1 Introducción1
De forma habitual se ve a la Corona de Castilla como un reino volcado en el Occidente europeo y que era ahÃ, y especialmente en el Atlántico, donde desarrollaba su polÃtica exterior. Esta visión se ha mantenido durante mucho tiempo dejando a Castilla fuera de los intereses mediterráneos. Todo ello pese a tener puertos en este mar desde el siglo XIII y pese al importante papel que el puerto de Sevilla tenÃa entre ambos mares. El problema para su conocimiento radica en la disponibilidad de fuentes. La casi inexistencia de documentación castellana hace que dependamos de las externas, donde las noticias pueden ser casi accidentales, como el caso el embajador ante âlos tártarosâ de 1277. Se tiende a pensar que hasta González de Clavijo no hubo una presencia castellana en el Oriente y de ahà la sorpresa por esa expedición tan exótica.
La idea de la desconexión, sin embargo, fue desmontada hace tiempo. Con el ámbito musulmán sabemos que hubo contactos de forma más o menos continua con el sultanato mameluco al menos desde Alfonso X2. AhÃ, contamos con la presencia de numerosas crónicas y trabajos históricos musulmanes, especialmente en el ámbito egipcio. Los trabajos de MartÃnez Montávez fueron una aproximación fundamental. Ãl descubrió todo un mundo de comunicaciones que parecÃa imposible; pero, por desgracia sus trabajos tuvieron poca continuidad académica.
Asimismo, en el ámbito bizantino estamos limitados a menciones accidentales que pueden aparecer en fuentes ajenas a la Corona de Castilla, especialmente (dados los hallazgos actuales) a las que existen en el ámbito de la Corona de Aragón. Pero los hubo con Constantinopla, tanto con los latinos (con quienes habÃa una relación familiar3 ) como con los bizantinos4.
A lo largo de las siguientes páginas repasaremos esas noticias una a una viendo cómo y cuándo se contactó con Oriente, para después analizar las formas en que esa diplomacia se plasmó y si existiese alguna diferencia con la occidental. Finalmente, atenderemos a cómo, por qué y para qué se pudo llevar a cabo esos contactos, y cuáles podÃan ser los intereses castellanos.
2 Los contactos de Castilla con Oriente
No son muchas las ocasiones en las que tenemos constancia de presencia castellana en Oriente. Tenemos un total de 18 datos de contactos entre Castilla y los diversos territorios del próximo oriente (sin contar las noticias recibidas por Jaime el Conquistador, claro, aunque ahà se manifieste un conocimiento de Oriente por Alfonso X). En cinco ocasiones son embajadas orientales en Castilla y en 13 son noticias de misiones de este reino. En la mayor parte de las ocasiones se envÃan a un poder musulmán (10), primando el sultanato mameluco (8), frente a otras (2 especÃficamente a Constantinopla, 1 ante los ismailÃes, 1 ante los tártaros y 2 ante Tamerlán). Es decir, el peso mameluco es importante, pues prima sobre cualquier otro. No parece baladà que fuese el principal poder en el oriente del Mediterráneo, tanto en la vertiente polÃtica como en la económica. De cualquier forma, esta diferencia es posible que se deba a la disponibilidad de información: la mayor parte de los datos procede de fuentes egipcias, donde los rastreó MartÃnez Montávez. ¿Acaso fuentes de otros ámbitos guardan noticias semejantes? Parece plausible, sin embargo, supone revisar los trabajos cronÃsticos del Oriente próximo. Solo desde la bizantinÃstica o desde los estudios turcos o islámicos se puede dar respuesta.
2.1 El siglo XIII
1261 â La primera noción que tenemos de esa presencia de contactos de Castilla con Oriente data de mayo de 1261, cuando se habrÃa recibido la famosa embajada mameluca. Esto es recogido por la crónica de Alfonso X (redactada en tiempos de su nieto y que, erróneamente, la sitúa en 1260) y es conocida por los regalos que traÃa al rey, especialmente un elefante, una jirafa y una cebra5. Es menos conocido que esa embajada es confirmada (con otros interrogantes) por la cronÃstica musulmana, pues al-Maqrizà indicaba, además, que habÃan llevado dos prisioneros mongoles a Occidente (que tal vez no llegaron a Castilla)6. Esa embajada y la presencia mongola podrÃa tener ciertas implicaciones no ya solo polÃticas, sino también culturales, pues es una posibilidad que pudiese tener relación con las tablas alfonsÃes7.
1265 â La siguiente mención es una embajada castellana ante los ismailÃes. El contacto es doble, porque sabemos, por fuentes mamelucas, que los castellanos desembarcaron en AlejandrÃa y que allà les hicieron pagar impuestos por los regalos que portaban8. Para empezar, como apuntó MartÃnez Montávez, suponemos la existencia de un trato normal entre Egipto y Castilla, que permitiese ese tránsito por su territorio9. Pero esta misión plantea alguna cuestión: ¿por qué se envió a los ismailÃes? Posiblemente fuese porque, hasta entonces, habÃan actuado como aliados de los cruzados10. Pero, además, nos transmite interesante información con respecto a las formas diplomáticas: regalos, respeto al embajador ajeno, cortesÃa diplomática â¦
1268 â En este año sabemos que llegó una embajada mongola a Valencia, recibiendo Jaime el Conquistador la noticia en Toledo11. Esa misión habÃa acudido con el embajador que él mismo habÃa enviado y acudÃan con una petición para que fuese a Oriente. La noticia, que nos la transmite el Conquistador en el Llibre dels fets, nos aporta el interesante comentario de Alfonso, en el que le indicaba a su suegro que no confiase en los mongoles pues no eran de fiar12. Más allá del prejuicio, ¿qué información tenÃa sobre los mongoles? ¿Recibió noticias por su tÃa Berenguela, recientemente exiliada de Constantinopla13? Más allá de recordar a esos dos mongoles que podrÃan haber llegado a Castilla como prisioneros, no debemos olvidar la reciente presencia de embajadores castellanos cerca de las tierras mongolas, ante el lÃder de los ismailÃes.
1276 â En esta fecha tenemos documentada una embajada castellana ante Baybars, en Egipto. La primera directa constatada, aunque podamos sospechar otras previas (por el conocimiento previo y mutuo). También es la primera en que se menciona a un embajador castellano, al que llama âDinarâ14. ¿Quién era? ¿Un musulmán? ¿O es la transliteración al árabe de un nombre castellano? Sea como sea es difÃcil de identificar. Sà es cierto que, de haber sido un nombre árabe, habrÃa dado toda su filiación, con lo que parece más correcto que sea una transliteración de un castellano. Esta embajada conllevarÃa la respuesta15.
1277 â Embajada de vuelta por parte de Baybars, con âvaliosas drogas y presentesâ. Debieron partir con Dinar de vuelta a Castilla, entrando por Valencia y siguiendo hasta Burgos y Vitoria, donde los recibió el rey16.
1277 â En este momento es cuando suponemos que Alfonso X envió una embajada ante los mongoles (posiblemente el Ilkhanato). Esta noticia nos ha llegado por accidente, dado que fue recogida en una carta que Alfonso X escribió al rey inglés Eduardo I de Inglaterra. En ella le agradecÃa los servicios que un miles, enviado suyo, Henry Barlet, habÃa prestado a su embajador Bonamic, ambos en tierra de los mongoles y con quien habÃa regresado17. Dado que se habla de ello en pasado y se escribió en enero de 1278 podemos suponer que la misión se desarrolló entre el regreso posiblemente en 1277 y la salida en 1275 o 1276 (no tendrÃa sentido tal agradecimiento muchos años después).
¿Qué razones pudo tener el rey para enviar esta embajada? Parece posible, como dijese Ayala, que entrase dentro de la polÃtica de prestigio iniciada como electo imperial18, asà como por las informaciones recibidas en Occidente: la presencia de los prisioneros mongoles si hubiesen llegado a la penÃnsula en 1261, o la embajada recibida por Jaime el Conquistador, o incluso de la de Luis IX en 1249â125019, o la polÃtica de acercamiento a Occidente de Abaqa20. Hay que tener en cuenta al propio embajador, Bonamic, miembro del scriptorium alfonsÃ, ¿tenÃa un objetivo cultural? ¿acaso con alguna de las compilaciones que se desarrollaban por entonces: el Libro del saber de AstrologÃa o el Libro de las formas e las imágenes21? Los vÃnculos culturales son apasionantes, como ya mostró Vernet, pero los únicos rastros son el enviado y las coincidencias cronológicas, dado que no podemos afirmar que Alfonso buscara un astrónomo22. Pero no deja de ser interesante que este miembro de su scriptorium estuviese en Oriente como enviado regio cuando allà se elaboraban unas tablas astronómicas y otros estudios sobre los grados de la tierra23.
1278 â Este año encontramos otra embajada castellana en el Egipto mameluco. Aunque fue enviada ante Baybars, cuando llegó ya habÃa fallecido y fue recibida por su hijo y sucesor al-Malik al-Saâid Nasir al-Din. Fue recibida en El Cairo y presentaron sus regalos (que no se identifican)24.
Es relevante no solo por el trato del que fue objeto (sin duda la recepción de un embajador amigo), sino también porque casi coincide con la embajada remitida a los mongoles. La coincidencia no es baladà y, dada la recepción, podemos pensar que por ambas partes se querÃa mantener una buena relación.
1280 â Apenas tres años después MartÃnez Montávez localizó otra embajada a Egipto25. De nuevo con el fallecimiento del destinatario mientras duraba el viaje, siendo recibida por su sucesor. El mismo al-Furat indicaba que la intención era renovar los contactos con la lejana Castilla, y fueron tratados con honor: entregaron los regalos y fueron agasajados, dándoles respuesta a sus mensajes (que no se menciona cuáles eran), y regalándoles ropajes y dinero26.
