1 Introducción
La irrupción de los mongoles en el escenario europeo y Mediterráneo se produce en el siglo XIII que en lo concerniente a la cruzada es también el siglo más dinámico, tanto por el extraordinario desarrollo del aparato legal como por la multiplicación de frentes y la compartimentalización de esfuerzos bélicos y recursos financieros. Debido a este fenómeno de compartimentalización, la guerra contra musulmanes en la penÃnsula ibérica, si bien habÃa alcanzado un rango jurÃdico equivalente a la cruzada ultramarina, obtenÃa su financiación y sus recursos militares de un ámbito circunscrito y cuidadosamente distinguido por el papa de la Tierra Santa1.
El papa limitaba la recaudación universal a los casos de grave peligro para la Tierra Santa. En alguna ocasión habÃa intentado recurrir a la leva universal cuando se vio amenazado en el propio territorio italiano por las fuerzas imperiales de los Staufen, aunque esas llamadas fueron miradas con mucho más recelo, si no rechazo, por el resto de los poderes y población occidental. La otra excepción serÃa la irrupción mongola.
La creación del Ilkhanato por Hülegü a mitad de la década de 1250 y su rápido avance hacia Oriente Medio hizo saltar las alarmas en Tierra Santa. Los mongoles amenazaban con abrir un nuevo frente de guerra a la Cristiandad latina. El pontificado respondió rápidamente con la expedición de bulas y la convocatoria de concilios. Las órdenes militares, especialmente aquellas con experiencia en la guerra contra los mongoles en Polonia, HungrÃa y los Balcanes estaban llamadas a jugar un papel protagonista ante esta ampliada amenaza y el proyecto pontificio de cruzada contra los mongoles en múltiples frentes.
2 La primera amenaza mongola a Europa
Año de 1239. Después de ocupar Oriente [los tártaros] se dividieron en dos ejércitos y penetraron en Polonia y HungrÃa donde, tras una batalla campal cae muerto en Panonia, el duque Colman [â¦]. Y de tal modo arrasaron HungrÃa, sobre todo, que las madres comÃan la carne de sus hijos a causa de la feroz hambre2.
El castellano Juan Gil de Zamora, preceptor del infante don Sancho, hijo de Alfonso X, se referÃa asà a la operación militar de los mongoles, adelantando en dos años su primera incursión en Europa. Sin embargo, Gil de Zamora coincidÃa en lo esencial con Mateo de ParÃs que se referÃa al mismo evento con lujo de detalle y mayor precisión. El cronista inglés se ocupó prolijamente del tema mongol a lo largo de su obra. En la entrada correspondiente a 1243, después de haber tratado las invasiones mongolas de HungrÃa y Polonia en 1240â1241, se hacÃa eco de la carta de Ivó de Narbona al arzobispo de Burdeos recogiendo información sobre la forma de combatir, la extraordinaria habilidad de los arqueos mongoles, asà como la idiosincrasia mongola y la imposibilidad de fiarse de ellos. Entre las argucias denunciadas por Ivo estaba la de pedir paso libre por tierras cristianas para llevar a cabo el peregrinaje a Santiago de Compostela. La carta de Ivo acababa pidiendo la unión de los monarcas y la intervención de los reyes de Inglaterra, Francia y España contra semejantes salvajes3. Cinco años después era el legado pontificio, fray Juan de Pian del Carpine el que se sumaba al coro de voces que tras la irrupción de los mongoles en el centro de Europa llamaban a la unión y al enfrentamiento decidido contra los tártaros. Tanto el fraile italiano, como el obispo francés o el cronista inglés insistieron en el carácter mendaz y traicionero de los mongoles y la necesidad, por tanto, de prevenirse ante dichas estrategias de simulación y engaño4.
Las incursiones por el este europeo de los mongoles fueron respondidas mediante la proclamación de cruzada en 1241, 1243, 1245, 1254, 1258, 1265 y 12885. Sin embargo, nunca consiguieron una respuesta unificada, ni siquiera amplia, de la cristiandad latina. Entre las principales causas estaba por supuesto el grave conflicto interno sostenido entre el papado y los Staufen. El emperador Federico y sobre todo su hijo Conrado pusieron gran empeño en reafirmar su posición contra Roma postulándose como defensores de la cristiandad contra los tártaros6. No menos evidente fue la intención del papa de desacreditar al emperador y presentarse como lÃder absoluto de la cristiandad latina ante los mongoles mediante el envÃo, decidido en el Concilio de Lyon de 1245, de al menos cuatro embajadas al gran khan. Ecos del amargo conflicto entre el emperador y el pontificado y sus implicaciones negativas en la lucha contra los mongoles llegaron a la corte castellana de Alfonso X que en una cantiga de Juan Suárez Coelho contra un tal Juan Fernández decÃa: âJoan Fernández, o mundâ é torvado / e, de pran, cuidamos que quer fiir / veemolo Emperador levantado / contra Roma e Tartaros viir / e ar veemos aqui don pedir / Joan Fernández, o mouro cruzadoâ7.
A las alturas de la primera gran incursión de los mongoles en suelo europeo ni el papa ni el emperador demostraron suficiente capacidad de movilización de fuerzas. La urgencia y la falta de un liderazgo efectivo llevó al rey de HungrÃa, tras fracasar en su búsqueda de apoyo de la Iglesia mediante el envÃo de mensajeros al papa, a proclamar la cruzada sin contar con autorización pontificia8. Igualmente, la propia orden teutónica consiguió hacerse con el privilegio de predicación de la cruzada en su área báltica (incluso contra los mongoles), algo que no era nada común pues a estas alturas el papado solo confiaba en la orden franciscana o a lo sumo en el clero secular local bajo autorización episcopal para llevar a cabo la tarea, poniendo gran cuidado en evitar toda pérdida de control.
