1 Introducción
La llamada Vida de San Luis es una obra célebre y muy peculiar que combina la biografÃa del rey Luis IX de Francia con la autobiografÃa y las memorias de su autor, el senescal de Champaña Jean de Joinville (c.1225â1317)1. La mayor parte de sus recuerdos se refieren a la Séptima Cruzada (1248â1254), la desastrosa expedición que, tras fracasar en Egipto en 1250, mantuvo a San Luis en Tierra Santa varios años más. Joinville era un hombre curioso e interesado por las gentes diferentes de las que supo en Oriente2. En sus memorias describe a los beduinos, los mamelucos, los armenios, los cumanos y la secta de los asesinos3. Su digresión más extensa está dedicada a los mongoles, ese pueblo lejano y temible que conmocionó el mundo en el siglo XIII4.
A diferencia de otros occidentales de su tiempo, Joinville no conoció de primera mano a los tártaros. Sus informaciones proceden de lo que otros vieron y oyeron5. Encontramos en ellas, como observa Sophie Schaller Wu, una mezcla de recuerdos personales, hechos históricos, episodios pseudohistóricos y otros legendarios, más una descripción etnográfica con origen en la tradición enciclopédica medieval6. Lo que cuenta no es siempre verdad, pero sà denota una gran sinceridad, algo que caracteriza en general toda su obra7. En las páginas que siguen describiremos estos recuerdos tratando de comprobar hasta qué punto se corresponden con lo narrado en otras fuentes coetáneas sobre los mongoles. Debemos reconocer, antes de nada, que se trata de un tema bien estudiado, por lo que será difÃcil decir algo novedoso. Nuestra intención aquà es dar a conocer este tema en español, ampliando lo ya dicho por Juan Gil en su excelente traducción de los relatos de viajes occidentales al Imperio mongol. Observaremos cómo la imagen de los mongoles dada por Joinville evoluciona en su texto desde una cierta idealización, explicable en el contexto de la oferta de alianza antimusulmana que podÃa ayudar a los cristianos a recuperar Jerusalén, hasta la decepción provocada por las exigencias mongolas de sumisión. Al final plantearemos alguna pregunta no formulada hasta ahora, aunque ciertamente de difÃcil respuesta.
2 La embajada de los tártaros (diciembre 1248)
Mientras el rey estaba en Chipre le envió el gran rey de los tártaros sus mensajeros, y le hizo muchas propuestas amables y corteses; entre otras le hizo saber que estaba presto a ayudarle a conquistar la Tierra Santa y a liberar Jerusalén de la mano de los sarracenos8.
El episodio de la embajada mongola enviada a Luis IX a finales de 1248 está bien documentado gracias a dos testigos presenciales, el cardenal Eudes de Châteauroux, legado papal, y Juan Sarrazin, chambelán de Luis IX9. Es sabido, además, que tuvo un gran impacto en Occidente, como lo prueban numerosos testimonios10. En algunos manuscritos tardomedievales el relato se acompaña de una miniatura que representa a los emisarios tártaros ante el rey de Francia11. (Imagen 1).



Los emisarios tártaros ante el rey Luis IX de Francia. David Aubert, Chronique des Empereurs (1462), BnF, Arsenal, ms. 5090 réserve, f. 314r
La embajada, en las memorias de Joinville, carece de contexto. No hay mención a los contactos previos con los mongoles, como la carta del Viejo de la Montaña, el lÃder de los Asesinos, recibida por Luis IX en 1238 avisando de la expansión mongola, ni se habla de las tres conocidas embajadas enviadas por el papa Inocencio IV: la del franciscano italiano Juan de Pian del Carpine (1245â1247), la del dominico francés Andrés de Longjumeau (1245â1247) y la del dominico italiano Ascelino de LombardÃa (1245â1248)12. Nada se dice tampoco de la carta enviada desde Samarcanda por el condestable armenio Smbat en febrero de 1248 a sus cuñados, el rey de Chipre Enrique I de Lusignan y el conde de Jaffa Juan de IbelÃn, y a sus hermanas, las armenias Emeline (o EstefanÃa) y MarÃa, una misiva en la que animaba interesadamente la alianza de armenios y francos con los tártaros13. La breve noticia de Joinville ignora igualmente la identidad de los emisarios, la carta que entregaron al rey de Francia y lo que éste les preguntó para informarse de las intenciones del gran khan, datos todos ellos que conocemos por otras fuentes. El senescal no formaba parte en 1248 del entorno regio, de modo que sólo cuenta las informaciones genéricas que se difundieron en el ejército cruzado14.
Los embajadores llegaron a Chipre el 14 de diciembre de 1248 y fueron recibidos el dÃa 2015. Eran dos cristianos nestorianos de la región de Mosul, David y Marcos16. El antiguo emisario papal Andrés de Longjumeau habÃa conocido a David, quizá también a Marcos, en 1246 en Azerbaiyán17. Años más tarde, el franciscano Guillermo de Rubruck se encontrarÃa en la corte del prÃncipe tártaro Sartaq con un compañero suyo, quizá el propio Marcos18. Ambos venÃan de parte del noyan Eljigidei (1246âc.1252), gobernador del gran khan Güyüg en Persia y las regiones más occidentales del Imperio mongol (Mosul, Alepo, Armenia, Georgia y Asia Menor)19. Los emisarios entregaron al rey de Francia una carta de Eljigidei en la que rogaba a Dios por la futura victoria de los reyes de la cristiandad y solicitaba un buen trato a los cristianos orientales20. Esta segunda petición ya habÃa sido formulada por el clérigo nestoriano Simeón Raaban-ata en una carta enviada a Luis IX en 1246, lo que sugiere que el rey de Francia sabÃa de la buena voluntad de los tártaros hacia los cristianos antes de recibir la embajada en Chipre21. Aunque el gran khan se presentaba como ârey de la tierraâ y llamaba al monarca francés âmi hijoâ, un término asociado a la subordinación, la misiva se considera original en el conjunto de la diplomacia mongola. El tono que manifiesta es cordial (moult de bonnes et debonnaires paroles, escribió Joinville) y está ausente la tradicional exigencia de sumisión de los khanes a otros poderes22. Estas originalidades se explican por la presencia en Chipre de un importante rey occidental al frente de un gran ejército y dispuesto a âreconquistarâ (reconquerre) Egipto, una empresa que inicialmente no era en absoluto descabellada23. Los tártaros, cuyos servicios de información sabemos que funcionaban eficazmente, ya llevaban un tiempo preocupados por la intervención de los francos en Próximo Oriente24.
Joinville no dice nada del diálogo mantenido viva voce entre el rey de Francia, sus consejeros y los emisarios de los tártaros. Hablaron en su lengua (persa o árabe) siendo traducidos al francés por Andrés de Longjumeau, que dominaba las dos25. Le comunicaron que la madre del gran khan habÃa sido cristiana e hija del Preste Juan, que el propio Güyüg se habÃa bautizado y que también Eljigidei era cristiano26. Respondieron igualmente a las preguntas del rey sobre el origen de los tártaros, sus dominios y las razones de su conversión.27 El mensaje oral más importante fue una oferta de alianza militar, una iniciativa en la lÃnea de la carta del armenio Smbat que, como apunta Thomas Tanase, quizá procedÃa de los emisarios nestorianos más que del noyan tártaro al que representaban.28 De hecho, se trata de la primera propuesta de los mongoles a los francos contra el enemigo común islámico. Los emisarios afirmaron que Eljigidei tenÃa intención de atacar Bagdad en la Pascua de 1249, por lo que proponÃa una ofensiva doble aprovechando la cruzada franca en Egipto29. Ãsta es la noticia que sà llegó a oÃdos del senescal, aunque es cierto que un tanto deformada interesadamente en pro del sueño último de todos los cruzados: la conquista de Tierra Santa y la liberación de Jerusalén.
3 La embajada de Luis IX a los tártaros (1249â1251)
Las buenas expectativas despertadas por la embajada tártara animaron al rey de Francia a enviar, a su vez, a sus propios emisarios. Esta misión diplomática se conoce sobre todo gracias a Joinville, cuyas memorias adquieren ahora el rango de fuente principal. El senescal organizó sus informaciones cronológicamente: un primer pasaje sobre la marcha de los emisarios (principios de febrero de 1249) durante la narración de los preparativos de la cruzada en Chipre; el anuncio de lo que iba a contar más tarde (âCómo los mensajeros del rey de Francia fueron recibidos os lo diré yo también como ellos mismos se lo contaron al rey; y en aquello que relataron al rey podréis oÃr muchas novedades, las cuales yo no quiero contar, porque me obligarÃa a interrumpir la materia que he comenzadoâ); y un relato más amplio a raÃz del regreso de los emisarios a Palestina a primeros de marzo de 125130.
Al senescal siempre le interesaron las vestiduras y los tejidos, lo que explica que le llamara especialmente la atención el presente que Luis IX envió al gran khan:
Y con sus mensajeros el rey envió al rey de los tártaros una tienda hecha a guisa de capilla que le costó mucho, porque estaba toda hecha de buena escarlata fina; y el rey, para ver si se los podrÃa atraer a nuestra creencia, hizo representar en dicha capilla imágenes de la Anunciación de Nuestra Señora y de los otros puntos de la fe. Y estas cosas se las envió mediante dos hermanos predicadores que sabÃan el sarraceno para mostrarles y enseñarles cómo debÃan creer31.
La descripción de la imaginerÃa representada en este curioso pabellón-capilla es luego más completa, lo que sugiere que Joinville oyó contar cómo era, pero sin llegar a verla:
les hizo bordar en la capilla toda nuestra creencia, la Anunciación del ángel, la Natividad, el Bautismo del que Dios fue bautizado y toda la Pasión y la Ascensión y el advenimiento del EspÃritu Santo, [y les envió también] cálices, libros y todo lo que conviene para cantar misa y dos hermanos predicadores para cantar las misas ante ellos32.
Es interesante que Luis IX quisiera regalar una estructura âmóvilâ bien adaptada a las formas de vida de los tártaros, un detalle que sin duda su gran rey tendrÃa que apreciar. De hecho, el ilkhán Hülegü, en la carta que envió al rey de Francia en 1262, le recordó el especial obsequio de âvuestra capilla, dedicada al Nombre de Diosâ recibido por su predecesor Güyüg33. En la época se sabÃa que los tártaros empleaban tiendas-iglesias portátiles34 ; también que algunas esposas cristianas de los khanes adaptaban tiendas como iglesias para celebrar los oficios mientras estaban en campaña35.
Joinville seguramente relata lo que escuchó contar a los emisarios cuando informaron al rey a su regreso. Sorprende que no diera sus nombres. Los dos citados eran Andrés de Longjumeau y Guy o Guillermo (probable hermano de Andrés). Junto a ellos viajaron el también dominico Juan de Carcassonne; los clérigos Juan Goderiche y Roberto de Poissy; los sargentos reales Herbert le Sommelier y Gerbert de Sens; y un clérigo de Acre llamado Teódulo36. Otra posibilidad es que Joinville no estuviera presente en la recepción y el mismo rey o los emisarios le contaran en otro momento las vicisitudes del viaje37. Su testimonio, en todo caso, tiene el aliciente de proceder de un noble laico que no participó directamente en la embajada ni en las negociaciones38.