1279â1280 â Es en estos momentos cuando tenemos localizada una de las pocas embajadas castellanas documentadas ante el emperador bizantino. Efectivamente, en marzo de 1281 el rey aragonés escribió al infante Sancho de Castilla para pedirle que se devolviese a Pere de RubÃ, ciudadano de Barcelona, las 225 libras valencianas que habÃa prestado en Constantinopla el año anterior al nuncio Gonzalo RodrÃguez de Isla (caballero de la Orden de Santiago y comendador de Montalbán)27. Siete meses después volvÃa a escribir insistiendo y diciendo claramente que el embajador habÃa sido enviado por Alfonso X y el infante Sancho28. Al indicar que habÃa sido el año anterior, es evidente que la embajada debemos datarla entre 1279 y 1280. La cercanÃa en el tiempo entre dos misiones enviadas a los principales poderes orientales parece denotar la intención de mantener un buen trato con todos. Además, es interesante que el embajador conste enviado por el rey y el infante, en un momento, previo a la sublevación, en que la colaboración era activa.
1282 â En esta misión, por segunda vez, se nos indica el nombre de los embajadores, dos en esta ocasión. Son varias las fuentes que los mencionan. MartÃnez Montávez indicó hace años lo que transmitÃan al-Maqrizà y Baybars al-Mansuri29, y más recientemente Cook, al publicar su colección de crónicas, aportó el relato de al-Zahir30. AsÃ, sabemos que fueron dos los enviados castellanos al Egipto mameluco. La primera de las fuentes no da nombres, pero la segunda identifica un Felipe Hispano y la tercera repite este nombre y añade el de su compañero el eclesiástico Pedro Esteban. El primero es identificado como âprudente caballeroâ y maestre, por lo que MartÃnez Montávez le supuso miembro de una orden militar31. Además, se indica que aportaron regalos: caballos, mulas y otras cosas. Cook sitúa la embajada en 1281, aunque ya MartÃnez Montávez desmontó el error que se arrastraba desde el siglo XIX y mostró que se desarrolló en 128232.
1282 â Acaso como respuesta ese mismo año partió una misión del sultán a Castilla. En principio fue enviada ante Alfonso X, con quien estuvo en sus últimos momentos en Sevilla, y serÃa Sancho IV, fallecido su padre, el que la despacharÃa de vuelta33. Los embajadores informan de la presencia de embajadores armenios, del reino de Sis34. Las fuentes, en el caso de los embajadores mamelucos, nos transmiten los nombres, siendo relevante la presencia, de Izz al Din al Turyuman, por su nombre, traductor (posiblemente de latÃn, pues actuó también en un acuerdo de los genoveses en 129035 ), que ya habÃa participado en la misión de 127636.
1284 â De forma indirecta, pues, se nos informa de una embajada armenia ante Sancho IV que debió desarrollarse poco después de la muerte de Alfonso X. Efectivamente, por medio del relato de los embajadores mamelucos sabemos que, estando Sancho IV en Sevilla llegó una embajada del reino armenio de Sis.37 Según la traducción de Montávez âllegaron hasta él [Sancho IV] los emisarios del señor de Sîs, rey de los armeniosâ. Es una noticia curiosa que ha pasado desapercibida hasta ahora y que supone el contacto de León II de Armenia con Sancho IV. ¿Acaso la embajada a Constantinopla tuvo algo que ver con este envÃo? No deja de ser interesante, también, que Armenia se habÃa aliado con los mongoles en 128138 ¿acaso la embajada al Ilkhanato de 1277 tuvo contacto con Armenia?
2.2 El siglo XIV
1312â1313 â A principios del siglo XIV tenemos documentada una de las pocas misiones castellanas a Constantinopla. En este caso, gracias a Duran i Duelt, sabemos del contacto que Fernando IV tuvo a finales de su reinado con el Imperio39. La misión consta enviada por el rey, pero para solventar intereses de una dama de su corte que llegó como parte de la casa de su esposa Constanza y que era la encargada de la formación de sus hijos: Vataza Lascaris, quien debÃa estar gestionando algo sobre sus propiedades o derechos en el Imperio40. De esta forma, el monarca ponÃa un diplomático y sus relaciones exteriores al servicio de la casa de su esposa.
1332â1340 â Tras 1312 se abrió un largo impasse, pues hasta el reinado de Alfonso XI no hay nuevas noticias. Durante su reinado hubo un embajador en El Cairo que se entrevistó con el canciller al-Ê¿Umari. No se da una fecha concreta, sino que se menciona al canciller, lo que permite datarla cuando ocupó el cargo41. Las fuentes transmiten en este caso noticias de regalos, pero que resultaron ofensivos42.
1380â1383 â Esta es una de las misiones mejor informadas, pues la Crónica de Juan I la menciona prolijamente y contamos con una crónica franco-oriental que confirma y amplÃa la información.
En 1382 Juan I recibió en Medina del Campo noticias del rey de Armenia43. León V estaba preso en El Cairo desde 1375 tras la conquista de su reino44. Un emisario catalán, Francesc Saclosa, enviado por el apresamiento de naves catalanas, intentó su liberación, pero no lo consiguió45, y tampoco cartas enviadas por diversos poderes. Eso hizo que León V decidiese escribir a la penÃnsula para buscar ayuda. Junto al enviado, Jean Dardel (su confesor y luego escritor de la crónica), iba un compañero del que nada sabemos pero que la crónica castellana llama âcaballeroâ, y llevaban cartas dirigidas al rey de Aragón46. Dejaron El Cairo en septiembre de 1379 y arribaron a Barcelona en marzo de 138047. Después de ser recibidos por el rey y de darles buenas palabras estuvieron ocho meses sin saber más, animándole (reprochándole más bien) a ayudar a su primo con el dinero que recaudaba de la Iglesia al mantener la indiferencia en el Cisma48. Según Dardel no hizo nada, aunque sabemos que escribió una carta al sultán y a Barquq pidiendo su liberación49, además de múltiples a instituciones y nobles de su reino para que colaborasen en la recaudación de dinero50. Finalmente, los embajadores armenios partieron para Castilla para intentar conseguir el apoyo del rey Juan.
La crónica armenia informa de que llegaron a Medina del Campo en noviembre de 1380, estando el rey enfermo51. Allà le entregaron las cartas de León y le informaron de la situación: el sultán no pedÃa oro, sino que le pidiesen la liberación, aunque era aficionado a las joyas y cosas exóticas52. La crónica armenia informa de que León V le habÃa nombrado su embajador, con poderes, y que le habÃa dado su anillo real53. Eso debió convencer al rey, aunque no hubiese cartas dirigidas a él. Aun asÃ, el Cisma dilató la respuesta y solo después del sÃnodo de Salamanca Juan respondió54. El rey decidió enviar sus emisarios ante el sultán, de los que Ayala no dice sus nombres, con regalos y de los que la crónica armenia da más detalles (que luego veremos). Dardel sà nos da sus nombres: Alfonso de Cuéllar y Pedro de Segovia, escuderos del rey, que debÃan ir junto al confesor y embajador de León55. Fueron hasta Barcelona junto a un estafador que se hacÃa pasar por noble armenio y recaudaba dinero para su liberación y que desapareció antes de embarcar56. La crónica dice que en Barcelona embarcarÃan junto a un embajador aragonés en una galera de ese rey57. El salvoconducto a su embajador, Bonanat Sapera, sin embargo, está otorgado en Valencia en marzo de 138258. En esa misma fecha escribió al maestre de San Juan del Hospital en Rodas, Juan Fernández de Heredia, informándole de la misión59.
De esta forma, Alfonso de Cuéllar y Pedro de Segovia actuarÃan como emisarios de Juan I ante el poder mameluco. La crónica castellana indica que iban con un caballero catalán (que debe ser Sapera), aunque también dice que no llevaba joyas ni dinero alguno60. Dardel especifica que partieron de Barcelona el dÃa 21 de mayo de 1382 y que llegaron a AlejandrÃa el 14 de agosto61. La llegada a El Cairo nos la transmite al Maqrizi: el dÃa 28 de agosto62. El cronista francés narra una curiosa disensión entre los castellanos y el aragonés, pues este quiso presentar las joyas enviadas desde Castilla como si fuesen del rey de Aragón, a lo que el confesor del rey de Armenia y los escuderos castellanos se negaron. El rey de Armenia, al que vieron primero, decidió partir las joyas en dos y presentar una parte al sultán y otra al almirante Barquq, que era quien gobernaba.
El 6 de septiembre tuvieron la entrevista con Barquq, mostrándonos la ceremonia de postración que tuvieron que hacer. Después, presentaron sus cartas pidiendo la liberación del rey. El almirante recriminó al aragonés no aportar ninguna joya, al contrario que cuando acudÃa para apoyar a sus mercaderes. A los castellanos, en cambio, les contestó que habÃa visto sus cartas, y que se las pasarÃa al sultán y tendrÃan respuesta63. El dÃa 18 fueron recibidos por el sultán, habiendo recibido antes ricos ropajes para presentarse ante él. La ceremonia fue muy semejante a la de Barquq, pues tuvieron que postrarse de nuevo tres veces. El almirante les preguntó qué pedÃan y el confesor de León tomó la palabra para decir cómo los reyes, sus amigos, le pedÃan que liberase al pobre y cautivo rey cristiano de Armenia. Barquq tomó la palabra de nuevo para decirles que el sultán responderÃa después de tener consejo y les pidió se retirasen. Entonces los embajadores ofrecieron sus regalos, que fueron admirados por todos, se postraron de nuevo y se retiraron64. El último dÃa de septiembre les hicieron acudir de nuevo ante Barquq y les comunicó la liberación del rey, que estaba allà con ellos. Ãl mismo les puso una galera para llevarlos hasta AlejandrÃa, donde partieron el 7 de octubre, y llegaron a Rodas el 2165.
