban todos con sus mujeres y sus chiquillos, pues los alanos hacen lo mismo que los tártaros, que andan siempre con todo lo suyo y jamás paran en ninguna ciudad, ni villa ni poblaciónâ.
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 368; trad. Vidal Jové, Crónica, 457: âSon tenidos por la mejor caballerÃa que exista en Levanteâ.
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 368; trad., Crónica, 458: âDe todos los alanos no escaparon, entre de pie y de a caballo, ni trescientos hombres, ya que todos murieron porque les dolÃa separarse de sus mujeres y de sus hijosâ.
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 368; trad., Crónica, 458: â¿Qué os diré? Os hago saber que no se separó del lado de su mujer hasta que lo hubieron hecho pedazos, y él vendió tan cara su vida que mató a Guillermo de Bellver y dejó malheridos a los otros dos. Y asà podéis ver que murió como buen caballero, y que con dolor hacÃa lo que hacÃaâ.
Agustà Alemany, âAlans contra catalans a Bizanci (I): els orÃgens de Girgonâ, Faventia, 12â13 (1990), 274â275.
Sobre la muerte de Noqai, Marie Favereau, La Horde. Comment les mongols ont changé le monde (ParÃs: Perrin, 2023), 237â238.
Favereau, La Horde, 241.
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 285; trad. Vidal Jové, Crónica, 352: âHizo aquel año un invierno tan crudo que jamás se vio ninguno de tantas nieves, lluvias y heladas. ¿Qué os diré? Fue tan crudo el invierno que parecÃa que se encontraran en el mar de la Tana; tanto que hubo galeotes que, por el frÃo, perdieron las extremidades de los dedosâ.
J. Ratcliffe, âAesop and the Fall of Moravia, or How to save the Byzantine Empireâ, Melbourne Historical Journal, 41, (2013), 30â44 y âSome comments on the longevity of the Fable of the Bundled Arrows in Inner Asian Cultures and its reception in the Westâ, Eurasia Studies Society of Great Britain & Europe Journal, vol 3/2 (2014), 1â24.
Pei-lin Wu, âAesopâs Fables in Ancient Chinaâ, Central Asiatic Journal, 60 (2017), 207â230.
Matteo Comparetti, âClassical Elements in Sogdian Art: Aesopâs Fables Represented in the Mural Paintings at Penjikentâ, Iranica Antiqua, 47 (2012), 303â316.
Rattcliffe, âSome comments on the longevity of the Fableâ, 4.
Sobre la recensio augustana cfr. Francesc J. Cuartero ed. Isop. Faules. Volum I. Traducción y notas de Montserrat Ros (Barcelona: Fundació Bernat Metge, 1984), 109â110. Sobre Babrio cfr. Niklas Holzberg, âBabriusâ, Oxford Classical Dictionary (2021) (Consultado el 26 de febrero de 2024). Sobre la presencia de la fábula en los Mythiambi Aesopei cfr. Leon Herrman, Babrius et ses poèmes (Bruselas: Latomus, 1973) 164â165.
Cfr. Cuartero, Isop. Faules, 65â66.
Rattcliffe, âSome comments on the longevity of the Fableâ, 7â9.
Wei Shou
Rattcliffe, âSome comments on the longevity of the Fableâ, 7.
Cfr. Ratcliffe, âAesop and the Fall of Moraviaâ.
Sphendoploucos es la forma griega del germánico âZwendibaldâ, o del eslavo âSventoplokâ, o âSvatoplukâ, el nombre de un prÃncipe que gobernó Moravia entre 869 y 894. Cfr. Pei-Lin Wu, âAesopâs Fables in Ancient Chinaâ, 221.
Cfr. Giulia Moravcsik ed. y R.K.H. Jenkins trad. Constantine Porphyrogenitus. De administrando imperio (Washington: Dumbarton Oaks, 1985), 180â181 y Rattcliffe, âSome comments on the longevity of the Fableâ, 30â31.
Zahir al-Din Nishapuri, The SaljuqnÄma of Zahir al-Din Nishapuri: A Critical Edition. Ed. Alexander H. Morton (Londres: Gibbs Memorial Trust, 2004). Agradezco la observación a Bruno De Nicola (Austrian Academy of Sciences). Sobre la importancia y la larga influencia de la crónica de Nishapuri cfr. A.H. Morton, âQashani and Rashid al-Din on the Seljuqs of Iranâ, en Yasir Suleiman ed. Living Islamic History. Studies in Honour of Professor Carole Hillenbrand (Edimburgo: Edimburgh University Press, 2010), 166â177.