Dicha precaución incidió particularmente en lo que podemos denominar la compartimentalización de la cruzada. En la predicación contra la amenaza tártara en HungrÃa, Bohemia, Polonia, Austria, Estiria, Corintia y marca de Brandeburgo enviada al arzobispo de Maguncia el 23 de julio de 1265, quedaba clara la voluntad pontifica de no interrumpir ni perjudicar en modo alguno el trabajo de la orden teutónica en el frente báltico9. Las órdenes militares en el este de Europa, además de funciones militares, estuvieron también encargadas de tareas directamente relacionadas con la repoblación. Esto supuso un aumento de la especialización y la concentración de recursos por parte de la orden teutónica, asà como la creación de un tipo de cruzada semipermanente en el centro y el norte europeo que pudo ir en detrimento de su presencia en otros frentes. La voluntad del papa era clara aun si su apuesta por fortalecer la orden teutona y defender su autonomÃa en el enfrentamiento contra los bálticos suponÃa cierta disminución de la capacidad bélica contra los mongoles10.
Ciertamente, la violenta incursión de los mongoles en el área a principios de la década de 1240 no podÃa menos que trastocar toda esta labor. Las órdenes militares se vieron obligadas a dar todo su apoyo a los reyes de Polonia, de HungrÃa y los señores de Panonia. Destacaron los teutones junto con algún templario en su asistencia en la batalla de Legnica (9 de abril de 1241), asà como los templarios y los hospitalarios en la batalla de Mohi (11 de abril de 1241). No cabe duda de que templarios y hospitalarios contaron con hispanos en sus filas también en el frente oriental y es posible que los santiaguistas y, especialmente, los calatravos tuvieran presencia en la zona alemana, probablemente en Thymau, en el borde de la frontera polaco-prusiana11.
La amenaza mongola también se habÃa hecho sentir en Tierra Santa y asà lo habÃa dejado claro el Concilio general de Lyon de 1245 desde su misma convocatoria. Es en este contexto que el papa llama al infante luso Alfonso de Bolonia para que tomara la cruz contra los mongoles12. Sin embargo, acabaron pesando más otras razones y tanto la iglesia portuguesa como el pontificado romano dieron todo su apoyo al conde de Bolonia en su enfrentamiento con Sancho III de Portugual, relegando a un segundo plano el compromiso del futuro rey Alfonso III contra los mongoles. Unos años antes, en enero de 1240, Gregorio IX respondÃa a la petición de socorro de la reina Rusudán de Georgia por los ataques mongoles a su reino y la potencial amenaza a la Siria latina. El papa no pudo más que disculparse dando todo tipo de explicaciones, desde la lucha contra los musulmanes en España a las divisiones internas en Italia, asà como la enorme distancia que separaba a la curia pontificia de esos mongoles llegados de Oriente13.
3 La segunda ola de amenazas mongolas
En la entrada correspondiente a 1257, Mateo de ParÃs recogÃa en su crónica la noticia de la segunda invasión de Anatolia por parte de los mongoles y la exigencia de sumisión a las ordenes del Hospital y el Temple en Ultramar a cambio de perdonarles la vida e incluso favorecer su presencia en la zona. La respuesta de los maestres de ambas ordenes fue que se habÃan puesto al servicio de Dios y adoptado los hábitos no para vivir en el lujo y el placer y que estaban dispuestos a enfrentarse a ellos hasta las últimas consecuencias14. La noticia de la creación del Ilkhanato mongol por parte de Hülegü llegaba sin dilación al Occidente latino y de manera casi simultánea era percibido como una amenaza directa15.
El 3 de septiembre de 1260 tenÃa lugar la batalla de Ain Jalut entre el Ilkhanato de Hülegü y las tropas del sultán egipcio Qutuz. Se trataba de la primera gran derrota conocida por los mongoles desde su nacimiento como imperio bajo Chinggis Khan. El enfrentamiento entre los dos ejércitos tuvo lugar a las puertas del reino latino de Jerusalén, en el valle de Jezreel en Galilea. Los poderes cristianos estaban directamente involucrados, pero no actuaron de manera coordinada. Mientras Bohemundo VI de AntioquÃa, seguramente animado por su suegro el rey Hethum I de la Armenia Cilicia, se puso del lado de los mongoles, el resto de los estados cruzados se negaron a prestarles apoyo alguno. El este de Europa seguÃa sufriendo los ataques mongoles que precisamente en 1260 experimentaron un considerable recrudecimiento bajo el liderazgo del general Noqai de la Horda Dorada.
La lucha contra los mongoles en este frente habÃa hecho que las órdenes militares y en especial la orden teutónica fueran consideradas por el papa como auténticas âexpertasâ y que fueran las primeras en ser convocadas para enfrentar la amenaza tártara ahora que hacÃa su aparición en la Tierra Santa. De hecho, según los continuadores de la crónica de Guillermo de Tiro, fue el maestre de la orden teutónica el principal impulsor de la polÃtica de neutralidad y no colaboración con los mongoles16. Anno Von Sangershaussen, antes de maestre general habÃa sido maestre provincial en Livonia. Allà habÃa participado como testigo privilegiado de las acciones contra los mongoles. Von Sangershaussen era igualmente consciente de la compleja situación que supondrÃa para los cruzados de Tierra Santa dar su apoyo a los mamelucos, aunque fuera mediante una alianza temporal. Sin embargo, los mongoles eran peores, habÃan incumplido sus compromisos y para los cruzados era mejor dejar paso libre a los mamelucos. La Crónica del templario de Tiro dice que el apoyo a los egipcios se debÃa a que los cristianos estaban muy enfadados tras los ataques mongoles, especialmente por su saqueo de Sidón a principios de 126017.
