1 Introducción
En 1986 Gonzalo Menéndez Pidal daba a conocer un comentario realizado por Daniel S. Rice, reputado profesor de la Universidad de Londres, a propósito de la imagen de una partida de ajedrez representada en el folio 20v del Libro del axedrez, dados e tablas (RBME T-I-6), manuscrito comisionado por Alfonso X (r. 1252â1284) y realizado en Sevilla en 1283. Rice habÃa identificado a los jugadores como mongoles basándose en un atributo que consideraba indiscutible, su tocado, el cual vinculó con el âremedo de una lechuzaâ, animal totémico de este pueblo1. Esta afirmación ha sido repetida en reiteradas ocasiones, a menudo sin citar su origen, y ha formado parte de interesantes trabajos2 ; no obstante, hasta ahora las reveladoras palabras de Rice recogidas por Menéndez Pidal no han sido suficientemente analizadas ni documentadas, como tampoco lo ha sido la imagen que las motivó. [FIG. 7.1] El manuscrito en el que aparece es un compendio de juegos que, más allá de su registro lúdico, pueden ser interpretados en clave social y polÃtica, y en el que se recopilan prácticas cortesanas y hábitos sociales provenientes de otros territorios y ámbitos culturales3. Son bien conocidas las iluminaciones del gobernante musulmán entronizado que dirige una partida de ajedrez (fol. 17v) o la del sabio monarca de India, a quien se atribuye la invención de numerosos juegos (fols. 2râ2v), y que ejemplifican la sÃntesis alfonsà de diversas tradiciones dentro de la obra. Estas figuras evidencian el diálogo cultural, intelectual y polÃtico entre Alfonso X y el mundo islámico, asà como la búsqueda de la transmisión de saberes vinculados a soberanos legendarios. Por lo que respecta a la peculiar iluminación del folio 20v apenas se le ha prestado atención más allá de algunos comentarios anecdóticos. Sin embargo, esta imagen, que no representa a un señor cristiano ni musulmán, ni a los sabios de tiempos pasados, posee el potencial de evidenciar el grado de conocimiento que Alfonso X y sus colaboradores tenÃan sobre los pueblos y estructuras de poder de su tiempo, incluso más allá del Mediterráneo. Asimismo, permite reinterpretar el nivel de conectividad â tanto real como imaginada â que Castilla mantuvo con tierras tan distantes como las estepas euroasiáticas.



Iluminación, cuatro mongoles jugando al ajedrez. Alfonso X, Libro del axedrez, dados e tablas, Sevilla, 1283, El Escorial, Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial, Ms. T-I-6, f. 20v
Como veremos a continuación, tanto los ojos rasgados de los jugadores, como su llamativo bigote con perilla y su peculiar indumentaria, contribuyen a construir una identidad diferenciada del resto de los personajes que podemos observar a lo largo del manuscrito. Una imagen con cierta tensión implÃcita en el desarrollo del juego, en la que observamos a dos parejas de hombres inmersos en una partida de ajedrez. Se trata de dos jugadores sentados sobre el suelo con las piernas cruzadas, acompañados de otros dos en pie; uno de ellos de gran altura sobrepasa el marco superior de la escena. Las figuras flanquean el tablero abatido en el que se distribuyen las piezas de la jugada que es descrita en el texto que viene a continuación. El iluminador supo construir un ambiente de discusión, aunque contenida, a partir de los gestos y las miradas de los cuatro personajes. Llama la atención que el momento escogido sea precisamente un movimiento en el que entra en juego el caballo, animal Ãntimamente conectado con la idiosincrasia del pueblo mongol, pieza que sostiene en una de sus manos el jugador sentado en la parte izquierda de la escena.
En este trabajo nos proponemos analizar de manera exhaustiva las figuras de esa iluminación e indagar en los elementos identificativos que las caracterizan, y hacerlo tanto en el marco general del manuscrito como del contexto cultural en el que fue realizado, con el objetivo inicial de responder a una pregunta básica ¿son o no son mongoles â tártaros según la documentación de la época â los personajes aquà representados? En caso afirmativo, podremos reflexionar sobre las implicaciones históricas y culturales de una de las representaciones más tempranas, si no la primera, de los mongoles en el mundo cristiano latino.
2 Indumentaria, tocados y otros elementos distintivos
2.1 La túnica o deel
Comenzaremos por el atuendo. En el Libro de los juegos, la indumentaria sirve como marcador de identidad y recurso visual a la hora de analizar a los personajes tanto reales como imaginarios que pueblan los folios del manuscrito. Encontramos musulmanes, hombres y mujeres, que llevan diversas combinaciones de turbantes, la jubba, o túnica larga, y velos, o algunos ajedrecistas judÃos que llevan el gorro negro puntiagudo4. Pero más allá de la identidad confesional, la vestimenta, junto con ciertos objetos, también diferencia a los personajes del manuscrito en términos de profesión o estatus socioeconómico. AsÃ, en algunas iluminaciones vemos las vestimentas regias adornadas con armiño, y en otras, las sencillas ropas de los monjes o personajes de variada condición. La precisión que encontramos en la cultura textil y material del programa visual del manuscrito sorprende y muestra un amplio conjunto de gentes que provienen de diferentes contextos sociales, religiosos y profesionales; como veremos, también territoriales. Esta minuciosa representación conecta con las coordenadas utilizadas en la iluminación de las Cantigas de Santa MarÃa; en ambas obras hay una clara voluntad de recoger e ilustrar la vida cotidiana, de construir escenas veraces, tal y como han señalado autores como Guerrero Lovillo, Gonzalo Menéndez Pidal, o John Keller y Annette Grant5. En el caso del folio 20v del Libro de los juegos no es diferente. Su atuendo sugiere que los artistas alfonsÃes estaban familiarizados con la vestimenta y las costumbres de los mongoles. Tal y como veremos a lo largo del texto, esta nueva élite podÃa ser fácilmente identificada en las fuentes visuales por sus rasgos, sus tejidos, asà como por ciertos elementos de su cultura material6. Para disponer de las claves interpretativas que nos permitan identificar la presencia de mongoles en una imagen, la primera prenda que deberÃamos mencionar es la túnica o deel. Eiren Shea describe estas peculiares túnicas, a menudo de vivos colores, de la siguiente manera:
Las túnicas generalmente se cerraban a los lados y eran de manga larga, con colores intensos, cinturas ceñidas y faldas acampanadas, prácticas para las actividades ecuestres. A veces se llevaba una túnica de manga corta sobre otra de manga larga. Estas túnicas se combinaban con pantalones, botas, sombreros y, ocasionalmente, abrigos de piel7.
[FIG. 7.2] Un simple repaso por algunas obras de finales del siglo XIII y del siglo XIV revela que esta túnica fue una prenda común, incluso teniendo en cuenta la gran diversidad de costumbres y prácticas cortesanas en todo el mundo mongol. Algunas de las primeras representaciones aúlicas en el espacio mongol como las de los azulejos del friso del palacio Takht-i Sulaymän (el âTrono de Salomónâ)8 en el noroeste de Irán, fechados hacia 1270, ya muestran a sus miembros vistiendo este tipo de túnica con botas altas (MET, 10.9.1). [FIG. 7.3] En el caso de los Ãlbumes Diez, una compilación de más de cuatrocientos fragmentos extraÃdos de numerosos manuscritos, sus iluminaciones atestiguan la misma estética en contextos ilkhanes, jalayirÃes y timúridas9. De especial interés son las imágenes asociadas al JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, o Compendio de crónicas, una historia de los mongoles que el gobernante de los ilkhanes Ghazan (1271â1304) encargó a su visir Rashid al-Din (1247â1318) y que, bajo su sucesor Ãljeitü (1282â1316), se amplió hasta convertirse en una historia universal10. En una de sus imágenes datada en el siglo XIV (Staatsbibliothek zu Berlin, Diez A fol. 70 S. 22) un khan mongol entronizado junto a su consorte viste una túnica cruzada de un púrpura intenso que se abrocha en el costado derecho. Bajo esta prenda se aprecia otra prenda de manga larga que asoma por el dobladillo inferior. Sus botas negras quedan ocultas en el interior de la túnica de doble capa, sin dejar al descubierto la piel, y en la cintura lleva un fino cinturón blanco con un nudo en la parte delantera. Está tocado con un sombrero ornamentado, tal vez de brocado dorado, decorado con dos plumas, un detalle importante como veremos más adelante. A su alrededor hay miembros de la corte, algunos sosteniendo arcos y carcajes, otros conversando, pero todos vestidos de la misma manera: la túnica de dos capas con botas altas de color negro11.



Azulejo de friso con dos cazadores. Probablemente del Takht-i Sulaymän, Iran, segunda mitad del siglo XIII. New York, Metropolitan Museum of Art, Inv. 10.9.1



Iluminación de un khan y su consorte entronizados. RashÄ«d al-DÄ«n, JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, Diez Albums, Irán, [Tabriz], c.1320. Berlin, Staatsbibliothek zu Berlin, Orientabteilung, Diez A f. 70 S. 22
[FIG. 7.4] En un manuscrito tardÃo del JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh (BnF, Supp. Persan 1113, f. 177r, ca. 1430â1434), de nuevo encontramos numerosas figuras de mongoles con este atuendo. Aunque la obra es posterior al Libro de los juegos, recrea en su programa visual la cultura material que su autor, el citado Rashid al-Din habrÃa experimentado en primera persona. En la escena Hülegü (Hüleâü, Hulagu) Khan (ca. 1217â1265), fundador del Ilkhanato persa a mediados del siglo XIII, cabalga bajo palio y viste la túnica de dos prendas, deel, con bordados dorados. De su cinturón pende una larga espada ligeramente curva. Sus acompañantes llevan variantes del deel en diferentes colores. Tan solo el sirviente que va a pie viste la túnica de dos prendas alternando los colores con los del khan en un juego cromático visiblemente intencionado. Excepto la sombrilla sobre Hülegü, hay poco en el atuendo que diferencie a los hombres. Esto coincide con lo que algunos forasteros del siglo XIII, como Xu Ting de la dinastÃa Song, pudieron observar: que los deel y otros aspectos de la indumentaria mongola no distinguÃan fácilmente a las personas de diferentes clases sociales12. Más allá del corte y las tonalidades, algunos deel eran excepcionalmente lujosos, con brocados de hilo metálico, aunque la mayorÃa eran mucho menos ceremoniales y estaban diseñados para el uso al que estaban destinados. En este caso, para montar a caballo.



Iluminación de Hülegü cazando. RashÄ«d al-DÄ«n, JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, c.1430â1434. Paris, Bibliothèque nationale de France, Supplément Persan Ms. 1113, f. 177r
[FIG. 7.5] También merece la pena analizar de forma detallada una iluminación del Gran ShÄhnÄma (Libro de reyes) realizado en Tabriz, ca. 1330 (Smithsonian, Freer Gallery of Art, F1935.23) ya que contribuye a la comprensión de un elemento que también podemos apreciar en las túnicas de nuestros ajedrecistas: las finas mangas tubulares que caen desde los hombros y que se recogen en los cinturones. Menéndez Pidal ya habÃa señalado este detalle en relación con los atuendos bizantinos, rasgo que según él se habrÃa perpetuado después en la indumentaria turca13. En la escena del Gran ShÄhnÄma Alejandro Magno, montado en su caballo blanco, se aproxima al árbol parlante, cuyas ramas están salpicadas de cabezas humanas y de animales que miran al gran gobernante profetizando su muerte14. Alejandro está espléndidamente ataviado, con botas negras que asoman bajo una túnica cruzada de color naranja y un abrigo rojo brocado con remates de piel, cuyas mangas cuelgan a ambos lados. Los trajes de los mongoles del Libro de los juegos parecen recoger de manera simplificada ese mismo detalle, si bien adaptado a modelos occidentalizados como los que encontramos en la representación de los trajes de los juglares en el mismo manuscrito (f. 52v), por lo que todo apunta a que no se estaba copiando una imagen sino recogiendo alguna referencia verbal.