Tras llegar al puerto de AntioquÃa los emisarios hicieron un año de marcha, âcabalgando 10 leguas al dÃaâ, hasta alcanzar, vÃa Persia y el campamento de Eljigidei, la corte del gran khan en Karakórum39. Durante el camino âencontraron toda la tierra sometida a ellos y muchas ciudades que habÃan sido destruidas, y grandes montones de huesos de gente muertaâ40, unas impresiones de destrucción ya presentes en los primeros relatos occidentales sobre los mongoles e igualmente en los testimonios del armenio Smbat, los franciscanos Pian del Carpine y Rubruck, y, más tarde, el mismo Marco Polo41.
El senescal cuenta que los embajadores fueron recibidos por el gran khan, lo que es un error poco explicable teniendo presente que dice recordar lo narrado por los emisarios âcomo ellos mismos se lo contaron al reyâ. Güyüg habÃa muerto en abril de 1248, siendo su viuda Oghul Qaimish, regente del Imperio, quien los recibió junto a su hijo (Naqu o Joja), tal como atestigua Juan de Carcassonne:
Sin embargo, la reina y su hijo, habiendo visto y aceptado las ofrendas de los eclesiásticos, honraron a los mensajeros y les ofrecieron dones y presentes. Y asà repartieron y regresaron con honor, pero sin haber obtenido ningún resultado de lo que era principal de su misión42.
Al margen de esta confusión, el testimonio de Joinville ofrece informaciones extensas e interesantes:
[El rey de los tártaros, léase Oghul Qaimish] envió a buscar con salvoconducto a muchos reyes que aún no se habÃan puesto a su merced, y les hizo tender la capilla y les dijo de tal manera: âSeñores, el rey de Francia ha venido a nuestra sujeción, y ved aquà el tributo que nos envÃa; y si vos no venÃs a nuestra merced, enviaremos a buscarla para aniquilarosâ. Muchos hubo entonces entre ellos que, por miedo al rey de Francia, se pusieron a merced de este rey43.
La exhibición del pabellón-capilla enviado por Luis IX se entiende como una expresión de poderÃo dirigida a atemorizar a los rivales de la regente, lo que ilustra sobre la inestabilidad interna que se vivÃa en la corte mongola en esos momentos44.
Los emisarios franceses regresaron a Tierra Santa tras dos años de viaje, cuando Luis IX estaba fortificando Cesarea:
Con los mensajeros del rey llegaron los suyos, y aportaron cartas de su gran rey al rey de Francia que decÃan asÃ: âBuena cosa es la paz, porque en tierra de paz comen la hierba al marchar los que van a cuatro patas, y los que van a dos trabajan apaciblemente la tierra, de donde les vienen todos sus bienes. Y esto te enviamos para avisarte, porque tú no puedes tener paz si no la tienes con nosotros, porque el Preste Juan se levantó contra nosotros y tal rey y tal [otro] â y nombraban a muchos â y a todos los hemos pasado por la espada. Asà te ordenamos que nos envÃes tanto de tu oro y de tu plata cada año para que nos mantengas como amigo y, si no lo haces, te destruiremos a ti y a tu gente, asà como hemos hecho con los que acabamos de nombrarâ45.
Las misivas traÃdas ahora por los emisarios de Oghul Qaimish, aunque lo que leemos en el senescal no sea una reproducción completa y literal, responden al tono hostil habitual de la diplomacia mongola. La paz con los tártaros sólo era posible en términos de sumisión, un lugar común en boca de los embajadores de un pueblo que se creÃa llamado a gobernar el mundo46. El terrible destino sufrido por el Preste Juan, el célebre personaje que tanto interesaba a los occidentales, era hábilmente esgrimido como una amenaza merecedora de crédito: tributo anual o destrucción47. Guillermo de Rubruck hablarÃa más tarde a Luis IX de âaquel David [el emisario nestoriano de 1248] que os engañóâ48. Más bien parece que los tártaros volvÃan a estar bien informados de su desastrosa derrota en Egipto a primeros de abril de 1250. El rey de Francia estaba ahora muy lejos de constituir una amenaza para sus intereses en Próximo Oriente.
La respuesta de Luis IX a las exigencias de la embajada mongola se resume en una frase que se ha hecho célebre: âY sabed que se arrepintió mucho de cuanto les envióâ49. El senescal refleja la decepción sentida por el rey de Francia hacia los tártaros, unos aliados poco fiables con los que ya no serÃa posible establecer una relación equilibrada. Revela también, probablemente, la frustración de no poder contar con ellos para vengar su humillante derrota y cautiverio en Egipto. El testimonio personal de Joinville, exhibición de la relación privilegiada e Ãntima que mantenÃa con el rey santo, denota unos sentimientos que probablemente fueran ciertos en 125150. Ahora bien, la sensación de ruptura con los tártaros que nos transmite el senescal no es cierta, puesto que Luis IX no dejó de tener relaciones con los khanes. Desconocemos qué respuesta dio a los emisarios mongoles, pero sà que poco más tarde, a principios de 1253, envió a tierras del gran khan al franciscano Guillermo de Rubruck como misionero, encomendándole que no se identificara como embajador suyo para evitar dar a los tártaros cualquier impresión de sumisión51.
4 Turcos, armenios, tártaros y francos
Tras las noticias de las embajadas, Joinville vuelve a hablar de los mongoles al referirse a las relaciones del sultán turco de Iconio (Rum) y el rey de Armenia:
El rey de Armenia, para liberarse de la servidumbre del sultán de Iconio, fue al rey de los tártaros y se puso a su servicio para tener su ayuda; y [el rey de los tártaros] llevó tan gran cantidad de gente de armas que pudo combatir al sultán de Iconio. Y duró mucho tiempo la batalla, y le mataron los tártaros tantos de su gente que desde entonces no se oyen más noticias de él. A causa del gran eco que tuvo en Chipre la batalla que iba a librarse, algunos de nuestra gente, sargentos, pasaron a Armenia para ganar [botÃn] y para estar en la batalla, y ninguno de ellos regresó jamás52.
El senescal es aquà confuso e impreciso en la cronologÃa. La noticia parece referirse a lo ocurrido unos años antes, cuando el noyan mongol Baiju, predecesor de Eljigidei en el gobierno de Persia, avanzó hacia Asia Menor y aplastó al ejército turco del sultán de Rum Kaykhusraw II (1237â1246) en la batalla decisiva de Köse Dagh (26 junio 1243)53. Rubruck recordarÃa más tarde la gran derrota del âsultán de TurquÃaâ, que tenÃa 200.000 hombres, ante los tártaros, que sólo eran 10.00054. (Imagen 2)



Batalla de Köse Dagh (1243). Haitón de Córico, La Fleur des Estoires de la terre dâOrient (s. XIV), BnF, ms. NAF 886, f. 18
Joinville da esta noticia tras haber descrito al sultán de Iconio como âel más ricoâ de todos los monarcas musulmanes55. Según el cronista armenio Haitón de Córico (1307), el sultán quiso reclutar a âgentes de todas las lenguas que pudo tener, bárbaros y latinosâ, para hacer frente a los tártaros, a los que temÃa mucho. La solicitud alcanzarÃa a sus vasallos y aliados de Alepo, Trebisonda, Nicea, el reino armenio de Cilicia y los francos del Ultramar Latino56. Haitón habla concretamente de dos capitanes, uno que tenÃa por nombre Juan de Limasol, que era de la isla de Chipre, y otro llamado Bonifacio de Molins, que era de la ciudad de Venecia57. Joinville parece confundir estos hechos con la petición de ayuda enviada a Luis IX, cuando estaba en Chipre, por el prÃncipe de AntioquÃa y el rey Hethum I de la Pequeña Armenia o Cilicia (1226â1270) contra los turcomanos, que quizá movió a algunos cruzados a marchar, si bien el contexto en ese momento en Asia Menor, más la inminencia de la cruzada en Egipto, no hacÃa propicio el reclutamiento de tropas. No hay constancia, en todo caso, de que se librara una gran batalla en la región en 124958.
5 La âminicrónica tártaraâ
El senescal aprovecha el relato de la embajada de San Luis para detenerse en una descripción más detallada de los mongoles. Es lo que Sophie Schaller Wu denomina atinadamente la âminicrónica tártaraâ de Jean de Joinville59. La información procedÃa, de nuevo, de los emisarios franceses, tal âcomo se lo contaron al reyâ.
5.1 Origen
Los tártaros les dijeron que âhabÃan venido y procedÃan de una gran llanura de arena en la que no crecÃa nada buenoâ, una impresión que ya habÃa tenido Pian del Carpine:
Esta llanura comenzaba en unos roquedos muy grandes y maravillosos que están en el fin del mundo, hacia Oriente, los cuales ningún hombre atravesó jamás, como los tártaros atestiguan; y decÃan que en su interior estaba encerrado el pueblo de Gog y Magog, que deben venir al final del mundo, cuando el Anticristo vendrá para destruirlo todo60.
Joinville habla de Tartarins, pero sin asociarlos a la idea de infierno61. Tampoco los identifica con Gog y Magog y el fin del mundo, una percepción menos legendaria del pueblo mongol que coincide con la que darÃa también Guillermo de Rubruck62.
PolÃticamente, los tártaros âeran súbditos del Preste Juan y del emperador de Persia (â¦) a los que rendÃan tributo y servidumbre cada año a causa del pasto de sus animales, porque no viven de otra cosaâ, un primer dato de orden socioeconómico que reviste gran interés. El Preste Juan aparece de nuevo como esa figura clave en la âsymbolic integration of the Mongols into the history of Christendom, in an eschatological perspectiveâ, de la que habla Denise Aigle63. El emperador de Persia es el shah turco del Imperio de los corasmios, que comprendÃa gran parte de Irán, Transoxiana y la región del Corasmia/Jorasmia (Jwarizm/Khwarazm), destruido por Chinggis Khan en 122064. âEste Preste Juan y el emperador de Persia y los otros reyes tenÃan en tal desprecio a los tártaros que, cuando les traÃan sus rentas, no los querÃan recibir ante ellos, antes les volvÃan las espaldasâ, una idea que vemos también en Haitón y que en Marco Polo justificará su rebelión65.
5.2 La leyenda de Chinggis Khan
Una vez puestos los tártaros en contexto, Joinville se hace eco de la leyenda de Chinggis Khan, aunque sin decir en ningún momento su nombre:
Entre ellos hubo un hombre sabio que recorrió todas las llanuras y habló a los hombres sabios de las llanuras y de los [otros] lugares, y les mostró la servidumbre en la que estaban, y les rogó a todos que meditasen cómo saldrÃan de la servidumbre en que se les tenÃa. Tanto hizo que los reunió a todos en el extremo de la llanura, frente a la tierra del Preste Juan, y les mostró estas cosas; y ellos le respondieron que se explicara y ellos actuarÃan. Y él dijo que no tenÃan posibilidad de triunfar si no tenÃan un rey y un señor sobre ellos, y les enseñó la manera en que tendrÃan un rey, y ellos le creyeron66.