Ratcliffe se equivoca citando la nota 21 de la página 167 de la edición de Luther como si fuera parte de la SaljuqnÄma cuando la nota en realidad señala que la anécdota está presente en los textos de Ravandi y Juwayni. Ver Rattcliffe, âSome comments on the longevity of the Fableâ, 11, nota 53. Cfr. la referencia original en Kenneth Allin Luther trad. y ed. The History of the Seljuq Turks from the Jamiâ al-Tawarikh an Ilkhanid Adaption of the Saljuq-nama of Zahir al-Din Nishapuri. Editada por C. Edmund Bosworth (Nueva York: Curzon, 2001), 167, nota 21.
Muhammad Ibn Ali Ravandi, RÄḥat al-á¹£udÅ«r wa-Äyat al-surÅ«r fÄ« tÄrÄ«kh Äl SaljÅ«q (Teherán: Amir Kabir, 1985), 102. Agradezco de nuevo la noticia y la referencia bibliográfica a Bruno De Nicola (Austrian Academy of Sciences).
Rattcliffe, âSome comments on the longevity of the Fableâ, 12.
Dobun Mergen y Alan Qoâa pertenecen a la doceava generación posterior a la mÃtica pareja fundacional del pueblo mongol formada por el lobo gris y la corza blanca y, por el otro, preceden en diez generaciones al nacimiento de Chinggis Khan. Sobre la figura de Alan Qoâa cfr. Bruno De Nicola, Women in the Mongol Iran: The KhÄtÅ«ns, 1206â1335 (Edimburgo: Edinburgh University Press, 2017), 36â38.
Cfr. Historia secreta de los mongoles: Yuan chao bi shi. Ed., trad. y notas de Laureano RamÃrez BellerÃn (Madrid: Miraguano Ediciones, 2000), 74â76, § 19â22. Sobre las diversas referencias que se hacen al relato del manojo de flechas en la Historia secreta cfr. Larry Moses, âThe Quarrelling Sons in the Secret History of Mongolsâ, The Journal of American Folklore 100, 395 (1987), 63â68.
ʿAla al-Din ʿAtaʾ Malik Juwayni, The History of the World Conqueror. Trad. de Mirza Muhammad Qazwini (Manchester: Manchester University Press, 1958), 41.
Juwayni, The History of the World Conqueror, 593â594.
Sobre esta obra, que cuenta con traducciones medievales al catalán y al aragonés, y su autor cfr. la sabia y documentada sÃntesis de Albert Hauf âTexto y contexto de la Flor de las historias de Oriente: un programa de colaboración cristiano-mongólicaâ, en A. Egido y J.M. Enguita, eds. Juan Fernández de Heredia y su época. IV Curso sobre Lengua y Literatura en Aragón (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1996), 131â154.
Vease a este propósito el capÃtulo de Ernest Marcos Hierro en esta obra.
Martà de Riquer, Història de la literatura catalana I (Barcelona: Editorial Ariel, 1980), 472.
Francisco RodrÃguez Adrados, Historia de la fábula greco-latina. Tomo II. La fábula en época imperial romana y medieval (Madrid: Universidad Complutense, 1985), 274â275.
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 476; trad. Vidal Jové, Crónica, 590: âLa verdad es que el convenio que se estableció entre ellos se realizó a la manera del que establecieron el ratón y la rana, que sólo buscaban la manera de engañar el uno al otro, como podréis ver en la fábula de Esopo, y por esto como los dos iban con mala intención, llegó el milano, los cogió y se los comió, como ocurrió con los que hicieron este convenio, cada uno de ellos con engaño y falsedad y con la intención de engañar al otro; y el poder de la casa de Aragón, que es el águila, se les puso al través y les ha devorado y destruido, como ocurrirá siempre, si Dios quiereâ.
Cfr. Leon Herrman, Babrius et ses poèmes (Bruselas: Latomus, 1973); 164 y Francisco RodrÃguez Adrados, Historia de la fábula grecolatina. Tomo II. La fábula en época imperial romana y medieval (Madrid: Universidad Complutense, 1985), 75â76.
Agradezco a MarÃa Jesús Lacarra todas las observaciones que a propósito de esta cuestión ha tenido la gentileza de formularme.