Iluminación de Alejandro Magno (Iskander) y el árbol parlante. FirdawsÄ«, ShÄhnÄma, Tabriz, c.1330â36. Washington, DC, Freer Gallery of Art, F1935.23, verso
Al comparar estas imágenes de manuscritos mongoles con la del folio 20v del manuscrito alfonsÃ, aunque sean de procedencias y cronologÃas dispares, las similitudes son evidentes. Los personajes del Libro de los juegos visten con ricos deel de tonalidades rojas y azules según el modelo que acabamos de describir, en el que una túnica de manga corta se coloca sobre otra de manga larga. Se aprecian finos cinturones que entallan las prendas. El jugador situado en pie en el lado izquierdo se apoya en una espada curva con empuñadura dorada y hoja oscura, evocadora del arma que Hülegü portaba en la escena anterior. El calzado de los ajedrecistas no es del todo visible, pero se intuye la presencia de unas botas negras. Ningún personaje en el manuscrito está vestido de manera similar, lo que indica que la indumentaria en esta escena es un elemento personalizado que el iluminador alfonsà asoció de manera especÃfica con estos jugadores. Además, por lo que hemos visto se trata de una representación bastante precisa si se compara con la vestimenta mongola coetánea, lo que sugiere que los artistas del manuscrito o tuvieron acceso a representaciones visuales de mongoles a su disposición, algo difÃcil de probar por el momento, o recibieron indicaciones precisas de cómo llevar a cabo las prendas, tal vez incluso pudieron observar personalmente los detalles, cuestión que analizaremos más adelante.
Tal y como hemos podido apreciar, la indumentaria es una pieza fundamental para la distinción de nuestros jugadores como mongoles, un aspecto que hasta el momento habÃa pasado inadvertido. Hasta ahora, y siempre a partir del trabajo de Menéndez Pidal, tan solo se habÃa señalado el tocado como prueba clave de su identificación, si bien no se habÃa estudiado. Es preciso aclarar que hablar del tocado mongol de manera genérica no tiene validez. De hecho, cuando se trata de tocados masculinos, sólo en las regiones del Ilkhanato o en los territorios de la Horda Dorada el repertorio visual del siglo XIV revela un asombroso número de sombreros adaptados a determinados fines, como las campañas militares, la caza o la asistencia a la corte15. En resumen, no hay un solo tipo de âtocado mongolâ. Por lo que respecta al singular tocado que portan los mongoles en nuestra imagen, ni se habÃa estudiado de manera pormenorizada ni se habÃan establecido paralelos con obras coetáneas o posteriores al Libro de los juegos, y es que de todos los detalles de la iluminación del folio 20v, los extraños tocados probablemente sean los elementos más inusuales y complicados de analizar16.
2.2 Tocados emplumados
En la iluminación alfonsà los tocados se ajustan a la cabeza con solapas de tela blanca que se recogen en la nuca pasando detrás de las orejas y dejando ver parcialmente mechones de pelo en los laterales del cuello y un flequillo corto, con un corte similar a los de algunas de las imágenes ilkhanes que ya hemos comentado. El detalle más llamativo es sin duda el de las cabezas de pájaros, de plumaje pardo, con ojos y picos curvos. El ajedrecista sentado en el lado izquierdo del tablero lleva el sombrero más llamativo por sus penetrantes ojos rojos y sus plumas especialmente definidas. Aunque es difÃcil afirmar de qué especie se trata a partir de una representación tan esquemática, si nos basamos en lo que se podÃa conocer de la cultura mongola en tiempos de Alfonso X, es posible sugerir que se trate de los búhos totémicos de su tradición17.
Al igual que los deel, los tocados con plumas de búho formaban parte de la identidad del pueblo mongol en el imaginario del entorno islámico y cristiano del Mediterráneo. En algunos de los fragmentos más antiguos recogidos en los Ãlbumes Diez y el llamado Primer pequeño ShÄhnÄma, los tocados de las élites, de gran variedad, se representan adornados con penachos de diferentes aves, frecuentemente de búho18. [FIG. 7.6] En el Primer pequeño ShÄhnÄma (MET, 34.24.1, ca. 1300â1330), encontramos una escena especialmente apropiada para nuestro análisis; en ella podemos observar al sabio consejero del emperador sasánida Khusraw I, Buzurgmihr, jugando al ajedrez. A la partida asisten miembros de las élites, vestidos con diferentes tipos de deel y de tocados; curiosamente a ambos lados de la escena podemos observar algunos personajes que portan arcos en sus manos, soldados, que lucen en sus sombreros penachos de plumas.



Iluminación de Buzurgmihr jugando al ajedrez. FirdawsÄ«, ShÄhnÄma, Primer pequeño ShÄhnÄma, Irán o Irak, ca. 1300â30. New York, Metropolitan Museum of Art, Inv. 34.24.1
[FIG. 7.7] En otra imagen de los Ãlbumes Diez (SB, Diez A fol. 71, S. 56), un gobernante a lomos de un elefante avanza entre otros nobles, todos con sus deel y sus tocados engalanados con plumas de búho y de otros pájaros19. [FIG. 7.8] Una de las escenas en los Ãlbumes Diez nos muestra una ceremonia en la que todos los participantes, excepto dos que visten un turbante, llevan tocados emplumados cuidadosamente elaborados; ceñidos a la cabeza muestran voluminosas plumas de búho y una solapa de tela roja que cubre la nuca y deja ver ostensivamente las orejas y mechones de pelo en los laterales (SB, Diez A fol. 71, S. 57).



Iluminación de un jinete sobre un elefante. Rashid al-Din, JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, Irán, [Tabriz], primera mitad del siglo XIV. Berlin, Staatsbibliothek zu Berlin, Orientabteilung, Diez A fol. 71, S. 56



Iluminación de una ceremonia mongol. RashÄ«d al-DÄ«n, JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, primera mitad del siglo XIV [?]. Berlin, Staatsbibliothek zu Berlin, Orientabteilung, Diez A fol. 71, S. 57
[FIG. 7.9] Otros fragmentos de los Ãlbumes Diez muestran a los gobernantes junto a sus consortes femeninas llevando gorros exquisitamente emplumados, y algunos cuentan con una corta solapa de tela roja que cubre el cuello y el pelo en la espalda (Staatsbibliothek zu Berlin, Diez A fol. 71, S. 63, Nr. 6)20. En la iluminación de Hülegü que hemos mencionado previamente, salvo el sirviente a pie y los dos jinetes que cierran la composición, el resto de los personajes llevan tocados decorados con penachos. [FIG. 7.10] De hecho, en otra iluminación del mismo manuscrito vemos como el tocado emplumado del khan es el centro de atención, asume la identidad del soberano colocado sobre un cojÃn mientras los acompañantes lloran su muerte (BnF, Supp. Persan 1113, f. 192r)21. A mediados del siglo XV, en otro manuscrito persa (BnF, Supp. Persan 1443, f. 222v), de nuevo vemos al heredero de Hülegü, Abaqa Khan (1234â1282), y a todos sus cortesanos, ataviados con el mismo tocado emplumado en su entronización22. Durante más de un siglo, este tocado con plumas de búho distinguió a las élites mongolas de otros grupos de poder.



Iluminación de un soberano y su consorte. Rashid al-Din, JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, Irán [Tabriz], primera mitad del siglo XIV. Berlin, Staatsbibliothek zu Berlin, Orientabteilung, Diez A fol. 71, S. 63, Nr. 6



Iluminación del tocado emplumado del khan fallecido (detalle). Rashid al-Din, JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, c.1430â1434. Paris, Bibliothèque nationale de France, Supp. Pers. Ms. 1113, f. 192r
El uso de plumas de búho remite a una importante historia sobre Chinggis Khan (ca. 1162â27). Haitón de Córico, de origen armenio, en su obra La flor des estoires de la terre dâOrient (ca. 1307), capÃtulo 16, recoge la siguiente historia: Chinggis Khan, perseguido de cerca por sus enemigos y creyendo que todo estaba perdido, se escondió en un arbusto. Un pájaro [oisel], que el texto identifica como un búho, [en francés antiguo duc], se posó casualmente sobre el arbusto, de modo que cuando sus enemigos pasaron cerca no se pararon, considerando que el ave no se habrÃa posado cerca de una persona. Agradecido por haberle salvado de una muerte segura, Chinggis Khan relató la milagrosa historia a su gente al regresar a su hogar. En honor de este suceso a partir de entonces los mongoles llevarÃan una pluma de búho en la cabeza y venerarÃan a esta escurridiza ave de presa23. No obstante, existÃan ciertas normas sobre quién podÃa llevar determinadas plumas, incluidas las de búho. A veces la única demarcación visible del khan en la pintura islámica es el número de plumas largas de su sombrero, generalmente de águila o aves exóticas, que se mezclan con los anchos penachos de búho24. De nuevo el citado Rashid al-Din corrobora el acceso restringido a las plumas cuando critica el comportamiento delictivo de los halconeros del ilkhán. Robaban sombreros con plumas de búho a quienes encontraban, normalmente golpeando a los individuos, y afirmaban que âit is not legal for just anyone to sew owl feathers on his hatâ25.
[FIG. 7.11] Sin embargo, los tocados descritos en estos pasajes y representados en imágenes tienen un aspecto notablemente diferente al de los que portan los jugadores del Libro de los juegos. Aunque los artistas alfonsÃes representaron aspectos generales de los sombreros mongoles, como la inclusión de plumas de búho y la solapa protectora de tela sobre el cuello26, no hemos encontrado ninguna imagen de este periodo o de periodos posteriores en la que una cabeza de ave aparentemente decapitada adorne el sombrero mongol. Tal vez el ejemplo más cercano que parece evocar la representación de los ojos de las aves lo encontramos en los álbumes Diez en algunas escenas del ShÄhnÄma, especialmente visible en el folio en el que Sohrab busca a su padre Rustam (SB, Diez A f. 71, S. 7, Nr. 3). En ella, los cascos que portan los soldados muestran en el frente dos cÃrculos blancos que parecen imitar dos ojos, si bien el plumaje no puede distinguirse con nitidez.



Iluminación de Sohrab buscando a su padre Rustam. FirdawsÄ«, ShÄhnÄma, último tercio siglo XIII. Berlin, Staatsbibliothek zu Berlin, Orientabteilung, Diez A fol. 71, S. 7 Nr. 3
Otras fuentes nos proporcionan datos adicionales sobre el uso de las plumas de búho. Ricoldo de Montecroce, embajador ante el ilkhán Arghun (1258â1291), describe los sombreros de búho de la siguiente manera: los mongoles âordenaron, por tanto, que los más honorables y nobles de los tártaros llevaran la pluma [de búho], y [la llevaran] como una corona de piel de búho [pelle bubonis] sobre el peloâ27. Esta referencia a una âpiel de búhoâ parece encajar mejor con descripciones de tocados que se encuentran entre las culturas mongolas descendientes, como los chamanes de los Teleut, que llevan gorros de piel de búho marrón, a veces repletos de la propia cabeza del ave28.
Como hemos visto, las fuentes medievales conservadas, tanto textuales como visuales, revelan una amplia casuÃstica en la manera de utilizar las plumas en los tocados, y muestran su uso sistemático por parte de las élites y los miembros de la corte. Analizada esta información, no podemos afirmar que los extravagantes tocados utilizados en el Libro de los juegos respondan a una prenda real, pero tampoco descartarlo; o también podrÃamos pensar que el iluminador hubiera codificado visualmente una información verbal haciendo uso de una excepcional creatividad. Lo que sà podemos constatar es que los iluminadores alfonsÃes eran partÃcipes del diálogo visual que observamos en los testimonios mongoles de finales del siglo XIII e inicios del XIV.
