1 Introducción1
En 1316, el dominico Guillermo Adán se encontraba en el reino cilicio de la Pequeña Armenia. HabÃa comenzado a redactar De modo sarracenis extirpandi, un tratado en el que reflexionaba sobre la situación que se vivÃa en Oriente próximo y cómo debilitar a los musulmanes. Entre otras muchas cuestiones, Adán rememoró la misión diplomática que, dos años atrás, habÃa partido de Roma bajo las órdenes de Juan XXII. La embajada, de la que él mismo habÃa formado parte junto a otros cinco dominicos, tenÃa como objetivo negociar una alianza militar con el Ilkhanato para luchar contra los mamelucos. En su relato, el dominico denunciaba que algunos mercaderes latinos, especialmente los genoveses y, de entre ellos, Segurano Salvaigo y los de su casa, trabajaban al servicio del sultán contraviniendo la prohibición de suministrar a los musulmanes cualquier mercancÃa que pudiera fortalecer sus capacidades bélicas2. Según Adán, Salvaigo y los suyos no solo hacÃan uso de sus naves para proporcionarles metales, madera y otros bienes útiles para la guerra, sino también jóvenes esclavos embarcados en Crimea cuyo principal destino no era otro que alimentar los barracones militares del sultán3. âY dado que se dice que solo el mencionado Segurano llevó diez mil niños a los sarracenosâ, proseguÃa, âno se puede saber ni la multitud ni el número que llevaron los demásâ4.
A pesar de que Adán, un ferviente defensor de la cruzada contra los musulmanes, no pueda ser considerado un testimonio objetivo de las actividades de Salvaigo â a quien tachaba de favorecedor, promotor y defensor de la fe mahometana5 â, este episodio nos abre una pequeña ventana a una parte del tráfico de esclavos que se articuló en el mar Negro, y que formó parte de un sistema más complejo que irradió de un extremo al otro del Mediterráneo medieval.
Las redes transmediterráneas del tráfico de esclavos transportaron personas esclavizadas a los principales mercados y ciudades desde el Egipto mameluco hasta la Valencia cristiana. Las zonas de captura y abastecimiento fueron, también, múltiples y variadas. A grandes rasgos, fueron tres las áreas de aprovisionamiento en el Mediterráneo medieval. En primer lugar, el norte de Ãfrica, el sur de Italia y el sureste ibérico configuraron un espacio especialmente activo para la captura y la comercialización de personas esclavizadas que, al menos desde el siglo IX, alimentó los mercados de ambas orillas del Mediterráneo. En segundo lugar, las costas adriáticas de los Balcanes, controladas por los mercaderes venecianos desde el siglo XI, constituyeron una importante área para el comercio de esclavos. Y, finalmente, la zona del mar Negro y, con especial intensidad, sus costas septentrionales y nororientales, pasaron a ser el espacio por excelencia para el abastecimiento de esclavos entre finales del siglo XIII y mediados del XV.
El objetivo de este trabajo es analizar el tráfico de esclavos euroasiáticos que se articuló en el mar Negro desde una perspectiva multifocal. En primer lugar, se abordará la expansión latina en aquella región y la organización del tráfico de esclavos euroasiáticos, que solo fue posible gracias a la cooperación comercial que genoveses y venecianos establecieron con los khanes de la Horda Dorada. A continuación, se analizará el término âtártaroâ que aparece en multitud de cartas de compraventa de las notarÃas cristianas occidentales con la intención de dilucidar qué grupos étnicos se escondÃan tras esta etiqueta. En tercer lugar, se examinará, brevemente, el impacto que tuvo el tráfico de esclavos euroasiáticos en el Mediterráneo occidental cristiano bajomedieval. Por último, a partir de las noticias documentales que se conocen sobre algunas embarcaciones que participaron del tráfico de esclavos en el mar Negro, se propondrán algunas ideas que ayuden a esclarecer las distintas modalidades del transporte marÃtimo de esclavos, una cuestión que ha recibido escasa atención por parte de los especialistas.
2 De la expansión latina en el mar Negro a la articulación del tráfico de esclavos tártaros
Desde la antigüedad clásica, el mar Negro habÃa sido un espacio dinámico para el comercio. Ya en el siglo II a.C., el historiador griego Polibio describÃa los intercambios que se llevaban a cabo en su costa oriental destacando, por encima de otras mercancÃas, las personas esclavizadas procedentes de Cólquida, que eran vendidas a cambio de aceite y vino griegos6. Quince siglos después, este mercadeo de hombres y mujeres esclavizados continuaba activo y podÃa ser descrito en términos similares: cada año, miles de esclavos y esclavas seguÃan siendo embarcados en las orillas del mar Negro, o partÃan por vÃa terrestre, con destino al sultanato mameluco de Egipto y Siria, a los mercados norteafricanos o a las ciudades cristianas de Europa occidental7. Para el perÃodo altomedieval se sabe que, desde el siglo IX, los búlgaros, por el oeste, abastecÃan los mercados bizantinos mientras que, en el este, los jázaros â una confederación de tribus turcas estratégicamente situada entre las orillas del mar Negro y del Caspio â suministraban numerosos esclavos al califato abasà de Bagdad8.
Durante la baja Edad Media, este ramal del tráfico de esclavos transmediterráneo impactó con intensidad en las ciudades del sur de Europa occidental. Ahora bien, este fenómeno no podrÃa explicarse sin la expansión comercial latina capitaneada por Génova y Venecia que le precedió, y que fue posible gracias a los acuerdos que ambas potencias suscribieron con los khanes de la Horda Dorada. Desde que, en 1259, la división del imperio mongol diera pie a la constitución de este khanato, también conocido como Ulug Ulus, khanato Kipchack o Ulus de Jochi, los mongoles pasaron a ser uno de los principales actores del mar Negro. En ese contexto, genoveses y venecianos eran conscientes de que la buena salud de sus negocios en aquella región dependÃa, en gran medida, de la naturaleza de los vÃnculos que pudieran establecer con el poder mongol. No en vano, las relaciones, no siempre fluidas, entre el representante del khan en Crimea y los italianos fueron continuas y orbitaron en torno a los beneficios que del comercio todas las partes podÃan obtener9.
Desde un inicio, Génova estuvo en posición de ventaja con respecto a Venecia, su rival más directo. En 1261, el emperador bizantino Miguel VIII concedió a los genoveses privilegios comerciales y la garantÃa de la libre circulación en el mar Negro y, en 1288, el reino armenio de Cilicia les otorgó una exención tributaria para la adquisición y la venta de esclavos10. De mucha mayor transcendencia fue la concesión que obtuvieron, en 1266, del khan de la Horda Dorada para instalarse en Caffa, el puerto comercial más activo de la penÃnsula de Crimea. A cambio de un tributo a favor del khan en reconocimiento de su soberanÃa, el canlucum, y de un impuesto sobre el comercio fijado en el 3%, los genoveses podrÃan acceder a una amplia y sostenida oferta de mano de obra esclava, la mercancÃa de exportación por excelencia de la Horda Dorada11.
Desde finales del siglo XIII, pues, las naves genovesas no solo tenÃan acceso al comercio de esclavos en el Mediterráneo oriental sino que, también, navegaban las aguas del mar Negro y cargaban sus bodegas con variedad de mercancÃas en enclaves como Tana, Sebastopol, Kerch, Trebisonda, Poti y, especialmente, Caffa, el enclave comercial genovés por excelencia de toda el área póntica. A principios de la década de 1330, Ibn Battuta decÃa del puerto de Caffa ser uno de los más famosos del mundo conocido, repleto de naves de todas las procedencias y poblado por infieles, genoveses en su mayorÃa12. En su mercado se comerciaba con mercancÃas diversas y, especialmente, con personas esclavizadas, un tipo de negocio que generaba enormes beneficios. Cada año salÃan, por vÃa marÃtima, cientos de esclavos y esclavas no solo hacia los mercados del sultanato mameluco de Egipto y Siria, sino también hacia los del sur de Europa occidental. Y lo mismo sucedÃa en las rutas terrestres que alimentaban los mercados de Anatolia y el sultanato mameluco13.
Conforme la comunidad genovesa de Caffa iba creciendo en número e influencia, una parte de los esclavos y las esclavas que pasaban por la ciudad â la mayorÃa de los cuales aparecen definidos en las fuentes genovesas como tártaros, pese a que también se documentan, aunque en menor proporción, esclavos rusos, lituanos, griegos, búlgaros, circasianos, mingrelianos, húngaros, alanos, abjasios, georgianos, armenios y sirios14 â era absorbida para satisfacer la demanda de los colonos latinos15 y, en menor medida, también la de otras comunidades con menor representación demográfica, como la rusa16. Y algo similar ocurrÃa en otros dos enclaves controlados por los genoveses que, pese a estar fuera del espacio del mar Negro, cumplÃan las funciones de centros de redistribución: la isla de QuÃos, por un lado, y, por el otro, Pera, la parte de Constantinopla controlada por los genoveses donde acudÃan mercaderes del Occidente cristiano que, sin necesidad de adentrarse en las aguas del mar Negro, accedÃan a una oferta de mano de obra esclava amplia y generosa17.
