1 Introducción
El carácter global y multilingüe de los estudios contemporáneos sobre el Imperio mongol y sus estados sucesores refleja la realidad polÃglota de las fuentes disponibles, asà como el impacto del Imperio mongol en la historia mundial: en buena parte de Eurasia y más allá. Esta complejidad lingüÃstica presenta grandes desafÃos para todos aquellos interesados en la historia del Imperio mongol pero también es una de las caracterÃsticas que hacen atractiva esta disciplina. Seguramente no exista otro momento histórico que provoque un encuentro multicultural y global tan amplio de académicos y fuentes como el Imperio mongol1.
Mi objetivo en este breve artÃculo es examinar un capÃtulo importante, aunque no siempre central, en el estudio del Imperio mongol. Mi intención es centrarme en los mongoles y el mar Mediterráneo, incluyendo, por supuesto, las tierras circundantes. ParecerÃa que la región mediterránea, vasta como es, generalmente queda atrapada en discusiones más amplias sobre la historia del Imperio mongol, en el marco de temas como âLos Mongoles y el Oesteâ o incluso en la historia de las cruzadas. Diferentes artÃculos y libros han estudiado la confrontación de los mongoles con pueblos y estados mediterráneos, pero el Mediterráneo per se rara vez es abordado en su totalidad geográfica y cultural2. Dicho esto, el Mediterráneo no ha sido completamente ignorado en la historia del Imperio mongol ni tampoco faltan importantes e inspiradores estudios sobre el asunto. Destacan especialmente los artÃculos de dos grandes historiadores del Imperio mongol: el fallecido David Morgan con The Mongols and the Eastern Mediterranean de 19893 y Timothy May con The Mongol Presence and Impact in the Lands of the Eastern Mediterranean de 20034.
En este artÃculo no voy a repetir lo que estos académicos han escrito, aunque he de admitir que he aprendido mucho de sus discusiones y me he inspirado en sus ideas5. En cambio, intentaré abordar brevemente, desde una perspectiva mediterránea, cuatro aspectos que considero no han recibido suficiente atención o ninguna en absoluto. Creo que se trata de temas relevantes para ampliar la discusión sobre los mongoles en Asia Occidental y sus conexiones con la historia europea. PermÃtanme abordarlos de manera ordenada.
2 ¿Qué buscaban los mongoles al acercarse al Mediterráneo?
Creo necesario partir de la premisa de la importancia de los discursos y las declaraciones públicas de los gobernantes y la élite polÃtica del momento. Esto es especialmente relevante para el estudio de la historia premoderna. Aunque generalmente es imposible conocer las intenciones y los pensamientos de los individuos, lo que sà podemos hacer es analizar las declaraciones públicas y las evidencias de discusiones internas que, por lo general, las fuentes recogen de manera fragmentaria y a modo de suposiciones imaginadas, y compararlas con las acciones reales a largo plazo. No estoy diciendo que las expresiones públicas nos lo cuenten todo, ni mucho menos, o que los motivos y planes reales no puedan ser expresados abiertamente. Pero las declaraciones públicas, escritas o verbales, son un buen punto de partida, particularmente cuando falta otra información.
Por ejemplo, veamos dos pronunciamientos de lÃderes mongoles dirigidos a diferentes gobernantes occidentales no sometidos a su imperio. Ambas declaraciones expresan claramente la ideologÃa imperial mongola de conquista mundial cristalizada en décadas anteriores6. La primera es la carta de Möngke, nieto de Chinggis Khan y gran khan entre 1251 y 1259, a Luis IX (r. 1226â70) enviada mediante el embajador del rey francés, Guillermo de Rubruck de vuelta de su viaje a la capital imperial mongola de Karakórum en 1254:
La orden de Dios eterno es la que os hemos dado a conocer. Y cuando hayáis oÃdo y creáis en ella, si vais a obedecer, enviadnos a vuestros embajadores, y asà sabremos a ciencia cierta que queréis tener guerra o paz con nosotros. Cuando por el poder de Dios eterno el mundo entero esté en dicha y en paz desde el orto del sol hasta el ocaso, entonces se pondrá de manifiesto lo que vamos a hacer7.
No hay rodeos aquÃ: la paz (en latÃn pax) en el contexto presente es la traducción figurada de término mongol il que significa paz, pero entendida como resultado de la rendición total e incondicional a los mongoles8. La consecuencia de no cumplir con esta demanda era la muerte y la destrucción. Eso es lo que sucede cuando se incumple el mandato del cielo, aquà referido como âla orden de Dios eternoâ seguramente una interpretación de möngke tengri (literalmente âcielo eternoâ) en mongol9.
Esta misiva fue enviada en la primavera o principios del verano de 1254. ¿Qué ocurre a finales de la primavera de 1260 cuando Hülegü â el hermano de Möngke enviado al Medio Oriente para reorganizar las conquistas mongolas en la región y luego extenderlas hacia el norte de Siria â envÃa una carta al sultán de Egipto Qutuz10? El tono del texto no es diferente; quizás aún más claro. Veamos el inicio de la carta, originalmente escrita en árabe:
Del rey de reyes, sobre el este y el oeste, el gran khan (al-qÄn al-a`áºam). En el nombre de Dios, dueño de la tierra desde lo más alto del cielo. El rey Qutuz sabe que la raza de los mamluk que escaparon de nuestra espada se escondieron en esas tierras y después de disfrutarlas mataron a sus señores. El rey Qutuz, lo oficiales de su régimen y los sirvientes del reino de Egipto y los paÃses alrededor han de saber que nosotros somos el ejército de Dios en la tierra, que nos creó de su ira para ir contra los que han desatado su furia ⦠Ya habrás oÃdo que hemos conquistado el paÃs, limpiado la tierra de corrupción y matado a sus habitantes; tu huirás y nosotros te perseguiremos. ¿Dónde buscarás refugio, donde estarás seguro, donde encontraras protección? ⦠Si obedeces nuestras órdenes y condiciones conservarás lo que tienes; si te opones te aniquilaremos11.
No se andan con rodeos aquà tampoco: rendirse a los soberanos legÃtimos del mundo o de lo contrario ⦠A pesar de lo directo del mensaje, no deja de estar dirigido a unos gobernantes que aún no se habÃan sometido a los mongoles. Seguramente el liderazgo mongol estaba pensando en términos más prácticos sobre como conquistar Siria, es decir, quiénes eran exactamente sus contendientes y en qué direcciones apuntar, si bien es cierto que Egipto estaba en la mira de los mongoles desde el principio.