2.3 Siglo XV: Enrique III y Tamerlán
1402 â Sabemos que Payo Gómez de Sotomayor y Fernán Sánchez de Palazuelos fueron enviados para analizar las fuerzas turcas y tártaras, con cartas credenciales ante Tamerlán (Timur Lang)66. Es interesante que Clavijo especifica que debÃan ver el âpoderÃo de gentes que tenÃan ajuntadas el uno contra el otro e se acaesciesen en la batalla que en uno querÃan averâ. Enrique III tenÃa, pues, un amplio conocimiento de lo que ocurrÃa en Oriente Medio: el enfrentamiento entre ambos poderes y el advenimiento de la guerra67.
La previsión o la suerte hizo que ambos asistieran a la batalla de Ankara, comprobando de primera mano la victoria de Timur sobre Bayaceto I. Una obra genealógica de principios del XVI indica que Payo Gómez participó con permiso de Timur, que le armó caballero68. Es factible si entendemos asà lo que dice el documento de los gastos del embajador timúrida en Sevilla al decir de Payo Gómez que en esa batalla âaçestóâ69.
Timur jugó a diferenciar y crear rivalidad entre los reyes cristianos que, posiblemente, competÃan en cuanto a su polÃtica exterior70, y envió solo una carta al rey francés, y una carta y un embajador al castellano. La carta está fechada en calendario islámico el dÃa 20 del mes muharran del año 805, es decir el 29 de agosto de 140271.
1403 â Este año arribó a Castilla la embajada de respuesta timúrida. Junto a ellos llegaba el embajador tártaro con una carta de su señor y cuatro prisioneras cristianas (húngaras o griegas). Son variadas las menciones que tenemos de esta misión. En primer lugar, la mención que se hace al inicio del relato de González de Clavijo72 ; en segundo la propia carta de Timur, que menciona el envÃo del embajador73 ; y en tercero las cuentas de los gastos que se hicieron en Sevilla que localizó Mercedes Gaibrois74.
Gracias a la documentación conservada en Sevilla sabemos que la embajada la componÃan un noble de especial rango, al que se identifica con su nombre y su condición de âmandaderoâ (embajador) junto a cinco tártaros más. Sabemos que entraron en esa ciudad el dÃa 3 de febrero y que de ahà marcharon a Córdoba el dÃa 12, dado que el concejo de Sevilla ordenó pagar su manutención y los costes del viaje hasta la otra ciudad75. ¿Dónde fueron recibidos por el rey? En esos meses, entre febrero y abril de 1403 el rey estuvo en Madrid y luego en Segovia, donde permaneció hasta mediados de ese mes76. Parece plausible que fuese en Segovia: el viaje pudo ser lento al ser una amplia comitiva, y el rey partió para Segovia el 25; parece, pues, plausible que fuesen recibidos ya avanzado marzo en Segovia77.
Sabemos que el embajador Muhammad al Kechi78, llevaba consigo la carta de Timur asà como âsu presente, joyas e mugeres, que le envió segund su costumbreâ79. Es decir, de nuevo se hacen presentes los regalos diplomáticos. El caso de las mujeres (que Clavijo indicaba en plural) es sin duda especial: habÃan sido liberadas de Bayaceto I y sabemos que quedaron finalmente en Castilla. El hecho de que solo una sea mencionada por su nombre en la documentación (âAngelina Griegaâ) nos hace pensar que tal vez solo ella fuese de cierto linaje y las otras sus servidoras80.
El relato de Ruy González de Clavijo apenas da detalles. Dice que fue recibido él y sus presentes y cartas, que fueron leÃdas y que entonces el rey decidió responder, a su vez, con otra embajada con presentes.
1403â1406 â Esta embajada la llevaron a cabo el maestro en teologÃa Alonso Páez de Santa MarÃa, Ruy González de Clavijo, criado del rey, y Gómez de Salazar, guarda del rey81, asà como un número indeterminado de acompañantes y el embajador timúrida que regresaba. La relación atribuida a Ruy González de Clavijo es la principal fuente y es, como se sabe, uno de los relatos de viajes más interesantes del bajomedievo. Su embajada ha sido calificada como la más importante de la diplomacia medieval castellana82. No siendo una embajada tipo, lo cierto es que fue una de las más peculiares puesta como ejemplo de los peligros del viaje, dada la muerte de varios de los miembros de la comitiva (dos en Teherán y otro cerca de Termez) y de uno de los embajadores (Gómez de Salazar, en Nishapur)83.
Otro elemento relevante de esta embajada es el hecho de que fue utilizada como forma de contacto con varios poderes orientales. Efectivamente, la embajada fue recibida por el emperador bizantino Manuel II Paleólogo (en privado y luego les respondió)84, asà como el emperador de Trebisonda, Manuel III Comnenos (que también les recibió y les dio guÃas que les sirviesen en su camino por Asia)85. Es decir, los otros poderes cristianos recibÃan a los embajadores, aunque no fuesen enviados a ellos, sin duda porque se preocupaban por notificar su visita, como indica González de Clavijo. Con ello se muestra el interés por contactar con autoridades tan lejanas, asà como el buen trato que se daba a los embajadores.
3 El contacto castellano con Oriente
De esta forma, tras una visión general podemos realizar un análisis más concreto de sus formas desde el punto de vista de la historia de la diplomacia castellana, asà como plantearnos algunas cuestiones. ¿Supusieron estos contactos con el Oriente Medio una especificidad en cuanto a la diplomacia? ¿Cuáles fueron las razones que llevaron a ello?
3.1 Las formas diplomáticas: ¿una diplomacia especÃfica?
La base es muy escueta: hay pocos datos y esporádicos. En su mayor parte son cronÃsticos (árabes, castellanas, franco-armenias â¦). Eso quiere decir que las noticias son anecdóticas, no entrando en cuestiones de tipo diplomático. Como ejemplo, muchas veces ni siquiera se mencionan los nombres de los embajadores. Todo parece indicar, en la mayor parte de los casos, que no hubo unas formas especÃficas que supusiesen una diferencia radical con la diplomacia que Castilla desarrolló con los reinos occidentales. Hay una cierta igualdad en la cultura polÃtica diplomática.
3.1.1 Los embajadores y las lenguas
Como ocurre en la diplomacia en espacios occidentales apenas tenemos datos de los embajadores antes del siglo XV. Solo en 13 ocasiones se menciona el nombre del embajador y de pocos de ellos tenemos mucha información. Nada más sabemos del dicho âDinarâ. Tampoco de Gonzalo Ruiz (o RodrÃguez) de Isla, que se ha identificado con el comendador de Montalbán86 y del cual apenas conocemos nada. Lo mismo sucede con Felipe el Hispano, del que ni siquiera conocemos su apellido castellano. Su única mención es la que nos transmiten las dos crónicas egipcias (al-Maqrizi y al-Zahir87 ). Sin embargo, todo indica que fue miembro de una orden militar (con lo que serÃa el segundo caso de este tipo enviado a Oriente, junto a Ruiz de Isla); y, además, el que fuese conocido por el sobrenombre âel Hispanoâ nos hace pensar que fuese habitual en el ámbito egipcio, hasta el punto de que se le habÃa otorgado un patronÃmico en árabe: al isbaniyuli. ¿HabÃa estado anteriormente en otras misiones?
Para Pedro Esteban hay una posibilidad de identificación. PodrÃa ser el escribano real que documentó Kleine entre 1258 y 126388. Aunque sabemos que en fechas anteriores tuvo un hijo, en 1263 aparece también como canónigo de Segovia. De ser él, es interesante porque actuó como redactor en diversos documentos entre 1258 y 1263 y, lo relevante, es que en 6 de las 7 ocasiones el objetivo de los documentos era diplomático ¿Era este Pedro Esteban el mismo que acudió casi veinte años después a El Cairo? Es solo plausible.
El siguiente mencionado es Bernat Ricard, posiblemente un agente de doble fidelidad89. Nada sabemos de él aparte de esta misión, ni en Castilla ni en Aragón90. Juan Fernández de Sevilla, ya en el siglo XIV. Como indicó Duran i Duelt, es difÃcil averiguar nada más de este personaje, dado su nombre realmente común (localizó en ese periodo otros tres personajes homónimos91 ). SerÃa tentador relacionarlo con el Juan Fernández que fue embajador en 1294, por entonces chantre de Palencia, y que fue enviado a Francia92. Pero serÃa raro que, siendo clérigo, no se hubiese identificado como tal en la misión a Oriente.
El siguiente nombrado es Alfonso de Cuéllar. La crónica de Dardel le identifica como escudero real el año de su misión, alrededor de 138093. Ya un año antes está documentado en ese cargo94, aunque no hay noción de más embajadas. Lo mismo ocurre con su compañero Pedro de Segovia, también escudero real y del que no tenemos más datos.
De los cinco embajadores enviados ante Timur ninguno tenÃa experiencia diplomática y tampoco realizaron después otras misiones. Los datos sobre ellos, además, son escasos. Payo Gómez de Sotomayor era doncel regio95 y no parece que volviese a realizar servicios al rey, aunque su hijo Gómez fue mariscal de Castilla (lo que mostrarÃa que mantuvo la vinculación con la casa real)96. Y sobre su acompañante, Hernán Sánchez de Palazuelos tampoco sabemos nada, pues solo lo encontramos mencionado en esta embajada.