Si la expansión genovesa en el mar Negro se encontraba en pleno rendimiento desde la década de 1260, los venecianos no desplegaron una polÃtica similar hasta los primeros años del siglo XIV pese a que, ya en 1204, hubieran fundado un primer puesto comercial en Tana, en la desembocadura del rÃo Don18 ; y pese a que, también, se atestigüe la venta de esclavos euroasiáticos en los registros notariales venecianos desde los últimos años del siglo XII. En cualquier caso, no fue hasta la consolidación del Ilkhanato de Tabriz, la desaparición de los últimos asentamientos cruzados en Siria y Palestina y la caÃda del imperio latino de Constantinopla que los venecianos no reorientaron su polÃtica comercial hacia el eje formado por Trebisonda â ciudad que destacó por el suministro de esclavos circasianos, especialmente durante el siglo XV â y Tana19.
Tana, como Caffa, tuvo un importante papel para el tráfico de esclavos gracias a su situación estratégica en la desembocadura del rÃo Don, desde donde se podÃa acceder a los mercados de la vecina ciudad de Azak, en territorio de la Horda Dorada. Desde que los embajadores Giovanni Quirini y Pietro Giustiniano negociaran con el khan Uzbek el establecimiento de un puesto comercial permanente en Tana, en 1333, los venecianos contaron con una concesión territorial, diversas exenciones fiscales, la protección de sus mercaderes y un sistema coaligado para la resolución de conflictos en el que participaban, en igualdad de condiciones, el cónsul veneciano y el representante del khan20. En su puerto, las naves eran cargadas con esclavos que los compradores latinos â especialmente venecianos y, en menor medida, también genoveses â adquirÃan a vendedores y tratantes autóctonos para exportarlos hacia los mercados de las ciudades cristianas de Europa occidental y del sultanato mameluco21.
Si Tana fue para Venecia lo que Caffa para Génova, la isla de Creta jugó un papel similar al de QuÃos y Pera. La más grande de las islas griegas actuó como centro redistribuidor hacia los dominios mamelucos de Egipto y Siria, por un lado, e Italia, el sur de Francia y la costa oriental de la penÃnsula ibérica, por el otro; pero, también, como gran consumidor de esclavos, muchos de ellos dedicados a la agricultura22. Y algo parecido ocurrió en otras dos islas bajo órbita veneciana de capital importancia para el comercio bajomedieval de esclavos, Rodas y Chipre23.
3 De la estepa de los kipchaks a Crimea: la procedencia de los esclavos âtártarosâ
Los puestos comerciales italianos en el mar Negro actuaron como terminales de un comercio local e internacional mucho más complejo cuya escala era transcontinental. El internacional, que irradiaba hasta Asia Central, Persia, China e India, se concentraba en el comercio de seda, especias, perlas y piedras preciosas. El local, cuyo ámbito de actuación se limitaba al área póntica, el sur de la actual Rusia, Anatolia y el Cáucaso, consistÃa, fundamentalmente, en el mercadeo de grano, productos ganaderos y de caza, pescado, caviar y esclavos. En términos económicos y estratégicos, el comercio local tuvo una mayor importancia para los intereses de italianos y mongoles. Y el negocio esclavista fue, sin duda, uno de los principales alicientes para la obtención de beneficios24.
Los mongoles de la Horda Dorada se mostraron especialmente activos en el negocio esclavista. Fueron, precisamente, las personas esclavizadas, muchas de ellas procedentes del territorio bajo dominio del khan, su principal mercancÃa de exportación. En ocasiones, algunos vendedores mongoles que no eran necesariamente mercaderes, a los que acudieron los hombres de negocios italianos, también se involucraron en la venta de personas esclavizadas llegando, incluso, a vender a miembros de su propia familia. Entre los italianos, también se documentan mercaderes que se lanzaban tierra adentro para conseguir esclavos que, después, vendÃan en Tana, Caffa u otras colonias italianas25.
Si acudimos a las fuentes notariales occidentales, se pueden establecer dos perÃodos caracterizados por un origen diferente de las personas esclavizadas que llegaron a los principales enclaves comerciales del norte y el noroeste del mar Negro. Durante todo el siglo XIV, los esclavos definidos como tártaros, muchos de ellos procedentes de la estepa de los kipchaks26, bajo el dominio de la Horda Dorada, fueron los más numerosos. Sin embargo, desde los primeros años del siglo XIV, tanto en Europa occidental como en el sultanato mameluco de Egipto y Siria se documentan, junto a los tártaros, algunos esclavos circasianos procedentes del noroeste del Cáucaso27. Ahora bien, estos últimos no pasaron a ser mayoritarios hasta, aproximadamente, la década de 1380 para el caso mameluco â en 1382, el circasiano al-Zahir Saif al-Din Barquq se convirtió en el primer sultán del segundo estado mameluco28 â y los primeros años del siglo XV para el del sur de Europa occidental, pese a que se documenten, en los archivos occidentales, esclavos tártaros hasta mediados del siglo XV29. Junto a estos dos grandes grupos, hombres y mujeres definidos como rusos, abjasios, alanos, húngaros o turcos también alimentaron los principales mercados esclavistas de la región.
En la primera mitad del siglo XIV, el historiador de Damasco Ibn Fadl Allah al-Ê¿Umari aseguraba que circasianos, rusos, alanos y turcos de las regiones más septentrionales, sometidos al poder de la Horda Dorada e âincapaces de oponerse al soberano del paÃs (â¦) a pesar de contar con sus propios reyesâ, con frecuencia eran esclavizados por los tártaros:
En la medida en la que le son sumisos y le halagan ofreciéndole presentes y valiosos regalos, pueden vivir en paz; en caso contrario, les declara la guerra y asedia sus ciudades. ¡Cuán a menudo ha masacrado a los hombres, ha capturado a mujeres y niños y los ha vendido como esclavos en todas las partes del mundo30!
Acto seguido, al-Ê¿Umari también afirmaba que, âpese a ser superiores a los ejércitos de los circasianos, los rusos, los magiares y los alanos, todos ellos roban sus hijos [los de los tártaros] y los venden a los mercaderesâ, describiendo una dinámica de esclavización bidireccional en la que los captores podÃan convertirse en presa31. Otros historiadores egipcios, como Baybars al-Mansuri o Shihab al-Din al-Nuwayri, sostenÃan que numerosas mujeres y niños fueron vendidos como esclavos tras la guerra civil mongola de 1260â126432.
Prácticamente un siglo más tarde, hacia finales de la década de 1430, el viajero castellano Pero Tafur, a su paso por Caffa, se referÃa a los tártaros de una forma parecida y aseguraba que se trataba de grandes guerreros que âdestruyen todas aquellas naçiones de xpianos é los traen a vender allà á Cafa, mayormente después que murió el duque Vitoldo que señoreava toda la Lituania é la Ruxia (â¦)â33.
Si volvemos a las descripciones de al-Ê¿Umari sobre las costumbres tártaras, hay una que llama la atención. A pesar de haber abrazado el islam, decÃa,
todavÃa actúan contra las leyes en muchos sentidos (â¦). Cuando sus prÃncipes están disgustados con alguno de sus servidores, suelen confiscar sus propiedades y vender sus hijos. Cuando alguien comete un robo, la parte dañada tiene derecho sobre la propiedad y los hijos del ladrón, que acaban siendo vendidos (â¦). Toda la población, dice MaulÄ al-FÄdil NizÄm ad-DÄ«n AbÅ« l-FadÄâil YahyÄ b. al-HakÄ«m, debe pagar impuestos al soberano. En algunas ocasiones, las obligaciones son exigidas incluso en años adversos, cuando el hambre se ha cebado con los rebaños, la nieve ha sido copiosa y las heladas rigurosas, con lo que el pueblo, con tal de cumplir con sus obligaciones, se ve forzado a vender sus hijos34.
Y digo que llama la atención porque, sin dejar de tener presente la subjetividad de al-Ê¿Umari, al-Mansuri o al-Nuwayri, todos ellos súbditos mamelucos y fervientes anti-mongoles, esta misma explicación la encontramos repetida en otros dos autores no islámicos, sino cristianos occidentales: Pero Tafur y Francesc Eiximenis. Para Tafur, la causa más habitual de esclavización entre los tártaros era la venta por penuria35 mientras que Eiximenis, al describir las formas legales de esclavitud en el libro XII de Lo Crestià â su monumental obra enciclopédica redactada entre 1379 y 1392â, también incluÃa la esclavitud personal o auto-venta voluntaria, âla qual cosa han en costum en les parts de Grècia e de Tartèria sovinâ36.
Ahora bien, si el origen de circasianos, rusos, abjasios o lituanos son más o menos claros, ¿qué sabemos de los tártaros a los que se refieren Tafur, al-Ê¿Umari o Eiximenis, y que encontramos en infinidad de cartas de compraventa de las notarÃas del sur de Europa occidental?
