1 Introducción1
No cabe duda de que los viajes de los frailes mendicantes al extremo Oriente durante los siglos XIII y XIV contribuyeron en gran medida a cambiar la percepción del espacio y de la geografÃa de la ecúmene entre los europeos. Uno de los casos más conocidos en este sentido es el del franciscano Roger Bacon (m. post 1292), quien en la sección geográfica de su Opus maius, criticó a los antiguos por describir el mundo solamente a partir de especulaciones. Por ello, para referirse a las diferentes regiones, prefirió seguir a quienes habÃan recorrido los lugares de este mundo. Entonces, basándose en la relación de viaje del franciscano Guillermo de Rubruck (m. c.1293), enviado por Luis IX de Francia a la corte del gran khan, con quien Roger tuvo la oportunidad de conversar además de leer su obra, explicó que el mar Caspio era un gran mar cerrado que se alimentaba de muchos rÃos, y no un golfo del Océano exterior âcomo escriben Isidoro, Plinio y todos los autores occidentales. En este caso, en efecto, no tuvieron experiencia cierta por sà mismos ni por otros, sino que escribieron de oÃdasâ2. Lo mismo se aprecia en la enciclopedia Speculum maius del dominico Vicente de Beauvais (m. c.1264). En la sección histórica o Speculum historiale, al final del libro 30 y prácticamente a lo largo de todo el libro 31 desarrolló decenas de capÃtulos relativos a los mongoles a partir de los relatos de los primeros viajeros por el Asia central, en particular la Historia Mongalorum del franciscano Juan de Pian del Carpine (m. c.1252), enviado por el papa Inocencio IV, y la ya mencionada relación de fray Guillermo. Vicente describe, además de las misiones propiamente tales, las costumbres, la religión, el modo de hacer la guerra y muchas otras caracterÃsticas de los pueblos orientales, amén de algunas cartas transcritas de manera Ãntegra3. De esta manera, los relatos y la correspondencia de los viajeros mendicantes, y en particular de los franciscanos, fueron imponiendo una nueva geografÃa y dando a conocer la existencia de pueblos como los mongoles, que parecÃan salidos de tierras desconocidas y de los que no habÃa noticias ni en el texto bÃblico ni en los historiadores de la antigüedad clásica.
La orden de San Francisco era de reciente creación y ya en el Concilio de Lyon se perfilaba como un pilar de la administración tanto para los papas y obispos como para los prÃncipes seculares, esto debido a su preparación teológica, a su afán misionero y a la capacidad de adaptarse a cualquier circunstancia humana, dado su estilo de vida vinculado a las urbes4. Gracias a su organización formaron una gran red de conventos por donde circulaban personas, doctrinas teológicas, libros y noticias menudas del tipo más variado. Entre estas últimas estaban las novedades relativas a las misiones franciscanas, que con el tiempo fueron quedando por escrito en los anales y las crónicas de la orden5.
Ciertamente que las relaciones de viaje, las memorias y las cartas, constituyeron una sólida base para la difusión de las misiones y el conocimiento de Oriente en Europa, algo que no está exento de problemas de autenticidad e interpretación, como advirtió Christine Gadrat a propósito de las cartas provenientes de los obispados orientales, las cuales sufrieron procesos de reelaboración6. Pero además del material escrito, existieron vÃas de comunicación oral que no dejaron más huella que una pequeña referencia en alguna crónica o relato, como testimonio de la actividad de los misioneros y otros agentes en tierras asiáticas. Entre estos últimos se cuentan navegantes, comerciantes y soldados que contribuyeron a nutrir la red franciscana.
El presente artÃculo busca indagar en las vÃas de comunicación por las que los franciscanos del siglo XIV tuvieron noticias de lo que ocurrÃa en los territorios asiáticos de China y el Asia central, a partir del análisis de la crónica de Juan de Winterthur (m. c.1349), franciscano radicado en el sudoeste del Imperio germánico. Se trata, pues, de un autor que nunca salió de Europa, pero cuya obra ofrece cierto contenido sobre los hechos sucedidos allà y pone de manifiesto los mecanismos de transmisión de la información desde las lejanas tierras de Asia hasta los conventos ubicados en los reinos europeos. Se pone énfasis en la diversidad de fuentes escritas y orales, y en la manera en que el cronista, al final de la cadena, recibe la información de manera más o menos crÃtica, adoptando ciertas expresiones significativas. A través de este documento se podrá apreciar cómo circulaba la información sobre Oriente en las redes franciscanas, y también cómo los canales informales, compuestos de oralidad y contactos ocasionales, jugaron un rol esencial en el proceso de construcción de un horizonte geográfico que terminó abarcando desde Europa hasta el extremo Oriente.
2 Juan de Winterthur y su crónica
Es poco lo que sabemos de Juan de Winterthur. ProvenÃa del área del lago Constanza, en la región sur del Imperio germánico (actual Suiza, cantón de Zúrich). En 1328 estaba en la ciudad de Basilea y luego se le puede seguir la pista en Schaffhausen y finalmente en Lindau, ciudad donde se presume que murió, en una fecha posterior a 13487. Compuso una crónica universal que, después de una breve introducción, arranca con el pontificado de Inocencio III (1198â1216) y llega hasta el año 1348. Se conserva el manuscrito autógrafo en la Biblioteca Central de Zúrich (ZB, C 114d)8, a partir del cual surgen los otros cuatro manuscritos sobrevivientes. Todos estos son de confección tardÃa (entre los siglos XVI y XVIII) y surgieron en el espacio germánico, lo cual nos habla de una difusión bastante modesta de la crónica9.
Para ser una crónica universal escrita en el ámbito imperial, la obra de Juan tiene varias caracterÃsticas que la hacen una obra peculiar. Primeramente, prescinde de la estructura u ordinatio según la sucesión de papas y emperadores, estructura narrativa que se habÃa popularizado desde el siglo XII10. En cambio, el cronista optó por un esquema más narrativo que le permitiera largos desarrollos, por lo mismo, le pareció necesario advertir de este proceder a sus lectores en la introducción: âpondré a los sumos pontÃfices y a los emperadores contemporáneos no alternadamente, como es costumbre de algunos historiadores, sino de una manera mezclada, tal como me parezca que conviene al progreso del tiempoâ11. Otra caracterÃstica destacable es que, si bien se interesa especialmente por los avatares del Imperio, y en particular de las regiones del sudoeste, demuestra un marcado interés por los asuntos de Oriente. En su crónica caben las cruzadas, lo mismo que las luchas entre cristianos y musulmanes en la penÃnsula ibérica y, por supuesto, las misiones franciscanas en Asia12.
En cuanto a sus fuentes, Juan dispuso de algunas crónicas universales como la de MartÃn de Opava (m. 1278), la obra anónima Flores temporum (compuesta en torno a 1300), la crónica de Frutolfo de Michelsberg (m. 1103) y la Cronica Minor Minoritae Erphordensis, compuesta inicialmente a mediados del siglo XIII. Además, se pueden distinguir ciertos textos de carácter teológico y hagiográfico: la Legenda aurea, la Historia ecclesiastica de Rufino de Aquilea y la Historia scholastica de Pedro Coméstor13.
Ahora bien, para completar el cuadro de las fuentes, es menester indicar que el grueso de la información de la obra, especialmente en los últimos perÃodos que abarca el relato, provienen de información de primera mano, vivida y conocida directamente por el autor o por medio de terceros a través de relatos orales escuchados a sus hermanos franciscanos y a personas de todo tipo que Juan encontró a lo largo de su vida. Este es su propósito, lo que declara de manera explÃcita en la introducción: âDespués de esto anotaré cuidadosamente a lo largo de toda la obra las cosas que logré recabar, ya fuera las que conocà por mis propios ojos u oÃdos, o las que me enseñó el conocimiento de la gente (vox communis) y la célebre notoriedadâ14. Por lo tanto, la crónica de Juan nos presenta una variedad de fuentes escritas y orales, algo de lo cual estaba muy consciente y por ello aclaró en la introducción que ambas vÃas de conocimiento le parecÃan legÃtimas y como al mismo nivel: âLas cosas que voy a escribir en el principio de la presente obra, para hacerla con mayor perfección, las he redactado en parte a partir de algunas crónicas que he leÃdo, en parte de la relación misma de hombres que estas cosas atestiguaron y afirmaron delante de mÃâ15.
