A finales del siglo XII, Eurasia atravesaba un periodo marcado por profundas divisiones polÃticas, económicas y religiosas. Europa estaba fragmentada en numerosos reinos enfrentados entre sÃ. En Oriente Medio, el califato abasà de Bagdad habÃa perdido su antigua preeminencia polÃtica, aunque conservaba cierta legitimidad moral y religiosa sobre las nuevas dinastÃas islámicas como los selyuquÃes en Anatolia, los ayubÃes en Egipto y Siria y, en menor medida, el naciente Imperio corasmio que dominaba Jorasán y la parte occidental de Asia Central. Esta región compartÃa fronteras con la dinastÃa budista de los Qarakhitai al este y con los gurÃes al sur, en territorios que abarcan lo que hoy son Afganistán, Pakistán y el norte de India. Por otro lado, las estepas rusas estaban dominadas por tribus cumanas de origen turco-mongol que habitaban las regiones esteparias del norte de Eurasia. La Rus de Kiev ejercÃa una autoridad apenas nominal sobre una serie de principados que se repartÃan el poder entre el Báltico y el mar Negro. En China finalmente, el panorama era igualmente fragmentario: el norte estaba controlado por la dinastÃa Jin, mientras el sur permanecÃa bajo el gobierno de la antigua dinastÃa Song. La penÃnsula de Corea mantenÃa su autonomÃa polÃtica bajo la dinastÃa Koryo.
Ningún gobernante ni habitante de estos reinos podÃa imaginar en aquel momento que en los confines de las estepas mongolas al norte de la Gran Muralla china todo esto estaba a punto de cambiar con el nacimiento de un niño llamado Temuyin. Tras quedar huérfano de padre y superar las inclemencias del clima estepario, asà como la oposición polÃtica de otras tribus mongolas, Temuyin se sobrepuso a los lÃderes tribales rivales de Mongolia, convirtiéndose en su lÃder supremo bajo el tÃtulo de Chinggis Khan1. El nuevo gran khan de las estepas reformó el ejército, redireccionó las diferentes fidelidades tribales hacia su persona y comandó a las diferentes tribus de Mongolia hacia un enemigo externo que garantizara la unidad del conflictivo sistema tribal de las estepas2. A partir de entonces, se iniciaron una serie de campañas militares imparables que reconfiguraron por completo el mapa de Eurasia3.
Directa o indirectamente, todos los reinos de Eurasia fueron transformados por el avance de los ejércitos mongoles bajo el mando de Chinggis Khan y sus descendientes a lo largo del siglo XIII. A su muerte en 1227, los mongoles no solo controlaban su tierra natal, sino que habÃan destruido casi por completo la dinastÃa Jin en el norte de China, incorporado los territorios del Turquestán oriental dominados por los Qarakhitai y conquistado los dominios del Imperio corasmio en Asia Central4. Hacia mediados de siglo, bajo el mando de Ogodei Khan, hijo de Chinggis, los mongoles ya controlaban la mitad norte de China, Jorasán y habÃan expandido sus dominios hacia Europa oriental. En 1241, derrotaron al rey Bela IV de HungrÃa y llegaron a las puertas de Viena, tras arrasar Kiev y someter parcialmente a la república de Nóvgorod5. Solo unos años después, Hülegü, nieto de Chinggis, lideró la última gran expedición mongola que conquistó los territorios de Irán, Irak y Anatolia. En 1258, sus tropas saquearon Bagdad y ejecutaron al califa abasÃ, marcando el fin del califato como entidad polÃtica. Sin embargo, su avance hacia el oeste fue finalmente detenido por los mamelucos de Egipto en la batalla de Ain Jalut, librada en Tierra Santa en 12606.
Hacia ese mismo año, el Imperio mongol se subdividió en cuatro grandes entidades polÃticas que gobernaban los vastos territorios conquistados7. El gran khan residÃa en China y Mongolia, donde los mongoles fundaron la dinastÃa Yuan (1279â1368)8. En Asia Central, el khanato de Chagadai se estableció sobre los antiguos territorios de los Qarakhitai y el Imperio corasmio, controlando importantes ciudades como Samarcanda y Bujará9. En las estepas rusas, el Cáucaso norte y el este de Europa, los descendientes de Jochi, el primogénito de Chinggis, fundaron la Horda Dorada, una poderosa entidad polÃtica que dominarÃa estas regiones durante siglos10. Por último, Hülegü estableció el Ilkhanato en Irán (1256â1335), con control sobre todo Oriente Medio, desde Anatolia hasta Jorasán11.
Si bien la expansión mongola hacia el oeste se detuvo a orillas del Danubio, su impacto en el Occidente latino es fundamental para entender el devenir de la historia polÃtica y social de la Europa medieval12. Tanto el papado como varios reinos europeos establecieron relaciones diplomáticas con los mongoles. Varias ciudades, puertos y repúblicas mercantiles, especialmente Génova y Venecia, forjaron importantes vÃnculos comerciales en el Mediterráneo oriental y el mar Negro, tanto con los mongoles de la Horda Dorada en Rusia como con los del Ilkhanato en Irak, Irán y Jorasán13. Asimismo, diversos estamentos religiosos, como las órdenes mendicantes, las órdenes militares y altos cargos de la Iglesia católica, lograron cierta proximidad a las más altas cortes mongolas14. Estos esfuerzos dieron lugar a la creación de obispados y comunidades cristianas en distintas regiones del Imperio mongol, marcando una etapa de interacciones culturales y religiosas únicas en la historia medieval15.
La historiografÃa occidental acuñó el término pax mongolica para describir este periodo, aunque dicha expresión es problemática16. No hubo una paz absoluta ni para los mongoles ni para sus vecinos, ya que las luchas continuaron contra chinos, árabes, eslavos y entre las propias facciones mongolas. Sin embargo, estas dinámicas de conflicto coexistieron con un entramado de relaciones que facilitó intercambios culturales, diplomáticos y comerciales a una escala sin precedentes. En su apogeo, el Imperio mongol, con veinticuatro millones de km², se convirtió en el auténtico eje de la integración euroasiática. Este concepto, preferido en esta obra sobre términos como pax mongolica o Mongol Exchange17, refleja mejor la magnitud del fenómeno, asà como su inserción en un proceso de larga duración. Bajo el dominio mongol, Eurasia experimentó una conectividad sin igual, permitiendo flujos de conocimiento, bienes y personas que reconfiguraron la geopolÃtica y la cultura de la región de manera duradera18.
La fragmentación del Imperio mongol a partir de 1260 está directamente relacionada con el comienzo de un prolongado conflicto entre dos de los khanatos, la Horda Dorada y el Ilkhanato, quienes competieron por el control de los tramos occidentales de las rutas comerciales euroasiáticas. Esta guerra interna entre khanatos gobernados por herederos de Chinggis Khan y el equilibrio entre los contendientes llevó a los mongoles a establecer las primeras alianzas con poderes exteriores. Berke (m. 1266), khan de la Horda Dorada, es el primero en convertirse al islam y acercarse al sultanato mameluco de Egipto. Esta alianza garantizó caballos y esclavos al sultán a cambio de acceso a mercados mediterráneos e Ãndicos para el khan, asà como un importante aliado militar contra sus primos del Ilkhanato19.
El Ilkhanato por su parte buscó una alianza compensatoria con el Occidente latino, ofreciendo ventajas comerciales, promesas sobre la recuperación de Jerusalén y un trato preferente a los cristianos con el fin de crear una alianza militar a tal efecto20. Sin embargo, los ilkhanes no aceptaron la propuesta de bautismo y esta falta de compromiso exclusivo con el cristianismo latino supuso para el pontificado romano uno de los grandes obstáculos para la materialización de la cooperación militar propuesta por el ilkhán contra los mamelucos. A pesar de ello, los ilkhanes continuaron fomentando vÃnculos diplomáticos y comerciales con latinos, especialmente con mercaderes y órdenes religiosas, mientras sostenÃan la polÃtica de tolerancia religiosa basada en los principios de Chinggis Khan21.
Los diferentes khanatos mongoles colapsaron polÃticamente en distintos momentos del siglo XIV, con la excepción de la Horda Dorada que perduró hasta finales del siglo XV. Sin embargo, el legado del Imperio mongol fue profundo en toda Eurasia: con Tamerlán intentando reestablecer el Imperio mongol desde Samarcanda a finales del siglo XIV, dinastÃas chinggÃsidas como los Giray en Crimea perdurando hasta el siglo XVII, o el establecimiento de la dinastÃa mogol en India hasta el XIX22. Su influencia también es inseparable del proceso de expansión europea hacia el Atlántico y la llegada de Cristóbal Colón a América en busca de âun prÃncipe llamado Gran Canâ23.
No obstante, la experiencia mongola no repercutió de igual manera en todos los territorios europeos. Asimismo, la historiografÃa sobre el Imperio mongol y la historiografÃa medieval europea no han abordado de manera equitativa el impacto de los mongoles en Europa. El caso de la penÃnsula ibérica es especialmente notable en este sentido: su lejanÃa geográfica respecto al centro de las conquistas mongolas, sus particularidades históricas y el limitado tratamiento historiográfico del tema han contribuido a marginarla del análisis del Imperio mongol. El presente volumen es un primer intento de cambiar esta situación y acercar la historiografÃa en lenguas peninsulares a este momento histórico.
1 Primeras noticias sobre los mongoles en las fuentes latinas
La expansión mongola hacia el oeste se detuvo abruptamente tras la muerte del gran khan Ogodei (r. 1229â1241), un suceso que obligó a sus generales a regresar a Mongolia para participar en el proceso de sucesión. Este respiro inesperado permitió al papado y a los reinos latinos evaluar los daños y prepararse, en la medida de lo posible, ante un eventual nuevo ataque. Es en este contexto cuando comienza la primera gran producción de fuentes latinas sobre los mongoles. Algunas de las crónicas más importantes del siglo XIII fueron responsables de la amplia circulación de noticias al respecto, como la del cisterciense de Champaña Alberico de Trois-Fontaines (m. 1252)24, la del franciscano de Parma Salimbene de Adán (m. 1290)25 y, especialmente, las de Vicente de Beauvais (m. 1264), el dominico que escribió el Speculum Maius26, una de las obras de mayor circulación de toda la Edad Media, copiada a mano Ãntegramente más de doscientas veinte veces y recopilada en multitud de florilegios27 ; o la aún más voluminosa de Mateo de ParÃs, la Cronica Maiora, elaborada en la abadÃa de Saint Albans, cerca de Londres, entre 1240 y 1259 con ilustraciones del propio autor y una dedicación verdaderamente esmerada28. En todas estas crónicas los mongoles desempeñan un importante papel, no solo por la abundancia de menciones, sino por el lugar estratégico que ocupan en estos ejercicios âespecularesâ de historia universal con vocación introspectiva.
