1 Introducción
De recuperatione Terrae Sanctae es el nombre de un género literario compuesto por algo más de treinta tratados entre ejemplares existentes y tÃtulos recogidos en inventarios de bibliotecas pontificias desaparecidas, escritos por algunas de las más insignes plumas de su tiempo y de no muy larga duración. Si bien han llegado hasta nuestros dÃas textos escritos a lo largo de toda la baja Edad Media e incluso principios de la Edad Moderna1, la mayor parte se concentra entre el último decenio del siglo XIII y las tres primeras décadas del XIV y tienen un destinatario concreto, por lo general, el papa, pero también el rey de Francia y en ocasiones el de Aragón y el de Inglaterra.
Estas manifestaciones de concreción y concentración en la literatura de recuperación contrastan con otras dos de sus propiedades fundamentales: la diversidad de autores y la disparidad de asuntos tratados. El objetivo declarado es la conquista y conservación de Tierra Santa y a tal fin se proporciona inteligencia sobre todo tipo de cuestiones relacionadas con armamento, logÃstica, tácticas militares, estrategias terrestres y marÃtimas, liderazgo y disciplina de los ejércitos, rutas y escenarios de batalla, financiación y planificación de gastos, propaganda, técnicas psicológicas y embargos económicos, gestión de las victorias y los espacios conquistados, etc. Su naturaleza prospectiva no acaba aquÃ. Los tratados de recuperación se entregaron a todo tipo de especulaciones llegando a dar cabida a auténticas excentricidades pero también a importantes novedades en los ámbitos de la teorÃa polÃtica, militar y económica de su tiempo2.
Por otra parte, la procedencia social y geográfica de sus autores es considerablemente heterogénea, posiblemente única en la historia de la literatura medieval europea, con miembros procedentes de los más altos estratos del orden feudal â prÃncipes como Carlos II de Anjou o Enrique II de Lusignan y maestres generales de las órdenes militares como Fulco de Villaret o Jaime de Molay â a ejemplares de grupos sociales emergentes â como el mercader Marino Sanudo o los mendicantes Fidencio de Padua y Guillermo Adán. También personajes provenientes de los centros del poder católico â como el consejero real francés Guillermo de Nogaret o el médico pontificio Galvano de Levanto3 â o de la última frontera latina como el caballero mallorquÃn Ramon Llull o el prÃncipe armenio Haitón de Córico.
De hecho, la caracterización de los tratados de recuperación como género literario no se debe tanto a su coherencia interna como a su capacidad de atraer una variedad de autores de diferentes condiciones sociales, seguramente seducidos por la expectativa de una audiencia selecta. La adscripción al género de la recuperación de Tierra Santa sirvió a Pierre Dubois, un modesto abogado normando, para contemplar la posibilidad de alcanzar los oÃdos de los reyes de Francia e Inglaterra y aprovechar la ocasión para demostrar su talento como burócrata y teórico del Estado4. Ramon Llull, en poco más de veinte años, dirigió hasta cinco tratados a una audiencia de papas y reyes a los que intentaba convencer de la efectividad y pertinencia de su metodologÃa misionera, una mezcla de ciencia práctica y teórica aplicada a la propagación de la fe a cuya creación el polÃmata mallorquÃn dedicó toda una vida5. En su tratado de recuperación, Guillermo de Nogaret aprovechaba para defender ante el papa los intereses patrimoniales del rey francés. Algo similar hacÃa el rey Enrique II, pero en relación con la isla de Chipre o el prÃncipe Haitón a favor de la casa real armenia6. Marino Sanudo dedicó toda una vida a vender al papa un plan para la recuperación de Tierra Santa que serÃa liderado por los venecianos de acuerdo con una lógica mercantil que convertÃa a sus compatriotas en los primeros y principales beneficiarios de la empresa colectiva7.
La dispersión temática a la que se prestó el género de la recuperación desdibujaba sus contornos y diluÃa su coherencia. Estas ampliaciones de sentido eran posibles gracias a cierta distorsión de la idea de cruzada. Deformando su temporalidad, poniendo un énfasis excesivo en los preparativos o en las condiciones de posibilidad, se conseguÃa desviar la conversación hacia territorios más accesibles a autores menos versados en cuestiones militares, logÃsticas o geoestratégicas. Las limitaciones a la operatividad de la actividad planificadora impuestas por esta especie de procrastinación eran a menudo compensadas con altas dosis de voluntarismo, incluso de propaganda y autoexaltación8, incurriendo en la adulación y la fantasÃa polÃtica9.
Sin embargo, la lectura de conjunto sirve también para matizar este primer acercamiento a la literatura de recuperación10. Una literatura directamente dirigida a las máximas instancias de poder de su tiempo en medio de una situación difÃcil, con serios problemas de legitimidad implicados. Los autores de tratados de recuperación asumieron el desafÃo en calidad de expertos, haciendo uso de un lenguaje circunspecto y limitado a la petición, pero con acceso a información privilegiada que justificaba su irrupción en una conversación por lo general reservada a papas y reyes11.
Uno de estos ámbitos de información privilegiada a los que tuvo acceso buena parte de los autores de recuperación es la cuestión de la alianza con los mongoles12. Se trataba de la primera vez que se discutÃa públicamente la conveniencia de contar con los mongoles en la lucha contra los mamelucos. Las alianzas interconfesionales eran una práctica común y recurrente también en la lucha contra el islam mediterráneo, aunque por lo general se trataba de soluciones ad hoc, coyunturales, limitadas en duración, alcance y con poca publicidad13. La alianza con un estado de la envergadura del mongol era otra cosa, con implicaciones y riesgos incalculables por los que ya habÃa sido descartada por el propio papa en 1260 cuando prefirió dar su apoyo a los mamelucos en la batalla de Ain Jalut contra los mongoles14. El asunto de la alianza con los mongoles continuó siendo discutido en los niveles más altos de la diplomacia europea durante las siguientes décadas sin que se llegara a una solución clara. Volveremos sobre ello más adelante.
Los autores de tratados de recuperación abordaron la cuestión con prudencia, a menudo pasando por encima rápidamente, evitando cualquier forma de juicio o postura, aludiendo incluso a la obediencia debida al mandato pontificio de pronunciarse al respecto de tan âespinosa cuestiónâ15. Una demostración similar de constricción se dio en el tratamiento de dos figuras clave, el Preste Juan y el Rey David, auténticas consignas del anhelo popular de un aliado oriental contra el islam desde hacÃa más de un siglo y particularmente en boga en ámbitos literarios contemporáneos a los tratados de recuperación, sin que éstos hicieran la mÃnima mención a ninguna de las dos figuras, ni siquiera para aprovechar su poder evocador como hicieron Marco Polo, Odorico de Pordenone y otros informantes contemporáneos del Asia mongol16.
Sin embargo, este uso autolimitado del lenguaje no explica completamente nuestra dificultad de captar ese hilo conductor que a los teóricos de la recuperación de varias generaciones resultaba evidente. Autores como Ramon Llull, Pierre Dubois o Marino Sanudo dedicaron décadas y grandes recursos personales a la investigación y promoción de sus resultados sobre el proyecto recuperacionista. Dentro del trabajo de estos autores y de otros que compusieron varios ejemplares o tuvieron oportunidad de enmendar sus propuestas, es fácil comprobar las rectificaciones y los cambios de opinión. Todo ello no hace sino apuntalar la hipótesis de la existencia de un eje vertebrador que, por encima de variaciones y grados de exposición, resultó lo suficientemente consistente para generar una comunidad de lectores durante un intervalo de tiempo determinado.
2 El origen de la teorÃa
Para captar este principio de unidad es necesario comenzar por su origen. Un origen que con bastante precisión puede ser situado en dos textos. Del primero, datado en 1289, solo se conservan algunos extractos, más o menos manipulados y de no muy clara autorÃa17. El segundo, en cambio, se conserva Ãntegro y está fechado con exactitud en 1290 por su propio autor, el franciscano Fidencio de Padua.
El tratado fidentino puede ser dividido en dos partes. La primera es la más extensa y sitúa el origen de la investigación en la petición de información hecha por el papa Gregorio X en el II Concilio de Lyon de 1274. Tedaldo Visconti habÃa llegado como cruzado a Tierra Santa acompañando a Eduardo de Inglaterra en su fallido intento de coordinar acciones con el ilkhán Abaqa. Allà habÃa establecido relaciones con frailes mendicantes y mercaderes (como los hermanos Polo) con acceso directo a los mongoles. Ya como papa, a través de la bula Salvator Noster de 1272 declaraba la necesidad de repensar completamente la estrategia de cruzada y apostar por un tipo de conocimiento especializado.
En la primera parte de su tratado, Fidencio comienza abordando cuestiones históricas y morales que aproximan su escrito a los informes de los clérigos que respondieron quince años antes a la petición del papa Gregorio X como Humberto de Romans, Gilberto de Tournai, Bruno de Olmutz y Guillermo de TrÃpoli (el dominico que acompañó a los Polo hasta Armenia)18.
Pero si bien el tratado de Fidencio comparte coordenadas con sus antecesores, buena parte de su contenido es más próximo a otro género literario que por esas mismas fechas está haciendo también su aparición en la historia de las letras europeas: las etnografÃas y descripciones del Asia mongol escritas por los franciscanos Juan de Pian del Carpine (1248), Guillermo de Rubruck (1254) y, más adelante, incluyendo China e India, Juan de Montecorvino (1292 y 1305), Odorico de Pordenone (1330), Juan de Marignolli (1357) y otros19. A diferencia de sus compañeros de orden, el objeto de descripción de Fidencio es Egipto, Siria y la Armenia Cilicia. Pero con sus colegas comparte el gran espacio asignado a los mongoles, a los que también trata con familiaridad y apertura de mente. Da cuenta de su historia, sus gustos, sus rarezas, a menudo utilizándolos como referencia y, en ocasiones, como modelo a imitar no solo en cuestiones de guerra y táctica, sino también de liderazgo, organización social e incluso comportamiento personal20.
Fidencio es un excelente conocedor del terreno. A lo largo de veinte años ha pasado largas temporadas en Egipto asistiendo prisioneros y probablemente a cargo de algunas misiones diplomáticas21. Fue superior del convento franciscano de Acre, que aún estaba en manos latinas cuando Fidencio presentó su tratado al papa Nicolás. No contamos con más información sobre el franciscano, ni siquiera la fecha y el lugar de su muerte. No sabemos mucho más que lo que dice de sà mismo en el tratado y de aquà se deduce también su fuerte identificación con los intereses de la casa real armenia y con el grupo de franciscanos conocido como espirituales22.
El reino de la âPequeñaâ Armenia, situado en la costa Cilicia del sur de Anatolia, habÃa aceptado la dominación mongola sin resistencia. A cambio obtuvo cierta mejora de su posición con respecto a los poderes musulmanes que la rodeaban. En adelante colaboró activamente con los mongoles prestándose con frecuencia a la mediación con las iglesias latina y griega en favor de los mongoles. Con el recrudecimiento de los ataques mamelucos a finales de la década de 1280 y todo a lo largo del turbulento y discontinuo reinado de Hethum II (r. 1289â1307), la casa real armenia eleva su apuesta por la alianza entre el ilkhán y el Occidente latino y elige a la orden franciscana como su principal agente mediador23. La célebre misión franciscana de Juan de Montecorvino que acabarÃa fundando el primer obispado católico en China, tuvo en Armenia su punto de partida y su base de apoyo, primero para entablar relaciones con el ilkhán y después para dar el salto a la corte del gran khan Yuan. En esas misma fechas el general de la orden, Raimundo Gaufredi ordena el envÃo de frailes a Armenia, llegando a excarcelar a algunos rebeldes espirituales como los famosos Ãngel Clareno y Tomas de Tolentino, al parecer, solicitados por la propia corte hethúmida24.
Es presumiblemente desde aquÃ, desde Armenia, que Fidencio de Padua, en la segunda parte de su tratado, consuma la ruptura con sus antecesores y formula las propuestas que propiamente dan origen al género de la recuperación: un género definido por su total compromiso con cuestiones estratégicas, financieras, militares y tácticas. Dicha ruptura no es evidente. En términos de extensión el tratado de Fidencio se ocupa sobre todo de la historia interna del Reino Latino de Tierra Santa y la (pésima) condición moral de los cruzados. En esto ciertamente no hay mucha originalidad, pero tampoco guarda un relación sintáctica clara con la parte propositiva del tratado. La historia, la evolución interna de las cruzadas y de las grandes instituciones latinas es completamente irrelevante a la hora de sustentar lo que podemos identificar como núcleo de la teorÃa de recuperación.
2.1 La alianza militar
El núcleo de la propuesta de Fidencio consiste en distinguir entre dos tipos de intervenciones. Una más convencional, no por eso completamente ortodoxa, destinada a crear un ejército profesional, compacto, bajo el mando de un lÃder conferido de la máxima autoridad (el dux rector al que luego Llull cambiará el nombre por bellator rex), para llevarlo por diversas vÃas marinas y terrestres hasta los puertos de la Armenia Cilicia, donde serán recibidos por tropas georgianas y mongolas con las que conjuntamente lanzarán por el norte el ataque contra la Siria del sultanato mameluco. Cabe señalar que el destino fijado para estos cruzados no es Acre ni ninguno de los puertos palestinos aun en manos latinas en tiempos del tratado fidentino.
Aunque de manera discreta, la propuesta rompÃa claramente con la tradición del soldado penitente de cuyo sacrificio dependÃa la posesión, tanto material como escatológica, del Santo Sepulcro. Lo que realmente interesa a Fidencio es un ejército bien dirigido y disciplinado, capaz de articularse con ejércitos de naturaleza similar. El antiguo ejército de soldados peregrinos es abiertamente descartado pues un ejército asà serÃa imposible de coordinar con los mongoles. Es probable que en la mente de Gregorio X ya estuvieran estos dos avances en la planificación de la cruzada, la profesionalización y la intervención desde dos frentes, pero los tratados de cruzada confeccionados en el II Concilio de Lyon no son explÃcitos al respecto25.
Ciertamente Fidencio dirige su informe a una audiencia cualificada, que contempla diferentes escenarios, con varias propuestas sobre itinerarios y modus operandi encima de la mesa. Pero, este método escolástico de tomar distancia con respecto a la toma de decisiones dando al lector un amplio abanico de opciones, no oculta la determinación de su apuesta por la costa Cilicia bajo protección mongola como punto de entrada en Asia y la coordinación con los ejércitos del ilkhán como primer objetivo de los cruzados26.
2.2 La guerra económica
El otro curso de acción es aún más importante para el propósito de este estudio y es tratado con aun más prudencia por el autor. El razonamiento que lo sostiene es más complejo, inusual y difÃcil de comprobar. Es verdaderamente rompedor y no tiene precedentes27. Se trata de sacar al sultanato egipcio de la circulación comercial.
Anteriormente se habÃa prestado atención al creciente papel del comercio latino en el abastecimiento de material de guerra y tecnologÃa militar, e incluso de esclavos, al sultán de El Cairo. Eso hacÃa más de un siglo que estaba prohibido â desde el III Concilio de Letrán (1179) â aunque no se habÃa encontrado la manera de hacer efectivo el embargo28. Fidencio va más allá. Para él la fuerza del sultanato egipcio radica en su posición privilegiada como intermediario entre los mercados del océano Indico y los del Mediterráneo. De poco servirá prohibir el tráfico de material de guerra. El objetivo ahora es impedir cualquier tipo de comercio del que pueda servirse Egipto para atraer capital de otros mercados con los que está fuertemente conectado. La misión consiste en impedir la conexión del sultanato mameluco no solo con la Europa latina a través del Mediterráneo, sino también con Bizancio a través del mar Egeo, con la Horda Dorada a través del mar Negro y con las Indias a través del mar Rojo.