Las noticias relativas al extremo Oriente y los mongoles comienzan con la invasión de los mongoles a HungrÃa y Polonia en 124116. A partir de este momento, la crónica vuelve cada cierto tiempo sobre los asuntos asiáticos, ya sea embajadas, misiones, nuevas invasiones u otros contactos de los reinos mongoles con los cristianos y los musulmanes. Entre medio figuran las acciones en la zona de las cruzadas, la caÃda de San Juan de Acre y la situación de los cristianos en Tierra Santa17. Juan describe el poder y los inmensos dominios tanto del sultán de Egipto como del gran khan de China Toghan Temür (r. 1333â1368)18 y como ejemplo de aquello, refiere una segunda invasión de HungrÃa y Polonia por una gran multitud de tártaros y otros pueblos (1340)19, cuya descripción se hace con los mismos tintes dramáticos de la ocurrida en el siglo anterior: âEstos paganos, arrebatando a los niños de los cristianos de las manos de sus madres, los devoraron afirmando que la carne de los niños y la de los lactantes era más dulce que todas las demásâ20. El avance de las misiones es un elemento recurrente en el texto. Paulatinamente, va desgajando hechos relacionados con los franciscanos en las tierras de Oriente y sus relaciones con los poderes musulmanes y mongoles, a veces en buenos términos21 y a veces abiertamente en conflicto, como en el caso de las persecuciones en Persia22. Esto desemboca en el puesto destacado que otorga al martirio de algunos hermanos: Esteban de HungrÃa en Sarai, en el khanato de la Horda Dorada (1334)23, Ricardo de Burgundia, obispo de Almaliq, en Chagadai, y sus compañeros en 1339, sucesos que fueron bien conocidos en los medios franciscanos24. Incluyó igualmente el martirio de los franciscanos de Tana, en la India (1321), tomándolo de la relación de Odorico de Pordenone25. Frente a los malos tratos propinados por los musulmanes, sobresalen en distintos momentos las buenas relaciones del khan con los cristianos. Las últimas referencias al Oriente tienen que ver con la misión de un fraile en lo más remoto de la âVicarÃa aquilonarâ26, lo que le da pie al cronista para hablar sobre la evangelización de la India y del Preste Juan27.
Haciendo un balance general, la información sobre el extremo Oriente no es mucha comparada con la que concierne a los asuntos del Imperio germánico, algo que Juan ya habÃa advertido en la introducción28. En efecto, en el conjunto de la obra las descripciones sobre las regiones asiáticas son escasas, rara vez se detiene en los soberanos mongoles, no hay relatos pormenorizados sobre las maravillas orientales; más bien se trata de noticias esporádicas y episodios acotados narrados sobriamente. Casi todas estas referencias tienen que ver con las misiones y están vinculadas a la orden franciscana.
3 La circulación de noticias sobre el extremo Oriente y los mongoles
3.1 Crónicas y relaciones de viaje
A parte de la referencia vaga a la lectura de algunas crónicas que hace Juan en la introducción, no hay ninguna mención expresa de la fuente de donde toma las noticias más antiguas sobre el Oriente. No obstante, como se verá, en su gran mayorÃa reproduce fielmente el contenido de la Cronica Minor Minoritae Erphordensis (en adelante, Cronica Minor). Lo mismo vale para las otras pocas fuentes usadas por el franciscano, que se copian sin citar, proceder que no extraña en absoluto teniendo en cuenta la práctica de composición de las crónicas universales, cuya estructura es aglutinante y generalmente comienza copiando una o varias crónicas universales previas, para dar paso a la última parte en la que el autor mismo es la fuente principal de información29.
La Cronica Minor fue redactada en el convento franciscano de Erfurt, Turingia, durante el siglo XIII en dos versiones que llegan hasta 1261 y 1265. Se conocen siete continuaciones redactadas en distintos monasterios del Imperio germánico, alcanzando, en las más extensas, el año de 133530. Si bien podrÃa dudarse de la pertenencia del autor a una orden religiosa especÃfica31, algunas señales dentro de la crónica indican el acercamiento de su autor hacia los franciscanos. Por ejemplo, el establecimiento de los Hermanos Menores en Erfurt, durante el pontificado del papa Honorio III32. Luego, la mención de misiones franciscanas en Asia, no asà las de los dominicos, es también una señal de cercanÃa con la orden de san Francisco, lo mismo el hecho de que las continuaciones provengan en gran medida de conventos franciscanos. Por último, el mismo hecho de que Juan de Winterthur la usara33, habla de una amplia circulación en los medios franciscanos. Ciertamente, ninguna de estas razones es suficiente ni absoluta para afirmar que el autor pertenecÃa a los Hermanos Menores, pero sin duda nos dejan ver que es a este grupo al que habrÃa que atribuir, en primer lugar, la pertenencia o asociación del autor de la crónica. Hasta el año 1265, cuando acaba la redacción original de la Cronica, casi todas las referencias a los mongoles que Juan menciona en su crónica están tomadas de esta obra34.
A partir de ella, Juan de Winterthur consigna el ataque de los tártaros a HungrÃa y Polonia en 1241, bajo las órdenes de khan Batu y el general Subotai. Aquà califica a los atacantes como un âpueblo ferocÃsimo de bárbaros, dedicado al culto de los Ãdolosâ35, lo que se corresponde con lo señalado en la Cronica Minor para el mismo año. El ataque viene nutrido de detalles sobre la crueldad de los orientales, de quienes afirma que mataron a muchos miles de hombres36, y lo complementa con una noticia tomada de las Flores temporum según la cual esta incursión produjo tales estragos que obligó a la población a caer en excesos inhumanos tales como que las madres se comieran a sus propios hijos y que las personas usaran polvo de la tierra como harina37. Este episodio, cargado de gran dramatismo, era uno de los tópicos de las invasiones de los mongoles y lo encontramos igualmente en otras crónicas y relatos, como la Brevis narratio de regibus Hungariae, atribuida a Juan de Udine (m. 1366), franciscano contemporáneo al cronista helvecio38.
En segundo lugar, Juan refiere los ataques de los mongoles sobre Mesopotamia y Levante en el año 1260, donde las vÃctimas fueron cristianos y sarracenos por igual:
Por estos tiempos, los tártaros atacaron las regiones orientales sometidas al Sultán, mientras sus habitantes huÃan de aquellas regiones, tanto cristianos como de otras naciones, es decir, sarracenos y judÃos, por el mar. Doliéndose de esto el faraón rey de Egipto, el Sultán, reagrupadas las fuerzas, se lanzó secretamente con un ejército contra el campamento de los tártaros y mató a muchos miles de ellos, lo que ocurrió en el año del Señor 126139.
La última referencia a los mongoles tomada de la Cronica Minor tiene que ver con la embajada de nobles que envió el khan Berke al rey Luis IX de Francia con dos dominicos que hacÃan de intérpretes, y que tenÃa por objetivo pedir la sumisión incondicional del reino, de lo contrario serÃan sometidos por la fuerza40. Finalmente, el cronista suizo hace figurar solemnemente a los tártaros en el II Concilio de Lyon (1274), junto a los embajadores griegos. Además de los intentos unionistas con las iglesias orientales, lo que ya era una buena noticia, declara que âcasi todos los tártaros fueron bautizados en el concilio y volvieron a sus tierrasâ41, noticia tomada de una de las variantes del Chronicon pontificum et imperatorum de MartÃn de Opava42. Y con este comentario acaban las noticias extraÃdas de crónicas y relatos escritos con anterioridad a su tiempo.
Asà como Juan introduce noticias provenientes de antiguas crónicas, de la misma manera se aprecia en su obra la presencia de lecturas contemporáneas de origen franciscano, a las cuales asigna un enorme valor testimonial. Cuando llega a sus manos una copia de la Relatio de Odorico de Pordenone (m. 1331), quien habÃa emprendido un largo viaje por tierras asiáticas entre c.1318 y 1330, Juan se lamenta de que no haya tenido conocimiento antes de este precioso documento y debe excusarse ante sus lectores por tener que alterar el orden de la narración para incorporar las noticias aportadas por este viajero, en particular el martirio de los franciscanos de Tana: âVolviendo hacia atrás en el orden, habiendo omitido algunas cosas que debÃa escribir en sus tiempos pero que entonces me eran desconocidas, las agregaré ahora que me son conocidasâ43. Entonces, lo que narra a continuación está puesto bajo el año 1344. A ello siguen algunas noticias sobre la corte del gran khan como los 400 médicos idólatras que le servÃan, asà como la alta estima que tenÃa para con los franciscanos. El garante de todo este relato es el fraile viajero:
Esto lo atestigua el santo hermano Odorico, oriundo de Padua, quien habiendo recorrido todas las regiones de los orientales y habiendo vuelto sano a su tierra natal, puso por escrito estas y otras cosas maravillosas y sorprendentes vistas y escuchadas allà por él, cuando fue solicitado y movido por sus hermanos franciscanos44.
El apelativo de sanctus se explica por el intento de proceso de beatificación, cuando después de la muerte de Odorico, una delegación de Udine fue enviada a la corte papal de Aviñón llevando la vida del hermano franciscano, que era básicamente la relación de viaje y algunos milagros ocurridos por contacto con el cadáver45. El proceso no fue muy bien acogido por el papado por diversos asuntos que en ese entonces oponÃan a la jerarquÃa eclesiástica con los hijos de san Francisco46, pero esto no impidió que el relato de Odorico fuera leÃdo, copiado y difundido, especialmente por contener un mensaje muy elogioso para con la orden franciscana, pero también debido a los muchos episodios que entrega (reforzando asà la imagen del Oriente exótico y maravilloso)47. En efecto, no cabe duda de que para Juan este fue un material que saboreó, al punto que advierte al lector que Odorico dejó âuna obra muy divertida y deleitable sobre cosas extrañas de este tipo y como nunca escuchadas por la genteâ48.