Describe a continuación el sistema mediante el que eligieron a un rey (no dice khan):
Y la manera fue tal: que de 52 tribus [orig. generacions] que habÃa allÃ, cada tribu le aportase una flecha que estuviese marcada con su nombre; y por el acuerdo de todo el pueblo fue asà acordado que se pondrÃan esas 52 saetas ante un niño de cinco años, y la que el niño tomara primero, de esta tribu lo harÃan rey. Cuando el niño hubo cogido una de las flechas, el hombre sabio hizo echar hacia atrás todas las demás tribus; y fue establecido de tal manera: que la tribu en la que se debÃa hacer rey elegirÃan entre los 52 hombres más sabios y mejores que tuvieran. Cuando fueron elegidos, cada uno llevó una saeta marcada con su nombre. / Entonces fue acordado que la saeta que el niño cogiera, de ésta se harÃa el rey. Y el niño levantó una, y por suerte sucedió que el niño levantó la saeta del hombre sabio que asà les habÃa enseñado [tal procedimiento]. Y el pueblo estuvo tan contento que todos y cada uno mostraron una gran alegrÃa67.
El tipo de elección descrito por Joinville, presente en las leyendas de los pueblos túrquicos, tiene elementos comunes con el atribuido por el patriarca Miguel el Sirio a los turcos del siglo VI y es similar (un niño que toma dos flechas) al narrado por Guillermo de Tiro en la nominación del célebre caudillo Silyuq68. Como señala Jacques Paviot, los informadores de Joinville confundieron la elección de Temuyin al khanato (1187â1196) con su entronización como gran khan en la gran asamblea (quriltai) de 1206, que fue donde se estableció el famoso código de leyes mongol (Yassa, Yasaq):
Ãl los hizo callar y les dijo: âSeñores, si queréis que sea vuestro rey, juradme, por aquel que ha hecho el cielo y la tierra, que observaréis mis mandamientosâ. Y ellos se lo juraron. / Y las leyes [establissemens] que les dio, esto fue para tener al pueblo en paz. Y fueron tales: que nadie robara algo de otro, ni que golpease a otro si no querÃa perder la mano, ni que tuviese compañÃa con la mujer de otro ni la hija de otro si no querÃa perder la mano o la vida. Muchas otras buenas leyes les dio para tener paz69.
El robo, la violencia y el adulterio son también los delitos más recordados por Pian del Carpine y el armenio Grigor de Akner70.
5.3 La victoria sobre el Preste Juan
Una vez entronizado el hombre sabio, los tártaros iniciaron su expansión:
Después de que los hubo ordenado y organizado, les dijo: âSeñores, el enemigo más fuerte que tenemos es el Preste Juan; y yo os ordeno que estéis todos mañana aparejados para atacarle. Y si sucede que nos derrota, de lo que Dios nos guarde, haga cada uno lo mejor que pueda. Y si nosotros lo derrotamos, ordeno que la cosa dure tres dÃas y tres noches. Y que nadie sea tan osado que meta la mano en ningún botÃn antes que matar a la gente, porque una vez que obtengamos la victoria, yo os repartiré el botÃn tan bien y tan lealmente que cada uno se tendrá por satisfechoâ. Y a esto se acordaron todos. / Al dÃa siguiente atacaron a sus enemigos y, asà como Dios lo quiso, los derrotaron. A todos lo que encontraron en armas capaces de defenderse, los mataron a todos; y a los que encontraron en hábito de religión, los sacerdotes y los demás religiosos, no los mataron. El resto del pueblo de la tierra del Preste Juan, los que no estuvieron en la batalla, se pusieron todos bajo su sujeción71.
Se recrea aquà la victoria de Temuyin en 1203 sobre su tÃo Toghrul, khan nestoriano de los mongoles keraÃtas que recibió del emperador chino Jin el tÃtulo de Wang Khan u Ong Khan, de donde viene su asociación con el Preste Juan. Como en Guillermo de Rubruck y el sirÃaco Bar Hebraeus, la figura mÃtica del Preste Juan aparece aquà empequeñecida por la del hombre sabio (Chinggis Khan), asimilándose â en palabras de Aigle â a la de âun mal rey cristianoâ72. Es interesante la orden de no tomar botÃn hasta vencer la batalla, consignada también por Pian del Carpine entre los hábitos militares de los tártaros73. Como indica Schaller Wu, el relato de Joinville presenta a Temuyin como un monarca cristiano reconocible para un occidental: cuando insta a los suyos a obedecerle, lo hace âpor aquel que ha hecho el cielo y la tierraâ, una expresión que vale tanto para el Dios cristiano como para el mongol Tengri; cuando les previene de una posible derrota, dice âde lo que Dios nos guardeâ; si vencieron en batalla al Preste Juan, fue âasà como Dios lo quisoâ; y se deja claro su respeto hacia los religiosos74. ¿CabrÃa ver en este retrato de Chinggis Khan un alter ego del mismo San Luis, como sugiere esta autora75? El origen del retrato parece encontrarse, más bien, en la versión nestoriana (cristianizada) de los inicios y el ascenso de Chinggis Khan difundida interesadamente tanto por los propios nestorianos como por la propaganda mongola, una leyenda ya presente en autores anteriores y que serÃa desarrollada después por otros76.
5.4 El viaje mÃstico del prÃncipe tártaro
La condición cristiana de Chinggis Khan se confirma a continuación mediante el relato de un viaje mÃstico protagonizado por un prÃncipe mongol cuyo nombre no se indica:
Uno de los prÃncipes de uno de los pueblos antes nombrados estuvo perdido tres meses, y nadie tenÃa noticias suyas; y cuando regresó no tenÃa ni hambre ni sed, y pensaba no haberse quedado más que una noche como mucho. Las noticias que relató fueron tales: que habÃa odo a un montÃculo muy elevado y allà encima habÃa encontrado gran número de gente, las más bellas gentes que nunca hubiese visto, las mejor vestidas, las mejor arregladas. Y en la cima del montÃculo vio sentado a un rey más bello que los demás, mejor vestido y mejor adornado, en un trono de oro. / A su derecha se sentaban seis reyes coronados, bien adornados de piedras preciosas, y a su izquierda otros tantos; cerca suyo, a su mano derecha, habÃa una reina arrodillada que le decÃa y le rogaba que pensase en su pueblo; a su izquierda habÃa arrodillado un hombre muy bello que tenÃa dos alas resplandecientes como el sol; y alrededor del rey habÃa gran cantidad de bellas gentes con alas77.
La lectura en clave cristiana del episodio â Cristo en majestad, flanqueado por doce apóstoles y la Virgen intercesora, junto al arcángel Gabriel o un San Juan alado y muchos ángeles â parece evidente78.
El rey llamó a este prÃncipe y le dijo: â¿Has venido tú del ejército de los tártaros?â. Y él respondió: âSire, sà en verdadâ. âTú irás a tu rey y le dirás que me has visto, que soy sire del cielo y de la tierra, y le dirás que me dé gracias por la victoria que le he concedido sobre el Preste Juan y sobre sus gentes; y le dirás incluso, de parte mÃa, que yo le doy el poder de poner bajo su sujeción toda la tierraâ79.
La expresión âseñor del cielo y de la tierraâ, de nuevo ambivalente â define tanto al Dios cristiano como al dios Tengri â, nos desvela el origen tártaro del relato. Lo confirma la célebre idea mongola de dominación universal que encontramos en casi todos los testimonios cristianos de la época80. Ante las dudas del prÃncipe, el rey (Dios) le prometió la victoria sobre el emperador de Persia:
âSire â dijo el prÃncipe â, ¿cómo me creerá?â. / âTú le dirás que te crea por estos signos: que irás a combatir al emperador de Persia con 300 hombres nada más de tu gente; y para que vuestro gran rey crea que tengo el poder de hacer todas las cosas, te daré la victoria para derrotar al emperador de Persia, quien combatirá contigo con 300.000 hombres de armas y más. Antes de que vayas a combatirle, pedirás a vuestro rey que te dé los sacerdotes y las gentes de religión que haya capturado en la batalla; y a los de éstos que te den testimonio, tú los creerás firmemente y todo tu puebloâ81.
Luego el rey-Dios hizo acompañar al prÃncipe de regreso a su pueblo:
âSire â dijo él â, yo no sabrÃa irme si tú no me guÃasâ. Y el rey se volvió hacia gran cantidad de caballeros tan bien armados que era maravilla de observar, y llamó a uno y le dijo: â¡Jorge, ven aquÃ!â. Y éste vino y se arrodilló, y el rey le dijo: âLevántate y condúceme a éste a su alojamiento sano y salvoâ; y asà lo hizo en un instante. / Tan pronto como su pueblo lo vieron, manifestaron una gran alegrÃa, y toda la hueste también, que nadie podrÃa describirlo. Pidió los sacerdotes del gran rey, y él se los dio; y este prÃncipe y todo su pueblo recibieron sus enseñanzas tan propiciamente que fueron todos bautizados82.
El personaje que acompaña al prÃncipe parece remitir a San Jorge (de Capadocia), figura muy importante en la tradición hagiográfica de armenios y georgianos que habrÃa sido introducida en el relato original por los cristianos nestorianos.
El viaje mÃstico del prÃncipe tártaro contado por Joinville lo recogió también el teólogo dominico flamenco Tomás de Cantimpré, en su Bonum universale de apibus (c.1262â1263), a partir de la misma fuente que Joinville: el dominico Andrés de Longjumeau y los otros emisarios enviados por Luis IX al gran khan. Su versión está más cristianizada aún, puesto que el rey entronizado se presenta diciendo âEgo sum (inquit) Christianorum Deus, Rex et Dominus sempiternusâ. AquÃ, quien acompaña al prÃncipe es un caballero montado en un caballo blanco, elemento importante en la tradición mongola83.
Estamos, pues, ante una narración legendaria ciertamente mongola que fue difundida en su versión cristianizada por fuentes orales orientales, sobre todo nestorianas, hasta llegar a oÃdos de los embajadores de San Luis84. En su origen se encuentra el relato sobre la transmisión del mandato del Cielo a Temuyin a través del gran chamán Kökechü, intitulado Teb Tengri (âMuy celestialâ), figura religiosa fundamental en su consolidación y en la adopción del tÃtulo de Chinggis, tal como cuenta la Historia Secreta de los mongoles85. Puede encontrarse también en fuentes cristianas orientales, como el Chronicon Syriacum del obispo jacobita Gregorio Bar Hebraeus (m. 1286) y La Flor des Estoires de la terre dâOrient del citado Haitón, quienes lo tomaron del TÄrÄ«j-i JahÄngushÄy del gran cronista persa Juwayni (c.1260), quien a su vez pudo escuchar contar la leyenda en Karakórum86. (Imagen 3) El origen mongol de la historia contada por Joinville se ve confirmado en la citada carta que el ilkhán Hülegü envió a Luis IX en 1262, donde se dice:
[Dios habló] a nuestro abuelo Chinggis Khan por Teb Tengri (nombre que significa âprofeta de Diosâ), revelándole de forma milagrosa el desenlace de los acontecimientos venideros y significándole por boca del dicho Teb Tengri: âEn las alturas yo soy el único Dios omnipotente y âa ti te he puesto sobre los pueblos y los reinosâ para que seas el señor y el monarca del mundo enteroâ87.



Visión de Chinggis Khan: un caballero sobre un caballo blanco le anuncia en un sueño el destino de los tártaros. Haitón, La Fleur des Estoires de la terre dâOrient (1400â1410), BnF, ms. Fr. 12201, f. 17v
5.5 La victoria sobre el emperador de Persia
El episodio de la visión termina con la victoria milagrosa de los tártaros sobre el inmenso ejército del emperador de Persia:
Después de estas cosas, tomó 300 hombres de armas y los hizo confesar y aparejar, y se fue a combatir al emperador de Persia, y lo derrotó y expulsó de su reino, el cual llegó huyendo hasta el reino de Jerusalén. Y éste fue el emperador que derrotó a nuestra gente y apresó al conde Gautier de Brienne, asà como oiréis después88.