[FIG. 7.12] Las representaciones de mongoles en el arte cristiano de principios del siglo XIV también incluyen sombreros con penachos de diversos estilos que como hemos visto fueron utilizados como marcadores de identidad de personajes mongoles en todas las tradiciones religiosas. En el fresco del Martirio dei francescani de Ambrogio Lorenzetti en la iglesia de San Francisco de Siena, ca. 1340, hay una escena crucial en la que un khan entronizado contempla la decapitación de los mártires franciscanos. La acción es presenciada por una multitud en la que se aprecian dos mongoles con sombreros emplumados, ambos con ojos rasgados, bigote y perilla, el del lado derecho de la composición vistiendo el caracterÃstico deel29. En numerosos trabajos se ha señalado la relativa exactitud de la pintura de Lorenzetti, y se ha sugerido que la conciencia cultural que muestra en la representación de la vestimenta de los mongoles revela un contacto visual bien a través de la recepción de manuscritos mongoles en el entorno italiano o a través de la importación de tejidos mongoles, incluso la contemplación directa de tal atuendo30. Independientemente de si Lorenzetti se inspiró en piezas foráneas, en la moda o incluso tuvo la experiencia de observar a algún mongol31, su representación en esta obra asà como la de sus homólogos en el Libro de los juegos atestigua el reconocimiento temprano de su cultura en la cristiandad latina32.



Ambrogio Lorenzetti, Martirio dei franciscani, ca. 1330â40. Siena, iglesia de San Francesco
[FIG. 7.13] Muy lejos de Siena, en el Monte Athos, hay un fresco bizantino en el katholikon del monasterio de Vitopedi fechado en 1312 en el que de nuevo aparecen mongoles con sombreros emplumados33. En la pintura se representa el tema de la escalera de las virtudes, basado en la obra La escalera de la ascensión divina escrita por Juan ClÃmacos hacia el año 60034. La escalera y los que la ascienden enmarcan uno de los lados del fresco, mientras que en el centro de la composición una serie de hombres vestidos de forma diversa están sentados a la mesa, discutiendo, comiendo y bebiendo vino. Entre los asistentes a este banquete hay dos mongoles, fácilmente identificables por sus rasgos faciales â el bigote fino y la perilla de doble punta â y visten túnicas que recuerdan al deel. Uno de los asistentes sostiene un ave de presa en la mano, lo que podrÃa indicar tanto su elevado estatus como un pasatiempo convencional en su sociedad. Ambos llevan elaborados sombreros de plumas densamente pobladas, con un penacho mucho más largo que sobresale del centro. Aunque este fresco difiere notablemente del manuscrito alfonsÃ, sin embargo, muchos de los ingredientes básicos que aparecen en el Libro de los juegos también están aquÃ: las túnicas de doble capa, los sombreros de plumas y el caracterÃstico vello facial. Tal y como hemos visto estos rasgos eran representativos de una identidad artÃstica floreciente, que aparecÃa tanto en contextos islámicos como cristianos.



Fresco con la escalera del divino ascenso, 1312. Monte Athos, exonartex del katholikon del monasterio de Vatopedi
2.3 Los panni tartarici
[FIG. 7.14] Aunque algunos habitantes del Mediterráneo occidental nunca conocieran a un mongol en la vida real, la activa diplomacia de la segunda mitad del siglo XIII y principios del XIV, hizo posible que al menos los miembros de estas comunidades de perfil cosmopolita pudieran tener encuentros indirectos con los mongoles a través de numerosas formas de interacción cultural y social. De hecho, aunque hasta ahora nos hemos centrado en los manuscritos iluminados y la pintura mural como vehÃculos principales de transmisión y de manifestación de la cultura mongola, se podrÃa trazar una historia de encuentro similar a través de los textiles. Los tejidos mongoles, llamados panni tartarici, dras de tartais o simplemente tartaires en las fuentes latinas35, viajaron por todo el Mediterráneo; un producto que fascinaba tanto al consumidor musulmán como al cristiano. Se trataba de tejidos de seda de excelente calidad con hilos y estampados de oro con repertorios hÃbridos que combinaban motivos orientales e islámicos. Podemos apreciar la aparición de ricos tejidos mongoles en representaciones figurativas, asà como en ajuares funerarios de nobles y miembros de la realeza en diversos espacios religiosos36. La élite militar de los mamelucos vestÃa al-aqbiya al-tatariyya, o âabrigos tártarosâ37 y el deseo por el lujoso tejido nasÄ«j, que relucÃa con hilos de oro o plata según el relato de Marco Polo tras su estancia en las tierras del gran khan, hizo que se convirtiera en un preciado bien de importación38. Los panni tartarici también se convirtieron en un producto muy demandado en el Oeste latino ya desde la segunda mitad del siglo XIII. El puerto de Acre se convirtió en un lugar clave para su comercialización y su traslado a otros puntos de venta como Venecia o Génova. A principios del siglo XIV circulaban por varios territorios del Occidente europeo, prueba de ello es que en 1302 el rey Eduardo I de Inglaterra estableció una tasa por su venta39. El nieto de Alfonso X, Alfonso de la Cerda (m. 1335), fue enterrado con un tejido de producción ilkhán, probablemente realizado en la ciudad de Tabriz, aunque por el tipo de decoración que muestra se considera que fue diseñado para el mercado mameluco40 (Burgos, colección de Telas Medievales de Patrimonio Nacional, monasterio de Santa MarÃa la Real de las Huelgas, inv. 0065381941, anterior a 1333). Los panni tartarici también se integraron en las imágenes de poder del clero y las autoridades papales, asà como en piezas relicario. El inventario papal realizado en 1295 asà como los de importantes eclesiásticos en Nápoles, Lucca o Aviñón incluyen tejidos tártaros42. La dalmática del papa Benedicto XI (1303â1304), conservada en el Museo Beato Benedetto XII recientemente abierto al público en Perugia, muestra ricos tejidos metálicos que han sido identificados como panni tartarici, probablemente también de origen ilkhán43. Las mangas de la llamada dalmática del terno de san Valero conservada en el Museo del Disseny de Barcelona también son una muestra de la llegada de los textiles mongoles a los reinos hispánicos a finales del siglo XIII. Huelga decir que en esas fechas el estilo mongol era cada vez más conocido y sus atuendos y tejidos actuaban como identificadores de los grupos de poder que se diferenciaban por el uso de productos sofisticados, al tiempo que contribuÃan a distinguir a los propios mongoles de otros pueblos en las representaciones visuales.



Fragmento de forro del ataúd de Alfonso de la Cerda, anterior a 1333. Colección de Telas Medievales, monasterio de Santa MarÃa la Real de las Huelgas de Burgos, Inv. 00653819
Todas estas interacciones â tanto reales como imaginarias â entre los mongoles y Occidente quedaron encapsuladas visualmente en la producción artÃstica del momento. La incorporación de los mongoles en el programa icónico del Libro de los juegos era sin duda un elemento particularmente útil a la hora de construir la imagen de una corte diversa, una corte que ampliaba sus horizontes culturales y vitales más allá de los confines de Sevilla y Castilla44. En este diálogo intercultural, el Libro de los juegos supuso uno de los primeros testimonios de cómo una corte cristiana occidental recibió, interpretó y utilizó lo que sabÃa de las tradiciones de los mongoles en su propio proyecto polÃtico y artÃstico. Numerosos estudios realizados desde la perspectiva de la historia de los mongoles han destacado que su representación en el arte occidental, particularmente en la pintura del trecento, es un indicador del alcance y la influencia de su imperio en la baja Edad Media45. En el caso del Libro de los juegos no lo es menos, ya que la precisión de la escena representada en el folio 20v evidencia el impacto que los mongoles tuvieron en la construcción del imaginario alfonsÃ.
3 SÃ, son mongoles
Con estas referencias consideramos que estamos en disposición de responder con total convicción a la pregunta formulada al inicio de este texto: sÃ, son mongoles (tártaros). Ahora bien, esta afirmación activa nuevas preguntas que hacen de esta representación una fuente de información aún más compleja. En primer lugar nos preguntamos a qué modelos podrÃa responder una imagen de carácter veraz como la que estamos analizando, si los iluminadores copiaron otras fuentes visuales, si se hicieron eco de relatos y fuentes orales que pudieran circular en el entorno castellano, o incluso nos podrÃamos preguntar si el conocimiento directo de sus atuendos y atributos pudiera tener relación con la presencia de mongoles en la penÃnsula, incluso con una visualización directa de los sujetos representados por parte de quien ejecutó la imagen.
3.1 Fuentes visuales
Por lo que respecta al conocimiento de otras fuentes visuales, más allá de los dos embajadores mongoles representados en uno de los capiteles del claustro de Santa MarÃa de Ripoll, de cronologÃa incierta, y que difieren de manera notable de nuestros jugadores, hasta el momento no hemos podido localizar ninguna representación figurativa de cronologÃa similar que pudiera encontrarse en la penÃnsula. Algunos autores han afirmado que los iluminadores del Libro de los juegos se pudieron inspirar en tratados de ajedrez islámicos46, sin embargo, no hemos conservado ningún tratado ajedrecÃstico islámico con repertorio figurativo ni tenemos indicios de que hubieran existido, por lo tanto, deberÃamos desechar esa hipótesis como posible canal para la recepción de representaciones de personajes de estas caracterÃsticas. Desconocemos si algún manuscrito mongol pudo haber llegado a la corte castellana. Contamos con un número significativo de manuscritos mongoles que pueden ser datados a finales del siglo XIII, por lo tanto, posteriores al Libro de los juegos, aunque también podemos incluir algunos de cronologÃa coetánea al reinado de Alfonso X. Entre ellos el KitÄb á¹£uwar al-kawÄkib al-thÄbita (BL, Ms. Or 5323)47 de origen incierto, realizado antes de 1280, que por sus caracterÃsticas formales se ha vinculado con el arte del Ilkhanato. No obstante, en ninguna de estas obras podemos encontrar paralelos claros con nuestra imagen más allá de las conexiones en la representación de los rasgos faciales y la indumentaria, que por otra parte son elementos significativos. También podrÃamos pensar que el artÃfice de la imagen pudiera haber contemplado una representación similar en otro lugar y estuviera familiarizado con esos elementos diferenciales, pero el repertorio visual disponible en una cronologÃa tan temprana es muy exiguo para poder determinar este canal como una vÃa de difusión plausible.
Entre las representaciones de mongoles previas a la realización del Libro de los juegos, no contamos con un amplio repertorio de imágenes, al menos que conozcamos en este momento, y se inscriben entre la zona oriental del Mediterráneo e Irán. Entre ellas destacan la EpifanÃa del monasterio de Santa Catalina del Sinaà que se ha datado en 1260, de la que hablaremos más adelante, un relieve de un caballero mongol en la iglesia de la Santa Cruz de Akdamar, siglo XIII, o los citados azulejos con representaciones figurativas del Takht-i Sulaymän. En este repertorio no encontramos figuras de caracterÃsticas similares a nuestros jugadores más allá de lo ya comentado.
3.2 Viajes, embajadas y canales de intercambio cultural
Entre los posibles canales de recepción de información y de fuentes, orales, textuales y visuales, podemos estimar que las numerosas embajadas e intercambios establecidos entre los reinos occidentales y los mongoles, contribuyeron con toda probabilidad a la construcción de un estereotipo fundamentado en sus rasgos faciales, su atuendo y sus principales atributos. Como señalaba hace algunos años Benjamin Liu48, para el Occidente latino los mongoles asumieron diferentes roles, eran paganos peligrosos, objeto por lo tanto de misiones evangelizadoras, incluso fueron presentados como terribles canÃbales y sÃmbolo de la llegada del Apocalipsis, pero también se perfilaron como aliados contra los musulmanes y adquirieron una dimensión positiva49. Sin duda, como planteó Carlos de Ayala, junto al temor frente a un nuevo enemigo, también despertó âla posibilidad de realizar intercambios diplomáticos siempre enriquecedores cultural y económicamenteâ50.