El trabajo de documentación de estos cronistas incluÃa cartas y testimonios orales llegados a Palestina en la década de 1220, en el contexto de la Quinta cruzada, aun en vida de Chinggis Khan. La velocidad de las conquistas mongolas, la caÃda una detrás de otra de poderosas formaciones polÃticas de Asia Central y Occidental, los ataques a los reinos cristianos de Armenia, Georgia y la Rus de Kiev generaron imágenes ambiguas e incluso contradictorias que caracterizaron la primera mirada latina del fenómeno mongol.
La primera prueba documental disponible sobre esta amalgama de información práctica y significado profético en relación con los mongoles es la Relatio de Davide recogida por Jacobo de Vitry en una carta destinada al papa Honorio III el 18 de abril de 122129. Aquà se produce una mezcla de datos procedentes de la victoria sobre los budistas de Qarakhitai de un prÃncipe nestoriano expulsado de Mongolia y de la invasión del Imperio corasmio un poco después por parte del propio Chinggis Khan. La combinación de noticias sobre un victorioso monarca cristiano en la remota Asia y la percepción de los musulmanes como grandes perjudicados de una nueva fuerza expansiva, fue rápidamente puesta en relación con la leyenda del Preste Juan y la fe de los cruzados en una victoria total contra el islam con la ayuda de un poderoso aliado procedente de Oriente30.
Esta hibridación de lenguaje racional y mÃtico dio cabida a imágenes cada vez más inquietantes a propósito del aumento de la presión sobre el occidente asiático y especialmente sobre las comunidades cristianas de Azerbaiyán y del sur de Anatolia ya en tiempos del reinado de Ogodei Khan31. En la década de 1230 surgirán representaciones particularmente resistentes al paso del tiempo de los mongoles convertidos en los ismaelitas descendientes de Abraham, los Gog y Magog liberados de la prisión donde los confinó Alejandro Magno o los tártaros escapados del infierno helénico32.
La primera toma de contacto directa de la Europa latina con los mongoles y la profusión de testigos directos de la invasión de Polonia, HungrÃa y los Balcanes a principios de 1241 supuso un gran incremento de información práctica y contrastable sobre su sociedad, su cultura y sus estrategias militares; pero también de figuraciones aterradoras sobre el fin de los tiempos y la conversión de los mongoles en signo y señal de su inminencia33.
Son varias las fuentes internas que alimentaron el milenarismo en la Europa latina del siglo XIII, como la aparición de las órdenes mendicantes, la profusión de producciones escatológicas como la de JoaquÃn de Fiore (m. 1202) o, también, el recrudecimiento de la rivalidad entre el papa y el emperador. El cruce de descalificaciones e insultos, la identificación de Federico II con el Anticristo y las acusaciones a Inocencio IV de ser responsable de la inoperatividad de la cristiandad latina fueron la nota dominante del I Concilio de Lyon (1245) y el impulso detrás del envÃo de cuatro embajadas a los nuevos señores de Asia34. Las misiones lideradas por Andrés de Longjumeau, Lorenzo de Portugal, Ascelino de LombardÃa y Juan de Pian del Carpine tenÃan como objetivo recabar información sobre los mongoles y pedirles explicaciones por sus injustificadas agresiones, pero también reafirmar la autoridad papal y socavar la posición del emperador germano como lÃder de la cristiandad.
De estas misiones diplomáticas destacó por su impacto duradero la de Juan de Pian del Carpine. Su obra Ystoria Mongalorum (1247)35 no solo describe con detalle las costumbres, la polÃtica y la organización del Imperio mongol, sino que marca un hito en la etnografÃa medieval al combinar la tradición escolástica con un enfoque más empÃrico. Pian del Carpine, un franciscano amigo personal de Francisco de AsÃs, asumió el desafÃo de comprender al âenemigoâ desde una perspectiva estratégica, proporcionando a Europa herramientas para anticipar amenazas futuras. Otro de estos embajadores pontificios, Andrés de Longjumeau, volvió algunos años después a ejercer de heraldo, ahora de Luis IX de Francia, para acabar protagonizando uno de los episodios más disparatados de la temprana historia de la diplomacia europea. De ello solo nos ha quedado el testimonio dejado por el senescal del rey, Jean de Joinville36.
Del inesperado resultado de esta embajada surge otra de las joyas del corpus latino sobre los mongoles, el Itinerarium del franciscano Guillermo de Rubruck (1255) igualmente enviado por el monarca francés. Aunque gozó de menos difusión que la Ystoria de Pian del Carpine, la obra de Rubruck es considerada una pieza clave de la historia de la etnografÃa europea por todo aquel que la ha editado37. Además de su calidad literaria, es la primera fuente europea en mencionar el budismo y el chamanismo tengrianista de los khanes y, en general, aporta información sobre la diversidad étnica y cultural del Imperio mongol insuperada incluso por fuentes producidas desde matrices culturales más próximas o afines a los propios mongoles. Curiosamente su obra tuvo poca repercusión entre sus contemporáneos; salvo en el filósofo inglés Roger Bacon, quien la estudió a fondo y se sirvió de ella para dar a conocer significativos avances en ciencia y geografÃa, asà como para mencionar la pólvora por primera vez en la historia europea38.
Tanto Rubruck como Pian del Carpine representan la culminación de los esfuerzos iniciales por comprender a los mongoles, ya fuera para prepararse ante la amenaza que representaban o para reafirmar la superioridad espiritual del Occidente latino. Durante esta primera etapa, desde los años en torno a 1220 a los primeros contactos diplomáticos de mediados de siglo, el tratamiento de los mongoles demuestra cierta desconfianza por parte de los europeos, que es compensada intentando incrementar la confianza en sà mismos, bien apostando por los recursos militares y culturales del Occidente, como hicieron Guillermo de Rubruck y Juan de Pian del Carpine, o bien apoyándose en el poder estabilizador de la tradición latina, sus profecÃas y sus escrituras sagradas, al modo de las grandes crónicas de Alberico de Trois Fontaines, Vicente de Beauvais, Mateo de ParÃs o Jacobo de Vitry.
2 Cambio de paradigma: una nueva visión sobre los mongoles en las fuentes latinas
El cambio en las fuentes latinas con respecto a los mongoles empieza a verificarse a finales de la década de los sesenta. En 1267 Roger Bacon entregaba al papa su famoso tratado de filosofÃa, el Opus Maius, donde el éxito de las conquistas mongolas no es solo razonado como expresión exclusiva de la fuerza sino también de su ingenio y su talento para la astronomÃa39. En 1274 aparece Les fais des Tartares de David de Ashby y en 1288 en Bagdad el Liber Peregrinationis de Ricoldo de Montecroce, obras que ofrecen visiones más matizadas y menos unÃvocas de los mongoles40. Incluso Joinville, en su biografÃa de Luis IX (completada a principios del siglo XIV), refleja esta transformación al incluir referencias favorables a la alianza franco-mongola y comparar sutilmente a San Luis con Chinggis Khan41. Este cambio se evidencia además en la superación de las crónicas y los informes etnográficos para dar salida a nuevos géneros documentales como tratados comerciales, de cruzada y libros de viajes, que muestran un interés más especializado y menos prejuicioso hacia los mongoles.
A partir del siglo XIV, la relación con el mundo creado por los mongoles comienza a formar parte de la cotidianidad de cada vez más europeos, incluso su âprincipal actividadâ como reconocÃa el Gran Consiglio veneciano en 133942. Esta importante transformación perceptiva está relacionada con la detención generalizada de las conquistas mongolas y el agudizamiento de los conflictos internos, al menos a cierto nivel, entre los descendientes de Tolui (gobernantes de China y Persia) y los de Ogodei, Chagadai y Jochi (lÃderes de Asia Central y la Horda Dorada respectivamente). Las menciones a los mongoles en las fuentes latinas recogen esta fragmentación aludiendo a sus territorios con términos como Gazaria o Imperio Aquilonare (Horda Dorada), Persia o Pars Orientalis (Ilkhanato) e Imperio Medio (khanato Chagadai).
Las primeras en reflejar este cambio de actitud y formato son las fuentes preservadas en los archivos italianos, como los fondos del notario procedente de la colonia genovesa de Crimea, Lamberto de Sambuceto. Se trata de documentación compleja, muy especÃfica en unos aspectos, pero extraordinariamente vaga con respecto a cuestiones fundamentales que son dejadas en suspenso â quo Deus mihi melius administraverit â seguramente para dar espacio a posibilidades todavÃa inimaginadas del nuevo mundo recientemente abierto a los emprendedores latinos43.
En estas fuentes documentales son raras las menciones a actividades comerciales más allá de Irán y el mar Caspio, pero existen importantes excepciones, como el tratado comercial confeccionado por Francesco Balducci Pegolotti a instancias de los banqueros florentinos Bardi, la conocida como Pratica della mercatura (1335), que integra todos los circuitos comerciales desde China a Inglaterra dando indicaciones y consejos que demuestran una gran familiaridad con las prácticas y las rutas jochidas de la Horda Dorada. Otra obra de naturaleza similar, aunque menos extensa y sofisticada, es el veneciano Zibaldone da Canal (1311), que junto a la Pratica inauguran un nuevo género literario con el que a menudo se caracteriza la llamada ârevolución comercialâ europea44. El extenso marco geográfico en el que se desenvuelven estos textos es igualmente caracterÃstico del excepcional Codex cumanico (ca. 1303), un manual lingüÃstico cuyo espectro cultural abarca desde la India hasta Escandinavia y de China hasta la penÃnsula ibérica, ilustrando la amplitud del horizonte comercial y social creado por los mongoles45.
Otra de las expresiones documentales de este segundo momento del encuentro de los mundos mongol y latino es la que generalmente se asocia al movimiento evangelizador llevado a cabo por las órdenes franciscana y dominica bajo la tutela del papa46. La situación ciertamente es mucho más compleja, con más actores involucrados y las órdenes mendicantes a veces actuando por su cuenta, incluso en contra de los intereses del papa.
El caso de la creación del Registro Vaticano 62, uno de los primeros fondos documentales creados por el pontificado con fines archivÃsticos en medio de los movimientos de la corte de Aviñón a Roma, muestra claramente la existencia de una polÃtica de control de la información con fines propagandÃsticos que, en el caso de las epÃstolas intercambiadas con los mongoles, se saldó con el descarte de evidencias consideradas amenazantes o sencillamente contrarias a los intereses de la misión apostólica47. Estos intereses estaban dirigidos a crear el precedente jurÃdico y la base normativa de un derecho misionero que permitiera al pontÃfice distribuir la energÃa expansiva de la Iglesia en forma de jurisdicciones, asà como disponer de sus recursos humanos y materiales para la creación de obispados y otros centros administrativos. Esta vez, en cambio, tanto la energÃa expansiva como los recursos humanos eran puestos a disposición del papa no por prÃncipes y prelados cristianos, sino por mercaderes y monjes actuando bajo protección de los mongoles; circunstancia que a su vez generó importantes sesgos en la documentación producida.