Según Rashid al-Din Hamadani (m. 1318) â visir de los khanes mongoles en Irán y un historiador decididamente pro-mongol escribiendo en persa y árabe a principios del siglo XIV12 â cuando el gran khan Möngke envió a su hermano Hülegü al Medio Oriente en 1253, le encomendó las âtierras occidentales (o provincias occidentales: wilÄyÄt-i gharbÄ«) de Irán (Ä«rÄn-zamÄ«n), Siria, Egipto, Rum (Anatolia) y Armeniaâ13. Siria y Egipto aún no habÃan sido conquistados por los mongoles, pero según este texto ya estaban en su mira. En una etapa posterior, tenemos noticias de que Möngke le dijo a su hermano menor que âtodos debÃan ser obedientes y leales a tus órdenes y prohibiciones desde el rÃo Oxus hasta el lugar más lejano en la tierra de Egiptoâ14.
A medida que Hülegü se acercaba a Oriente Medio, Rashid al-Din nos da más evidencias sobre la planificación de los mongoles. Antes de su llegada a la región alrededor de 1256, estando aun en el oeste de Irán, Hülegü se dirigÃa a su comandante superior Baiju (o más propiamente Baichu), hasta entonces responsable de las fuerzas y la administración mongolas en el Medio Oriente desde su asiento en Azerbaiyán, informándole de que:
Debes partir para liberar todos aquellos paÃses hasta la costa del mar occidental de las manos de los hijos de los francos y los infieles15.
La referencia al âmar occidentalâ es seguramente al Mediterráneo. Supongo que en esta fase las órdenes al comandante no se referÃan al Atlántico y que las orillas occidentales del Mediterráneo y la penÃnsula ibérica aún no estaban en la mira de los mongoles. Sin embargo, según mi lectura de una traducción no exenta de dificultades, los francos en el Mediterráneo oriental habÃan llamado la atención de los mongoles. Por supuesto, los francos del Levante no fueron los únicos cristianos occidentales en entrar en el campo de visión de los mongoles. Con la victoria de los mongoles sobre los selyúcidas en el este de Anatolia en 1243 (en la batalla de Köse Dagh), el Imperio Bizantino, en aquel entonces con capital en Nicea, se convirtió en vecino de los mongoles y justo detrás de ellos estaba el Imperio latino de Constantinopla16. Asimismo, habÃa otra frontera franco-mongola al norte del mar Negro17. No voy a profundizar ahora en Anatolia ni en lo que hoy es Europa del Este. Solo señalaré que aquà los mongoles ya eran plenamente conscientes de lo que estaba sucediendo al oeste de un amplio frente que se extendÃa desde el Levante hasta la Rusia y Ucrania contemporáneas.
¿Cuál es mi punto aquÃ? Antes del año 1260, un annus horribilis o annus mirabilis dependiendo del punto de vista, el liderazgo mongol tenÃa una idea bastante clara de quiénes serÃan sus oponentes. Impulsados por una clara e inequÃvoca ideologÃa imperial de conquista mundial18, concretaban sus objetivos a medida que se acercaban al Mediterráneo: la costa siria, por un lado, y Egipto por el otro. Las élites de ambos territorios lo sabÃan y probablemente también la población en general (musulmanes, francos, cristianos locales y judÃos), quienes a medida que los mongoles se acercaban y acumulaban victorias, tenÃan pocas razones para el optimismo.
Antes de seguir con el siguiente punto hay que agregar que los mongoles no solo eran impulsados por una ideologÃa. Seguramente la perspectiva de botÃn, asà como ingresos a largo plazo basados en impuestos y continuas extorsiones, inspiraron a los mongoles en igual medida. No obstante, las consideraciones prácticas no necesitan contradecir las ideológicas pues, seguramente, se retroalimentaron entre sà a medida que los mongoles avanzaban hacia el oeste y en otras direcciones. La ideologÃa ayudaba a unir a los mongoles, lo que a su vez repercutÃa en más éxitos, y el incremento de botÃn y tributo aumentaba la creencia de los mongoles en el mandato celestial.
Aquà sin duda las palabras fueron correspondidas con hechos. Bajo estas proclamas los mongoles continuaron su avance y seguramente alumbraron intenciones de ir más allá de la costa siria y Egipto. Ciertamente no hay menciones al norte de Ãfrica ni a Italia y mucho menos a la penÃnsula ibérica o a ninguna de sus regiones. Al igual que el océano Atlántico, lo más probable es que estas áreas estuvieran todavÃa más allá del conocimiento de los mongoles. Pero a juzgar por las experiencias previas en el resto de Eurasia, los mongoles aprendÃan rápido y con toda probabilidad esperaban que sus éxitos en el Levante y Egipto fueran seguidos por nuevas campañas expansivas.
El ciclo ininterrumpido de exitosas campañas de conquista, la sucesión de cartas beligerantes a gobernantes cercanos y lejanos que aún no se habÃan sometido, en suma, el proceso de expansión de la conciencia global fue finalmente detenido por los mamelucos en 126019. Pero esto, por supuesto, lo sabemos en retrospectiva. Los éxitos de los mamelucos en la guerra contra Hülegü y sus sucesores â conocidos en conjunto como los ilkhánidas o ilkhanÃes de Irán â oscurece el hecho de que hasta entonces la cuenca del Mediterráneo habÃa estado abierta a la intervención directa de los mongoles. Cabe preguntarse por tanto cómo podrÃan haber continuado los mongoles si los eventos de 1260 hubieran resultado de manera diferente. A esta cuestión me aboco ahora.
3 ¿Cómo podrÃan haber progresado los mongoles hacia el oeste mediterráneo?
A menudo se nos recuerda a los historiadores que no debemos caer en la historia contrafactual y que mejor debemos intentar reconstruir lo que aparentemente sucedió y luego intentar explicarlo y analizarlo en el contexto adecuado. Sin embargo, ocasionalmente, puede ser un ejercicio saludable pensar en lo que podrÃa haber sucedido si los eventos hubieran resultado un poco o incluso algo diferentes20. En nuestro caso, ¿qué podrÃa haber pasado si los mamelucos bajo el mando de Qutuz hubieran sido derrotados por los mongoles liderados por Kitbuqa en Ain Jalut en el norte de Palestina, el viernes 3 de septiembre de 1260? Esta no es una sugerencia tan descabellada. La victoria mameluca, probablemente sorprendió a todos, incluyendo a los propios mamelucos21. âThere but for Fortuneâ22 las cosas podrÃan haber resultado de manera diferente.