Hacia mediados del siglo XII, los tártaros, término que aparece por primera vez en las fuentes chinas para referirse a una serie de grupos que vivÃan al norte de la Gran Muralla, constituÃan la confederación polÃtica más robusta de las estepas orientales hasta su derrota y práctica aniquilación a manos de Chinggis Khan, en 1202. A partir de aquel momento, las tropas mongolas, junto a otros grupos étnico-lingüÃsticos englobados en sus huestes, pasaron a ser percibidos como âtártarosâ en un sentido amplio. Cuando las tropas chinggÃsidas llegaron a Europa, es muy probable que los mongoles constituyeran ya una minorÃa de un ejército formado mayoritariamente por tribus túrquicas de las estepas, sumadas a la comandancia mongola de manera voluntaria o tras ser derrotadas. En cualquier caso, uno de los últimos grupos en integrarse en las fuerzas chinggÃsidas fueron los cumanos de Dasht-i Kipchaq, territorio que pasarÃa a constituir la Horda Dorada tras su derrota y posterior anexión a las posesiones mongolas37. Los pobladores de aquella región â mayoritariamente cumanos, además de otros grupos túrquicos y no túrquicos y de una minorÃa mongola que formaba la élite polÃtica â pasaron a ser percibidos por los europeos como tártaros. En paralelo, la constitución de la Horda Dorada trajo consigo un proceso de asimilación inversa en el que el grupo vencido de los cumanos acabó asimilando a la élite tártaro-mongola en el poder38.
Hasta mediados del siglo XIV, los notarios italianos diferenciaban entre esclavos tártaros, cumanos y mongoles39. Todo parece indicar que esta distinción, ya advertida por Charles Verlinden en su obra magna40, giraba en torno a criterios lingüÃsticos y de estatus social. Los mongoles, que pertenecÃan a la élite polÃtica y cuyos precios de mercado solÃan ser más caros, eran mongolófonos, mientras que la mayor parte de los habitantes de la Horda Dorada eran turcófonos y podÃan ser descritos como tártaros o cumanos. Sin embargo, a partir del ecuador del siglo XIV esta distinción comienza a desaparecer de las fuentes italianas y, ya a finales del mismo siglo, tan solo se habla de esclavos tártaros, lo que podrÃa estar indicando la culminación del proceso de asimilación de la mayorÃa túrquica con respecto a la élite dirigente mongola41.
Queda claro, pues, que tras el calificativo tártaro se esconde una diversidad étnica de mayor complejidad en la que los cumanos debieron predominar por encima de cualquier otro grupo túrquico y de los propios mongoles. De hecho, no se trata de un fenómeno excepcional. Cuando la primera trata atlántica irrumpió en el Mediterráneo occidental, es habitual que los documentos registrados en las notarÃas de, por ejemplo, Valencia, Mallorca o Barcelona definieran a los esclavos como negros, africanos o etÃopes o, en el mejor de los casos, como guineanos, wolof o mandinga; pero no, salvo contadas ocasiones, como gibo, lebu, soninké o sereer, por mencionar solo algunos grupos étnicos. En este sentido, basta con comparar la manera en la que son definidos los esclavos euroasiáticos en las fuentes venecianas y genovesas del siglo XIV y la primera mitad del XV â âde partibus Tartarieâ, âque fuit de Tartasiaâ, âex genere tartarorumâ42 â con las formas que se aplican a los esclavos procedentes de Ãfrica occidental en las notarÃas barcelonesas de fines del siglo XV y principios del XVI: âde partibus de Guineaâ, âex genere guineorumâ, âde natione Gelopeâ o âde natione de la Sera de Lehoaâ43.
Según Domenico Gioffrè, la palabra tártaro acabó siendo utilizada en Génova como sinónimo de esclavo44, algo que vuelve a no ser excepcional: lo mismo ocurrió en distintos tiempos y lugares con los términos sarraceno, negro o guineano, por ejemplo, o incluso con la palabra âesclavoâ y su vinculación con la subyugación de los pueblos eslavos45. Por otro lado, Charles Verlinden señala que los notarios venecianos de Tana clasificaban a los tártaros de Crimea entre tártaros de las estepas (çöllüler, nogaylar), de las montañas (tatlar) y del litoral (yaliboylular), y que los dos últimos grupos incluirÃan a todos los pueblos del litoral septentrional del mar Negro46.
Fuese como fuere, los más probable es que, por asimilación etnogeográfica, los mercaderes occidentales definieran como tártaros a todos los pueblos que se encontraban bajo la órbita de la Horda Dorada, o a buena parte de los esclavos y esclavas que habÃan ido a parar a los terminales comerciales septentrionales y nororientales del mar Negro. En cualquier caso, los notarios occidentales no estaban tan interesados en consignar un origen preciso como en tener clara una zona de procedencia ya que era ese factor â junto a otros como la edad, el sexo o las condiciones fÃsicas â el que determinaba el precio de uno u otro esclavo47.
4 De Crimea al Mediterráneo occidental cristiano: la maximización del tráfico transmediterráneo de esclavos euroasiáticos
Si, como se ha visto, durante las tres últimas décadas del siglo XIII y la primera mitad del XIV, las relaciones establecidas entre Génova y Venecia, por un lado, y la Horda Dorada, por el otro, hicieron posible la expansión latina en el mar Negro y la organización de esta parte del tráfico de esclavos transmediterráneo, no fue hasta la llegada de la peste negra que las exportaciones de personas esclavizadas hacia Europa occidental se multiplicaron.
La relación que tuvo la crisis generada por la peste negra con el aumento de la población esclava en el sur de Europa occidental habrÃa que buscarla no en el descenso demográfico que ocasionó la pandemia, sino en el proceso inflacionista generalizado que dejó tras de sÃ, provocando un aumento de los costes laborales en los mercados de trabajo48. La introducción de mano de obra renovada en los tejidos productivos del sur de Europa occidental fue el mecanismo que se adoptó para frenar o, al menos, contener dicho aumento. Y, por aquel entonces, el tráfico de esclavos que se habÃa ido configurando en el mar Negro y el Mediterráneo oriental era una de las vÃas más eficaces para obtener nuevos trabajadores sanos y en gran cantidad49.
En 1363, el gobierno de la ciudad de Florencia autorizó la importación ilimitada de personas esclavizadas siempre y cuando se tratara de no católicas50. Cinco años más tarde, el Senado de Venecia, debido a una más que probable saturación de los mercados internos, prohibió, durante cuatro años, la entrada de tártaros esclavizados y restringió su venta en la ciudad al ámbito privado, pero no impidió su exportación a otros lugares51. En 1374, ante el elevado número de personas esclavizadas que habÃan sido introducidas en Mallorca, el monarca catalanoaragonés Pedro el Ceremonioso ordenó realizar un censo de todos los esclavos de la isla y decidió expulsar a los que no fueran estrictamente necesarios para el cultivo de las tierras. En 1381, su número continuaba siendo tan elevado que justificó la creación de un funcionario encargado de su vigilancia, el magister excubii o magister guayte, y la situación no se resolvió completamente hasta mediados del siglo XV52.
Otro indicador a tener en cuenta son las exportaciones de personas esclavizadas que se registran en Crimea. Pese a que, como se verá más adelante, esta cifra fue paulatinamente menguando, sabemos que, al menos desde los inicios de la década de 1370, cada año salÃan desde Caffa cerca de 3.200 esclavos hacia el sultanato mameluco de Egipto y Siria y el resto del Mediterráneo53. No está de más volver a citar el testimonio excepcional de Pero Tafur quien, a su paso por aquella ciudad, pudo observar cómo se organizaban las ventas públicas de esclavos y esclavas:
los que los venden fázenlos desnudar en cueros tanbien al macho como fembra, é pónenles unos gavanes ençima de fieltro, é fazese el preçio, é después de fecho, tÃrangelos ençima é quedan desnudos é fázenlos pasear, esto por ver si ay algunt defecto de mienbro, é despues oblÃgase el vendedor, que si dentro en sesenta dias muriese de pestilençia, que sea tenido á tornar el dinero que resçibe54.
No cabe duda, pues, que, ante los efectos de la pandemia sobre los mercados de trabajo, la reacción de las comunidades del sur de Europa occidental se materializó en la importación de nuevos contingentes de trabajadores esclavizados para renovar sus fuerzas laborales y forzar, asÃ, la presión salarial hacia una posición de relativo equilibrio. Y asà lo hicieron. Numerosos esclavos y esclavas llegaron a las ciudades del Mediterráneo occidental cristiano. Y, con ellos, se amplificaron los conflictos convivenciales de todo tipo que, hasta entonces, no habÃan preocupado en exceso a los gobiernos de las ciudades. En este sentido, interesa observar en qué medida los consistorios occidentales reaccionaron ante el aumento de la población esclava, y de los problemas a ella asociados, incrementando la aprobación de ordenanzas municipales especÃficas: Barcelona lo hizo a partir de 135055; Pisa, en 1359; Florencia, entre 1364 y 1366; Siena, en 1366, Lucca, en 137256 o, de nuevo en tierras catalanas, Vic, en 139457. Ahora bien, en paralelo a todos estos indicios, las fuentes notariales siguen siendo el mejor indicador para calibrar el ritmo y la intensidad de la llegada de esclavos y esclavas a los principales puertos del Mediterráneo occidental cristiano.