Las órdenes religiosas, franciscanos y dominicos, son unos de los principales productores de fuentes primarias sobre los mongoles. Cronistas como los franciscanos Juan de Elemosina (m. 1335) o Juan de Winterthur (m. 1348) recogen abundantes testimonios orales y escritos de manera contemporánea48. Sin embargo, destacan una serie de textos â la Relatio del franciscano Odorico de Pordenone (1330), las cartas de misioneros como Juan de Montecorvino (1291), Andrés de Perusa (1326) y Pascual de Vitoria (1338) o los informes del dominico Jordano Catalán (1329) y del minorita Juan de Marignolli (1355) â que están escritos en primera persona y combinan experiencias personales con información etnografÃa sobre los mongoles y las múltiples naciones que cayeron bajo su dominio â la geografÃa humana y fÃsica de una gran parte de la Eurasia integrada â por lo que a menudo son considerados una especie de anticipo del género literario de viajes49.
Fuentes de esta riqueza y complejidad dejan entrever un importante aspecto de la interacción latina con los mongoles: la competencia entre comunidades religiosas por sacar el máximo partido de la mediación entre las cortes orientales y occidentales. A esto se debe la construcción en los textos producidos desde posiciones rebeldes dentro de la orden franciscana â los espirituales â de una imagen en ocasiones muy favorable de los mongoles y crÃtica con el Occidente latino que además de evidenciar la rivalidad entre facciones, rebaja considerablemente el peso de la iniciativa y el liderazgo pontificio cuya pretensión, no obstante, sigue caracterizando este corpus como literatura misionera50. Una de las inesperadas consecuencias de este larvado conflicto entre el papa, los dominicos y los franciscanos fue la apropiación hecha por el anónimo Juan de Mandeville (ca. 1357) de algunos textos etnográficos de los que se sirvió para construir un relato ficticio de viajes por la totalidad del ecúmene medieval. Su enorme éxito en términos de difusión y prestigio consiguió incrustar en determinados niveles de la cultura europea tardomedieval una profunda critica a las grandes instituciones europeas acompañada de un anhelo de apertura a mundos lejanos51.
Esta ampliación de contexto nos sitúa ante un grupo de fuentes directamente relacionadas con la lucha contra el islam, pero producidas desde intereses sociales y económicos alternativos e incluso subalternos. Se trata de la conocida como literatura de recuperación de la Tierra Santa, donde comienza a superarse la desconfianza inicial hacia los mongoles y a negociarse abiertamente con la posibilidad de reconciliar la cruzada con los intereses de aliados paganos y de la burguesÃa mercantil52. El cambio era notorio con respecto a las primeras noticias llegadas a Occidente sobre los mongoles y su equiparación con el Preste Juan, el Rey David, Gog y Magog o el tártaro. La reaparición de los mongoles en los informes y tratados sobre cruzadas surgidos tras el II Concilio de Lion de 1274 y, sobre todo, a propósito de la pérdida de San Juan de Acre en 1291, ya no cuentan con las promesas de redención y aceleración del fin de los tiempos provenientes de Oriente y personificadas en figuras emblemáticas de la escatologÃa latina. Los mongoles ahora son de carne y hueso, y ponen a los poderes latinos en la difÃcil tesitura de aceptar o no una estrategia propuesta por los ilkhanes, desde Hülegü a Abu Saʾid, a través de una serie de epÃstolas escritas en uigur, persa y latÃn, algunas de ellas cuidadosamente preservadas en varios archivos europeos, como el Registro Vaticano 6253.
De manera simultánea, y seguramente conectada, se daba otro importante salto conceptual en un área diferente de producción documental. Los mapas de navegación o cartas portulanas caracterizados por la aplicación de la perspectiva lineal en escala decimal a la representación cartográfica, aparecen por primera vez en la Génova de finales del siglo XIII. En la versión final del tratado de recuperación de la Tierra Santa del veneciano Marino Sanudo (1321) aparece el primer caso conocido de utilización de esa técnica para representar el Asia mongol y el océano Indico. Sanudo y sus cartógrafos carecÃan de la ingente información empÃrica necesaria sobre las costas y accidentes geográficos de Oriente para poder aplicar dicha perspectiva cabalmente. Pero el intento â los denominados mapamundi hÃbridos â tuvo un éxito inmediato y una continuidad de más de dos siglos, evidenciando la voluntad de convertir el ecúmene medieval en toda su extensión en un espacio familiar, transitable, perfectamente equiparable a Europa y el Mediterráneo54.
Sin embargo, el que probablemente sea el texto latino más importante sobre el Imperio mongol es también el testimonio más explÃcito del cambio de actitud y de la compleja morfologÃa que adquirieron las fuentes latinas a partir de cierto momento en las relaciones con los mongoles. El libro de Marco Polo (1298) no tiene precedente alguno en la tradición literaria europea. Su narrativa, basada en observaciones personales y testimonios fiables, ofrece una detallada descripción de Asia, el océano Ãndico y la costa este de Ãfrica. El esfuerzo llevado a cabo por Marco Polo y el escriba Rustichello por traducir un espacio apenas imaginable para la audiencia latina en un territorio comprensible tuvo una difusión excepcional con cientos de manuscritos en todas las lengas europeas55. El protagonismo en el texto poliano de Qubilai Khan (r. 1260â1294) hizo que fuera conocido durante décadas como el Livre du Grand Khan56.
3 Los mongoles desde el Extremo Occidente: visiones ibéricas del Oriente medieval
Es difÃcil establecer con certeza cuándo y cómo llegaron las primeras noticias de las invasiones mongolas a la penÃnsula ibérica. Es plausible suponer que estas noticias circularon inicialmente de manera oral, transmitidas por mercaderes, clérigos y cruzados provenientes del Mediterráneo oriental. Cabe destacar que, en condición de legado pontificio en Acre, el obispo hispano Pelayo es mencionado en varias crónicas, y en especial en la de Alberico de Trois-Fontaines, como personaje clave en la producción de la información que acabarÃa dando lugar a la Relatio de Davide y la teorÃa sobre un poderoso rey oriental que apoyarÃa a los latinos en su lucha contra los ayubÃes57.
Otra conexión temprana entre la penÃnsula ibérica y los mongoles proviene de la trayectoria de Juan de Pian del Carpine, quien antes de llevar a cabo la primera embajada pontificia a la corte del gran khan Güyüg en 1245 fue ministro de la provincia franciscana de España entre 1230 y 123458. Esto no necesariamente significa que sus escritos llegaran tempranamente a la penÃnsula, aunque es probable que, gracias a los contactos regulares entre provincias franciscanas, algunos informes sobre los mongoles comenzaran a circular aquà ya a finales de la década de 1240. La fuerza de la hipótesis está en el papel clave desempeñado por los franciscanos en la recopilación y diseminación de noticias sobre las fronteras del mundo cristiano desde su mismo nacimiento como orden, que coincidÃa exactamente en el tiempo con el surgimiento del Imperio mongol.
Los reyes de Portugal, las coronas de Castilla y Aragón, varios obispos peninsulares, el arzobispo de Toledo y el maestre general de la Orden militar de Calatrava recibieron cartas del papa Alejandro IV a lo largo de 1260 en cuanto supo que las tropas del ilkhán Hülegü se aproximaban a la Tierra Santa59. Al año siguiente se celebraron concilios provinciales en Braga y Tarragona para tratar a fondo la cuestión de la amenaza tártara y lanzar la cruzada contra los mongoles en auxilio de la Tierra Santa contra los mongoles60.
Más excepcional aun, a propósito de la importancia de los mongoles en las fuentes producidas en la penÃnsula ibérica en relación con las producidas en el resto del Occidente latino, es el intento de alianza entre el rey de Aragón Jaime I (r. 1213â1276) y el ilkhán Abaqa (r. 1265â1282) recogido en el Llibre dels fets. Se trata de la primera expresión documental disponible de un importante cambio de actitud: el reconocimiento como igual de un soberano mongol por parte de un monarca europeo. âEl rey de los tártarosâ es considerado âel más alto rey del mundoâ no solo en términos positivos sino incluso amigables, pues el rey de Aragón dice sentirse unido al ilkhán por un vÃnculo de âgran amorâ. El episodio, recogido en los capÃtulos 458 y 476 de la crónica, ilustra a la perfección la transformación de la percepción inicial de los mongoles como amenaza apocalÃptica hacia un interés más pragmático. Según el relato, en el año 1268, Jaime I recibe a dos embajadores mongoles que llegaron a su corte acompañados por Jaume Alaric, un enviado del rey que regresaba de Tierra Santa61. La misión diplomática habÃa tenido su origen en una carta enviada por Abaqa ofreciendo apoyo militar contra los mamelucos en un intento de involucrar al rey de Aragón en una cruzada conjunta.
La noticia de la embajada mongola llegó al rey Jaime estando en Toledo junto a su yerno el rey de Castilla, Alfonso X el Sabio, quien le desaconsejó aceptar la alianza argumentando que los tártaros eran malvados e indignos de confianza. A pesar de las advertencias, Jaime I sigue adelante con el proyecto que acabará dando lugar a la conocida como âCruzada catalanaâ de 1269 vinculada a la Octava cruzada62. La iniciativa fracasó y aunque algunos miembros de la expedición lograron llegar a Tierra Santa, los resultados fueron insignificantes. De todas maneras, este pionero intento de cruzada aliada con los mongoles no solo demuestra el alcance de las redes diplomáticas del siglo XIII sino sobre todo el lugar estratégico de la penÃnsula ibérica en la transformación de las actitudes hacia los mongoles.
Esta transformación es menos evidente pero no inexistente en Alfonso X, cuya corte destacó por el interés en la recopilación de conocimiento y la interacción con diversas tradiciones culturales. Aunque su posición oficial, como se menciona en el Llibre dels fets, estaba marcada por la cautela hacia los mongoles, su legado intelectual y artÃstico muestra influencias innegables. En su Libro de axedrez, dados y tablas, las ilustraciones y descripciones no solo representan a los mongoles como figuras exóticas, sino que los incorporan a un imaginario global, presentándolos en el contexto de una narrativa universal que buscaba ordenar el mundo a través del conocimiento y la estrategia63. Además, las Tablas AlfonsÃes, una de las obras astronómicas más destacadas de la época, podrÃan haber recibido cierta influencia de la actividad cientÃfica desarrollada en el observatorio de Maragha, fundado por el ilkhán Hülegü (r. 1256â1265) en la década de 1250 y dirigido por el célebre astrónomo persa Nasir al-Din Tusi (m. 1272). Aunque no hay evidencia directa de un contacto entre los cientÃficos castellanos y los del Ilkhanato, la revitalización de la astronomÃa bajo el patrocinio mongol en Oriente próximo y la circulación de manuscritos a través del Mediterráneo fueron esenciales para el desarrollo del proyecto alfonsÃ64.