La fama de Odorico en Aviñón y el interés por el relato de su viaje llevó a un franciscano de origen austriaco, Enrique de Glatz, a copiar la obra en latÃn y llevarla a tierras del Imperio germánico donde redactó una nueva versión latina hacia 134049. Probablemente, esta es la versión que tuvo a mano Juan de Winterthur.
3.2 EpÃstolas
Para el conocimiento sobre Oriente, tan importante como las relaciones de viaje fueron las cartas llegadas desde las incipientes misiones cristianas. Por esta vÃa llegaron las principales noticias sobre los martirios ocurridos en los territorios de la Horda Dorada y el Ilkhanato. Por ejemplo, hablando del martirio de Esteban de HungrÃa (OFM), ocurrido en 1334, apunta:
Asimismo, por estos tiempos, como la consabida noticia me enseñó y como leà muy bien con mis propios ojos en cartas abiertas (literis patentibus), cierto hermano menor llamado Esteban, oriundo de HungrÃa, fue martirizado por los sarracenos en la ciudad imperial en la Tartaria aquilonar llamada Sarai50.
Los trabajos de los Hermanos Menores en la Horda Dorada y en Chagadai eran bien conocidos en Europa, gracias a diversas cartas enviadas desde aquella región. Se conservan dos enviadas por la comunidad de mercaderes y franciscanos de la ciudad de Caffa (Feodosia), fechadas en 1323 pero dirigidas a múltiples destinatarios51. Una proveniente de Trebisonda, escrita por el guardián del convento Carlino Grimaldi, fechada en 1314, y una carta de Johanca de HungrÃa (OFM), hermano de Esteban, al Ministro General Miguel de Cesena, escrita en Bashkir en 132052. Esto habla de una comunicación fluida con los territorios occidentales, especialmente para la comunicación de martirios y la solicitud de refuerzos para la misión. Si bien el relato de la pasión que subsiste hoy proviene de la Chronica XXIV Generalium, compuesta hacia 1360â1370, Szilvia Kovács señala que la versión de la vida de Esteban que nos presenta Juan reproduce un modelo antiguo, quizás la carta original con el relato de su pasión, que no ha llegado hasta nosotros53, pero que él debió conocer hacia 1338, dado el lugar que este relato ocupa en su crónica.
En otro momento, Juan de Winterthur dice que tuvo la oportunidad de leer la carta de un franciscano de origen alemán que habÃa partido a Oriente para evangelizar. Una vez más, alterar el estricto orden cronológico que se habÃa propuesto seguir lo obliga a excusarse ante sus lectores. Para introducir la nueva información, después del año 1344, advierte: âPocos años antes de lo dicho precedentemente â¦â54. Ahora bien, la alteración está justificada con creces por la llegada a sus manos del documento, el que Juan pudo leer con toda calma, tal como expresamente lo reconoce: âleà en profundidad la carta enviada por él a su general de la VicarÃa aquilonarâ55. Confunde aquà Juan la segunda carta de Juan de Montecorvino, enviada desde PekÃn el 8 de enero de 1305, cuyo destinatario desconocemos puesto que no se conserva el encabezado. La identificación es relativamente sencilla, por cuanto el cronista menciona directamente varios de los elementos presentes en la carta del obispo: la gran cantidad de conversiones logradas por el misionero, el dominio que adquirió de la lengua local, las dificultades que le presentaron los cristianos nestorianos, la instrucción que le proporcionó a los habitantes del lugar en gramática latina y canto, y la buena estima en que lo tenÃa el gran khan. La confusión se produce quizás porque el obispo menciona la colaboración que le prestó el franciscano Arnoldo de Colonia en su labor56 y Juan de Winterthur, sin duda, no tuvo una copia de la carta original sino probablemente un resumen, ya algo distorsionado.
A partir de esta misiva, los siguientes comentarios son asuntos relativos a las misiones en tierras del gran khan de China, donde se habÃa convertido al cristianismo un gran número de infieles. Aunque nunca da el nombre del remitente, los episodios quedan autorizados por la lectura del documento (âcomo tomé y extraje de su cartaâ)57. Y, más relevante aún, a ojos del cronista, el contenido de la carta rivaliza e incluso sobrepasa a las autoridades tradicionales que hablaban de la difusión del cristianismo en la India, en particular, la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea:
En los lugares donde habÃa predicado, como se lee en la carta, nunca antes se habÃa predicado el evangelio de Cristo. En efecto, aunque sobre el bienaventurado Tomás se lee que la India habÃa creÃdo en Cristo, en gran parte gracias a él, a quien le habÃa tocado en el sorteo de predicación, y gracias a dos siervos romanos en el tiempo del papa Silvestre y del emperador romano Constantino, como se lee en la historia eclesiástica, sin embargo de acuerdo a su propia palabra, a los lugares donde él anunció a Cristo, ciertamente no habÃa venido ningún maestro católico, que pusiera los fundamentos o al menos la primera piedra de la fe ortodoxa58.
Tal actitud de desafiar a las autoridades tradicionales del conocimiento sobre el extremo Oriente solo se entiende al observar la seguridad que el escrito del franciscano le provee. De allà la insistencia y repetición de la expresión âut ex epistola elicui â¦â y âut fatetur in epistolaâ. Esta misma confianza explica, probablemente, la crÃtica que hace al conocido Preste Juan, soberano cristiano de Oriente. Sin desconocer el poder del soberano y el mérito de haberse convertido al cristianismo con todo su pueblo (aunque luego perdieron la fe59), aclara que del soberano oriental âse leen muchas cosas exageradas en un librito que circula entre nosotrosâ60. En esta afirmación, probablemente Juan tiene en la mente dos textos distintos. En primer lugar, la carta del Preste Juan, documento apócrifo aparecido a mediados del siglo XII y destinado en su primera versión al emperador de Bizancio Manuel I Comneno, donde se describen profusamente las maravillas y riquezas de su reino, de tal modo que se presenta a sà mismo como el soberano más poderoso del mundo. Este documento habÃa circulado lo suficiente para hacerlo conocido en todo el Occidente europeo61. En segundo lugar, quizás también está presente la Relatio de Odorico de Pordenone, porque, a pesar de las múltiples maravillas orientales que encuentra a lo largo de su periplo, la situación es muy distinta para con el supuesto Preste Juan. Odorico refiere que del Preste Juan âno es cierto ni la centésima parte de lo que se cuenta; cuya ciudad principal se llama Cosan, sin embargo, se dirÃa que Vicenza es mejor ciudad que Cosanâ62. De ahÃ, pues, el concepto de âyperboliceâ empleado con toda seguridad por Juan de Winterthur en su crónica.
3.3 Conocimiento directo por oÃdo
Las primeras noticias sobre Oriente recabadas directamente por el cronista las encontramos a finales del siglo XIII, cuando comienzan a aparecer expresiones que delatan haber recibido información de forma oral. Durante los acontecimientos de la caÃda de San Juan de Acre, en 1291, escribe: âTambién muchas veces escuché (audivi) que, en aquel dÃa en que la ciudad fue tomada â¦â63; y âPor consiguiente, ¡oh, la ciudad fue devastada y casi totalmente desolada! Tuvo la primacÃa entre otras las ciudades, como escucho (audio), en el envÃo de comercios y mercancÃas a diferentes tierras, y por eso, como dicen, los paganos sufrieron un gran arrepentimiento, porque la despoblaronâ64. El empleo del verbo audio denota un involucramiento personal del autor, lo que le permite dar una legitimidad cabal a los hechos reportados sobre la guerra en Tierra Santa. Lo mismo ocurre con acontecimientos ocurridos en los territorios del sur del Imperio germánico, que Juan pudo conocer de manera directa, como cuando justifica una de sus crÃticas hacia el papa Juan XXII diciendo: âcomo escuché también a un soldado veterano confiableâ65. Asà vemos las mismas expresiones, o similares, que en el caso de la caÃda de San Juan de Acre.
En el relato que cubre la primera mitad del siglo XIV, y en especial en las temáticas relativas al Oriente, el autor emplea un lenguaje que expresa la preocupación por informarse adecuadamente sobre las cosas que ocurrÃan en aquellas comarcas. A menudo emplea verbos que tienen que ver con el conocimiento cierto por los sentidos, como âpercipioâ. Al referir la alianza entre el sultán mameluco al-Nasir Muhammad (r. 1299â1341) y el khan Uzbek de la Horda Dorada (r. 1313â1341), dice: âEn estos tiempos, como lo he conocido por un relato fidedigno, el emperador de los tártaros llamado gran khan y el sultán conspiraron contra todo el orbeâ66. Más adelante, cuando se refiere al martirio frustrado de un hermano franciscano, anota:
Por este tiempo en esas mismas regiones, como conocà por una relación fidedigna, el dÃa de la preparación de la pascua67 en cierto lugar, un hermano menor solicitó y obtuvo de su guardián licencia para derramar su sangre, bajo el pretexto de aquellas palabras, pretendiendo procurarse para sà en aquel dÃa, a través del derramamiento de sangre, la palma del martirio de manos de los infieles68.