De hecho, la implicación de las órdenes militares en el terreno, tanto en la recopilación de información como en su transmisión a Europa habÃa comenzado ya en 1257 de forma muy activa. Las órdenes se repartieron entre ellas las tareas de comunicación con Occidente: los templarios se encargarÃan de la comunicación con la penÃnsula ibérica, los hospitalarios con los franceses y los teutones con los alemanes (a los ingleses escribirÃan tanto templarios como hospitalarios)18. Es de hacer notar que las órdenes militares no sólo se dirigen a sus hermanos de Occidente informándoles de la situación y la necesidad de socorro sino también a los monarcas. Como consecuencia de la nueva amenaza mongola, entre marzo y abril de 1260 los maestres de las tres órdenes militares, junto al obispo de Belén en condición de legado pontificio y el baile de Jerusalén, dirigen al papa y a otros poderes una serie de cartas sobre la peligrosa situación de Tierra Santa en relación con los mongoles, cartas que llegarÃan a Europa entre mayo y junio. De esta información se sirve Alejandro IV para componer una serie de cartas en ese mismo junio de 1260 con el fin de informar y preparar al conjunto de la Cristiandad19.
Dos de ellas, emitidas el 5 de junio de 1260 están dirigidas al rey de Portugal y al arzobispo de Toledo. Ambas son similares, aunque la dirigida al monarca portugués pide un apoyo militar explÃcito para enfrentar a los mongoles en Tierra Santa y la dirigida al prelado toledano hace mayor hincapié en la producción de información sobre los mongoles (los cuales âsurgÃan como langostasâ) y en la comunicación en su ámbito jurisdiccional20.
4 La emisión pontificia de la Clamat in auribus
Es el 17 de noviembre de 1260 cuando Alejandro IV emite la bula Clamat in auribus omnium donde claramente se establecÃa la interconexión de los dos frentes abiertos por los mongoles contra la Cristiandad latina en el este de Europa y en Palestina21. La bula es una llamada universal acompañada de una petición de ayuda y consejo a sus destinatarios. Ahora ampliaba el número de destinatarios incluyendo poderes religiosos y temporales.
El conjunto de bulas tiene una primera parte común donde se explica la gravedad de la amenaza tártara para el este de Europa y ahora, sobre todo, para Tierra Santa. A partir de aquà se producen una serie de variaciones en función de sus destinatarios. Las bulas dirigidas a poderes temporales son más breves y se centran en solicitar la ayuda y el envÃo de sus delegados a un concilio general que debÃa celebrarse lo antes posible. A los obispos, la epÃstola describe con más detalle la amenaza tártara y el peligro espiritual que suponÃa. Pero, sobre todo se les llama a convocar concilios provinciales de las iglesias locales en preparación y previo al envÃo de sus delegados al concilio general que habrÃa de celebrarse en 1261.
De la Clamat in auribus de noviembre de 1260 se conservan varias menciones y copias, algunas parciales y unas pocas integras. La mayor parte de los destinatarios son obispos como el de Burdeos y abades como el del Cister. Se conserva completa la enviada al arzobispo de Canterbury22 y también la enviada al infante Eduardo de Inglaterra23. Es probable, aunque se encuentre perdida, que su padre el rey Enrique III recibiera otra24. Para el caso peninsular sólo se conservan la copia dirigida al arzobispo de Braga25 y la enviada al arzobispo de Tarragona26.
La bula enviada por Alejandro IV a la orden de Calatrava que publicamos a continuación pertenece a este grupo, pero su fecha es un mes posterior: del 13 de diciembre de 126027. El documento calatravo sigue en buena medida el modelo episcopal, aunque es un poco más abreviado y además contiene un párrafo final que la distingue de todas las demás. Mientras que para los obispos mandaba una convocatoria de concilio provincial y al prÃncipe inglés pedÃa que acudiera al concilio general, en el caso de la carta al maestre calatravo el papa añadÃa además la orden de envÃo de hermanos âprudentesâ a la sede apostólica para tratar el asunto mongol28.
Pero ¿por qué sólo conservamos esta carta solicitando expertos a la orden de Calatrava y no a otras ordenes militares, a las que por cierto no se hace referencia ni en los documentos dirigidos a los obispos ni a los reyes? ¿Es meramente un vacÃo documental o podemos inferir que la presencia calatrava en la zona alemana por estas fechas, concretamente en Thymau, como parte de la red cisterciense de ayuda y comunicación, la hacÃan especialmente idónea para que el papa buscara en ellos consejo militar sobre los mongoles? Desafortunadamente desconocemos cuál fue el mensaje con el que los legados calatravos atendieron la solicitud del papa. Probablemente, la participación de la orden de Calatrava en estos consejos deliberativos de 1260 sean indicativos de un reconocimiento especial de la experiencia militar de la orden en varios frentes, incluido el Báltico, asà como de su conexión cisterciense como rasgos distintivos frente a otras ordenes militares.