Y lo mismo ocurre con los miembros de la segunda misión. Ruy González de Clavijo pasó a la fama por el relato de su viaje97, pero apenas conocemos más de él. La bibliografÃa sobre él es ingente, pero se centra en el estudio de su extraordinario viaje y relato: sin duda la autorÃa ha eclipsado a la persona. De familia noble madrileña, Clavijo era camarero real y de edad madura cuando emprendió el viaje98. Sà sabemos que debÃa ser cercano al monarca, al menos tras su regreso pues, como señaló Bueno Sánchez, aparece como uno de los testigos de su testamento99. El caso de Alonso Páez de Santa MarÃa es parecido: lo poco que sabemos es lo que nos dice Clavijo100. Era maestro en TeologÃa y dominico y se sospecha que conocÃa el árabe (dado que se ofreció para traducir la carta de Enrique III). Además, se ha defendido que tuvo parte, al menos, en la redacción del texto101. Y por último Gómez de Salazar, que solo sabemos que era guarda real (porque asà se nos dice en el relato de González de Clavijo)102.
¿Por qué eran elegidos? En algún caso es plausible pensar en una cierta presencia de especialización, en este caso en el tipo de embajador: que haya dos miembros de órdenes militares entre los pocos de los que conocemos el nombre no parece tampoco casualidad. Y en el caso de eclesiásticos hay dos localizados, Pedro Esteban y Páez de Santa MarÃa. Solo en el caso de Alonso Páez de Santa MarÃa podemos sospechar que su condición de dominico y su posible dominio del árabe fueron razones para su elección. Que no haya una mayorÃa de eclesiásticos, pero sà presencia, es algo que ocurre en la mayor parte de las misiones en Occidente. La no repetición de misiones, sin embargo, es verdad que se aleja de la tónica encontrada recientemente por la cual los embajadores solÃan repetir su cometido como embajador en más de una ocasión103 : aquà eso no ocurrió, ninguno parece haber desempeñado otra misión. AsÃ, si se atiende al listado del anexo se puede ver que entre los 13 embajadores que conocemos por su nombre, ninguno repitió misión, lo cual, ciertamente, no es lo habitual para el caso castellano104. ¿Quiere decir eso que eran gente sin experiencia? Diplomática, desde luego, parece que no. ¿Tuvieron otra experiencia previa? Es difÃcil de saber, más allá de experiencia cultural de Bonamic que se ha comentado.
Otro aspecto importante con respecto a los embajadores es la cuestión de los traductores y el conocimiento de las lenguas. A este respecto se puede plantear alguna hipótesis.
En primer lugar, si Dinar fuese musulmán (aunque no es, en sÃ, un nombre de persona) podrÃa significar el empleo de hispanomusulmanes para la diplomacia. SerÃa un caso interesante pues no es habitual. En el caso de Alonso Páez de Santa MarÃa, si fuese cierto su dominio del árabe105, serÃa una razón indudable para su participación en la misión. Sabemos que él se ofreció para ayudar en la lectura de la carta de Enrique III, pues era el único que la podÃa entender106. López Estrada opinó con lógica que posiblemente la carta estaba en latÃn y él podÃa traducirla al árabe, que luego los intérpretes podrÃan traducir al turco o persa107. Es decir, Enrique optó por una lengua utilizada en la diplomacia en los ámbitos suprarregionales108 ; pero envió alguien capaz de traducirla al árabe. AsÃ, serÃa elegido por su capacidad para actuar de intermediario con gentes que era plausible que entendiesen árabe dado que eran musulmanes.
Sobre las misiones a Constantinopla, nada se puede decir. ¿Hablaban griego los embajadores? Ni siquiera en el caso de Juan Fernández podrÃamos aventurarnos a afirmarlo: que Vataza Láscaris lo hablase no quiere decir que alguien de su entorno lo hiciese.
3.1.2 El respeto al embajador
La figura del embajador está revestida del mismo respeto que en Occidente. No solo lo vemos en cómo se trató en Castilla a los embajadores llegados desde el otro lado del Mediterráneo, sino también en cómo eran tratados los castellanos allÃ. Recordemos el mencionado caso del libre paso que se dio en AlejandrÃa en 1265 a los embajadores que iban a entrevistarse con los ismailÃes, aunque estos fuesen enemigos de los mamelucos se permitió su paso (con el pago de una tasa por los objetos de valor109 ). AsÃ, el cobro, excepcional, es solo un sÃmbolo.
El respeto está presente prácticamente en todas las embajadas. Los enviados se dice que son honrados, agasajados, se les recibe con banquetes, son recibidos por el propio soberano ⦠tanto en Occidente como en Oriente. AsÃ, por ejemplo, en la misión de 1276 los embajadores son presentados según un orden que no parece aleatorio: primero los poderes musulmanes (del señor del Yemen, después del sultán mongol), posteriormente del emperador de Bizancio, los del rey Alfonso (es decir, el segundo entre los cristianos) y detrás de ellos, los genoveses110 ). O también en cómo, por su propio interés polÃtico, Timur situó a los embajadores castellanos por delante del embajador chino, como una forma de menospreciar a este y de engrandecer a su âhijoâ de Occidente, al que presentaba, según las palabras de Clavijo, âcomo el rey dâEspaña, que es el mayor rey que hay entre los francosâ111. Estos, además, recibieron todas las atenciones de los súbditos de Tamerlán: guÃas, monturas, manutención, banquetes, cuidados médicos ⦠se suceden en su viaje hacia Samarcanda. Es interesante, además, que se indique que les comentaban que su señor se enfadarÃa si hiciesen lo contrario112, lo que muestra cómo el poder era consciente a oriente y occidente de ese respeto debido al embajador como representante de otro soberano. Y en la penÃnsula ocurrÃa lo mismo: Alfonso X y Sancho IV recibieron y trataron con distinción a los enviados mamelucos: fueron agasajados y situados en lugares de honor en las ceremonias113.
3.1.3 El regalo diplomático
La cuestión del regalo en la diplomacia es algo que, en parte, está aún por estudiar. Aunque hay algún análisis a nivel general, para el caso hispano apenas hay algún trabajo especÃfico114, a diferencia de otros ámbitos115. En su monumental obra Moeglin y Péquignot trataron al respecto del regalo diplomático, tanto al tratar los encuentros de prÃncipes116, como por parte de los embajadores, pues la norma era distinta en ambos casos117. Como mostraron, los regalos podÃan tener una multiplicidad de intenciones y valoraciones. En ese sentido, lo exótico podÃa tener también un valor inherente, asà como la utilidad. Incluso, como mostraron en el caso de Bayaceto y Carlos VI de Francia, podÃan ser una amenaza118.
El principal problema a la hora de analizar el uso del regalo diplomático en estas relaciones tan lejanas y esporádicas es la descripción que tenemos de ellos. De las 17 misiones reseñadas, en 7 no se menciona nada sobre regalos (Ilkhanato en 1277, Constantinopla en 1279, recibidas entre 1282 y 1284, recibida de Armenia en 1284, a Constantinopla en 1312, la enviada a Egipto en 1332â1333, y la primera a Tamerlán en 1402119 ). En el resto hay menciones muy diversas.
En ocasiones se menciona solo la existencia de regalos, lo que ocurre en siete ocasiones al menos: 1265 a los ismailÃes120, 1276 a Egipto121, 1277 a Castilla122, 1278 a Egipto123, 1280 a Egipto124, 1403 a Castilla125 y de 1403â1406 ante Timur126. A veces, esa noticia de regalos sin definir se complementa con un calificativo, se habla de regalos âvaliososâ127, âhermososâ128, âpreciososâ129 o de cosas âmuy honorablesâ130. En un segundo nivel se encuentra la descripción de tipo general del tipo de presentes, además de su valoración. AsÃ, en la que recibió Alfonso X en Sevilla en 1261 se mencionan joyas131, en la de 1277 se menciona el envÃo de âdrogasâ (suponemos que algún tipo de preparado con función medicinal)132, en la de 1403 a Castilla se indica que Timur envió joyas a Enrique III133. En este caso, además, tenemos el envÃo de prisioneros liberados: las mujeres mencionadas por González de Clavijo.
Por último, hay cuatro casos en los que la descripción entra en el detalle. AsÃ, en la embajada de 1261 recibida en Castilla se mencionan muchos paños preciados, asà como diversos animales134 : entre ellos se especifican una jirafa, una cebra y un marfil (que hemos de entender como âelefanteâ135 ). Posteriormente, en la remitida a Egipto en 1282 las fuentes nos hablan de que envió, entre otras cosas muy honorables, mulas y caballos136. En 1300, aparece un listado de los regalos que se enviaban137. Y tenemos, además, la descripción del ofensivo regalo de Alfonso XI al sultán al-Nasir Muhammad (una espada, una toga de origen veneciano y un caja que semejaba un ataúd138. Por último, la descripción más pormenorizada es la que hizo Jean Dardel en su crónica armenia, al describir los regalos que envÃo Juan I de Castilla al sultán mameluco para conseguir la liberación de León V. En concreto se dice que envió: âune trés noble fontaine dâargent dorée, una couppe dâor et sa seurcouppe, IIII draps de fine escarlate vermeille, IIIIxx ventre de menu-vair et quatre faucons gerfaultxâ139. Cabe la duda de a qué se refiere con una âfontaineâ. En francés medieval tiene un sentido predominante de âlugar o construcción donde mana aguaâ, aunque también existe como ârecipiente donde se recoge agua que manaâ140. La diferencia entre una y otra es realmente grande, pero la primera definición nos ofrecerÃa una joya realmente impresionante, más adecuada a lo que dice la crónica que âreclamabaâ el sultán. Lo cierto es que el regalo debió ser tan relevante y magnÃfico como para ser citado en primer lugar y como âtrès nobleâ, por delante de una copa de oro con su sobrecopa, mantos de escarlata roja y los forros de ardilla, asà como los halcones gerifaltes. Fue tan magnÃfico que convenció al sultán para liberar a León V141.