La Corona de Aragón continuó avanzando en la consolidación de sus intereses marÃtimos y comerciales en el Mediterráneo oriental durante la segunda mitad del siglo XIII, repercutiendo de manera notable en la conexión de los catalano-aragoneses con las antiguas rutas comerciales que habÃan sido impulsadas bajo el dominio mongol. En 1290, Alfonso III de Aragón alcanza con el sultán egipcio Qalawun (r. 1279â1290) un acuerdo excepcional tanto por la amplitud del compromiso polÃtico acordado entre ambos monarcas como por la mención a la rivalidad con el ilkhán Arghun (r. 1284â1291). El tratado con los mamelucos fue renovado en 1293 por el nuevo sultán al-Ashraf Khalil (r. 1290â1293) y el sucesor en el trono aragonés, Jaime II, incluyendo en la entente al rey Sancho IV de Castilla y al rey Dionisio I de Portugal65. Jaime II, sin embargo, quiso jugar al doble juego polÃtico manteniendo a la vez relaciones con los egipcios y los ilkhánidas a los que envió dos embajadas, una a Geikhatu (r. 1291â1295) y otra a Ghazan (r. 1295â1304) con una declaración de intenciones a favor de la cruzada de recuperación de Tierra Santa66.
De esta confusa situación de alianzas dobles con poderes rivales y con fines contradictorios no se libraron tampoco otros agentes mediterráneos como los bizantinos, los genoveses, los venecianos, las órdenes religiosas y las militares durante los años posteriores a la pérdida definitiva de Acre en 1291. Entre las fuentes más valiosas sobre este momento de ambigüedad y desconcierto polÃtico están las producidas por el mallorquÃn Ramón Llull, cuyos contactos con el mundo mongol no son fáciles de desentrañar, pero sin los que es imposible entender su importante contribución a la literatura de recuperación de Tierra Santa con nada menos que cinco tratados entre 1291 y 131167.
La conquista de Sicilia, Cerdeña y otros territorios estratégicos hizo de la Corona de Aragón un actor clave en la región, rivalizando directamente con Génova y Venecia por el control de las rutas hacia el Mediterráneo oriental y, por extensión, de los vÃnculos comerciales con Asia. En este contexto, los almogávares, mercenarios catalanes y aragoneses, protagonizaron episodios destacados en el Imperio bizantino y en las luchas por el reparto de poder en el Egeo, lo que reforzó las conexiones catalanas con las rutas y los mercados asiáticos y norteafricanos68. El colapso del Ilkhanato tras la muerte de Abu Saʾid (r. 1316â1335) supuso el fin de un interlocutor único con el que mantener relaciones diplomáticas. Aunque el contacto directo entre cortes peninsulares y los mongoles parece haber cesado a mediados del siglo XIV, la expansión de la Corona de Aragón bajo el rey Pedro el Ceremonioso siguió dando mayor alcance polÃtico y comercial a los catalanes en el Mediterráneo, incrementando el flujo de información y bienes procedentes de Oriente69.
Estas conexiones materiales e intelectuales con los mongoles contribuyeron al continuo enriquecimiento polÃtico, cultural y cientÃfico de los reinos hispánicos durante todo el siglo XIV70. Es un claro testimonio de ello la circulación de obras de gran valor cultural como las ediciones de La flor de las ystorias de Oriente de Haitón de Armenia y el Libro de Marco Polo ordenadas por Juan Fernández de Heredia71. Ambas obras derivan de versiones catalanas que no se conservan, pero que evidencian el grado de interés suscitado por el encuentro con el mundo mongol en el ámbito catalanoaragonés de la segunda mitad del siglo XIV72. El maestre general de los hospitalarios y consejero de Pedro el Ceremonioso llegó al punto de dedicar un libro entero, el decimoquinto, de la Grant corónica de los conquiridores a Chinggis Khan o Canguiscan, asignándole un lugar privilegiado dentro de la que, probablemente, sea la obra más importante de su producción historiográfica73.
Otra de las fuentes de alto valor producida durante la segunda mitad del siglo XIV en el contexto ibérico es el Libro llamado ultramarino, compendio de geografÃa, etnografÃa y religiones orientales, conservado también en la Biblioteca Nacional de España (Madrid)74. Perteneciente al género enciclopédico, incorpora numerosas interpolaciones de relatos de viaje y otros materiales relativos al Asia mongol, como la Historia orientalis de Jacobo de Vitry, la carta del Preste Juan y la relación de viaje del franciscano Odorico de Pordenone de donde proceden varias referencias y reflexiones sobre los mongoles.
Es en este mismo intervalo cronológico cuando salen a la luz dos de las más importantes fuentes producidas en los reinos ibéricos a propósito de la integración euroasiática. El Atlas Catalán75, elaborado en Mallorca por Abraham Cresques en 1375, y el Libro del conosçimiento de todos los reinos y señorÃos (ca. 1380)76, de autor anónimo probablemente de origen sevillano, pretenden abarcar la totalidad del mundo existente aplicando ya una misma perspectiva óptica, ya un programa heráldico común, con el fin de demostrar su racionalidad, su orden e interconexión. Estas fuentes no solo son testimonio de una expansión sin precedentes del conocimiento del mundo habitado de un extremo a otro, sino también la declaración velada de una auténtica nueva cosmovisión cuyo vehÃculo de transmisión por excelencia son los mapas y cuya genealogÃa es inseparable de la experiencia histórica del Imperio mongol77.
En última instancia, la relación entre los reinos peninsulares y los mongoles refleja cómo el impacto indirecto de las conquistas eurasiáticas moldeó la visión ibérica del mundo medieval y fue una pieza clave en la configuración de su identidad y en la imaginación de su lugar en el escenario global. Aunque los mongoles nunca representaron una amenaza inmediata para la penÃnsula ibérica, su irrupción transformó las narrativas medievales, influyendo tanto en la percepción de Oriente como en las conexiones con las redes diplomáticas y comerciales que enlazaban Eurasia. Las primeras menciones a los mongoles en fuentes ibéricas, inicialmente teñidas de temor apocalÃptico, evolucionaron hacia representaciones más complejas y pragmáticas en el contexto de contactos diplomáticos y la integración de información sobre Asia en la ciencia y la cartografÃa. Al cierre del siglo XIV, documentos como el Atlas catalán no solo evidenciaban un profundo conocimiento geopolÃtico y geográfico de Oriente, sino también cómo la penÃnsula ibérica, desde sus márgenes occidentales, estaba lista para desempeñar un papel protagonista en la continuación del proceso integrador de un mundo cada vez mejor interconectado gracias a las ambiciones polÃticas y comerciales de los mongoles.
4 HistoriografÃa del Imperio mongol en España, Portugal y Latinoamérica
La historiografÃa sobre el Imperio mongol en lenguas peninsulares es relativamente escasa en comparación con la producida en inglés, francés o alemán. Esto se debe, en parte, a que la historiografÃa española ha centrado su atención en regiones donde ha tenido una mayor influencia colonial y cultural, como Latinoamérica y el norte de Ãfrica, relegando Eurasia a un segundo plano. Sin embargo, el limitado desarrollo de estudios sobre los mongoles en el ámbito ibérico y latinoamericano responde también a una forma de reduccionismo identitario que ha limitado la atención académica al entorno más inmediato y asignado una prioridad arbitraria a unos procesos históricos sobre otros desembocando en una especie de chovinismo impostado en continua realimentación. A esto se debe la escasez de departamentos de estudios asiáticos en universidades y centros de investigación tanto en la penÃnsula ibérica como en Latinoamérica, lo que a su vez ha dificultado la formación de especialistas con las competencias filológicas, teóricas y metodológicas necesarias para abordar el estudio del mundo mongol. Como consecuencia, la producción cientÃfica en este campo ha sido marginal hasta bien entrado el siglo XXI. De hecho, la mayorÃa de los estudios en lenguas ibéricas abordan el Imperio mongol de manera tangencial, centrándose en sus vÃnculos más explÃcitos con la tradición literaria hispánica y por lo general relegando a un segundo plano el contexto histórico propiamente mongol.
Durante los siglos XIX y principios del XX, los estudios sobre el Imperio mongol en la historiografÃa ibérica y latinoamericana se limitaron a obras generalistas de historia universal, donde los mongoles aparecÃan como un pueblo âbárbaroâ que amenazó Europa, sin entrar en su complejidad polÃtica o cultural. Estas narrativas, de clara matriz eurocéntrica, se complementaron con traducciones parciales de autores extranjeros, como la versión española de Historia de los mongoles (1946) de Henry Hoyle Howorth, pero sin análisis crÃtico ni contextualización. En catalán, el interés por los mongoles se limitó al medievalismo local, como las menciones al âtártaroâ en la crónica de Ramon Muntaner (s. XIV) señaladas por el historiador Antoni Rubió i Lluch a principios del siglo XX78. Estos trabajos solo se ocupaban de la percepción europea de los mongoles sin prestar atención alguna a su historia interna. En portugués, la producción fue aún más escasa y se circunscribió a menciones en textos sobre la expansión lusa en Asia, como las Décadas da Ãsia (s. XVI) de João de Barros, reeditadas en el XIX, donde los mongoles aparecÃan esporádicamente como aliados potenciales contra los musulmanes.
La marginalidad del Imperio mongol en lenguas peninsulares en este periodo se explica por la falta de herramientas académicas y por el peso de las agendas coloniales. En España, la ausencia de estudios asiáticos y el centralismo historiográfico relegaron los mongoles a notas al margen en manuales escolares. En Cataluña, aunque hubo un incipiente interés por su pasado medieval, no existió una escuela especializada, y las menciones se limitaron a adaptaciones literarias o divulgativas. En Portugal, el foco en el imperio ultramarino oscureció el estudio de otras culturas euroasiáticas, reduciendo a los mongoles a un actor secundario en relatos sobre la India o China. AsÃ, durante este periodo, encontramos una visión superficial, basada en estereotipos heredados de las fuentes medievales europeas y en la ausencia de diálogo con la creciente erudición internacional sobre el mundo mongol que comenzaba a desarrollarse en este tiempo.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la historiografÃa en castellano sobre el Imperio mongol experimentó cierto avance, todavÃa limitado, gracias a traducciones de obras fundamentales y estudios especializados. En 1973, la Editorial Universitaria de Buenos Aires publicó La conquista mongola de John Joseph Saunders, una traducción pionera que analizaba el impacto militar y polÃtico de los mongoles en Eurasia. Este trabajo se complementó en 1978 con la versión en español de El imperio de las estepas de René Grousset (Barcelona: Ediciones Paidós), obra clásica que ofrecÃa una visión panorámica de las civilizaciones nómadas, incluyendo a los mongoles. En 1985, Alianza Editorial (Madrid) tradujo Genghis Khan, emperador de todos los hombres de Harold Lamb, un relato biográfico divulgativo que popularizó la figura del lÃder mongol en el ámbito hispano.