5 Respuestas episcopales a Clamat in auribus
A lo largo de 1261 se celebraron concilios provinciales en Canterbury, Burdeos, Braga y Tarragona, asà como un capÃtulo general en Cister para tratar la amenaza tártara en respuesta a la convocatoria papal de noviembre de 1260. Las soluciones dadas al peligro mongol por los concilios provinciales debÃan ser trasladada por sus legados al concilio general. Desde Canterbury se recomendaba procesiones, ayunos, obras pÃas y oraciones especiales. Se establecÃa la necesidad imperiosa de paz entre los prÃncipes cristianos, la predicación y la penitencia29. La situación era considerada de la máxima gravedad: âla terrible trompeta del pregón ha resonado en nuestros oÃdos anunciando la inminente furia de los tártaros, quienes, según se dice, pretenden someter a toda la cristiandadâ, declaraba el capÃtulo general del Cister30.
En Burdeos se añadieron algunas propuestas más concretas, algunas ciertamente relacionadas con la esfera laica del poder, como la concentración de tropas a modo de preparación, el establecimiento de una contribución económica especial, fijar el precio máximo del trigo y de la venta de caballos de guerra, la prohibición de torneos y juegos, asà como la convocatoria de plegarias públicas y procesiones31. Cabe destacar la ambigüedad de la postura adoptada por los franceses con respecto al liderazgo de la cruzada contra los tártaros:
ya que desconocemos qué prÃncipes o magnates asumirán esta empresa [â¦] cuando la necesidad lo requiera, recomendamos que se designe al frente del ejército cristiano a hombres de noble linaje, valerosos y con experiencia en las armas, cuya autoridad sea aceptada sin objeciones por combatientes de diversas naciones32.
Con respecto a los concilios peninsulares, al de Braga acudieron los obispos de Astorga, Lugo, Mondoñedo, Tuy, CoÃmbra, Viseu y Oporto:
Llamados por el señor arzobispo conforme se lo habÃa mandado el papa, nuestro señor, para ver de tomar consejo y acuerdo sobre la manera de resistir a las gentes de los tártaros los cuales, habiendo entrado por tierras de Jerusalén, amenazaban fieramente a la sede apostólica y no se recataban de querer conquistar todas las tierras de Occidente. El jefe de todos ellos se llamaba el Gran Khan. El arzobispo de Braga, don MartÃn Giraldo, se portó noblemente con todos aquellos que fueron a su ciudad, predicándoles la palabra de Dios, explanando el mandato del papa y dando a todos mantenimiento33.
El concilio tarraconense se celebró el 1 de mayo de 1261 con la asistencia de los obispos o sus representantes de toda la corona de Aragón y Navarra. Sus actas siguen punto por punto el orden de los temas planteados por el papa en la bula Clamat in auribus34.
Comienza exhortando a los nobles para que establezcan la paz con Dios y entre ellos, para que reformen sus costumbres y hagan penitencia ayudados por prelados y hombres escogidos. Se solicita el envÃo de legados cardenales a cada una de las naciones para que se predique la cruzada al máximo nivel, se obtenga el mejor reclutamiento y se gane personalmente a los reyes. Se pide el máximo castigo legal posible para los que se alÃen con los enemigos del pueblo cristiano, especificando la exigencia de un compromiso especial a las naciones marÃtimas para el socorro de Tierra Santa, mientras que los pueblos del interior deberán prepararse para hacer frente al enemigo a medida que se aproxime y ponga en mayor peligro a la Cristiandad.
Por contraste con la resolución alcanzada en el concilio de Burdeos, el tema del liderazgo de la cruzada fue tratado de manera más directa y clara por el concilio de Tarragona: deben nombrarse dos lÃderes, el rey de Aragón y el rey de Francia. En caso de que sólo se pueda designar uno, se recomendaba al rey de Aragón, pues de entre todos los prÃncipes era el más experimentado en la guerra, en las batallas y en el arte militar. Los prelados aragoneses no dicen nada del rey inglés ni del castellano, pero es evidente la alusión a la desastrosa intervención de San Luis en la batalla de Mansura de 1250 contra los ayubÃes egipcios en contraposición a las sonoras victorias de Jaime I en las cruzadas de Mallorca y Valencia35.
Las actas concluyen declarando el compromiso por parte de la provincia eclesiástica tarraconense de contribuir económicamente a la cruzada a pesar del desastroso estado de sus arcas. Junto a la recomendación final de plegarias especiales y especÃficas contra la âpeste tartáricaâ el concilio especifica que los representantes enviados a Roma solo podrán acordar o comprometer acciones relacionadas exclusivamente con el asunto tártaro.
No hay constancia de la celebración de concilios similares en Castilla, aunque no se puede descartar la posibilidad. Más allá del más que probable interés de los monarcas luso y aragonés, no es hasta dos años después, en 1262, que tenemos constancia de la autorización al prior provincial de los dominicos en España para conceder los favores correspondientes a los que predicaran la cruzada contra los tártaros en defensa de la Tierra Santa36.
También se conserva un documento de agosto de 1260, anterior por tanto a la Clamat in auribus, en el que Jaime I de Aragón agradece al reino la acuñación de 15.000 marcos de plata quando dispossimus transitere ad deffensionem Terre Sancte contra populum tartarorum37. En septiembre el rey de Castilla Alfonso X escribe a su suegro diciéndole que sabe de su intención de ir a Tierra Santa y le aconseja que no lo haga.38 Casi una década después Jaime I retoma la idea de la cruzada pero ya no para combatir a los tártaros sino para luchar junto a ellos, como aliado. Alfonso volverá a intentar disuadir al suegro, sin éxito esta vez39.
6 Anexo40
Bula de Alejandro IV por la que se ordena al Maestro de la Orden que envÃe a sus mensajeros a la Sede Apostólica para exponer qué remedios y ayudas deben utilizarse para resistir a los tártaros que invaden la Tierra Santa y otras partes de Europa.