De hecho, entre las representaciones más tempranas en las que aparece un mongol contamos con la citada escena de la EpifanÃa del monasterio de Santa Catalina del SinaÃ, datada en 1260, en la que uno de los tres Reyes Magos, según Weitzmann âwith a drooping mustache, sparse beard, slit eyes, and strange headgear is obviously a Mongolâ51. Weitzmann propuso su identificación con el general Kitbuqa, cristiano nestoriano encargado de liderar las tropas ilkhanes en el sitio de Bagdad en 1258, por lo que la imagen habrÃa sido diseñada como una visualización de los acercamientos diplomáticos que se estaban produciendo entre gobernantes cristianos y soberanos mongoles en una oposición unificada contra el mundo islámico. Es importante recordar que en una fecha tan temprana como 1245 el papa Inocencio IV habÃa enviado las primeras embajadas oficiales al gran khan de los mongoles, la más conocida la de Juan de Pian del Carpine.
El 10 de abril de 1262 Hülegü se dirigÃa al rey Luis IX de Francia a través de una misiva escrita en latÃn desde Maragha, aunque este no era el primer contacto del monarca francés con los tártaros52. En esa carta el ilkhán se presentaba como destructor de los musulmanes y amigo de la cristiandad, e instaba al monarca francés a que se uniera a una gran ofensiva contra el sultanato mameluco egipcio con la promesa de la conquista de Jerusalén53. En la Chronica minor auctore Minorita Erphordensi escrita en 1265 se recoge la llegada a ParÃs de veinticuatro nobles tártaros junto a dos monjes dominicos (predicatorum) que ejercÃan como intérpretes, episodio que sin duda debió impactar a quienes tuvieran la oportunidad de observar esa singular comitiva54. Esa fascinación se mantuvo durante años, como se intuye por la narración del autor del Chronicon Parmense al relatar que contempló con sus propios ojos a los emisarios tártaros pasando por su ciudad con regalos para el rey de Francia55. Hubo intercambios diplomáticos con otros territorios, incluidos los reinos hispánicos, en los que una posible alianza con los mongoles para hacer frente a los musulmanes podrÃa adquirir incluso una mayor significación.
En el Llibre dels fets56 se recoge la carta que Jaume Alaric envió a Jaime I en 1268 mientras este se encontraba en Toledo con su yerno, Alfonso X; en la misiva le confirmaba que habÃa regresado a Valencia con dos tártaros âhonrats hòmensâ, por lo tanto contamos con una referencia clara de su presencia en la penÃnsula y una valoración positiva57. Curiosamente en el relato de este episodio recogido en el Llibre dels fets, Alfonso X, aunque reconociendo la relevancia del acontecimiento, âtenc la cosa per granâ, habrÃa reaccionado frente a esta noticia con cierta desconfianza, lo que más bien parece una estrategia narrativa del cronista para reforzar la audaz postura de su suegro. Abaqa consideró al rey aragonés una pieza importante en su estrategia contra los mamelucos, y asà se lo manifestó al papa Clemente IV en una de sus cartas58.
Esas relaciones se mantuvieron activas durante años, también con el rey Pedro III. Especialmente interesante resulta el documento del 16 de febrero de 1277 en la que el rey envió a Bernat Riquer a Montpellier para que le hicieran entrega de las cartas y los artefactos, âingeniisâ, que le habÃa enviado el âMagni Canis domini Tartarorumâ. El envÃo se debÃa haber entregado previamente, pero el embajador, del que desconocemos su nombre, habÃa fallecido en la ciudad de Génova. Otro mensajero habÃa proseguido el viaje, pero fue posteriormente retenido en Montpellier, de ahà la solicitud del monarca59. Además de la vertiente novelesca del episodio, resulta de especial interés la mención a los objetos, esos ingenios60 que reclama el rey y que amplÃan aún más los intercambios que pudieron tener lugar entre ambos espacios culturales.
En el caso de la corona de Castilla contamos con algunos indicios a principios de la década de 1260, si bien desprovistos de soporte documental, y algunas referencias posteriores como veremos de gran interés. Juan Vernet61 planteó que, en la citada embajada que el sultán Baybars de Egipto habÃa enviado a Sevilla en 1261 y que aparece recogida en la Crónica de Alfonso X62, entre los presentes ofrecidos, además de animales y ricos tejidos, también hubieran llegado prisioneros tártaros. No contamos con ninguna referencia documental que lo sustente, pero los prisioneros sà aparecen citados expresamente por al-Ê¿Ayni en relación con la embajada enviada por Baybars a Manfredo de Sicilia en las mismas fechas, âvarios tártaros hechos prisioneros en la batalla de Ain Jalut, con sus monturas y pertrechos, y algunas jirafasâ63. MartÃnez Montávez64 en su ya clásico estudio se preguntaba si la embajada siciliana no se habrÃa prolongado hasta Sevilla, lo que ayudarÃa a entender la ausencia de información de esta embajada mameluca a Castilla en las fuentes islámicas65. Si eso fuera asÃ, dado que a Sevilla llegó, tal y como recoge la Crónica, una de esas jirafas, se podrÃa considerar que también podrÃan haber llegado alguno de esos prisioneros tártaros, lo que situarÃa su presencia en la ciudad en fechas tempranas. No obstante, aunque plausible, a falta de información adicional, se trata únicamente de una conjetura.
Más allá de esta hipótesis, uno de los datos más significativos para documentar el conocimiento directo de los mongoles en la corona de Castilla es el de la embajada en la que Bonamic Zavila, escribano y persona cercana a Alfonso, asumió el papel de embajador frente al khan de los tártaros, entendemos que al ilkhán, en ese momento Abaqa. Sabemos que Bonamic viajó junto a un miembro de la corte inglesa, Henricum Barleti, episodio que el propio Alfonso X trasladó por escrito en enero de 1278 a su cuñado Eduardo I de Inglaterra66. Desconocemos cuándo se produjo este viaje, tan solo que sucedió con anterioridad a 127867. PodrÃamos pensar que el propio Bonamic, figura cercana al rey, escribano, pudiera haber sido el nexo que proporcionara información certera para una representación fidedigna como la que nos encontramos en el Libro de los juegos.
En esta secuencia documental vinculada al mundo de las embajadas y a las estrategias polÃticas hemos encontrado una pieza informativa de gran interés, aunque especialmente enrevesada. Tiene que ver con una aparente estrategia polÃtica de alianzas matrimoniales con soberanos mongoles que implicaba tanto a la corona de Castilla como a la de Aragón. En los Annales Placentini Ghibellini, una crónica de la segunda mitad del siglo XIII68, se mencionan algunos de los movimientos diplomáticos de Alfonso X y de Jaime I. El cronista recoge que, en 1270, Jaime I estaba dispuesto a cruzar el Mediterráneo para ofrecer a su hija en matrimonio al rey de los tártaros âinimicus Saracenorumâ, sin proporcionar más información al respecto69.
Poco tiempo después, en 1271, Alfonso X, en una operación múltiple con la que pretendÃa tejer alianzas contra Carlos de Anjou, organizó varios enlaces de sus hijas con señores del ámbito lombardo que le habÃan jurado fidelidad, otro con un hijo del emperador bizantino Miguel Paleólogo, asà como el casamiento de su hijo Juan con la hija del marqués de Montferrato, ceremonia que sà llegó a buen puerto; en esta operación también contempló ofrecer en matrimonio a una de sus hijas (natural según aclara el texto) al âimperatore Tartarorumâ; este movimiento imitaba en cierta medida los pasos del emperador bizantino que años antes habÃa ofrecido la mano de su hija MarÃa a Hülegü, aunque debido a su muerte desposó a su hijo y sucesor Abaqa70. La gran diferencia en este caso venÃa marcada por la naturaleza de la alianza, ya que Alfonso no perseguÃa enfrentarse a los musulmanes, sino hacer frente al rey de HungrÃa, enemigo común de los mongoles y Castilla71. Tal y como ha destacado Ciocchetti72 esta alianza tenÃa unas implicaciones diferentes ya que en este caso los mongoles quedaban incorporados al tablero polÃtico europeo cristiano. La propuesta no llegó a cristalizar, pero es una muestra más de las profundas conexiones establecidas entre los mongoles y el Occidente cristiano y contribuye a insertarlos en el escenario polÃtico del momento como un agente estable y no como una presencia anecdótica y esporádica.
Curiosamente en la llamada Historia hasta 1288 dialogada, crónica probablemente redactada en Sevilla a finales del siglo XIII, principios del siglo XIV73, se recupera información vinculada a esos pactos de enlaces matrimoniales en los que habrÃa participado Castilla. Según la Historia hasta 1288 Alfonso X habrÃa ofrecido en matrimonio a su hija Berenguela, lo que difiere de la crónica italiana, al gran khan (sin especificar más datos); según esta fuente la operación no se habrÃa llevado a cabo al haberse negado la infanta74. Más allá del tono irónico del relato y la posible búsqueda de desprestigio hacia Alfonso X que parece subyacer en el texto75, el episodio revela que la estrecha conexión establecida entre la corte alfonsà y los mongoles pervivió en el imaginario de la corte mucho tiempo después.
3.3 VÃas de intercambio cientÃfico
Además de las conexiones diplomáticas y polÃticas no debemos olvidar otros posibles contactos entre ambos escenarios, si bien condicionados a su vez por las relaciones entre ambas cortes. De hecho, existen indicios suficientes para plantear la vinculación de la corte castellana con el observatorio astronómico de Maragha. En el citado trabajo de Juan Vernet, el autor llamó la atención sobre la posible conexión entre Nasir alâDin Tusi, astrónomo acogido al mecenazgo de Hülegü en Maragha76 y que previamente habÃa trabajado al servicio de los ismailÃes, y un astrónomo que habrÃa hecho llamar Alfonso X en 126177. No obstante, la referencia de Vernet a un âgran astrólogo que auia en egiptoâ deberÃamos ponerla entre múltiples interrogaciones ya que procede de un comentario realizado por Diego Ortiz de Zúñiga, quien a su vez se refiere al Libro del candado, una obra espuria que no salió del taller alfonsÃ78. Sin embargo, sà contamos con referencias documentales de la llegada a Sevilla de sabios venidos de âallendeâ en esas mismas fechas, por lo que la llegada de cientÃficos de diferentes procedencias resulta un hecho probado79. Vernet además se preguntaba si alguno de los citados prisioneros tártaros, otra cuestión que como ya hemos visto debemos poner entre interrogantes, habrÃan servido como canal de transmisión de información sobre las tablas astronómicas de los ilkhanes, estableciendo una conexión directa entre las Tablas alfonsÃes80, cuyas observaciones se realizaron entre 1263 y 1272 en Toledo, y el ZÄ«j-i ĪlkhÄnÄ«, las tablas astronómicas realizadas en Maragha entre 1259 y 127281. Sin duda el interés de los gobernantes mongoles por los estudios astronómico-astrológicos pudo ser un estÃmulo adicional para Alfonso X en su acercamiento polÃtico a los ilkhanes, asà como en el desarrollo de su propio interés hacia estas materias.