Joinville confunde aquà dos personajes y dos hechos: al shah del Imperio corasmio Ê¿Ala al-Din Muhammad (1200â1220), derrotado por Chinggis Khan en 1220, con Bereke Khan (m. 1246), caudillo de las bandas de mercenarios corasmios huidas de la invasión mongola que tomaron Jerusalén y derrotaron a una coalición de francos y ayyubÃes en la batalla de La Forbie (1244), donde fue capturado Gautier IV de Brienne89. La confusión de ambos personajes, no sabemos si voluntaria, permitÃa al senescal vincular las campañas militares de los tártaros con la cruzada de San Luis90.
La tradición mongola recogida por Joinville puede entenderse como parte del proceso general de cristianización de los tártaros promovido inicialmente por los cristianos orientales que vivÃan bajo dominación islámica. En la versión cristianizada de la leyenda, Chinggis Khan se presenta como un monarca providencial cuya dominación del mundo responde directamente al mandato del Dios cristiano. La voluntad de dominio universal de los tártaros, integrada en un plan divino, se presenta asà como legÃtima para Joinville. Contando la historia que habÃa conocido de los emisarios del rey de Francia, el senescal estaba plasmando, seguramente, las esperanzas de los cruzados de mediados del siglo XIII en una alianza militar con los tártaros que permitirÃa la recuperación de Tierra Santa91.
6 Descripción âetnográficaâ de los tártaros
El senescal continúa su digresión ofreciendo informaciones diversas sobre las costumbres y las formas de vida de los tártaros que le fueron proporcionadas, una vez más, por los embajadores de Luis IX92. Les llamó la atención, primero, su gran número: âlos mensajeros del rey nos contaron que tenÃan en su campamento 800 capillas sobre carrosâ, una imagen sencilla de las yurtas mongolas que describieron con gran detalle Pian del Carpine, Rubruck y Marco Polo93. También les sorprendió la gran presencia tanto de cristianos (bizantinos y de otras creencias) como de sarracenos, asà como la práctica mongola, atestiguada por otros autores, de reclutar a estos pueblos ajenos y enfrentarlos unos a otros:
Tienen mucha población cristiana que creen en la ley de los griegos (â¦) y de otros. A éstos los envÃan contra los sarracenos cuando quieren guerrear con ellos, y envÃan a los sarracenos contra los cristianos cuando tienen problemas con ellos94.
Se describen luego con cierto detenimiento las pautas alimenticias. Joinville no escapa a la mención del kumis, la bebida fermentada descrita por Pian del Carpine, Marco Polo y otros que tanto gustaba al franciscano Guillermo de Rubruck: âEl mejor brebaje que tienen y el más fuerte es de leche de yegua preparada con hierbasâ95. El desconocimiento del consumo de pan, signo de civilización y elemento central de la liturgia cristiana, le sorprendió tanto como a la mayorÃa de los occidentales de su tiempo: âNo comÃan nada de panâ, dice, añadiendo que Luis IX âle regaló al gran rey de los tártaros un caballo cargado de harina que habÃa venido de una distancia de tres meses de marcha, y él se la dio a los mensajeros del reyâ96. La descripción del senescal va conformando el retrato de un pueblo de costumbres extrañas y poco refinadas:
vivÃan de carne y de leche. La mejor carne que tienen es de caballo, y la ponen a empapar en una marinada y a secar después, tanto que la cortan como pan negro. (â¦) Todo tipo de carnes que muere en su campamento, se la comen toda97.
El consumo de todo tipo de animal era un signo de escaso desarrollo asociado en la tradición medieval, vÃa el Apocalipsis del Pseudo Metodio, a los pueblos que precederÃan al Anticristo98. Vemos repetido este hábito en el arzobispo Pedro de Rusia, Pian del Carpine, Tomás de Split, Simón de Saint-Quentin, el primer informe de Andrés de Longjumeau, Rubruck, el armenio Kirakos de Gandzak y Marco Polo99.
Añade Joinville una costumbre de los pueblos esteparios que el historiador tardo-romano Amiano Marcelino ya habÃa mencionado hablando de los hunos: âLas carnes crudas las ponen entre sus sillas y sus faldones; cuando la sangre ha salido bien fuera, se la comen toda crudaâ100. Una anécdota personal vivida durante el cautiverio de Egipto le permite ilustrar lo ajeno y lo desagradable que podÃa resultar esta práctica para un noble occidental:
Lo que no pueden comer lo meten en un bolso de cuero; y cuando tienen hambre, abren el bolso y comen siempre la carne más vieja primero. Sobre esto, yo vi a un corasmio, que era de las gentes del emperador de Persia, que nos guardaba en la prisión y cuando abrÃa su bolso no podÃamos aguantar del hedor que salÃa del bolso101.
Se aprecia aquà la configuración de una imagen cada vez menos positiva de los tártaros mediante su identificación con los corasmios musulmanes, destructores de Jerusalén y vencedores de los francos en 1244, a los que el senescal presenta como seres casi diabólicos durante el relato de la batalla de Mansura102.
El relato de Joinville presta atención a las mujeres tártaras en relación con la actividad militar: âTodo tipo de mujeres que no tienen hijos van a la batalla con ellos; pagan soldadas tanto a las mujeres como a los hombres, según sean más [o menos] vigorosasâ103. Esta práctica bélica femenina fue recogida por varios autores occidentales (Julián de HungrÃa, Pedro de Rusia, Simón de Saint-Quentin, Pian del Carpine), aunque no la mencionaron Rubruck ni Marco Polo104. Al senescal le sorprendió el comportamiento respetuoso de los hombres hacia estas mujeres guerreras:
Y contaron los mensajeros al rey que los soldaderos y las soldaderas [orig. les soudaiers et les soudaieres] comen juntos en los alojamientos de los ricoshombres a quienes pertenecen, y no osan los hombres tocar a las mujeres de ninguna manera, por la ley que su primer rey les habÃa dado105.
Su descripción de las mongolas, bastante menos detallada en materia de vida cotidiana que las ofrecidas por otros autores, se completa con otra información relacionada con la guerra: âLas mujeres que tienen hijos se ocupan de los caballos, los guardan y preparan la comida a los que van a la batallaâ106.
7 La âconquistaâ de Bagdad y la leyenda del califa avaro
El senescal vuelve a referirse a los tártaros en otros dos pasajes que están mucho más inspirados en rumores y leyendas. El primero es muy conocido:
Mientras el rey fortificaba Sayette [julio 1253âfebrero 1254] vinieron al campamento unos mercaderes que (â¦) nos contaron que el rey de los tártaros habÃa tomado la ciudad de Bagdad y al apóstol de los sarracenos (â¦), el cual se llamaba el califa de Bagdad107.
La interesante asimilación del califa a un âpapa de los sarracenosâ âcomo autoridad espiritual más que polÃtica sobre el conjunto del mundo islámicoâ la conocemos mejor descrita en la Estoria de España de Alfonso X: âEl califfa de Baldac, que es papa de los moros alaraues, como es el papa de Roma de los cristianosâ108. El senescal se hizo eco aquà de un rumor falso que tuvo una notable difusión entre los autores occidentales109. Que Joinville mantuviera estos rumores de 1253 en un texto elaborado mucho tiempo después de la caÃda de Bagdad en 1258 constituye otra prueba de que compuso su obra directamente sobre sus primeros recuerdos de la Cruzada110.
Según lo que pudo oÃr en Tierra Santa, los tártaros conquistaron la capital sirviéndose del engaño:
La forma en que tomaron la ciudad de Bagdad y al califa nos la contaron los mercaderes; y la manera fue ésta: que cuando asediaron la ciudad del califa, [el rey de los tártaros] hizo saber al califa que le ofrecÃa de buen grado un matrimonio entre sus hijos y los suyos; y el consejo del califa le aconsejó que acordase el matrimonio. / Y el rey de los tártaros hizo decirle que le enviara hasta 40 personas de su consejo y de los más grandes personajes para jurar el matrimonio; y el califa asà lo hizo. Entonces hizo decirle el rey de los tártaros que le enviara 40 de los más ricos y de los mejores hombres que tuviese; y el califa asà lo hizo. A la tercera vez hizo decirle que le enviara 40 de los mejores que tuviese; y asà lo hizo. Cuando el rey de los tártaros vio que tenÃa a todos los caudillos de la ciudad, pensó que el pueblo menudo de la ciudad no serÃa capaz de defenderse sin sus caudillos; hizo cortar la cabeza a los 120 ricoshombres y después hizo asaltar la ciudad y la tomó, y al califa también111.
El empeoramiento de la imagen de los tártaros alcanza ahora a su gran rey. El virtuoso hombre sabio de los primeros momentos tiene poco que ver con el pérfido conquistador de Bagdad. La transformación se confirma mediante el relato de la célebre leyenda del califa avaro:
Para culminar su deslealtad y para hacer recaer sobre el califa la culpa de la conquista de la ciudad que habÃa hecho, hizo coger al califa y lo hizo meter en una jaula de hierro, y le hizo ayunar tanto como se puede hacer ayunar a un hombre sin matarlo. Y después le preguntó si tenÃa hambre, y el califa dijo que sÃ, lo que no era maravilla. Entonces el rey de los tártaros le hizo llevar un gran plato de oro cargado de joyas con piedras preciosas y le dijo: â¿Conoces estas joyas?â. Y el califa respondió que sÃ: âEran mÃasâ. Y le preguntó si las querÃa mucho; y él respondió que sÃ. / âPuesto que las querÃas tanto â dijo el rey de los tártaros â, toma entonces las que quieras y comeâ. El califa le respondió que no podÃa, porque no eran vianda que se pudiera comer. Entonces le dijo el rey de los tártaros: âAhora puedes ver cómo tendrÃas que haberte defendido. Porque si hubieras dado tu tesoro â con el que ahora no puedes ayudarte â a las gentes de armas, te habrÃas defendido bien contra nosotros con tu tesoro â si lo hubieses gastado â, el cual te hace falta en la mayor necesidad que jamás hayas tenidoâ112.
La famosa conversación entre el califa al-MustaÊ¿sim (1242â1258) y el ilkhán Hülegü, procedente del erudito persa Nasir al-Din Tusi (m. 1274), fue luego recogida por numerosos autores cristianos, como Marco Polo, el misionero dominico Ricoldo de Montecroce (c.1300), el benedictino Guillermo de Nangis (1300), el armenio Haitón, el bizantino Georgios Paquimeras (m. d. 1310), el armenio Grigor de Akner, la Crónica del Templario de Tiro (c.1314), el dominico boloñés Francisco Pipino de Bolonia (c.1322) y el benedictino Jean le Long de Yprés (m. 1383)113. (Imagen 4)



El gran rey tártaro encierra al califa de Bagdad con sus tesoros. Marco Polo, Le Livre des Merveilles (1410â1420), BnF, ms. Fr. 2810, f. 9r
La evolución del inicial retrato idealizado de los tártaros, ya visible en la descripción de sus costumbres semibárbaras, culmina ahora en estos pasajes finales mediante una representación negativa que servirÃa a Joinville, según Schaller Wu, para legitimar el arrepentimiento mostrado por San Luis a la hora de intentar establecer una alianza con su gran rey114.