La propuesta fidentina no es abstracta. Tiene un fuerte compromiso con la factibilidad a todos los niveles. Se apoya en una sistemática descripción del espacio, demostrando gran solvencia en abstracción geográfica. También cuenta con información precisa con respecto a los posibles recursos humanos con los que el papa podrÃa contar: los marineros y comerciantes sobre todo genoveses, pero también venecianos y catalanes involucrados en el emporio cairota. Sobre ellos el papa podrÃa actuar mediante presión moral, amenazándolos con la excomunión, la confiscación de sus propiedades y otras represalias en sus lugares de origen para que pusieran sus recursos al servicio del embargo total29. Según el diagnóstico de Fidencio, el sultán era demasiado poderoso militarmente, incluso hasta el punto de atreverse a enfrentar un ejército combinado de mongoles y latinos. SerÃa la ruina económica del paÃs la única que pondrÃa al sultán en la obligación de negociar con la entente formada por las fuerzas cristianas apoyadas por ilkhán, avanzando desde el sur de TurquÃa.
3 ¿Transmisión o reproducción de la teorÃa?
Este es el núcleo de la primera formulación de la teorÃa de recuperación. Su trasferencia no fue fácil. Los sucesores de Fidencio se enfrentaron a multitud de dificultades a la hora de actualizar la propuesta y elaborar su complejo y sofisticado plan. Seguramente la tergiversación más frecuente y continuada por parte de los siguientes autores de la recuperación fue distinguir temporalmente entre los dos tipos de intervención propuestas por Fidencio y convertir el plan de bloqueo comercial de Egipto en parte de un passagium particulare, nombre con el que es referida una expedición preliminar destinada a reconocer el terreno y preparar posibles sinergias, alianzas y puntos de desembarco para el grueso del ejército cruzado o passagium generale. La idea no concuerda en lo fundamental con el plan fidentino y sirve para demostrar las dificultad inherente a todo intento de generalizar un conocimiento altamente especializado30.
Pero precisamente las lagunas de sentido dejadas por Fidencio pueden servir como indicadores de la capacidad de subsiguientes autores de captar el sentido de la teorÃa de recuperación, pues a pesar de la dificultad de interpretar adecuadamente alguno de sus términos, no renunciaron a su transmisión. Hay cuestiones centrales de la teorÃa de recuperación planteada por Fidencio que, sin embargo, apenas elabora. El caso más evidente es cuando expone la necesidad de cortar la comunicación del sultán de El Cairo con las Indias y de proporcionar a los mercaderes del Mediterráneo una alternativa al bloqueo de las terminales egipcias. Ambas propuestas son solucionadas con una escueta lÃnea sobre la posibilidad de sustituir AlejandrÃa por los puertos de la costa Cilicia (no de la Palestina latina, de nuevo) y desviar el tráfico proveniente del Indico del mar Rojo al Golfo Pérsico, con estas palabras: âLa ruta de India a Egipto tiene que ser clausurada igual que la ruta de Egipto a la Cristiandadâ, nada más31. En un libro plagado de recurrencias y recapitulaciones, la afirmación no se repite ni una sola vez, ni está recogida en ninguno de los numerosos Ãndices del tratado. Y asà de escuálida, la nueva consigna no pasó desapercibida a ningún autor; saltó de uno a otro, alguno sin capacidad de decodificarla, pero no por eso dejando de reproducirla32.
Los siguientes dos tratados de recuperación en orden cronológico, continúan la senda abierta por Fidencio. Carlos II de Anjou, menos sutil, propone el uso de una gran flota para atacar los puertos del delta del Nilo y cortar de raÃz todos los vÃnculos comerciales de los mamelucos con el Mediterráneo33. El literato mallorquÃn Ramon Llull nada más comenzar su primer tratado de recuperación suscribe de manera breve pero clara las dos grandes ideas de Fidencio: el desembarco del ejército cruzado en la Armenia Cilicia y el bloqueo comercial total de Egipto34. Sin embargo, es probable que Llull no supiera muy bien de que estaba hablando. No será hasta su tratado de 1305, el Liber de Fine, que el mallorquÃn está en condiciones de añadir textura a su propuesta y proponer una alternativa viable a la prohibición de comerciar con Egipto: âQue los cristianos, tanto genoveses como catalanes, vayan a comprar especies a Bagdad y la India, y fuera por tanto de la tierra del Sultánâ35.
No está claro cómo pudo llegar a oÃdos de Carlos II y Ramon Llull la teorÃa fidentina. Se conserva un único ejemplar de mediados del siglo XIV y no hay razón para pensar que antes de esa fecha el tratado de Fidencio circulara fuera de la corte pontificia. Es más probable que tanto el rey como el filósofo contaran con fuentes de información propias.
Es en 1287 que Ramon Llull abandona el área de influencia aragonesa y consigue acceso a la Sorbona parisina, al patriciado genovés y a la orden franciscana. De su general Raimundo Gaufredi pudo haber recibido autorización para visitar las casas franciscanas de Armenia y Persia. Mejor conocida es su relación personal con el lÃder de los espirituales franciscanos, Ãngel Clareno36. Es también probable que Llull conociera a personas aún más próximas a los ilkhanes persas. Se especula con la posibilidad de que el âtártaro, muy sabio y entendido en filosofÃaâ del que habla en su Liber Tartari e Christiani fuera nada menos que Rabban Bar Sauma37. La misión diplomática del obispo mongol recorrió los mismos lugares (ParÃs, Génova y Roma) en los mismos años que Llull y fue también recibida por Carlos II de Anjou en Nápoles que tampoco lo menciona en sus escritos.
La embajada mongola causó gran sensación en Europa. Formaba parte de la nutrida comitiva otro célebre personaje de la corte persa, servidor personal del ilkhán Arghun, el genovés Tomasso dâAnfossi, mercader que logró tan alto rango en el estado mongol gracias a sus habilidades en las negociaciones con los señores del Occidente latino. No fue ni mucho menos el único italiano en alcanzar cargos de confianza para los khanes. Algunos lograron posiciones aún más altas, como el pisano Isol de Anastasio Bofeti, el sienés Tomasso Ugi o el también genovés Buscarello de Ghisolfi38.
Mercaderes, prestamistas, inversores que encontraron en los negocios, la demanda de lujo y la expansión del comercio una vÃa de acceso a los más altos niveles del estado mongol. La capacidad de estos emprendedores latinos de ampliar el horizonte económico, comercial o cultural sedujo a varios khanes hasta el punto de introducirlos en sus cÃrculos de confianza más próximos, en especial Arghun (r. 1284â1291), Ghazan (r. 1295â1304) y Ãljeitü (r. 1304â1316). Cabe suponer que entre sus funciones como altos cargos de la diplomacia mongola estuviera la de seguir contribuyendo a esta ampliación de horizontes39.
Todos ellos, Ugi, Anffosi, Bofeti, Ghisolfi, mantuvieron contactos con autores de tratados de recuperación: con Llull, con Carlos de Anjou, con Enrique de Lusignan, con los generales templario, Jaime de Molay, y hospitalario, Fulco de Villaret y seguramente algún otro. Estos encuentros pudieron ser decisivos en la formulación de las propuestas de la recuperación si bien, de nuevo, ninguno de sus autores dejó constancia de la existencia de tales encuentros y aun menos de sus posibles consecuencias.
Un caso paradigmático de la dificultad de trasferir contenidos del proyecto recuperacionista entre las cortes orientales y las latinas nos lo proporciona el famoso tratado del prÃncipe Haitón (Hethum) de Córico, sobrino del rey Hethum II de Armenia. En su intento por ganar apoyos en el Occidente latino en la lucha conjunta contra los mamelucos y sabedor del interés del papa por obtener inteligencia sobre como recuperar la Tierra Santa, Haitón se dirige a Aviñón y entrega a Clemente V una hermosa crónica de la historia de Asia desde la Biblia hasta el momento actual cuando la existencia de su reino estaba seriamente amenazada por los mamelucos y que para su supervivencia dependÃa de la alianza entre el ilkhán y los cruzados latinos. La respuesta del papa es curiosa. Pide a Haitón que haga un resumen de la propuesta y la vuelva a presentar siguiendo la estructura de un cuestionario en el que trate las condiciones del enemigo, de su economÃa y sus finanzas, la mejor manera de combatirlos, el momento adecuado para la guerra, la identificación de la ruta y los frentes de ataque, el tipo de liderazgo necesario en el ejercito cruzado e incluso detalles como el avituallamiento, las armas, las monturas, etc40.
La tarea claramente incomodó a Haitón que a menudo se queja y protesta, llegando a sugerir al papa mayor discreción en la conducción de sus asuntos y consistencia en sus compromisos con la operatividad. Haitón era vÃctima sin saberlo de la consolidación de la recuperación como género literario; como un modelo de escritura y un horizonte de expectativas plenamente establecido. Para el armenio era excesiva la orientación hacia cuestiones estratégicas y prácticas. Anticipar resultados en la contienda chocaba con una forma de combatir condicionada por las circunstancias y el aprovechamiento de las oportunidades a medida que se iban presentando y minaba la autoridad de un liderazgo fuerte que sobre el propio terreno debe tener libertad para tomar decisiones, asumir riesgos, amagar y echar mano, cuando puede, del factor sorpresa41.
4 Evolución de la teorÃa
En el Liber de Fine de 1305, Llull hace por fin mención a europeos al servicio de los khanes como mercenarios y otros oficios42. Este segundo tratado de recuperación dirigido al rey de Aragón, Jaime II, y al papa Clemente V supuso para Llull un gran avance en la comprensión de asuntos mongoles, demostrando incluso cierta familiaridad con cuestiones de organización social y militar43. A partir de aquà distingue con seguridad entre el Ilkhanato y la Horda Dorada, está al corriente de tensiones y rivalidades internas en la familia chinggÃsida y ubica con precisión el lugar ocupado por el sultanato mameluco en el escenario creado por los mongoles. Según Llull, la rivalidad entre el sultán y el ilkhán tiene que ser aprovechada para acabar con la mediación de Egipto en el comercio entre el Mediterráneo y el Indico (extra terram Soldani)44. Igualmente debe ser cortada la comunicación entre el sultán y la Horda Dorada al norte del mar Negro que es de donde proceden los esclavos y los caballos que sostienen el ejército mameluco.
Este es el frente que más preocupa a Llull en 1305, preocupación compartida a estas alturas por otros autores de recuperación e incluso por algunos observadores egipcios45. Todos temen la posibilidad de una Horda Dorada devorando a Bizancio para hacerse con el control absoluto del paso entre el Mediterráneo y el mar Negro. Llull considera que, si bien los griegos y los genoveses son actores fundamentales en las relaciones entre los mamelucos y la Horda Dorada, aún hay una posibilidad de ganarlos para la causa de la recuperación que se esfumarÃa definitivamente con la conquista de Constantinopla por los mongoles de la Horda46.
Este tipo de propuestas sitúa a Ramon Llull dentro de una reducida elite latina en términos de acceso a información sensible sobre los mongoles. Para el mallorquÃn, como para otros teóricos de la recuperación, este acceso privilegiado a información actualizada sobre el cambiante escenario geopolÃtico viene acompañado de un patrón de pensamiento fundamental para entender la tratadÃstica de recuperación: que la vulnerabilidad del enemigo no ha de ser buscada en su centro sino en sus conexiones. Está convicción sirve a Llull para hacer otra aportación fundamental a la literatura de recuperación: la apertura de un nuevo frente contra los mamelucos, el norte de Ãfrica. A partir del Liber de Fine, el Estrecho de Gibraltar se convierte en otra de las áreas de intervención estratégica en la lucha por la primacÃa en todo el Mediterráneo. El mallorquÃn no se ocupa de la conquista cristiana del reino de Granada, ni siquiera de la guerra del Estrecho que por esos mismos años estaba siendo librada entre los reinos peninsulares y los merinÃes, sino que propone estos escenarios como lugares de tránsito hacia el Egipto mameluco. Llull ha identificado la rivalidad entre los emiratos descendientes de los almohades en el norte de Ãfrica y quizá la posibilidad de contar con el apoyo de los sultanes háfsidas en una futura lucha contra merinÃes y mamelucos47.
La idea de intervenir en el norte de Ãfrica como parte de la cruzada de recuperación es inmediatamente adoptada y ampliamente publicitada por un autor clave de la recuperación que también sale a escena durante los primeros años del pontificado de Clemente V: el patricio veneciano Marino Sanudo, llamado el Torsello. Su tratado, conocido como Liber Secretorum Fidelium Crucis super Terrae Sanctae recuperatione, el más voluminoso y célebre de todos los existentes, es el resultado de continuos añadidos y varias etapas de composición hasta prácticamente el momento de su muerte en 1343. Estas continuas reelaboraciones se apoyaron también en la lectura de otros tratados de recuperación, especialmente los de Llull y Haitón, al que en alguna ocasión cita textualmente en relación con los mongoles y su compromiso con la causa cristiana. Estos préstamos entre autores de la recuperación48 son especialmente significativos en el caso de Sanudo quien, muy probablemente, tuvo a su alcance información sobre los mongoles fidedigna y actualizada como la producida en el entorno de su compatriota y coetáneo Marco Polo al que, empero, nunca mencionó ni dejó rastro de haber conocido49.
Las interesantes implicaciones de estos plausibles encuentros comienzan con la mera entrada de Sanudo en el género de la recuperación, mediante un breve informe de pocas páginas compuesto entre 1305 y 1306, con valiosÃsima información sobre la geografÃa del Ilkhanato mongol y escuetamente titulado Conditiones Terrae Sanctae50.
Aquà el veneciano hace una aportación de la máxima importancia para dotar de sentido la esquemática propuesta findentina de reemplazar el delta del Nilo por la costa cilicia como conexión mediterránea con el comercio indio. La proclama habÃa ido pasando un tratado de recuperación al siguiente sin realmente ganar espesor. Pero Sanudo por fin está en condiciones de aportar información precisa sobre el tipo y la calidad de la mercancÃa, los medios y los costes derivados del transporte y las mejores rutas para unir el Indico y el Mediterráneo evitando los mercados controlados por el sultán de El Cairo. Da detalles de los puertos situados en la costa oeste de la India, desde Kerala a Gujarat, en el Golfo Pérsico y en la ruta caravanera que atraviesa los dominios iranÃs del ilkhán hasta alcanzar el sur de Anatolia.
La primera propuesta sanudiana de 1305â6 no dice mucho más; es expresada con un lenguaje directo y cierto sentido de urgencia pues el autor es consciente de estar proporcionando al papa información original y sumamente valiosa. La alteración de la ruta propuesta por Sanudo no solo acabarÃa hundiendo al sultán, privándolo de los beneficios de su condición de âseñor de los dos maresâ, sino que supondrÃa un enorme desarrollo de la potencia comercial europea al darle acceso a mercancÃas de mejor calidad y menor precio por lo que el concurso de marineros y mercaderes latinos en el proyecto recuperacionista estaba prácticamente asegurado51. Pero ¿esto era realmente asÃ?52
5 El despegue de la teorÃa
El original tratado de Sanudo de 1305 pasa por una primera reformulación en 1312 y una segunda aún más ambiciosa en 1321. Pero todo sigue girando en torno al primigenio descubrimiento. La ampliación de contenidos hecha por el Torsello tiene por finalidad aumentar su poder de persuasión dentro de un área de análisis mucho más amplia y detallada. Costea de su bolsillo lujosas ediciones que envÃa al papa, pero también al rey de Francia y algunos altos miembros de las principales cortes europeas. Incluye elaboradas miniaturas y mapas, probablemente los primeros en la historia en ser ideados con fines bélicos. Se conservan nueve manuscritos asà de ricamente elaborados, producidos por el propio Sanudo.
A parte de ganar en solemnidad, estos sofisticados recursos gráficos permitieron al veneciano situar su discurso en escenarios amplios y dinámicos. Lo intentó también mediante parábolas, como la del árbol a la que dedica un entero capitulo53. La metáfora busca ilustrar la dinámica que permite una interconexión de mercados a gran escala, abarcando todo el Mediterráneo, el mar Negro y el océano Indico, en un intento de hacer inteligible el vasto ensanchamiento de la conciencia geográfica que hay detrás de las bases capitalistas de la economÃa del sultán. El árbol hunde su raÃces en el océano Indico, de dónde saca los nutrientes que suben por el tronco que es el mar Rojo hasta llegar al delta del Nilo donde brotan las ramas que esparcen frutos y hojas por todo el Mediterráneo, el mar Egeo, el mar Negro y desde Anatolia al Magreb.