En este canal de posibles conexiones cientÃficas Vernet añadió otra interesante reflexión, la de conectar la embajada enviada por Alfonso X âal señor de las fortalezas de los ismailÃesâ en 1265 con la preparación para la observación de varios eclipses82. De hecho, entre los astrónomos vinculados al observatorio de Maragha identificó a Muhyi al-Magribi al-Andalusi, quien habrÃa trabajado a las órdenes del ya citado Nasir alâDin Tusi. Si bien hemos visto que algunos datos históricos utilizados por Vernet para argumentar la conexión entre la corte castellana y la ilkhánida son cuestionables, lo cierto es que sus intuiciones y relaciones cientÃficas son sólidas y abrieron el camino a nuevos trabajos en los que tanto Julio Samsó83 como Mercè Comes84 ampliaron la red de conexiones que pueden ser constatadas en los trabajos astronómicos de ambos territorios. Por lo tanto, el canal de conexión entre al-Ãndalus y Maragha se postula como una vÃa adicional de circulación de obras y referencias directas a los mongoles que pudieran haber contribuido al conocimiento de su apariencia y atributos diferenciales.
4 A modo de conclusión
Una vez confirmada su identidad y valoradas posibles vÃas de asimilación de sus principales atributos, podemos decir que contamos con suficientes referencias para considerar que nuestra imagen probablemente responda a la codificación visual de una descripción, textual u oral, de sus principales atributos, incluso de su visualización, y no a fuentes pictóricas intermedias85.
Pero además, cabe formular una nueva pregunta, tal vez la más relevante ¿por qué aparecen los mongoles en esta selección del tratado del ajedrez en el Libro de los juegos? Tal y como recogen las fuentes castellanas y aragonesas, asà como otras referencias de los principales territorios del Occidente cristiano, los mongoles, o tártaros, representaban una élite polÃtica, cultural y cientÃfica. No es extraño por lo tanto que hubiera una intencionalidad clara en exhibir el contacto establecido con este pueblo y su conocimiento directo, de hecho, suponÃa un aspecto positivo del que sentirse orgulloso, por lo que resulta evidente la voluntad de incorporarlos en el mapa de la élite cultural recogida en el manuscrito. Para un monarca que habÃa aspirado al tÃtulo de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y que, incluso después de ver frustrado ese deseo, continuó presentándose como emperador en el marco del Mediterráneo occidental, articular su poder en este contexto cosmopolita y evidenciar su conocimiento sobre la diversidad de los pueblos presentes en su mundo resultaba una estrategia polÃtica eficaz.
La incorporación de los mongoles en este manuscrito contribuÃa de manera firme a la apertura simbólica de la corte alfonsà y a su ubicación en un espacio interconectado que trascendÃa los muros de la ciudad de Sevilla. Tiempo después de que los mongoles remodelaran el tablero geopolÃtico en tres continentes, un manuscrito realizado a instancias de Alfonso X poco antes de morir incluÃa entre sus jugadores distinguidos una curiosa escena que desafÃa y revitaliza la discusión sobre las conexiones que el rey Sabio, los intelectuales de su corte y sus súbditos mantuvieron con el mundo mongol, concretamente con el Ilkhanato persa y la Horda Dorada. La iluminación del folio 20v no sólo aporta información a la comprensión del mundo cosmopolita y sofisticado en el que Alfonso X afirmó su autoridad intelectual y polÃtica, también muestra nuevas e inesperadas conexiones entre Oriente y Occidente.
âMONGOLES (Juegos, fol. 20v). La identificación de estos personajes se basa en un comentario oÃdo al famoso orientalista D.S. Rice. Viendo una diapositiva en color de esta imagen, Rice señaló sin vacilar lo que a todos los presentes les pareció evidente: su tocado es el remedo de una lechuza. Con la misma seguridad añadió que se trataba del animal totémico de los mongoles porque, según cuenta una leyenda, fueron las lechuzas las que avisando desde la muralla â como un dÃa hicieron las ocas del Capitolio â salvaron a este pueblo de ser conquistado por Alejandro Magno. No ha sido posible comprobar, ni aun acudiendo a otros orientalistas, lo que D.S. Rice sin duda sabÃa con seguridad. En el traje de estos personajes podemos ver, muy posiblemente, el origen de las estrechas mangas tubulares y colgantes que llegaron al occidente cristiano a través de los bizantinos. En el siglo XVI, una de las caracterÃsticas del traje turco â pueblo emparentado con los mongoles â eran las largas mangas tubulares que, en vez de cubrir los brazos, quedaban colgando sobre los hombrosâ. Gonzalo Menéndez Pidal, La España del siglo XIII leÃda en imágenes (Madrid: RAH, 1986), 103.
Benjamin Liu, âThe Mongol in the Textâ, en Under the Influence: Questioning the Comparative in Medieval Castile, eds. Cynthia Robinson y Leyla Rouhi (Leiden: Brill, 2004), 291â325. Kirstin Kennedy, Alfonso X of Castile-León. Royal Patronage, Self-Promotion and Manuscripts in Thirteenth Century Spain (Amsterdam: Amsterdam University Press, 2019), esp. 147â149.
La bibliografÃa sobre este manuscrito también conocido como Libro de los juegos es amplia y sus imágenes aparecen en numerosas publicaciones; recogemos en esta nota y a lo largo del capÃtulo algunos de los tÃtulos más significativos para nuestro trabajo. César Bordons Alba, Jesús Basulto, Manuel González Jiménez, Mª Teresa López de Guereño y Laura Fernández Fernández, Libro de los Juegos de Ajedrez, Dados y Tablas de Alfonso X el Sabio (Valencia: Scriptorium-Patrimonio Nacional, 2010). Sobre el repertorio visual Olivia Remie Constable, âChess and Courtly Culture in Medieval Castile: The Libro de ajedrez of Alfonso X, el Sabioâ, Speculum 82/2 (2007): 301â347; para el análisis visual y la importancia de las fuentes islámicas véase la tesis doctoral de Alexandra Montero Peters, âRepresentations of Power: Alfonso X, the Book of Games, and the Islamic Traditionâ (Phd diss., University of Chicago, 2022).
A dÃa de hoy no se ha realizado un estudio sistemático sobre la indumentaria en el manuscrito, aunque algunos autores se han referido a la vestimenta en sus trabajos. Véase Menéndez Pidal, La España del siglo XIII; MarÃa Teresa López de Guereño Sanz, âLas miniaturas del Libro del Acedrex, Dados y Tablas de Alfonso X el Sabioâ, en Libro de los Juegos, 19â67; y Peters, âRepresentations of Powerâ, 163â212.
José Guerrero Lovillo, Las Cantigas, estudio arqueológico de sus miniaturas (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones CientÃficas, 1949); Menéndez Pidal, La España del siglo XIII; John E. Keller y Annette Grant Cash, Daily Life Depicted in the Cantigas de Santa Maria (Kentucky: The University Press of Kentucky, 1998).
âOnly a few illustrated manuscripts survive from the late thirteenth century; in the depiction of the new Mongol rulers and ruling elite that they contain, the conquerorsâ ethnicity is conveyed not only by their physiognomies and costumes but also specifically by the fabrics of which their clothes, accoutrements, and even horsesâ accessories are made.â Linda Komaroff, âThe Transmission and Dissemination of a New Visual Languageâ, en The Legacy of Genghis Khan: Courtly Art and Culture in Western Asia, 1256â1353 Linda Komaroff y Stefano Carboni, eds. (Nueva York: Metropolitan Museum of Art, 2002), 173.
Eiren L. Shea, Mongol Court Dress, Identity Formation, and Global Exchange, Routledge Research in Art History (Nueva York y Londres: Routledge, 2020), 43. Traducción al español de Alexandra Montero Peters.
El palacio de Takht-i Sulaymän, en el Azerbaiyán iranÃ, fue una lujosa residencia de gobernantes mongoles como Abaqa (r. 1265â82) y es el único ejemplo conservado de arquitectura cortesana del Ilkhanato. Algunos de sus azulejos de loza muestran a mongoles ataviados con túnicas trabajadas con intrincados diseños, sujetas a la cintura por un fino cordón. Tomoko Masuya, âIlkhanid Courtly Lifeâ, en The Legacy of Genghis Khan, 84 ff.; y Yves Porter, ââTalkingâ
Tiles from Vanished Ilkhanid Palaces (Late Thirteenth to Early Fourteenth Centuries): Frieze Luster Tiles with Verses from the Shah-namaâ, Journal of Material Cultures in the Muslim World 2 (2021): 97â149.
Los Ãlbumes deben su nombre a su coleccionista, un enviado prusiano en la Constantinopla otomana, Heinrich Friedrich von Diez (m. 1817). Julia Gonnella, Friederike Weis y Christoph Rauch, âIntroductionâ, en The Diez Albums: Contexts and Contents, eds. Julia Gonnella, Friederike Weis y Christoph Rauch (Leiden: Brill, 2016), 1.
Sheila Blair, âThe Religious Art of the Ilkhanidsâ, en The Legacy of Genghis Khan, 106. Véase también el análisis de Robert Hillenbrand en el mismo volumen, âThe Arts of the Book in Ilkhanid Iranâ, 145 ff. Para una visión general de Rashid al-Din, véase D.O. Morgan, âRashÄ«d al-DÄ«n ṬabÄ«bâ, en Encyclopaedia of Islam, 2ª ed. online, eds. P. Bearman, Th. Bianquis, C.E. Bosworth, E. van Donzel y W.P. Heinrichs (Brill).
Aunque no se trata de la vestimenta de manera especÃfica, este trabajo proporciona numerosas imágenes de entronización de los álbumes Diez en las que se aprecia el uso de los deel de doble capa: Yuka Kadoi, âThe Mongols Enthronedâ, en The Diez Albums: Contexts and Contents, eds. Julia Gonnella, Friederike Weis y Christoph Rauch (Leiden: Brill, 2016), 243â275.
Citado y traducido en Shea, Mongol Court Dress, 21â2.
Menéndez Pidal, La España del siglo XIII, 103.
Investigadores como Sheila Blair han señalado que el programa visual de la Gran ShÄhnÄma refleja la inspiración de sus artistas en obras italianas, como las de Simone Martini y los Lorenzetti. âThe Religious Art of the Ilkhanids,â 112. Este es otro ejemplo convincente de la red interconectada que la cultura material y artÃstica revela entre las primeras cortes ilkhanes y las de la cristiandad latina. Nótese además, que el Gran ShÄhnÄma es la única copia regia de la obra de Ferdowsi. Hillenbrand, âThe Arts of the Book in Ilkhanid Iranâ, 155.
Aengus Stewart, âIf the Cap Fits: Going Mongol in Thirteenth Century Syriaâ, Journal of the Royal Asiatic Society 26, no. 1/2 (2016): 144, cf. Eric Schroeder, âAhmed Musa and Shams al-Din: A Review of Fourteenth Century Paintingâ, Ars Islamica 6/2 (1939): 120â121.
Mientras que en los estudios alfonsÃes el estudio de los sombreros en el Libro de los juegos tan solo se ha tocado de pasada, afortunadamente contamos con un número significativo de trabajos en los que los sombreros en el mundo mongol se han analizado en profundidad. Véase Shea, Mongol Court Dress; Ayrat Sitdikov y Lyudmila E. Maklasova, âMale Feathered Headwear of 13thâ14th Centuriesâ, European Research Studies Journal 20, Special Issue (2017): 352â61; Stewart, âIf the Cap Fitsâ, 137â46.
Como hemos visto previamente Menéndez Pidal, La España del siglo XIII, 103, menciona la lechuza en lugar del búho con ese valor totémico, cuestión recogida por Liu, âThe Mongol in the Text,â 296.
De hecho, mucho después de que los sombreros de plumas de búho pasasen de moda, se seguirÃan representando en manuscritos iluminados con el fin de recurrir a motivos reconocibles de poder y legitimidad polÃtica, como en el caso de las iluminaciones timurides de los Ãlbumes Diez, âFor example, the riderâs costume [in Diez A fol. 72, S. 13], including his distinctive owl-feathered headdress, was no longer the fashion at the Timurid court, although the imagery must have appealed to a Timurid audience given the dynastyâs claims to Mongol ancestry (legitimate and otherwise)â, Legacy of Genghis Khan, 249.