8 El olvido de los mongoles después de la Séptima Cruzada
Joinville no cuenta nada más de los tártaros. Sus recuerdos no pasan de los años centrales del siglo XIII en los que estuvo en Tierra Santa. Es sorprendente que una persona con tanta curiosidad por âlos otrosâ y que supo tantas cosas sobre los mongoles no demostrara interés en contar algo más. El senescal no dice nada de Guillermo de Rubruck, franciscano del séquito de Luis IX enviado al Imperio mongol a principios de 1253, al que bien pudo conocer personalmente en Oriente115. Según Paviot, no mencionó su viaje porque era una misión de importancia menor, sin el rango de embajada y que no se hizo en compañÃa de emisarios mongoles116. Tampoco cuenta nada de la gran embajada â âcirciter 24 nobiles Tartaros cum duobus fratribus ordinis Predicatorum, qui essent interpretes linguarumâ â enviada por Berke, khan de la Horda Dorada, y recibida por Luis IX en ParÃs probablemente en 1260117.
Parece que Joinville frecuentó menos las cortes de los reyes Felipe III el Atrevido (1270â1285) y Felipe IV el Hermoso (1285â1314)118. Sin embargo, sabemos por Francesco da Barberino, notario y poeta toscano que viajó a Francia en 1309â1313 y lo conoció personalmente, que su âpalabra gozaba de gran autoridad, tanto para el rey de Francia como para otras personas de su entornoâ119. Si esto aún era asà a principios del siglo XIV, se hace difÃcil creer que no hubiera sabido de la embajada del ilkhán Abaqa, hijo de Hülegü, que visitó la corte del rey de Francia en 1276â1277. ¿Tampoco tuvo noticia de las cartas de su hijo Arghun en 1285 al papa, al rey de Francia y a Carlos de Anjou, personalidad de gran importancia en su Vida de San Luis? ¿De verdad le pasó desapercibida la famosa visita del monje nestoriano Rabban Bar Sauma a la corte de Felipe el Hermoso en 1287â1288? ¿O las de los emisarios enviados por los ilkhanes Arghun en 1289 y Ãljeitü en 1305120?
Siendo un noble letrado y experto en la vida de la corte, parece razonable pensar que tuviera acceso a (al menos alguno de) los relatos sobre los tártaros que se escribieron en su época. La Historia Mongalorum de Pian del Carpine tuvo un notable impacto en Occidente121. Su cercanÃa personal a Luis IX permite imaginar que ya habÃa oÃdo hablar en Tierra Santa del viaje del franciscano italiano122 y que pudo conocer la larga narración de Guillermo de Rubruck enviada al rey de Francia en forma de carta123. Otra gran pregunta que podemos formularnos es si Jean de Joinville tampoco supo nada de Marco Polo y su Libro de las Maravillas. Es sabido que una copia francesa de la obra fue entregada por el famoso viajero en 1307, en Venecia, a Thibaut de Chépoy, embajador del rey de Francia Felipe el Hermoso, en el contexto de un proyecto de cruzada antibizantina124. Nadie ha señalado hasta ahora, que sepamos, una relación casi directa entre este personaje y el senescal: Thibaut de Chépoy era vicario de Carlos de Valois, hermano del monarca francés y principal consejero de su sobrino Luis I, rey de Navarra y conde de Champaña (1305â1316), soberano de Joinville125. Y es justamente al joven Luis I a quien el viejo senescal entregó en 1309 el libro sobre el rey santo que le habÃa encargado su madre, la reina Juana I de Navarra, en 1305, tal como vemos representado en la famosa miniatura del manuscrito más antiguo conservado de la Vida de San Luis (BnF, ms. Fr. 13568, f. 1r).
Aunque es imposible contestar de manera afirmativa a ninguna de estas preguntas, resulta difÃcil asumir que la respuesta a todas ellas sea ânoâ: que una persona del espÃritu abierto y curioso de Jean de Joinville, de su posición, con sus contactos personales y polÃticos, y de su prestigio tras haber convivido con el rey Luis en Oriente, no supiera nada de todo esto; ni de los escritos sobre los tártaros, ni de sus embajadas al reino de Francia. La ausencia de otras informaciones sobre los mongoles insiste en el carácter memorÃstico y presentista de la Vida de San Luis. El viejo senescal manejó el Livre de la Terre Sainte, introdujo exempla y sentencias de Pedro Abelardo y de Guido delle Colonne, y se sirvió de las Grandes Chroniques de France para completar la vida del rey santo que le encargó la reina Juana, pero otras partes de su narración parecen haber sido construidas, en palabras de Sophie Schaller Wu, âavant tout dans le hic et nunc de ses souvenirs de croisadeâ126. Sólo asà se explica la impresión de ruptura que transmite la decepción personal de San Luis tras recibir a sus emisarios en 1251 o el mantenimiento de la noticia de la caÃda de Bagdad en 1253â1254.
La permanencia de estos elementos congelados en el tiempo y la falta de informaciones posteriores sobre los tártaros abundan en una vieja hipótesis: la de la existencia de unas memorias personales de la Cruzada, compuestas o simplemente dictadas a su regreso, a partir de las cuales Joinville concibió entre 1305 y 1309 un proyecto más amplio para responder al encargo que le habÃa hecho la reina Juana127. Los recuerdos tártaros del senescal no bastan para sostener esta hipótesis, pero sà sugieren, al menos, una elaboración temprana y sin conexión aparente con el contexto de principios del siglo XIV de estos pasajes concretos de su Vida de San Luis128.
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Joinville, §§ 77, 249â52 y 558; 280â8 y 348â53; 142â3, 525â6 y 565â6; 496â8; 249 y 458â63.
Jacques Le Goff, Saint Louis (ParÃs: Gallimard, 2017 [1996]), 51â5.
Joinville manejó algunas fuentes escritas, como un Livre de la Terre Sainte (la Chronique dâErnoul o la Estoire de Eracles) y las Grandes Chroniques de France (Joinville, trad. Alvira, xxxiiiâxl; Jacques Berlioz, âRichard CÅur de Lion, croquemitaine oriental. Deux passages de la Vie de saint Louis de Jean de Joinvilleâ, en RoyauteÌ, eÌcriture et théâtre au Moyen Ãge. Mélanges en lâhonneur dâÃlisabeth Lalou, ed. Marie BouhaiÌk-GironeÌs, Alexis Grelois y Xavier HeÌlary (Mont-Saint-Aignan: Presses universitaires de Rouen et du Havre, 2024), 131â52. El especialista francés Jacques Berlioz ha detectado en los últimos años varios exempla, asà como rastros de la versión francesa de la Disciplina clericalis de Pedro Alfonso y de lâHistoire de la destruction de Troie de Guido delle Colonne, véase Jacques Berlioz, âJoinville, Pierre Alphonse et le Hadith du Prophète. Présence du Chastoiement dâun père à son fils dans la Vie de Saint Louisâ, Bibliothèque de lâÃcole des chartes 175 (2020), 33â72; Jacques Berlioz, âCar vous savez que le sage dit ⦠LâHistoire de la destruction de Troie de Guido delle Colonne dans la Vie de saint Louis de Jean de Joinvilleâ, Journal des Savants 1 (2023), 225â71; y Jacques Berlioz, âNarrativa ejemplar y ejemplaridad en la Edad Media. ¿Antagonismo o complementariedad? El ejemplo de la Vida de San Luis de Jean de Joinvilleâ, en Exemplum y discurso ejemplar en la PenÃnsula Ibérica, ed. Hugo O. Bizzarri y Leandro Alves Teodoro (São Paulo: Cultura Acadêmica, 2024), 61â93.
Sophie Schaller Wu, âEt sachiez quâil se repenti fort quant yl y envoia (Jean de Joinville, Vie de saint Louis). Par-delà la désillusion mongole. MÅurs et légendes tartares au temps du roi Saint Louisâ, Al-Masaq 23 (2011), 240, 253 y 255.
Caroline Smith, Crusading in the Age of Joinville (Aldershot: Ashgate, 2006), 62; Joinville (Alvira), xlixâl.
Joinville, § 133; lo repite en § 447: âAsà como os he dicho antes, mientras el rey permanecÃa en Chipre, los mensajeros de los tártaros vinieron a él y le hicieron entender que le ayudarÃan a conquistar el reino de Jerusalén a los sarracenosâ. Si no se indica otra cosa, las traducciones son nuestras.
Eudes de Châteauroux, Carta al papa Inocencio IV (Chipre, 31.03.1249), ed. Louis dâAchery, Spicilegium sive Collectio veterum aliquot Scriptorum, 13 t. (ParÃs: Montalant, 1723 [1659]), III, 624â8; Jean Sarrazin, Carta a Nicolas Arrode (Damieta, 23.06.1249), ed. Alfred L. Foulet, Lettres françaises du XIIIe siècle. Jean Sarrasin, Lettre à Nicolas Arrode (1249) (ParÃs: E. Champion, 1924), 1â9; trad. Josefa López Alcaraz, âJean Sarrasin, Lettre à Nicolas Arrede (1249)â, en Estudios humanÃsticos en homenaje a Luis Cortés Vázquez, coord. Roberto Dengler Gassin, 2 vols. (Salamanca: Universidad de Salamanca, 1991), I, 468â74.
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Paviot, âJoinvilleâ, 207 y 212.
Louis Hambis, âSaint Louis et les Mongolsâ, Nouveau Journal Asiatique 258 (1970), 28â9; Jean Richard, La Papauté et les missions dâOrient au Moyen Ãge (XIIIeâXIVe siècles) (Roma: Ãcole Française de Rome, 1977), 73â7; Gil, En demanda, 99â103; Paviot, âJoinvilleâ, 209â11; Aigle, âThe Lettersâ, 145â50; Denise Aigle, The Mongol Empire between Myth and Reality: Studies in Anthropological History (Leiden: Brill, 2015), 176â9; Aleksandar Uzelac, âSaint Louis and the Jochidsâ, Zolotoordynskoe obozrenie. Golden Horde Review 8â4 (2020), 664â5.
David (Sabeldin Monfac) se llamaba Sayf al-Din Muzaffar Dawud. Los secretarios e intérpretes de los mongoles en esta época eran cristianos nestorianos, Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 14â6; Aigle, âThe Lettersâ, 146â7.
Pelliot, âLes Mongolsâ, 20â2; Gil, En demanda, 103.
Guillermo de Rubruck, Itinerarium ⦠ad partes Orientales, ed. y trad. it. Paolo Chiesa, Guglielmo di Rubruk, Viaggio in Mongolia (Milán: Fondazione Lorenzo Valla-Arnoldo Mondadori, 2011) y trad. Gil, En demanda, 281â449, cap. XV.3; Pelliot, âLes Mongolsâ, 35.
Bayarsaikhan Dashdondog, The Mongols and the Armenians (1220â1335) (Leiden: Brill, 2010), 65; Pelliot, âLes Mongolsâ, 3â23 (1922â23), 16â17 y 8â28 (1931â32), 33â4. Pudo ser conocido por Juan de Pian del Carpine, Ystoria Mongalorum, ed. y trad. it. Enrico Menestò et al. (Spoleto: Centro italiano di studi sullâalto medioevo, 1989) y trad. Gil, En demanda, 159â250, cap. IX.15; e ibidem, 93. Ascelino de LombardÃa lo llamó Anguta, Simon de Saint-Quentin, Historia Tartarorum, ed. y trad. ing. Stephen Pow et al., Simon of Saint â Quentin: History of the Tartars. A Digital Humanities Annotated Translation (Calouste Gulbenkian Foundation, 2019), http://www.simonofstquentin.org (consulta: 16.07.2023) y trad. Gil, En demanda, 259â79, cap. 49 (10).