Con el uso de imágenes, lujosas y detalladas miniaturas supervisadas por él mismo, Sanudo busca igualmente expresar lo complejo como, por ejemplo, la naturaleza de la cooperación con el ilkhán sugerida al pontÃfice romano54. El papa tiene que sujetar la bestia por el cuello, impendiendo al sultán llegar a la mercaderÃa mientras que el ilkhán, a lomos de otra bestia, acaba con el enemigo común con una flecha en el corazón. Unas palmeras bastan para situar la escena en Egipto y la trompeta del arcángel Gabriel para apuntar el contexto escatológico de la cruzada. (Imagen 1)
Pero la cota más alta en innovación (aunque no cabe descartar el uso de mapas por otros autores de la recuperación)55 fue alcanzada mediante el uso de cartografÃa. Los mapas portulanos o cartas de navegar del tratado de Sanudo fueron hechas por el genovés Pietro Vesconte, uno de los más distinguidos representantes de la primera generación conocida de creadores de mapas modernos. Las distintas áreas del Mediterráneo, el mar Negro y el Atlántico europeo son cartografiados con extraordinaria precisión y acierto en la disposición y distribución de las masas representadas. Entre estos portulanos, uno representa el mar Levantino, las costas sirias y egipcias y su doble conexión con el océano Indico a través del Golfo Pérsico y el mar Rojo utilizando técnicas de portulano, pero sin alcanzar el nivel de detalle y precisión de los mapas del Mediterráneo y el mar Negro, como si de una suerte de boceto se tratara, pendiente de ulterior elaboración56. (Imagen 2)
A partir de estos mapas regionales, Sanudo y Vesconte se proponen crear un mapamundi, claramente esférico y siguiendo las mismas técnicas de elaboración de los portulanos náuticos: representaciones realistas del espacio a escala decimal, haciendo uso de la perspectiva lineal óptica mediante una red distribuida por las treinta y dos direcciones de la brújula medieval. Vesconte y Sanudo se atreven con Ãfrica y Asia, representándolas en su imaginada totalidad, pero contiguas y perfectamente armonizadas con las fidedignas representaciones logradas mediante técnicas âportulanasâ del área mediterránea. Ãfrica está sobredimensionada hacia el sur, pero aparece rodeada de mar y es por tanto circunnavegable (su representación aplicando las técnicas de las cartas de navegar no deja lugar a dudas). El dibujo de Asia por su parte no dista exageradamente de su posición y dimensión real, seguramente, por tanto, sustentada en información empÃrica57. (Imagen 3)



La guerra económica contra el sultán en el Secreta Fidelium Crucis de Marino Sanudo. BAV, Vat. lat. 2972/0024, fol. 7v
El mapamundi de Sanudo y Vesconte sitúa al gran khan y al Preste Juan, asignándoles espacios concretos y claramente diferenciados. Menciona Catay y ubica el lugar de origen de los mongoles y el lÃmite de sus conquistas en las riberas del Indico. El Mar Caspio es bien interpretado y denominado con el nombre de la capital de la Horda Dorada, Saray. Distingue entre una EtiopÃa asiática y una africana. Además de ser la primera representación del mundo hecha con fines geoestratégicos, algunos investigadores lo considera el origen de un auténticamente nuevo género cartográfico denominado mapamundi hÃbrido58. Su repercusión desde luego fue enorme; el modelo predominante durante los siguientes ciento cincuenta años de exuberante producción cartográfica, hasta Fra Mauro, sino más59. El propio Sanudo nos explica la razón: su mapamundi no es una imagen del mundo, como las tradicionales de la Antigüedad y la Edad Media, sino una representación racional del espacio, a escala, susceptible de ser transitado enteramente, haciéndolo âaccesible a los sentidos para aquellos que no conocen el lugar que ocupa en el orbeâ60.



El mar Levantino (1321) con el Este hacia arriba y su relación con los dos brazos del océano Indico, el mar Rojo y el Golfo Pérsico en el Secreta Fidelium Crucis de Marino Sanudo. BAV, Vat. lat. 2972/0229, fol. 109r



Mapamundi (1321) del Secreta Fidelium Crucis de Marino Sanudo. BAV, Vat. lat. 2972/0229, fol. 113r
6 Las raÃces mongolas de (al menos parte de) la teorÃa
Antes de la versión definitiva del Secreta Fidelium Crucis de Sanudo, aparece en 1316 el tratado de recuperación del dominico Guillermo Adán quien también recurrirá a métodos alternativos para presentar su propuesta a Juan XXII. Adán es sin duda uno de los mejores conocedores de los mongoles y un perspicaz observador. Es probablemente el primer informador latino en percibir la inferioridad del ilkhán ante sus primos jochidas de la Horda Dorada apoyados por el sultán mameluco, el emperador bizantino, los turcos de Anatolia y los marineros genoveses y catalanes a los que Adán denomina alexandrinos61.
Tras abordar la conexión entre el sultán y la Horda proponiendo arrebatar a los bizantinos el control de Bósforo, Adán rompe los lÃmites del Mediterráneo y se sitúa en un escenario geográfico mucho más amplio para el que también recurre a la metáfora. Esta vez el mar Rojo es el cuello de un cuerpo cuya cabeza es Egipto, sus brazos y piernas son las rutas comerciales que conectan el delta del Nilo con el Egeo, el mar Negro, el Adriático y el Mediterráneo occidental, y su estómago son las Indias que es de donde realmente procede toda la riqueza del sultán62. La imagen es muy similar a la empleada por Sanudo, pero con una diferencia fundamental. La conversión del mar Rojo en el cuello de la bestia señalaba con precisión su punto de mayor vulnerabilidad.
La idea de sustituir el mar Rojo por el Golfo Pérsico como conexión de los mercados del Indico con el Mediterráneo está inserta en el origen mismo de la teorÃa de recuperación. Pero Fidencio de Padua y después Ramon Llull, Haitón de Córico o Marino Sanudo se limitaron a proponer el bloqueo del delta del Nilo y animar a los mercaderes latinos a utilizar las cabeceras de la ruta ilkhánida en la costa cilicia del sur de Anatolia.
Guillermo Adán da un paso de gigante en comprensión geográfica e introduce en el pensamiento recuperacionista la idea de intervenir directamente también en el mar Rojo, concretamente en el estrecho de Bab el Mandeb y su gran enclave portuario, Adén. Allá convergen las rutas del Indico occidental que, ascendiendo por el mar Rojo y el Nilo, riegan el gran emporio comercial egipcio. Adán comparte la afición con otros teóricos de la recuperación por los estrechos marÃtimos y las intervenciones quirúrgicas. Unas pocas naves bastarán para interrumpir todo ese flujo que sobrealimenta las arcas del sultán y de su ruina se beneficiarÃan todos los defensores de la cruzada.
Adán no cuenta con medios tan sofisticados como Sanudo. Solo dispone de palabras para suavizar la violencia de la novedad63. Es comprensible, dice, que algunos autores se hayan rendido ante la dificultad de transferir en toda su complejidad el plan. Pero acusa a otros de habérselo ocultado al papa intencionadamente, para utilizarlo egoÃstamente en beneficio propio. Adán avala sus averiguaciones con años de viajes de exploración de las islas del golfo de Adén, la cosa este de Ãfrica y la oeste de India, dando todo tipo de detalles geográficos y astronómicos. Pero aun va más allá proporcionando nada menos que la fuente de donde obtuvo la idea de intervenir en el estrecho de Bab el Mandeb y por añadidura el nombre de quienes sabÃan de tal posibilidad y la habÃan mantenido oculta a los defensores de la cruzada durante décadas64.
El 1290 el ilkhán Arghun recibe en Bagdad una nutrida comitiva de marineros y armadores genoveses encargados de construir barcos de guerra en el Ãufrates para llevarlos a Adén. La construcción de las galeras y su flete debÃa tener lugar en el puerto de Basora, pero algo salió mal. Según Adán, los genoveses se dividieron entre güelfos y gibelinos y acabaron matándose entre ellos â para pasmo del ilkhán. Por sorprendente que parezca, la noticia está corroborada por una fuente completamente independiente.
La crónica del obispo sirio Abu al-Faraj Bar Ebroyo, conocido en latÃn como Gregorio Bar Hebraeus, contiene no obstante algunas variaciones. Habla de francos, novecientos en total, reunidos en Bagdad. Setecientos habÃan llegado por tierra desde el Mediterráneo y los otros doscientos estaban al servicio del ilkhán y llegaron a la ciudad navegando el Tigris. El plan efectivamente era construir la flota en Basora para atacar a los egipcios en el mar Rojo, pero no da ninguna noticia más sobre el desenlace de la misión. El episodio es recogido en realidad por el continuador de la crónica de Bar Ebroyo (m. 1286) que lo menciona de pasada a propósito de una rebelión kurda en Mosul que fue sofocada con ayuda de los doscientos marineros francos al servicio de Arghun65.
La mención a estos doscientos francos ha sido tradicionalmente interpretada como prueba de latinos navegando el Indico desde finales del siglo XIII66. Guillermo Adán se está refiriendo a ellos cuando habla de âalexandrinosâ, como los genoveses y catalanes que estaban al servicio del sultán de El Cairo y sus negocios con la Horda Dorada. Entre estos alejandrinos (unos cuarenta mil según el autor) estaban quienes poseÃan los conocimientos técnicos necesarios sobre navegación y construcción de buques en el Indico y a quienes acusa veladamente de no haber informado antes al papa de la debilidad del sultán en este punto concreto.
7 La teorÃa más allá de los mongoles
Adán conoce en profundidad el plan anti-mameluco del ilkhán. Lo tiene totalmente interiorizado y lo maneja con absoluta familiaridad. Da todo tipo de datos sobre la disposición de las costas, las técnicas mejor adaptadas a las distancias, los monzones y las temporadas de navegación. Conoce los puertos, donde conseguir los materiales para la construcción de los barcos, desde donde lanzar los ataques y donde protegerse de las contraofensivas, cuantas naves harÃan falta y como conseguir la tripulación necesaria para armarlas.
Este conocimiento permite a Adán dar otro importante salto cualitativo en la teorÃa de recuperación: desentenderse de los mongoles y abrir aún más el foco geográfico. La debilidad del ilkhán ante la entente formada por la Horda y Egipto, ciertamente compromete la posibilidad de recibir la ayuda militar de los mongoles de Persia para la cruzada de recuperación, por la que, no obstante, aboga de manera clara67. Sin embargo, Adán tiene una alternativa perfectamente viable para continuar con el plan de atacar a los mamelucos desde su retaguardia sin necesidad de apoyo mongol. Los puertos del Golfo Pérsico pueden ser sustituidos por otros situados más allá, bajo el señorÃo de los hindúes de la costa occidental de la India y de los reinos cristianos de Nubia, Etiopia y Socotra que, si bien carecÃan del poder militar de los mongoles, ocupaban una posición geográfica privilegiada con respecto a la gran debilidad estratégica del sultanato egipcio a la entrada del mar Rojo68.
El negus de Etiopia y los chatrias de la costa malabar saldrÃan igualmente beneficiados de la ruina del sultán de El Cairo (y de su aliado el sultán de Delhi) pero son ineptos para la guerra. Esta debilidad militar supone para Adán otra gran oportunidad de cara al proyecto de la recuperación pues solo estarán en condiciones de dar su apoyo a los latinos sin poder exigir nada a cambio. De un plumazo Adán solucionaba uno de los asuntos más espinosos de la alianza con los mongoles: un aliado mucho más poderoso que no reconocÃa supremacÃa alguna, ni siquiera el estatus privilegiado del papa y que fácilmente fagocitarÃan a los latinos después de haber acabado con los mamelucos. Por el contrario, la nueva constelación de aliados mucho más débiles serÃa fácilmente sometida una vez superada la potencia del sultán. Adán conseguÃa dar un paso adelante crucial en la conversión del ideal de dominación universal de la teorÃa de recuperación en un proyecto de conquista realizable.
A medida que las noticias sobre la decadencia del Ilkhanato fueron generalizándose, el plan adaniano comienza a resonar en otros tratados de recuperación. En la versión entregada a Juan XXII en 1321, Sanudo señala a los etÃopes como los nuevos socios con los que serÃa posible coordinar acciones bélicas contra los mamelucos en el mar Rojo. La secuencialidad entre la transferencia del mito del Preste Juan a Ãfrica y la desaparición de la opción del ilkhán como aliado militar en la retaguardia del sultán es palmaria desde la perspectiva de la recuperación. Si bien los autores de la recuperación se abstuvieron de nombrar siquiera al Preste Juan, las dos primeras noticias que lo sitúan en Ãfrica tienen una relación clara con el contexto recuperacionista. Una proviene del mapa portulano desaparecido del famoso cartógrafo genovés Juan de Carignano (m. 1329) emparentado de múltiples maneras con Vesconte y los mapas sanudianos69. La otra es del fraile dominico Jordano Catalán, quien probablemente formara parte de alguno de los equipos de trabajo de Guillermo Adán. La suya es la primera denominación explÃcita del negus etÃope como Preste Juan, hecha a continuación de su petición al rey de Francia de introducir dos buques en el Indico para con solo eso conseguir la dominación mundial70.
El que podemos considerar último tratado de recuperación y a la vez su ejemplar más logrado es el Directorium ad Passagium Facendum de 1332. Se trata de una voluminosa obra anónima, aunque tampoco cabe duda de su proximidad al entorno de Guillermo Adán; sino fue él mismo quien la escribió. Dirigido al rey de Francia Felipe VI por encargo del papa Juan XXII, el Directorium fue públicamente escrutado por un consejo real y después copiado a mano repetidas veces a lo largo de más de dos siglos71. Sin embargo, el Directorium se distingue nÃtidamente de todos sus antecesores en un aspecto crucial: la posibilidad la alianza militar con el Ilkhanato se ha desvanecido y con ella la idea de la guerra económica contra Egipto ya sea en el Mediterráneo o en el Indico, ni siquiera con el apoyo de etÃopes o indios72. El Directorium se desentiende completamente de ellos y concentra toda su energÃa propositiva en un único frente: la conquista de Constantinopla a la que eventualmente seguirá la de TurquÃa, Armenia y, por último, la de Tierra Santa.
No obstante, el Directorium advierte en todo momento que la conquista de Constantinopla forma parte de un plan mayor constituido de ulteriores fases que culminarán con la recuperación de Tierra Santa y por tanto sigue apegado a la recuperación como género literario de adscripción. El hecho de haber sido comisionado por el papa para enviárselo al rey francés es testimonio del prestigio alcanzado por el género literario cuando, de hecho, ya se está hablando de otra cosa73. Además, el Directorium mantiene cierto apego a la teorÃa de recuperación y no renuncia a uno de sus grandes logros discursivos: el extraordinario ensanchamiento geográfico de la teorÃa de cruzada.
En una larga introducción que, a decir verdad, no tiene mucho que ver con el resto del tratado, se ocupa de la geografÃa del océano Indico y la posibilidad de descender en su navegación por debajo del Ecuador, incluso más allá del trópico de Capricornio. El autor del Directorium insiste en la violencia de la novedad y la importancia del descubrimiento que atribuye a descriptores contemporáneos (¿los autores de tratados de recuperación?) ya que antes (¿de la creación del Imperio mongol?) o no estaban habitadas todas las tierras de Asia o los europeos no tenÃan forma de acceder a ellas. En cualquier caso, el descubrimiento es importante y no puede ser obviado. La cristiandad latina se ha descubierto inmersa en un gigantesco escenario geográfico dentro del que ânous soyons boutez comme en un anglet de la terreâ74. Esta nueva conciencia del lugar ocupado por los cristianos transciende incluso la necesidad de recuperar la Tierra Santa pues âil souffist avoir motif pour faire ledict passage que une sy grande multitude de peuple soit ostée hors de ses erreurs et reduitte à la congnoissance de verite et de la foyâ75. La apertura del foco geográfico, la comprensión del espacio y el aprovechamiento derivado de una correcta interpretación de sus posibilidades de articulación apuntan a un tipo de misión de alguna manera mayor que la propia posesión del Santo Sepulcro: la dominación universal que es tanto o más importante que la conquista de Tierra Santa de cara a preparar la ansiada venida del Fin de los tiempos. El Directorium lleva a cabo la operación alquÃmica que permite a la teorÃa de recuperación emanciparse de su causa original y sobrevivir a las condiciones de posibilidad que le habÃan dado vida. Desde esta perspectiva, el Directorium se presta a ser leido como el testimonio más elocuente de la adaptación de la cristiandad latina a la rápida aceleración dada por los mongoles a la integración euroasiática76.