âThe costumes [in the illumination of the elephant rider], especially the headdresses with owl feathers, are typically Mongol and are depicted on several occasions in the Compendium of Chroniclesâ, Legacy of Genghis Khan, 249.
Kadoi también comenta esta escena de entronización junto a otras de estilo similar en los álbumes Diez: âall the men wear feathered hats, and all the women wear the bo
Este mismo tema aparece recogido en el ShÄhnÄma (MET, 33.70, ca. 1300â1330) con el funeral de Isfandiyar.
Este espléndido tocado también aparece en la coronación de otros khanes en el manuscrito, incluido Chinggis (f. 106r), Batu (f. 131r), Arghun (f. 234r), Geikhatu (f. 241v), y Ãljeitü (f. 288v).
Charles Köhler, Recueil des historiens des croisades. Documents arméniens, vol. 2 (Paris: Imprimerie Nationale, 1906), 150â2. Véase también John Andrew Boyle, âThe Owl and the Hare in the Popular Beliefs of the Medieval Mongolsâ, Central Asiatic Journal 23, no. 1/2 (1979): 65â71, 68.
Sheila S. Blair, âA Mongol Envoyâ, The Iconography of Islamic Art: Studies in Honour of Robert Hillenbrand, Bernard OâKane, ed. (Edinburgh: Edinburgh University Press, 2005), 46.
Traducido en Wheeler M. Thackston, Rashiduddin Fazlullahâs JamiÊ¿uât-tawarikh, A Compendium of Chronicles: A History of the Mongols (Cambridge: Harvard University Press, 1998), 752. También comentado en Boyle, âThe Owl and the Hareâ, 69.
Blair, âA Mongol Envoyâ, 46.
âEt ideo bubonem dixerunt [los Mongoles] non mediocriter esse honorandum, vt leporem. Ordinauerunt ergo, quod honorabiles et maiores Tartarorum deferrent plumam et quasi coronam de pelle bubonis supra capillumâ. Continúa polémicamente: âVenditur enim vna bona pellis vsque ad viginti libras. Et sic Tartari reddiderunt amico suo buboni mala pro bonis, quia, dum dicunt eum honoráre, eum decoriant et occidunt, et faciunt eis coronam de pelle amici, in hoc conuenientes cum Tartaris infernalibus, scilicet demonibus, quia coronam sibi faciunt de animabus peccatorum, qui eis seruiunt, semper malun pro bono amicis reddentesâ. Laurent, J.C.M. ed. Peregrinatores medii aevi quatuor: Burchardus de Monte Sion, Ricoldus de Monte Crucis, Odoricus de Foro Julii, Wilbrandus de Oldenborg, (Leipzig: J.C. Hinrichs, 1864), 119.
David Collins, ed. The Collected Works of M.A. Czaplicka, vol. 2 (Richmond: Curzon Press, 1999), 219.
Merece la pena señalar que el atuendo general de los mongoles en este fresco diverge significativamente de los relatos de primera mano de la época, lo que llevó a S. Maureen Burke a comentar que âthe headgear alone is like the display of a theatrical costumier.â âThe âMartyrdom of the Franciscansâ by Ambrogio Lorenzettiâ, Zeitschrift für Kunstgeschichte 65, no. 4 (2002): 460â492, 475. No obstante, tal y como estamos viendo responde a algunas de las caracterÃsticas vistas en obras coetáneas en el contexto mongol.
Roxann Prazniak, âSiena on the Silk Roads: Ambrogio Lorenzetti and the Mongol Global Century, 1250â1350â, Journal of World History 21, no. 2 (2010): 206â7. Por lo que respecta a la importación de textiles véase Shea, Mongol Court Dress, 122.
Peter Armour, âThe Twelve Ambassadors and Ugolinoâs Jubilee Inscription: Danteâs Florence and the Tartars in 1300â, Italian Studies LII (1997): 1â15.
Shea, Mongol Court Dress, 122.
Agradecemos a Daniel Duran i Duelt esta interesante referencia.
Rossitza B. Shroeder, âThe Salvation of the Soul and the Road to Heaven: The Representation of the Ladder of Divine Ascent in the Vatopedi Katholikonâ, en Byzantine Images and their Afterlives: Essays in Honor of Annemarie Weyl Carr, ed. Lynn Jones (London: Routledge, 2014), 212, 215.
David Jacoby, âOriental Silks Go West: a Declining Trade in the Later Middle Agesâ, en Islamic Artefacts in the Mediterranean World: Trade, Gift Exchange and Artistic Transfer, eds. Catarina Schmidt Arcangeli y Gerhard Wolf (Venecia: Marsilio, 2010), 87â104, 87 y idem, âOriental Silks at the Time of the Mongols: Patterns of Trade and Distribution in the Westâ en Oriental Silks in Medieval Europe, eds. Juliane von Fircks y Regula Schorta (Riggisberg: Abegg-Stiftung, 2016), 92â123, 92.
Prazniak, âSiena on the Silk Roadsâ, 206â7; Shea, Mongol Court Dress, 122.
Shea, Mongol Court Dress, 112.
Marco Polo, The Description of the World, ed. y trad. Sharon Kinoshita (Indianapolis, Cambridge: Hackett Publishing Company, 2016), 63. Marco Polo narra que encontró en el norte de China tejedores musulmanes que habÃan sido entrenados para producir este tipo de tejidos. Jacoby, âOriental Silksâ, 88.
Jacoby, âOriental Silks at the Timeâ, 107.
Jacoby, âOriental Silks at the Timeâ, 111. Sobre este tejido véase también Kristin Böse, âBeyond Foreign: Textiles from the Castilian Royal Tombs in Santa MarÃa de las Huelgas in Burgosâ, en Oriental Silks in Medieval Europe, eds. Juliane von Fircks y Regula Schorta (Riggisberg: Abegg-Stiftung, 2016), 213â230; Concha Herrero Carretero, Museo de Telas Medievales. Monasterio de Santa MarÃa La Real de Huelgas. Burgos (Madrid: Patrimonio Nacional, 1988), 115â18; Anne E. Wardwell, âPanni Tartarici: Eastern Islamic Silks Woven with Gold and Silver (13th and 14th Centuries)â, Islamic Art 3 (1988â9): 95â173 y Manuel Gómez-Moreno, El panteón real de las Huelgas de Burgos (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones CientÃficas, Instituto Diego Velázquez, 1946), 65, núm. 46, pls. 94, 95. En un reciente trabajo Laura RodrÃguez Peinado, âOrnamental Transfers in Textile Production in Almohad and Nasrid Periodsâ, en Artistic and Cultural Dialogues in the Late Medieval Mediterranean, ed. MarÃa Marcos Cobaleda (Switzerland: Palgrave Macmillan, 2021), 228, se plantea si la proliferación de detalles dorados que aparecen en los textiles andalusÃes del siglo XIII pudiera ser consecuencia de la emulación de los llamados panni tartarici.
Actualmente un fragmento está expuesto en Madrid, GalerÃa de las Colecciones Reales:
Jacoby, âOriental Silksâ, 89.
Maria Ludovica Rosati, ââDe opere curioso minutoâ: The Vestments of Benedict XI in Perugia and the Fourteenth-century Perceptions of âPanni Tartariciââ, en Oriental Silks in Medieval Europe, ed. J. von Fircks and R. Schorta (Riggisberg: Abegg-Stiftung, 2016), 175.
â[T]he images in the Libro de ajedrez present both a catalogue of the personnel of thirteenth-century Castilian court life (real and imagined) and a series of allusions to high-medieval courtly tastes in sport, literature, music, romance, and humor.â Constable, âChess and Courtly Cultureâ, 301.
Shea, Mongol Court Dress, 122, en su análisis de la obra Martirio dei francescani de Ambrogio Lorenzetti.
Por ejemplo, Heather Bamford, afirma que âla presencia de persas y de tártaros en las miniaturas, que obviamente es impensable en la corte alfonsÃ, y que concuerda, en cambio, con la casi segura utilización por parte de los colaboradores alfonsÃes de manuscritos ajedrecÃsticos árabes miniados de procedencia orientalâ. Heather Bamford, âEl ajedrez, juego de espacio, personajes y alteridad: nuevas ideas respecto a las imágenes del Libro del ajedrez alfonsÃâ, Emblemata 15 (2009): 15â28, 26. Como veremos, a pesar de que esta autora planteara como impensable la presencia de tártaros en la corte castellana, sabemos que fue algo perfectamente posible.
Moya Carey, âPainting the Stars in a Century of Change: A Thirteenth-century Copy of al-Sufiâs Treatise on the Fixed Stars British Library Or.5323â (PhD diss., University of London, 2001).
Liu, âThe mongol in the textâ, 294.
La cultura mongola estuvo tradicionalmente vinculada con el chamanismo y el budismo, aunque tuvieron contacto con otras religiones, de hecho, desde tiempos de Chinggis Khan hubo una actitud pluricultural que también incluÃa las prácticas religiosas. Sin embargo, Berke Khan (1257â1266), nieto de Chinggis y gobernante de la llamada Horda Dorada, aparentemente fue el primero de los soberanos mongoles en convertirse al islam; estableció alianzas con los sultanes mamelucos y se enfrentó a su primo Hülegü. Este, hijo de Sorqaqtani Beki (m. 1252), cristiana nestoriana, por el contrario, representó una fuerte oposición al mundo islámico, y su hijo Abaqa, podrÃa haber valorado la conversión al cristianismo, según se desprende de la correspondencia con el rey Eduardo I de Inglaterra. Sin embargo, a partir de la conversión al islam de Berke se sucedieron las de sus herederos y posteriormente las de otros lÃderes, como Mahmud Ghazan (1295â1304), descendiente de Hülegü, quien declaró el islam como religión oficial de su gobierno. No obstante, esta decisión no fue generalizada. En el caso de los territorios gobernados por Qubilai Khan (1215â1294) el budismo fue la religión predominante. Sobre la conversion al islam véase Marie Favereau, âIntroduction: The Islamisation of the Steppeâ, en La Horde dâOr et lâislamisation des steppes eurasiatiques, ed. Marie Favereau (Aix-en-Provence: Presses Universitaires de Provence, 2018), 1â12. Sobre la voluntad de conversión al cristianismo de Abaqa véase la carta que le envió el rey de Inglaterra el 26 de enero de 1274 âLittera regis domino Abaga Chaan-Principi Gentis Magalorum, de Conversione praedicti Principis ad fidem Christianam et de negotio Terrae Santaeâ. Thomas Rymer, Foedera, conventiones, literae (Londini: Churchill, 1705), II, 43.
Carlos de Ayala, Directrices fundamentales de la polÃtica peninsular de Alfonso X (Madrid: Antiqua et Medievalia, 1986), 167.
Kurt Weitzmann, âIcon Painting in the Crusader Kingdomâ, Dumbarton Oaks Papers XX (1966): 49â83, 63.
En 1249, estando el rey en Chipre, según relata Jean de Joinville, recibió una embajada tártara a la que respondió con el envÃo de sus mensajeros con ricos presentes, entre los que destaca una âcapilla que le costó mucho, porque estaba toda hecha de buena escarlata fina; y el rey, para ver si se los podrÃa atraer a nuestra creencia, hizo representar en dicha capilla imágenes de la Anunciación de Nuestra Señora y de los otros puntos de la fe. Y estas cosas se las envió mediante dos hermanos predicadores que sabÃan el sarraceno para mostrarles y enseñarles como creerâ. Jean de Joinville. Vida de san Luis, edición, traducción y estudio de MartÃn Alvira Cabrer (Cáceres: Universidad de Extremadura, 2021), 41â42. Véase también el capÃtulo de MartÃn Alvira Cabrer en este volumen (nota del editor).