Alejandro obispo, siervo de los siervos de Dios, al amado hijo Maestro de la Casa de Calatrava, salud y bendición apostólica.
Resuena en los oÃdos de todos y excita a la vigilancia de la atención a aquellos a quienes el torpor de los ánimos no embotó, la terrible trompeta de un horrendo anuncio que, fortaleciéndose con la fe de los que atestiguan los hechos, anuncia con un sonido cierto las guerras que conducirán a un desastre general. El látigo de la ira celestial está ahora en la mano de los inhumanos tártaros, que como si emergieran de los confines ocultos del infierno, aplastan y trituran el orbe terrestre. Ya no conviene que el pueblo cristiano siga prestando oÃdos a estas cosas como si aún fueran noticias ambiguas y esperasen por un relato más cierto. Ahora debe ser advertido cómo prepararse para afrontar un peligro inminente que avanza rápidamente.
Los mismos tártaros que dicen que el Dios del Cielo, a quien ciertamente no conocen, les ha entregado toda la tierra para que la posean, habiendo ya ocupado todas las partes del Oriente y pisoteado a sus pueblos, han sacudido la dureza de los sarracenos, esos que nos resistieron y nos causaron guerras durante mucho tiempo y que ahora son presa de una desolación extrema que los aboca al exterminio. Sus principales ciudades, Bagdad, Damasco y Alepo, y muchas otras ricas regiones han sido capturadas y completamente destruidas. Mataron a su califa, el falso prÃncipe de los infieles, y a toda su gente después de haberse rendido y entregado. Ahora los tártaros están en las fronteras del Reino de Jerusalén al que atacan con la intención de invadir los reinos cristianos de Armenia, AntioquÃa y TrÃpoli y ya son varias las ciudades cristianas que han sido sometidas a su nombre. Mientras tanto, siguen desde el norte, a través de HungrÃa y Polonia, en los lÃmites del Imperio romano41 , derramando no poca sangre cristiana, vaciándolo con matanzas e intentando un acceso hostil a Europa, donde piensan aplastar las cabezas fuertes de la Cristiandad, derribar los tronos de los reyes y los asientos de todos los poderosos para atribuirse el dominio del mundo entero. Es contra estos peligros inminentes que se debe pensar en remedios oportunos en vez de insistir en esclarecer su certeza o gravedad.
[â¦] Nosotros que en la mano de los tártaros vemos el flagelo de la divina indignación azotando por sus pecados al género humano, vemos también como un gran signo de piedad hacia los fieles que la calamidad no sobrevenga de manera inesperada y que podamos evitarlo buscando el consejo de la prudencia, la misericordia del clemente Dios y la reconciliación divina. [â¦] Junto a nuestros hermanos y en exigencia del alto cargo pastoral que inmerecidamente ocupamos hemos pensado ordenar remedios útiles contra este mismo flagelo y tratándose de un peligro tan grande y común a todos no basta con convocar un concilio general de clérigos, sino también de los prÃncipes seculares y los pueblos fieles para que, sobre el común peligro que acecha a todos y sobre los remedios de una provisión oportuna, para los cuales es evidente que las solas fuerzas de la Iglesia no son suficientes, se tuviera una deliberación conjunta de acuerdo a la atención de cada uno.
[â¦] Para los tártaros no importa la fortuna, el sexo, la enfermedad, la edad, ni la dignidad que a nadie sirve de protección contra el exterminio y la muerte. No respetan la fidelidad de ningún pacto o tratado, ya que los infieles no pueden tenerla. Cuando simulan tener afecto hacia los cristianos no es más que un astuto ardid con el que engañar a los cristianos y traicionarlos, especialmente a aquellos que consideran más fuertes. [â¦] Puesto que los tártaros, diligentes en llevar adelante sus perversos planes, no permiten una prolongada dilación en este asunto, y considerando que la situación no admite retrasos extensos, y dado que, por los agravios contra las personas y los daños materiales, no serÃa posible reunir con nosotros la totalidad de un concilio universal en el corto plazo que exige esta necesidad general, hemos considerado oportuno, por consejo de los hermanos anteriormente mencionados, tomar por ahora esta solución provisional. De modo que, en cada reino y provincia, los fieles sean advertidos de prestar atención a aquellas causas por las cuales los tártaros han causado tal desolación, especialmente a los sarracenos y a otras naciones, y de qué manera el desafÃo de las naciones infieles ha provocado el juicio de nuestro altÃsimo Dios y como encontrar remedio contra la pereza, la inactividad, las sediciones que privaron a aquellos de los remedios oportunos para la defensa. De modo que los fieles, tomando como precaución la calamidad ajena, empleen las soluciones oportunas contra los males inminentes42 .
[â¦] Mandamos por tanto a vuestra discreción que convoques un consejo de deliberación sobre tan peligroso asunto y que convoques a los hermanos más prudentes de tu orden y dispongas cómo los fieles del pueblo pueden reconciliarse con Dios y cómo pueden ser inducidos a restaurar la comunión y aplacar la ira de la venganza divina, encendida por el desprecio de los pecadores, mediante la devoción de los penitentes y por la humildad de aquellos que claman a Dios en el Cielo, ya que ninguna adversidad de los enemigos dañará a aquellos libres de vicios y disensiones internas. Luego, debes procurar prever mediante un examen de deliberación circunspecta, por qué medios, qué remedios y ayudas, tanto eclesiásticas como mundanas, se pueden usar para resistir a los tártaros tanto en la Tierra Santa, como en el reino de HungrÃa, la tierra de Polonia y en otros lugares desde donde intentan invadir el resto de los reinos cristianos. Las fuerzas del pueblo cristiano deben unirse en una sola43 . Deliberad cuidadosamente sobre todo esto hasta la octava de los apóstoles Pedro y Pablo, pues dada la urgencia de la necesidad no disponemos de más tiempo para que envÃes a tus nuncios a la Sede Apostólica44 . Y a través de hombres prudentes e idóneos haznos saber vuestros consejos y deliberaciones para que la Sede Apostólica pueda disponer y ordenar adecuadamente lo que la utilidad de una necesidad universal exige sobre este asunto.