En este caso, el cronista no puede precisar muy bien los detalles (de ahà el uso de quodam loco y quidam frater), pero al menos advierte que la narración es âfidedignaâ (fideli relacione). Sin embargo, cuando le resulta posible, no duda en mencionar cómo fue que obtuvo la información. En el pasaje en que relata la apostasÃa de un dominico en tierras de Oriente, apunta:
Además, por estos tiempos, por comerciantes fidedignos conocidos mÃos, me enteré de algo que menciono casi llorando: que un hermano de la Orden de los Predicadores, trasladándose para anunciar a Cristo allÃ, a la tierra de los sarracenos, se apartó de la fe de Cristo y apostató, y acogió abiertamente la secta de aquellos69.
Otros mercaderes venidos de Oriente le proporcionaron información sobre la grandeza del gran khan de China Toghan Temür. La arrogancia del soberano mongol queda reflejada en los comentarios que les hacÃa, según Juan, a los comerciantes cristianos que llegaban hasta su corte: âEl emperador de los romanos y el rey de los francos en sus reinos deberÃan, por derecho, ser investidos en vasallos por mà y, como desprecian hacer esto, los poseen contra derecho y con gran injuria para mÃâ70.
En ocasiones, la fuente de la crónica es el conocimiento público, aunque en realidad se trata de un conocimiento difundido al interior de la orden franciscana, lo que Juan expresa con el vocablo fama o alguno de sus derivados. Para el año 1338, cuando le llega la noticia de la supuesta conversión de un soberano mongol gracias a la intervención de su mujer, escribe: âIgualmente, en el mismo año, se hizo conocido (famatur) que el rey de los tártaros se convirtió, gracias a cierta mujer convertida a la fe católica por los Hermanos Menores que vivÃan allà para anunciar a Cristoâ71. Todo hace pensar que estos relatos circulaban entre los conventos franciscanos e iban constituyendo un acervo que se transmitÃa de manera oral hasta que quedaban algunas referencias escritas en las crónicas o en las vidas de santos.
4 Certezas y confusiones en el conocimiento de Asia
He aquÃ, pues, los canales de información sobre los asuntos del extremo Oriente y los mongoles que utiliza Juan de Winterthur para la redacción de su crónica. Ciertamente se distinguen los elementos escuchados a testigos âfidedignosâ, âconfiablesâ, y por otra parte, lo leÃdo por el propio autor en diversos documentos provenientes de los protagonistas de las misiones, tales como relatos de viaje y epÃstolas. En ambos casos, el cronista enfatiza a través de vocablos latinos bien reconocibles, si se trata de conocimientos que le llegaron por vÃa oral o por vÃa escrita. No ocurre lo mismo con otras noticias orientales cuyas fuentes son de más difÃcil identificación y de más vaga consideración, donde prevalece el empleo de verbos semipasivos e impersonales como âferturâ y ânarraturâ. Hablando de la magnificencia del gran khan, refiere: âAsimismo, se dice (fertur) que en estos tiempos hubo un emperador o gran rey de los tártaros de tan eminente poder, que dominaba sobre 500 principados, de los cuales el más pequeño podÃa compararse verdaderamente con el reino de Bohemiaâ72. No está claro de dónde tomó Juan esta información y quizás por eso usa la expresión vaga âut ferturâ. Otro caso lo vemos en el pasaje en que el cronista habla sobre el rey de EtiopÃa:
Sobre el rey de EtiopÃa mencionado, se cuenta (narratur) que habÃa adorado al sol y a la luna, entre otros poderes del cielo, afirmando que eran los verdaderos dioses de todo el orbe. También se dice (fertur) que de buena gana se habrÃa entregado a la tarea de inducir a todo el mundo a creer con él y obligarlo a mantener su creencia en esto73.
Si bien estas expresiones idiomáticas son bastante frecuentes en la narrativa histórica, especialmente en las crónicas, su sentido es considerablemente más vago que las expresiones que ha usado Juan en los otros pasajes, donde emplea verbos en voz activa y conjugados en primera persona, lo que denota un involucramiento mucho mayor de su persona y por lo tanto un grado de certeza más elevado74.
Pese a los mayores o menores niveles de certeza, o a las grandes posibilidades de confusión, Juan de Winterthur es bien consciente de que en Oriente están pasando muchas cosas y no todas llegan a conocimiento de las regiones occidentales. Ya vimos lo que ocurrió con el relato de Odorico de Pordenone: cómo llegó a manos de Juan y, al juzgar el contenido muy relevante para su obra, debió incorporarlo extemporáneamente, pidiendo las excusas del caso. Esas excusas, reiteradas de vez en cuando a lo largo de la crónica, son una muestra de que los conventos estaban siempre atentos a la llegada de novedades. La información circulaba con mayor o menor velocidad por entre las redes franciscanas y los religiosos, durante la primera mitad de ese dinámico siglo XIV, ya estarÃan acostumbrados a recibir todo tipo de noticias desde los lugares más recónditos del planeta. En dos oportunidades más se lamenta Juan de la ignorancia que habÃa sobre los asuntos orientales en su lugar de residencia. La primera, cuando narra la pasión de Esteban de HungrÃa en la ciudad de Sarai, bajo el gobierno del khan Uzbek. Hacia el final de la historia cuenta que algunas santas mujeres tuvieron varias visiones del mártir y este âles comunicó muchas cosas ocultas que permanecen desconocidas para mÃ, que escribo esto en nuestras regionesâ75. La segunda, cuando menciona la supuesta conversión del rey tártaro por influjo de su mujer cristiana. Juan dice haber conocido que el soberano mongol envió una carta al papa Benedicto XII solicitando religiosos para instruir al pueblo en la fe cristiana, a lo cual el papa accedió gustoso enviando 50 franciscanos en el año 133876. Es posible que en este episodio el cronista esté mezclando a dos personajes distintos. Por una parte, las noticias de conversión al cristianismo se vinculan con Uzbek, cuya esposa Taydula abrazó el cristianismo. Por otra parte, hay un eco del gran khan Toghan Temür, quien fue bastante abierto a la acción de los misioneros cristianos, producto de su formación budista marcada por la tolerancia. Fue este soberano quien advirtió en 1338, a través de una embajada al papado de Aviñón, de la muerte del arzobispo de PekÃn, Juan de Montecorvino. En la misma solicitaba el envÃo de nuevos misioneros, a lo que el papa Benedicto XII reaccionó preparando una legación donde figuraba Juan de Marignolli, y enviando con ella una carta de respuesta al gran khan muy cordial y elogiosa77. Años después, el franciscano suizo todavÃa no tenÃa noticias de la acción de estos misioneros, por lo que se lamenta: âCuántas cosas ellos realizaron y cuánta gente adquirieron allà para el Señor Jesucristo, todavÃa en la cuaresma del año del Señor 1343 ha sido desconocido y oculto en las regiones de Suabiaâ78.
Es manifiesto el interés que demuestra Juan de Winterthur por conocer el estado de las misiones franciscanas. No obstante, las dificultades que esto suponÃa eran muchas: la enorme distancia que separaba Europa occidental de las regiones de India, Asia Central y China, la lentitud de los viajes que tomaban años y hasta décadas desde que el viajero salÃa de su convento hasta que regresaba, los peligros mismos del viaje que hicieron de algunos misioneros verdaderos mártires (por lo mismo, el regreso al lugar de origen nunca estaba asegurado) y, finalmente, podrÃamos agregar la calidad de la información que también podÃa constituir una dificultad, como deja ver el hecho de que circulaban noticias sobre las tierras del Preste Juan y que el cronista no considera âfidedignasâ sino âexageradasâ; es decir, no todo lo que se leÃa y se escuchaba era digno de ser creÃdo. Sin embargo, Juan no se arredró ante las dificultades y acometió sus propias indagatorias. Consciente de que no era capaz de hacer un seguimiento pormenorizado, sà intentó, al menos, mantenerse atento a las gestiones que se llevan a cabo en la corte papal de Aviñón, que era el principal impulsor de las misiones durante el siglo XIV, asà como el principal receptor de las misivas y embajadas provenientes de Oriente79. AsÃ, en la crónica de Juan se encuentra mención de prácticamente todas las iniciativas pontificias de la época en relación con las misiones80.