En Génova, por ejemplo, el número de las personas esclavizadas que procedÃan de Caffa y otros puertos del mar Negro y del Egeo aumentó exponencialmente desde la década de 137058. Lo mismo estaba sucediendo en Venecia desde mediados del siglo XIV: esclavos y esclavas tártaros y circasianos embarcados en Tana y Trebisonda estaban ocupando las primeras posiciones de un mercado que, hasta entonces, habÃan monopolizado los esclavos procedentes de los Balcanes59. De nuevo Tafur, a su paso por aquella ciudad hacia 1430, se asombró de su densa trama urbana y de la cantidad de gentes que la poblaban: âdizen que ay en ella setenta mil veçinos, pero las gentes estrangeras é las gentes de serviçio, mayormente esclavos, es una grant copiaâ60.
Más allá de la capacidad que tuvieron para absorber población esclavizada, Génova y Venecia actuaron como centros de redistribución en el Mediterráneo occidental. Génova, por ejemplo, abasteció a más de 70 localidades del entorno ligur y de la Campania y la Toscana, a los territorios ibéricos, baleáricos y tirrénicos de la Corona de Aragón y al sur de Francia61, mientras que Venecia, además de suministrar esclavos a su hinterland más cercano â en los primeros años de la década de 1420, cada año exportaba cerca de 700 esclavos a distintas localidades del valle del Po â, también lo hizo a distintas regiones del centro de la penÃnsula itálica, a Cataluña y a las Islas Baleares62.
En Florencia, a pesar de que la esclavitud no alcanzó la densidad que sà tuvo en otras ciudades, se dio un desarrollo similar63 como lo atestigua, entre otras evidencias, un cartulario datado en 1372 en el que se registraron un total de 357 esclavos aquel año, de los que el 77% habÃan sido embarcados en el mar Negro64. Y lo mismo puede decirse de otras ciudades toscanas como Pisa, Lucca y Siena65.
En el sur de Francia, desde finales del trescientos y durante buena parte del siglo XV, en mercados como el de Marsella los esclavos euroasiáticos pasaron a ser los más habituales, llegando a sumar casi el 60% del total, si bien es cierto que también se documentan turcos, griegos, balcánicos, búlgaros y subsaharianos procedentes de los mercados de Barqa, en la costa de la Libia actual66.
Más hacia el sur, en el reino de Nápoles, la tradicional presencia de esclavos musulmanes habÃa comenzado a ceder, sin llegar nunca a interrumpirse, a favor de una más numerosa esclavitud euroasiática y, en menor medida, balcánica y subsahariana67. Y en Sicilia, una isla que también actuó como centro de redistribución de mano de obra esclava en el Mediterráneo occidental, especialmente hacia los territorios ibéricos y baleáricos de la Corona de Aragón, parece ser que los esclavos de origen tártaro y circasiano fueron los más numerosos desde 1360 y hasta 143968.
En Cataluña, desde mediados del siglo XIV, la actividad mercantil catalana en el Egeo tuvo importantes consecuencias para el abastecimiento de esclavos, especialmente para el mercado de Barcelona. Pese a que la esclavitud musulmana siempre estuvo presente, el impacto del tráfico euroasiático es innegable no solo en la capital del Principado, sino también en localidades como Girona, Manresa, Vic, Cervera o Mataró69. En Barcelona, por ejemplo, en un sondeo publicado por M. Teresa Ferrer i Mallol para los años 1385â1389, de 201 compraventas registradas en la notarÃa de Joan Nadal, en 144 ocasiones fueron vendidas esclavas predominantemente tártaras y, en menor medida, albanesas, búlgaras y circasianas70.
Mallorca también recibió grandes cantidades de personas esclavizadas procedentes del mar Negro. Pese a que los intentos por cuantificar la mano de obra esclava en la isla son dispares en sus conclusiones71, todo parece indicar que, desde la década de 1370, el elevado número de cautivos se habÃa transformado en una fuente de problemas y conflictos72. Y en el reino de Valencia, reproduciendo el esquema que se ha visto hasta ahora, la esclavitud entró en un ciclo expansivo desde las décadas finales del siglo XIV con una mayorÃa de esclavos de origen euroasiático: entre 1375 y 1425, sobre una población aproximada de 1.275 esclavos, casi el 47% eran euroasiáticos y, de entre ellos, los tártaros eran mayoritarios, el 60%, seguidos por un 27% de rusos y un 11% de circasianos73.
E incluso en Castilla, donde la guerra fronteriza contra los territorios islámicos ibéricos y norteafricanos fue la vÃa de abastecimiento de esclavos por excelencia hasta el inicio de la trata atlántica, desde el ecuador del trescientos se documentan algunos pocos esclavos euroasiáticos que, desde lugares como Génova y Barcelona, iban a parar a los principales mercados del sur de la penÃnsula ibérica, como el de Sevilla74.
Estas tendencias se mantuvieron hasta mediados del siglo XV, cuando el inicio de la trata atlántica, por un lado, y la hegemonÃa turca en los Balcanes y el mar Negro, por el otro, cambiaron las corrientes del tráfico de esclavos que, hasta entonces, habÃan dominado el mercadeo de hombres y mujeres en el sur de Europa occidental.
5 El transporte marÃtimo de esclavos desde el mar Negro
El tráfico de esclavos desde los puertos septentrionales y nororientales del mar Negro hacia los mercados occidentales fue un fenómeno especialmente activo desde la segunda mitad del siglo XIV. Ahora bien, según avanzaba el siglo XV, todo parece indicar que el ritmo de las salidas fue disminuyendo, pasando de las 3.200 personas esclavizadas por año que se registran en la década de 1370 a las menos de 600 un siglo después, reducción que se explicarÃa por el dominio otomano del mar Negro y el paulatino abandono de las lÃneas de comercio latinas. Más allá de cifras e intensidades de exportación, un aspecto que ha llamado poco la atención de los especialistas tiene que ver con las modalidades del transporte marÃtimo de personas esclavizadas.
Para el caso del mar Negro y del tráfico de esclavos desde la penÃnsula de Crimea, analizar los registros del Officium Gazarie, una institución creada en 1313 para administrar los negocios en Gazaria, nombre dado por los genoveses a la penÃnsula de Crimea, es fundamental. Gracias a esta fuente, que fue analizada, en un primer momento, por Charles Verlinden y Michel Balard75 y, más recientemente, por Annika Stello76, conocemos, de manera aproximada, el funcionamiento del tráfico de esclavos desde Crimea durante la primera mitad del siglo XV.
Pero, antes de profundizar en estos registros documentales, me gustarÃa recuperar una parte del relato de Guillermo Adán con el que se inicia este trabajo. Como se decÃa al inicio de estas páginas, el dominico aseguraba que Segurano Salvaigo habÃa llegado a transportar cerca de 10.000 jóvenes esclavos. Dejando a un lado la validez de estas cifras â que, obviamente, respondÃan a intereses propagandÃsticos â, lo cierto es que nos ponen sobre la pista de un tipo de transporte que no estarÃa únicamente fundamentado en el menudeo o en cargamentos reducidos, como a menudo se ha sostenido en contraposición a lo que ocurrirÃa a partir de mediados del siglo XV en el contexto del Atlántico africano. En este sentido, basta observar lo que ocurrió en junio de 1304, cuando las autoridades venecianas de Creta confiscaron al genovés Ottobono della Volta un cargamento compuesto por mercancÃas diversas y 52 esclavos, 35 de los cuales deberÃan haber sido entregados al egipcio Salomon Mahomet, tal como reclamó el sultán Ibn Qalawun en una misiva remitida al dux de Venecia77.
Volviendo a las redes latinas para el comercio de esclavos en el mar Negro, los registros de la Massaria de Caffa que se conservan para el siglo XV, fragmentarios y no muy numerosos, recogen informaciones abreviadas de los negocios llevados a cabo en Crimea78. Desafortunadamente, las informaciones sobre el comercio de esclavos son excesivamente resumidas. Y esto es asà porque era el Officium sancti Antonii, y no la Massaria de Caffa, la institución que supervisaba el comercio de esclavos desde Crimea, y que contaba con contabilidad propia que no ha sobrevivido al paso del tiempo. De sus balances, tan solo se copiaba lo esencial en el libro de cuentas central de la colonia, que era enviado a la metrópolis a fin de revisar la administración genovesa en el mar Negro79.