Hay además otra razón convincente para adoptar en este caso la perspectiva del âqué hubiera pasadoâ. Más de un historiador ha sugerido que los mongoles habÃan agotado todas sus posibilidades expansivas en el Medio Oriente en cuanto llegaron a Siria y Palestina y que la batalla de Ain Jalut puso el sello a este âlÃmiteâ. Por un lado, ya a principios de 1260 e incluso antes habÃa indicios de luchas intestinas que estallarÃan poco después afectando profundamente a los mongoles; volveré sobre ello más adelante23. Por otro lado, están las dificultades logÃsticas enfrentadas por los mongoles, con efectos aún más decisivos. Hace más de una generación, algunos estudiosos mantuvieron que estas dificultades eran insuperables para los mongoles en el Medio Oriente y esta opinión ha sido reafirmada recientemente24. Según este razonamiento, si los desafÃos logÃsticos ya eran serios en Siria con sus secos veranos ¿cómo habrÃan enfrentado los mongoles el avance hacia Egipto y más allá, con aún menos pastos y sin apenas agua disponible para las decenas de miles de monturas mongolas, si no más? Recordemos que importantes estudiosos, empezando por el eminente Denis Sinor, sugirieron que más al norte, en el este de Europa, las dificultades logÃsticas (de nuevo la carencia de pastizales, aunque aquà el agua era menos problemática) impidieron a los mongoles permanecer en HungrÃa por mucho tiempo y proseguir su avance hacia el oeste25.
No obstante, la posibilidad de los mongoles utilizando barcos, bien en masa o en pequeños grupos, para continuar sus ataques hacia el oeste en el Mediterráneo, no se discute y si se plantea es descartada de inmediato26. Al fin y al cabo ¿qué sabÃan los mongoles de campañas marÃtimas o de navegación en el sentido más básico?
PermÃtanme sugerir lo contrario. Si la relativamente pequeña fuerza mongola bajo el mando de Kitbuqa hubiera salido victoriosa sobre el ejército mameluco, sensiblemente más grande, no hay razón para que los mongoles no hubieran intentado continuar hacia el oeste por diversos medios, pues ciertamente tenÃan la capacidad logÃstica y de otro tipo para hacerlo. En primer lugar, una victoria en Palestina hubiera supuesto la sumisión de los francos en la costa, eliminando peligros y añadiendo tropas adicionales para el avance en la región27. En segundo lugar, el éxito contra los mamelucos habrÃa fortalecido la posición de Hülegü contra Berke, el khan de la Horda Dorada que suponÃa una constante amenaza en el norte28. El conflicto emergente más al este entre Qubilai y Ariq Böke por muy lamentable que fuera, estaba lejos y no debió preocupar excesivamente a Hülegü, que de hecho bien pudo haberlo explotado en beneficio propio para consolidar su posición frente al gran khan29. En uno o dos años, Hülegü podrÃa haber regresado en invierno con una parte de su ejército o en su lugar haber enviado a otro general de alto rango para unirse a Kitbuqa (si éste no hubiera sido asesinado en Ain Jalut, como de hecho sucedió). Aprovechando el forraje estacional, el ejército reforzado habrÃa avanzado hacia un Egipto completamente desprovisto de fuerza defensiva. La suerte de Egipto y su rica agricultura estarÃa echada. Un ejército mongol revitalizado con los ricos recursos del paÃs podrÃa haber continuado hacia el oeste. ¿HabrÃa llegado al lejano Magreb y luego amenazado la penÃnsula ibérica? Francamente, eso está más allá de cualquier capacidad de predicción que me pueda atribuir en este artÃculo. Aunque, sin duda, uno podrÃa imaginar perfectamente la angustia de musulmanes, cristianos y judÃos del norte de Ãfrica y la penÃnsula ibérica a medida que los mongoles prosiguieran su avance hacia el oeste.
Por otra parte, al igual que en China, los mongoles en Egipto, Siria y Anatolia bien podrÃan haber reclutado a marineros locales y otros especialistas en navegación para poner una flota a disposición de sus tropas30. Chipre no está muy lejos de la costa siria por lo que una campaña en esa dirección no es tan difÃcil de imaginar. ¿Y después de eso? No me atreverÃa a situar los lÃmites de su expansión en un punto especÃfico del oeste mediterráneo, pero ciertamente se podrÃa concebir al menos una esfera de influencia mongola sobre las islas y las costas del Mediterráneo oriental.
Tampoco está de más recordar que el sur de China no fue conquistado únicamente mediante las grandes formaciones tradicionales de arqueros montados caracterÃsticas de la estepa euroasiática, sino que también incluyeron unidades de infanterÃa tradicional china bajo mando mongol31. Si los mongoles hubieran encontrado en Ãfrica, en el Mediterráneo, en el sureste de Europa o en Europa del Este, que la caballerÃa ligera de la estepa no era la manera óptima de hacer la guerra, seguramente se habrÃan llevado a cabo las modificaciones mutatis mutandis, para continuar dando aliento al derecho divino de conquista.
En resumen, la batalla de Ain Jalut, que fue ganada por un margen muy estrecho y en buena parte debido al hecho de que Kitbuqa fue asesinado en la batalla y no Quá¹uz, podrÃa haber terminado de manera diferente. De haber sido asÃ, es muy posible que los mongoles hubieran continuado hacia el oeste. Hasta dónde habrÃa llegado su drang nach westen es una pregunta abierta, pero incluso un progreso limitado habrÃa tenido un efecto profundo en el sur y el oeste de Europa.
4 ¿Qué detuvo a los mongoles en el Levante y su continuación hacia el oeste?
La respuesta obvia es que los mongoles fueron detenidos por los mamelucos pues no solo salieron victoriosos en Ain Jalut, en el norte de Palestina, cerca del mar de Kinneret, sino que fueron capaces de mantener a raya a los mongoles ilkhánidas en la lÃnea del Ãufrates durante los siguientes 60 años hasta el fin definitivo de la guerra32. ¿A que pudo deberse el éxito de los mamelucos? Como se mencionó anteriormente, algunos estudiosos han sugerido razones logÃsticas. Los mongoles no podÃan mantener un gran número de tropas de caballerÃa en Siria durante mucho tiempo, ya que la carrying capactiy del paÃs no era suficiente para caballos y otros animales de ganado, especialmente durante sus secos veranos33. A esto cabrÃa añadir otra idea, sugerida y desarrollada por el difunto John Masson Smith Jr. Los mongoles eran buenos soldados, pero aficionados, que compensaban sus mediocres habilidades con grandes cantidades de efectivos. Esta ventaja en Siria quedarÃa neutralizada inmediatamente por las limitaciones logÃsticas mencionadas. En definitiva, los soldados mamelucos mejor entrenados, mejor equipados y luchando en su propio terreno lo tuvieron fácil34.
He argumentado contra este paradigma en el pasado y no me repetiré ahora. Simplemente diré que los propios mamelucos no fueron conscientes en ningún momento de su superioridad y se tomaron el peligro mongol muy en serio35. El gran logro de Baybars fue la creación de una maquinaria militar a lo largo de diecisiete años, especÃficamente dirigida contra cualquier tipo de operación mongola, ya fueran combates en la frontera, incursiones en Siria o invasiones a gran escala36. La maquinaria de guerra construida por el sultán fue puesta a prueba tan solo cuatro años después de su muerte, con la vitoria total de los mamelucos sobre el gran ejercito mongol que invadió Siria en 1281.
