La transcripción al español de los nombres propios en esta investigación, que abarca decenas de lenguas, ha buscado una sistematización coherente aunque no ha podido evitar excepciones. Los nombres de la tradición latina se han traducido al castellano, salvo casos con gran arraigo en su forma vernácula como Jean de Joinville, Ramon Llull o Marco Polo. Se aplicó un criterio similar a nombres griegos, rusos, georgianos y armenios, aunque se respetaron formas consuetudinarias como Haitón (el escritor) cuyo nombre aparece como Hethum cuando hace referencia al rey de Armenia. Para nombres árabes, turcos y persas se siguió el sistema de transliteración del International Journal of Middle Eastern Studies, omitiendo diacrÃticos y caracteres especiales en nombres de personas y lugares, pero manteniéndolos en tÃtulos de libros, conceptos y citas textuales. La transcripción del mongol fue especialmente compleja por la falta de estandarización y el influjo del inglés (como Gengis o Genghis). Se adoptó la propuesta de Christopher Atwood (Encyclopedia of Mongolia and the Mongol Empire), preferida por los mongolistas, usando formas como Chinggis, Qubilai o Hülegü, con intención también de facilitar el cruce con otras lenguas modernas. No obstante, en algunos casos, optamos por formas más próximas al castellano como Ogodei, Abaqa, Chagadai, Uzbek o Temuyin y, en otros, como Tamerlán/Timur/Tamorlán o selyúcidas/selyuquÃes, se ha preferido permitir la coexistencia de grafÃas y dar cabida a la pluralidad de formas desarrolladas dentro de la rica tradición literaria hispánica.



Mapa de Europa, ca. 1300 (Creado por Fernando Llistosella)