Cfr. Niklas Holzberg, âBabriusâ, Oxford Classical Dictionary (2021) (Consultado el 26 de febrero de 2024).
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 491; trad. Vidal Jové, Crónica, 609: âY si alguien me pregunta: -Señor Muntaner, ¿cuál es el ejemplo de la gavilla de juncos?, yo le contestaré â¦â.
Peter Jackson, âHaytonâ, Encyclopædia Iranica. Online edition (2016) (consultado el 9 de noviembre de 2023).
Charles Köhler, ed. Haitón de Córico, La flor des estoires de la terre dâOrient, in Recueil des historiens des croisades. Documents arméniens. Tome second (ParÃs: Imprimerie Nationale, 1906) 153â154: âY la voluntad de Dios quiso que una grave enfermedad sorprendiera a Chinggis Khan, que convocó a sus doce hijos y les ordenó que todos siguiesen la misma voluntad y los mismos propósitos, y les ofreció el siguiente ejemplo. Les pidió que cada uno de ellos llevase una flecha y, cuando tuvo reunidas las doce flechas, mandó al primogénito que las tomase e intentara romper el haz con las manos. Y el primogénito lo intentó, pero no pudo romperlas. Acto seguido las entregó a su segundo hijo, que tampoco pudo romperlas. Después Chinggis Khan mandó que las flechas se separaran y pidió al menor de sus hijos que las tomara una por una y las partiese, y el hijo pequeño asà lo hizo. Entonces Chinggis Khan se dirigió a todos sus hijos y les dijo: â ¿Por qué no pudisteis partir, tal como os habÃa pedido, las flechas? Y ellos contestaron: â Porque estaban todas unidas. â ¿Y por qué vuestro hermano pequeño ha podido partirlas? Y ellos respondieron: â Porque las ha roto una por una. Entonces Chinggis Khan les dijo: â Lo mismo puede sucederos a vosotros. Mientras sigáis la misma voluntad y los mismos propósitos vuestra señorÃa durará siempre, pero, si estáis divididos y en desacuerdo, vuestro poder se reducirá al mÃnimo y no podrá perdurar. Muchos otros consejos y buenos ejemplos dio Chinggis Khan a sus hijos y a su gente, los cuales los tártaros siguen aplicando con gran reverenciaâ [traducción mÃa].
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 492; trad. Vidal Jové, Crónica, 609: âY puede contar con que él es rey de Aragón, y de Valencia, y de Cerdeña, y de Córcega, y de Mallorca y de Sicilia, pues, si quiere, el reino de Mallorca estará bajo su mandato, del mismo modo que lo está el reino de Aragón, y lo mismo digo del reino de Sicilia, que de todos ellos él es la matriz y el punto de referencia. Y mientras a él le plazca considerar a estos reinos como una cosa propia, y el señor rey de Mallorca y el señor rey de Valencia compartan la misma voluntad y el mismo proyecto, tal como debe ser, pueden dar por seguro que seguirán siendo soberanos de todos los reyes y de todos los prÃncipes del mundo, tanto cristianos como sarracenos, y de todas las comunas. Y si, por el contrario, cosa que Dios no quiera, hubiese división entre ellos, pueden estar seguros de que se destruirÃan el uno al otro. Por lo que es necesario que esto llegue al fondo del corazón del señor rey de Aragón Don Alfonso: que toda la firmeza y la unidad están en Dios y en él mismo, que es la cabeza y el hermano mayor de todos; y quiera que se grabe en su corazón el proverbio que en catalán reza: âNo todos los que te sonrÃen son amigosâ. Y asà las casas de Mallorca y de Sicilia, que llevan la misma insignia y que con ella han de vivir y de morir, rija y mantenga contra todos los hombres del mundo. Y no permita que gente malvada siembre cizaña en su corazón; y recuerde el ejemplo de la mata de junco, que es muy oportuno, que ellos harán bien en no olvidar. Dios, por su merced, le de ánimo y firmeza, y que se los dé a todos para el cumplimiento de su gracia. Aménâ. (He introducido algunas variaciones en la traducción de F. Vidal Jové para ajustarla mejor a mi interpretación del texto).
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 237.