8 El fin de la teorÃa de recuperación
La colaboración estrictamente militar entre los latinos y los ilkhanes nunca fue suficiente para derrotar a los mamelucos egipcios77. Los pocos casos en los que se dio un principio de coordinación no tuvieron mucho impacto en el equilibrio de fuerzas y el papel de la tratadÃstica de recuperación no es siempre evidente. Por supuesto, nada tuvo que ver con la expedición cruzada de 1269 de Jaime I78. Aunque, el intento, igualmente fracasado, de coordinación con Abaqa al año siguiente por parte Eduardo I, bien puede ser puesto en relación con la llegada a Tierra Santa de Tedaldo Visconti y su petición, ya como papa Gregorio X, del tipo de inteligencia que darÃa lugar a la tratadÃstica de recuperación79.
Seguramente el episodio con mayor repercusión fue el intento frustrado de coordinación entre el ilkhán Ghazan, los templarios y los armenios en 1299â1300 que acabó en una breve ocupación mongola de Jerusalén rápidamente revertida por los mamelucos80. La amarga experiencia puede estar detrás de la pérdida de énfasis en la apuesta por la coordinación militar con los mongoles de los tratados de recuperación de los generales de las órdenes militares y el resto de los compuestos a partir del pontificado de Clemente V81. Sin embargo, fue el origen de una leyenda apócrifa sobre la recuperación del Santo Sepulcro por parte de Ghazan, adornada con la conversión del ilkhán al catolicismo y la devolución de Tierra Santa al papa, que tuvo gran difusión y, paradójicamente, pudo suponer un aumento generalizado de apoyo a la idea de la alianza con los mongoles82.
La única victoria clara que cabe atribuir a los latinos en el frente anti-mameluco es la conquista de Rodas por los hospitalarios en 1310 y la instalación de una policÃa marÃtima financiada por Clemente V83. Durante el largo pontificado de su sucesor, Juan XXII (r. 1316â1334), MartÃn, de la segunda generación de la familia genovesa de los Zacarias, señores de la isla de QuÃos, es puesto al mando de una flota pontificia que opera durante todo el año en el Egeo y cuenta con el apoyo de los hospitalarios de la isla de Rodas. En 1317 y en 1320, Génova y Venecia se comprometen solemnemente ante el papa a renunciar al comercio con los egipcios, tanto directamente a través de los puertos del delta del Nilo, como indirectamente a través de mediadores turcos o griegos del mar Negro, Anatolia u otros puertos del Mashreq. Uno de los ejes vertebradores de la tratadÃstica de recuperación, la interrupción de la comunicación de Egipto con el resto del Mediterráneo, llegaba a su máximo nivel de realización bajo la hábil administración del papa dominico84.
Sin embargo, los contratiempos que esta situación pudieron suponer para el sultán de El Cairo fueron compensados con creces por el colapso simultáneo del Ilkhanato persa a lo largo del igualmente largo reinado â y paralelo al de Juan XXII â de Abu Saʾid (r. 1316â1335). Su muerte supuso una crisis sucesoria que acabarÃa con la repartición del Ilkhanato entre clanes turco-mongoles y persas como los chupánidas o los yalayerÃs. Ya antes, en 1323 Abu Saʾid habÃa firmado la paz con el sultán mameluco, en reconocimiento tanto de la fuerza del adversario como de la propia incapacidad bélica. Y aun antes, en 1319, como anticipó el perspicaz Guillermo Adán, el Ilkhanato sufrió uno de los más duros ataques del enérgico khan de la Horda Dorada Uzbek Khan (r. 1313â1341).
La buenos resultados obtenidos por los hospitalarios y los genoveses de MartÃn ZacarÃas no fueron suficientes para asegurar la continuidad del bloqueo comercial de los puertos mediterráneos de Egipto tras la caÃda del Ilkhanato. El papa mantuvo el embargo por razones de prestigio, pero retiró la policÃa marÃtima85. El pontificado dirigió su capacidad punitiva a la venta de excepciones e indultos â concedidos antes o después de la operación comercial â dando lugar a una importante fuente de ingresos que contó con su propia estructura administrativa86. El papa se conformaba con obtener una parte del lucrativo negocio entre los mercaderes latinos y el sultán egipcio, eso sÃ, destinada a la financiación de la futura recuperación de la Tierra Santa.
En el fondo yace la cuestión sobre si la doctrina del bloqueo económico total a Egipto que resuena con fuerza en las páginas de la literatura de recuperación, pero no antes, ni tampoco después, realmente respondÃa a los intereses de los cruzados latinos y si era su mejor opción para enfrentar a los mamelucos y recuperar la Tierra Santa. El giro dado por Benedicto XII â de nuevo, anticipado por el autor del Directorium â sugiere lo contrario.
Esto dificulta considerablemente la posibilidad de explicar el cierre de la tratadÃstica de recuperación, y más concretamente el fin de la doctrina del ataque combinado y del bloqueo económico contra el sultán, por alusión a un contexto simple, centrado en dos contendientes y limitado al Mediterráneo. Tampoco es posible explicar su origen y su desarrollo sin poner el foco en la multiplicación de escenarios, actores y tramas caracterÃstica de la tratadÃstica de recuperación desde su misma concepción.
9 La teorÃa de recuperación vista del lado mongol
Nada más saber de la caÃda de Acre, el papa Nicolás IV habÃa adoptado los dos cursos de acción propuestos por Fidencio. En agosto de 1291 escribió al ilkhán Arghun para coordinar una alianza militar que no llegó a materializarse87 y ordenó a Génova el envÃo de veinte galeras para, bajo el mando del almirante Benito ZacarÃas, atacar los puertos egipcios y que tampoco lograron su objetivo. La flota fue desviada por orden del propio comune y dirigida a la protección de intereses genoveses en las costas de Armenia y Chipre, evitando cualquier interferencia con la actividad comercial en el delta del Nilo88.
Explicar la división entre genoveses es complicado pues no se ajusta estrictamente a la lÃnea divisoria trazada por Guillermo Adán entre genoveses gibelinos, con intereses en Anatolia y Crimea, y genoveses güelfos, más centrados en el oeste mediterráneo89. Benito ZacarÃas habÃa destacado en ambos frentes, contra los merinÃes en el oeste y contra los mamelucos en el este. Sin embargo, fue especialmente sonado el duro ataque dirigido por el almirante contra los mercaderes de AlejandrÃa como represalia por la conquista de TrÃpoli por parte del sultán en abril de 128990. A este frente antimameluco se sumaron los genoveses perjudicados por los ataques mamelucos a los puertos cilicios en 1285 y los genoveses agraviados por el giro en la polÃtica de la Horda Dorada que por esos mismos años daba acceso y privilegios comerciales a los venecianos en el mar Negro91. Es este el sector del que cabe suponer salieron los ingenieros y marineros genoveses llegados por mar y por tierra al Ãufrates para ejecutar el proyecto ilkhánida de atacar a los mamelucos en el mar Rojo; el episodio que la crónica de Bar Ebroyo tÃtulo los âFrancos en Bagdadâ92.
Enfrente tenÃan al sector del comune que daba continuidad a la polÃtica oficial sostenida por Génova desde principios de la década de 1260 con la restauración bizantina, la expulsión de los venecianos del Egeo y la llegada al mar Negro de las primeras consecuencias de la guerra entre la Horda Dorada y el Ilkhanato â como las que impidieron a los hermanos Polo regresar al Mediterráneo. Desde entonces Génova juega un papel fundamental en la creación de un âinédito sistema de alianzas a larga distanciaâ93 entre el Basileo Paleólogo, el khan de la Horda Dorada y el sultán de El Cairo. La firma del primer acuerdo tuvo lugar en El Cairo en mayo de 1263 e inauguraba la entrada de los mongoles en el Mediterráneo94.
Motivados por la creación del Ilkhanato en 1256, la conquista de Bagdad en 1258 y la usurpación por parte de Hülegü de regiones de paso estratégicas en Jorasán, el Cáucaso y Anatolia, el khan de la Horda, Berke (r. 1257â1266), establecÃa contacto con el sultán Baybars (r. 1260â1277). Juntos empezaban un tipo de colaboración estratégica que sin llegar a la alianza militar tenÃa como propósito abrir un frente mediterráneo contra el ilkhán95. Rápidamente descubrieron como ponerse de acuerdo. El tráfico de caballos y esclavos favorecÃa la economÃa pastoril del khan en la misma medida que convertÃa al ejército mameluco en el único de su tiempo capaz de detener a los mongoles de Persia, logrando fijar en el Ãufrates una frontera que a la postre resultarÃa inquebrantable. A este trasiego pronto se añadió todo tipo de mercancÃa y bienes culturales, información e ideas con capacidad de complicar aún más la existencia al ilkhán96.
La coalición buscaba una conexión estable entre el delta del Nilo y el bajo Volga, a través del mar Negro y el Egeo. El tramo en cuestión tenÃa la capacidad de unir dos grandes rutas comerciales (de Egipto a la India y de la estepa cumana a China), dando cierre a un circuito quasi global que abarcaba la práctica totalidad del viejo ecúmene97. Los jochidas â descendientes de Jochi, el hijo mayor de Chinggis y fundador de la Horda Dorada â hacÃan asà frente a su expulsión de la ruta caravanera que atravesaba toda Asia desde TurquÃa, a lo largo del Irán ilkhánida y Asia Central, hasta llegar a la China yuan. La ruta toluida â de los descendientes de Tolui, el hijo menor de Chinggis â, controlada en sus dos extremos por los hermanos Hülegü y Qubilai, también tuvo que vérselas desde el principio con otro formidable adversario, el khanato intermedio de Chagadai â resultado de la fusión de las herencias de los descendientes de Ogodei y Chagadai y denominado en algunas fuentes latinas precisamente como Imperio Medio â, sin duda alentado por los jochidas y con capacidad de controlar pasos vitales de la ruta intra-asiática e interrumpir la comunicación entre las cortes toluidas. Este bloqueo probablemente acelerara la salida al mar de Qubilai y Hülegü quienes en la segunda mitad del siglo XIII lograron integrar varios circuitos navieros del Mar Arábigo, desde la costa este de Ãfrica a la oeste de la India, garantizando la conexión con los puestos avanzados por los mongoles yuan desde el Mar de China al Golfo de Bengala98.
La competencia entre los dos grandes circuitos euroasiáticos surgidos de la rivalidad entre jochidas y toluidas tuvieron un impacto claro en el desarrollo económico del Mediterráneo. Algunos especialistas ven en este contexto la formación del primer sistema económico mundial con centro en el delta del Nilo99, asà como la integración definitiva del Mediterráneo y el mar Negro que a partir de este momento y durante al menos los siguientes dos siglos funcionará como âplaca giratoriaâ del comercio global entre Asia y Europa100.
10 El lugar de la teorÃa de recuperación en las relaciones entre mongoles y latinos
La alianza entre la Horda, el Imperio bizantino y el sultanato mameluco iniciada en 1262 fue ratificada en diciembre de 1281 con la firma de un nuevo tratado que, si bien no mencionaba a los genoveses, hacÃa aún más explÃcita la alusión a un frente común contra âpiratas y enemigosâ101. Este extrañamiento de los ligures en los tratos entre el sultán egipcio, el khan jochida y el emperador griego coincide con el momento de formulación de los dos proyectos genoveses antimamelucos, las flotas de Benito Zacarias en el Mediterráneo y la proyectada por Arghun en el Indico102. Ambos, son interrumpidos abruptamente cuando el alto comisionado genovés Alberto Spinola acuerda en El Cairo, el 13 de mayo de 1290, la paz con el sultán Qalawun103.
El documento destaca por la amplitud de la colaboración acordada. Los mamelucos hacen una serie de generosas concesiones en respuesta a la voluntad reconciliadora de los genoveses quienes asà se aseguran la supervivencia y prosperidad de su importante enclave comercial en AlejandrÃa. Las contraprestaciones exceden claramente el ámbito mercantil. El acuerdo daba continuidad a un proceso de negociación diplomática con diferentes actores mediterráneos comenzado por los mamelucos y la Horda en 1262 que, hablando con precisión, no pueden ser denominados ni tratados militares ni tratados comerciales, si bien se caracterizan precisamente por la complementariedad, incluso relación de causalidad, entre objetivos que historiográficamente es legÃtimo considerar militares y comerciales104.
Del mismo tenor, pero más radical es el acuerdo firmado unos dÃas antes, el 23 de abril del mismo 1290 entre Qalawun y Alfonso III de Aragón. Esta sà que se trataba de una alianza polÃtica de envergadura, la primera entre un sultán mameluco y un soberano occidental que comenzaba fijando las mejores condiciones posibles para los mercaderes de unos y otros puertos105. En su conjunto, apuntaba a un tipo de coordinación tanto militar como logÃstica realmente ambiciosa que, sin embargo, no alcanzó un nivel de materialización a la altura de las expectativas. Si bien el sucesor en el trono aragonés, Jaime II, y el sucesor de Qalawun, al-Ashraf Khalil, renovaron la alianza tres años después, en 1293, incluyendo en la entente al rey de Sancho IV de Castilla y al rey Dionisio I de Portugal106, la Corona continuó con el envÃo de embajadores al ilkhán, en 1293 a Geikhatu y en 1300 a Ghazan. La primera legación, a través de Pere Sesportes de Barcelona, anticipaba al ilkhán la posibilidad de una reconciliación entre Aragón, Francia y el papado que ya en la segunda embajada, a través de otro mercader barcelonés, Pere Solivera, era anunciada como un hecho consumado107. En ambas ocasiones, Jaime II, entroncando directamente con el proyecto de su padre Jaime I, reconoce en el ilkhán al mejor aliado en la lucha para la recuperación de Tierra Santa con el que espera coordinar el desembarco en las costas cilicias de Armenia y repartirse la posesión de Jerusalén una vez arrebatada a los egipcios. Sin embargo, el monarca aragonés continuó alimentando el vÃnculo de amistad con el sultán de El Cairo al que envió nada menos que siete embajadas hasta 1327108.
Está división o desdoblamiento de la polÃtica aragonesa es compartida por otras comunidades involucradas en la integración del Mediterráneo en los dos grandes sistemas de alianzas afro-euroasiáticas jochidas y toluidas: los turcos, los griegos, los armenios, los italianos, etc. Los acuerdos firmados por Qalawun en abril y mayo de 1290 que detuvieron a los ZacarÃas en el Mediterráneo y a los francos en Bagdad, tampoco sacaron a Génova de la órbita de influencia del ilkhán quien mantuvo en lo más alto de su séquito personal a genoveses, como Buscarello de Ghisolfi, con los que siguió avanzando en la negociación con los principales centros de poder de la cristiandad latina.
En este contexto de alianzas lÃquidas constantemente sometidas a la negociación y los cambios de circunstancias, el control de la información es vital. Del lado mameluco también es fácil comprobar el protagonismo dado a la producción y circulación de inteligencia sobre potenciales enemigos durante este momento culmen de la diplomacia egipcia (1288â1293)109. Nada se da por hecho, cualquiera puede ser una amenaza, incluso aquellos que se suponen aliados. El tratado de 1290 entre el sultán y Aragón alude repetidas veces a los posibles adversarios: âEl papa de Roma, los señores francos, coronados o no, grandes o pequeños, los genoveses, los venecianos, las órdenes religiosas, las órdenes militares, los templarios, los hospitalarios o cualquier otra nación cristiana, ya sea de francos o de griegosâ110. Un listado que podrÃamos utilizar con mÃnimas modificaciones para nombrar a los habitantes del género literario de la recuperación.