La década de 1990 marcó un punto de inflexión con la incorporación de nuevas metodologÃas y fuentes. En 1989, Juan Gil Fernández publicó En demanda del Gran Kan. Viajes a Mongolia en el siglo XIII (Madrid: Alianza), una edición crÃtica de los textos de Juan de Pian del Carpine y Guillermo de Rubruck. Este mismo autor facilitó el acceso a importantes fuentes primarias mediante excelentes traducciones del latÃn de textos como los de Juan de Montecorvino, Odorico de Pordenone, Jordano Catalán (Alianza, 1995) o el Marco Polo utilizado por Cristóbal Colón (Alianza, 1988). En 1990, la editorial Alianza lanzó Los mongoles de David Morgan, traducción de un estudio riguroso que combinaba historia sociopolÃtica, con un alto impacto en su original en inglés de 1986 tanto en ámbitos académicos como en un público más general. Un año después, se publica la traducción de Kublai Khan: su vida y su tiempo de Morris Rossabi (1991), centrado en la dinastÃa Yuan. Finalmente, en 1993, Laureano RamÃrez BellerÃn tradujo parcialmente La historia secreta de los mongoles (Barcelona: Edicions Bellaterra), acercando por primera vez al público hispanohablante este texto fundacional de la identidad mongola.
Algunos de estos estudios aspiraban a la superación del eurocentrismo y al avance en relación con el estudio de la administración mongola, el sincretismo religioso o sus conexiones globales. Aun asÃ, importantes fuentes latinas para el estudio del Asia mongol, como las editadas por Gil, eran tenidas más en cuenta por su (improbable) relación con los textos de la Antigüedad clásica que por su relación con el contexto histórico euroasiático que les dio origen. Por otra parte, la dependencia de obras extranjeras siguió evidenciando la escasa producción autóctona. Aunque surgieron núcleos académicos en España y Latinoamérica, la falta de especialistas formados en lenguas asiáticas mantuvo el campo en un segundo plano79. Menos por el apoyo institucional que por el esfuerzo de investigadores autodidactas formados en el exterior en las habilidades necesarias para el estudio de la historia de Eurasia, surgen las primeras investigaciones en lenguas peninsulares también al hilo del auge de la interdisciplinariedad, una mayor disponibilidad de fuentes primarias, el éxito de la historia global y la aceleración de la interconexión académica.
Aunque la historiografÃa en castellano, catalán y portugués sigue siendo menos extensa que la inglesa, la italiana y la francesa, han surgido trabajos innovadores que han consolidado espacios de especialización y han abordado temáticas poco exploradas. Entre las contribuciones más relevantes se encuentra el artÃculo âLas mujeres mongolas en los siglos XII y XIII. Un análisis sobre el rol de la madre y la esposa de Genghis Khanâ, de Bruno De Nicola (Acta historica et archaeologica mediaevalia, 2006), pionero en el estudio del papel polÃtico y económico de las mujeres en la sociedad mongola. Su investigación desafÃa la visión tradicional de la pasividad femenina en el mundo nómada y resalta la importancia de figuras clave en la construcción del poder mongol. En una lÃnea de sÃntesis general, Antonio GarcÃa Espada publicó El Imperio mongol (Madrid: SÃntesis, 2017), un volumen que combina rigor académico con una visión accesible al público, abordando tanto las campañas militares como el impacto cultural y polÃtico del dominio mongol en toda Eurasia. Asimismo, estudios como los de José Cutillas (eHumanista/IVITRA, 2013) o Ernest Marcos Hierro (Barcelona: Lâesfera dels llibres, 2006) demuestran que la investigación académica en lenguas ibéricas puede pasar de ser una mera receptora de conocimiento a convertirse en espacios de producción historiográfica activa. A pesar de la persistencia de desafÃos como la escasez de financiamiento y la falta de programas especializados en estudios asiáticos, esperamos que el presente volumen contribuya a consolidar esta tendencia, fomentando colaboraciones transatlánticas y motivando a nuevas generaciones a profundizar en el estudio del Imperio mongol.
5 El presente libro
El presente volumen tiene un doble objetivo. Por un lado, busca acercar la historia de la penÃnsula ibérica a la historiografÃa del Imperio mongol y al mismo tiempo, pretende abrir un debate en las historiografÃas peninsular y latinoamericana sobre el impacto global del Imperio mongol. En este marco analÃtico, la penÃnsula ibérica se presenta como un lugar estratégico tanto para medir el alcance y la aceleración de la integración euroasiática impulsada por los mongoles como para aumentar su precisión como construcción historiográfica. La situación geográfica de la penÃnsula en el extremo occidental de Eurasia ofrece una perspectiva única para estudiar las relaciones entre el Imperio mongol y el Occidente latino en los siglos XIII y XIV. Además, permite situar los movimientos expansivos atlánticos del siglo XV y planetarios a partir del XVI del reino de Portugal y las coronas de Castilla y Aragón dentro un largo proceso histórico de integración afro-euroasiático que tuvo en los mongoles de los siglos XIII y XIV uno de sus momentos de mayor aceleración.
Si bien la magnitud del tema excede la capacidad de un solo volumen, los estudios aquà reunidos aspiran a ofrecer una visión crÃtica y documentada de la expansión del mundo europeo y la evolución de la conciencia medieval en relación directa con la ampliación de sus horizontes. En este sentido, los trabajos seleccionados han mantenido un firme compromiso con el análisis de las fuentes, buscando las mejores condiciones posibles para su contraste con otras evidencias documentales. Desde esta perspectiva, el estudio de la expansión europea y de la concepción medieval del mundo se beneficia de un marco de análisis que reconoce la importancia de la interacción euroasiática y su impacto en la construcción de la primera globalización moderna.
El primer capÃtulo, Los mongoles y el Mediterráneo, de Reuven Amitai, ofrece una visión panorámica de la relación entre los mongoles y el mundo mediterráneo, explorando cómo los ilkhanes de Persia planearon intervenir en la región y cómo estas estrategias influyeron en la diplomacia cristiana. Esta introducción general contextualiza el papel del Mediterráneo como un espacio de interacción entre los mongoles y las potencias latinas, preparando el terreno para los estudios más especÃficos que siguen.
El siguiente capitulo, La orden de Calatrava contra los mongoles. La bula Clamat in auribus omnium de diciembre de 1260 en la penÃnsula ibérica, de José Manuel RodrÃguez GarcÃa analiza este documento como evidencia de la primera reacción del pontificado ante el avance el ilkhán Hülegü hacia el Mediterráneo y la percepción de los mongoles como amenaza absoluta que concierne a toda la cristiandad latina y contra la que las ordenes militares parecen estar llamadas a jugar un papel protagonista. Tanto el tono eminentemente utilitarista de la carta como las primeras reacciones a ella evidencian la extrema preocupación ante la posibilidad de un ataque mongol múltiple: desde el este de Europa y ahora desde el este del Mediterráneo también.
La situación sin embargo dará un giro radical en muy poco tiempo. Ernest Marcos Hierro se ocupa de ello en el capÃtulo titulado, Jaime I de Aragón y el ilkhán Abaqa: la cruzada a Tierra Santa de 1269, acerca del intento del rey Jaime I de Aragón de forjar una alianza con los mongoles de Persia en un esfuerzo por recuperar Tierra Santa. A través de un análisis del Llibre dels fets, este estudio muestra cómo Jaime I utilizó la alianza con los mongoles como una estrategia polÃtica para fortalecer su posición frente a otros monarcas cristianos evidenciando un claro cambio de actitud tanto de los mongoles del Ilkhanato como de uno de los grandes señores del Occidente europeo que reivindica su liderazgo y cualidad visionaria mediante la asociación a uno de los pueblos más temidos y despreciados por los cristianos latinos.
A continuación, el capÃtulo de MartÃn Alvira Cabrer, De la esperanza al arrepentimiento: los tártaros en los recuerdos de Jean de Joinville, analiza cómo la percepción de los mongoles en la Vida de San Luis, escrita por el senescal de Champaña Jean de Joinville, evolucionó a lo largo del tiempo. Inicialmente, Joinville retrata a los mongoles de manera idealizada, reflejando la esperanza que despertaba en los cruzados la posibilidad de una alianza con ellos para recuperar Jerusalén. Sin embargo, esta visión cambia gradualmente a medida que se evidencian las exigencias de sumisión impuestas por los mongoles, lo que llevó a una transformación de su imagen entre los cristianos occidentales. A través del estudio de esta fuente no ibérica, pero recientemente traducida al castellano, este capÃtulo ofrece una valiosa perspectiva de las dinámicas diplomáticas y la compleja relación de los cruzados del siglo XIII y principios del XIV con el Imperio mongol.
Los capÃtulos de Antonio GarcÃa Espada y Ãscar Villarroel González analizan, desde distintas perspectivas, el papel del mundo latino en las dinámicas geopolÃticas y diplomáticas del Oriente Medio completamente transformado por la acción de los mongoles a lo largo de los siglos XIII y XIV. En Los mongoles y los tratados de recuperación de Tierra Santa, GarcÃa Espada examina la evolución del género literario dedicado a la planificación de la reconquista cristiana de Jerusalén tras la pérdida de Acre en 1291. Este género, que se desarrolló sobre todo bajo los pontificados de Nicolás IV, Clemente VI y Juan XXII, se convirtió en un foro de debate sobre nuevas estrategias para enfrentar al islam mediterráneo, incluyendo la posibilidad de aliarse con los ilkhanes mongoles de Persia. Se trata de propuestas cada vez más detalladas y concretas que, por primera vez, incorporan razonamientos mercantiles a la lógica de la cruzada. En esta transformación, los mongoles jugaron un papel central. Tanto la rivalidad de los ilkhanes mongoles con los mamelucos egipcios como el apoyo generalizado de los mongoles al comercio de largo recorrido, lanzaron a los cruzados a una búsqueda hasta entonces inédita de recursos y alianzas exteriores al cristianismo latino. Por su parte, Castilla y el Medio Oriente: el interés diplomático y geopolÃtico de un reino peninsular en la baja Edad Media, de Villarroel González, examina las escasas pero significativas misiones diplomáticas castellanas en el Oriente mediterráneo. Aunque Castilla no tuvo una presencia sistemática en la región, su monarquÃa no dejó de mostrar interés por los asuntos de Oriente, lo que sugiere una visión geopolÃtica más amplia de la que se ha considerado tradicionalmente. A través del análisis de estas misiones, el capÃtulo explora las motivaciones y objetivos de la diplomacia castellana en un contexto donde la fragmentación polÃtica de la región y la presencia de potencias como los mongoles, los mamelucos y los bizantinos condicionaban las relaciones internacionales.