Mientras el alto mando mameluco consideraba a los mongoles un peligro existencial y dedicaba la mayor parte de sus recursos a enfrentar la amenaza ¿qué ocurrÃa del lado de los mongoles del Gran Irán? Allà las cosas eran algo diferentes pues si bien los mamelucos eran los adversarios contra los que habÃa que vengar la vergüenza de la derrota de Ain Jalut para proseguir con la conquista de Egipto, los lideres del Ilkhanato tuvieron que enfrentar difÃciles disputas internas de la familia mongola y sobre todo los ataques de su vecinos del norte y del este, la Horda Dorada y el khanato Chagadai37.
Por lo tanto, podemos afirmar con cierto grado de seguridad que lo que realmente impidió que los mongoles tomaran Siria, procedieran hacia Egipto y continuaran su avance hacia el oeste fue, en primer lugar, la total entrega de los mamelucos a la guerra contra ellos y luego, su propia incapacidad para dirigir su atención y suficientes recursos al frente mameluco38. A esto debo añadir algo a lo que solo he aludido de pasada: los mamelucos luchaban como los mongoles, con grandes cantidades de disciplinados arqueros montados, enfrentando a los mongoles en su propio terreno, dedicándoles una especial atención, gran concentración de recursos, un liderazgo espléndido y el apoyo de las élites locales39. Los mongoles rápidamente se dieron cuenta de que si realmente querÃan tener éxito en la guerra contra los mamelucos tendrÃan que buscar apoyos más allá de sus propias capacidades bélicas. Esto fue precisamente lo que hicieron con el intento de alianza con los latinos. Desarrollaré este importante e interesante asunto en la sección final.
5 ¿Cuál fue la dimensión mediterránea de la diplomacia franco-mongola?
Según Felicitas Schmieder, después de 1260 los ilkhánidas enviaron catorce embajadas al Occidente latino. La historia de estos envÃos y su correspondencia por parte de los latinos es bien conocida y no es necesario profundizar más aquÃ40. Un aspecto que destacar, no obstante, es el marcado contraste entre las altivas e intransigentes demandas de los khanes y sus oficiales a los lÃderes occidentales antes de 1260 y algo más parecido a una invitación a la alianza y a la cooperación mutua contra los mamelucos después de esa fecha. Aun sin ir más allá en las implicaciones de este hecho, cabe preguntarse por la dimensión mediterránea de las relaciones diplomáticas entre Occidente y los mongoles o, dicho de otra manera, ¿hasta qué punto el Mediterráneo pudo haber sido el verdadero objeto de la cooperación franco-mongola?
No necesito discutir lo obvio: que los intercambios entre el Oriente mongol y los lÃderes francos del Occidente (el primero de todos el papa) se producÃan a través del Mediterráneo, con embajadores y sus séquitos atravesando de punta a punta el mar y, más significativo aún, que, en el caso de haber llegado a un acuerdo, serÃan ejércitos enteros de cruzados los que tendrÃan que atravesar el Mediterráneo. A este respecto se discutieron interesantes detalles en las cartas intercambiadas para la organización de la operación conjunta. El ilkhán Abaqa habrÃa asumido importantes compromisos de ayuda logÃstica mediante las embajadas enviadas en 1268 al papa y al rey Jaime I de Aragón. Según la crónica del propio Jaime, el ilkhán sugirió a los aragoneses desembarcar en Ayas/Lajazzo en la Cilicia Armenia para establecer un primer contacto y recibir los suministros prometidos41. Ideas sin duda interesantes pero que como es sabido, nunca se concretaron. Jaime I de Aragón partió en 1269 con una flotilla hacia el este para liderar el mismo la operación conjunta con los mongoles. Sin embargo, poco después de zarpar una tormenta dispersó los barcos obligándolos a regresar a sus puertos de origen. Solo unos pocos llegaron a Tierra Santa bajo el mando de los hijos naturales de Jaime42. Dos años después, tras el fracaso de la cruzada de Luis IX en Túnez, el prÃncipe Eduardo de Inglaterra puso una fuerza considerable a disposición de la alianza con los mongoles. A pesar de los alentadores mensajes del ilkhán Abaqa y un despliegue sustancial de tropas mongolas para apoyar al inglés, Eduardo desaprovechó la ocasión, desperdiciando energÃas en fútiles incursiones en Palestina. Asà que tampoco salió nada de esta iniciativa43. Una de las más interesantes aventuras tuvo lugar en la última década del siglo XIII con la llegada de un gran contingente genovés a Bagdad para la construcción de una flota dirigida a interrumpir la navegación mameluca en el océano Ãndico. La estrategia era ciertamente prometedora, pero en lo inmediato no se concretó44. El intercambio de cartas entre los ilkhanes y sus homólogos occidentales siguió hasta el final de la primera década del siglo XIV, pero quedó en un trasiego de palabras vacÃas45.
Probablemente no faltaron gobernantes en el Occidente con un interés sincero en colaborar con los mongoles contra los mamelucos y poder por fin recuperar Jerusalén. Sin embargo, los francos estaban demasiado ocupados en asuntos internos como para dedicarse a tan exigente operación militar que además conllevaba desplazarse hasta el extremo oriental del largo y a menudo tempestuoso mar Mediterráneo. Después de 1291 y la expulsión de los francos de toda Palestina, surgieron en el Occidente latino numerosas e interesantes ideas sobre como recuperar la Tierra Santa, aunque sin llegar a concretarse en stricto sensu46. Una de las principales â el establecimiento de un severo bloqueo naval contra los mamelucos en Egipto â habÃa sido planteada en la carta de Hülegü a Luis IX de Francia en 126247. Pero no se logró una implementación total del bloqueo antes de 1291 y tampoco después, ni siquiera con la prohibición papal de suministrar a Egipto bienes estratégicos como la importación de jóvenes mamelucos que a la postre, tras algunas décadas, acabó siendo levantada48.
6 Conclusión
Para concluir se podrÃa resumir todo esto en tres breves comentarios. En primer lugar, el mar Mediterráneo desempeñó un papel clave en el acercamiento mongol al Medio Oriente y las áreas adyacentes y no es conveniente olvidar este factor de cara a profundizar en consideraciones sobre las acciones y planes de los mongoles en el suroeste de Asia. Segundo, si los eventos hubieran tenido un curso diferente en 1260 los mongoles habrÃan jugado sin duda un papel mucho más importante en la región mediterránea y esto podrÃa haber incluido una presencia marÃtima real con capacidad, cuando menos, de avanzar hacia el oeste siguiendo el litoral norteafricano. Los mamelucos no tenÃan una gran presencia marÃtima en el Mediterráneo49. Sin embargo, de la navegación en el Mediterráneo oriental dependÃa la llegada de la gran mayorÃa de los jóvenes mamelucos al sultanato desde la Horda Dorada, que hacÃa los envÃos desde la penÃnsula de Crimea, atravesando el mar Negro y el Bósforo, hasta llegar a AlejandrÃa50. Fueron estos jóvenes mamelucos quienes tras años de duro entrenamiento conformaban el poderoso ejército de arqueros montados, llegando muchos de ellos al rango de oficiales e incluso convirtiéndose en sultanes. Estos mamelucos âmediterráneosâ, por asà decirlo, fueron quienes impidieron que los mongoles avanzaran más allá del Ãufrates y las montañas del Tauro. La inestabilidad interna y las luchas entre los propios mongoles hicieron el resto, impidiendo la consumación del dominio mongol en el Mediterráneo, ni tan siquiera en su cuenca oriental51.