El documento en cuestión menciona una vez a los mongoles. El rey de Aragón tiene que comprometerse a informar cumplida e inmediatamente de cualquier movimiento contra los intereses del sultán proveniente del papa, los Anjou o los mongoles, tanto si actúan por separado o conjuntamente111. La naturaleza de la información solicitada pude ser inferida de las condiciones impuestas por Qalawun al rey León III de Armenia Cilicia unos pocos años atrás, tras la victoria de junio de 1285, con el mismo propósito de apartarles definitivamente de la órbita de intereses del ilkhán de Persia y el papa de Roma: âNo proporcionaré inteligencia sobre los territorios del sultán [â¦] ni daré consejos que conduzcan a malas acciones [â¦] ni tampoco me comunicaré con ningún enemigo del sultán ya sea mediante señales, escritos, cartas, embajadas o de viva vozâ112. De nuevo, las palabras del sultán sitúan el tipo de inteligencia que dio origen a la teorÃa de recuperación en un área tensionada por demandas igualmente urgentes procedentes no de uno sino de varios núcleos de poder.
¿SerÃa por tanto la filtración de una operación fallida contra los mamelucos actuando coordinadamente desde dos frentes separados por miles de kilómetros, mediante una galaxia de alianzas articulada por el ilkhán, la que habrÃa llegado a los oÃdos del papa adoptando la forma de tratados de recuperación de Tierra Santa? Con mayor o menor acierto a la hora de identificar escenarios y actores hasta entonces mal conocidos en el universo latino, autores como Fidencio de Padua, Ramon Llull y Carlos II de Anjou, pudieron estar entre los primeros en tener acceso, quizá por vÃas distintas, al plan ilkhánida para atraer a genoveses y aragoneses, y apartarlos de la órbita de intereses de la Horda y El Cairo. Son los primeros de los que tenemos constancia, eso sÃ, en fusionar el proyecto literario de la recuperación comenzado quince años atrás bajo la iniciativa del papa Gregorio X con un plan de acción de procedencia tÃpicamente mongola, consecuencia de la guerra entre jochidas y toluidas y calcado de su modo no-compartimentado de entender las relaciones polÃticas, como amalgama de transacciones bélicas y mercantiles. Todo ello sobre un escenario geopolÃtico creado por los mongoles y que, por sus extraordinarias dimensiones, nadie estaba en condiciones de comprender mejor y sacarle más rendimiento.
O quizá sÃ. Si bien no es este el mejor momento para abordarla en toda su complejidad, la aventura de los hermanos Vivaldi merece ser cuando menos mencionada a este propósito. Los dos naves tripuladas por doscientos o trescientos genoveses, dos franciscanos y los almirantes Ugolino y Vadino Vivaldi, fueron financiadas por miembros de las mismas familias del patriciado genovés, los Doria y los Spinola, que habÃan dado al traste con la operación de los âFrancos en Bagdadâ firmando la paz de mayo de 1290 con Qalawun. Son muchas las fuentes que aluden al osado intento de alcanzar el Indico a través del Atlántico (seguramente circunnavegando Ãfrica, aunque la posibilidad de la navegación hacia el Oeste no puede ser descartada), algunas limitándose a certificar su partida del puerto genovés en la primavera de 1291 y otras asegurando su paso por Gibraltar, las Canarias e incluso su llegada a Somalia113. Pero hay una particularmente cercana en el tiempo, el Conciliator de Pietro dâAbano, que la pone en relación directa con la acción de los mongoles a escala global114. Asà visto, resulta de lo más convincente entender la expedición de los Vivaldi de 1291 como la solución al conflicto entre genoveses del lado del ilkhán y genoveses del lado de la Horda y los mamelucos, abriendo una tercera vÃa de circulación global libre de la competencia entre las diferentes ramas de la familia mongola.
11 Conclusión
Una carta de 1305, la última de la que tenemos constancia de las enviadas por los ilkhanes al Occidente latino, de Ãljeitü a Felipe el Hermoso y Clemente V habla explÃcitamente de las bondades del comercio y de la importancia de las rutas que hacen posible la comunicación a lo ancho de la mayor parte de Eurasia. Lo hace a propósito de la celebración de la reunificación, fugaz a la postre, de los cuatros khanatos y el restablecimiento del yam en su totalidad: la red de postas cuya creación, mantenimiento y promoción constituyó una de las lÃneas primordiales de acción del gobierno imperial desde sus orÃgenes con Chinggis Khan. Fue su sucesor, Ogodei, quien dando el mayor rango de protección jurÃdica posible al yam, institucionalizaba uno de los fundamentos ideológicos del Imperio mongol: su apuesta por la circulación de la energÃa en todas sus manifestaciones posibles y en todas los sentidos disponibles, desde el botÃn, al comercio, la diplomacia, los peregrinos, los poliglotas, las plegarias o los mantras115.
Setenta años después, Ãljeitü ofrecÃa al papa y al monarca francés formar parte de esa enorme red de carreteras que unÃa todo el viejo ecúmene âda unde lo sole si leva infine ale vostre confiniâ. Desde aquà razona el ilkhán la larga historia de amistad entre los mongoles y los latinos, como la búsqueda de una relación comercial y la lucha contra todo obstáculo que se interponga entre âvoi e noiâ, aludiendo a los mamelucos sin nombrarlos116.
Otro de los testimonios mongoles sobre la intencionalidad de su propuesta de alianza con los latinos es la de Rabban Bar Sauma. Estando en Génova a principios de 1288 dijo haberse encontrado por casualidad con el cardenal Girolamo Masci, apenas unos dÃas antes de ser elegido papa, y en una conversación informal le confiesa que son los mongoles quienes están realmente interesados en la recuperación de Jerusalén, más que los latinos. El futuro papa Nicolás IV asiente resignado, pero le asegura que tratará el asunto con los cardenales de Roma y es por esa razón, sugiere la crónica del mongol, que es elegido Sumo PontÃfice117. La noticia sirve para celebrar el prestigio del obispo nestoriano en una crónica elaborada para consumo interno de los cristianos persas que son edificados con una historia sobre la división de un lejano Occidente un tanto provincial e incapaz de seguir el paso marcado por los nuevos señores mongoles con pretensiones universales.
Estos testimonios dan cuenta de dos aspectos importantes de las relaciones entre los ilkhanes y los latinos: que la iniciativa siempre fue de los mongoles y que nunca estuvo del todo clara la naturaleza de la colaboración propuesta.
En abril de 1262, Hülegü (r. 1256â1265), el fundador de la dinastÃa ilkhánida, lanza al Occidente latino su propuesta de alianza. Hasta entonces de la cancillerÃa del khan solo habÃan salido exigencias de obediencia y rendición118. Ahora en cambio, emula a su primo Berke, el khan jochida, dándole más horizontalidad a las relaciones internacionales para usarlas como recurso contra sus primos de la Horda Dorada y los mamelucos. Al principio los ilkhanes emplearon como embajadores a cristianos orientales y mongoles119. Pero a partir de la misión de Bar Sauma escoltada por el oficial ilkhánida Tomasso dâAnfossi, fueron mercaderes italianos en su mayor parte quienes dirigieron las célebres comitivas mongolas en gira por el Occidente latino, sus cortes y sus ciudades, llevando maravillosos regalos y propuestas de amistad. Los hemos nombrado arriba y también sus conexiones con varios autores de tratados de recuperación120.
Siempre jugó un papel fundamental en el proyecto de alianza franco-ilkhánida, el reino hethúmida de Armenia que, también a mediados de la década de 1280 comienza a apoyarse en agentes latinos para comunicarse con los señores de Occidente, en este caso frailes franciscanos, buena parte de ellos del sector de los espirituales, ya por entonces reputados por su inclinación a la disidencia. Los más célebres, Juan de Montecorvino y Tomás de Tolentino, se movieron con gran libertad entre las cortes armenia, mongol y pontificia en unos años cruciales en las relaciones entre ellas. Quizá Fidencio de Padua era uno de ellos.
El avance en la comprobación de tales hipótesis aproximará aún más el estudio de la tratadÃstica de recuperación a las investigaciones sobre el proyecto de alianza entre el ilkhán y los latinos. Esta es otra de las áreas de análisis historiográfico hasta ahora dominada por los paradigmas del fracaso, calificándola de una âoportunidad perdidaâ o un dialogo imposible entre âdos ideologÃas universalistas irreconciliablesâ121. Ciertamente se trata de una historia rocambolesca. Separadas por miles de kilómetros y millas náuticas, las cortes latinas e ilkhánida tenÃan detrás una larga historia de desconfianza y engaños. El papa buscó siempre el bautismo de los khanes como garantÃa de seguridad una vez fuera conseguida la victoria esperada contra el enemigo común y quedara a solas, cara a cara, con los mongoles. La petición pontificia, sin embargo, escondÃa una invitación al reconocimiento de la propia supremacÃa que debió resultar excesiva para los ilkhanes, añadiendo aún más dificultad a la comunicación122. Una comunicación ya de por si complicada por la problemática relación de los mongoles con la escritura, los errores de traducción e interpretación, la manipulación efectuada por mediadores interesados â como los denunciados por Adán â e incluso el susto de los papas ante las amenazas mongolas que pudieron influir en la manera de procesar la comunicación recibida123. CabrÃa añadir un sinfÃn de complicaciones derivadas de la comunicación interétnica y el difÃcil acceso a través del archivo a antiguas misiones diplomáticas con un fuerte componente de espionaje y contraespionaje.
Los tratados de recuperación tienen un potencial no aprovechado hasta ahora para aclarar esta cuestión pues podrÃan ser indicadores de la existencia de una tercera vÃa de comunicación entre civilizaciones separadas por lenguas, religiones y miles de kilómetros. Los tratados de recuperación son la expresión de un movimiento social amplio activado por las condiciones de posibilidad creadas por la integración euroasiática lograda por los mongoles a lo largo del siglo XIII y, más especÃficamente, por las oportunidades puestas sobre la mesa por el Ilkhanato para reorganizar el equilibrio de fuerzas y disputarles a los imperios islámicos la primacÃa en el Mediterráneo. Ciertamente, el proyecto polÃtico abanderado por los tratados de recuperación es más amplio y controvertido, con múltiples implicaciones y derivaciones que convierten este corpus literario en un lugar fundamental para el estudio de la polÃtica internacional del bajo medievo. Por el momento, la descripción de la dirección y de la trayectoria del movimiento â de abajo a arriba y de la periferia al centro â de las ideas que dieron lugar y forma al género literario de la recuperación espera aportar argumentos suficientes para revaluar el papel de los mongoles â y del mundo creado por ellos â en este fenómeno de transferencia transcultural con efectos duraderos en el desarrollo de la imaginación polÃtica de la Europa latina124.
Algunos ejemplos tardÃos de adscripción al género de la recuperación de finales del siglo XIV y del XV son los famosos textos de Philipe de Meziers, Bertrandon de la Broquiere o Emanuel Piloti. Investigadores como Adam Knobler, Mythology and Diplomacy in the Age of Exploration (Leiden: Brill, 2017); Alphonse Dupront, Le Mythe de croisade, vol. 1 (ParÃs: Gallimard, 1997); Norman Housley, The Later Crusades. From Lyons to Alcazar, 1274â1580 (Oxford: Oxford University Press, 1992); y, âPerceptions of crusading in the mid-fourteenth century: the evidence of three textsâ, Viator, 36 (2005); o Aziz Atiya, The Crusade in the later Middle Ages (Londres: Methuen, 1965) se apoyan en este tipo de ejercicios literarios, caracterizados por la nostalgia de un tiempo largamente pasado, para adoptar una perspectiva temporal tan amplia que diluye el reconocimiento de la especificidad del corpus recuperacionista sumiéndolo en un largo proceso de transmisión de información bajo el signo del mito y la propaganda. La cruzada se transformarÃa significativamente a lo largo de los siglos XIV y XV, pero según estos grandes historiadores, lo hizo más en respuesta a la evolución interna de la mentalidad medieval y sus estereotipados atajos cognitivos.
Benjamin Kedar, Crusade and Mission (Nueva Jersey: Princeton University Press, 1984) opta por la palabra declive para esta fase del pensamiento cruzadÃstico que califica de extravagante. En esto sigue otra larga tradición epistemológica, complementaria a la expuesta en la nota anterior, que sitúa en 1291 el fin del fenómeno y la esencia de las cruzadas, por ejemplo, Steven Runciman, A History of the Crusades. The Kingdom of Acre and the Later Crusades, vol. 3 (Cambridge: Cambridge University Press, 1954); Jean Richard, Royaume Latin de Jérusalem (ParÃs: Presses Universitaires de France, 1953); o Keneth Setton, The Papacy and the Levant, Volume I (Filadelfia: American Philosophical Society, 1976). Por el contrario, algunas de las innovaciones son señaladas más adelante en la nota 30.
Quae sunt advertenda pro passagio ultramarino et que sunt petenda a papa pro persecutione negocii de Guillermo de Nogaret y el Concilium super negotio Terre Sancte de Jaime de Molay en Joseph Delaville Le Roulx, La France en Orient au XIVâ ° siecle, vol. 1 (ParÃs: Ernest Thorin, 1886); el Liber sancti pasaii Christicolarum contra sarracenos pro recuperatione Terrae Sanctae de Galvano de Levanto en Charles Köhler, Melanges puor servir a lâhistoire de lâOrient Latin et des Croisades, vol. 1 (ParÃs: Leroux, 1906); el De Recuperatione Terre Sancte de Pierre Dubois en Charles Langlois, Collection de textes pour servir a lâetude et lâenseignement de lâHistoire (ParÃs: Picard, 1891); el Consilium de Enrique II en Louis Mas Latrie, Histoire de lâîle de Chypre sous le règne des princes de la maison de Lusignan, vol. 2 (ParÃs: Imprimerie Impériale, 1861); el Coment la Terre sainte puet estre recouvree par les Crestien de Fulco de Villaret en Jacques Paviot, Projects de croisade, v.1290âv.1330 (ParÃs: LâAcademie des Inscriptions et Belles-Lettres, 2008).
Walther Brandt, âPierre Dubois: Modern or Medieval?â, The American Historical Review, 35, 3, (1930).
Eugene Kamar, âLe Project de Raymond Lull De Acquisitione Terrae Sanctaeâ, Studia Orientalia Historica (1961), 101, considera que con la adscripción a la literatura de recuperación el mallorquÃn quiso evitar quedarse en âdehors de son tempsâ. Para Fernando DomÃnguez Reboiras, âLa idea de cruzada en el Liber de Passagio de Ramon Llullâ, Patristica et Medievalia, 35 (2004), 68, se trataba más bien de una âexpresión de ingenuidadâ. Siguen la misma clave de análisis las grandes biografÃas de Anthony Bonner, Selected Work of Ramon Llull, 1232â1316 (Princeton: Princeton University Press, 1984) y Jocelyn Hillgarth, Ramon Lull and Lullism in Fourteenth Century France (Oxford: Oxford University Press, 1971).
El primero en dar un tratamiento de conjunto a los tratados de recuperación, Delaville, La France en Orient au XIVâ ° siecle, era de la opinión que la clave de lectura para este cuerpo debÃa ser nacionalista. Paolo Evangelisti, Fidenzio da Padova e la letteratura crociato-missionaria minoritica. Strategie e modelli francescani per il dominio, XIIIâXV sec. (Nápoles: Il Mulino, 1998), apuesta en cambio por aumentar la atención a aspectos simbólicos más relacionados con el desarrollo del pensamiento económico moderno.
Christopher Tyerman, âMarino Sanudo and the Lost Crusade: Lobbying in the Fourteenth Century. The Alexander Prize Essayâ, Transaction of the Royal Historical Society, 32, 5 (1982).
âAn utopian enterprise that was manipulated by medieval rulers to advance their own particular interestsâ según Sophia Menache, âWhen Ideology met Reality: Clement V and the Crusadeâ en Michel Balard, ed. La Papauté et les Croisades (Londres: Routledge, 2016), 116.