AsÃ, los datos de los regalos intercambiados se basan solo en la impresión que causaron. Podemos pensar que cuanto mayor fuese la consideración (sea positiva o negativa, caso de la ofensa de Alfonso XI) mayor era la descripción que se hacÃa. Eso explicarÃa la mención a los animales exóticos142, las ricas telas, las joyas impresionantes, o algo semejante a un ataúd. Con ello se buscaba impresionar y mostrar el poder propio. No hay que olvidar tampoco lo caro que podÃa ser cada uno de esos regalos, con lo que la mostración de poder se incrementaba. Solo la caza y envÃo de esos animales suponÃa un importante reto, especialmente en los exóticos143.
AsÃ, pues, hay notable semejanza con el Occidente: tanto joyas como animales, no solo más habituales (como caballos o halcones), sino también exóticos como el elefante o la jirafa, fueron regalos habituales. Baste recordar el elefante que Luis IX regaló a Enrique III144, o los leopardos que este último recibió de Federico II145.
¿Y la cultura? ¿Supuso un elemento también de intercambio diplomático? Pues lo decepcionante es que no hay ninguna mención al respecto. Como se ha comentado, el hecho de que un miembro del scriptorium alfonsà participase en una embajada es, ciertamente, estimulante, pero no hay ninguna noticia más allá de su participación: ni cuál era su misión, ni sus resultados ⦠Con lo que todo queda en la mera hipótesis sin demostración fehaciente.
3.2 Las razones del contacto
Si difÃcil era aventurar algún tipo de visión general sobre las formas de la diplomacia, más aún parece hacerlo sobre las razones para su desarrollo. En gran parte viene determinado por el tipo de fuentes: fundamentalmente crónicas, que no suelen hacer demasiado hincapié en elementos que para el estudio de las embajadas es fundamental (tipos documentales, etc.). Y es que no se conserva ningún poder, ni tampoco las instrucciones que recibirÃan los embajadores ⦠solo algunos relatos por parte de aquellos que asistÃan a su cometido (o el excepcional de González de Clavijo). Esto hace que, en muchas de las ocasiones, ni siquiera sabemos el porqué de la misión. Solo en unas pocas se explicita.
Parecen más claras las de Juan I y Enrique III. En el caso de Juan I las crónicas aclaran el objetivo. Y lo mismo ocurre con las embajadas ante Tamerlán, para las que Clavijo nos indica las razones. Pero para las embajadas del siglo XIII que son la mayorÃa, no sabemos nada. Solo se han planteado hipótesis y sospechas: el comercio del aceite, por ejemplo146.
Una de las razones que sobrevuela alguno de esos contactos, especialmente con el mundo mongol, es la búsqueda de ese supuesto posible apoyo oriental frente a la presión turco-musulmana. Esto ya existÃa como posibilidad desde el siglo XIII, y parece plausible en alguno de los casos. PodrÃa ser una de las razones del contacto con los mongoles o con los ismailÃes (cuando se produjeron estos eran aliados de los cruzados). Como se sabe, la relación de Alfonso X con la cruzada fue más estrecha de lo que comúnmente se puede pensar147. Más allá del interés africano148, o del interés peninsular en Oriente (recordemos la cruzada de Jaime I asà como la participación de castellanos en cruzadas anteriores149 ) hay que recordar la idea de la cruzada desde el Norte de Ãfrica, presente desde el siglo XII150, asà como la propia visión del monarca sobre ella151. ¿Acaso la polÃtica de Alfonso X sobre la cruzada tanteaba esa posibilidad aun cuando sus objetivos inmediatos estuviesen en el norte de Ãfrica? ¿Se enmarca en ese interés por Oriente que se plasma también en la embajada en Constantinopla? Todo parece indicar que sÃ.
Lo mismo ocurre con Enrique III, nos encontramos ante un monarca que desarrolló una muy intensa actividad diplomática y en cuyo caso sà se explicita esa búsqueda de alianza con el poder tártaro que suponÃa Timur. En su caso fue un agente de primer orden en los problemas occidentales (como en el Cisma de Occidente) y que, además, tuvo un notable interés por la información de lo que ocurrÃa en Italia, y en el Mediterráneo152. Y es que, si ya el contexto del Próximo Oriente fue de interés a los poderes cristianos, él mismo habÃa sido informado en primera persona por el embajador de Manuel II Paleólogo, que sabemos, estuvo en Castilla153. Además, se ha dicho que es posible que tuviese conocimiento de la embajada recibida en 1401 por su aliado Carlos VI y enviada por Timur, encabezada por Juan de Sultaniya, y que con ello se plantease conocer la situación en Oriente directamente154. Con todo ello tendrÃan una mejor explicación esas embajadas a Oriente.
Y es que, no parece baladà que los dos monarcas que más contactaron con Oriente fuesen aquellos que tuvieron una mayor actividad diplomática y exterior entre mediados del siglo XIII y mediados del XV (Alfonso X y Enrique III). Alfonso X mostró una gran preocupación tanto por la cruzada como por el fecho del Imperio, lo que le llevó a tener una intensÃsima actividad diplomática, en la que los ámbitos italiano y mediterráneo tenÃan mucho que ver155. Enrique III, que vivió una época conflictiva en Occidente, no desdeñó los contactos con Oriente. AsÃ, son dos monarcas que, en ese sentido, tuvieron actividades semejantes y los dos se hicieron presentes en Oriente. No es casualidad que cuanto mayor es la actividad exterior de los reyes de Castilla, mayor lo es en Oriente.
4 Conclusiones
Como se ha podido comprobar a lo largo del presente trabajo, la tradicional visión de una desconexión entre Castilla y el mundo mediterráneo oriental puede ser descartada. Si ya MartÃnez Montávez nos mostró la existencia de contactos, aunque fuesen esporádicos, actualmente esto se confirma y amplÃa. En algunos momentos Castilla tuvo un claro conocimiento de lo que ocurrÃa en Oriente y tuvo la capacidad para buscar el contacto directo, mostrando que sus intereses también estaban allÃ.
Hemos podido apreciar la existencia de embajadas dirigidas a gobernantes orientales, lo que muestra un cierto conocimiento de ese mundo, de sus autoridades, de sus personalidades. Misiones enviadas a un monarca concreto, buscando obtener una información sobre un enfrentamiento especÃfico, sobre una situación en particular. Eso nos indica el conocimiento del rey: se sabÃa quién gobernaba en Egipto, qué intención tenÃa un gobernante mongol, qué posición ocupaba un grupo concreto, como los ismailÃes, en el tablero polÃtico del Próximo Oriente. PodÃa haber dilaciones, podÃan producirse cambios durante el viaje; pero eso no quitaba para su correcta recepción por el nuevo poder. Además, se mostraba un conocimiento de las autoridades y poderes de la zona, como muestra la embajada de Clavijo, anunciándose ante los emperadores de Constantinopla o de Trebisonda.
¿De dónde procedÃa esa información llegada a Castilla? Dado que las embajadas no eran todo lo habituales que podÃa ser necesario es difÃcil calibrarlo. Es plausible que las fuentes del siglo XIII y posteriores que hablaban de esos viajes a Oriente llegasen a Castilla, incluidas aquellas más o menos reales. Y que ellas aportasen, al menos, un conocimiento teórico. Pero no cabe duda de que en Occidente las informaciones recibidas de forma más o menos directa también circulaban. Lo que Luis IX de Francia podÃa conocer por sus contactos, directos o indirectos, ese conocimiento de unos tártaros poco de fiar, con intenciones poco claras, que pudo obtener casi in situ el monarca francés, sin duda se transmitieron a su sobrino castellano (como se mostró en sus consejos al rey Jaime I).
El contacto, además, mucho más estrecho y cotidiano de la Corona de Aragón con Oriente también pudo ser un foco de información muy importante. Esto lo conocemos cada vez mejor y parece lógico que esa información circulase entre las cercanas cortes peninsulares, no siempre enfrentadas y con relaciones familiares en ocasiones estrechas.
Otro punto especialmente relevante es el interés de Castilla por intervenir en Oriente. El envÃo de embajadas, la búsqueda de información, la defensa de intereses propios (incluidos económicos) ⦠son diversas las razones, pero todas nos muestran cómo no dudaba en hacerse presente en Oriente, como uno más de los poderes occidentales. AsÃ, era considerado también como un poder reconocible y reconocido, al que se podÃa ensalzar si eso servÃa para la polÃtica propia, como hemos visto en los casos del Egipto mameluco y el Imperio timúrida.
Y desde el punto de vista castellano hemos podido comprobar cómo hay momentos de mayor presencia, de mayor contacto, cuando hay un interés especial por hacerse presente en Oriente, sean cuales sean los motivos. Los reinados de Alfonso X y Enrique III, pese a las diferencias entre ambos, se han mostrado como los más relevantes. Bien sea por la clara idea de lo que se pretendÃa o por el gran número de misiones y contactos detectados. Unos contactos que podÃan responder a realidades muy cambiantes y que oscilan entre los intereses polÃticos (propios, particulares, regionales u occidentales), los económicos y comerciales.
Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación PACNECON (Pacto, negociación y conflicto en la cultura polÃtica castellana (1230â1516), PID2020-113794GB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y dirigido por José Manuel Nieto Soria y Ãscar Villarroel González.
Pedro MartÃnez Montávez. âRelaciones de Alfonso X de Castilla con el sultán mameluco Baybars y sus sucesoresâ, Al-Andalus: revista de las Escuelas de Estudios Ãrabes de Madrid y Granada, 27/2 (1962), 343â376; âRelaciones castellano-mamelucas 1283â1382â, Hispania: Revista española de historia, 92 (1963), 505â523.
Véase al respecto: Cristina Segura GraÃño y AgustÃn Torreblanca López. âPersonajes bizantinos en la corte de Alfonso Xâ, Anuario de Estudios Medievales, 15 (1985), 179â187.