Tanto la naturaleza polÃglota y global de los estudios del Imperio mongol como la riqueza lingüÃstica de sus fuentes es evidente en dos recientes publicaciones de referencia: Michal Biran y Hodong Kim, eds. The Cambridge History of the Mongol Empire (Cambridge: Cambridge University Press, 2023), 2 vols.; Timothy May y Michael Hope, eds. The Mongol World (Londres y Nueva York: Routledge, 2022).
Un importante estudio debe ser destacado aquÃ: Peter Jackson, The Mongols and the West, 1221â1410 (Harlow: Pearson Longman, 2005 [2ª ed. Londres: Routledge, 2018]). En el ámbito de las cruzadas, cabe señalar también los más antiguos, pero aun relevantes, estudios de Joshua Prawer y Jean Richard, ambos centrados en el rol de los mongoles en la historia de las cruzadas: J. Prawer, Histoire du Royaume latin de Jérusalem, tr. Gérard Nahon (ParÃs: Ãditions du CNRS, 1969), 2 vols. (siendo el vol. 2 el más relevante para este estudio); J. Richard, Histoire des croisades (Paris: Fayard, 1996). Richard escribió numerosos artÃculos sobre los mongoles y su papel en la historia de Europa y los estados cruzados. Asimismo, debemos subrayar las importantes contribuciones sobre las relaciones de los mongoles y el Oeste de Denis Sinor y John A. Boyle que sin duda tuvieron el Mediterráneo en consideración: D. Sinor, Inner Asia and its Contacts with Medieval Europe (Londres: Variorum, 1977); y J.A. Boyle, âThe Ilkhans of Persia and the Princes of Europeâ, Central Asiatic Journal, 20 (1976), 25â40.
David Morgan âThe Mongols and the Eastern Mediterraneanâ, Mediterranean Historical Review, 4 (1989), 198â211.
Timothy May, âThe Mongol Presence and Impact in the Lands of the Eastern Mediterraneanâ, Donald J. Kagay y L.J. Andrew Villalon, eds. Crusades, Condottieri, and Cannon: Medieval Warfare in Societies around the Mediterranean (Leiden y Boston: Brill, 2003), 133â156.
De los tÃtulos de estas obras se deduce que hacen hincapié en la parte oriental del Mediterráneo y siguen más o menos un enfoque narrativo que analiza la evolución histórica de la región a medida que los mongoles se acercaban al Mediterráneo a partir de la década de 1230, pasando revista después a los acontecimientos relativos durante varias décadas. Sin embargo, apenas prestan atención al Mediterráneo en sà y las relaciones con regiones más occidentales y septentrionales de su litoral.
Sobre la ideologÃa imperial mongola ver nota 18 más abajo.
Peter Jackson, tr. ed. y David Morgan, ed. The Mission of Friar William of Rubruck. His Journey to the Court of the Great Khan Möngke 1253â1255 (Londres: The Hakluyt Society, 1990), 250. Para el texto original en latÃn ver, Anastasius van den Wyngaert, Sinica Franciscana, I. Itinera et relations Fratrum Minorum saeculi XIII et XIV (Quaracchi-Florencia: Apud Collegium S. Bonaventurae, 1929), 309. La edición en castellano en Juan Gil, En demanda del Gran Kan. Viajes a Mongolia en el siglo XIII (Madrid: Alianza, 1993), 425â6 (nota del traductor).
Sobre el término il/el, véase Gerhard Doerfer, Türkische und mongolische Elemente im Neupersischen (Wiesbaden: Franz Steiner, 1963â1975), 2: 194â201; Reuven Amitai-Preiss, âAn Exchange of Letters in Arabic between Aba
No hay razón para insistir en la conocida equivalencia de tengri (âcieloâ a veces también escrito como tenggeri o tngri en lengua mongola, y tenri en turco antiguo; cf. tanrı en turco moderno) y el Poder Supremo que gobierna el destino de todas las criaturas. Ver Igor de Rachewiltz, tr. ed. The Secret History of the Mongols: A Mongolian Epic Chronicle of the Thirteenth Century (Leiden y Boston: Brill, 2004), vol. 1, 224â227, especialmente p. 225 sobre möngke tengri/tenggeri.
Para conocer los antecedentes de esta campaña y sus primeras etapas, ver Thomas T. Allsen, Mongol Imperialism: The Policies of Grand Qan Möngke in China, Russia and the Islamic Lands, 1251â59 (Berkeley y Los Angeles: University of California Press, 1987). Para los acontecimientos en Siria en 1260, ver Peter Jackson, âThe Crisis in the Holy Land in 1260â, English Historical Review, 95 (1980), 481â513. Para el ascenso de los mamelucos y, en particular, tras la toma del poder por parte de Quá¹uz a finales de 1259, ver Robert Irwin, The Middle East in the Middle Ages: The Early Mamluk Sultanate 1250â1382 (Londres: Croom Helm, 1986), caps. 1 y 2.
Esta es mi traducción del texto en al-MaqrÄ«zÄ« (TaqÄ« al-DÄ«n Aḥmad b. Ê¿AlÄ«, d. 1442), KitÄb al-sulÅ«k li-maârifat al-duwal waâl-mulÅ«k, ed. Muhammad Mustafa Ziyada et al. (El Cairo: Dar al-Kutub al-Misriyya, 1934â1973), vol. 1, 427â429; derivado directamente de Ibn al-Furat (Nasiir al-Din Ê¿Abd al-Rahman b. Muhammad, d. 1406), TaârÄ«kh duwal al-mulÅ«k, MS. Vatican Ar. 726, fols. 243bâ244a. Para la traducción de la carta completa tal como aparece en al-Maqriziâs SulÅ«k, ver Bernard Lewis, Islam from the Prophet Muhammad to the Capture of Constantinople (Nueva York: Haper and Row, 1974), vol. 1, 84â85. Para cartas de tenor similar, enviadas al último gobernante ayyubà de Damasco y Alepo, ver Denise Aigle, âLes correspondances adressées par Hülegü au prince ayyoubide de Syrie, al-Malik al-Nasir Yusuf. La construction dâun modèle,â en M.-A. Moezzi, J.-D. Dubois, C. Jullien et F. Jullien, eds. Pensée grecque et sagesse dâOrient. Hommages à Michel Tardieu (Turnhout: Brepols, 2010), 1â21.