A pesar de estas limitaciones, en los ocho registros conservados entre 1410 y 1446 se contabilizan hasta 245 operaciones de transporte de personas esclavizadas, lo que arroja una media anual de entre 24 y 25 transportes80. Dejando a un lado otros datos sin duda interesantes, como podrÃan ser la estacionalidad de las expediciones â la mayorÃa se realizaron en los meses cálidos del año, entre mayo y noviembre â o la procedencia de los mercaderes involucrados en el tráfico de esclavos81, nos interesa detenernos en el número de personas esclavizadas que fueron transportadas en una sola nave. Según los datos de los registros del Officium Gazariae, el número de esclavos por embarcación varÃa entre una sola persona y 175, y en raras ocasiones supera las 40, siendo lo más habitual que una sola nave no cargase más de 20 esclavos82. Ahora bien, algunos testimonios documentales indican la existencia de embarcaciones procedentes del mar Negro y del Egeo con cargamentos de personas esclavizadas mayores que los números más elevados registrados en la Massaria de Caffa, como se verá a continuación. Y esto es asà porque no todas las naves que transportaban esclavos euroasiáticos partieron de Caffa. Es más, algunas de ellas debieron recalar en otros puertos, como el de Pera, en los que podÃan colocar parte de su mercancÃa, pero, también, completar sus cargas con el arrume de nuevos esclavos83. Y, no menos importante, también hay que tener presente que no todas las naves que transportaron esclavos desde el mar Negro operaron en el preciso arco temporal analizado por Stello (1410â1446). Veamos algunos ejemplos.
En 1393, el veneciano Bernardo Baruto sobrecargó su nave con hasta 200 esclavos no solo poniendo en riesgo la estabilidad de la embarcación, sino también su propia salubridad; no en vano, la tripulación acabó enfermando debido, seguramente, a un brote epidémico del que no se sabe el grado de afectación que tuvo sobre las personas esclavizadas84. Tres años después, en mayo de 1396, llegó a Génova la nave de Nicoloso de Usodimare, que transportaba 80 esclavos embarcados en Crimea. En 1410, otra expedición partió de Caffa con otros 84 esclavos, por los que se pagó el derecho de salida correspondiente85. Poco después, en 1414, se tiene constancia de una galera veneciana retenida por las autoridades bizantinas en Constantinopla, que viajaba con un centenar de esclavos, lo que forzó la intervención de las autoridades venecianas para recuperar la carga, la embarcación y su tripulación. En 1427, el Senado de Venecia autorizó a sus capitanes de navÃos â se desconoce el número exacto de capitanes, asà como de las embarcaciones involucradas â a desembarcar, en Istria, no menos de 400 esclavos procedentes de Tana86. Y, gracias a las célebres cuentas del veneciano Giacomo Badoer87, quien residió en Constantinopla entre 1436 y 1439 y estuvo involucrado en el negocio esclavista, sabemos que, en julio de 1438, participó en una expedición para enviar a Mallorca 182 esclavos consignados a la âCompagnia feta per el viazo a Maiorichaâ, todos ellos procedentes del mar Negro, y que, poco después, se asoció con otros tres mercaderes para enviar, de nuevo, 164 esclavos pónticos, también a Mallorca88.
Aún podrÃan añadirse otros ejemplos, como la expedición comandada por el veneciano Francesco Vernier, en 1444, que debÃa transportar mercancÃas diversas y 195 esclavos desde Crimea hasta Creta pero que, al hacer escala en QuÃos, fue saqueada perdiendo toda su carga, tal como se quejaron las autoridades venecianas ante las genovesas89. Sin embargo, me gustarÃa detenerme en la revisión que hizo Génova, en 1441, de los estatutos del Officium Gazariae, cuando se decidió vetar a las galeras genovesas procedentes del mar Negro o del sultanato mameluco el transporte de esclavos más allá de QuÃos en dirección al Mediterráneo occidental. Al resto de las naves, que eran las mayoritarias ya que la flota genovesa apenas contaba con galeras, se les prohibió rebasar Ténedos, al sur del estrecho de los Dardanelos, siempre y cuando transportasen más de 30, 45 o 60 esclavos en relación con las cubiertas de las embarcaciones, una, dos o tres. Si navegaban hacia las costas de Siria, Palestina o Egipto, no habrÃa limitaciones. La única afectación tenÃa que ver con la magnitud de los envÃos a Occidente. Ahora bien, una prohibición de tales caracterÃsticas podÃa ser sorteada con relativa facilidad. Y aunque desconozcamos si se trató, o no, de algo habitual, sirvan como ejemplos el envÃo a Siracusa, en 1455, de no menos de 74 esclavos embarcados, en Rodas, por Pietro Lomellini a nombre de un mercader catalán; la llegada a QuÃos, ese mismo año, de otros 114 esclavos procedentes de Balaklava, en Crimea, o la embarcación cargada con cerca de 200 esclavos procedentes de Caffa y con destino a Túnez que, en 1456, a la altura de Siracusa, se vio forzada a cambiar la ruta programada inicialmente debido a un brote epidémico que acabó con la vida de varios de los esclavos90.
Incluso a todos estos indicios podrÃa sumarse uno último que nos conduce hasta la Barcelona de 1433, justo cuando la ciudad habÃa, probablemente, alcanzado la mayor densidad de población esclava que se conoce91. En julio de aquel año, el gobierno de la ciudad publicó una extensa ordenanza en la que estableció un minucioso procedimiento para determinar si los esclavos eran, o no, de buena guerra, es decir, si su esclavización se ajustaba a la legalidad vigente92. Lo que me interesa destacar de este documento es la fórmula que estableció el consistorio barcelonés para cubrir los costes de los interrogatorios a los que debÃan ser sometidas todas las personas que viajaran en la embarcación, tanto los esclavos como el patrón, el capitán, el notario o los marineros: si la nave transportaba 50 o más esclavos, pagarÃan un sueldo por cada uno de ellos, mientras que si la cifra era inferior, la tasa serÃa de dos sueldos93. Más allá del interés del documento en sà mismo â que recoge, con todo tipo de detalles, el formulario de los interrogatorios â, la forma de sufragar los costes nos pone sobre la pista de una variabilidad en el transporte que bascularÃa entre el menudeo y los cargamentos compuestos por, al menos, 50 personas esclavizadas. Y esta idea, la de la variabilidad en los transportes, probablemente fue la piedra de toque sobre la que se sustentó el tráfico transmediterráneo de esclavos en su conjunto.
Para finalizar este trabajo, me gustarÃa referirme, brevemente, a las condiciones materiales de los viajes. Por su naturaleza, los registros del Officium Gazariae no recogen este tipo de información, y esta es una constatación aplicable a buena parte de la documentación bajomedieval de carácter comercial. De hecho, contrariamente a lo que ocurrirá en la trata atlántica del perÃodo moderno, cuando es más habitual disponer de este tipo de detalles, es poco común localizar testimonios documentales que nos permitan comprobar la materialidad de las expediciones. Sin embargo, y como ocurre en toda generalidad, contamos con algunas excepciones. Una de ellas nos sitúa en junio de 1455, cuando la embarcación de Gaspale Giudice transportaba hacia QuÃos, a nombre del mercader italiano Ambrogio de Benedetto, 24 esclavos abjasios procedentes del Cáucaso, 4 niños y 20 mujeres de entre 12 y 28 años. Para los costes de la travesÃa se estimó un gasto de un ducado por cada uno de los esclavos para comprar biscuit, queso, pescado y un barril de vino de malvasÃa, este último cargado en Pera. Asimismo, también se adquirieron telas y paños catalanes de baja calidad para confeccionar las ropas de las personas esclavizadas. Las condiciones fÃsicas del viaje, asà como la salubridad de los espacios ocupados por los esclavos, no se conocen; pero sà sabemos que, durante la travesÃa, se declaró un brote epidémico que acabó con la vida de ocho de las 20 mujeres esclavizadas que viajaban en la embarcación94.
6 Conclusión
Durante los siglos bajomedievales, la esclavitud fue uno de los fenómenos migratorios de mayor envergadura de toda la cuenca mediterránea. De oriente a occidente, esclavos y esclavas de procedencias diversas inundaron los mercados de AlejandrÃa, Venecia, Túnez o Mallorca. Una vez vendidos, pasaron a formar parte de los paisajes humanos de aquellos lugares mientras eran explotados bajo régimen de esclavitud. Y, desde principios del siglo XIV y hasta el ecuador de la siguiente centuria, una de las principales corrientes del tráfico transmediterráneo de esclavos fue, precisamente, la que partÃa de los puertos septentrionales del mar Negro hacia el sultanato mameluco, el norte de Ãfrica y el sur de Europa occidental.
Desde que se desencadenara la crisis provocada por la peste negra, las rutas comerciales que conectaban los enclaves del mar Negro con el Mediterráneo fueron la principal vÃa de suministro de personas esclavizadas para los mercados del Mediterráneo occidental cristiano. Tanto es asà que tratar de comprender la complejidad de las sociedades euromediterráneas sin tener en cuenta este factor demográfico resulta del todo imposible. Y, de entre aquella variedad de orÃgenes y procedencias que cohabitaron forzosamente con las poblaciones endógenas del occidente latino, los hombres y las mujeres tártaros â y, en menor medida, también circasianos â fueron mayoritarios hasta los inicios de la trata negrera.