Ãltimamente se ha conocido la presencia de embajadores en la corte constantinopolitana entre los reinados de Alfonso X y Fernando IV. El primero: Stefano M. Cingolani. Diplomatari de Pere el Gran. 2. Relacions internacionals y polÃtca exterior (1260â1285) (Barcelona: Fundació Noguera, 2015), 349â350; el documento en: Archivo de la Corona de Aragón (en adelante ACA), Real cancillerÃa, Registros, 50, 197vâ198r. El segundo: Daniel Duran i Duelt. ââSobre la demanda que nos e vuestras hermanas havedes en el emperio de Greciaâ. Mujeres, poder y diplomacia en el Mediterráneo medieval: una mensajerÃa de Fernando IV de Castilla a Bizancio en favor de Vataza Láscaris Ventimigliaâ, Revue des Ãtudes Byzantines, 80 (2022), 257â308.
Crónica del rey don Alfonso décimo, ed. Cayetano Rosell (Madrid: Rivadeneyra, 1875), 8 (cap. IX).
Sobre la identificación de estas embajadas véase: MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 346â355. La fuente musulmana habla del envÃo a Sicilia, ante Manfredo, primo de Alfonso. Dada la aspiración imperial de Alfonso ya en 1261 ⦠¿serÃa una razón para que continuase hasta Sevilla esa misión? Véase al respecto Carlos de Ayala MartÃnez. Directrices fundamentales de la polÃtica peninsular de Alfonso X (Madrid: Universidad Autónoma de Madrid, 1986), 291â297.
Véase: Juan Vernet. âAlfonso X y la AstronomÃaâ, BoletÃn de la Real Academia de la Historia, 181-III (1984), 349â369. Sobre la cultura y el taller alfonsà son indispensables: Laura Fernández Fernández. Arte y ciencia en el scriptorium alfonsà de Alfonso X el Sabio (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2013) y su aportación, junto con Alexandra Montero Peters, al presente volumen.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 355â357.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 357.
Es interesante relacionarlo con la pervivencia ismailà (Shafique N. Virani, âThe Eagle retunrs: Evidence of Continued Isma`ili Activity at Alamut and in the South Caspian Region following the Mongol Conquestsâ, Journal of the American Oriental Society, 123â2 (2003), 351â370), asà como con el cambio con respecto a occidente de Hülegü, Antonio GarcÃa Espada, âEl Imperio mongol y la formación de Occidente. Una actualización historiográficaâ Studia Historica, Historia Medieval, 42, 1 (2024), 13.
Toda la narración en: Llibre dels feyts, ed. Ferran Soldevila (Barcelona: Edicions 62, 1982), Æ 474â482.
Llibre dels feyts, Æ 475: âe dix-nos que aquella gent era molt falsaâ. Carlos de Ayala MartÃnez. âReflexiones en torno a la cruzada aragonesa de 1269â, en Dona Ferentes. Homenaje a F. Torrent (Madrid: Ediciones Clásicas, 1994), 17â28. Véase también Damian J. Smith. âGuerra Santa y Tierra Santa en el pensamiento y la acción del rey Jaime I de Aragónâ, en Daniel Baloup y Philippe Josserand (dirs.), Regards croisses sur la guerre sainte. Guerre, religion et idéologie dans lâespace méditerranéen latÃn (XIeâXIIIe siècle) (Toulouse: CNRS-Ãditions Université Toulouse-Le Mirail, 2006), 305â322, en concreto 316â318.â
Segura y Torreblanca, âPersonajes bizantinosâ, 184â185.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 360â370.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 362â368.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 368â370, este autor dudaba de las fechas dadas para el viaje.
National Archives, SC 1/16/5; publicada ya por Thomas Rymer. Foedera, conventiones, litterae, et cujuscunque generis acta publica ⦠(La Haya: Johannes Neaulme, 1745), vol. I-2, 177. Ya lo trató Ayala MartÃnez, Directrices, 166â168; Isabel GarcÃa DÃaz. âBonamic y el traslado de la diócesis de Cartagena en el siglo XIIIâ, Carthaginensia, 31 (2015), 89â110, en concreto 104â105.
Ayala MartÃnez, Directrices, 167.
Luis IX la recibió en Chipre y la componÃan dos cristianos nestorianos, a la que contestó el rey enviando una nutrida embajada. La carta de Eljigidei, caudillo de Irán en nombre del gran khan Güyüg fue traducida al latÃn y al francés. Cualquiera de estas pudo llegar a ser conocida por Alfonso. Sobre esta embajada véase: Jean de Joinville. Vida de san Luis, edición, traducción y estudio de MartÃn Alvira Cabrer (Cáceres: Universidad de Extremadura, 2021), 41â42. Véanse los comentarios al respecto de MartÃn Alvira en las notas pertinentes, asà como en su aportación a este volumen.
Peter Jackson, The Mongols and the West (Londres: Routledge, 2005) 167â168.
Fernández Fernández, Arte y ciencia, 41â42.
Vernet, âAlfonso Xâ, pásim. Este autor erró al asumir que el Libro del Candado era de Alfonso X y creer lo que en él se dice sobre el gran astrónomo que mandó a buscar (356â359). Sobre este curioso libro se ha escrito mucho, se aludió también a Enrique de Villena como posible autor (basándose en el colofón falso que incluye: D. Parnie y Fernando DÃaz Esteban. âEl orientalismo del Libro del Tesoro de la BN de Madridâ, BoletÃn de la Asociación Española de Orientalistas, III (1967), 201â215); pero hoy sabemos que es posterior incluso a mediados del siglo XV, aunque trufado de esas falsas asignaciones en búsqueda de prestigio. Véase al respecto: Juan Carlos Galende DÃaz âLa criptografÃa medieval. El Libro del Tesoroâ, en II Jornadas de documentación de la Corona de Castilla (siglos XIIIâXV) (Madrid: CEMA, 2003), 41â77.
Vernet, âAlfonsoâ, 358â363.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 370â371, citando a al-YuninÃ.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, citando en esta ocasión a al-Furat y al-Maqrizi.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, nota 82.
Cingolani, Diplomatari, II, 98 y 353â354; ACA, Real cancillerÃa, Registros, 49, f. 56r.
Cingolani, Diplomatari, II, 98 y 394â395; ACA, Real cancillerÃa, Registros, 50, ff. 197v y 198r.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 372â373.
Chronicles of QalÄwÅ«n and his son al-Ashraf KhalÄ«l, edición y traducción al inglés de David Cook (Londres: Routledge, 2020), p. 47.
MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 372â373. A la misma conclusión llega David Cook.
Véanse al respecto sus apreciaciones: MartÃnez Montávez, âRelaciones de Alfonso Xâ, 372â373.
Pedro MartÃnez Montávez. âRelaciones castellano-mamelucas. 1283â1382â, Hispania, 92 (1963), 505â523, en concreto: 513â517.
MartÃnez Montávez. âRelaciones castellano-mamelucasâ, 516.
MartÃnez Montávez. âRelaciones castellano-mamelucasâ, 518.
MartÃnez Montávez. âRelaciones castellano-mamelucasâ. 518.
MartÃnez Montávez. âRelaciones castellano-mamelucasâ, 516.
Thomas S.R. Boase. The Ciclician Kingdom of Armenia (Londres-Edimburgo: Scottish Academic Press, 1978), 28â29.
Duran i Duelt. âSobre la demandaâ, 257â308.
Duran i Duelt. âSobre la demandaâ, 285â286.
MartÃnez Montávez. âRelaciones castellano-mamelucasâ, 519.
Doris Behrens-Abouseif. Practising Diplomacy in the Mamluk Sultanate: Gifts and Material Culture in the Medieval Islamic World (Londres-Nueva York: I.B. Tauris, 2016), 25â26.
La crónica, por error, lo sitúa en 1380: Pero López de Ayala. Crónicas (Barcelona: Planeta, 1991), 518.
Boase, The Cilician, 131. Es llamado en esta obra León VI, pues la numeración depende de si se cuenta al señor de Cilicia León I. Al poco de terminar este trabajo Doris Behrens-Abouseif ha publicado su artÃculo âThe Captivity and Release of the Armenian King Leo V in Cairo: Diplomatic Gifts and Ransom in Mamluk Diplomacyâ, MamlÅ«k Studies Review, XXVI (2023), 55â69. En el presenta la vida del rey León V y analiza la cuestión de los regalos en el ámbito mameluco siguiendo también a Jean Dardel.
De esta primera estancia habla la carta que el Ceremonioso envió en 1380 a Barquq, el prÃncipe que realmente ejercÃa el poder: ACA, Real cancillerÃa, Registros, 987, f. 153r; publicada en Próspero de Bofarull i Mascaró. Colección de documentos inéditos del Archivo General de la Corona de Aragón (Barcelona: José Eusebio Monfort, 1850), VI, 372. También lo narra la crónica armenia de Dardel: Jean Dardel. Chronique dâArmenie, en Recueil des historiens des croisades. Documents arméniens. Tome second. Documents latins et français relatifs à lâArménie (ParÃs: Imprimerie Nationale, 1906), 94 (esta crónica es fundamental para eliminar los errores de Ayala, como ya vio Madelena Sáez Pomés. âLa ayuda de Valencia a León V de Armenia, I de Madridâ, en Estudios de Edad Media en la Corona de Aragón, III (1947â1948), 386â419; y más recientemente Miguel Ãngel Chamocho Cantudo. âLeón de Armenia. Señor de Andújar (1383â1393)â, Historia Instituciones Documentos, 46 (2019), 45â74). Saclosa también está documentado antes de partir en junio de 1379, cuando pudo cargar ballestas en su nao: ACA, Real Patrimonio, BailÃa general de Cataluña, Registros, 1065, ff. 2v, lo indicaba: Maria Teresa Ferrer i Mallol, âJurisdicció i control de la navegació a la ribera i mar de Barcelonaâ, Anales de la Universidad de Alicante, 12 (1999), 113â133, en concreto: 118.