5 Los franciscanos como vehÃculo de información sobre Oriente
Tomada en su conjunto, la crónica de Juan de Winterthur es una obra de toda la vida. Tal como señalaba el cronista en la introducción, su objetivo era escribir la historia desde el pontificado de Inocencio III y el gobierno de Federico II, cuyos tiempos no eran lejanos a los suyos propios y los de sus padres. De alguna manera, los consideraba parte de la âhistoria recienteâ81. Juan tenÃa a disposición diversas crónicas sobre ese pasado reciente, aunque también se sirvió de testimonios orales para reconstruirlo. Luego, trabajó incansablemente para informarse de todo lo que ocurrÃa a su alrededor y muy lejos también. Por ello, fue escribiendo a lo largo de los años, nutriéndose de un sinfÃn de informantes ocasionales. Ante el conocimiento tardÃo de los hechos, no dudó en incorporar nuevo material, pidiendo excusas al lector, cosa que habÃa advertido en la introducción, diciendo que escribÃa las cosas que ocurrieron âno siempre según el debido orden, sino según fueron llegando a mi conocimientoâ82. De esta manera fue enriqueciendo el relato con material escrito y oral.
La información más importante a sus ojos, aquella que merecÃa mencionar la fuente, era sin duda la que le llegaba a través de los religiosos franciscanos. En no pocas ocasiones se enorgullece de conocer lo que ocurre en Oriente gracias a sus correligionarios. Se enteró de la expedición del conde de Holanda a Jerusalén con una comitiva de 500 guerreros en 1343, gracias a un cierto hermano de la orden de san Francisco, conocido suyo (mihi noto)83. Este mismo hermano le proporcionó valiosa información sobre la situación de la Orden en Palestina84.
Mientras Juan redactaba su obra, la orden franciscana estaba experimentando un crecimiento explosivo y, gracias a su organización centralizada (con el Ministro general en Roma, ministros provinciales a la cabeza de cada circunscripción y guardianes en cada convento), habÃa construido una gigantesca red que unÃa a todo el mundo conocido, desde las islas británicas hasta PekÃn, pasando por los territorios norteafricanos y Tierra Santa. Asà podÃa informarse, a diferentes ritmos, sobre lo que ocurrÃa en el inmenso territorio euroasiático, poniendo al mismo nivel de fiabilidad lo que él habÃa visto y escuchado con lo que habÃan visto sus hermanos franciscanos.
De la India le llegaban menos noticias y más difusas. Esto se explica, en parte, porque desde 1318, por disposición de Juan XXII, este territorio quedó como tierra de misión para los dominicos, mientras que a los franciscanos les correspondió el Asia Central y el extremo Oriente85. Y si bien cabe dudar de la rigidez con que se cumplió esta disposición, lo cierto es que todo lo que Juan refiere de la India lo toma de otros franciscanos o tiene que ver con ellos86. Otro tanto sucede con las noticias sobre las misiones encabezadas por los dominicos, reseñadas siempre de manera vaga y hasta con un dejo de condescendencia87. En cambio, como es comprensible, Juan no perdió oportunidad para ensalzar a la orden de los Hermanos Menores. Esteban de HungrÃa y los mártires de Tana, franciscanos en ambos casos, son señalados como hitos fundamentales de las misiones88. Lo mismo ocurre con los mártires de Almaliq. Al parecer, Juan no conoció la carta donde el fraile Pascual narraba sus aventuras al guardián del convento de Vitoria (1338)89. No obstante, sà tuvo conocimiento de la visita del vicario de la Tartaria aquilonar a Aviñón (1343), para solicitar a Clemente VI la canonización del obispo de Almaliq, Ricardo de Burgundia (OFM), el hermano Pascual y otros cuatro compañeros, martirizados en el año 133990.
De esta manera, entre los franciscanos del siglo XIV circuló abundante información sobre las misiones del extremo Oriente, información que fue vehiculizada tanto por registros escritos (cartas, relaciones, crónicas) como por narraciones orales. En ambos casos, el medio podÃa ser el latÃn o las lenguas vernáculas y si bien para los primeros, el latÃn fue ciertamente el idioma por excelencia, las lenguas vernáculas también jugaron su rol en la composición de relatos y en la traducción de otros para aumentar su difusión.
La red creada por los franciscanos funcionó como una caja de resonancia de lo que ocurrÃa en todo el espacio euroasiático (y por ende, en Oriente), y por lo tanto facilitó el conocimiento de aquellas regiones tan apartadas del Occidente medieval europeo, asà como el acercamiento entre los pueblos que las habitaban. En algunos casos, la obra de Juan de Winterthur nos da una idea de la velocidad con la que viajaba esta información, si tomamos en cuenta las veces en que Juan debió volver atrás en el tiempo para insertar una noticia o mencionar la llegada de alguna carta o relato. También nos muestra la relación estrecha que se daba entre los frailes y las comunidades urbanas, especialmente con los comerciantes y marinos en lo que respecta a las noticias de Oriente91.
La imagen de los mongoles que se transmitió por esta red sale a la luz de manera indirecta en la crónica de Juan de Winterthur, un escritor que nunca abandonó las tierras meridionales del Imperio germánico. Su foco de atención fueron las misiones, aun asà en su obra ofrece su propia imagen de los mongoles, que es relativamente benigna pese a las destrucciones iniciales, puesto que tenÃan a los hermanos menores en gran reverencia92. Gracias a estos frailes andariegos se fue desarrollando una nueva intertextualidad a partir de los viajes por el continente asiático, que reveló a los mongoles como agentes relevantes en el concierto de los pueblos.
El presente artÃculo es fruto del proyecto de investigación Fondecyt regular n. 1250342, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) del Gobierno de Chile. El autor agradece a Tomás Hameau y a Joel Zarabia, de la Universidad Católica de la SantÃsima Concepción, por su colaboración.
Roger Bacon, Opus maius, IV, Geographia, en The âOpus majusâ of Roger Bacon, ed. John Henry Bridges (Oxford: Williams and Norgate, 1900), vol. 1, 303â304, 354: âEst enim mare quoddam, quod fit ex concursu fluminum venientum ab aquilone, et Caspium vocatur, atque Hyrcanicum secundum Plinium. Nam Caspii et Hyrcani super littora illius maris inhabitant; non igitur est hoc mare veniens ab oceano, ut Isidorus et Plinius, et omnes auctores occidentales scribunt. In hoc enim casu non habuerunt experientiam certam per se nec per alios, sed ex rumore scripseruntâ. A menos que se diga lo contrario, todas las traducciones del latÃn son propias. Véase también Nathalie Bouloux, âLes formes dâintégration des récits de voyage dans la géographie savante. Quelques remarques et un cas dâétude: Roger Bacon, lecteur de Guillaume de Rubrouckâ, en Géographes et voyageurs au Moyen Ãge, ed. Henri Bresc y Emmanuelle Tixier du Mesnil (ParÃs: Presses Universitaires de Paris Ouest, 2010), 119â146.
Vicente de Beauvais, Speculum historiale, (Douai: Balthazar Bellère, 1624), 1284â1318.
E. Randolph Daniel, The Franciscan Concept of Mission in The High Middle Ages (New York: The Franciscan Institute St. Bonaventure University, 1992; edición revisada), capÃtulos III y IV.
Christine Gadrat, âLes savoirs géographiques chez les Mendiantsâ, en Savoirs profanes dans les ordres mendiants en Italie (XIIIeâXVe siècle), ed. Joël Chandelier y Aurélien Robert (Roma: Ãcole française de Rome, 2023), 547â560. Anna-Dorothee von den Brincken, âDer âOriens christianusâ in der Chronik des Johannes Elemosyna OFM (1335â1336)â, en XVIII. Deutscher Orientalistentag, ed. Wolfganf Voigt (Wiesbaden: Franz Steiner Verlag, 1974), 63â75.
Christine Gadrat, âDes nouvelles dâOrient: les lettres des missionnaires et leur diffusion en Occident (XIIIeâXIVe siècles)â, en Passages: Déplacements des hommes, circulation des textes et identités dans lâOccident médiéval, ed. Joëlle Ducos y Patrick Henriet (Toulouse: Presses universitaires du Midi, 2013), 2â6. Nueva edición [en lÃnea], disponible en Internet:
Graeme Dunphy, ed., Encyclopedia of the Medieval Chronicle (Leiden-Boston: Brill, 2010), vol. 2, 926â927.
La crónica fue editada integralmente por Friedrich Baethgen, Die Chronik Johanns von Winterthur (BerlÃn: Weidmannsche Buchhandlung, 1924); MGH SS rer Germ. N.S. 3. De esta edición se han tomado las citas contenidas en este artÃculo, la numeración remite a las páginas. Existe una traducción alemana debida a Bernhard Freuler, Die Chronik Johannâs von Winterthur Inâs Deutsche übersetzt (Winterthur: Druck der Zieglerâschen Buchdruckerei, 1886).
Baethgen, Die Chronik Johanns von Winterthur, xxxiiâxxxiv.