Dado en Letrán, en los idus de diciembre, en el sexto año de nuestro pontificado (13 de diciembre de 1260).
José Manuel RodrÃguez GarcÃa. La cruzada en tiempos de Alfonso X (Madrid: SÃlex, 2014). Este capÃtulo se enmarca en el PID 2021-123762NB-I00 âConflictividad religiosa en la Edad Media Peninsular: Confrontación, coexistencia y convivencia (ss. VIIIâXV)â y su publicación ha sido financiada por la UNED.
Juan Luis MartÃn y Jenaro Costas, eds. Juan Gil de Zamora. De Preconis Hispaniae, ca. 1280 (Zamora: Ayuntamiento de Zamora, 1996), 183. Otras menciones tempranas a los mongoles en fuentes ibéricas en Peter Jackson. The Mongols, and the West, 1221â1410 (Nueva York: Pearson Longman, 2005), 67.
Entrada correspondiente al año 1243 de la Chronica Majora, editada por Henry Richard Luard, ed. Matthaei Parisiensis. Chronica Majora, vol. 4 (Londres: Longman, 1882), 276. Traducción inglesa de John A. Giles. Matthew Paris. English History, vol. 1 (Londres: Henry G. Bohn, 1854), 472. Para un estudio de la obra cronÃstica de Mateo Paris y la invasión mongola del este de Europa ver Zsuzsanna Papp Reed. Matthew Paris on the Mongol Invasion in Europe (Turnhout: Brepols, 2022) y en más especÃficamente, Stephen Pow, âIvo of Narbonneâs Account of a Mongol Attack on Austria: Fact or Fiction?â, The Mongols in central Europe: The Profile and Impact of their Thirteenth-Century Invasions, Balázs Nagy, ed. (Budapest: ELTE, 2024), 105â140.
Attila Bárány, âThe Response of the West to the Mongol Invasion (1241â1242)â, The Mongols in central Europe: The Profile and Impact of their Thirteenth-Century Invasions. Balázs Nagy, ed. (Budapest: ELTE, 2024), 43â81; Grischa Vercamer. âThe Mongol invasion in the year 1241. Reactions among European rulers and consequences for East central European Principalitiesâ, Journal of East European Studies, 70, 2 (2021), 227â262.
Esta última en respuesta del devastador ataque de la Horda Dorada ese mismo año bajo el mando del general Noqai, Jackson, The Mongols and the West, 182.
Las cartas que convocaban a la cruzada contra los mongoles de Federico y Conrado fueron recogidas en su crónica por Mateo de Paris: Giles, Matthew Paris, 1, 473. Véase también, Peter Jackson, âThe crusade against the Mongolsâ, Journal of ecclesiastical history, 42 (1991), 1â17.
En: RodrÃguez, La cruzada en tiempos de Alfonso X, 240.
Zsolt Hunyadi, âMilitary-religious Orders and the Mongols around the mid-13th centuryâ, Competing Narratives between Nomadic People and their Sedentary Neighbours, Chen Hao, ed. (Shangai: Shanghai University, 2019). Algún tiempo después Alfonso X se comportarÃa de manera similar al verse sorprendido por la rebelión mudéjar de 1264 y proclamar la cruzada sin el visto bueno del papa: José Manuel RodrÃguez GarcÃa, La ideologÃa de cruzada en el s. XIII. Una visión desde Castilla (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2014).
Eduard Jordan, Les Registres Papales de Clemente IV (1265â1268), vol. 9 (ParÃs: E. De Boccard Editeur, 1893), doc. 113.
Hunyadi, âMilitary-religious Orders and the Mongolsâ, 111â123. Sobre este tema ver también las aportaciones de Jürgen Sarnowsky, âThe Teutonic Order Confronts Mongols and Turksâ, The Military Orders. Fighting for the Faith and Caring for the Sick, Malcolm Barber, ed. (Aldershot: Ashgate, 1994), 253â262 y Axel Ehlers, âThe Crusade of the Teutonic Knights against Lithuania Reconsideredâ, Crusade and conversion on the Baltic Frontier, Alan Murray, ed. (Aldershot: Ashgate, 2001), 21â44.
José Manuel RodrÃguez GarcÃa, âDe vueltas con la conexión alemana de la Orden de Calatrava. De Thymau a Bebenhausenâ, Homenaje al profesor Benito Ruano, vol. 2 (2010), 671â681.
Fray Antonio Brandão, Cronicas de Don Sancho II e Don Afonso III, Artur de Magalhães Basto, ed. (Oporto: Livraria Civilização, 1945), 92â93: 30 de enero de 1244. La data es corregida a 1245 por AgustÃn Quintana Prieto, La documentación pontificia de Inocencio IV (1241â1254) (Roma: Instituto Español de Historia Eclesiástica, 1987), 96.