Sophia Menache, âPapal Attempts at a Commercial Boycott of the Muslims in the Crusader Periodâ, Journal of ecclesiastical history, 23, 2 (2012), 257, en esta ocasión considera los tratados de recuperación la expresión de una âpsychological responseâ que forma parte del âsame Augustinian emotional index against Muslims, Jews, lepers or hereticsâ. Michel Balard, Les Latins en Orient, XIâXV siècle (ParÃs: Presses Universitaires de France, 2006), 271, siguiendo la célebre formulación de la historiografÃa francófona, los considera un âhorizon onirique de la pensée occidentaleâ.
La primera consideración de la literatura de recuperación como género literario tuvo el efecto de aumentar la visibilidad de la cuestión mongola: Sylvia Schein, Fidelis Crucis. The Papacy, the West, and the Recovery of the Holy Land, 1274â1314 (Oxford: Clarendon, 1991). Y aun dio más importancia a las numerosas menciones a los mongoles, la siguiente gran monografÃa sobre el género: Anthony Leopold, How to Recover the Holy Land: The Crusade Proposals of the Late Thirteenth and Early Fourteenth Centuries (Aldershot: Ashgate, 2000).
Al respecto: Antonio GarcÃa Espada, âThe Geographical Enlargement of the Crusade Theory After 1291. Its Subaltern Rootsâ en Jacques Paviot, ed. Les Projets de Croisade. Géostratégie et diplomatie européenne du XIVe au XVIIe siècle (Toulouse: Presses Universitaires du Midi, 2014), 109â24.
Quienes más atención han prestado a este asunto son Luca Mantelli, âDe Recuperatione Terrae Sanctae: dalla perdita di Acre a Celestino Vâ, Rivista di Storia della Chiesa in Italia, 67, 2 (2013); y âDe Recuperatione Terrae Sanctae: da Bonifacio VIII alla crisi del modello dâalleanza cristiano-mongolaâ, Rivista di Storia della Chiesa in Italia, 68, 1 (2014); Luca Demontis, âQuomodo Terra Sancta recuperari potest. Fidenzio da Padova, Raimondo Lullo e il superamento della crociataâ, Antonianun, 90, 3 (2015). En el extremo opuesto, entre la abundancia, citamos solamente estudios de gran influencia como el de Denis Sinor, âThe Mongols in the Westâ, Journal of Asian History 33,1 (1999), que no encuentra vÃnculo alguno entre la cruzada de recuperación y los mongoles pues considera que éstos, en general: âbrought no lasting contribution to the Western Civilizationâ, 40.
Un giro similar tiene lugar en la diplomacia egipcia que en este mismo contexto establece las primeras alianzas polÃticas con regÃmenes no musulmanes por una duración que supera los tradicionales diez años a los que el derecho islámico limitaba los pactos con soberanos no musulmanes: Peter M. Holt, Early MamlÅ«k diplomacy (1260â1290): treaties of Baybars and QalÄwÅ«n with Christian rulers (Leiden: Brill, 1995), 27 y Bogdan Smarandache, â1293: An Aragonese â MamlÅ«k Agreement from al-QalqaÅ¡andÄ«âs á¹¢ubḥ al-aʿšÄâ, Transmediterranean History, 4, 2 (2022), 9.
Al respecto véase en este volumen el capÃtulo de RodrÃguez GarcÃa.
En palabras de Haitón: âJe nâaurais en effet pas eu lâaudace de donner mon avis sur une question aussi épineuse si Votre Révérendissime Paternité ne me lâavait ordennéâ en: Thomas Tanase, ed. Hayton. La Fleur des histoires de la terre dâOrient (Toulouse: Anacharsis, 2023), 258. Guillermo Adán lo formula de esta otra manera: âQuamuis enim ego et mei similes non possumus scire, nec decet, eius ordinationis profunditatem, nec eius alti consilii plene cognoscere ueritatemâ en: Giles Constable, William Adam. How to Defeat the Sarracens (Washington: Dumbarton Oaks, 2012), 60.
La única excepción a esta regla serÃa el mapamundi del tratado de recuperación de Sanudo sobre el que diremos algo más adelante.
Del texto de 1289 titulado Via ad Terram Sanctam hay dos copias ligeramente modificadas de 1293 y 1307 rebautizado como Memoria Terre Sancte. Comparten con Fidencio la centralidad de la alianza con el Ilkhanato, el desembarco en la Armenia Cilicia y el movimiento de las tropas de norte a sur contra los mamelucos. Según Paviot, Projects de croisade, 19â23 y 171â181, fue escrito en la órbita de intereses del reino armenio de Cilicia y para Antonio Musarra, Il crepuscolo della crociata: lâOccidente e la perdita della Terra Santa (Bolonia: Il Mulinio, 2018), cap. 6, no hay duda de que su autor es un âorientaleâ que escribe en vida del ilkhán Arghun y por eso hace clara la causa a favor de la alianza con los mongoles.
Jonathan y Louise Riley-Smith, The Crusades. Idea and Reality, 1095â1274 (Londres: Edward Arnold, 1981). El obispo de Olmutz se centra en la pacificación de Europa y la elección de un nuevo emperador; el franciscano de Tournai apuesta por contratar mercenarios; el dominico de TrÃpoli sugiere sustituir la guerra por la predicación; y, en su De praedicatione sanctae crucis contra Saracenos, Humberto, general de los dominicos, entra en algunos detalles técnicos para defender la idea de una gran cruzada dirigida a la ocupación permanente de la Tierra Santa pero su discurso es eminentemente histórico y moral. Disponible en http://www.jggj.dk/saracenos.htm.
El primero en sacar consecuencias de este hecho fue Evangelisti, Fidenzio da Padova, identificando un lenguaje común y una misma intención apologética en defensa sobre todo del sector espiritual de la orden. Sobre la circulación entre franciscanos de esta suerte de genero emergente de la descripción de Asia ver en este volumen el capÃtulo de José Miguel de Toro.
Aconsejaba al papa el uso de exploratores como hacÃan el sultán y el khan: Jacques Paviot, âComment reconquerir la Terre Sainte et vaincre les Sarrasinsâ en Michel Balard, Benjamin Kedar y Jonathan Riley-Smith, eds. Dei Gesta per Francos (Aldershot: Ashgate, 2001), 83. Ramon Llull recomendará a los ejércitos latinos imitar lo más posible a los mongoles, particularmente en asuntos de organización militar: Ramon Llull, Liber de Fine, en Raimundi Lulli Opera Latina, tomo IX, Corpus Christianorum, vol. 35 (Turnhout: Brepols, 1981), 279.
Delaville, La France en Orient, 19 supuso que llegó al II Concilio de Lyon acompañando la embajada griega o la tártara.
Sobre la proximidad de Juan de Montecorvino a este mismo entorno de franciscanos espirituales protegidos por Nicolás IV y la casa real armenia véase: Andrea Tilatti, âStanchi di viaggiare? Giovanni da Montecorvino e Odorico da Pordenoneâ en Frati Mendicanti in Itinere (Assisi: Societa internazionale di studi francescani, 2020).
Bayarsaikhan Dashdondog, The Mongols and the Armenians, 1220â1335 (Leiden: Brill, 2011). Sobre las primeras misiones diplomáticas armenias a Occidente ver el capitulo de Marcos Hierro.
El conflicto entre zelanti de Armenia y conventuales de Acre en Girolamo Golubovich, Biblioteca Bio-bibliografica della Terra Santa e dellâOriente francescano, tomo 1 (Quaracchi: Collegio di San Bonaventura, 1906), 327â39. La división entre franciscanos conventuales y espirituales podrÃa seguir también la división entre mongoles jochidas y toluidas sobre la que volveremos más adelante: Thomas Tanase, Jusquâaux limites du monde. La papauté et la mission franciscaine de lâAsie de Marco Polo à lâAmerique de Christophe Colomb (Roma: Ãcole Française de Rome, 2013), 426.
La prematura muerte del papa dificulta su pleno reconocimiento: Philip Baldwin, Pope Gregory X and the Crusades (Woodbridge: Boydell, 2014); James M. Powell, âA Vacum of Leaderchip. 1291 Revisitedâ en Michel Balard, ed. La Papauté et les Croisades (Londres: Routledge, 2016).
Según Fidencio el desembarco en Acre no era conveniente por estar en medio de las posesiones mamelucas. Sin embargo, ya en 1269 el Ilkhán Abaqa habÃa sugerido a Jaime I de Aragón el desembarco de tropas latinas en los puertos de Armenia. Ver en este volumen los capÃtulos de Reuven Amitai y Ernest Marcos Hierro.
âA new idea to Europeans as a wholeâ según Schein, Fidelis Crucis, 224, y la primera vez que eran aplicadas ideas económicas a la planificación de la cruzada según Delaville, La France en Orient, 21.
El embargo según Stefan Stantchev, âThe Medieval origins of embargo as a policy toolâ, History of Political Thought, 33, 3 (2012) principalmente manipula los mercados para obtener posiciones de ventaja. La aparición en el contexto de la recuperación de la doctrina del embargo total es reducida por Baker a una estrategia dirigida a evitar el tráfico de esclavos pues podÃa ser camuflado con la compraventa de otros productos. Quizá por eso no puede explicar que el pontificado fuera por detrás de las repúblicas marÃtimas en la regulación de este tipo de comercio, Hannah Baker, That most precious merchandise. The Mediterranean Trade in Black Sea Slaves, 1260â1500 (Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 2019), 202.
Esta es otra de las propuestas fidentinas que más importancia tendrá en el desarrollo del género de la recuperación. Aquà en la formulación dada por Guillermo Adán veinte años más tarde: âEt quia forte huiusmodi homines non possent sufficere ad expensas quas haberent facere in uie longitudine et in predictis galeis, ad hoc necessario componendis predicto preposito concedatur ut centum excommunicatos de Alexandria absoluere ualeat, qui aliquid pro expensis soluant, uel se exponant ad hoc seruitium personaliter exequendumâ, Constable, William Adam, 102.
La idea del passagium particulare en los planes de Gregorio X era una suerte de compensación circunstancial a la impracticabilidad del passagium generale según Baldwin, Pope Gregory X, 75. La confusión empero abrió un importante espacio a la planificación de preparativos y la anticipación de futuribles. Esta suerte de dilazione programatica según Franco Cardini, Studi sulla storia e sullâidea di crociata (Roma: Jouvence, 1993), 356, fue responsable, sobre todo a partir del Concilio de Vienne de 1311, del desarrollo de importantes ideas relacionadas con la financiación de las monarquÃas nacionales, con la burocracia y con nuevas formas de instrucción y de evangelización. La fórmula conocerá un gran desarrollo a partir de la segunda mitad del s. XIV cuando la piraterÃa contra los otomanos pasó a ser legalizada por el papa equiparándola al passagium particulare: Benjamin Weber, âTowards a Global Crusade? The Papacy and the Non-Latin World in the Fifteenth Centuryâ en Norman Housley, ed. Reconfiguring the Fifteenth-Century Crusade (Londres: Palgrave Macmillan, 2017).
Todo el planteamiento fidentino cabe en un párrafo: âQuintum boum galearum supradictarum est quia Sarracenis de Egipto non solum perdent theoloneum quod percipiunt a Cristianis qui portant merces suas in Egiptum, sed ipsis perdent etiam emolumentum quod ipsi a mercatoribus que de India per mare Rubrum portant piper et alias species in Egiptum. Si enim mercatores cristiani non emant piper et alias species que portantur de India, non erit qui emat; et sic frustra laborarent mercatores venientes de India. Et ideo opportet quod illa via de India in Egiptum, cessare debeat, sict cessare debet via Cristianorum ad terram Egiptiâ. A continuación añade la alternativa de la ruta comercial que a través del Golfo Pérsico âdeferentur in Armeniam ab India et non ab Egiptoâ: Liber recuperatione Terre Sancte editado por Paviot, Projects de Croisade, 140â1.
Los casos más evidentes, los de Ramon Llull, Enrique II Chipre y sobre todo Fulco de Villaret cuyo extraño proceder discursivo también llamó la atención de Baker, That most precious, 196.
Gheorghe Bratianu, âLe Conseil du roi Charlesâ, Revue Historique du Sud-Est Européen, 19, 2 (1942), 353â61.
Ramon Sugranyes de Franch, âTraité sur la manière de convertir les infidelsâ, Raymond Lulle Docteur des Missions (Schöneck: Novelle Revue de Science Missionaire, 1954), 131â42. Este primer tratado, probablemente escrito entre 1291 y 1292, es resumido y presentado en 1295 al nuevo papa Celestino V con el tÃtulo de Quomodo Terra Sancta recuperari potest. Al año siguiente Llull presenta una tercera versión del mismo a Bonifacio VIII: Josep Perarnau i Espelt, âLa còpia manuscrita medieval de les tres lletres de Ramon Llullâ, Arxiu de textos catalans antics, 21 (2002), 179.
Ramon Llull, Liber de Fine, 281. âEt christiani, sicut Ianuenses et etiam Catalani, assumerent ire emptum species Abaldach et Indiam; et sic extra terram Soldani. Et sic terra aegyptiaca et babylonica esset afflicta taliter a sex annis, quod per christianos faciliter posset capiâ.
Siguiendo la biografÃa hecha por Fernando DomÃnguez Reboiras, Ramon Llull. El mejor libro del mundo (Madrid: Arpa, 2016).
La mención al sabio tártaro está contextualizada en un debate teológico claramente dirigido contra la doctrina nestoriana de los mongoles: Jordi Gayá, âRamon Llull en Oriente, 1301â1302. Circunstancias de un viajeâ, Studia lulliana, 37, 93 (1997), 44â8.
Jean Richard, âIsol le Pisan: un aventurier Franc gouverneur dâune province mongoleâ, Central Asiatic Journal, 14, 1â3 (1970); Jacques Paviot, âBuscarello de Ghisolfi, marchand génois intermédiaire entre la Perse mongole et la Chrétienté latineâ, La storia dei Genovesi, 11 (1991). El extraordinario testimonio de Buscarrello en: Abel Rémusat, âMeÌmoires sur les relations politiques. Second MeÌmoireâ, Histoire et mémoires de lâInstitut royal de France, tomo 7 (1824). Y en general: Michel Balard, âGeÌnois et Pisans en Orient (fin du XIIIâdeÌbut du XIV sieÌcle)â, en Michel Balard, Gênes et la mer (Génova: Societa ligure di storia patria, 2017); y Luciano Petech, âItalian Merchants in the Mongol Empireâ, Journal Asiatique, 259 (1962).
Sobre la complementariedad entre comercio y diplomacia y la habilidad de los emigrantes latinos de entender la economÃa del regalo como vÃa de acceso preferente a la corte ilkhánida véase Riccardo Liberati, âForging Bonds across Continents: Italian Merchants and Īl-KhÄnid Diplomacyâ, Crossroads, 22, 1â2 (2023), 26â50. Respecto a la aportación a la cruzada de recuperación y la coordinación entre el ilkhán y el Occidente latino para lucha antimameluca destaca el estudio de la figura de Buscarello de Ghisolfi y su hermana Giovanna: Giovanni Di Bella, âNobildonne genovesi verso la Terra Santa con lâiÌl-khaÌn MahÌ£muÌd GhaÌzaÌn. Gli interessi politici di Bonifacio VIII (1296â1302)â, Peloro, 8, 2 (2023). Perspectiva contemplada también por Paviot, Projects de croisade, y Jean Richard, Au-dela de la Perse et de lâArmenie. LâOrient latin et la découverte de lâAsie intérieure (Turnout: Brepols, 2005), 70 y 185.
Veáse la introducción de Charles Köhler, âHayton. La Flor des Estoires de la Terre dâOrientâ, Recueil des historiens des croisades. Documents armeÌniens, 2 (1906), xxviâcxxx; e, Irene Bueno, âLe storie dei Mongoli al centro della cristianitaÌ. Hetâum da Korykos e i suoi primi lettori avignonesi, Marino Sanudo e Paolino da Veneziaâ, Reti Medievali Rivista, 17, 2 (2016).