Existe una abundante literatura sobre este personaje y su extensa obra. Ver, por ejemplo, el excelente y reciente estudio de Stefan Kamola, Making Mongol History: Rashid al-Din and the JamiÊ¿ al-Tawarikh (Edimburgo: Edinburgh University Press, 2019) y la detallada biografÃa que incluye. Véanse también los estudios de Anna Akasoy, Charles Burnett y Ronit Yoeli-Tlalim, eds. Rashid al-Din, Agent and Mediator of Cultural Exchanges in Ilkhanid Iran (Londres: The Warburg Institute y TurÃn: Nino Aragno Editore, 2013).
Rashid al-Din (Abu al-Khayr Fadl Allah Hamadani), JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, ed. Bahman KarÄ«mÄ« (Teherán: Iqbal, A.Sh. 1338/AD 1959), 2: 685; op. cit., vol. 3, ed. Ê¿A. Ê¿Alizazah (Baku: Nashriyyat-i Farhangistan-i Ê¿Ulum-i Jumhuri-yi Shurawyi-i Susiyalisti-yi Adharbayjan, 1957), 21; op. cit., TÄrÄ«kh-i ghÄzÄn-i mubÄrak, vol. 2, ed. Muhammad Rushan y Mustafa Musawi (Teherán: Mirath-i Maktub, 2016), 864, traducido por Wheeler M. Thackston, Rashiduddin Fazlullahâs JamiÊ¿uât-tawarikh: Compendium of Chronicles. A History of the Mongols (Cambridge: Harvard University, 1998â1999), 2: 478. Debemos remarcar, sin embargo, que Juwayni (m. 1283) y la generación de historiadores anterior solo menciona las âTierras occidentalesâ (bilÄd-i gharbÄ«) sin un desglose detallado de regiones: Juwayni (Ê¿Ala al-Din Ê¿Ata Malik), TaârÄ«kh-i jahÄngushÄ, ed. Muhammad M. Qazwini (Londres y Leiden: Luzac & Co. y E.J. Brill, 1912â1937), 3: 72, traducido por John A. Boyle, Juvaini, Ê¿Ala-ad-Din Ê¿Ata Malik, The History of the World Conqueror (Manchester: Manchester University Press, 1958), 2: 596. Es posible que Rashid al-Din haya considerado que, a la luz de los acontecimientos ocurridos desde los tiempos de Juwayni, era necesario ser más explÃcito en la enumeración de los objetivos militares de la región. Sugiero aquà que âArmeniaâ se refiere tanto a la Armenia Cilicia, en el sureste de Anatolia, como a la Urheimat armenia en el Cáucaso y las regiones circundantes.
Rashid al-Din, JÄmiÊ¿ al-tawÄrÄ«kh, ed. KarÄ«mÄ«, 2: 696; ed. Ê¿Alizadah, 3: 22â23; ed. Rushan and Musawi, 866 (tr. Thackston, 2: 479). Cf. la crónica imperial china Yuan Shi compuesta bajo la dinastÃa Ming a finales del siglo XIV, menciona que en 1252 Möngke ordenó a Hülegü âsomete todos los estados de las regiones occidentales y los estados del sultánâ; citado por Thomas T. Allsen, Culture and Conquest in Mongol Eurasia (Cambridge: Cambridge University Press, 2001), 53. Para más ejemplos de Egipto considerado parte de la propiedad legÃtima de los ilkhánidas (es decir, Hülegü y sus sucesores), ver Reuven Amitai, Holy War and Rapprochement: Studies in the Relations between the Mamluk Sultanate and the Mongol Ilkhanate (1260â1335) (Turnhout: Brepols, 2013), 54.
Rashid al-Din, JÄmiâ al-tawÄrÄ«kh, ed. Karimi, 2:698; ed. Ê¿Alizadah, 3:39; ed. Rushan and Musawi, 881. Aquà estoy siguiendo la traducción de Thackston (=tr. Compendium, 2:487) en su lectura de la palabra
Para conocer los acontecimientos en Anatolia (Rum) y la toma de posesión de la mayor parte del paÃs por parte de los mongoles, ver Claude Cahen, La Turquie pré-ottomane (Estambul: LâInstitut Francais dâEtudes Anatoliennes dâIstanbul, 1988); traducido al inglés por Peter M. Holt como The Formation of Turkey. The Seljukid Sultanate of RÅ«m: Eleventh to Fourteenth Century (Harlow, RU: Longman, 2001).
Para el surgimiento y mayor desarrollo del Imperio mongol en esta área, ver el excelente estudio de Marie Favereau, The Horde: How the Mongols Changed the World (Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press, 2021).
La ideologÃa imperial mongola ha sido objeto de muchos estudios. Cabe destacar los de Eric Voegelin, âThe Mongol Orders of Submission to European Powers,â Byzantion, 15 (1940â41), 378â413; WÅadysÅaw Kotwicz, âLes Mongols, promoteurs de lâidée de paix universelle au début du XIIIe siècleâ, La Pologne au VIe Congrès International des Sciences Historiques (Varsovia: SocieÌteÌ Polonaise dâhistoire, 1933), 199â204; Klaus Sagaster, âHerrschaftideologie und Friedensgedenke bei den Mongolen,â Central Asiatic Journal, 18 (1973), 223â242; Igor de Rachewiltz, âSome Remarks on the on the Ideological Foundations of Chingis Khanâs Empire,â Papers in Far Eastern History, 7 (1973), 21â36; Herbert Franke, From Tribal Chieftain to Universal Emperor and God: The Legitimation of the Yüan Dynasty (Munich: Verlag der Baerischen Akademie der Wissenschaften, 1978); Joseph Fletcher, âThe Mongols: Ecological and Social Perspectives,â Harvard Journal of Asiatic Studies, 46 (1986), 19, 30â32, 34â35; Jean Richard, âUltimatums mongols et lettres apochryphes: lâOccident et les motifs de guerre des Tartaresâ, Central Asiatic Journal, 17 (1973), 212â222; Peter Jackson, âWorld-conquest and Local Accommodation: Threat and Blandishment in Mongol Diplomacy,â en Judith Pfeiffer y Sholeh A. Quinn, eds., con la asistencia de Ernest Tucker, History and Historiography of Post-Mongol Central Asia and the Middle East: Studies in Honor of Professor John E. Woods (Wiesbaden: Harrassowitz, 2006), 3â22. John M. Smith, Jr. intentó, en mi opinión convincentemente, mostrar cómo esta ideologÃa se remontaba a la época del propio Chinggis Khan; ver âThe Mongols and World Conquest,â Mongolica, 5 (1994), 206â214.
Reuven Amitai-Preiss, Mongols and Mamluks: The Mamluk-ĪlkhÄnid War 1260â1281 (Cambridge: Cambridge University Press, 1995), cap. 2.