Como se ha visto en este trabajo, hombres y mujeres definidos como tártaros constituyeron el principal grupo entre la población euroasiática que llegó, bajo régimen de esclavitud, a Europa occidental. Definidos asà en las fuentes documentales, todo señala a que, tras este término, se escondÃa una variedad de procedencias más rica y diversa. Es difÃcil calcular el impacto demográfico que esta migración forzada tuvo en las sociedades receptoras, especialmente a partir de las décadas finales del siglo XIV. Pero poca duda cabe de que fue profunda y significativa. No en vano, la catedral de Mallorca llegó a acoger una cofradÃa de libertos tártaros desde finales del siglo XIV95.
Profundizar en la semántica de las palabras tártaro y su evolución durante el siglo XIV, en las dinámicas predatorias que se dieron en territorio de la Horda Dorada y en las modalidades del transporte terrestre y marÃtimo de personas esclavizadas son tareas fundamentales que aún tienen camino por recorrer y que, sin duda, mejorarán nuestro conocimiento sobre la lógica de esta importante corriente del tráfico de esclavos bajomedieval.
Este trabajo se inscribe en el marco del proyecto de investigación financiado por el Ministerios de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) âLa esclavitud en el Mediterráneo bajomedieval: de los mercados de aprovisionamiento a la ¿integración social?â (PID2022-138689NB-100), asà como en el del grupo de investigación consolidado âLa Corona dâAragó, lâIslam i el món mediterrani â CAIMMedâ (2021 SGR 00502), de la Generalitat de Catalunya.
Los orÃgenes de la prohibición papal se remontan al canon 24 del concilio de Letrán de 1179, en el que se estableció la excomunión para quienes comerciaran con los infieles. Desde entonces, y con matices contextuales, las prohibiciones afectaron al comercio con aquellas mercancÃas útiles para la guerra: vituallas, caballos, animales de carga, madera, metales, armas y esclavos; José Trenchs Ãdena, âDe Alexandrinis. El comercio prohibido con los musulmanes y el papado de Avignon durante la primera mitad del siglo XIV,â Anuario de Estudios Medievales, 10 (1980), 245â252 y 255â256. Por otro lado, véase Damien Coulon, âNégocier avec les sultans de Méditerranée orientale à la fin du moyen âge. Un domaine privilegié pour les hommes dâaffaires ?â, en Negociar en la Edad Media/Négocier au Moyen Ãge, eds. Maria Teresa Ferrer i Mallol, Jean-Marie Moeglin, Stéphane Péquignot, Manuel Sánchez MartÃnez (Barcelona: IMF, CSIC, 2005), 503â526. Véase, también, del mismo autor y para el comercio de la Barcelona bajomedieval con el Levante mediterráneo, Barcelone et le grand commerce dâOrient (Barcelona â Madrid: Institut Europeu de la Mediterrà nia â Casa de Velázquez, 2004).
âPromotorem eciam se exhibuit eorundem, sic quod numquam aliquis fuit ante eum non sarracenus existens, qui tantam illam sectam pestiferam auxerit et promoverit, portando eis predictorum puerorum christianorum et aliorum multa milia, ad exercendam miliciam, vel alios actus illicitos superius nominatos, portando eciam ferri et lignorum, ut predicitur, magnam copiam et aliorum rerum que portari per Ecclesiam prohibentur. Non solum atuem ipse, et fratres eius et nepotes et propinqui, per hunc modum Sarracenis talem fortitudinem prebuerunt, sed et multi alii Januenses (â¦)â; Guilelmus Adae, âDe modo sarracenis extirpandiâ, en Charles Köhler, Recueil des Historiens de Croisades. Documents Armeniens (ParÃs: Imprimerie Nationale, 1906), II, 525â526.
âEt cum solus predictus Seguranus decem milia pueros Sarracenis portasse dicatur, nec multitudo nec numerus sciri potest quos alii portaveruntâ; ibÃdem, p. 526. Para un análisis de Segurano Salvaigo y de sus actividades comerciales entre Crimea y Egipto, véase Benjamin Z. Kedar, âSegurano â Sakran Salvaygo: Un mercante genovese al servizio dei sultani mamalucchi, c. 1303â1322,â en Fatti e idee di storia economica nei secoli XIIâXX. Studi dedicati a Franco Borlandi, Carlo M. Cipolla y Roberto S. López, eds. (Bologna, 1976), 75â91.
Kedar, âSegurano â Sakran Salvaygoâ, 75.
Véase en D.C. Braund y Gocha R. Tsetskhladze, âThe export of slaves from Colchis,â Classic Quarterly 39, núm. 1 (1989), 114.
Georges I. Bratianu, La mer Noire. Des origines à la conquête ottomane (Mónaco: Societas Academica Dacoromana, 1969), 73 y 76. Para las relaciones entre la Horda Dorada, el Ilkhanato y el sultanato mameluco, véase Andrew C.S. Peacock, âIslamisation in the Golden
Horde and Anatolia: Some remarks on travelling scholars and textsâ, Revue des mondes musulmans et de la Méditerranée 143 (2018), vol. 143, núm. monográfico LâHorde dâOr et lâislamisation des steppes eurasiatiques.
Michael McCormick, OrÃgenes de la economÃa europea. Viajeros y comerciantes en la alta Edad Media (Barcelona: CrÃtica, 2005), 706â707; Youval Rotman, Les esclaves et lâesclavage. De la Méditerranée antique à la Méditerranée médiévale. VIeâXIe siècles (ParÃs: Les Belles Letres, 2004), 110.
Nicola Di Cosmo, âMongols and Merchants on the Black Sea Frontier (13thâ14th c.): Convergences and Conflictsâ, en Turco-Mongol Nomads and Sedentary Societies, eds. Reuven Amitai y Michal Biran (Leiden: Brill, 2005), 395.
Michel Balard, âRemarques sur les esclaves à Gênes dans la seconde moitié du XIIIe siècle,â Mélanges dâArchéologie et dâHistoire publiés par lâÃcole Française de Rome 80 (1968), 633.
Véase Peacock, âIslamisationâ; Di Cosmo, âMongols and merchantsâ, 396.
Ibn Battuta, A través del islam, eds. SerafÃn Fanjul y Federico Arbos (Madrid: Editora Nacional, 1981), 413â414. Para un análisis minucioso de la diversidad étnica de la población de Caffa, véase Ievgen Alexandrovitch Khvalkov, The Colonies of Genoa in the Black Sea Region: Evolution and Transformation, 2 vols., tesis doctoral (Florencia: European University Institute, 2015), vol. 1, 204â290.
Michel Balard, âEsclavage en Crimée et sources fiscales génoises au xve siècle,â en Figures de lâesclave au Moyen Age et dans le monde moderne, ed. Henri Bresc (ParÃs: LâHarmattan, 1996), 80â85.
Véase en Khvalkov, The Colonies, 235â290.
El término latino hace referencia a los súbditos pertenecientes a los paÃses de la cristiandad latina, mayoritariamente procedentes de Europa, como los genoveses.
Khvalkov, The Colonies, 258. Según las estimaciones de Michel Balard y Gilles Veinstein, Caffa contaba, en 1386, con unos 530 esclavos de ambos sexos; Michel Balard, Gilles Veinstein, âContinuiteÌ ou changement dâun paysage urbain? Caffa geÌnoise et ottomaneâ, en Actes des congreÌs de la SocieÌteÌ des historiens meÌdieÌvistes de lâenseignement supeÌrieur public, 11e congreÌs Le paysage urbain au Moyen-Ãge (Lyon: Presses Universitaires de Lyon, 1980), 82.
Michel Balard, La Romanie génoise (XIIeâdébut du XVe siècle), 2 vols., (Roma: Ãcole Française de Rome, 1978), I, 301â310; Ãdem, âEsclavage en Crimée,â 80â82.
Danuta Quirini-Poplawska, âThe Venetian involvement in the Black Sea slave trade (fourteenth to fifteenth centuries),â en Slavery and the Slave Trade in the Eastern Mediterranean, eds. Reuven Amitai y Christoph Cluse (Turnhout: Brepols, 2017), 262â263.
Charles Verlinden, Lâesclavage dans lâEurope médiévale II, Italie; Colonies italiennes du Levant; Levant latin; Empire byzantin (Gante: Royal University of Ghent, 1977), 948â949.
Este oficial, que probablemente era el gobernador mongol residente en la ciudad de Solgat (actualmente Stari Krym, situada en la parte oriental de la penÃnsula de Crimea), era, también, el encargado de supervisar las relaciones establecidas entre el khanato y las colonias genovesas y venecianas; Di Cosmo, âMongols and Merchantsâ, 411.
Sergej P. Karpov, La navigazione veneziana nel Mar Nero. XIIIâXV sec. (Rábena: Edizioni del Girasole, 2000), 11â13; Verlinden, Lâesclavage, II, 949; para un análisis sobre la presencia latina en Tana durante el siglo XV, véase Lorenzo Pubblici (2005), âVenezia e il Mar dâAzov: alcune considerazioni sulla Tana nel XIV secolo,â Archivio Storico Italiano 605 (2005), núm. 3, 435â483.