âJe confesse devant vous, Trés Saint Père, ne pas être suffisamment compétent pour pouvoir donner mes conseils sur la manière dont devrait être menée une affaire comme le passage en Terre sainte. Cependant, afin de ne pas subir le châtiment destiné à un fils désobéissant, il me convient dâobéir au mandat at aux ordres de Votre Sainteté [â¦] et sous réserve de ce que de plus sages pourront conseillerâ, Tanase, Hayton, 242. âJe nâaurais en effet pas eu lâaudace de donner mon avis sur une question aussi épineuse si Votre Révérendissime Paternité ne me lâavait ordennéâ, Tanase, Hayton, 258. âIl est plus sage de dissimuler les intentions et les projets des christians, afin que les enemies ignorent ce quâils se proposent dâentreprender [â¦] multiples manières que les proyets et desseins des chrétiens ne soient transmis à lâennemi [â¦] en faisant semblante de vouloir une chose et en faisant une autreâ, Tanase, Hayton, 258.
Jordi Gayá, Ramon Llull. Darrer llibre sobre la conquesta de Terra Santa (Barcelona, Proa, 2002), 77â111. Es aquà donde Lull habla de su viaje al Oriente mediterráneo, Chipre, Armenia y quizá Palestina, en 1300. Un viaje que bien podrÃa ser puesto en relación con una de las embajadas de Jaime II al ilkhán Gahzan ese mismo año. Ver más adelante nota 107.
Según Benjamin Liu, âThe Mongol in the Textâ en Cynthia Robinson y Leila Rouhi, eds. Under the Ifluence: Questioning the Comparative in Medieval Castile (Leiden: Brill, 2004), 313, es en la Disputatio Raymundi Christiani & Hamar Saraceni de 1308 donde mejor demuestra Llull su soltura con los asuntos mongoles.
Ramon Llull, Liber de Fine, 281. Esta colaboración en los negocios con el ilkhán es en esta ocasión considerada mas importante que el apoyo militar contra el sultán.
Jackson, The Mongols, 203.
âImperium Constantinopolitanum de facili posset a Tartaris conquistari e si ab illlis conquistaretur, quid esset postea de passagio Terrae Sanctae? Nec quis posset eos postea retrocedere quin venirent Romani et ulterius conquistatumâ dice Llull en su último tratado de recuperación de 1311: Ephrem Longpre, âLe Liber de Acquisitione Terrae Sanctae du Bienheureux Raymond Lulleâ, Criterion, 3, 10 (1927), 278. La apercepción del riesgo de una Constantinopla completamente fagocitada por la Horda Dorada puede tener cierto poder explicativo del cambio de actitud en la tratadÃstica de recuperación, sobre todo a partir de Clemente V, respecto a los griegos, más allá de la creciente preocupación por la presencia turca o los tradicionales intereses dinásticos de la casa Valois.
De momento no es más que una hipótesis apoyada en el tono y el lugar dado a Ãfrica en los tratados de recuperación lulianos. Un estudio del contexto general en relación con las campañas castellanas y aragonesas en el estrecho en: José Manuel RodrÃguez GarcÃa, âVisión geoestratégica y práctica naval: el estrecho en el contexto cruzado 1300â1325â en Carlos de Ayala, Santiago Palacios y Martin RÃos, eds. Guerra santa y cruzada en el estrecho: el occidente peninsular en la primera mitad del siglo XIV (Madrid: SÃlex, 2016), 159â80. Sobre la importancia dada por Llull a lo que hoy podemos denominar perspectiva global véase: Guilherme Queiroz de Souza, âRamon Llull e a Idade Média Globalâ, AntÃteses, 16, 32 (2023), 371â400.
Gracias a la afición de Ramon Llull a hablar de sà mismo sabemos de su contacto personal con autores de la recuperación como Carlos II de Nápoles, Enrique II de Chipre, Fulco de Villaret, probablemente Pierre Dubois y, con aun mayor seguridad, el propio Haitón en la cartuja parisina de Vauvert que ambos frecuentaron por las mismas fechas para la elaboración de al menos parte de sus tratados de recuperación.
Problema aún más detectivesco desde el reciente descubrimiento de los estrechos vÃnculos de ambos venecianos con los dominicos del convento de San Juan y San Pablo por: Maria Conte, Antonio Montefusco, Samuela Simion, eds. Ad consolationem legentium. Il Marco Polo dei Domenicani (Venecia: Edizioni CaâFoscari, 2020).
La información proporcionada por Sanudo respecto a las posibilidades de contacto con el Irán mongol es diferente a la proporcionada por Marco Polo. Sin embargo, es evidente el apoyo de ambos al proyecto ilkhánida de estrechar relaciones con el Occidente latino: Antonio GarcÃa Espada, âPorque escribió Marco Polo su libroâ, Espacio, tiempo y forma. Serie III. Historia medieval, 37 (2024), 629â56.
âQui non cessat investigare viam conducendi mercimonia ad partes in quibus maior habetur de ipsis necessitas, unde amplius lucrari possitâ en la página 23 de la edición de Jacques Bongars, Liber Secretorum Fidelium Crucis (Hanover, Typis Wechelians, 1611) reimpreso por Joshua Prawer (Jerusalén, 1972); o en la página 52 de la traducción al inglés de Peter Lock, Marino Sanudo Torsello. The Book of Secrets of the Faithful of the Cross (Farnham: Ashgate, 2011).
Jacoby cree que no, que los datos sobre las rutas y las mercancÃas no son correctos; una acusación que Sanudo debió enfrentar al final de su vida y que en cierta medida le hizo rectificar y reconocer que el principal valor de su tratado era la aportación a la cruzada de la recuperación más que al beneficio global de los mercaderes latinos: David Jacoby, âMarino Sanudo Torsello on trade routes, commodities, and taxationâ, en Chryssa Maltezou, Peter Schreiner y Margherita Losacco, eds. Studi in onore di Marino Zorzi (Venecia: Istituto Elenico di Studi Bizantini, 2008).
Lock, Marino Sanudo, 83â6.
Gaetano Curzi, âAllegoria dellâembargo e propaganda per la crociata nelle opere di Marin Sanudo il Vecchioâ, Storia dellâArte, 89 (1997).
Patrick Gautier-Dalché, âCartes, réflexion stratégique et projets de croisade à la fin du XIIIe et au debut du XIV siècle. Une initiative franciscaine?â, Francia, 37 (2010), 77â95.
Emmanuelle Vagnon, âLa cartographie occidentale de lâocéan Indien au Moyen Age: une évolution non linéaireâ, TOPOI Orient-Occident, Supplément, 15 (2017), 183â205.
Marianne OâDoherty, The Indies and the Medieval West: Thought, Report, Imagination (Turnhout: Brepols, 2013), 279 lo denomina âportolanizationâ del espacio Ãndico.
Asà los denomina Ramon Pujades i Bataller, Els mapamundis baixmedievals: del naixement del mapamundi hÃbrid a lâocà s del mapamundi portolà (Barcelona: ICGC, 2023). Son también los primeros en ubicar banderas y sÃmbolos heráldicos en un mapa y los primeros en ser firmados por su autor. La producción cartográfica de Vesconte fue utilizada también por el célebre franciscano Paulino de Venecia tras haber sido designado por Juan XXII para evaluar la versión de 1321 del Fidelium Crucis de Sanudo.
Sonja Brentjes, âRevisiting Catalan Portolan Charts: do they contain elements of Asian provenance?â en P. ForeÌt y A. Kaplony, The Journey of Maps and Images on the Silk Road (Leiden: Brill, 2009). Sobre la influencia del Imperio mongol en el desarrollo de la cartografÃa bajomedieval europea y coreana: Angelo Cattaneo, âConnected Histories. The Mongol Empire and the Creation of New Worldviews in the Fifteenth Century: Fra Mauroâs Mappa Mundi (Venice, c. 1450) and the Honil Gangni Yeokdae Gukdo Ji Do (Hanseong, c. 1480)â en Anne Dunlop, ed. The Mongol Empire in Global History and Art History (Florencia: The Harvard University Center for Italian Renaissance Studies, 2022).
âSciendum quod huiusmodi Mappa Mundi, non ut cuncta sigillatim contineat, cum sit impossible, est descripta. Sed ut quae in libro Secreta Fidelium Crucis intitulato supra ultramarino negotio edito, inferuntur, orbis situs ignaris, per eam quadam sensitiva demonstratione lucescantâ. Cfr. Emmamuelle Vagnon, Cartographie et Representations de lâOrient Mediterraneen en Occident (Turnhout: Brepols, 2013), 152. Sanudo fue aún más explÃcito sobre la importancia del mapamundi para la plena comprensión de su tratado de recuperación en una carta dirigida a Felipe VI de Francia: Vagnon, Cartographie, 140.
Adán jugó un papel protagonista en la fundación del obispado latino de la capital ilkhánida de Sultaniya de la que acabará siendo titular por lo que es probable que tuviera acceso al ilkhán Ãljeitü como reivindica. Cabe notar que su información sobre la debilidad del Ilkhanato anticipa en varios años la noticia de la rendición formal de Abu Saâid ante los mamelucos en 1320: Antonio GarcÃa Espada, Marco Polo y la cruzada (Madrid: Marcial Pons, 2009), 327â35.
Constable, William Adam, 101.
âQuia hoc novum est, et nostris hic temporibus inauditum, per consequens incredibile uidetur aut certe impossibileâ: Constable, William Adam, 102.
Constable, William Adam, 102â104.
Ernest Walis Budge, The Chronography of Gregory Abuâl Faraj (1225â1286) (Oxford: Oxford University Press, 1932), vol. 1, 486â7.
Peter Jackson, The Mongols and the West, 1221â1410. Second Edition (Londres: Routledge, 2018), 170; Jean Richard, âEuropean Voyages in the Indian Ocean and Caspian Seaâ, Iran, 6 (1968), 49.
En términos inusualmente explÃcitos: âsuadeo esse de hoc negotio in Tartaris confidendumâ: Constable, William Adam, 58.
Constable, William Adam, 113.
El mapa desaparecido ubicaba acertadamente EtiopÃa en Ãfrica y es probable que en los comentarios Carignano mencionara allà al Preste Juan gracias a información proporcionada directamente por una legación etÃope de gira por Europa; aunque todo el episodio es puesto en duda por Verena Krebs, âRe-examining Forestiâs Supplementum Chronicarum and the Ethiopian Embassy to Europe of 1306â, Bulletin of SOAS, 82, 3 (2019), 1â23, y por Benjamin Weber, âAn Incomplete Integration into the Orbis Christianus. Relations and Misunderstandings between the Papacy and Ethiopia (1237â1456)â, Medieval Encounters, 21 (2015), 232â49.
Su descripción de la India conocida como Mirabilia descripta (ca. 1329) y las cartas enviadas en 1321 y 1323 desde la costa este de India, están en Christine Gadrat, Une image de lâOrient au XIV siecle. Les Mirabilia Descripta de Jorda Catala de Sévérac (ParÃs: Ãcole de Chartes, 2005). El nombramiento de Jordano como obispo de Kollam en el sur de la India en 1329 no puede ser separado de la iniciativa de Guillermo Adán como informante de Juan XXIII y arzobispo de Sultaniya, Charles Köhler âDocuments relatifs a Guillaume Adam, archevêque de Sultanieh, puis dâAntivari, et a son entourageâ, Revue de lâOrient Latin, 10 (1905).
Christine Gadrat, âUn traiteÌ de croisade eÌcrit par un dominicain. Le Directorium ad passagium faciendumâ, Cahiers de recherches meÌdieÌvales et humanistes, 43 (2022).
Seguramente se trate de otra consecuencia de la incapacidad de los latinos de establecer relaciones significativas con los poderes locales más allá de la mediación de los mongoles: Nicola Di Cosmo, âThe Mongols and Europeâ en Michal Biran y Hodong Kim, eds. The Cambridge History of the Mongol Empire (Cambridge: Cambridge University Press, 2023).
Es interesante notar aquà que el autor del Directorium hace lo mismo que cuatro décadas atrás habÃa hecho Fidencio de Padua cuando en la primera parte de su tratado de recuperación entroncaba con la temática de los tratados presentados a Gregorio X en el II Concilio de Lyon. El Directorium igualmente inicia un nuevo género literario adscribiéndose explÃcitamente al género que deja atrás. Angeliki Laiou, âMarino Sanudo Torsello, Byzantium and the Turks. The Background of the Anti-Turkish League of 1332â1334â, Speculum, 45 (1970), lo considera el primer ejemplar de la tratadÃstica anti-otomana.
Charles Köhler, âDirectorium ad passagium faciendumâ, Recueil des Historiens des Croisades. Documents Armeniens, 2 (1906), 385. Esta toma de conciencia es clave en el desarrollo del pensamiento luliano y marca con precisión su salida del entorno aragonés para dedicarse a la predicación universal de su método misionero-cruzado según la tesis central de DomÃnguez Reboiras, Ramon Llull. El mejor libro del mundo, cap. âConversión e iluminaciónâ.
Köhler, âDirectoriumâ, 388.
El salto hacia una posibilidad real de dominación universal por parte de la Iglesia romana y su estrecha relación con la expansión mongola habÃa sido evidenciado con claridad en 1307 por Clemente V con la creación del obispado en PekÃn con jurisdicción sobre toda el Asia mongol que era asà incorporada al orbis christianorum: Felicitas Schmieder, âCum hora undecima: The Incorporation of Asia into the Orbis Christianusâ en Guyda Armstrong e Ian Wood, eds., Christianizing peoples and converting individuals (Turnhout: Brepols, 2000).
Dejamos fuera la mención a la hipótesis sobre lo contrario, planteada por Reuven Amitai-Preiss, âMamluk Perceptions of the Mongol-Frankish Rapprochementâ, Mediterranean Historical Review, 7 (1992), sobre la posibilidad de que fuera el temor a la consolidación de la alianza entre latinos y mongoles lo que animó a los mamelucos a acelerar la ofensiva final contra el Reino Latino de Tierra Santa entre 1286 y 1291.
Sobre el primer intento de colaboración militar entre latinos y mongoles toluidas protagonizado por rey de Aragón Jaime I ver en este volumen el capÃtulo de Ernest Marcos Hierro.
Baldwin, Pope Gregory X, 34.
En la campaña contra los mamelucos de 1299 el ilkhán Ghazan coordinó acciones con los templarios y los armenios, probablemente mediante su agente Isol de Anastasio Bofeti según Musarra, Il crepuscolo della crociata, cap. X y Dashdondog, The Mongols and the Armenians, 201. El episodio templario de la efÃmera toma de la isla de Arwad en Ana EchevarrÃa Arsuaga y Jose Manuel RodrÃguez GarcÃa, eds. trads. Crónica del templario de Tiro (Cáceres: Universidad de Extremadura, 2024), 119â33.
Hipótesis de Mantelli, âDe Recuperatione Terrae Sanctae: da Bonifacio VIII alla crisi del modello dâalleanza cristiano-mongolaâ.
Sylvia Schein, âGesta Dei per Mongolos 1300. The genesis of a nonâeventâ, The English Historical Review, 94, 373 (1979), 805â19.
Menache, âWhen Ideology met Reality: Clement V and the Crusadeâ, 113.
Eliyahu Ashtor, Levant Trade in the Later Middle Ages (Princeton: Princeton University Press, 1983), 17â63; Michel Balard, La Romanie génoise I (Roma: Ãcole Française, 1978), 121; Tanase, Jusquâaux limites du monde, 426.
Martin ZacarÃas es traicionado por su hermano y el emperador griego Andrónico III consigue quitarle el señorÃo de QuÃos. Es rescatado por Benedicto XII en 1337 y cinco años más tarde Clemente VI pone a MartÃn al frente de cuatro galeras, pero estas solo sirvieron para la toma de Esmirna: William Miller, âThe Zaccaria of Phocaea and Chios (1275â1329)â, Essays on the Latin Orient (Cambridge: Cambridge University Press, 1921), 283â98.