Jean Richard, âUne Ambassade mongole à Paris en 1262â, Journal des savants 4 (1979): 295â303. Paul Meyvaert, âAn Unknown Letter of Hulagu, Il-Khan of Persia, to King Louis IX of Franceâ, Viator XI (1980): 245â259. La carta habrÃa sido redactada en latÃn por âRicardus notariusâ al servicio de Hülegü; véase Denise Aigle, âDe la non négociation à lâalliance inaboutie. Réflexions sur la diplomatie entre les Mongols et lâOccident latinâ, Oriente Moderno 88, 2 (2008): 395â434, 409. Sobre la posibilidad de la alianza ver el capÃtulo de Antonio GarcÃa Espada en este volumen (nota del editor).
Richard, âUne Ambassadeâ, 299.
âItem eo tempore quidam asinus, vergatus [silvaticus â onager] dictus, mirifice factus et variis coloribus naturaliter pilosus et decoratus, transivit per Parmam, qui mitebatur domno regi Francie a domno rege Tartarorum; et erat salvaticus, ut dicebaturâ. Marco Ciocchetti, âContacts between the Mongols and the Latin West from the Point of View of the Italian Chronicles in the Second Half of the Thirteenth Centuryâ, Eurasian Studies 17 (2019): 244â270, 256.
Jaime I, Crònica o Llibre dels Feits, 2 vols., ed. Ferran Soldevila, 4 ed. (Barcelona: Edicions 62, 2000), 373â74.
Jaime I previamente, en febrero de 1267, habÃa recibido a dos emisarios del Ilkhanato persa en Perpiñán. Puede que la presencia de estos emisarios fuera grabada en uno de los capiteles del claustro de Santa MarÃa de Ripoll, en el que dos personajes con ojos rasgados, bigote y perilla, portan objetos en sus manos, emulando a los reyes de Oriente en la EpifanÃa.
âHowever, We have informed you and most of the Christians by envoys, that We have sent Our brother Hegei to aid the Christians with a great army. With the army that Your Holiness mentioned as organizing to be sent across the sea, [Hegei] cares to quickly unite; so that by arriving together with the King of Aragon from one side, by the consent of the [Byzantine] Emperor, Our most appreciated father-in-law, Ours [will arrive] from this side, and the enemy in the middle will be scattered to destruction. In order for the army to unite on time, swift envoys run between us to and fro, so that on both sides, Ours and yours, the mind, the word and the deed will be simultaneous, and at the time agreed. And the infidel dogs of the Babylonian people will fall in the middle to utter destructionâ. Naâama O. Arom, ââIn-Gerâ and âOuterâ Diplomacy â Ilkhanid Contacts with the Mongols and the Outside World, 1260â1282â Eurasian Studies 17/2 (2019): 286â309, 297. Véase el capÃtulo de Ernst Marcos Hierro en este volumen (nota del editor).
Dada la relevancia del documento lo citamos Ãntegramente a partir de la edición de Pere III, Diplomatari de Pere el Gran. 2. Relacions internacionals i polÃtica exterior (1260â1285), ed. Stefano Cingolani (Barcelona: Fundació Noguera, 2015), 145. Agradecemos al profesor Francisco Hernández que nos pusiera sobre la pista de esta información. âPetrus, Dei gracia rex Aragonum, dilecto et fidelibus suis baiuslo vel eius locum tenenti et consulibus Montispessulani, salutem et graciam. Intelleximus quod, cum ex parte magni canis domini tartarorum fuisset nobis missus quidam nuncius cum litteris et ingeniis, idem nuncius decessit in Ianua, et quidam socius eiusdem nuncii proponens adimpleri legacionem eiusdem, veniens versus nos, fuit in Montepessulano retentus cum ingeniis et litteris supradictis. Unde super hoc mitimus vos fidelem nostrum Bernardum Riquerii, de domo nostra, presencium portitorem, rogantes vos quatenus per ipsum Bernardum nobis mitatis incontinenti dictas litteras et ingenios et quascumque alias res ibi retente fuerint a nuncio supradicto cum quo et Bernardo volumus quod veniat socius illius nuncii, et Berengario DâAlenco qui similiter venit de partibus Tartarie. Data Exative XIIII kalendas marcii anno Domini MCCLXXVIâ.
El intercambio de objetos que tuvieran la capacidad de sorprender y asombrar a quien los recibiera fue una constante en los regalos diplomáticos; una costumbre especialmente desarrollada en el ámbito islámico que también aparece en otros espacios culturales, entre ellos en el mundo mongol. Según explica Doris Behrens-Abouseif âTuhaf, literally meaning marvels, referred to exotica and art objects of rare or outstanding craftsmanship as well as to fabulous jewellery. Ibn Khaldun observed that kings used to fascinate (athafa) one another with the outstanding products of their countries to cultivate friendship and mutal support. Similar to the tuhaf effect in Islamic culture, historians of medieval European culture refer to the symbolic significance of luxury objects as tokens of acknowledgement from one ruler to the otherâ Doris Behrens-Abouseif, Practising Diplomacy in the Mamluk Sultanate: Gifts and Material Culture in the Medieval Islamic World (London/New York: I.B. Tauris, 2016), 18.
Juan Vernet, âAlfonso y la astronomÃaâ, BoletÃn de la Real Academia de la Historia, 181/ III (1984), 349â369, 358.
Pedro MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso X de Castilla con el sultán mameluco Baybars y sus sucesoresâ, Al-Ãndalus 27 (1962): 343â376.
MartÃnez Montávez âRelaciones de Alfonso Xâ, 352. Este mismo tipo de regalos, prisioneros mongoles equipados con sus caballos, además de las jirafas, los encontramos en relación con la correspondencia de Baybars con Miguel Paleólogo VIII âA letter arrived from Michael Palaeologus VIII promising: âWhen the kingdom of al-Malik al-áºÄhir [Baybars] needs help, I will help with all the resources of my countryâ. The sultan sent presents to the Emperor, among them a giraffe and a group of captured Mongols with their Mongol horses and equipmentâ. Syedah Fatima Sadeque, Baybars I of Egypt (London: Oxford University Press, 1956), 112â3. Traducción de Al-RawḠal-zÄhir fÄ« sÄ«rat al-Malik al-áºÄhir por Ibn Ê¿Abd al-Zahir (m. 1292).
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 353.
Contamos con documentación de otras embajadas entre Castilla y Egipto en las fuentes islámicas. Por ejemplo, en el TashrÄ«f al-ayyÄm wa-l-Ê¿uṣūr fÄ« sÄ«rat al-Malik al-Manṣūr de Ibn Ê¿Abd al-Zahir (m. 1293), se dice que el 6 de julio de 1281 llegó a la corte un emisario y él âwas the learned knight major (maître?) Felipe (yaystr q/f-l-b) the Spaniard (isbaniyÅ«lÄ«), with his companion the priest Pere/Pedro Estebán (bir-i-s-t-b-t/n). With them were gifts (taqÄdim) for our master the Sultan, the sum total of which were horses, mules and other gifts. The Sultan met with them and honored them.â Chronicles of QalÄwÅ«n and His Son Al-Ashraf KhalÄ«l, Crusade Texts in Translation, trans. David Cook (New York: Routledge, 2020), 46â7. También se conoce ampliamente la embajada mameluca recibida por Alfonso en los últimos momentos de su vida en Sevilla. Como se señala en el Zubdat al-fikra fÄ« tÄʾrÄ«kh al-hijra de Baybars al-ManṣūrÄ« (m. 1325), los emisarios llegaron el 1 de abril de 1283 y vivieron los acontecimientos de la muerte de Alfonso X y el inicio del reinado de Sancho IV. Para más información véase Pedro MartÃnez Montávez, âRelaciones castellano-mamelucas 1283â1382â, Hispania 23/92 (1963): 514â5 y Francisco Hernández, Los hombres del rey: La transición de Alfonso X el Sabio a Sancho IV (1276â1286) (Salamanca: Universidad de Salamanca, 2022), vol. 1, 540, 580â588.
Thomas Rymer, Foedera, conventiones, literae, vol. II (Londini: Churchill, 1705), II, 128: âLitera ab Alfonso Rege Castellae, de Nuncio ad Dominum Tartarorum. Magnifico Principi, karissimo sororio suo, Edwardo, Dei gratia, illustri Regi Angliae, Duci Aquitaniae, & Domino Hiberniae, Alfonsus, eadem gratia, Rex Castellae, Toleti, Legionis, Galliciae, Sibilae, Cordubiae, Murciae, Gehennae, & Algarbiae, salutem & sincerae dilectionis affectum. Cum pridem in Tartarian miserimus, ad Dominum Tartarorum, virum providum Bonamicum, dilectum, fidelem et familiarem nostrum, & secum duxetit quendam de terra vestra, nomine Henricum Barleti; qui, prout asserit, in itinere ipso fideliter & bene servivit eidem. Dilectionem vestram attente, rogamus, quatinus Henricum ipsum, Militem, velitis recomendatum habere, quod preces nostras sibi sentiat in hac parte, prout convenit, valere. Dat. Bruges Anno Domini millesimo ducentesimo septuagesimo octavo, die 27 Jan. Egidius Tabula, Rege mandante, scripsit D. Illustri Regi Angliaeâ. Documento depositado en Londres, The National Archives, SC 1/16/5. Referencia 2988 en Manuel González Jiménez y Mª Antonia Carmona Ruiz, Documentación e Itinerario de Alfonso X el Sabio, (Sevilla/Puerto de Santa MarÃa: Universidad de Sevilla/Cátedra Alfonso X, 2012), 517.
Isabel GarcÃa DÃaz, âBonamic y el traslado de la diócesis de Cartagena en el siglo XIIIâ, Carthaginensia XXXI (2015): 89â110, 104) afirma que la embajada tuvo lugar en 1277 a partir de la carta dirigida a Eduardo I firmada en enero de 1278. No obstante, en el documento no se proporciona referencia cronológica alguna y el inicio âcum pridemâ parece indicar un tiempo pasado. No obstante, podrÃamos pensar que la misión hubiera partido hacia 1275 y que regresara tiempo después, antes de 1278. Por otra parte, en 1275 y en 1278 también se enviaron embajadas a Egipto, por lo que encajarÃa en una polÃtica exterior activa en esos años de gobierno. Véase el capÃtulo de Ãscar Villaroel en este volumen y su trabajo en prensa âLa diplomacia al servicio del poder: una aproximación al caso de Alfonso Xâ, en La Historia y el poder, el historiador en el poder dirigido por Oleg Aurov y Alexander Marey, (Madrid: Iberoamericana-Vervuert). En un trabajo de Mercè Comes al que nos referiremos más adelante âThe Possible Scientific Exchange between the Courts of Hulaghu of Maragha and Alphonse 10th of Castilleâ, en Science, Techniques et Instruments dans le Monde Iranien: Actes Du Colloque Tenu à LâUniversité De Téhéran 7â9 Juin 1998, eds. N. Pourjavady y Ž. Vesel (Téhéran: Presses Universitaires dâIran, 2004), 29â50, menciona una carta del rey Eduardo de Inglaterra a Alfonso X datada el 23 de enero de 1270 en el que le recomienda a Henricum Barley como emisario para su embajada dirigida al khan de los mongoles. Este dato sin duda resulta de gran interés, pero lamentablemente no se cita la fuente de la que extrae esta información y por el momento no hemos encontrado ninguna referencia que pueda encajar con esta afirmación.
Su autorÃa, aunque discutida, se ha atribuido a Mutio de Modoetia (Monza), capitano del popolo di Piacenza. Véase Ciochetti, âContactsâ, 254.