Los capÃtulos de Laura Fernández Fernández y Alexandra Montero Peters, por un lado, y Xavier Renedo Puig, por el otro, abordan la presencia de los mongoles en fuentes ibéricas, explorando cómo fueron representados en distintos contextos culturales y polÃticos. En Esos curiosos jugadores de ajedrez en Sevilla: mongoles en la corte del rey Sabio, Fernández y Peters analizan la imagen de una partida de ajedrez en el Libro del axedrez, dados e tablas (1283) encargado por Alfonso X. A partir de una observación previa que identificaba a los jugadores como mongoles por sus tocados y rasgos faciales, el estudio examina en profundidad estos elementos iconográficos dentro del contexto del manuscrito y de la Sevilla alfonsÃ. La investigación no solo reevalúa la validez de esta identificación, sino que también la sitúa dentro del panorama cultural de la corte alfonsina como espacio de intercambio intelectual donde las referencias a Oriente ocupan un lugar importante. Por otro lado, Ramon Muntaner y los tártaros, de Renedo Puig, se centra en la visión de los mongoles en una obra clave de la historiografÃa catalana medieval. La Crónica de Muntaner es fundamental para el estudio del expansionismo catalanoaragonés, y aquà los tártaros aparecen como el modelo militar a seguir, reflejando la admiración por su organización bélica y su papel en las dinámicas geopolÃticas del Mediterráneo oriental. Ambos capÃtulos, a través del análisis de fuentes ibéricas â una castellana y otra catalana â, evidencian cómo los mongoles fueron incorporados en distintos relatos históricos y culturales de la penÃnsula, ya sea desde un enfoque simbólico, como en el manuscrito alfonsÃ, o como referencia polÃtica y militar en la visión de Muntaner.
Los capÃtulos de José Miguel De Toro e Iván Armenteros MartÃnez ofrecen perspectivas complementarias sobre las conexiones entre Oriente y Occidente durante la época del Imperio mongol, destacando cómo la circulación de información y personas transformó el universo mental europeo. De Toro, en El extremo Oriente âvistoâ por los que no viajaron: noticias sobre Oriente y los mongoles en la crónica de Juan de Winterthur, examina el papel crucial de los franciscanos como mediadores culturales y religiosos. A través de sus misiones, cartas y relatos de viajes, estos religiosos no solo expandieron el horizonte geográfico de la Cristiandad, sino que también facilitaron la integración de conocimientos sobre regiones distantes como el Extremo Oriente, convirtiéndose en una caja de resonancia de lo que ocurrÃa en el mundo mongol. Desde una perspectiva distinta pero complementaria, en De Tartaria al Mediterráneo occidental: la articulación del tráfico de esclavos euroasiáticos durante la baja Edad Media (siglos XIIIâXV), Armenteros MartÃnez explora cómo el comercio de esclavos euroasiáticos sirvió como un vÃnculo tangible entre Oriente y Occidente. Este tráfico no solo transformó la percepción de los pueblos orientales, sino que también permitió un contacto directo entre poblaciones distantes, integrando a los mongoles y otros grupos euroasiáticos en los mercados y sociedades del Mediterráneo occidental. Ya sea a través de la transmisión de noticias o del comercio de personas, ambos estudios subrayan cómo las conexiones con el Imperio mongol redefinieron los lÃmites del mundo conocido por los europeos.
El capÃtulo de Paula Pinto Costa, La Orden de Cristo: un apoyo para la ampliación e integración de espacios exteriores, cierra el cÃrculo de las conexiones entre Oriente y Occidente al analizar la expansión portuguesa y su vÃnculo con el legado mongol. Aunque las fuentes portuguesas no reflejan explÃcitamente esta influencia, la Orden de Cristo, creada en 1319 bajo la tradición cisterciense, encarnó la ideologÃa de la cruzada tardÃa y continuó los proyectos de integración euroasiática de los siglos XIII y XIV. Al igual que los franciscanos estudiados por De Toro actuaron como mediadores culturales. La Orden de Cristo fue un instrumento clave para la expansión ultramarina de Portugal, integrando espacios bajo una estrategia que combinaba fe y geoestrategia. La Orden reforzó la posición de Portugal en la articulación de los mundos mediterráneo, atlántico e Ãndico, manteniendo viva la idea de una alianza entre cristianos y mongoles; un proyecto ideado por los mongoles y plenamente asumido por el Occidente latino tras la pérdida de Acre. AsÃ, mientras Armenteros MartÃnez destaca el comercio de esclavos como vÃnculo tangible entre Oriente y Occidente, Pinto Costa subraya cómo la Orden de Cristo, a través de su misión cruzada, contribuyó a la integración de nuevos espacios marÃtimos, conectando las estrategias medievales con la expansión ibérica. Desde diferentes ángulos ambos capÃtulos muestran cómo el legado mongol influyó también en la configuración del mundo atlántico.
Los capÃtulos de Rafael Beltrán Llavador y Pedro MartÃnez GarcÃa abordan desde distintas perspectivas las experiencias de viajeros castellanos en sus encuentros con el mundo euroasiático, destacando cómo sus relatos reflejan tanto la grandeza como las tensiones de estos intercambios culturales y polÃticos. Beltrán Llavador, en Signos de grandeza y decadencia del Imperio del Gran Tamorlán, analiza la embajada enviada por Enrique III de Castilla a la corte de Tamerlán en 1405, un episodio clave en la diplomacia medieval entre Europa y Oriente. A través de sus descripciones del camino andado, los embajadores no solo retratan la magnificencia del Imperio timúrida, sino también su desencanto ante la imposibilidad de establecer un diálogo directo con un emperador enfermo. Este relato no solo evidencia las dificultades de acercar dos mundos distantes, sino que también subraya la importancia de los viajes como medio para comprender las complejidades de las relaciones interculturales. Por su parte, MartÃnez GarcÃa, en La integración euroasiática en las andanças de Pero Tafur, explora el viaje de tres años (1436â1439) del caballero castellano por Europa y el Mediterráneo. Su relato, al igual que el de los embajadores a Tamerlán, refleja tanto el asombro ante la grandeza de los imperios orientales como las tensiones y limitaciones que marcaban estos encuentros. Ambos capÃtulos destacan cómo los viajes y las descripciones de los viajeros castellanos fueron fundamentales en la construcción de una imagen de la integración euroasiática y su desarrollo en la penÃnsula ibérica.
Los últimos tres capÃtulos del libro, escritos por José Cutillas Ferrer, MartÃn RÃos Saloma y Bruno De Nicola, exploran la continuidad y evolución de las representaciones de Asia en la tradición ibérica, destacando cómo los mitos y relatos medievales se adaptaron a los contextos polÃticos y culturales de la era de los descubrimientos. Cutillas Ferrer, en Entrecruzamiento y sesgos transculturales: del Preste Juan de los mongoles a Shah Abbas I, analiza cómo la narrativa del Preste Juan, un mito cristiano surgido de las interacciones con pueblos mongoles de los siglos XII y XIII, fue reinterpretada para legitimar las alianzas entre la monarquÃa española y los safávidas persas en los siglos XVI y XVII. Esta adaptación simbólica permitió superar las diferencias religiosas y culturales, proyectando a los gobernantes safávidas como defensores del cristianismo y aliados contra el Imperio otomano. Por su parte, RÃos Saloma, en ¿El Preste Juan en las Indias?, examina la influencia de este mito en la imaginación geográfica de la época, mostrando cómo, aunque no fue un referente directo para Colón, su figura se entrelazó con la del gran khan en los mapas y las representaciones del mundo conocidas por los europeos. Finalmente, De Nicola en Eurasia desde Iberia: una historia de mongoles en la España del siglo XVI estudia la traducción y adaptación de la Flor des estoires dâOrient por Amaro Centeno en 1595, un texto que conecta la invasión mongola del siglo XIII con las preocupaciones geopolÃticas del siglo XVI, como el ascenso del Imperio otomano y los safávidas. Juntos, estos capÃtulos revelan cómo los mitos del Preste Juan y las crónicas sobre los mongoles fueron reinterpretados y utilizados como herramientas diplomáticas, geográficas y culturales en la penÃnsula ibérica, cerrando el volumen con una reflexión sobre la perdurable influencia de Eurasia en la mentalidad ibérica durante el siglo XVI, ya iniciada la conquista de América.
En conjunto, estos estudios ofrecen una visión integral de la recepción y elaboración de las noticias sobre los mongoles en la penÃnsula ibérica dentro de un contexto histórico global. A través de un análisis detallado de fuentes documentales, crónicas, relatos de viajes y representaciones culturales, el volumen explora cómo el Imperio mongol influyó en la configuración polÃtica, diplomática y mental de los reinos ibéricos durante la baja Edad Media y los albores de la Edad Moderna. Desde las alianzas cruzadas con los ilkhanes de Persia hasta la reinterpretación de mitos como el del Preste Juan, pasando por la expansión portuguesa y las experiencias de viajeros castellanos, los capÃtulos revelan cómo la penÃnsula ibérica no solo fue receptora de las dinámicas euroasiáticas impulsadas por los mongoles, sino también un actor clave en la integración de estos procesos en la primera globalización. Al situar la penÃnsula en el centro de estas interacciones, este libro busca enriquecer nuestra comprensión del impacto global del Imperio mongol y su legado en la construcción de un mundo cada vez más interconectado.80
Sobre la vida de Chinggis Khan solo existe una fuente original escrita por los propios mongoles, la Historia secreta de los mongoles. La mejor edición es la de Igor de Rachewiltz, ed. tr. The Secret History of the Mongols, 2 vols. (Leiden: Brill, 2013). La versión en español es de Laureano RamÃrez, ed. tr. Historia secreta de los mongoles: Yuan chao bi shi (Madrid: Miraguano, 2000).
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Para una visión general de la historia y las fuentes del Imperio mongol ver Michal Biran y Kim Hodong, eds. The Cambridge History of the Mongol Empire, 2 vols. (Cambridge: Cambridge University Press, 2023).
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La expresión elegida por Favereau, The Horde: How the Mongols changed the World.
Thomas T. Allsen, Commodity and Exchange in the Mongol Empire: A Cultural History of Islamic Textiles (Cambridge: Cambridge University Press, 1997); Thomas T. Allsen, Culture and Conquest in Mongol Eurasia (Cambridge: Cambridge University Press, 2001).