Mireille Chazan, Lâempire et lâhistoire universelle. De Sigebert de Gembloux à Jean de Saint-Victor (XIIeâXIVe siècle) (ParÃs: Honoré Champion, 1999), 446â448.
Juan de Winterthur, Chronica, 1â2: âSummos vero pontifices et imperatores contemperaneos [sic] non alternatim more quorundam hystoricorum, sed mixtim, prout michi expedire in processu videbitur, collocaboâ. Probablemente está pensando en la crónica de MartÃn de Opava, una de sus fuentes principales para los primeros tiempos, que hace una marcada distinción entre la historia ritmada por los gobiernos pontificales y aquella conducida por los emperadores.
Los asuntos ibéricos aparecen por primera vez en relación con la victoria cristiana de las Navas de Tolosa (1212). Juan de Winterthur, Chronica, 2.
Juan de Winterthur, Chronica, Introducción, xxvi.
Juan de Winterthur, Chronica, 1: âQue vero post hec per totum opus ponenda censui, prout visu proprio vel auditu didici vel communis vox et fama celebris me edocuit, diligenter conscribamâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 1: âQue autem in principio operis presentis scripturus sum, ad maiorem perfeccionem eius faciendam partim ex quibusam cronicis a me perlectis, partim ex relacione hominum ipsa coram me attestancium et affirmancium hec compaginaviâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 4â5.
Juan de Winterthur, Chronica, 39â42. La caÃda de Acre le provoca no pocos lamentos y una reflexión sobre la maldad de los cristianos.
Juan de Winterthur, Chronica, 161â162.
Paul W. Knoll, âPoland as Antemurale Christianitatis in the Late Middle Agesâ, The Catholic Historical Review 60, 3 (1974): 389â390.
Juan de Winterthur, Chronica, 184: âHii pagani pueros christianorum rapientes de manibus matrum suarum devoraverunt, carnes infancium et lactencium [sic] dulces pre ceteris asserentesâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 206; refiere que el sultán les permitió celebrar misa en la fiesta de Pascua en Tierra Santa.
Juan de Winterthur, Chronica, 193â194.
Juan de Winterthur, Chronica, 147â149.
Juan de Winterthur, Chronica, 208. Véase la pasión de los mártires de Almaliq en Sinica Franciscana, ed. Anastasius van den Wyngaert (Quaracchi: Collegium s. Bonaventurae, 1929), vol. 1, 510â511. El relato proviene de la crónica de Juan de Marignolli. El martirio de Esteban de HungrÃa en el khanato Chagadai durante el gobierno de Uzbek, se encuentra en la Chronica XXIV Generalium, ed. Analecta Franciscana (Quaracchi: Collegium s. Bonaventurae, 1897), vol. 3, 515â524.
Juan de Winterthur, Chronica, 230â231.
En varias ocasiones, Juan se refiere a los vastos territorios asiáticos con el término de âvicaria aquilonarisâ. Esta denominación está tomada de la división administrativa proyectada por los franciscanos sobre el Asia mongola, que incluÃa dos jurisdicciones cada una a cargo de un vicario: la Tartaria Aquilonaris y la Tartaria Orientalis. Véase Jean Richard, La papauté et les missions dâOrient au Moyen Ãge (XIIIeâXVe siècles) (Roma: Ãcole Française de Rome, 1988; 2a ed. aumentada), 128â129. En la concepción geográfica de Juan de Winterthur, la Tartaria Aquilonaris designa de manera confusa a los khanatos de la Horda Dorada y Chagadai, y, eventualmente incluso, al Catay de los Yuan.
Juan de Winterthur, Chronica, 233â235. Se trata de una confusión con Juan de Montecorvino (OFM), a partir de ciertos datos que aparecen en las cartas de éste. Véase su carta II, 4, fechada el 8 de enero de 1305: âQuidam rex illius regiones de septa [sic] nestorianorum christianorum, qui erat de genere illius magni Regis qui dictus fuit Presbiter Iohannes de Yndia, primo anno quo huc ego veni michi adhesit et ad veritatem vere fidei catholice per me conversus â¦â. En Sinica Franciscana, vol. 1, 348.
Juan de Winterthur, Chronica, 2: âQuamvis autem de plurium parcium gestis scripturus sim, presertim tamen, cum Alemannus sim, de Alemanie partibusâ.
Mireille Chazan, âLa méthode critique des historiens dans les chroniques universelles médiévalesâ en La méthode critique au Moyen Ãge, ed. Mireille Chazan y Gilbert Dahan (Turnhout: Brepols, 2006), 224â226.
Fue objeto de una edición integral en los Monumenta Erphesfurtensia saec. XII. XIII. XIV, ed. Oswald Holder-Egger (Hanover-Leipzig: Impensis Bibliopolii Hahniani, 1899), 486â723. MGH, SS rer. Germ., 42. El año 1335 corresponde a la última entrada de la continuación VI, Parte III; Cronica Minor, 698.
Puesto que también se observan contribuciones hechas por autores cistercienses y dominicos, especialmente en las continuaciones.
Hecho relatado en los siguientes términos: âSub hoc papa anno Domini mccxxiii fratres Minores mansionem Erfordie receperuntâ. Juan de Winterthur, Chronica, 652.
Juan utilizó la redacción D 2 con las continuaciones III y IV. Cronica Minor, 518.
¿Quiere decir esto que Juan no conoció las continuaciones de la obra? Al contrario, todo hace suponer que Juan tuvo acceso a las continuaciones III y IV, parte II, pero estas son muy breves y no transmiten información sobre Oriente. Véase Cronica Minor, 517â518, 687â690.
Juan de Winterthur, Chronica, 4: âbarbarorum gens ferocissima, cultibus ydolorum deditaâ. Véase Cronica Minor, 657.
Juan de Winterthur, Chronica, 4: âItem anno Domini mccxli (â¦) Tartari Ungariam et Poloniam invaserunt et multa milia hominum occiderunt; contra quos crucem fecit papa predicariâ. Véase Cronica Minor, 657.
Juan de Winterthur, Chronica, 5: âUt iam dictum est, quando Tartari stragem memoratam conmiserunt in Ungaria et Polonia, utrobique dominos interfecerunt, quo facto tanta penuria subsecuta est in Ungaria, quod matres suos pueros manducarent et pro farina quodam pulvere uterentur hominesâ. Tomado de la obra Flores temporum, en MGH, SS, 24, ed. Oswald Holder-Egger (Hanover: Impensis Bibliopolii Hahniani, 1879), 241.
Juan de Ãdine, Brevis narratio de regibus Hungariae, 18: âBela rex anno domini 1235, filius eius post eum coronatus. Cuius tempore tharthari cum quinquies centenis milibus armatorum regnum Hungariae intraverunt. Contra quos rex proelians; ubi fere extinguitur militia universa. Rex fugiens ad mare. Et tharthari tribus annis in regno permanseruntâ. En Historiae Hungaricae Fontes Domestici. Pars prima. Scriptores. Volumen III. Chronicon Dubnicense, ed. por M. Florianus (Leipzig: Typis Michaelis Taizs, 1884), 272.
Juan de Winterthur, Chronica, 15: âCirciter ista tempora Tartari partes orientales Soldano subactas expugnaverunt, fugatis habitatoribus illarum regionum tam christianis quam aliis nacionibus, scilicet Sarracenis et Iudeis, ultra mare. De quo dolens Pharao rex Egipti, soldanus resumptis viribus cum exercitu clam irruit super castra Tartarorum, multa milia ex eis interfecit, quod factum fuit anno Domini mcclviâ. Véase Cronica Minor, 664â665. Juan de Winterthur equivoca la fecha del acontecimiento por un año.
Juan de Winterthur, Chronica, 15. El cronista fecha la llegada de la embajada en 1262, siguiendo al autor de la Cronica Minor. No obstante, esta misma fuente añade que el rey Luis IX, pese a negarse a la demanda de someter su reino, los mantuvo con todos los honores hasta que los remitió al papa Alejandro IV: âIpsos tamen nuncios honorifice Parisius tenuit et usque ad papam Alexandrum pacifice remisitâ (Cronica Minor, 666; la noticia aparece en la continuación contenida en los manuscritos B. C1. 2. D, del siglo XIV.). El papa Alejandro murió el 15 de mayo de 1261, por lo tanto, de acuerdo a la Cronica, la entrevista de los embajadores de Berke con el rey de Francia debió ser anterior a esta fecha.
Juan de Winterthur, Chronica, 20: âTunc Tartari fere omnes in concilio babtizati ad propria redieruntâ.
MartÃn de Opava, Chronicon pontificum et imperatorum: âIn quo Grecorum m. et Tartarorum solempnes nuncii affuerunt, Greci ad unitatem ecclesie redire promitentes. (â¦) Nuncii vero Tartarorum infra Concilium baptizati, ad propria redieruntâ. En MGH, SS, 22, ed. Ludewico Weiland (Hanover: Impensis Bibliopolii Aulici Hahniani, 1872), 442.