Dardel, Chronique, 95; López de Ayala, Crónicas, 518.
Dardel, Chronique, 95.
Eduard Juncosa Bonet. âPedro el Ceremonioso y el Cisma o cómo sacar provecho de la indiferenciaâ, en Guido DâAgostino, Salvatore Fodale, Massimo Miglio, Anna Maria Oliva, Davide Passerini, Francesco Senatore (coords.), La Corona dâAragona e lâItalia. Atti del XX Congresso di Storia della Corona dâAragona Roma-Napoli, 4â8 ottobre 2017. Vol. 1. La Corona dâAragona e la curia negli anni dello scisma, (Roma: Instituto Istórico Italiano per el Medioevo, 2020), 71â82.
ACA, Real CancillerÃa, Registros, 987, f. 152r y 153r, datadas el 3 de septiembre y el 3 de octubre en el monasterio de Poblet. Publicadas por Bofarull i Mascaró, Documentos, VI, 370â374.
Veánse las publicadas por: Sáez Pomés. âLa ayudaâ, 410â419.
Según Dardel (Chronique, 97) los habrÃa acompañado Pedro IV de Ribagorza, tÃo del Ceremonioso y tÃo abuelo de la reina de Castilla.
López de Ayala, Crónicas, 518. Cfr. Dardel, Chronique, 98.
Dardel, Chronique, 95.
Dardel, Chronique, 98.
Dardel, Chronique, 100.
En la crónica es presentado como un âcontrefait chevalierâ que, curiosamente, no fue delatado por los armenios, tal vez para evitar el bochorno a su rey: Dardel, Chronique, 96â100.
Dardel, Chronique, 518â519.
ACA, Real cancillerÃa, Registros, 939, 111v; publicada en Sáez Pomés, âLa ayudaâ, 415â416.
ACA, Real cancillerÃa, Registros, 1102, f. 142v; publicada en Sáez Pomés, âLa ayudaâ, 413.
López de Ayala, Crónicas, 519.
Dardel, Chroniques, 101.
MartÃnez Montávez, âRelaciones castellano-mamelucasâ, 520.
Dardel, Chroniques, 101.
Dardel, Chroniques, 102. Dardel se equivoca y habla del mes de agosto a la hora de indicar la reunión con el sultán.
Dardel, Chroniques, 102â103.
Ruy González de Clavijo. Embajada a Tamorlán, ed. Francisco López de Estrada, Madrid: Castalia, 1999, 78â79.
Sobre el interés mediterráneo del rey y sus informadores preparo un trabajo en estos momentos, que espero veo la luz en breve. Véase, también, Michel GarcÃa, El historiador en su taller en Castilla a principios del siglo XV. Edición y comentario del ms. Esp.216 de la Bibliothèque Nationale de Paris (Lyon: ENS, 2000), 53.
Asà lo aducÃa José Filgueira Valverde. Payo Gómez de Soutomayor. Mariscal de Castilla, embajador de Enrique III al gran Tamerlán (Pontevedra: DÃas de la Hispanidad, 1976), Anexo I (sin paginar). El texto es extraÃdo de un tratado atribuido a Pedro López de Ayala, Tratado de los linajes de España, conservado en el mss. 11593 de la BNE, f. 70.
José Filgueira Valverde. Payo Gómez de Soutomayor, anexo III (Sin paginar), cita y presenta una transcripción de Mercedes Gaibrois de un documento del municipal de Sevilla sin identificar. Este se puede localizar en Biblioteca de la Real Academia de la Historia (en adelante BibRAH), Archivo Mercedes Gaibrois, Fichero 15/320.
GarcÃa, El historiador, 52.
Para un análisis de las diversas versiones, véase: GarcÃa, El historiador, 48â53.
González de Clavijo, Embajada, 78â79.
GarcÃa, El historiador, 145â146; con la edición de la copia más completa y fidedigna procedente de la Bibliothèque Nationale de France, ms. Esp. 216, f. 72vâ73r; hay también copia en Biblioteca Nacional de España, mss. 6370, ff. 73rv, que fue editada por Filgueira, Payo, anexo II (sin paginar).
Archivo Municipal de Sevilla (en adelante AMS), Papeles del Mayordomazgo, 1403â111; los descubrió y publicó alguna parte Mercedes Gaibrois. âNoticias de Angelina Griegaâ, Correo Erudito, 1 (1940), 323â324; sus transcripciones en BibRAH, Archivo Mercedes Gaibrois, Fichero, 15/320 y 15/326â327. Años después fueron catalogados e identificados en Francisco Collantes de Terán. Inventario de los papeles del mayordomazgo del siglo XV. Tomo 1: 1401â1416 (Sevilla: Ayuntamiento de Sevilla, 1972), 52â53. Algunos fragmentos fueron publicados por Filgueira, Payo, 1976, anexo II (sin paginar).
Filgueira, Payo.
Francisco de AsÃs Veas Arteseros. Itinerario de Enrique III (Murcia: Universidad de Murcia, 2003) 118.
Además del embajador y su comitiva irÃan los embajadores castellanos, asà como Angelina Griega y las tres mujeres. El número aparece reflejado en la documentación sevillana (Gaibrois, âNoticiasâ, 324), y lo hizo ver Francisco Estada en su prólogo (González de Clavijo, Embajada, 27).
Esta interpretación del Mahomed Alcaxi la da Francisco de Estrada en su edición: González de Clavijo, Embajada, 79, nota 5. En la carta transcribieron su nombre como Amahomad Alcaygy: BNF, ms. Esp. 216, f. 73r, GarcÃa, El historiador, 146.
GarcÃa, El historiador.
Para estas mujeres véase lo que la tradición sabe de ellas en: Miguel Ãngel Ochoa Brun Historia de la diplomacia española, volumen 1 (Madrid: BoletÃn Oficial del Estado, 1990), pp. 232â235.
El mismo relato los indica: González de Clavijo, Embajada, 79.
Miguel Ãngel Ochoa Brun, Historia â¦, 1, en pp. 235â245 hace una sucinta relación de la embajada, la calificación de la misma en: González de Clavijo, Embajada, 79.
Francisco Javier Ruiz de Villalba Toledo. âFatigas y contratiempos del viaje en los albores del siglo XV: el relato de Ruy González de Clavijoâ, Isimu, 18â19 (2015â2016), pp. 316â376; Ãscar Villarroel González. âUna vida en el camino: el viaje diplomático y sus peligrosâ, en MarÃa del Pilar Carceller Cerviño. Viajes y viajeros en la Edad Media (Madrid: La Ergástula, 2021), pp. 63â84.
González de Clavijo, Embajada, 117â144.
González de Clavijo, Embajada, 162â167.
Cingolani, Diplomatari, II, 98. Efectivamente sabemos que entre febrero y junio de 1280 fue nombrado Gonzalo RodrÃguez como comendador de Montalbán, por orden de Gonzalo RodrÃguez Girón (Regina Sáinz de la Maza Lasoli. La Orden de Santiago en la Corona de Aragón. La encomienda de Montalbán (1210â1327) (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1980) 80.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 372 (para la primera); Chronicles, 47 (para la segunda).
Marina Kleine. La CancillerÃa real de Alfonso X: actores y prácticas en la producción documental (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2015, Apéndice prosopográfico, 455. Su condición de canónigo en Archivo de la Catedral de Cuenca, I, caa 6, n 9.
Maximiliano A. Alarcón y Santón y Ramón GarcÃa de Linares (Eds.). Los documentos árabes diplomáticos del Archivo de la Corona de Aragón (Madrid: E. Maestre, 1940), 345â349.
No aparece, por ejemplo, en la nómina de los embajadores de Jaime II de: Stéphane Péquignot. Au nom du Roi. Pratique diplomatique et pouvoir durant le règne de Jacques II dâAragon (1291â1327) (Madrid: Casa de Velázquez, 2009).
Duran i Duelt, ââSobre la demandaââ, 263.
Archives Nationales, J915, nº 6; publicado en Georges Daumet. Mémoire sur les relations de la France et la Castille de 1255 à 1320 (ParÃs: Fontemoing, 1913), 113.
Dardel, Chronique, 99 y 100.
Francisco de Paula Cañas Gálvez. âLa Casa de Juan I de Castilla: aspectos domésticos y ámbitos privados de la realeza castellana a finales del siglo XIVâ, En la España Medieval, 34 (2011), 133â180, en concreto 180.
Asà se le menciona en la documentación sevillana: Gaibrois, âNoticiasâ, 323â324.
Sobre este personaje: Filgueira, Payo.
La autorÃa de este, sin embargo, es discutida. Tradicionalmente se le atribuye a él, pero también su compañero Alonso Páez de Santa MarÃa está entre los candidatos, con más razones, según López Estrada, Embajada, 37â38.
Veáse el estudio introductorio de López Estrada: González Clavijo, Embajada, 30â31; y en âRuy Gonzálezâ, 518â519.
Marisa Bueno Sánchez. âLa lettre comme illusion de dialogue: regards croisés à propos de rapports diplomatiques entre la Castille et les Timourides (1401â1406)â, en Fréderic Bauen (coord.). Culture matérielle et contacts diplomatiques entre lâOccident latin, Byzance et lâOrient islamique (XIeâXVIe siècle) (Leiden: Brill, 2021), 143â173, en concreto 150. El testamento puede verse en: Michel Garcia (ed.) Crónica del rey Juan II de Castilla. MinorÃa y primeros años de reinado (1406â1420) (Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2017), vol 1, 126â142, la mención en 142.
Francisco López Estrada. âFray Alonso Páez de Santa MarÃa, el otro embajador de Enrique III al Gran Tamorlán (1403â1406)â, en Piedad Bolaños Donoso, Aurora DomÃnguez Guzmán, Mercedes de los Reyes Peña (coords.). Geh hin und lerne: homenaje al profesor Klaus Wagner (Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2007), vol. 2, 709â715.