JoseÌ Trenchs Odena, âDe Alexandrinis: el comercio prohibido con los musulmanes y el papado de Aviñón durante la primera mitad del siglo XIVâ, Anuario de Estudios Medievales, 10 (1980).
La comunicación de Nicolás IV prescindÃa de la hasta entonces condición sine qua non del bautismo para aceptar la ayuda militar del ilkhán, dando un giro drástico a la polÃtica pontificia en relación con los mongoles. Sin embargo, Arghun murió antes de recibir la comunicación del papa y su sucesor Geikhatu se desentendió del proyecto de alianza latina contra el sultán: John Andrew Boyle, âThe Il-Khans of Persia and the Princes of Europeâ, Central Asiatic Journal, 20, 1â2 (1976), 36.
Balard, La Romanie génoise, 118; Jackson, Mongols, 170; Constable, William Adam, 105.
Especialmente en Mónaco y Niza: Musarra, Il crepusculo della crociata, cap. 9.
Sobre la relación de Benito Zacarias con la cruzada de recuperación: Miller, âThe Zaccaria of Phocaea and Chiosâ, 283â298; sobre sus relaciones con Castilla y su involucración en la guerra del Estrecho contra los merinÃes véase la entrada bajo su nombre en el portal digital Historia Hispánica de Real Academia de la Historia y Raúl González Arévalo, âAd terram regis Castelle. Comercio, navegación y privilegios italianos en AndalucÃa en tiempos de Alfonso X el Sabioâ, Alcanate. Revista de estudios alfonsÃes, 12 (2021). Y en general, la antigua biografÃa de Roberto Lopez, Genova marinara nel Duecento: Benedetto Zaccaria, ammiraglio e mercante (Milán: Principato, 1933).
Sobre el ataque mameluco a Armenia: Jackson, Mongols, 207â8 y 274â5; y sobre los privilegios dados por el khan Noqai a los venecianos en el mar Negro como causa de la âtradizionale vicinanza della repubblica ligure con lâIlkhanatoâ: Nicola Di Cosmo y Lorenzo Pubblici, Venezia e i Mongoli. Comercio e diplomazia sulle vie della seta nel medievo (Roma: Viella, 2022), 81â82. Reuven Amitai, âDiplomacy and the slave trade in the eastern Mediterranean: a re-examination of the Mamluk-Byzantine-Genoese triangle in the late thirteenth century in light of the existing early correspondenceâ, Oriente Moderno 88, 2 (2008), 355, cree también necesario considerar posibles sentimientos de arrepentimiento en los genoveses por la pérdida de Acre.
La idea de reclutar a los genoveses para la construcción de las galeras pudo haber sido del ministro de finanzas de Arghun, Saʾd al-Dawla, según Di Cosmo y Pubblici, Venezia e i Mongoli, 75. Sobre la existencia de un frente antimameluco genovés y el papel de la comunidad de Crimea, está la mención que hace el cronista de Qalawun, Ibn Abdal Zahir, a Paolino Doria cónsul de Caffa como aliado de Benito Zacarias, David Cook, tr. Chronicles of QalÄwÅ«n and his son al-Ashraf KhalÄ«l (Londres: Routledge, 2020), 171.
Damien Coulon, âUne phase décisive dâintenses tractations diplomatiques entre sultanat mamlûk et puissances occidentales (couronne dâAragon, républiques de Gênes et de Venise): 1288â1293â en Sophia Menache, Benjamin Z. Kedar y Michel Balard, eds. Crusading and Trading between West and East. Studies in honour of David Jacoby (Londres: Routledge, 2019), 114.
Forma parte del acuerdo también el sultaÌn selyuÌcida Izz al-Din depuesto por Hülegü: Amitai, Mongols, 93. El tratado sellaba los acuerdos previos establecidos entre 1261 y 1262 entre Berke y Baybars. Los genoveses eran los encargados del trasporte marÃtimo: Virgil CiociÌltan, The Mongols and the Black Sea Trade in the Thirteenth and Fourteenth Centuries (Leiden: Brill, 2012), 152â7.
Nicola Di Cosmo, âMongols and Merchants on the Black Sea Frontierâ en Reuven Amitai y Michal Biran, eds. Mongols, Turks, and Others (Leiden: Brill, 2005); Amitai, âDiplomacy and the slave tradeâ; Andrew Peacock, âIslamisation in the Golden Horde and Anatolia: Some remarks on travelling scholars and textsâ, Revue des Mondes Musulmans et de la Mediterranee, 143 (2018); Lorenzo Pubblici, Dal Caucaso al Mar dâAzov: Lâimpatto dellâinvasione mongola in Caucasia fra nomadismo e societaÌ sedentaria, 1204â1295 (Florencia: Firenze University Press, 2018); Marie Favereau, âThe Golden Horde and the Mamluks: The Birth of a Diplomatic Set-Upâ en Frédéric Bauden y Malika Dekkiche, eds. Mamluk Cairo, a Crossroads for Embassies (Leiden: Brill, 2019).
Sobre el activo papel del khan Noqai en la gestión de la unión entre la Horda y los mamelucos, asà como en su decidida polÃtica de atracción de griegos y latinos para apartarlos de la órbita ilkhánida: Thomas Tanase, âLe khan Nogaï et la géopolitique de la mer Noire en 1287 à travers un document missionnaire: la lettre de Ladislas, custode de Gazarieâ, Annuario dellâIstituto romeno di cultura e ricerca umanistica di Venezia, 7 (2005), 283; Roman Hautala, âCatholic Missionaries in the Golden Hordeâ en Rafael Khakimov y Marie Favereau, eds. The Golden Horde in World History (Kazan: Tatarstan Academy of Sciences, 2017), 323â8; Marie Favereau, The Horde. How the Mongols Changed the World (Harvard University Press, 2021), 196â8; Jack Wilson, âA Reassessment of the role of Nogai in late Thirteenth-century southeastern Europeâ, Annual of Medieval Studies at CEU, 28 (2022).
Seguramente la mejor expresión literaria de este circuito prácticamente global sea el conocido como Codex Cumanicus: âThe world of the Codex Cumanicus extended from Mongol China to Latin England and Spain, from Scandinavia and Siberia to Morocco, the Red Sea and Indiaâ en Felicitas Schmieder y Peter Schreiner, Il codice cumanico e il suo mondo (Roma: Eticare, 2005), xiv.
Siguiendo estrategias expansivas diferentes, analizadas en: Masaki Mukai y Francesca Fiaschetti, âYang Tingbi. Mongol Expansion along the Maritime Silk Roadsâ y Matanya Gill, âJamal al-Din al-Tibi. The Iraqi Trader who Traversed Asiaâ ambos en Michal Biran, Jonathan Brack y Francesca Fiaschetti, eds. Along the Silk Roads in Mongol Eurasia. Generals, Merchants, Intellectuals (Oakland: California University Press, 2020).
La famosa tesis, aún pendiente de mayor refinamiento empÃrico, de Janet Abu Lughod, Before European Hegemony: The World System A.D. 1250â1350 (Oxford: Oxford University Press, 1991).
No fue la conquista latina de Bizancio la que abrió el mar Negro al comercio Mediterráneo sino la mongola logrando âa major factor in the emergence of a globalized trading systemâ: Jacoby, âWesternâ, 29. En esa misma lÃnea Lorenzo Pubblici, âGenoa and Venice in the Golden Horde: politics, trade, and societyâ en R. Hautala y A. Maiorov, eds. The Routledge Handbook of the Mongols and Central-Eastern Europe (Londres: Routledge, 2021), 430; Di Cosmo y Pubblici, Venezia e i Mongoli, 67â86.
En alusión probablemente al Ilkhanato, los Anjou y Venecia, en Marius Canard, âLe traiteÌ de 1281 entre Michel PaleÌologue et le sultan QalaÌâunâ Byzantion, 10 (1935). Cfr. Publicci, Dal Caucaso al Mar dâAzov, 188.
Coincide también con la embajada enviada del ilkhán, liderada por Rabban Bar Sauma y Tomasso dâAnfossi que recorrió todos los escenarios de la recuperación, de ParÃs a Roma, incluyendo una prolongada estancia en Génova: Pier Giorgio Borbone, ed. tr. History of Mar Yahballaha and Rabban Sauma (Ahrensburg: Tredition Verlag, 2021), 103â9.
Están de acuerdo en señalar el pacto de Spinola con el sultán de El Cairo como la causa más probable del aborto de la operación naviera de Bagdad: Balard, La Romanie génoise, 118; Jackson, Mongols, 170 y Constable, William Adam, 105.
La llamada a la precisión proviene de Alessandro Rizzo, âLa Corona dâAragona e il Sultanato Mamelucco: nuove prospettive per lo studio della diplomaziaâ, Cesura Rivista 3 (2024) y de Frédéric Bauden, âDiplomatics in the Service of Diplomacy: Was the 692/1293 Truce Negotiated by the Kingdom of Aragon with the Mamluk Sultanate Ever Ratified?â, MamlÅ«k Studies Review, 26 (2023), 13: âOften defined by Western historians as commercial decree because it related to trade with the Christian states of Europe, even though the notion of a commercial decree was completely foreign to the vocabulary of the Mamluk chancelleryâ. Aplica igualmente al régimen de confusión epistemológica que predomina en el estudio de los tratados de recuperación.
Se trata de una alianza sin prospecto de liquidación que como señalamos más arriba suponÃa una flagrante novedad con respecto a la costumbre islámica de no establecer alianzas superiores a los 10 años con poderes no musulmanes: Holt, Early MamlÅ«k diplomacy, 27 y Smarandache, â1293â, 9.
Peter M. Holt, The Age of Crusades (Londres: Longman, 1986), 166, analiza la alianza como parte de un ambicioso proyecto comercial que abarca de Crimea al Atlántico.
La embajada de 1300 es estudiada por José Cutillas, âLos ilḫÄnÃes y la Corona de Aragón: La carta de Jaime II a Ä ÄzÄn-ḪÄnâ, eHumanista/IVITRA, 4 (2013) y de la embajada de 1293 se conserva la carta llevada por Pere Sesportes de Barcelona en: Mateu Rodrigo Lizondo y Jaume Riera i Sans, Col·lecció documental de la cancelleria de la Corona dâAragó. Textos en llengua catalana (1291â1420) (Valencia: Universidad de Valencia, 2013), 100â102. El Liber de Fine de Ramon Llull habla de un viaje personal al Mashreq mediterráneo que participa plenamente del espÃritu prospectivo de la embajada de Solivera de 1300.
Smarandache, â1293â, 9.
Coulon, âUne phase décisiveâ, 113â26.
Holt, Early Mamlūk diplomacy, 134.
âIf he becomes aware that one of them is proceeding to the territory of our lord the Sultan for warfare or a wrongful act, he shall send to acquaint our lord the Sultan with intelligence of them, and of the direction from which the act is agreed upon, in the shortest possible time before they move from their territory; and he shall conceal nothing of thisâ: Holt, Early Mamluk Diplomacy, 135.
Holt, Early Mamluk Diplomacy, 103.
La bibliografÃa es extensa, aunque muy reiterativa. En este contexto es interesante el avance de Paolo Chiesa, âGalvano Fiamma e Giovanni di Carignano. Una nuova fonte sullâambasceria etiopica a Clemente V e sulla spedizione oceanica dei fratelli Vivaldiâ, Itineraria, 17 (2018).
âParum ante ista tempora Januenses duas paravere omnibus necessariis munitas galeas, qui per Gades Herculis in fine Hispaniae situatas transiere. Quid autem illis contigerit, jam spatio fere trigesimo ignoratur anno. Transitus tamen nunc patens est per magnos Tartaros eundo versus aquilonem, deinde se in orientem et meridiem congirandoâ: Girolamo Tiraboschi, Storia della letteratura italiana, tomo 4, parte 1 (Florencia: Molini e Landi, 1806), 107.
Los tres factores que caracterizan la cultura nómada de los mongoles â movilidad, adaptabilidad y redistribución â son la principal fuerza motriz de las grandes transformaciones geopolÃticas, culturales, religiosas y económicas que llevaron a cabo en toda Eurasia según Michal Biran y Hodong Kim, âEpilogue: The Mongol Empire, Nomadic Culture, and World Historyâ en Michal Biran y Hodong Kim, eds. The Cambridge History of the Mongol Empire (Cambridge: Cambridge University Press, 2023), 852â76.
Carta a Felipe IV del 13 de mayo de 1305 en original mongol con una traducción contemporánea en italiano de Pisa en el reverso: Antoine Mostaert y Francis W. Cleaves, Les lettres de 1289 et 1305 des ilkhan Argan et Oljeitu a Philippe le Bel (Cambridge MA: Harvard University Press, 1962), 58 y Abel Rémusat, âMémoires sur les relations politiques des princes chrétiens, et particulièrement des rois de France, avec les empereurs Mongols. Premier Mémoire. Rapports des princes chrétiens avec le grand empire des Mongols, depuis sa fondation sous Tchinggis-khan, jusquâà sa division sous Khoubilaïâ, Histoire et mémoires de lâInstitut royal de France, tomo 6 (1822), 180.
Borbone, History of Mar Yaballaha and Rabban Sauma, 104.
La carta en cuestión es del 10 de abril de 1262 y reconoce la rectificación del ilkhán: âsed postea diligentiori inquisitione habita, intelleximus ipsum esse uirum sanctumâ, en: Paul Meyvaert, âAn unknown letter of Hulagu, il-khan of Persia, to King Louis IX of Franceâ, Viator, 11 (1980), 252â8; Anterior a esa fecha la idea de una alianza o un plan de colaboración entre iguales es producto de la fantasÃa latina, la confusión (como en el caso de la embajada de Andrés de Lonjumeau) o a lo sumo de la manipulación armenia: Denise Aigle, âThe Letters of Eljigidei, Hülegü, and Abaqa: Mongol Overtures or Christian Ventriloquismâ, Inner Asia, 7, 2 (2005); Richard, Au-dela de la Perse et de lâArmenie, 181. Al respecto ver en este volumen los capitulos de Reuven Amitai y MartÃn Alvira Cabrer.
Ricard o David de Ashby son algunas de las excepciones, pero Hülegü y Abaqa recurrieron con más asiduidad a nestorianos, armenios y griegos: F. Woodman Cleaves, âA Chancellery Practice of the Mongolsâ Harvard Journal of Asiatic Studies, 14, 3â4 (1951).
Por ejemplo, cuando, Isol como embajador de Ghazan en 1300 pide al papa la absolución de un grupo de mercaderes condenados por traficar con Egipto para emplearlos en la lucha contra los mamelucos, Liberati, âForging Bondsâ, 36, es evidente su sincronÃa con los recuperacionistas desde Fidencio a Adán. Otro episodio significativo es precisamente la última embajada de Ãljeitü recibida por Clemente V, con importantes implicaciones tanto en el desarrollo de la literatura de recuperación como en la creación del arzobispado de PekÃn. Tomás de Tolentino y Tommaso Ugi lideran la embajada, Liberati, âForging Bondsâ, 39.
La primera de Jackson, Mongols, 123 y la segunda de Denise Aigle, âDe la non-négociation à lâalliance inaboutie. Réflexions sur la diplomatie entre les mongols et lâOccident latinâ, Oriente Moderno, 88, 2 (2008), 434.
Aigle, âDe la non-negociationâ, 399; Thomas Tanase, âUne lettre en latin inédite de lâilkhan Abaqa au pape Nicolás III: croisade ou mission?â, Oriente Moderno, 88, 2 (2008), 344.
Thomas Tanase, âLes Mongols et le monde dans les registres de la papauté au XIIIe siècle: lâécriture dâune histoireâ en Denise Aigle y Stephane Pequignot, eds. La correspondance entre souverains, princes et cités-Ãtats (Turnhout: Brepols, 2013).
Algunas ideas respecto a la interiorización de la teorÃa de recuperación por generaciones posteriores en Antonio GarcÃa Espada, âCrusading Plans for the Recovery of the Holy Land and the Eurasian Integration, 1300â1500â, Emir Filipovic y Magnus Ressel, eds. Companion on the Later Crusades (BerlÃn: De Gruyter, en prensa).