Ver las sabias palabras al respecto de David Hackett Fisher, Historiansâ Fallacies: Towards a Logic of Historical Thought (Nueva York: Harper and Row, 1970), 16: âNo hay nada necesariamente falaz en las construcciones ficticias, siempre que se reconozcan adecuadamente por lo que son y se distingan claramente de los problemas empÃricos. Todas las novelas se organizan en torno a una idea de lo que podrÃa haber ocurrido; algunas grandes verdades se han mostrado a través de este velo. Las cuestiones ficticias también pueden ser heurÃsticamente útiles para el historiador, bajo la forma de metáforas y analogÃas, como ideas e inferencias sugestivas y estimulantes. Aunque no prueban nada ni pueden ser probadas por un método empÃricoâ (trad.).
Sobre la batalla de Ain Jalut ver Reuven Amitai, âÊ¿Ayn JÄlÅ«t,â Encyclopaedia of Islam, THREE (disponible online, ultimo acceso el 16 de abril de 2024). Para una opinión diferente, el reciente artÃculo de Mehdi Berriah, âÊ¿Ayn ǦÄlÅ«t (658/1260). Reâevaluating a Soâcalled Decisive Battle,â Annales Islamologiques, 55 (2021), 63â88.
En referencia a la canción de Phil Ochs interpretada también por Joan Baez (nota del traductor).
Peter Jackson, âThe Dissolution of the Mongol Empireâ, Central Asiatic Journal, 22 (1978), 186â244.
John M. Smith, Jr., âÊ¿Ayn JÄlÅ«t: Mamluk Success or Mongol Failure,â Harvard Journal of Asiatic Studies, 44 (1984), 307â345; David Morgan, âThe Mongols in Syria, 1260â1300â, en Peter Edbury, ed. Crusade and Settlement. Papers read at the First Conference of the Society for the Study of the Crusades and the Latin East and presented to R.C. Smail (Cardiff: University College Cardiff Press, 1985), 231â235; Jackson, The Mongols and the West, 178.
Denis Sinor, âHorse and Pasture in Inner Asian History,â Oriens Extremus, 19 (1972), 171â183, esp. 181â183.
Morgan, âThe Mongols and the Eastern Mediterranean,â 198â199; May, âThe Mongol Presence and the Impact in the Lands of the Eastern Mediterranean,â 133.
Sobre las relaciones entre los mongoles y los cruzados de la costa oriental del Mediterráneo (y otras regiones) antes de la batalla de Ê¿Ayn Jalut, ver Peter Jackson, âThe Crisis in the Holy Land in 1260,â English Historical Review, 95 (1980), 481â513.
Para conocer el inicio de la guerra entre Hülegü y Berke y el comienzo de la lucha que durarÃa décadas entre estos dos estados mongoles véase John A. Boyle, âDynastic and Political History of the Īl-KhÄns,â en The Cambridge History of Iran, vol. 5: ed. J.A. Boyle (Cambridge: Cambridge University Press, 1968), 352â354; para profundizar en los antecedentes del conflicto y sus implicaciones, véase Peter Jackson, âThe Dissolution of the Mongol Empire,â Central Asiatic Journal, 32 (1978), 186â244 y esp. 233â234 para las fechas en que comenzaron los primeros combates.
Jackson, âThe Dissolution of the Mongol Empireâ, 234â235.
Tengamos en cuenta cómo ciertos estados turcos rápidamente crearon fuerzas navales nada más conquistar la costa mediterránea de Anatolia a finales del siglo XII y principios del XIII. Véase John H. Pryor, Geography, Technology, and War: Studies in the Maritime History of the Mediterranean, 649â1571 (Cambridge: Cambridge University Press, 1988), 143, 165â167.
Sobre la necesidad de un ejército mongol modificado para el sur de China, véase Morris Rossabi, Khubilai Khan: His Life and Times (Berkeley y Los Angeles: University of California Press, 1988), 77â78; sobre el uso mongol de infanterÃa en este paÃs, véase el comentario en Timothy May, The Mongol Art of War (Barnsley: Pen & Sword, 2007), 204.
Amitai-Preiss, Mongols and Mamluks; para una interpretación abreviada véase Reuven Amitai, âNorthern Syria between the Mongols and Mamluks: Political Boundary, Military Frontier and Ethnic Affinity,â en Naomi Standen y Daniel Power, eds. Frontiers in Question: Eurasian Borderlands c. 700â1700 (Londres: Macmillan Press, 1999), 128â152.
Jackson, âThe Dissolution of the Mongol Empireâ, 186â244.
Smith, âÊ¿Ayn JÄlÅ«t: Mamluk Success or Mongol Failureâ y su artÃculo posterior (una reseña de mi libro de 1995) John M. Smith, Jr. âNomads on Ponies vs. Slaves on Horses,â Journal of the American Oriental Society, 118 (1998), 54â62.
Amitai-Preiss, Mongols and Mamluks, 214â225.
Sobre la construcción de la maquinaria militar mameluca Amitai-Preiss, Mongols and Mamluk, 71â75. Esta y otras polÃticas anti-ilkhánidas en Amitai, Holy War and Rapprochement, 18â27.
Sobre el conflicto entre la Horda Dorada y el Ilkhanato, ver Boyle, âDynastic and Political History of the Īl-KhÄnsâ, 252â254, 356, 370â371, 373â374, 392, 398â399, 408 y para las no menos difÃciles relaciones con los chagadaidas, ibid., 356â361, 363, 381â382, 398, 405, 408.
Sobre la determinación de los primeros dirigentes mamelucos a la hora de hacer frente a la amenaza mongola, véase Reuven Amitai, âDealing with Reality: Early Mamluk Military Policy and the Allocation of Resources,â en Stefan Leder, ed. Crossroads between Latin Europe and the Near East: Corollaries of the Frankish Presence in the Eastern Mediterranean (12th to 14th Centuries) (Würzburg: Ergon Verlag, 2011), 127â144.
Véanse las referencias en la nota 33.
Además de los estudios citados en la nota 2 y la monografÃa de Felicitas Schmieder, Europa und die Fremden: Die Mongolen im Urteil des Abendlandes vom 13. bis in das 15. Jahrhundert (Sigmaringen: Jan Thorbecke Verlag, 1994), 328â335, véase en este volumen los capÃtulos de Marcos Hierro, Alvira Cabrer y GarcÃa Espada (nota del editor).