âEodem mense rex Francie qui crucem adsumens pro redemptione peccatorum suorum pro recuperatione terre sancte de ultra mare cum principibus et ducibus, comitibus et baronis Francie Picardie et illarum parcium cruce signatis venit in Provinciam, deinde transire cupit ad Aquas mortuas, ubi fit maximus apparatus navium occasione transitus predicti [â¦] et rex Aragonensis qui presenti estate e transire voluit et non potuit propter ferocitatem maris, secum ducit filiam suam, quam copullavit iin uxorem regi Tartarorum vel eius filio, qui Tartarus est inimicus Saracenorumâ. Annales Placentini Gibellini (1154â1284), ed. Georg Heinrich Pertz, Monumenta Germaniae Historica, Scriptores, 18 (Hannover: Hahn, 1863), 457â581, 542.
No fue el único enlace, otra de las hijas del emperador, Eufrósine, se casó en 1266 con Noqai khan, gobernante de la Horda Dorada. Sandra Origone, âMarriage Connections between Byzantium and the West in the Age of the Palaiologoiâ, Mediterranean Historical Review 10/1â2 (1995), 226â241, 227.
Recogemos el documento completo por su interés general: âEodem tempore domnus rex Castelle eius ambaxatores, scilicet comitem Guillelmum de Vinctimilliis et fratrem Oddemarium ordinis fratrum Predicatorum, dilectos fideles et consciliares transmisit in Lombardia ad tractandum super facto imperii ad quod spirat; et factis pactis et conventionibus cum comuni Papie et sollempniter cellebratis, comune Papie in concordia fecerunt suos syndicos, scilicet domnos Laurengum de Bucentauris iudicem et Gualteronum, quos ad presentiam domni regis Castelle ad iurandum sibi fidelitatem tamquam imperatori duxerunt destinandos, qui moverunt ad eundurn die Veneris ultimo mensis IuliÃ. Et domnus Bosius de Dovaria pro se et parte extrinseca de Cremona, comes Ubertinus de Lando pro se et pat·te extrinseca de Placentia, Iacobus Tavernerius · pro se et parte extrinseca Parme, lacobus Tizonus pro se et parte extrinseca Vercellarum, Ribaldos Garnonus pro se et parte extrinseca Terdone, Torellus Torniellus pro se et parte extrinseca Novarie, capitanei partis extrinsece Laude, consimiles syndicos ad dictum dominum regem transmiserunt. Qui domnus rex promisit se daturum in defensione istorum omnium et partis imperii usque ad Kalendas Martii bis mille milites. Et fecit multas parentellas in contrarium regis Karoli. Primo dedit et dare debet domno Guillelmo marchioni Montisferati unam suam filiam, et debet accipere filiam dicti marchionis in uxorem lohannis filii dicti domni regis, et hoc fecit propterea quod dictus marchio est inimicus domini Karoli pro Alexandria quam ei tenet et pro civitate Ovree quam sibi tenet; alteram vero filiam dat pro uxore domno Thomaxino comiti Savolie inimico domni Karoli propter civitatem Taurini quam sibi occupavit et quia sernper extitit fidelis imperii. Alteram vero filiam dare debet filio ducis Bayverie inimico dicti domni Karoli propter quod occidit regem Conradinum secundum nepotem dicti ducis. Alteram vero filiam dare debet filio Palialoghi imperatoris Grecorum inimico dicti regis Karoli propter quod dictus domnus rex Karolus cambium fecit cum domno Balduino condam imperatore Grecorum qui expulsus est per dictum Palialogum de Constantinopoli et vult dictus Karolus dictum imperium Grecorurn occupare. Unam autem filiam eius naturalem dare debet magno cani imperatori Tartarorum qui est inimicus regis Ungarie cum quo dictus Karulus duplices parentellas fecit, dedit et accepit. Unam vero neptem suam dare debet iudici Arboree inimico dicti regis Karoli quia intendit sibi aufferre iudicatum Arboree in Sardenia et quia est magnus et potens in civitate Pisis. Marchio vero Montisferati cum filia sua intendit ad presens et facit apparatum quem potest eundi ad curiam regis Castelle ad copullandum dictum matrimonium et ad accipiendum uxorem suam; et lohannes filius dicti domni regis cugnatus eius debet venire pro capitaneo dictorum militum in Lombardiaâ. Annales Placentini Gibellini, 543.
Ciochetti, âContactsâ, 255â256. El autor confunde a Alfonso con su hijo Sancho lo que genera cierta confusión en la lectura. Mercè Comes, âThe Possible Scientific Exchangeâ, 32, ya se hacÃa eco de unos pactos matrimoniales que contemplaban un enlace con un soberano mongol, aunque no especifica la fuente.
Diego Catalán (La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolución (Madrid: Fundación Ramón Menéndez Pidal, 1992), 253) propuso una redacción temprana para este texto, 1288â1292, cronologÃa que ha mantenido Francisco J. Hernández, 1288â1295 (Los hombres del rey, vol. I, 409; Manuel Hijano, âContinuaciones del Toledano. El caso de la âHistoria hasta 1288 dialogadaââ, en El relato historiográfico: textos y tradiciones en la España medieval, ed. Francisco Bautista Pérez (Londres: Department of Hispanic Studies, Queen Mary, University of London, 2006), 123â148, 127), sin embargo, considera una redacción más tardÃa para la obra, en el primer tercio del siglo XIV, aunque muy probablemente utilizando tradiciones sevillanas previas.
âE esta doña Berenguela enbio pedir el grand Can e el rrey queria gela dar. Mas ella dixo al rrey su padre que al grand Can que le diesen grand cadena e non quiso casar con elâ. Estoria del fecho de los godos, ed. Manuel Hijano (Salamanca: Universidad Salamanca, 2021), CapÃtulo CCXL. Commo rreyno su fijo el rrey don Alfonso que fue enperador e commo caso (Fuente: Historia dialogada), 562. Este episodio que con seguridad deberÃamos vincular con las relaciones establecidas con los mongoles, en numerosas ocasiones ha sido puesta en conexión con la embajada mameluca de 1261 identificando al âgrand Canâ con el sultán Baybars de Egipto. Recientemente Francisco Hernández ha aportado algunos matices sobre esta curiosa cita âDe la mayor, Berenguela, se dice que el Gran Kan [de los mongoles, Kublai Kan], pidió casarse con ella; pero âella dixo a su padre que, al grand Can que le diesen grand candelaâ BNE, ms 6441, f. 226vb). Otras versiones intentan mejorar el chiste: â⦠que le diesen gran cadenaâ (BNN 9559, f. 199vb); â⦠le diesen gran cadiellaâ (BNE, MS. 6429, f. 252r), donde cadiella tiene el significado usual entonces de âperraâ â¦â. Hernández, Los hombres del rey, vol. I, 418. Kennedy, Alfonso X of Castile-León, 148â149, también recoge algunas interesantes referencias sobre este episodio y añade la nota de un lector tardÃo en uno de los manuscritos de la Crónica (BNE MSS/13002) que identifica al gran khan con el sultán de Egipto, un error que fue asimilado en la historiografÃa posterior y que de vez en cuando aflora en algunas publicaciones.
Al margen del problema de la cronologÃa de la Historia dialogada es interesante señalar el fondo de la narración, en el que tal y como han señalado Hijano (Estoria del fecho, LIIIâLIV) y Hernández (Los hombres del rey, 409), se aprecia un enfoque crÃtico hacia Alfonso X derivado del ârelato oficialâ que debÃa justificar la rebelión de Sancho.
Hülegü fundó el observatorio de Maragha en 1259, que se convirtió en un centro de referencia para el desarrollo cientÃfico y astronómico, en relación directa con los intereses astrológicos de los soberanos. Legacy of Genghis Khan, 108.
Vernet, âAlfonso y la astronomÃaâ, 356â358.
Diego Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, (Madrid: Imprenta Real, 1677), lib. II, 90. âLlego pues la fama a mis oydos, / que en tierra de Egipto un savio vivia / e con tanto saver oy que façia / notos los casos ca non son venidosâ. Sobre la problemática del Libro del candado véase Juan Carlos Galende DÃaz, âLa criptografÃa medieval: el Libro del Tesoroâ, en II Jornadas CientÃficas sobre documentación de la Corona de Castilla (siglos XIIIâXIV) (Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 2003), 41â77.
âPero fi de que tenÃa el Rey por este tiempo en Seuilla muchos varones sabios de todas ciencias, y profesiones, traÃdos a gran costa de diuersas partes. Una escritura de veinte y cinco de Agosto, de el Archiuode la Santa Iglesia, dize que pidió el Rey al Arçobispo y Cabildo, unas Mezquitas de las quales auia dado, para morada (son sus palabras) de los fÃsicos que vinieron de allende, e para tenerlos de mas cerca (porque eran cercanas à el Alcaçar) è que en ellas fagan la sus enseñanças a los que les auemos mandado, que nos los anseñen con el gran saber, ca para esso los auemos ende traÃdoâ. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares, 90.
Sobre la problemática de las Tablas alfonsÃes y sus referencias documentales véase Laura Fernández Fernández, âThe Libro de las tablas alfonsÃes: New Documentary and Material Sourcesâ, en Alfonsine Astronomy: The Written Record, eds. Matthieu Husson, José Chabás y Richard Kremer (Turnhout: Brepols, 2022), 21â55.
Vernet, âAlfonso y la astronomÃaâ, 358. A esta vinculación entre Toledo â Maragha Vernet suma PekÃn, centro en el que también se llevaron a cabo observaciones astronómicas en esas fechas; las tres ciudades se encuentran en el mismo paralelo y con las mismas coordenadas (120â ° 29â² 30â³).
Vernet, âAlfonso y la astronomÃaâ, 361â362. Otras publicaciones de Juan Vernet con este argumento: âAlfonso X, el Sabio, Mecánica y AstronomÃaâ, en Conmemoración del Centenario de Alfonso X el Sabio (Madrid: Real Academia de Ciencias Exactas, FÃsicas y Naturales, 1984), 23â32; âLos mongoles (siglos XII-XV): europeos en la corte del gran Janâ, Historia 16 97 (1984), 66â72.
Julio Samsó, âAlfonso X and Arab Astronomyâ, en De Astronomia. Alphonsi Regis. Actas del simposio sobre astronomÃa alfonsà celebrado en Berkeley (agosto 1985) y otros trabajos sobre el mismo tema, Mercè Comes, Roser Puig y Julio Samsó, eds. (Barcelona: CSIC, 1987), 32â33.
Mercè Comes, âThe Possible Scientific Exchangeâ e âIntercambio de conocimientos astronómicos entre oriente y occidente en el siglo XIII, el caso de las cortes de Alfonso X y Hulagu Janâ, en Ibn Al-Baytar Al-Malaqi y la ciencia árabe. Actas de los simposios internacionales sobre el cientÃfico árabe Ibn Al-Baytar, Expiración GarcÃa Sánchez, coord. (Málaga: Universidad de Málaga, 2008), 155â164. En el primer trabajo Comes, siempre interesante en sus aportaciones, refuerza y amplÃa los argumentos astronómicos iniciados por Vernet. Sin embargo, recoge una serie de imprecisiones y de afirmaciones de acontecimientos históricos que reitera en la segunda publicación, sin citar la fuente documental o bibliográfica, que hacen confusa la lectura desde una perspectiva histórica.
No obstante, no descartamos que hubiera podido llegar algún manuscrito del KitÄb suwar al-kawÄkib al-thÄbita desde Maragha que podrÃa haber contribuido a la familiarización con la indumentaria y los rasgos, aunque en ninguna de las copias de esta obra conservadas hay tocados emplumados. Sobre este tema véase Laura Fernández Fernández, âAl-ṢūfÄ« in Castilian Illuminated Copies on Fixed Stars. From al-Andalus to Alfonso X âel Sabioââ en Livre des Etoiles Fixes dâ âAbd al-RaḥmÄn al-ṢūfÄ«, BnF Arabe 5036, ed. Anna Caiozzo (Innsbrick: Mueller & Schindler, en prensa).