Desde principios del siglo XIII, Creta habÃa quedado bajo dominio veneciano. Desde entonces, la mayorÃa de los esclavos que llegaron a la isla fueron de origen griego, además de algunos pocos tártaros, eslavos y búlgaros. En gran medida, esto fue asà debido a las actividades predatorias llevadas a cabo por los almogávares catalanes, que irrumpieron en los mercados cretenses en 1312 â Verlinden, Lâesclavage, II, 883â884, y 802â884 para un análisis detallado â. Desde que el emperador Andrónico II Paleólogo contratara, en 1303, los servicios de los almogávares para hacer frente a los ataques turcos en el Asia Menor bizantina, se puso en movimiento un importante contingente mercenario de origen catalanoaragonés, conocido bajo el nombre de Gran CompañÃa Catalana, que acabó constituyendo la república militar del ducado de Neopatria (1319), anexionada a la Corona de Aragón en 1380 y perdida una década después. Las campañas militares de los almogávares implicaron la esclavización de un gran número de personas, muchas de las cuales acabaron en los mercados del Egeo, como el de Creta; véase, con más detalle, en Daniel Duran Duelt, âLa Companyia Catalana i el comerç dâesclaus abans de lâassentamente als ducats dâAtenes i Neopà tria,â en De lâesclavitud a la llibertat. Esclaus i lliberts a lâEdat Mitjana, eds. Maria T. Ferrer i Mallol y Josefina Mutgé i Vives (Barcelona: Consejo Superior de Investigaciones CientÃficas, 2000), 557â571, y Ernest Marcos Hierro, âThe Catalan Company and the Slave Trade,â en Slavery, eds. Amitai y Cluse, 321â352.
En la primera de ellas, tras la conquista de la orden hospitalaria de San Juan de Jerusalén en 1310, buena parte de la población autóctona griega fue esclavizada, a la que se le fueron sumando nuevos esclavos griegos procedentes de otras islas y del continente â Verlinden, Lâesclavage, II, 975â. Durante la segunda mitad del siglo XIV, Rodas estableció conexiones marÃtimas con algunos puertos del Mediterráneo occidental, como Génova y Barcelona, actuando como centro de redistribución de esclavos griegos, rusos y turcos â Anthony Luttrell, âSlavery at Rhodes: 1306â1440,â en Ãdem, Latin Greece, the Hospitallers and the Crusades. 1291â1440 (Londres: Variorum Reprint), 81â87â. En cuanto a Chipre, que estuvo bajo dominio de los caballeros templarios desde 1192, en los primeros años del siglo XIII buena parte de su economÃa se orientó hacia el cultivo y la producción de azúcar, actividad que precisó trabajadores tanto libres como esclavos. Tras la disolución de la Orden del Temple, en 1312, la isla quedó en manos de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén, quienes emplearon cuadrillas de musulmanes para el cultivo de viñedos y para la explotación de los ingenios azucareros. Desde mediados del siglo XIV y hasta los últimos años del cuatrocientos, la isla se convirtió en un importante centro del tráfico de esclavos en el Mediterráneo oriental; Verlinden, Lâesclavage, II, 885â891; Mohamed Ouerfelli, Le sucre. Production, commercialisation et usages dans la Méditerranée médiévale (Leiden/Boston: Brill, 2008), 102â106 y 127â129.
Di Cosmo, âMongolsâ, 397.
Di Cosmo, âMongolsâ, 398.
Los kipchaks, también conocidos como cumanos o polovcy, fueron un pueblo nómada túrquico procedente de la región Transvolga que se instaló en las estepas del mar Negro hacia el siglo XI. El territorio que ocuparon, que se extendió entre los rÃos Danubio e Irtish, recibió el nombre Desht-i Kipchak en las lenguas túrquicas, Cumania en las latinas y griegas, y estepas de Polovcy en las rusas. En 1239, los mongoles subyugaron a los kipchacks, quienes pasaron a ser súbditos del imperio. Posteriormente, quedaron bajo dominio del khanato de la Horda Dorada; Khvalkov, The Colonies, p. 279.
Véase, para Egipto, David Ayalon, âMamlÅ«k: military slavery in Egypt and Syriaâ, en Islam and the Abode of War, ed. Ãdem (Londres: Variorum Reprint, 1994), 9. En Occidente, concretamente en Génova, Verlinden documenta esclavos circasianos en 1304; Verlinden, Lâesclavage, II, 468.
Véase, para el segundo estado mameluco, o perÃodo circasiano, Francisco Javier Apellániz Ruiz de Galarreta, Pouvoir et finance en Méditerranée pré-moderneâ : le deuxième etat mamelouk et le commerce des épices (1382â1517) (Barcelona: Editorial CSIC â Anejos del Anuario de Estudios Medievales, 2009).
Domenico Gioffrè, Il mercato degli schiavi a Genova nel secolo XV (Génova: Fratelli Bozzi, 1971) 22â23; Verlinden, Lâesclavage, II, 486â487.
Klaus Lech, Das Mongolische Weltreich. Al-âUmarÄ«âs Darstellung der mongolischen Reiche in seinem Werk MasÄlik al-absÌ£Är fÄ« mamÄlik al-amsÌ£Är (Wiesbaden: Asiatische Forschungen, 1968). Adaptación castellana propia de la traducción parcial al inglé
Lech, Das Mongolische.
Véase en di Cosmo, âMongols and Merchantsâ, 398â399.
Pero Tafur, Andanças e viajes de un hidalgo español, ed. Marcos Jiménez de la Espada (Barcelona: El Albir, 1982), 164.
Lech, Das Mongolische, 140.
Tafur, Andanças, 164.
Francesc Eximenis, Aquest és lo dotzen libre de regiment dels prÃnceps e de comunitats appellat Crestià : e comença la primera part que tracta perquè comunitats e ciutats foren edificades ne qui primerament les edificà (Valencia: Lambert Palmart impresor, 1484), cap. CCCLXIII.
Véase, más arriba, la nota 25.
Khvalkov, The Colonies, 281â283.
En mayo de 1308, por ejemplo, la comunidad genovesa de Caffa se vio obligada a evacuar la colonia ante la amenaza del khan Toqtoâa de destruir la ciudad, quien acusaba a los ligures de haber capturado y vendido como esclavos a niños mongoles. El retorno de los genoveses no se produjo hasta 1316, cuando Uzbek accedió al poder del khanato de la Horda Dorada; Kedar, âSegurano-Sakran Salvaygoâ, 77.
Verlinden, Lâescalvage, II, passim.
Khvalkov, The Colonies, 284â285.
Por ejemplo, Verlinden, Lâesclavage, II, 469â470.
Véase en Ivan Armenteros MartÃnez, Lâesclavitud a la Barcelona del Renaixement (1479â1516). Un port mediterrani sota la influència del primer trà fic negrer (Barcelona: Fundació Noguera / Pagès Editors, 2015).
Gioffrè, Il mercato, p. 14.
Véase, para esta cuestión, Charles Verlinden, âLâorigin de sclavus = esclave,â Bulletin Du Cange (Archivum latinitatis medii aevi) 17 (1942), 97â128; Anna KÅosowska, âThe Etymology of Slave,â en Disturbing Times: Medieval Pasts, Reimagined Futures, eds. Catherine E. Karkov, Anna KÅosowska y Vincent W.J. van Gerven Oei (Santa Barbara: Punctum Books, 2020), 151â214.
Verlinden, Lâesclavage, II, 571. Véase, también, en Khvalkov, The Colonies, 285.
Armenteros, Lâesclavitud, 221 y ss.
Roser Salicrú ha sido una de las pioneras en apuntar al desequilibrio salarial y al proceso inflacionista que experimentó Europa occidental tras las primeras embestidas de la peste como factor que explicarÃa el aumento de las importaciones de personas esclavizadas. Para Salicrú, los esclavos âno haurien pas servit per substituir les mans desaparegudes, sinó per compensar la pujada de salaris i les desmesurades exigències econòmiques dels supervivents. I, en definitiva, haurien permès que els estaments privilegiats trobessin la manera dâabaratir els costos de mà dâobra en un moment de menor oferta en detriment de jornalers, llauradors i serventsâ; Roser Salicrú i Lluch, âLâesclau com a inversió? Aprofitament, assalariament i rendibilitat del treball esclau en lâentorn català tardomedieval,â Recerques 52/53 (2006), 42.
Véase, con más detalle, en Armenteros, Lâesclavitud, pp. 35â39. Vale la pena volver a citar este documento, redactado en Barcelona seguramente hacia finales de la década de 1380, que apunta en esa misma dirección al describir la tensión salarial del mercado de trabajo de la ciudad y la estrategia seguida por algunos barceloneses para tratar de contenerla: âPrimerament, dien e posen los dits ciutadans que, con los dits lauradors e brassers sien tots ensemps concordans que, per quascuna vegada que ixen de la dita ciutat per cavar, mejencar, podar ni per altres feynes, demanen inmoderats salaris, ço eÌs, IIII sous, e V sous, e V sous e mig, dieÌn los dits que açoÌ, segons lur entaniment, fa metre e posar en bona ordinacioÌ, en tal forma que los dits lauradors e brassers tornen a lagut salari, segons que havien acustumat de XL anys ensaÌ, e con molts e diverses hoÌmens de la dita ciutat con fora la dita ciutat, axà per profit lur con per profit comuÌ, se sforsassen, si les coses dejuÌs scrites sa saguexen, en comprar sclaus e sclaves, per ço que los dits lauradors e brassers tornen, axiÌ con dit eÌs, en bona ordinacioÌ (â¦)â; Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona (AHCB), Consellers, Miscel·là nia, 13 (C-V-13), documento sin datar pese a que contiene una nota marginal, posterior, donde se lee â1400?â; citado, también, en Salicrú, âLâesclau,â 57.