István Vásáry, âHistory and legend in Berke Khanâs conversion to Islamâ en István Vásáry, ed. Turks, Tatars and Russians (Aldershot: Ashgate, 2007), 230â252; Reuven Amitai, âDiplomacy and the slave trade in the eastern Mediterranean: a re-examination of the Mamluk-Byzantine-Genoese triangle in the late thirteenth century in light of the existing early correspondenceâ, Oriente Moderno, 88, 2 (2008); Virgil CiociÌltan. The Mongols and the Black Sea Trade in the Thirteenth and Fourteenth Centuries (Leiden: Brill, 2012); Marie Favereau âThe Golden Horde and the Mamluks: The Birth of a Diplomatic Set-Upâ en Frédéric Bauden y Malika Dekkiche, eds. Mamluk Cairo, a Crossroads for Embassies (Leiden: Brill, 2019).
Jackson, The Mongols and the West, 203â234.
Peter Jackson, âThe Mongols and the Faith of the Conqueredâ en Reuven Amitai y Michal Biran, eds. Mongols, Turks, and Others: Eurasian Nomads and the Sedentary World (Leiden: Brill, 2005), 245â290.
Beatrice Mainz, The Rise and Rule of Tamerlane (Cambridge: Cambridge University Press, 2008); István Vásáry, âThe Crimean Khanate and the Great Horde (1440sâ1500s). A Fight for Primacyâ en Meinolf Arens y Denise Klein, eds. Das frühneuzeitliche Krimkhanat (16â18. Jahrhundert) zwischen Orient und Okzident (Wiesbaden: Harrassowitz, 2012), 13â26; Annemarie Schimmel, The Empire of the Great Mughals: History, Art and Culture (Londres: Reaktion Books, 2004).
También llamado ârey de reyesâ y ârey de Cathayâ en las cartas de los Reyes Católicos y en el primer diario del almirante: Consuelo Varela y Juan Gil, eds. Cristóbal Colón. Textos y documentos completos (Madrid: Alianza, 1992), 122, 128 y 307.
En Georg Heinrich Pertz, ed. Chronica aevi suevici. Monumenta Germaniae historica. Scriptorum, tomo 23 (Leipzig: Veralg K. Hiersemann, 1925â1933), 674â950.
En Giuseppe Scaglia, ed. Scrittori dâItalia. Salimbene de Adán. Cronica, 2 vols. (Bari: Laterza, 1966).
Vicente de Beauvais, Speculum historiale (Douai: Balthazar Bellère, 1624). El libro 31 es el que más se ocupa de los mongoles.
Graeme Dunphy, The Encyclopedia of the Medieval Chronicle (Leiden: Brill, 2010), 1481.
En Henry Richard Luard, ed. Mattaei Parisiensis, Chronica Majora, 6 vols. (Londres: Longman, 1882). Sobre las ilustraciones Suzanne Davis, The Art of Matthew Paris in the Chronica Majora (Berkeley: California University Press, 1987). Y, en general, Zsuzsanna Papp Reed, Matthew Paris on the Mongol Invasion in Europe (Turnhout: Brepols, 2022).
R.B.C. Huygens y G. Duchet-Suchaux, ed. tr. Jacques de Vitry. Lettres de la Cinquième Croisade (Turnout: Brepols, 1998), 177â203.
Jean Richard, âThe Relatio de Davide as a source for Mongol History and the legend of Prester Johnâ en Charles Beckingham y Bernard Hamilton, eds. Prester John, the Mongols and the Lost Tribes (Aldershot: Ashgate, 1996), 139â158; John Eldevik, Reading Prester John: Cultural Fantasy and its Manuscript Contexts (Amsterdam: ARC Humanities Press, 2024), cap. 4: âPrester John, The Mongols, and The Resilience of Wonderâ, 93â108. Sobre la conexión de la leyenda latina del Preste Juan y los ecos de la vitoria de los budistas de Qarakhitai contra los selyuquÃes musulmanes en la batalla de Qatwan (1141) ver Carlos de Ayala MartÃnez, âEl Preste Juan: el âotroâ cristiano en la frontera del mito (siglos XIâXIII)â, Intus-Legere Historia, 12, 2 (2018), 155â186.
Alasdair C. Grant, âThe Mongol invasions between epistolography and prophecy: the case of the letter âAd Flagellumâ c. 1235/36â1338â, Traditio, 73 (2018), 117â177.
Este lugar era descrito como un abismo profundo utilizado como mazmorra donde se castigaba a criminales mortales y a dioses caÃdos: Denise Aigle, The Mongol Empire between Myth and Reality (Leiden: Brill, 2015), 44. El termino aparece en fuentes árabes y rusas por su resonancia con el nombre de las tribus tatar. Estas tribus estaban conectadas con los keraitas convertidos al cristianismo en el siglo XI por misioneros nestorianos y es posible que la lenta transmisión a Europa de esta noticia mediante un continuo de comunidades cristianas facilitara la asimilación del término: Erica Hunter, âThe Conversion of the Kerait to Christianity in A.D. 1009â, Zentralasiatische Studien, 22 (1989), 140â163. La primera mención a los mongoles como tártaros en las fuentes latinas es de 1236, Jackson, The Mongols and the West, 66.
Para referencias actualizadas al grupo de fuentes producidas por testigos directos como Tomás de Split (1266), Rogerio de Oradea (1266), Ivó de Narbona (1241) o Bela IV (1238) ver Peter Jackson, âWestern European Sourcesâ, en Michel Biran y Hodong Kim, eds. The Cambridge History of the Mongol Empire (Cambridge: Cambridge University Press, 2023), 1070â1113.
Probablemente también la inteligencia mongola tuvo algo que ver según Peter Jackson, âThe Testimony of the Russian Archbishop Peter Concerning the Mongols (1244/5): Precious Intelligence or Timely Disinformation?â, Journal of the Royal Asiatic Society 26 (2016), 65â77.
Editada y traducida por Juan Gil, En demanda del Gran Kan. Viajes a Mongolia en el siglo XIII (Madrid: Alianza, 1993), 163â149. También los fragmentos de las relaciones de Benito de Polonia y Ascelino de LombardÃa, 253â279.
Al respecto el capÃtulo de MartÃn Alvira Cabrer en este volumen.
También Gil, En demanda del Gran Kan, 285â449.
John Henry Bridges, ed. The Opus majus of Roger Bacon, vol. 1 (Oxford: Williams and Norgate, 1900), 400.
Bridges, The Opus majus of Roger Bacon, 401.
Ambos dominicos llegados al Ilkhanato desde Acre forman parte del movimiento de transición caracterÃstico del II Concilio de Lyon en relación con los mongoles, Philip Baldwin, Pope Gregory X and the Crusades (Woodbridge: Boydell, 2014), 75â103. El inglés acompañó a los embajadores mongoles que se hicieron bautizar en el propio Concilio y aunque su informe se perdió se cree que no estuvo entre los partidarios de la alianza propuesta por Arghun. El texto del florentino fue editado por Johann K.M. Laurent, ed. Peregrinatores Medii Aevi quatuor (Leipzig: J.C. Hinrichs, 1864), 105â144. Su relación con los mongoles, marcada tambien por la desconfianza, se caracteriza, en cambio, por una visión pragmática y, podemos decir, secular, sujeta al cambio y la particularidad histórica: Camille Rouxpetel, âRiccoldo da Monte Croceâs Mission towards the Nestorians and the Jacobites (1288âc. 1300). Defining Heresy and Inventing the Relationship with the Other. From Theory To Missionary Experienceâ, Medieval Encounters, 21 (2015), 250â368.
MartÃn Alvira Cabrer, ed. tr. Jean de Joinville. Vida de san Luis (Cáceres: Universidad de Extremadura, 2021), 41â42.
Di Cosmo y Pubblici, Venezia e i Mongoli, 109.
Estos registros notariales fueron tratados por algunos de los padres de la historiografÃa moderna de los siglos XVIII y XIX como Edward Gibbon y Wilhem Heyd.
Allan Evans, ed. La Pratica della Mercatura (Cambridge MA: Mediaeval Academy of America, 1936); Alfredo Stussi, ed. Zibaldone da Canal: Manoscritto Mercantile del Sec. XIV (Venecia: Comitato per la pubblicazione delle fonti relative alla storia di Venezia, 1967).
Felicitas Schmieder y Peter Schreiner, Il codice cumanico e il suo mondo (Roma: Eticare, 2005), xiv.
Thomas Tanase, Jusquâaux limites du monde. La papauté et la mission franciscaine de lâAsie de Marco Polo à lâAmerique de Christophe Colomb (Roma: Ãcole Française de Rome, 2013).
Thomas Tanase, âLâuniversalisme romain à travers les registres de la papauté avignonnaiseâ, Mélanges de lâÃcole française de Rome. Moyen Ãge, 123, 2 (2011).
Para referencias bibliográficas ver en este volumen el capÃtulo de José Miguel De Toro.
Recogidos en la edición de Henry Yule y Henri Cordier, Cathay and the Way Thither (Londres: Hakluyt, 1913). La mayor parte están traducidos al castellano por Juan Gil, La India y el Catay. Textos de la Antigüedad clásica y del Medieval occidental (Madrid: Alianza, 1995), excepto el texto de Juan de Marignolli que se encuentra en Christine Gadrat, Jean de Marignolli. Au jardin dâÃden (Toulouse: Anacharsis, 2009) autora también de la cuidada edición de Jordano Catalán: Gadrat, Une image de lâOrient au xive siècle: les âMirabilia descriptaâ de Jordan Catala de Sévérac (ParÃs: Ãcole des Chartes, 2005).
Antonio GarcÃa Espada, Marco Polo y la cruzada. Historia de la literatura de viajes a las Indias en el siglo XIV (Madrid: Marcial Pons, 2009).
Sobre la influencia de esta imagen en la crisis del feudalismo y el desarrollo del pensamiento utópico dos estudios clásicos: Stephen Greenblatt, Marvelous Possessions. The Wonder of the New World (Oxford: Oxford University Press, 1988) y Carlo Ginzburg, Il formaggio e i vermi. Il cosmo di un mugnaio delâ 500 (Roma: Einaudi, 1976).
Antonio GarcÃa Espada âThe Geographical Enlargement of the Crusade Theory After 1291. Its Subaltern Rootsâ en Jacques Paviot, ed. Les Projets de Croisade. Géostratégie et diplomatie européenne du XIVe au XVIIe siècle (Toulouse: Presses Universitaires du Midi, 2014), 109â124.
Denise Aigle, âDe la non-négociation à lâalliance inaboutie. Réflexions sur la diplomatie entre les mongols et lâOccident latinâ, Oriente Moderno, 88, 2 (2008), 395â434.
Ramon Pujades i Bataller, Els mapamundis baixmedievals: del naixement del mapamundi hÃbrid a lâocà s del mapamundi portolà (Barcelona: ICGC, 2023).
Christine Gadrat, Lire Marco Polo au Moyen Ãge. Traduction, diffusion et reception du Devisement du monde (Turnhout: Brepols, 2015).