Damian J. Smith y Helena Buffery, tr. The Book of Deeds of James I of Aragon: A Translation of the Medieval Catalan Llibre dels Fets, âCrusader Texts in Translationâ (Farnham y Burlington: Ashgate, 2003), 337â338; John Forster, tr. y Pascual de Gayngos, ed. The Chronicle of James I of Aragon (Londres: Chapman and Hall, 1883), 599â600; Reinhold Röhricht, âDer Kreuzzug des Königs Jacob I. von Aragonien (1269)â, Mitteilungen des Instituts für Ãsterreichische Geschichtsforschung, 1 (1890), 374. En la edición de referencia en la lengua original, Jordi Bruguera, Llibre dels Fets del Rei En Jaume (Barcelona: Editorial Barcino, 1991), II, 342. Cabe notar que el historiador armenio Haitón (también conocido como Hethum y Het`um) de Córico, que escribió a principios del siglo XIV, consideraba que un desembarco franco en Cilicia (en Tarso, no en Ayas) era una de las opciones para coordinar la campaña conjunta con los mongoles contra los mamelucos, aunque preferÃa el desembarco directo en la costa siria. En el primer caso, los caballos francos podrÃan descansar antes de emprender la campaña contra los mamelucos, y los caballos y otros suministros podrÃan obtenerse de la cercana âTurquÃaâ, asà como de la propia Armenia Cilicia. Véase âLa Flor des estoires de la terre dâOrientâ, en Recueil des historiens des croisades, historiens arméniens, vol. 2 (ParÃs: Imprimerie Nationale, 1906), 248â249. Robert Bedrosian ofrece una traducción al inglés como âHetâum the Historianâs History of the Tartars. The Flower of Histories of the Eastâ, disponible online y consultado por última vez el 6 de mayo de 2024. Este pasaje en concreto se encuentra al final del extenso documento.
Prawer, Histoire, 494â496; Röhricht, âDer Kreuzzug des Königs Jacob Iâ, 373â378; Reuven Amitai-Preiss, âMamluk Perceptions of the Mongol-Frankish Rapprochementâ, Mediterranean Historical Review, 7 (1992), 53â54. No está de más sugerir que la tormenta pudo ser una coincidencia conveniente ya que Jaime también habÃa mantenido hasta entonces cordiales relaciones comerciales con los mamelucos que de hecho continuó después de la campaña pro-mongola. Durante el reinado de su sucesor Pedro III (r. 1276â85) se desarrollaron aún más las relaciones comerciales amistosas con los mamelucos; Eliyahu Ashtor, Levant Trade in the Middle Ages (Princeton: Princeton University Press, 1983), 12â14. Un tratamiento profundo de la cuestión en el capÃtulo de Marcos Hierro en este volumen (nota del editor).
Lawrence Lockhart, âThe Relations between Edward I and Edward II of England and the Mongol Il-Khans of Persia,â Iran, 6 (1968), 22â23; Reuven Amitai, âEdward of England and Abagha Ilkhan: A Reexamination of a Failed Attempt at Mongol-Frankish Cooperation,â en Michael Gervers y James M. Powell, eds. Tolerance and Intolerance: Social Conflict in the Age of the Crusades (Syracuse, NY: Syracuse University Press, 2001), 75â82 y las notas en 160â163.
Subhi Labib, Handelsgeschichte Ãgyptens im Spätmittelalter (1171â1517) (Wiesbaden: Harrasowitz, 1965), 69â70; Jean Richard, âEuropean Voyages in the Indian Ocean and Caspian Sea (12thâ15th Centuries)â, Iran, 5â6 (1967â68), 49. Esto debe ser puesto en relación con las complicadas, aunque cruciales, relaciones entre Génova (o quizás, los genoveses) y el primer sultanato mameluco aludidas más abajo en la nota 49.
Véanse los estudios citados de Jackson, The Mongols and the West; Prawer, Histoire du Royaume latin de Jérusalem; Richard, Histoire des croisades; Sinor, Inner Asia and its Contacts with Medieval Europe; Boyle, âThe Ilkhans of Persia and the Princes of Europeâ.
Aziz Suryal Atiya, The Crusades in the Later Middle Ages (Londres: Methuen & Co., 1938); Sylvia Schein, Fideles Crucis: The Papacy, the West, and the Recovery of the Holy Land 1274â1314 (Oxford: Clarendon Press, 1991); Jacques Paviot, âComment reconquérir la Terre sainte et vaincre les Sarrasinsâ, Dei gesta per Francos: Crusade Studies in Honour of Jean Richard, Michel Balard, Benjamin Z. Kedar y Jonathan Riley-Smith, eds., (Aldershot: Ashgate, 2001), 79â85; Ãdem, Projets de Croisade (v. 1290âv. 1330) (Paris: LâAcadémie des Insciptions et Belles-Lettres, 2008).
Paul Meyvaert, âAn Unknown letter of Hulagu, Il-Khan of Persia, to King Louis IX of Franceâ, Viator, 11 (1980), 245â259; Jackson, The Mongols and the West, 166.
Ashtor, Levant Trade in the Middle Ages, 17â63. Una hipótesis sobre la complementariedad de las polÃticas mongola y latina a este respecto y sus efectos de largo alcance en el conflicto contra los mamelucos, en el capÃtulo de GarcÃa Espada en este volumen (nota del editor).
David Ayalon, âThe Mamluks and Naval Power: A Phase of the Struggle between Islam and Christian Europeâ, Proceedings of the Israel Academy of Sciences and Humanities, 1/8 (1967), 1â12; Albrecht Fuess, âRotting Ships and Razed Harbours: The Naval Policy of the Mamluksâ, Mamluk Studies Review, 5 (2001), 45â71; Georg Christ, âThe Sultans and the Sea: Mamluk Coastal Defence, Dormant Navy and Delegation of Maritime Policing (14th and Early 15th Centuries)â, The Mamluk Sultanate from the Perspective of Regional and World History: Economic, Social and Cultural Developments in an Era of Increasing International Interaction and Competition, Reuven Amitai y Stephan Conermann, eds. (Göttingen: V&R Unipress and Bonn: University of Bonn Press, 2019), 215â256.
Andrew S. Ehrenkreutz, âStrategic Implications of the Slave Trade Between Genoa and Mamluk Egypt in the Second Half of the Thirteenth Centuryâ, The Islamic Middle East, 700â1900, Abraham L. Udovitch, ed. (Princeton: Darwin Press, 1981), 335â345; Hannah Barker, That Most Precious Merchandise: The Mediterranean Trade in Black Sea Slaves, 1260â1500 (Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 2019); Reuven Amitai, âDiplomacy and the Slave Trade in the Eastern Mediterranean: A Re-examination of the Mamluk-Byzantine-Genoese Triangle in the Late Thirteenth Century in Light of the Existing Early Correspondence,â Oriente Moderno, 88, 2 (2008), 349â368 (Número especial titulado: Les relations diplomatiques entre le monde musulman et lâoccident latin (XIIeâXVIe siècle, editado por Denise Aigle y Pascal Buresi).
Este artÃculo ha sido escrito con ayuda de una beca de la ISF Grant 1821/21. Quisiera expresar mi gratitud a los editores del volumen por su invitación, su apoyo y la traducción al castellano del original inglés.