Iris Origo, âThe Domestic Enemy: The Eastern Slaves in Tuscany in the Fourteenth and Fifteenth Centuries,â Speculum 30/3 (1955), 324.
Verlinden, Lâesclavage, II, 669â674; Jacques Heers, Esclavos y sirvientes en las sociedades mediterráneas durante la Edad Media (Valencia: Ediciones Alfons el Magnà nim, 1989), 126.
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Véase en Antoni Mas i Forners, Esclaus i catalans. Esclavitud i segregació a Mallorca durant els segles XIV i XV (Palma de Mallorca: Lleonard Muntaner Editor, 2005), 31â32, donde se citan los siguientes datos y autores: Charles Verlinden sitúa la población esclava de Mallorca, en 1328, en torno a las 21.000 personas, aproximadamente el 36% de la población total de la isla; Ãlvaro de SantamarÃa rebaja esa cifra hasta los 12.600 esclavos y esclavas, un 23% de la población; por su parte, Ramon Soto sostiene que la población esclava de Mallorca debe situarse en torno a los 7.200 individuos, lo que corresponderÃa al 13% de la población total de la isla; finalmente, para Onofre Vaquer la población esclava de la isla debÃa oscilar, también en 1328, entre las 33.000 y las 34.000 personas, mientras que en 1440 habrÃa descendido hasta las 12.700.
Antoni Furió, âEsclaves et salariés. La fonction économique de lâesclavage dans la Péninsule Ibérique au bas Moyen Ãge,â en Esclavage et dépendances serviles. Histoire comparée, eds. Myriam Cottias, Alessandro Stella, Bernard Vincent, (ParÃs: LâHarmattan, 2006), 258.
Véase, con más detalle, en Francisco Javier Marzal Palacios, La esclavitud en Valencia durante la baja Edad Media (1375â1425) (Valencia: Servei de Publicacions de la Universitat de València, 2006).
Balard, La Romanie, II, 832; Gioffrè, Il mercato, 169; Josep M. Madurell Marimón y Arcadio GarcÃa Sanz, Comandas comerciales barcelonesas de la Baja Edad Media (Barcelona: Colegio notarial de Barcelona, 1973), 40 y 57.
Balard, âEsclavage en Crimée;â Verlinden, âAspects quantitatifs de lâesclavage méditerranéen au bas Moyen Ãge,â Anuario de Estudios Medievales 10 (1980), 769â789; Ãdem, âMedieval âslaversâ,â Explorations in economic history 7 (1969), núm. 1â2, 1â14.
Annika Stello, âCaffa and the slave trade during the first half of the fifteenth century,â en Slavery, eds. Amitai y Cluse, 375â398; véase, también, en eádem, âLa traite dâesclaves en mer Noire (première moitié du XVe siècle),â en Les esclavages, eds. Guillén y Trabelsi (Madrid: Casa de Velázquez, 2012), 171â180.
Verlinden, Lâesclavage, II, 814â819.
Se conservan tres registros para finales del siglo XIV, los correspondientes a los años 1410, 1420, 1422â1424, 1442, 1446, algunos para los años 1450 y 1460 y, finalmente, una serie que arranca a principios de la década de 1470; véase, con más detalle, en Stello, âCaffa,â 380 n. 18.
Desde Caffa, lo genoveses intentaron centralizar la exportación de esclavos hacia el Mediterráneo. Los oficiales del Officium sancti Anthoni, que contaban con procuradores en enclaves como Tana y Sebastopol, se encargaban de la recaudación de diversos derechos: el commerchium sancti Anthonii gravaba el movimiento de esclavos en embarcaciones genovesas o extranjeras desde Tana y otras regiones orientales del mar Negro; el introytus censarie sclavorum sancti Anthonii se aplicaba a las ventas, y el introytus domus sclavorum se cargaba a los mercaderes que depositaban sus esclavos en las instalaciones genovesas antes de su venta o de su envÃo fuera de Caffa; Verlinden, Lâesclavage, II, 612 y 953; véase, también, en Michel Balard, âLe transport des esclaves dan le monde méditerranéen médieval,â en Slavery, eds. Amitai y Cluse, 354â355.
Stello, âCaffaâ, 383.
De los 170 hombres de negocios documentados por Stello entre 1410 y 1446, los más numerosos son los italianos â 78 en total â, que suman 34 genoveses, cuatro venecianos y otras 36 personas de quienes no se dice su localidad de origen. En paralelo aparecen, también, 38 griegos, 27 musulmanes, otros 17 mercaderes con nombres de difÃcil identificación â probablemente tártaros o armenios â, cuatro búlgaros, tres judÃos y un ruso; Stello, âCaffaâ, 385.
Stello, âCaffaâ, 384.
Al menos hasta principios del siglo XV, cuando el avance otomano en la región afectó a la seguridad del comercio marÃtimo.
Quirini-Poplawska, âThe Venetian,â 271.
Verlinden, âMedieval âslaversââ, 2â3.
Quirini-Poplawska, âThe Venetian,â 271 y 274.
Il libro dei conti di Giacomo Badoer: Constantinopoli, 1436â1440, eds. Umberto Dorini y Tommaso Bertelè (Roma: Istituto poligrafico dello Stato, 1956).
Michel Balard, âGiacomo Badoer et le commerce des esclaves,â en Milieux naturels, espaces sociaux. Ãtudes offertes à Robert Delort, eds. Franco Morenzoni y Ãlisabeth Mornet (ParÃs: Ãditions de la Sorbonne, 1997), 561.
Quirini-Poplawska, âThe Venetian,â 274.
A su llegada a Génova, habÃan sobrevivido 185 esclavos. Las tres noticias en Verlinden, âAspects quantitatifs,â 783â785.
Se ha podido calcular que, en el primer cuarto del siglo XV, Barcelona contaba con entre 4.000 y 5.500 esclavos y esclavas de manera estable, lo que equivaldrÃa a entre el 10 y el 18% sobre el total de su población; véase en Salicrú, âDe quan els esclaus no eren (només) negres africans: a lâentorn de lâesclavitud i del trà fic dâesclaus a la Mediterrà nia medieval des de lâobservatori barcelonÃ,â Drassana 25 (2017), 56 n. 18.
Véase, con más precisión, en Armenteros, âRegular las declaraciones de buena guerra en un centro del comercio interregional de esclavos: Barcelona, 1433,â en A lâentorn de la Barcelona medieval. Estudis dedicats a la doctora Josefa Mutgé Vives, eds. Manuel Sánchez MartÃnez, Ana Gómez Rabal, Roser Salicrú i Lluch, Pere Verdés Pijuan (Barcelona: Institución Milà i Fontanals â CSIC, 2013), 25â38.
â(â¦) si les dites testes seran en nombre de L o de L ensús, quantessevol sien més avant, se hage a pagar per cascuna I sou, e si seran de menor nombre de L, devellant trò a una inclusive, se pach per cascuna testa II sous partidors entre lo official qui per lo dit batle entrevendrà en les dites informacions e lo seu assident, e lo notari o scrivà de la cortâ; AHCB, Consellers, Registre dâordinacions, IV-6, ff. 5 r-7 r. 1433, julio, 24.
Verlinden, âMedieval âslaversâ,â 7; Heers, Gênes, 371. Al parecer, la compra de paños de baja calidad para vestir a los esclavos no fue algo excepcional. En 1438, por ejemplo, el mercader veneciano Giacomo Badoer compró telas de cáñamo de CandÃa para los esclavos balabani, procedentes del mar Negro, que su compañÃa debÃa conducir hasta MallorcaâBalard, âLe transport,â 361â362â. El término balabani, de origen turco, se utilizaba para referirse a un hombre joven y robusto, apto para las actividades fÃsicas. Parece ser que la palabra se aplicaba de manera exclusiva a los esclavos procedentes de las orillas septentrionales del mar Negro, es decir, rusos, tártaros y circasianos, muchos de ellos destinados a los ejércitos de los sultanes mamelucos. Por extensión, el término acabó designando a todos los esclavos hombres procedentes de aquellas regiones; Verlinden, âAspects quantitatifs,â 769.
Margalida Pujol, âLâesclavitud en el Regne de Mallorca durant el govern de Martà lâHumà (1396â1410)â, Botlletà de la Societat Arqueològica Lul·liana 52 (1996), 132. Mallorca contó, también, con otras dos cofradÃas formadas por libertos circasianos; véase en Rafael Juan, âCofradÃas de libertos de Mallorca,â Botlletà de la Societat Arqueològica Lul·liana XXXIV (1975), 572.