Eljigidei, Carta al rey de Francia (05.1248), ed. Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32): 23â6 y trad. Gil, En demanda, 100â1. La traducción latina fue reproducida, junto a la carta de Smbat, por el legado papal Eudes en su misiva al papa (626â8). Por su parte, Luis IX envÃo una versión francesa a su madre Blanca de Castilla, Matthew Paris, VI, nº 84â5; Gil, En demanda, 99â103 y 106.
Pelliot, âLes Mongolsâ, 3â30 (1924), 225â62 y 8â28 (1931â32): 30; Pierre-Vincent Claverie, âDeux lettres inédites de la première mission en Orient dâAndré de Longjumeau (1246)â, Bibliothèque de lâÃcole des chartes 158â1 (2000), nº 1 (291â2); Aigle, The Mongol Empire, 178â9; Uzelac, âSaint Louisâ, 664â5.
Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 30; Eric Voegelin, âThe Mongol Orders of Submission to European Powers, 1245â1255â, Byzantion 15 (1940â41), 380; Jean Richard, âUltimatums mongols et lettres apocryphesâ : LâOccident et les motifs de guerre des Tartaresâ, Central Asiatic Journal 17/2â4 (1973), 217â8.
Joinville, § 8. La conquista de TurquÃa por el rey de Francia fue considerada incluso más factible, Simon de Saint-Quentin, lib. XXXI, cap. 151.
Durante la embajada de Ascelino, âen sus primeras preguntas inquirieron de los frailes a la disimulada y con gran inquietud si los francos iban a pasar todavÃa a Siria, pues habÃan oÃdo decir a sus mercaderes que en breve habrÃan de pasar a esa región muchos francos. [Los mongoles querÃan] fingir amistad, al menos momentánea, con los francos, a quienes tienen más miedo y temor que a todos los hombres que hay en el mundoâ, Simon de Saint-Quentin, caps. 41 (2) y 44 (5). También Batu, cuenta Rubruck, âse habÃa enterado de que habÃais salido [San Luis] de vuestra tierra con un ejércitoâ (cap. XIX.8). Véase Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 19â20 y 35â6; Hambis, âSaint Louisâ, 27; Gil, En demanda, 102 y 265, n. 8; Paviot, âJoinvilleâ, 212; y Tanase, âJusquâaux limitesâ, 247â8.
Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 22.
La madre de Güyüg era la poderosa emperatriz regente Töregene Khatun (1241â46), Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32): 54â7. No era cristiana. Sobre la difusión por otros emisarios de la idea errónea de que el gran khan era cristiano, Pelliot, âLes Mongolsâ, 31â3.
Gil, En demanda, 102â3; Paviot, âJoinvilleâ, 210â1.
Tanase, âJusquâaux limitesâ, 248.
Jean Sarrazin, § III.
Joinville, §§ 134â5, 471 y 490â2. También en âContinuación Rothelinâ, cap. xliv.
Joinville, § 134; Joinville (Alvira), xlvâvi.
Joinville, § 471; y Paviot, âJoinvilleâ, 212. Las Grandes Chroniques de France incluyen la escena de la adoración de los Reyes Magos (ed. Jules Viard, 10 t. ParÃs: H. Champion, 1920â53, VII, cap. lxvi), aunque quizá de forma retrospectiva. El legado Eudes (627), que cita la tienda, añade una reliquia de la Vera Cruz, Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 37.
âper fideles nuntios uestros predecessori nostro Crinizcham in refocilationem specialem capellam uestram, diuino nomini dedicatam, mittere curauistisâ, ed. Paul Meyvaert, âUn Unknown Letter of Hulagu, Il-Khan of Persia, to King Louis IX of Franceâ, Viator 11 (1980), 257; Gil, En demanda, 129. Esta carta fue interceptada por el rey Manfredo de Sicilia y no llegarÃa a manos de Luis IX.
Kirakos de Gandzak, Historia de los armenios, trad. ing. Robert Bedrosian, Kirakos Ganjaketsâiâs âHistory of the Armeniansâ, http://www.attalus.org/armenian/kgtoc.html (consulta: 7.07.2023), cap. 11, § 166.
Bruno De Nicola, Women in Mongol Iran: the Khatuns 1206â1335 (Edimburgo: Edinburgh University Press, 2017), 193.
Sobre la embajada, véase Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 37â77; Hambis, âSaint Louisâ, 29â30; Richard, La Papauté, 76â7; Gil, En demanda, 102â8; Paviot, âJoinvilleâ, 211â4; Jackson, The Mongols, 97â103; Antti Ruotsala, âThe Crusaders and the Mongols. The Case of the First Crusade of Louis IX (1248â1254)â, en Medieval History Writing and Crusading Ideology, ed. Tuomas M.S. Lehtonen y Kurd Villads Jensen (Helsinki: Suomalaisen Kirjallisuuden Seura, 2005), 302â9; Aigle, âThe Lettersâ, 146â50; Schaller Wu, âEt sachiezâ, 253â4; Tanase, âJusquâaux limitesâ, 248â50; y Uzelac, âSaint Louisâ, 665.
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 254, n. 89.
Paviot, âJoinvilleâ, 218.
Siendo la antigua legua francesa 3,248 km: 10 leguas/dÃa = 32,48 km à 365 dÃas = 11.855,2 km. Las cartas que enviaron al rey durante el camino en Jean Sarrazin, § V; y Guillaume de Nangis, âGestaâ, 364â7. El itinerario en Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 52â4 y 68â71.
Joinville, § 472.
En HungrÃa y Rusia, según el arcediano Tomás de Split, Historia seu cronica Salonitanorum atque Spalatinorum pontificum, ed. y trad. ing. Damir Karbic, Mirjana M. Sokol y James R. Sweeney, Archdeacon Thomas of Split, âHistoria Salonitanorum atque Spalatinorum pontificumâ (Budapest â Nueva York: Central European University Press, 2006) y trad. parcial Gil, En demanda, 73, 87â8 y 198, n. 130; en Smbat: âVerum quid dicerem tot civitates quas vidi desertas, quas Tartari vastaverunt, quarum nullus hominum posset opulentiam vel amplitudinem æstimare ? (â¦) Et vidimus plusquam centum mille aggeres magnos et mirabiles ossìum interfectorum, quos Tartari interfeceruntâ (626); Gil, En demanda, 198, n. 130 y Jackson, The Mongols, 209; Pian del Carpine: âencontramos tiradas en el suelo un sinfÃn de calaveras y huesos de muertosâ (cap. V.27); en las tierras de los kanguÃes y los cumanos âencontramos gran cantidad de calaveras y huesos de muertos, tirados por el suelo a modo de estercolerosâ (cap. IX.22); Rubruck: âDurante dos meses no vieron aldea ni edificio, sino sólo un sinfÃn de tumbas de comanosâ (cap. IX.4); y Marco Polo, Divisament dou Monde, trad. Mauro Armiño, Libro de las Maravillas (Madrid: Anaya, 1983), lib. I, cap. xxxv y xlv.
âVerumptamen regina et filius eius, visis et acceptis exeniis ecclesiasticis, honoraverunt nuncios, et munera et exenia tribuerunt. Sicque remissi regressi sunt cum honore, nullo tamen effectu alio subsecuto, qui principaliter quærebaturâ, Bernart Gui, âVita Innocentii Papa IVâ, en Rerum Italicarum Scriptores, 25 t., ed. Ludovico M. Muratori (Milán: ex typographia Societatis Palatinæ in Regia Curia, 1723), IIIâ1, 591. Véase Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32): 72â4; Paviot, âJoinvilleâ, 213 (llama a su hijo Qutchap).
Joinville, § 490.
TerminarÃa con la pérdida del poder en 1251 y la ejecución de Oghul Qaimish, ordenada por el gran khan Möngke, Antonio GarcÃa Espada, El Imperio mongol (Madrid: SÃntesis, 2017), 102. Para más detalles sobre la regente, Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32): 60â2; Christopher Atwood, Encyclopedia of Mongolia and the Mongol Empire (Nueva York: Facts on File, 2004), 418â9; De Nicola, Women, 66â72; y Anne F. Broadbridge, Women and the Making of the Mongol Empire (Cambridge: Cambridge University Press, 2018), 196â224.
Joinville, §§ 491â2. Este pasaje lo tradujo Gil, En demanda, 106â7.
Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 75â6; Mateo Paris recogió los rumores que afirmaban que Luis IX ya habÃa recibido una orden de sumisión del ârey de los tártarosâ en 1247 (IV, 607â8), una información no confirmada en otras fuentes que es, posiblemente, una lectura distorsionada de los primeros contactos del rey de Francia con el Imperio Mongol a través de los cristianos nestorianos, Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 12, n. 2; Uzelac, âSaint Louisâ, 664, n. 2; Aigle, âThe Lettersâ, 156; y Aigle, The Mongol Empire, 173â80.
El nombre de Prestre Jehan posiblemente no estuviera en la redacción original de la carta mongola y quizá tampoco en el texto original de Joinville, Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 75, n. 2. Sobre el origen y el desarrollo del mito, David Morgan, âPrester John and the Mongolsâ, en Prester John, the Mongols and the Ten Lost Tribes, ed. Charles F. Beckingham y Bernard Hamilton (Ashgate: Variorum, 1996), 159â70; Aigle, The Mongol Empire, 41â65, esp. 41â8; y Carlos de Ayala, âEl Preste Juan: el otro cristiano en la frontera del mito (siglos XIIâXIII)â, Intus-Legere Historia 12â2 (2018), 155â86.
Rubruck, cap. XXXIX.5, aunque confundiendo la carta cordial de Eljigidei con la exigencia de sumisión de Ogul Qaimish (Gil, En demanda, 449, n. 430), y en la carta de Möngke a Luis IX (cap. XXXVI.8). Sobre las exageraciones e incluso las mentiras de David, véase Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32): 76; y Tanase, Jusquâaux limites, 247â8.
Joinville, § 492.
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 252 y 254.
Paviot, âJoinvilleâ, 214; Gil, En demanda, 110.
Joinville, § 143.
Sobre esta batalla, Dashdondog, The Mongols, 60â6.
Rubruck, cap. XXXVIII.12.
Joinville, §§ 141â2. La riqueza del reino de TurquÃa también en Simon de Saint-Quentin, lib. XXXI, caps. 142â3 y 150.
Las tropas armenias, por problemas internos, no llegaron a tiempo a la batalla, Dashdondog, The Mongols, 61â2. Sà las hubo, junto a georgianos, en el ejército mongol, según el armenio Grigor de Akner, Historia del pueblo de los arqueros, trad. ing. Robert Bedrosian, Grigor Aknertsâi, âHistory of the Nation of Archersâ (2003), https://www.attalus.org/armenian/gaint.htm (consulta: 10.07.2023) y trad. parcial GarcÃa Espada, El Imperio mongol, 318 (nº 2), cap. 6, §§ 6â7.