López Estrada. âFray Alonso Páezâ.
González de Clavijo, Embajada, 79.
Ãscar Villarroel González. âTowards the Formation of a Royal Apparatus: Specialization in Castilian Diplomacy (12th to 15th Centuries)â, en Tiago de Faria, coord. State-Making and Diplomacy in Europe, 1050â1550 (en prensa).
Véase al respecto: Villarroel, âTowardsâ.
López Estrada lo veÃa como plausible: Francisco López Estrada. âRuy González de Clavijo. La embajada a Tamorlán. Relato del viaje hasta Samarcanda y regreso (1403â1406)â, Arbor, CLXXX (2005), 515â535, en concreto 519. Véase también, del mismo autor: âFray Alonso Páez de Santa MarÃa, el otro embajador de Enrique III al Gran Tamorlán (1403â1406)â, en Piedad Bolaños Donoso, Aurora DomÃnguez Guzmán, Mercedes de los Reyes Peña (dirs.). Geh hin und lerne: homenaje al profesor Klaus Wagner (Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2007), vol. 2, 709â715.
González de Clavijo, Embajada, 260â261.
González de Clavijo, Embajada, 260â261, nota 360.
Sobre la cuestión de la lengua y la diplomacia: Jean Marie Moeglin y Stèphane Péquignot. Diplomatie et «â relations internationalsâ » au Moyen Ãge (IXeâXVe siècle) (ParÃs: Presses Universitaires de France, 2017), pp. 111â125.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 355â356.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 361, con el texto de al-Furat.
González de Clavijo, Embajada, 260â261.
González de Clavijo, Embajada, 230â231.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones castellano-mamelucas â¦â, 515â516.
Se ha trabajado sobre los textiles como regalo (Sila Oreja Andrés. âEl obsequio de tejidos como gesto de munificencia en el tardomedievo castellano: testimonios literariosâ, Anales de Historia del Arte, Extra 1 (2014). 389â400); también hay una aproximación desde el punto de vista del arte y del regalo, precisamente en época de Alfonso X: Francisco Pardo-Villar. âArte y diplomacia: el discurso del regalo en las relaciones con Orienteâ, en MarÃa Teresa López de Guereño Sanz e Isidro G. Bango Torviso (coords.). Alfonso X el Sabio [exposición] Sala San Esteban, Murcia, 27 octubre 2009â31 enero 2010 (Murcia: Región de Murcia/Ayuntamiento de Murcia/Caja de Ahorros del Mediterráneo, 2009), 186â189.
La mayor parte de análisis a este respecto han llegado desde la historiografÃa alemana, especialmente el trabajo de Gerald Schwedler (âDiplomatische Geschenke unter Königen im Spätmittelalter. Freundschaft und Gabentausch zwischen politischer Praxis und der schriftlichen Norm der Fürstenspiegelliteraturâ, en Michael Grünbart (dir.), Geschenke erhalten die Freundschaft. Gabentausch und Netzwerkpflege im europäischen Mittelalter (Münster: LIT, 2011), 145â186) con especial atención a las reliquias o a casos concretos en los que existe abundante documentación. Puede verse una bibliografÃa en Moeglin y Péquignot, Dipomatie, 971â973. En el ámbito que aquà nos interesa está el reciente trabajo de Thierry Buquet. âAspects matériels du don dâanimaux exotiques dans les échanges diplomatiquesâ, en Fréderic Bauden (coord.). Culture matérielle et contacts diplomatiques entre lâOccident latin, Byzance et lâOrient islamique (XIeâXVIe siècle) (Leiden: Brill, 2021), 177â201; también Behrens-Abouseif. Practising Diplomacy. Para el periodo inmediatamente anterior: Nicolas Drocourt. âLes animaux comme cadeaux dâambassade entre Byzance et ses voisins (VIIeâXIIe siècle)â, en Christophe Picard y Bernard Doumerc (coords.). Byzance et ses périphéries (mondes grec, balkanique et musulmán). Hommage à Alain Ducellier (Toulouse: Presses Universitaires du Midi, 2004) 67â93.
Moeglin y Péquignot, Dipomatie, 213â217.
Moeglin y Péquignot, Dipomatie, 247â249.
Moeglin y Péquignot, Dipomatie, 249.
Se podrÃa añadir la recibida por Jaime I, en la que tampoco se menciona ningún regalo, pero no la contamos al no ser al ámbito castellano. En la que recibieron Alfonso X y luego Sancho IV se sabe que Sancho preguntó por los presentes, pero en el momento de ser recibidos por Alfonso X no se dice nada de que trajesen regalos: MartÃnez Montávez, âLas relaciones castellano-mamelucasâ, 516.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 355.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 360â363.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 363â364.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 370â371.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 371.
González de Clavijo, Embajada, 79; GarcÃa, El historiador, 146.
González de Clavijo, Embajada, 79.
1276 a Egipto y la subsiguiente a Castilla en 1277: MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 360â363, y 363â364, respectivamente.
1278 a Egipto: MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 370â371.
1280 a Egipto: MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 371.
1282 a Egipto: MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 372; Chronicles of QalÄwÅ«n, 294.
Crónica del rey don Alfonso décimo, 8.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 363â364.
González de Clavijo, Embajada, 79.
Crónica del rey don Alfonso X, 8.
Véase al respecto López Estada: González de Clavijo, Embajada, 258, nota 353. Es interesante, por ejemplo, el buen dibujo de un elefante que se puede ver en la Cantiga 29, fruto de que el artista pudo ver uno en la realidad: Elvira Fidalgo Francisco. âLos animales de las Cantigas de Santa MarÃa. Una lectura en clave simbólicaâ, Revista de Literatura Medieval, 29 (2017), 107â127, en concreto, en 124â125, ya señaló esa lectura como elefante. También lo ven asà Buquet, âAspectsâ, 177â178; y Behrens-Abouseif, Practising, 142.
Chronicles, 47 y 294.
Alarcón y GarcÃa de Linares. (Eds.). Los documentos árabes, 345â349.
Behrens-Abouseif, Practising, 25 y 96. Aunque de por sà las armas no tenÃan por qué ser ofensivas.
Dardel, Chronique, 99.
Véase a este respecto el Dictionaire du Moyen Français, en lÃnea: http://zeus.atilf.fr/dmf/ [consultado el 5 de noviembre de 2023], donde se puede ver donde aparece mencionada asà como la definición del ATILF.
HabrÃa alcanzado lo que en la corte mameluca se esperaba de los regalos diplomáticos: Behrens-Abousif, âThe captivityâ, 67.
Sobre el regalo de animales exóticos en diplomacia lo conocemos ya desde la antigüedad, asà como para el imperio bizantino pero, como bien marcaba Buquet, nos falta para el occidente medieval: Thierry Buquet. âLes animaux exotiques dans les ménageries médiévalesâ, en Jacques Toussaint (dir.). Fabuleuses histoires des bêtes et des hommes (Namur: TREMA-Societé Arqueologique de Namur, 2013) 97â121, en concreto 112â114.
Buquet, âAspectsâ, 181 y ss.
Mateo Paris. Chronica maiora, ed. Henry Richards Luard (Londres: Longman, 1880), vol. V, 489.
Linda Kalof. Looking at animals in human history (Londres: Reaktion Books, 2007). p. 66.
MartÃnez Montávez, âLas relaciones de Alfonso Xâ, 373â376.
Véase al respecto: José Manuel RodrÃguez GarcÃa. La cruzada en tiempos de Alfonso X (Madrid: SÃlex ediciones, 2014).
Veáse al respecto: González Jiménez, Alfonso X, 126â127.
Véase la recopilación de hispanos en las fuentes en el clásico de MartÃn Fernández de Navarrete. Españoles en las cruzadas (Madrid: Polifemo, 1986), también Margarita Torres. âCruzados y peregrinos leoneses y castellanos en Tierra Santa (siglos XIâXII)â, Medievalismo, 9 (1999), 63â82. Véase el capÃtulo de Ernest Marcos Hierro en esta obra.
RodrÃguez GarcÃa, La cruzada, 227; y, especialmente, José Manuel RodrÃguez GarcÃa. IdeologÃa cruzada en el siglo XIII. Una visión desde la Castilla del siglo XIII (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2014), 93.
RodrÃguez GarcÃa, IdeologÃa, 103â138.
Para Italia véase: Ãscar Villarroel González. âComunicación y diplomacia en el Cisma de Occidente: Castilla, el papado e Italia a principios del siglo XVâ, eHumanista, 38 (2018), 99â115. URL: http://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/38. El caso del interés en la Mediterráneo lo planteo en un trabajo que espero vea la luz pronto.
Daniel Durán i Duelt. âDiplomacia de cruzada: las misiones de Manuel II Paleólogo a la PenÃnsula Ibérica y la recaudación de subsidiosâ, en EloÃsa RamÃrez Vaquero y Roser Salicrú i Lluch (coords.). Cataluña y Navarra en la Baja Edad Media (Pamplona: Universidad Pública de Navarra/Nafarroako Unibertsitate Publikoa, 2010), 53â110, especialmente 57â63; Bueno Sánchez, âLa lettreâ, 149â150.
Carlos Montojo Jiménez. La diplomacia castellana bajo Enrique III: estudio preliminar de la embajada de Ruy González de Clavijo a la corte de Tamerlán (Madrid: Escuela Diplomática, 2004), 127.
Ãscar Villarroel González. âLa diplomacia al servicio del poder: una aproximación al caso de Alfonso Xâ, en Alexander Marey y Oleg Aurov (dir.). La Historia y el poder, el historiador en el poder (Madrid: Iberoamericana-Vervuert, en prensa).