Jackson, The Mongols and the West, 60 y RodrÃguez GarcÃa, La ideologÃa de cruzada.
Joachim Rother, Das Martyrium im Templerorden (Bamberg: University of Bamberg Press, 2017), 479.
Peter Jackson, âThe Crisis in the Holy Land in 1260â, The English Historical Review, 95, 376 (1980), 491â492.
Al respecto Nicholas Morton, The Teutonic Knights in the Holy Land, 1190â1291 (Woodbridge: Boydell, 2009), 122â123.
Ana EchevarrÃa y José Manuel RodrÃguez, eds. Crónica del Templario de Tiro (Cáceres: Universidad de Extremadura: 2024), f. 110r.
RodrÃguez GarcÃa, La ideologÃa de cruzada, 130.
Recogidas en el estudio de Jacques Paviot, âEngland and the Mongols (1260â1330)â Journal of the Royal Asiatic Society of Great Britain and Ireland 10, 3 (2000), 305â318 esp. 306â307.
La carta al rey de Portugal dice asÃ: âContra subitum Periculuni festinum illi se ad defensionem parantibus, in suffragis bellatorum, prout manus Regia in proximo transfretandi tempore commode poterit, mitte subsidium; quo done tu et alij Principes, et populi Christiani generaliter illi succurrere, et preedictorum Tartarorum insultibus, ne inde, aut etiam aliunde in Christiam universitatis excidium, juxta suum propositum progredi valeant, collatis in commune viribus, reprimendo provideritisâ. En: Antonio Brandão, Cronicas de Don Sancho II e Don Afonso III, 232â233. De la carta al arzobispo de Toledo sólo conocemos la copia portuguesa, en Peter Linehan, España Pontifica: Papal Letters to Spain 1198â1303 (Washington: Catholic University of America, 2023), doc. 1489 y Peter Linehan, Portugalia Pontificia: Materials for the History of Portugal and the Papacy (Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian, 2013), 603. No hemos podido encontrar aun en el archivo catedralicio toledano referencia de la misma.
âAtque subsidiis utatur, ad resistendun tartaris Terram Sanctam, quasique totas Europae partes invadentibusâ. Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava (Madrid: Ex Typographia Antonii Marin, 1761), 176. Vid infra.
En Henry Richards Luard, comp. Annales Monastici, vol. 1. Annales de Burton (Londres: Longman, 1864), 495 y en Jessalynn Bird, Edward Peter y James M. Powell, eds. Crusade and Christendom: annotated documents in translation from Innocent III to the fall of Acre, 1187â1291 (Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 2013) 337â341, quienes la fechan, a mi juicio erróneamente, en 1261.
Thomas Rymer, Foedera, conventiones, litterae, et cujuscunque generis acta publica, vol. 1 (La Haya: Johannes Neaulme, 1745), 403.
Paviot, âEngland and the Mongolsâ, 306â308.
Se encuentra en el Archivo Torre do Tombo, Mitra de Braga, Doc. 326 citada por Gerhard Sailler, Papsturkunden in Portugal von 1198â1304. Ein Beitrag zum Censimento (Tesis Doctoral: Universidad de Viena, 2008). No está transcrita.
Sanç Capdevila, âUn council provincial de Tarragona desconegutâ, Analecta Sacra terraconensia, 2 (1926), 495â521.
En un regesto de documentos calatravos publicado en el BoletÃn de la Real Academia de la Historia, 35, 1â3 (1899), 74 aparece recogido bajo el año de 1258 una âBula de Alejandro IV al Maestre de Calatrava notificándole cómo los tártaros ganaron muchas tierras de los cristianos y mandándole tuviese consejo con sus caballeros, y con otros seglares y caballeros para ir a reconquistarlasâ. Sin embargo, en el bulario de la orden la âClamat in auribus omniumâ aparece la fecha, a mi juicio correcta, de 1260 en el Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava, 117â119. De la misma opinión es Linehan, España Pontificia, doc. 1505.
âHinc est, quod discretioni vestrae per Apostolica scripta mandamus, quatenus aliquibus prudentioribus fratribus tui Ordinis tibi subjectis, super tam periculoso negotio ad deliberationis Concilium advocatis, ante omnia disponas providentia , quomodo fideles populi ad reconciliandum se Deo. Deumque sibi per dignum poenitentiæ fructum, necnon ad reformandum in se ipsis communionem pacis mutuæ, facris exortationum â¦â Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava, 119. Vid infra.
Paviot, âEngland and the Mongolsâ, 307 también hace referencia a una oración especial creada a tal fin por el CÃster.
Canivez, Statuta capitulorum generalium, 475, cit. Jean Richard âThe Mongols and the Franksâ, Journal of Asian History 3, 1 (1969), 51.
Capdevila âUn council provincial de Tarragona desconegutâ sitúa el concilio de Burdeos en 1260 seguramente confundiéndolo con la participación del obispo de Marsella en octubre de ese mismo año en el Generale Concilium Ecclesiae contra Tartaros celebrado en Tierra Santa: Richard âThe mongols and the Franksâ, n. 26. El De constructione castri Saphet escrito entre 1260 y 1267 también menciona la estancia del obispo francés en Acre âpara de nuevo apoyar a la Tierra Santa contra los tártarosâ en Malcom Barber y Keith Bate, eds. trads. The Templars: selected sources (Manchester: Manchester University Press, 2002), 89.
Capdevila, âUn council provincial de Tarragona desconegutâ, 501.
La copia conservada está en un códice en pergamino de Tuy del siglo XIII citado por Fidel Fita Colomé, âConcilios españoles inéditos: provincial de Braga de 1261 y nacional de Sevilla de 1478â, BoletÃn de la Real Academia de la Historia, 22 (1893), 209â257.