Antonio GarcÃa Espada, â¿Porque escribió Marco Polo su libro?â, Espacio, tiempo y forma. Serie III. Historia medieval, 37 (2024), 629â656. Para sumarizar un problema historiográfico prácticamente inacabable, a juicio de John Larner, Marco Polo and the Discovery of the World (New Haven: Yale University Press, 1999), 1: âIt is no exaggeration to say that never before or since has one man given such an immense body of new geographic knowledge to the Westâ. Cf. Christian de Pee âMarco Poloâs Baggage: Manuscripts, Doubts, and A Mongol Ladyâs Headdressâ, Journal of Song-Yuan Studies, 53 (2024), 251â282.
Gil, En demanda del Gran Kan, 34; Pertz, Chronica aevi suevici, 910â911.
Gil, En demanda del Gran Kan, 71.
Sobre las cartas de Alejandro IV ver: Jackson, The Mongols and the West, 67; Jacques Paviot, âEngland and the Mongols (1260â1330)â, Journal of the Royal Asiatic Society of Great Britain and Ireland 10, 3 (2000), 305â318; y, Peter Linehan, España Pontifica: Papal Letters to Spain 1198â1303 (Washington: Catholic University of America, 2023) doc. 1489. Ver el capÃtulo de RodrÃguez GarcÃa en este volumen.
Sobre los concilios peninsulares a propósito de la amenaza mongola: Sanç Capdevila Felip, âUn Concili provincial de Tarragona desconegutâ, Analecta Sacra terraconensia, 2 (1926), 495â522; y, Fidel Fita Colomé, âConcilios españoles inéditos: provincial de Braga de 1261 y nacional de Sevilla de 1478â, BoletÃn de la Real Academia de la Historia, 22 (1893), 209â257.
El personaje nunca ha sido identificado con seguridad. FerraÌn Soldevila, ed. Les quatre grans croÌniques: 1. Llibre dels feits del rei En Jaume, vol. 1. Revisión filológica de Jordi Bruguera y revisión histórica de MarÃa Teresa Ferrer i Mallol (Barcelona: Institut dâEstudis Catalans, 2008), 467, n. 2251.
Ernest Marcos Hierro, La croada catalana: lâexeÌrcit de Jaume I a Terra Santa (Barcelona: Lâesfera dels llibres, 2006).
Alexandra Montero Peters, Representations of Power: Alfonso X, the Book of Games, and the Islamic Tradition (Phd diss., University of Chicago, 2022); Sonja Musser Golladay, Los Libros de Acedrex, Dados e Tablas: Historical, Artistic and Metaphysical Dimensions of Alfonso Xâs Book of Games (Phd diss., University of Arizona, 2007).
Stephen Blake, Astronomy and Astrology in the Islamic World (Edimburgo: Edinburgh University Press, 2016), capitulo 5.
Peter M. Holt, The Age of Crusades (Londres: Longman, 1986), 166; Frédéric Bauden âDiplomatics in the Service of Diplomacy: Was the 692/1293 Truce Negotiated by the Kingdom of Aragon with the Mamluk Sultanate Ever Ratified?â, MamlÅ«k Studies Review, 26 (2023), 1â53.
La embajada de 1300 es estudiada por José Cutillas, âLos ilḫÄnÃes y la Corona de Aragón: La carta de Jaime II a Ä ÄzÄn-ḪÄnâ, eHumanista/IVITRA, 4 (2013). De la embajada de 1293 se conserva la carta llevada por Pere Sesportes de Barcelona en: Mateu Rodrigo Lizondo y Jaume Riera i Sans, Col·lecció documental de la cancelleria de la Corona dâAragó. Textos en llengua catalana (1291â1420) (Valencia: Universitat de València, 2013), 100â102.
Benjamin Liu, âThe Mongol in the Textâ en Cynthia Robinson y Leila Rouhi, eds. Under the Ifluence: Questioning the Comparative in Medieval Castile (Leiden: Brill, 2004).
Lawrence V. Mott, Sea Power in the Medieval Mediterranean: The Catalan-Aragonese Fleet in the War of the Sicilian Vespers (Gainesville: University Press of Florida, 2003); David Agusti Belart, Los almogávares. La expansión mediterránea de la Corona de Aragón (Madrid: Silex, 2004).
MarÃa Teresa Ferrer Mallol, Els catalans a la Mediterrà nia oriental a lâedat Mitjana (Barcelona: Institut dâEstudis Catalans, 2003).
Otro ejemplo del interés por el mundo oriental de la Corona de Castilla es La gran conquista de Ultramar, un texto castellano sobre la primera cruzada compuesto entre 1291 y 1295 para el rey Sancho IV y cuyo manuscrito más completo y antiguo data de 1289: en la Biblioteca Nacional de España, Ms. 2454. Ver: Louis Cooper, ed. The text and concordances of Biblioteca Nacional manuscript 1187 âGran conquista de Ultramarâ (Madison: The Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1985).
Sobre el maestre de los hospitalarios véase la entrada hecha por Carlos Barquero Goñi en el portal digital de la Real Academia de la Historia, Historia Hispánica.
El Marco Polo de Fernández de Heredia fue editado por John Nitti, Juan Fernández de Heredia´s Aragonese Version of the Libro de Marco Polo (Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1980) y más recientemente por Francisco SangorrÃn Guallar, El Libro de Marco Polo, versión aragonesa del siglo XIV (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2016). Una versión catalana paralela y derivada del mismo manuscrito catalán utilizado por Fernández de Heredia se encuentra en la Biblioteca Riccardiana de Florencia y fue editado por Anna MarÃa Gallina, Viatges de Marco Polo. Versió catalana del segle XIV (Barcelona: Barcino, 1983). La versión aragonesa de la Flor de las Historias, que incluye en su totalidad el tratado de recuperación de Haitón, ha sido estudiado por Mercedes Alonso Bravo, âTranslatio et compilatio en la Flor de las ystorias de Orient de Juan Fernández de Herediaâ, Scriptura, 23â24â25 (2016), 11â41. La versión catalana paralela que, igualmente, evidencia una versión anterior común tanto para la catalana como para la aragonesa de Fernández de Heredia fue editada por Albert Guillem Hauf i Valls, Aitó de Gorigós. La âFlor de les Històries dâOrientâ (Barcelona: Centre dâEstudis Medievals de Catalunya, 1989).
Solo se han estudiado sus aspectos codicológicos y ecdóticos, reseñados por Alberto Montaner Frutos âLa Grant corónica de los conquiridores de Juan Fernández de Heredia. Problemas codicológicos y ecdóticosâ en Ian Macpherson, ed. The medieval mind: Hispanic studies in Honour of Alan Deyermond (Londres: Tamesis Books, 1997), 289â316. Los dos manuscritos que componen la obra original están en la Biblioteca Nacional de España, Ms. 2211 y Ms. 10134. Un agradecimiento a Gonzalo Carrasco GarcÃa por la aportación de este dato.
Biblioteca Nacional de España, Ms. 3013. Existe una transcripción anotada de Isabel Muñoz Jiménez, Los libros de viajes en las literaturas peninsulares. Edición del Libro Ultramarino (Tesis de doctorado: Universidad Complutense de Madrid, 1993). Abordado por Eugenia Popeanga Chelaru, âEl relato de viajes de Odorico de Pordenoneâ, Revista de filologÃa románica, 9 (1992), 37â62, y por Julia Roumier, âSavoir géographique, encyclopédie et récit de voyage dans le Libro ultramarinoâ en Damien Coulon y Christine Gadrat-Ouerfelli, eds. Le voyage au Moyen Ãge (Aix-en-Provence: Presses universitaires de Provence, 2017). Actualmente los investigadores José Miguel De Toro y Abraham Muñoz, de la Universidad de los Andes, Chile, están trabajando en este documento.
La bibliografÃa al respecto es abundante. Los dos últimos trabajos importantes son Katrin Kogman-Appel, Catalan Maps and Jewish Books: The Intellectual Profile of Elisha Ben Abraham Cresques, 1325â1387 (Turnout: Brepols, 2020) y el ya mencionado de Ramon Pujades i Bataller, Els mapamundis baixmedievals, que lo estudia en relación con sus antecedentes (desde los mapamundi de Sanudo/Vesconte 1321 a la escuela mallorquina, iniciada en 1339 con el portolano de Angelino Dulcert o Dalorto) y sus continuadores (el mapamundi catalán de la Biblioteca Estense de Modena de 1450). El Atlas Catalán en la Bibliothèque nationale de France, Ms. Espagnol 30 y la carta portolana de Angelino Dulcert en la Bibliothèque nationale de France, Rés. Ge B 696.
Menciona las principales ediciones de la obra y los estudios recientes el artÃculo de MarÃa Jesús Lacarra Ducay, âEl Libro del conoscimiento de todos los reinos 25 años después (1999â2024)â, Cuadernos del CEMyR, 33 (2025), 347â362 que tambien da las url de los cuatro manuscritos existentes.
Angelo Cattaneo, âConnected Histories. The Mongol Empire and the Creation of New Worldviews in the Fifteenth Century: Fra Mauroâs Mappa Mundi (Venice, c. 1450) and the Honil Gangni Yeokdae Gukdo Ji Do (Hanseong, c. 1480)â, en Anne Dunlop, ed. The Mongol Empire in Global History and Art History (Florencia: The Harvard University Center for Italian Renaissance Studies, 2022); Sonja Brentjes, âRevisiting Catalan Portolan Charts: do they contain elements of Asian provenance?â, P. ForeÌt y A. Kaplony, eds. The Journey of Maps and Images on the Silk Road (Leiden: Brill, 2009).
Ver algunas referencias en Antonio RubioÌ y Lluch, Diplomatari de lâOrient catalaÌ (1301â1409) col·leccioÌ de documents per a la histoÌria de lâexpedicioÌ catalana a Orient i dels ducats dâAtenes i NeopaÌtria (Barcelona: Institut dâEstudis Catalans, 1947).
Por ejemplo, la Universitat Oberta de Catalunya tuvo desde época cercana a su fundación un activo departamento de Historia de Asia.
Los editores queremos agradecer a todas las instituciones mencionadas que han hecho posible la publicación de este libro, en especial a la Universidad Nacional de Educación a Distancia y a la Ãsterreichische Akademie der Wissenschaften y, por su involucración personal, a Pedro MartÃnez GarcÃa, José Manuel RodrÃguez GarcÃa, José Miguel De Toro, Reuven Amitai, Ernest Marcos Hierro y Xavier Renedo Puig. También a Brill, al consejo editorial de la colección HdO, a los revisores proporcionados y a Maurits van den Boogert, Teddi Dolls, Mona Saif, Kan Wai Min y Thalien Colenbrander por su paciencia, su generosidad y la confianza que han puesto en esta primera publicación de la editorial completamente en español.