Haitón de Córico, âLa Flor des Estoires de la terre dâOrientâ, en Recueil des historiens des Croisades. Documents arméniens, 2 vols. (ParÃs: Imprimerie nationale, 1906), II, 113â253 y trad. parcial GarcÃa Espada, El Imperio mongol, 317 (nº 1), lib. III, cap. xiâii. El también armenio Kirakos de Gandzak no dice nada al respecto (cap. 35, §§ 232â235). De la presencia de los francos en el Sultanato de Rum poco antes de la batalla habla Simon de Saint-Quentin, lib. XXXI, caps. 140 y 146â7.
Eudes, 625; Joinville (Monfrin), 412.
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 253â5, esp. 253.
Joinville, §§ 471â92, esp. 473; en Pian del Carpine, âla tierra no da fruto más que en su centésima parte, y ni siquiera ésta lo puede producir si no la riegan las aguas corrientesâ (cap. I.4); también Marco Polo, lib. I, cap. lxiv. La pobreza y la barbarie también en Haitón, lib. III, cap. i; y Grigor de Aknert, cap. 2, § 2.
Joinville, §§ 143, 470â1, 473â4, 483 y 584â7.
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 243; una cierta asimilación con Gog y Magog en Paviot, âJoinvilleâ, 214; Gil, En demanda, 118. Más tarde en Marco Polo, lib. I, cap. lxxiv.
Aigle, The Mongol Empire, 49.
Atwood, Encyclopedia, 306â8.
Haitón, lib. III, cap. iii; Marco Polo, lib. I, cap. lxiv; y Aigle, The Mongol Empire, 57.
Joinville, § 475.
Joinville, §§ 476â7 (la discordancia de número es del original); Schaller Wu, âEt sachiezâ, 244.
âLos jefes de las tribus se reunieron, / un hombre por tribu, alrededor de 70 hombres de las 70 tribus más importantes y más honorables entre ellos. Se colocaron en cÃrculo, cada uno con su vara en la mano; trazaron en la tierra una figura circular, es decir redonda, y convinieron todos firmemente en que reinarÃa aquel cuya vara cayera en el centro de la figura. Cada uno de ellos tiró su vara lo más alto que pudo, y (â¦) sólo una cayó en medio y se plantó, recta, de pie en la tierra; era la de un hombre de una tribu Ãnfima, y éste fue él que reinóâ, Miguel el Sirio. Crónica, trad. fr. Jean Baptiste Chabot, Chronique de Michel le Syrien. Patriarche jacobite dâAntioche (1166â1199), 4 vols. (ParÃs: E. Leroux, 1899â1910), III, lib. IV, cap. v, §§ 570â1; âVolentes igitur votis consonis sibi regem creare (â¦) repererunt in eis centum familias caeteris splendidiores; quarum quamlibet sagittam unam praeceperunt afferre, et juxta numerum familiarum centum sagittarum colligaverunt manipulum. Quem operientes, vocaverunt quemdam puerulum innocentem, praecipientes ei, ut immissa manu sub velamento, quo praedictarum latebat manipulus sagittarum, eo unam educeret solam, ea conditione ut de ea familia rex assumeretur, cujus sorte sagitta exiret. Factumque est casu, quod puer eduxit sagittam familiae Selducorum. Unde constitit apud omnes, sicuti prius ordinatum fuerat, quod ex ea tribu princeps futurus crearetur. Praeceptum est iterum, ut ex eadem tribu centum eligerentur, qui et aetate et moribus, et virtute caeteros anteirent suos contribules; utque singuli singulas afferrent sagittas, offerentium habentes inscripta nomina. Factoque ex eis iterum manipulo, et diligenter cooperto vocatus est iterum puer, vel idem qui et prius, vel alius fortasse ejusdem innocentiae: cui similiter persuasum est, ut unam ex eis educeret: eduxitque unam cui inscriptum erat nomen Selducâ, Guillermo de Tiro. Historia rerum in partibus transmarinis gestarum, ed. Robert B.C. Huygens, Willelmus Tyrensis archiepiscopus, âChroniconâ, 2 t. (Turnhout, Brepols, 1986), lib. I, cap. vii; Denis Sinor, âThe Making of a Great Khanâ, en Altaica Berolinensia. The Concept of Sovereignty in the Altaic Worlds, ed. Barbara Kellner â Heinkle (Weisbaden: Harrassowith, 1993), 242â3; Aigle, The Mongol Empire, 57â65, esp. 57.
Joinville, §§ 477â8; Paviot, âJoinvilleâ, 214â5; Schaller Wu, âEt sachiezâ, 244; GarcÃa Espada, El Imperio mongol, 78â81.
Pian del Carpine, cap. IV.9; Grigor de Aknert: âque se amen unos a otros; segundo, que no cometan adulterio; no robar; no dar falso testimonio; no traicionar a nadie; y que honren a los ancianos y a los pobresâ (cap. 2, § 2).
Joinville, §§ 479â80.
Paviot, âJoinvilleâ, 214â215; Aigle, âThe Lettersâ, 157; Schaller Wu, âEt sachiezâ, 244; y, sobre todo, Aigle, The Mongol Empire, 52â3. Como en Rubruck, Ong Khan es confundido con Küchküg, hijo del caudillo de los naimanos nestorianos derrotado por Temuyin, por Gregorios Bar Hebræus, Chronicon Syriacum, trad. ing. Ernest A.W. Budge, The Chronography of Gregory Abuâl Faraj (1225â1286), the Son of Aaron, the Hebrew Physician Commonly Known as Bar Hebræus, 2 vols. (Amsterdam: Apa â Philo Press, 1976 [1932]), 76.
Pian del Carpine: cap. VIII.8.
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 245 (§§ 477, 479 y 480); Aigle, The Mongol Empire, 58.
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 246.
Aigle, The Mongol Empire, 63â5; Schaller Wu, âEt sachiezâ, 245; Marco Polo, lib. I, caps. lxvâxviii.
Joinville, §§ 481â2.
Paviot, âJoinvilleâ, 215â6; Aigle, The Mongol Empire, 59.
Joinville, § 483.
Julián de HungrÃa, Carta sobre la vida, secta y origen de los tártaros (c. 1238), ed. Heinrich Dörrie, âDrei Texte zur Geschichte der Ungarn und Mongolen die Missionsreisen des fr. Julianus O.P. ins Uralgebiet (1234/5) und nach Russland (1237) und Bericht der Erzbischofs Peter über die Tartarenâ, Nachrichten der Akademie der Wissenschaften in Göttingen. I. Philologisch-historische Klasse 6 (1956): 162â82 y trad. Gil, En demanda, 147â58, § 7; Ivó de Narbona, Carta al arzobispo de Burdeos sobre los tártaros (1241), en Matthew Paris, Chronica Majora, IV, 270â7 y trad. parcial Gil, En demanda, 62â3; Pedro de Rusia, Examinatio de Tartaris, en âAnnales Burtonensesâ, en Monumenta Germaniae Historica. Scriptores, ed. Georg H. Pertz et alii, 32 vols (Hanóver: Weidman, 1826â1934), XXVII, 474â5 y trad. Gil, En demanda, 67â8; Pian del Carpine, caps. V.18, VII.2, VII.5 y VIII.2; Simon de Saint-Quentin, lib. XXX, cap. 73â4; André de Longjumeau, Informe al papa de la embajada a los tártaros (1247), en Matthew Paris, Chronica Majora, VI, 113â5 y trad. parcial Gil, En demanda, 90â1; Rubruck, cap. IX.3; Grigor de Aknert, cap. 3, § 3; Haitón, lib. III, cap. i.
Joinville, §§ 483â4.
Joinville, §§ 485â6.
âmiles sedens in equo albo suscepit illum (â¦) Dictum igitur virum fratres missi a rege Franciæ sepe viderunt, et postea reverfi in Galliam, fratribus rem gestam, ut narravimus, retuleruntâ, Thomas van Cantimpré. Bonum universale de apibus, ed. Georg Colvenerius (Douai: B. Belleri, 1627), 525â7. Véase infra.
Según Gil, fue traÃdo a Occidente por Ascelino de LombardÃa (En demanda, 107, n. 201 y 445, n. 412). Seguimos aquà lo estudiado por Lionel J. Friedman, âJoinvilleâs Tartar Visionaryâ, Medium Ãvum 27 (1958), 1â7; Jackson, The Mongols, 101â2; Paviot, âJoinvilleâ, 215â6; Schaller Wu, âEt sachiezâ, 246â8; y, con más detalle, Aigle, The Mongol Empire, 57â63.
Historia Secreta de los Mongoles, trad. Laureano RamÃrez (Madrid: Miraguano, 2000), cap. 12, §§ 244â6. Los tártaros creÃan que Teb Tengri descendÃa del cielo en un caballo blanco, según el gran historiador persa Rashid al-Din Hamadani, JÄmiâ al-tawÄrÄ«kh (âCompendio de crónicasâ), trad. ing. Wheeler M. Thackston, Jamiâuât-tawarikh. A Compendium of Chronicles: A History of the Mongols, 3 vols. (Cambridge: Harvard University, 1998â99), I, 90; Jackson, The Mongols, 101. El chamán acabarÃa interfiriendo en la relación de Temuyin con sus hermanos y ejecutado por ello hacia 1210, GarcÃa Espada, Encyclopedia, 98â100 y 530â1; GarcÃa Espada, El Imperio mongol, 83â4.
Gregorio Bar Hebraeus, § 410; Haitón, lib. III, cap. i; âAá¹Ä Malik Juvaini, TÄrÄ«j-i YahÄngushÄy (âHistoria del Conquistador del Mundoâ), trad. ing. John A. Boyle y Mirza M. Gazvini, The History of the World â Conqueror, 2 vols. (Cambridge: Harvard University Press, 1958), I, iii, 39. Véase Pier Giorgio Borbone, âBar âEbroyo and JuwaynÄ«: A Syriac Chronicler and his Persian Sourceâ, Acta Mongolica 9â329 (2009), 147â8; Aigle, The Mongol Empire, 66â88; Pier Giorgio Borbone, âWooden Stirrups and Christian Khans. Bar âEbroyoâs Use of Juwayniâs History of the World Conqueror as a Source for his Chronographyâ, Hugoye: Journal of Syriac Studies 19â2 (2016), 333â69. En una crónica georgiana se dice que fue Chinggis Khan quien tuvo la visión, Morgan, âPrester Johnâ, 161.
âMultifarie multisque modis olim Deus loquens patribus in prophetis nouissime diebus istis locutus estâ [San Pablo, Heb 1:1] auo nostro Chingischan per Temptemgri (nomen quod interpretatut âpropheta Deiâ) eiusdem cognatum futuros euentus miraculose temporum reuelans eidem per dictum Teptemgri nunciando significans: âIn Excelsis ego sum Deus ompipotens solus et te super gentes et regna constitui dominatorem et regem fieri tocius orbis â¦â [Jer 1:10], Meyvaert, âUn Unknownâ, 252; trad. Gil, En demanda, 129. Véase Jackson, The Mongols, 182; Aigle, The Mongol Empire, 54, n. 67.
Joinville, § 486. En los 300 hombres parece haber una referencia bÃblica al Libro de los Jueces (7:7), Aigle, The Mongol Empire, 59.
Paviot, âJoinvilleâ, 217. Simon de Saint-Quentin relata seguidos ambos episodios, aunque sin mezclarlos (lib. XXX, cap. 88).
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 249.
Paviot, âJoinvilleâ, 216; Jackson, The Mongols, 101â2; Aigle, The Mongol Empire, 59â60; y Schaller Wu, âEt sachiezâ, 247â9.