Capdevila, âUn council provincial de Tarragona desconegutâ, 495â523.
Sobre las complejas relaciones de San Luis con los mongoles y la fuerte vinculación desarrollada poco después por Jaime el Conquistador véanse los dos capÃtulos siguientes.
Ildefonso RodrÃguez de Lama âLa documentación pontificia de Urbano IV (1261â1264), Sección Registros, VI, Roma: Instituto Español de Historia Eclesiástica, 1981), 84â86. RodrÃguez GarcÃa, La ideologÃa de cruzada, 132.
El documento está en Joaquim Miret i Sans, Itinerari de Jaume I el Conqueridor (Barcelona: Institut d´Estudis Catalans, 1918), 330â304; y en Carlos de Ayala, Directrices fundamentales de la polÃtica peninsular de Alfonso X. Relaciones castellano-aragonesas de 1252 a 1263 (Madrid: Universidad Autónoma de Madrid, 1986), n. 309.
La carta está en Memorial Histórico Español, I (Madrid: Real Academia de la Historia, 1851), doc. LXXX. Hay que tener en cuenta que, en ese año, Alfonso estaba inmerso en sus propios planes de cruzada contra el norte de Ãfrica acerca de los cuales Jaime se mostraba reticente
Al respecto el capÃtulo de Ernest Marcos Hierro a continuación.
Traducción parcial del latÃn de la bula Clamat in auribus omnium de Alejandro IV a la Orden de Calatrava tal como aparece en el Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava, 117â119. El original se encuentra en el Archivo Histórico Nacional, Ordenes Militares, Calatrava, carpeta 44, doc. 52 y en la colección Salazar y Castro, I. 40, ff. 125 a 127v, doc. n. 36.979 de la Real Academia de la Historia.
El texto calatravo dice âcontaminansâ pero es probable que se trate de un error del copista que propongo corregir por âconterminasâ tal y como aparece en la carta al obispo, en Sanç Capdevila âUn council provincial de Tarragona desconegutâ, 509.
En este punto la bula dirigida al obispo de Tarragona introduce la intitulación y emite la orden de convocar un concilio provincial previo para discutir estos asuntos: Sanç Capdevila âUn council provincial de Tarragona desconegutâ, 509â510.
En la carta al obispo de Tarragona se añade aquÃ: âPues para contener tan grandes e indebidas invasiones de multitudes, las capacidades de un solo rey o reino no serÃan suficientes. También debe preverse con qué penas, qué restricciones y censuras espirituales y temporales deben ser contenidos los cristianos de cualquier preeminencia o condición, para que se abstengan de formar confederaciones con esos tártaros, evitando que quienes tienen fe en Dios y en la religión católica actúen de manera que hagan inútil esta relación con sus próximos, intentando algo que resulte en la deshonra o pérdida del nombre y del pueblo cristiano. Además, debe considerarse qué región, de qué manera y con qué fuerzas debe obligatoriamente ayudar contra esos tártaros; quiénes también deben ser nombrados lÃderes o capitanes de los ejércitos fieles que procederán en la guerra del Señor contra los escuadrones de los infieles. Finalmente, qué y cuáles ayudas de subvención deben ser especÃficamente designadas para estos propósitos a los clérigos y pueblos cristianos. Sobre los demás aspectos, también es necesario que piensen y contribuyan con las providencias oportunas en tan importante asunto y sus contingencias, según la prudencia que Dios les ha otorgado, teniendo en cuenta a Dios y el peligro universalâ. Traducción del texto latino publicado por Sanç Capdevila, âUn council provincial de Tarragona desconegutâ, 510.
La carta al obispo añade: âDesignen, por tanto, algunos de ustedes o a otros mensajeros propios, hombres aptos, prudentes y discretos, suficientemente instruidos y que tengan de ustedes un mandato completo para llevar a cabo todo lo relacionado con los asuntos mencionados, tal como ustedes podrÃan hacerlo personalmente estando presentes, y envÃenlos a la Sede Apostólica. A través de ellos, se nos dará a conocer la voluntad y el consejo de su circunspección sobre los asuntos mencionados, y, mediante el consejo compartido de estos mensajeros, la Sede Apostólica establecerá, dispondrá y ordenará con una deliberación providente todo lo que requiera la utilidad pública de la salvación en tan arduo asunto de la cristiandad. Confiamos firmemente en el Señor y en el poder de su fuerza que, si todo esto se ordena de manera adecuada, la ferocidad tártara encontrará a los cristianos preparados para resistir y los experimentará protegidos por la gracia divina, asà como por el consejo de la providencia humana. Ante ellos, la multitud de horrores y terrores, las astucias de los engaños y las discordias de los cismas, que anteriormente prevalecieron entre naciones imprudentes y alejadas de Dios, no les serán de provecho. Por el contrario, con el favor de Dios hacia los suyos, se demostrará cuánto puede valer el nombre de Cristo, invocado fiel y dignamente, en la batalla de los fieles contra los infieles. Si acaso tú, hermano Arzobispo, estuvieras ausente o, lo que Dios no permita, faltaras, entonces vosotros, hijos del CapÃtulo de Tarragona, actuando con la autoridad apostólica, deberán procurar llevar a cabo todo esto. Dado en Letrán, el quince de las calendas de diciembre, en el sexto año de nuestro pontificadoâ. Traducción del texto latino publicado por Sanç Capdevila âUn council provincial de Tarragona desconegutâ, 510â511.