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 492; trad. Vidal Jové, Crónica, 609â610: âY si alguien me pregunta: â Señor Muntaner, ¿cuál es el ejemplo de la gavilla de juncos? â Yo le contestaré que una gavilla de juncos tiene tanta fuerza que, si atáis toda la mata con una cuerda bien fuerte, y la queréis arrancar toda de una vez, os digo que diez hombres, por mucho que tiren, no la arrancarán, aunque muchos más les ayudasen; y, si quitáis la cuerda, de junco en junco la arrancará toda un zagal de ocho años y no quedará ni un junco. Y lo mismo ocurrirÃa con estos tres reyes, que si entre ellos hubiese alguna división o discordia, cosa que Dios no quiera, debéis recordar que tienen unos vecinos tales que intentarÃan destruirlos a todos. Por lo que es necesario que se guarden de este mal paso, que mientras los tres compartan una misma voluntad, no deben temer a ningún otro poder de este mundo, antes al contrario, como ya os he dicho, serán siempre soberanos sobre sus enemigosâ.
Haitón de Córico, La flor des estoires de la terre dâOrient, 153â154 y 288â89. Haitón usa por segunda vez este término cuando indica que Chinggis Khan añadió, después del ejemplo de la gavilla, âautres comandemens e bones essamplesâ.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 17; trad. Vidal Jové, Crónica, 16: âQue quien va y pelea con la verdad, Dios le exalta y le da la victoria y que, con poca gente, hace vencer y destruir a mucha que va con soberbia y malicia y confÃa más en su poder que en el poder de Diosâ.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 18.
Las âpoques gentsâ capaces de vencer a las multitudes soberbias y malvadas del primer capÃtulo son también los catalanohablantes de las digresiones polÃticas y lingüÃsticas del capÃtulo 29 de la Crónica, donde, en primer lugar, se niega que Cataluña sea una provincia tan âpocaâ y tan âpobreâ como parece, y donde, en segundo lugar, se formula una serie de observaciones sobre el número, no tan exiguo como pudiera parecer, de hablantes de la lengua catalana.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 36; trad. Vidal Jové, Crónica, 26: âAsà pues, señores de Aragón y de Mallorca y de Sicilia, que procedéis y sois descendientes de este señor Don Jaime, que Dios por su acción y virtud mandó nacer, estad tranquilos y con buen ánimo y actuad de acuerdo con un mismo objetivo y una misma voluntad; y que las malas lenguas no os hagan separar por nada en el mundo, que el separaros serÃa contrario a lo que Dios ha establecidoâ.
Soldevila, Crònica de Ramon Muntaner, 262; trad. Vidal Jové, Crónica, 322: âpues querÃa hacer saber a los enemigos del rey de Aragón que no estaba muerto, sino que, si antes tenÃan que luchar contra un rey, de ahora en adelante tendrÃan que luchar contra dos, que eran un mismo cuerpo y una misma voluntadâ.
Peter Jackson, The Mongols and the West (Londres: Routledge, 2018), 169.
Cfr. Theo H.M. Falke y Michael R. McVaugh, âArnau de Vilanova at the Summit of Oloron (1287): a major inflection point in the life of a medieval physicianâ, Journal of Medieval History, 42/5 (2016), 588â602 y Xavier Renedo, âNotes sobre la biografia i la Crònica de Ramon Muntanerâ, Butlletà de la Societat Catalana dâEstudis Històrics, 27 (2016), 26.
Jaume Torró, âJaume I no va viure en temps dâOvidiâ, en Pep Valsalobre y August Rafanell eds. Estudis de Filologia Catalana. Dotze anys de lâInstitut de Llengua i Cultura Catalanes. Secció Francesc Eiximenis (Barcelona: Publicacions de lâAbadia de Montserrat, 1999), 175â199.
Haitón, La fleur des estoires de la terre dâOrient, 148.
Aguilar, La âCrònicaâ de Ramon Muntaner, 17; trad. Vidal Jové, Crónica, 15: âLas grandes maravillas que has visto que ha hecho Dios en las guerras en que tú has estado, pues place a Dios que por ti sean puestas de manifiestoâ Tengo un artÃculo en preparación sobre este episodio: âÃngels, profetes o patriarques en el âSomniâ de Ramon Muntanerâ, en J.A. Aguilar et alii eds. Set cents anys de lâinici de la âCrònicaâ de Ramon Muntaner (Girona: Universitat de Girona, en prensa).
Cito según la traducción ofrecida por István Vásáry, Cumans and Tatars: Oriental Military in the Pre-Otoman Balkans, 1185â1365 (Cambridge: Cambridge University Press, 2005), 109, quién identifica a los almogávares con los mogovars y a los alanos, con los yas.