Paviot, âJoinvilleâ, 217â8; Schaller Wu, âEt sachiezâ, 249â51 (âce passage ethnographiqueâ).
Joinville, § 487; Pian del Carpine, cap. II.6; Rubruck, cap. II.1â3; Marco Polo, lib. I, cap. lxix.
Joinville, § 488. El arcediano Tomás confirma que âde las diversas naciones que han sojuzgado en sus guerras tienen una enorme muchedumbre de guerreros, y sobre todo de comanos, a los que obligan a luchar a la fuerzaâ (trad. 88). Sobre el empleo de georgianos y armenios, que vimos arriba, Ruotsala, âThe Crusadersâ, 304.
Pian del Carpine, cap. IV.8; Rubruck, cap. II.9, III.1 y IV; Gil, En demanda, 109; Kirakos de Gandzak, cap. 26, § 219; y Marco Polo, lib. I, cap. lxx. Sobre estas cuestiones, véase también MartÃn Alvira, âA la mesa con San Luis. Comer y beber en las memorias de Jean de Joinvilleâ, en Comer y beber en la Edad Media europea. Nuevas perspectivas y enfoques multidisciplinares, ed. Ãlvaro Adot, Luis Almenar, Alejandro RÃos y Ãngel Rozas (Gijón, Trea, 2025), 113â32.
Joinville, § 487; Pian del Carpine, cap. IV.8; también en Enrique de Livonia, Mateo Paris, Jean de Garland o Tomás de Split, véase Jackson, The Mongols, 139â40. Entre los orientales lo señala Grigor de Akner, cap. 3, § 3; Paviot, âJoinvilleâ, 217; Schaller Wu, âEt sachiezâ, 250.
Joinville, §§ 487 y 489.
Apocalipsis de Pseudo-Metodio, cap. VIII, trad. parcial Gil, En demanda, 54â5.
Pedro de Rusia, trad. 67; Pian del Carpine, cap. IV.7, Tomás de Split, trad. 88; André de Longjumeau, trad. 91; Simon de Saint-Quentin: lib. XXX, cap. 78; Rubruck, cap. V.1; Kirakos de Gandzak, cap. 26, § 219; Marco Polo, lib. I, cap. lxix. Lo comenta Jackson, The Mongols, 139â40.
Joinville, § 489. Según Amiano Marcelino, âut neque igni neque saporatis indigeant cibis sed radicibus herbarum agrestium et semicruda cuiusvis pecoris carne vescantur, quam inter femora sua equorumque terga subsertam fotu calefaciunt breviâ (Res Gestae a Fine Corneli Taciti, en The Latin Library, http://www.thelatinlibrary.com/ammianus/31.shtml#16 [consulta: 24.04.2023], lib. XXXI.ii.3). La carne no cocida como signo de barbarie en Schaller Wu, âEt sachiezâ, 250â1.
Joinville, § 489; Gil, En demanda, 297, n. 34. La costumbre es descrita por Rubruck: â[la carne de cordero que no come el mongol] ha de meterla en su âcaptargacâ [turco qapturgai], esto es, el morral cuadrado que llevan para almacenar todas las provisiones de este tipo, en el cual guardan también los huesos, cuando no han tenido tiempo de acabar de mondarlos, a fin de roerlos después para que no se desperdicie nada de la comidaâ (cap. III.2).
Joinville, § 537; Schaller Wu, âEt sachiezâ, 251.
Joinville, § 488.
Julián de HungrÃa: âse cuenta que sus mujeres son de natural belicoso como ellos, que disparan flechas y montan en caballos y yeguas, como los hombres y que en el fragor del combate son aún más valientes, pues los hombres vuelven la espalda alguna vez, pero las mujeres no huyen jamás, sino que arrostran todos los peligrosâ (§ 16); Pedro de Rusia: âSus mujeres cabalgan, luchan y disparan flechas como los hombres (trad. 68); Pian del Carpine: Las doncellas y las mujeres montan y galopan con destreza, como los hombres. Las vimos llevar asimismo aljabas y arcos. Tanto hombres como mujeres aguantan largo tiempo a caballo. (â¦) Todas llevan zaragüelles, y algunas tiran flechas como los hombresâ (cap. IV.11); Simon de Saint-Quentin: âLas vÃrgenes y todas las mujeres montan a caballo, portando carcajes y arcos. Además, a caballo montan tan ágilmente como los hombres y ambos [sexos] pueden realizar mucho trabajo a caballoâ (lib. XXX, cap. 85); Rubruck: âTodas las mujeres montan a horcajadas, como si fuesen hombresâ (caps. VI.4 y VIâII). Sobre esta cuestión debe verse Bruno De Nicola, âWomenâs Role and Participation in Warfare in the Mongol Empireâ, en Soldatinnen: Gewalt und Geschlecht im Krieg vom Mittelalter bis heute, ed. Klaus Latzel, Franka Maubac y Silke Satjukow (Paderborn: Schöningh, 2011), 95â112.
Joinville, § 488. Véase supra.
Joinville, § 489. Más información en Pian del Carpine, cap. IV.11; Rubruck, cap. VII (âSobre las obligaciones de las mujeres y sus laboresâ); y Marco Polo, lib. I, cap. lxix. Véase Broadbridge, Women, 136â8 y, en general, 9â42.
Joinville, § 584.
Alfonso X el Sabio, Estoria de España, ed. Ramón Menéndez Pidal, Primera Crónica General de España, 2 vols. (Madrid: Gredos, 1977), cap. 979. Otros testimonios en Joinville (Alvira), n. 1.215.
Pian del Carpine, caps. V.34 y VII.9 (en 1245â47); Guillaume de Nangis, Chronicon, ed. Hercule Géraud, Chronique latine de Guillaume de Nangis de 1113 à 1300: avec les continuations de cette chronique de 1300 à 1368, 2 vols. (ParÃs: J. Renouard, 1843), I, 211 (en 1254); Marco Polo, lib. I, cap. xxv (en 1255).
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 253, n. 86; Joinville (Alvira), xxxvâix.
Joinville, §§ 584â5.
Joinville, §§ 586â7.
Marco Polo, lib. I, cap. xxv; Riccoldo da Monte di Croce, Liber peregrinationis, ed. y trad. fr. René Kappler, Riccold de Monte Croce, Pérégrination en Terre Sainte et au Proche Orient: texte latin et traduction. Lettres sur la chute de Saint-Jean dâAcre (ParÃs: H. Champion, 1997), 108 y 110; Guillaume de Nangis, Chronicon, I, 211; Haitón, lib. iii, cap. xix (trad. Gil, En demanda, 123, n. 230); Geórgios Pachyméris, Historia, trad. fr. Albert Failler y Vitalien Laurent, Georges Pachymérès: Relations historiques, 2 vols. (ParÃs: Les Belles Lettres, 1984), I, 180; Grigor de Akner, cap. 11, § 12; Chronique du Templier de Tyr, ed. y trad. it. Laura Minervini, Cronaca del Templare di Tiro (1243â1314) (Nápoles: Liguori, 2000), § 351; Francesco Pipino, lib. III, cap. xlvi; Jean le Long de Yprés, âChronica monasterii Sancti Bertiniâ, en MGH SS, XXV, 849 (pars 6). Sobre la difusión de la leyenda, véase Gil, En demanda, 123, n. 230; Jackson, The Mongols, 129â30; GarcÃa Espada, El Imperio mongol, 139 y 254â6 (Nasir al-Din Tusi).
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 253, n. 86.
Parece que Rubruck supo del mundo mongol por boca del emisario André de Longjumeau antes de emprender su viaje, Pelliot, âLes Mongolsâ, 8â28 (1931â32), 77; Tanase, âJusquâaux limitesâ, 250â1. Más tarde estuvo en ParÃs, donde informó de su periplo al maestro Roger Bacon, Gil, En demanda, 119â21.
Paviot, âJoinvilleâ, 218. Véase Jean Richard, âSur les pas de Plancarpin et de Rubrouck: la lettre de saint Louis à Sartaqâ, Journal des savants 1 (1977), 56â9; Gil, En demanda, 108â18; y Jackson, The Mongols, 99â101.
âChronica minor auctore Minorita Erphordiensiâ, en MGH SS, XXIV, 202; Uzelac, âSaint Louisâ, 665, n. 3 y 666â7. Esta embajada es la que otros autores sitúan en 1262 en relación con la carta de Hülegü que no llegó a manos del rey de Francia, Jean Richard, âUne ambassade mongole à Paris en 1262â, Journal des savants 4 (1979), 295â303; Le Goff, Saint Louis, 58 y 639â40; Meyvaert, âUn Unknownâ, 247; y el debate sin resolver en Gil, En demanda, 127â8.
Joinville (Alvira), xxviiâxxxxi.
Francesco da Barberino, I documenti dâamore di Francesco da Barberino: secondo i mss. originali, ed. Francesco Egidi, 4 vols. (Roma â Milán: Archè, 1905â27), I, 132â3.
Gil, En demanda, 134â43; GarcÃa Espada, El Imperio mongol, 249â51; Jackson, The Mongols, 165â86.
Gil, En demanda, 73â88.
Tanase, âJusquâaux limitesâ, 251.
En 1274, poco antes de la primera embajada de Abaqa, se dieron a conocer Los hechos de los tártaros del dominico inglés David de Ashby, emisario papal en el Ilkhanato, Gil, En demanda, 136.
Jackson, The Mongols, 340; Antonio GarcÃa Espada, Marco Polo y la cruzada. Historia de la literatura de viajes a las Indias en el siglo XIV (Madrid: Marcial Pons Historia, 2009), 104.
Joseph Petit, Charles de Valois (ParÃs: A. Picard, 1900), 144â65. Sobre Thibaut, más tarde caudillo de los célebres almogávares, Joseph Petit, âUn capitaine du règne de Philippe le Bel, Thibaut de Chepoyâ, Le Moyen Ãge 10 (1897): 231â3, esp. 233.
Schaller Wu, âEt sachiezâ, 253, n. 86; y supra.
La formuló en 1894 el filólogo francés Gaston Paris, quien dató las memorias hacia 1272; las diferentes opiniones al respecto, recogiendo la bibliografÃa anterior, pueden verse en Joinville (Alvira), xliâvi. Muy recientemente se han datado en 1254â55, justo al regreso de la Cruzada, Michel Bur, âUn miroir à plusieurs faces : La vie de saint Louis par Joinvilleâ, Comptes rendus de lâAcadémie des Inscriptions et Belles Lettres IV (2017), 1.399â417, esp. 1.407â8, reprod. La Champagne médiévale dans son environnement politique, social et religieux (XeâXIIIe siècles). Recueil dâarticles (ParÃs: Académie des Inscriptions et Belles Lettres, 2020), 313â29, esp. 320. Véanse las observaciones a esta nueva hipótesis que hace Jacques Berlioz (âCar vous savezâ, 269â70), a quien agradezco sus comentarios sobre esta cuestión.
En su reciente traducción de La Flor des Estoires de Haitón de Córico, obra traducida al latÃn y al catalán a partir de 1307 y que presenta algunos elementos comunes con el relato de Joinville, Tanase sitúa la composición de la Vida de San Luis en el contexto recuperacionista de principios del siglo XIV, en paralelo a la redacción de varios tratados destinados a reconquistar la Tierra Santa, Haitón, La Fleur des histoires de la terre dâOrient, trad. fr. Thomas Tanase (Toulouse: Anacharsis, 2023), 10.