Juan de Winterthur, Chronica, 230: âPremissis aliqua ordine retrogrado tunc suis temporibus scribendis debitis mihi incognita, nunc autem mihi nota et occurrencia subiungamâ (año 1321). El martirio es introducido a partir de un extracto de la Relatio, en los siguientes términos: âPaucis quasi annis evolutis ante precedencia, forte circiter annos Domini mcccxxx, quatuor fratres Minores martyrisati fuerunt in provincia Thana inferiores Indie in quadam civitate potestati imperatoris Delduli subiecta a Sarracenis ibidem dominantibus, precipue ab episcopo eorumâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 230: âHec testatur frater sanctus Odoricius de Padua Oriundus, qui peragratis cunctis regionibus orientalium et incolumis ad terram nativam reversus hec et alia mira et stupenda illic visa et audita ab eo rogatus et compulsus a suis confratribus Minoribus in scripturam redegitâ.
Thomas Tanase, «â Jusquâaux limites du mondeâ ». La papauté et la mission franciscaine, de lâAsie de Marco Polo à lâAmérique de Christophe Colomb (Rome, Ãcole française de Rome, 2013), 614â615. Teofilo Domenichelli, Sopra la vita e i viaggi del beato Odorico da Pordenone dellâordine deâminori. Studi con documenti rari ed inediti (Prato: Ranieri Guasti Editore-Librario, 1881), 395â397.
Alvise Andreose y Philippe Ménard, eds., Le voyage en Asie dâOdoric de Pordenone, traduit par Jean Le Long (OSB). Iteneraire de la Peregrinacion et du voyaige (1351) (Genève: Librairie Droz, 2010), xvi y nota 35.
Que es lo que realmente le valió la fama de santidad y prácticamente lo único que se sabe de su vida. Véase Paolo Chiesa, âOdorico fra Oriente e Occidenteâ, en La Cina e la Via della Seta nel viaggio di Odorico da Pordenone, ed. Mauro Pitton (Pordenone: Comune di Pordenone, 2001), 28; Tanase, «â Jusquâaux limites du mondeâ », 569â570.
Juan de Winterthur, Chronica, 231: âopusculum valde solaciosum et delectabile de huiusmodi raris et a seculo quasi inauditis relinquensâ.
Folker Reichert, Asien und Europa im Mittelalters. Studien zur Geschichte des Reisens (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 2014), 238.
Juan de Winterthur, Chronica, 147: âItem circiter ista tempora, sicut fama me celebris edocuit et prout oculis meis luculenter literis patentibus perspexi, quidam frater Minor, nomine Stephanus, de Ungaria oriundus in civitate imperiali in Tartaria aquilonari nomine Saray a Sarracenis passus estâ.
Michael Bihl y A.C. Moule, âDe duabus epistolis fratrum minorum Tartariae Aquilonaris an. 1323â, Archivum Franciscanum Historicum 16 (1923): 89â112.
La carta de Carlino Grimaldi se puede ver en Girolamo Golubovich, Biblioteca bio-bibliografica della Terra Santa e dellâOriente francescano (Quaracchi: Collegio di S. Bona-ventura, 1913), vol. 2, 66â68. La carta de Johanca de HungrÃa está en Michael Bihl y A.C Moule, âTria nova documenta de missionibus Fr. Min. Tartariae Aquilonaris annorum 1314â1322â, Archivum Franciscanum Historicum 17 (1924): 55â71.
Szilvia Kovács, âAn Unremembered Hungarian Friarâs Martyrdom in the Golden Hordeâ, Chronica 18 (2018): 180, nota 8.
Juan de Winterthur, Chronica, 233: âPaucis annis evolutis ante predicta â¦â
Juan de Winterthur, Chronica, 233: âcuius epistolam ab eo directam suo generali de vicaria aquilonari legi latam et difusamâ.
Juan de Montecorvino, Cartas II, 1; en Sinica Franciscana, vol. 1, 347. En esta misiva se le llama âArnoldus Alamannus de provincia Colonieâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 233: âut ex epistola sua elicui et excerpsiâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 234: âIn locis, ubi predicaverat, ut fatetur in epistola, ante numquam ewangelium Christi fuerat predicatum. Quamquam enim de beato Thoma legatur, quod per eum Indya, que sibi in sorte predicacionis advenerat, in magna parte et per duos pueros Romanos tempore Silvestri pape et Constantini inperatoris Romani, ut legitur in ecclesiastica historia, in Christum crediderit, tamen iuxta verbum suum ad loca, ubi ipse ewangelizavit Christum, nullus doctor katholicus ante certe ipsum fudamenta vel saltem lapidem primarium fidei ortodoxe, qui poneret, venitâ. La predicación en India en los tiempos apostólicos aparece indirectamente en la introducción de la Cronica Minor cuando el autor anónimo señala haber utilizado la Historia ecclesiastica de Eusebio y más adelante se lee âIste Alexander imperator transferri iussit corpus sancti y Thome apostoli de India in Edissam civitatemâ; Cronica Minor, 552â553. En cualquier caso, la noticia proviene de la versión latina hecha por Rufino de Aquilea, Historia ecclesiastica, X, 9â10, en Die Griechische Schriftsteller der Ersten Drei Jahrhunderte. Eusebius Werke. Zweiter Band. Die Kirchengischichte. Die Lateinische Ãbersetzung des Rufinus, ed. Theodor Mommsen (Leipzig: J.C. Hinrichsâsche Büchhandlung, 1908), 971â973. Cronica Minor, 489.
Juan de Winterthur, Chronica, 234: âPrespiterum eciam Iohannem, regem opulentum et potentem (â¦) ad Christum et per eum totam suam gentem convertit. Set, heu, post mortem suam discipline christiane perniciosam ad vomitum paganismi compulsa rediit per successorem suum, ydolatram pessimum et tyrrannum [sic]â. Llama la atención que, de acuerdo a este relato, fuera un franciscano quien convirtiera al célebre Preste Juan, supuestamente rey cristiano desde antiguo y descendiente de David. En su carta, el arzobispo solamente señala que convirtió a un tal rey Jorge, descendiente del Preste Juan, y a toda su familia, pero luego de su muerte, los hermanos volvieron a la herejÃa nestoriana. La variación del relato en la crónica del cronista suizo también es fruto de una actitud constante en los franciscanos viajeros por minimizar el poder y la importancia del Preste. Véase José Miguel de Toro, âLas invasiones mongolas del siglo XIII: entre historia y fantasÃaâ, EUROPA 9 (2016): 44.
Juan de Winterthur, Chronica, 234: âde quo plura yperbolice in uno libello aput nos legunturâ.
El cronista usa el término âlibellusâ para designar al texto con las noticias sobre el Preste Juan, calificativo que se aplica adecuadamente a la carta apócrifa, teniendo en cuenta que se trata de un escrito breve. No parece que se trate de la obra de Marco Polo, puesto que esta posee una extensión considerable y que en las diferentes versiones latinas nunca se le califica de esa manera. Véase Christine Gadrat-Ouerfelli, Lire Marco Polo au Moyen Ãge. Traductions, diffusion et réception du Devisement du monde (Turnhout: Brepols, 2015), 149â150. Además, si bien la obra del veneciano circulaba profusamente en la Europa occidental, no hay huellas de su viaje en la crónica de Juan de Winterthur.
Odorico de Pordenone, Relatio, XXXII, 2â3: âVeni versus terram Pretezoan, de quo non est centesima pars eius que dicitur, cuius civitas principalis Cosan vocatur; que tamen Cosan Vincencia melior civitas dicereturâ. En Odorico da Pordenone. Relatio de mirabilibus orientalium Tartarorum, ed. Annalia Marchisio (Florencia: Edizioni del Galluzzo, 2016), 213.
Juan de Winterthur, Chronica, 41: âPluries eciam audivi, quod illa die, qua civitas capta fuit, antequam caperetur â¦â.
Juan de Winterthur, Chronica, 42: âVastata itaque est civitas et heu penitus desolata! In mercantibus et mercimoniis, ut audio, ad diversas terras deducendis primatum inter alias civitates tenuit, et ideo, ut dicitur, pagani penitencia sunt ducti amara, quod impsam desertam feceruntâ.
Hablando del papa Juan XXII, a quien Juan no tiene en alta estima, dice âUt autem crudelitas Iohannis pape quantum ad immediate predicta evidencius paterat, notandum est, quod audivi a quoque milite robusto fide digno, qui sub eo militaverat â¦â. Juan de Winterthur, Chronica, 103.
Juan de Winterthur, Chronica, 194: âHiis temporibus, ut relacione fidedigna percepi, imperator Tartarorum Canis mangnus [sic] vocitatus et soldanus coniuraverunt contra totum orbemâ. Hay que notar que el cronista confunde a Uzbek, khan de la Horda Dorada, con el gran khan de Catay, generalmente designado magnus Canis. La alianza entre An-Nassir Muhammad y Uzbek está bien documentada para los años 1315â1327, y una de las primeras acciones que solicitó el khan a su aliado fue hacer la guerra contra el Ilkhanato. De allà proviene, quizás, la expresión que utiliza Juan de âconspirar contra todo el orbeâ y no solo contra la Europa cristiana. Véase Marie Favereau, La horde. Comment les mongols ont changé le monde (ParÃs: Perrin, 2023), 269â270.
La palabra parascafe presenta ciertas complicaciones de traducción. Aquà se ha optado por el dÃa que corresponde al Viernes Santo, antes de la Pascua. Es la lectura que hace también el traductor alemán Freuler, Die Chronik, 299.
Juan de Winterthur, Chronica, 231: âCirciter ista tempora in eisdem partibus, ut fideli relacione percepi, in parascafe quodam loco quidam frater Minor a gardiano suo licenciam peciit et obtinuit, ut sangwinem minuere posset, sub [pre]texto illorum verborum intendens martyrii palmam per sangwinis sui effusionem sibi illa die ab infidelibus procurare modo subscriptoâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 149â150: âPreterea circiter hec tempora, quod a mercatoribus fidedignis, quibus notum erat, quod quasi flens dico, percepi, quidam frater ordinis Predicatorum se transferens, ut ewangelizaret illic Christum, ad terram Sarracenorum a fide Christi discessit et appostatavit et sectam ipsorum patenter assumpsitâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 161â162: âQui ad mercatores solitus erat tunc temporis venientes de regionibus christicolis ad regiones inperii [sic] sui causa mercacionis dicere: âInperator [sic] Romanorum et rex Francorum deberent de iure a me in rengnis [sic] suis infeodari et, quia facere hoc contempnunt, malo titulo ea possident cum iniuria mea mangna [sic]ââ. El apelativo aplicado al khan en esta noticia es el de âinperator [sic] seu rex magnus Tartarorumâ. Salvo en el pasaje de la alianza entre el sultán y el khan de la Horda Dorada, con el adjetivo magnus Winterthur parece designar de manera sistemática al gran khan yuan.
Juan de Winterthur, Chronica, 169â170: âItem eodem anno rex Tartarorum per quandam mulierem conversam ad fidem katholicam a fratribus Minoribus illic ad ewangelizandum Christum commorantibus conversus famaturâ. La noticia carece de mayores detalles, pero el hecho de referirse al soberano simplemente como ârex Tartarorumâ, lleva a pensar que se trata del khan de la Horda Dorada Uzbek.
Juan de Winterthur, Chronica, 161: âItem fertur, quod in hiis temporibus inperator seu rex magnus Tartarorum tam excellentis potencie fuit, quod quingentos principatus concedere habuit, quorum minimus regno Boemie veraciter conparari [sic] valebatâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 194: âDe rege Ethiopie memorato narratur, quod adoraverat solem et lunam, inter aliam miliciam celi, affirmans eos deos veros tocius orbis. Fertur quoque, quod libenter ad hoc nisum prebuisset, quod totum mundum ad secum senciendum induceret et ad tenendam suam credulitatem in hoc artaretâ.
Otros pasajes donde se aprecia este grado menor de certeza sobre el Oriente son: âItem in hiis temporibus soldanus prefatus, ut fertur, tantum ascendit et profecit in inperii sui et dominatus amplitudine, robore et augmento, quod lx et ultra regibus coronatis potenter prefuit â¦â (Juan de Winterthur, Chronica, 161); âItem anno Domini mcccxli, ut fertur, rabies persecucionis seva in regno Persarum contra fideles suscitata plures fratres Minores et alios christicolas absumpsitâ (Juan de Winterthur, Chronica, 193â194); âFertur autem inter cetera, quod rex Egipti regi Ethiopie rapuerit et abstraxerit cccc adolescentulas et eas captivas duxerit in civitatem Alexandrinamâ (Juan de Winterthur, Chronica, 194).
Juan de Winterthur, Chronica, 149: âQuedam religiose femine et sancte in illis partibus viderunt visiones de ipso. Quibus multa archana verba hec scribenti ad partes nostras incognita locutus estâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 169â170.
Véase Luke Wadding, ed., Annales Minorum seu trium ordinum a S. Francisco Institu-torum, (Quaracchi: Collegium s. Bonaventurae, 1931), vol. 7, 255â256. Véase Irene Bueno, âBenedict XII and the partes Orientisâ, en Pope Benedict XII (1334â1342). The Guardian of Orthodoxy, ed. Irene Bueno (Amsterdam: Amsterdam University Press, 2018), 259â261.
Juan de Winterthur, Chronica, 170: âQuantum illi profecerint vel quantum populum ibi Domino Iesu Christo aquisierint, adhuc anno Domini mcccxliii. in quadragesima in Swevie partibus absconditum et ignotum fuitâ.
Christine Gadrat, âAvignon, porte pour lâOrient (première moitié du XIVe siècle)â, en Villes méditerranéennes au Moyen Ãge, ed. Elisabeth Malamut y Mohamed Ouerfelli (Aix-en-Provence: Presses Universitaires de Provence, 2014), 297â308.
Juan de Winterthur, Chronica, 159: âCirciter ista tempora, ut fertur, dum ob peticionem soldani xxx fratres de ordine Predicatorum, famosi lectores, a papa directi coram soldano conparuissent, taliter ab eo temptati suntâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 2: âExordium autem narracionis mee assumere cogitavi ab Inocencio tercio illius nominis papa et a Fridrico inperatore [sic] secundo huius nominis, qui non longe mea meorumque progenitorum antecesserunt temporaâ.
Juan de Winterthur, Chronica, 1: âacta et gesta meorum temporum et paulo ante habita non semper secundum debitum ordinem, sed secundum quod michi occurrerunt â¦â.
Juan de Winterthur, Chronica, 221.
Juan de Winterthur, Chronica, 221: âAd quam dum devenisset, a quodam fratre ordinis sancti Francisci mihi noto, comite sue peregrinacionis ⦠Eodem fratre narrante didici fratres Minores xiii commorari in monte Syon eodem in temporeâ. En el año 1348, Juan de Winterthur explica que una niña nacida en la ciudad de Mellingen, a unos 50 kilómetros de Winterthur, estuvo cuatro años sin probar alimento corporal, lo que corrobora con una cláusula indicando que âfue vista por varios hermanos mÃosâ (a pluribus confratribus meis visa); Juan de Winterthur, Chronica, 282.
El documento se suele citar como la Bula Redemptor Noster, en Bullarium Franciscanum, vol. 5, nâ ° 318a, ed. Conrado Eubel (Roma: Typis Vaticanis, 1898), 148â149. La disposición limitaba los ámbitos de acción de los dominicos a los territorios del Ilkhanato, EtiopÃa e India, mientras que a los franciscanos otorgaba la misión en la Horda Dorada y el Catay Yuan. Esta división se correspondÃa con las dos grandes rutas comerciales y rivales creadas, una por los toluidas, y otra por los jochidas.
Fundamentalmente, el martirio de los franciscanos en Tana, tomado de Odorico de Pordenone, y la evangelización de la âIndiaâ por Juan de Montecorvino (segunda carta).
Como se lee sobre el mal ejemplo del dominico que apostató de la fe en tierra de infieles; Juan de Winterthur, Chronica, 149â150. O bien cuando denuncia la acción de un hermano predicador de ParÃs que se hizo fama como alquimista y astrólogo, y que causó mucho daño con sus escritos; Juan de Winterthur, Chronica, 154. Un tercer ejemplo en el caso de 30 dominicos enviados para predicar a petición del sultán Malik al Nasir y que cambiaron sus hábitos por las vestimentas locales por temor al sultán, el cual, viendo su falta de coherencia, los expulsó del reino; Juan de Winterthur, Chronica, 159â160.
Juan de Winterthur, Chronica, 230. Juan toma esta información de Odorico de Pordenone, Relatio, VIII. El martirio suele fecharse en 1321.
Sinica Franciscana, vol. 1, 501â506.
Juan de Winterthur, Chronica, 208: âItem eodem anno post festum pentecostes venit vicarius Tartarie de ordine fratrum Minorum in Avinionem ad papam Clementem VI, petens ab eo canonizationem vi fratrum Minorum tunc noviter passorum in Tartaria, multis claris et evidentibus miraculis coruscanciumâ.
Algo que es frecuente, tanto en Oriente como en la Europa occidental. Véase Gadrat, âDes nouvelles dâOrientâ, 18â20. Patrick Gautier-Dalché, âCartes, réflexion stratégique et projets de croisade à la fin du XIIIe et au debut du XIV siècle. Une initiative franciscaine?â, Francia 37 (2010): 93â95.
Juan de Winterthur, Chronica, 231: âTunc temporis Canis magnus, inperator [sic] Tartarorum, in maxima reverencia fratres Minores habuitâ. Véase Odorico de Pordenone, Relatio, XI.