La presencia de controversias como la antisupersticiosa y la de la licitud del teatro en la obra cervantina sitúan a Cervantes como un autor moralista, capaz de aceptar la posibilidad de la presencia de censores para la protección de sus lectores de las malas fábulas y poetas, como se aprecia en sus diferentes paratextos o El retablo, entre otras de sus obras. Se demuestra asà su compromiso con la idea de protegernos, haciendo suya la defensa de Platón del ciudadano de la República ante la mala poesÃa, por su potencial corruptor del ser humano. Es asà como tampoco se evita la presencia de una de las controversias del perÃodo, como era la de la licitud de los espectáculos en la obra cervantina. Se utilizará uno de los argumentos de los polemistas en defensa de un teatro más ejemplar, que es precisamente el de la necesidad de un intermediario entre obra y público, para proteger a este último del pernicioso efecto de las malas fábulas, como se plantea en el diálogo entre el cura y el canónigo1. La opinión sobre la comedia, en el segundo acto de El rufián viudo, es significativa en cuanto a la coincidente necesidad de adaptación verosÃmil de la obra literaria a la verdad. De hecho, en el propio prólogo a la primera parte del Quijote también se ironiza sobre la limitación de la presencia y autoridad de los clásicos, aludiéndose al referente más real y creÃble posible para informar la obra de ficción, que es el conocimiento del discreto público receptor.
Autoconsciencia, perspectiva y sabidurÃa son tres elementos de la vÃa mÃstica que facilitan el acercamiento humano hacia Dios, los cuales se adaptan a la técnica literaria, en el corpus cervantino. Cervantes es uno de los autores que más experimentaron con la perspectiva literaria y en cuya obra se manifiestan mejor las diferentes reflexiones sobre el saber acerca del comportamiento humano más diverso, especialmente cuando está imbuido de una idea corruptora del mundo sensible que proviene de la fábula literaria, algo apreciable en personajes como Don Quijote, Grisóstomo, Cipión, Berganza, Grisóstomo y Marcela, entre otros2. En ciertos pasajes de la obra cervantina, como los protagonizados por estos personajes, no se evitan debates metaliterarios transcendentales sobre el saber de su tiempo. La fascinación por la exploración de la psique humana, en relación con la naturaleza, tanto como su identificación del conocimiento que nace del desplazamiento del punto de vista del soñador, dormido o despierto, constituyen fuentes del saber tanto en la obra cervantina como en los casos estudiados de Maldonado y Kepler.
Este ensayo se ha enfocado en el Cervantes más antropocéntrico, humanista y neoplatónico. En su obra, el ser humano está frecuentemente en el centro de la medida de todas las cosas, en contraste con el resto de los seres animados, ocupando asà un lugar privilegiado y sagrado. Pero Cervantes fue también un escritor producto de la Contrarreforma, con sus luces y sus sombras. Como se ha apuntado, empresas monumentales como la propia colonización y evangelización española de América, que han sido calificadas como utopÃas españolas realizadas, fueron también el resultado del Ãmpetu contrarreformista (Avilés Fernández âutopÃasâ 33). La Contrarreforma promoverá un tipo de ideologÃa religiosa que influirá en la metodologÃa del proceso de adquisición del conocimiento. Sin embargo, esto no evitará que también se consigan grandes logros en el progreso de la humanidad tanto en las Artes como en la Ciencia. La obra cervantina es buena prueba de ello.
Sin embargo, en este ensayo se ha puesto el foco, no tanto en la ideologÃa de Cervantes, sino en encontrar en su obra criterios de otras âcienciasâ o disciplinas y métodos del conocimiento de su perÃodo, asociadas a la recepción, perspectiva y recursos literarios que se materializan literariamente, a partir de una diversidad de tendencias filosóficas, intelectuales, cientÃficas y estéticas. En La ciencia de Cervantes también se ha situado al autor del Quijote, en relación con los criterios de otros escritores, los cuales estaban igualmente interesados en utilizar la Literatura como un lenguaje para la comprensión del universo, a la altura de las Matemáticas, la AstronomÃa o la Música. Esto demuestra que el Barroco fue un perÃodo fascinante, lo que se evidencia, precisamente, en la existencia de un tipo de autores como Kepler y Cervantes, quienes fueron capaces de plantearse el fusionar aspectos del Arte y la Ciencia, ideando herramientas y arbitrios artÃsticos, para aportar nuevas perspectivas autoconscientes de la realidad, que fueran capaces de iluminar a los lectores sobre la necesidad de separar intelectualmente los propios ámbitos de la verdad y la idea, dirigieÌndonos hacia una mejor comprensión de la divinidad del mundo.
Cervantes utiliza la obra literaria para reflexionar sobre grandes y complejos planteamientos, como se evidencia en el Quijote, El coloquio y el Persiles. Al igual que ocurrió con contemporáneos suyos como Kepler y Bruno, entendió que la obra literaria podrá llegar a ser una plataforma artÃstica válida para presentar profundas alegorÃas del conocimiento. En el caso de El coloquio, la contrautopÃa le sirve de aproximación para poder representar artÃsticamente el súbito despertar asociado ante realidades de imposibles arbitrios, como el que los animales tengan alma.
En la obra cervantina también se aprecia una respuesta literaria al ambiente antisupersticioso, con el que se pretendÃa certificar una realidad alejada de las falsas creencias, para poder asà despertar al incauto de que lo que pensaba que era milagro u obra del demonio, era âindustriaâ desalmada. Todo ello en una sociedad, en la que el mayor pÃcaro de todos estaba en la Corte, ordenando limar las monedas de oro para poder llegar a fin de mes, dejando expuestos asà los caudales de sus súbditos al libre albedrÃo del gasto desmesurado y efÃmero, por Gracia de Dios. Algo, una vez más, recurrente en todo tiempo y lugar.
En La ciencia de Cervantes, a partir del marco de la contextualización del autor y de la obra cervantina propuesto, se ha evidenciado el tipo de recepción de la obra y figura de Cervantes por parte de algunos escritores coetáneos suyos. Posteriormente, se ha explorado, en detalle, el modo en que se resuelven algunas de las preguntas fundamentales del arte y ciencia barrocos en la obra cervantina, como son los lÃmites de la verosimilitud, la perspectiva y la concepción de la Literatura como un Arte con un elevado potencial para una representación verosÃmil de la realidad3. En este sentido, se ha explorado además el planteamiento de que autores como Cervantes pudieron haber escrito sus obras siendo conscientes de que la representación artÃstica de los fenómenos regidos por la FilosofÃa Natural podÃa estar condicionada por la posibilidad de conciliar métodos de conocimiento irreconciliables, como fueron el escolástico y el experimental. Este tipo de contradictorias aproximaciones intelectuales, frecuentemente promovidas por la Iglesia y la MonarquÃa, fueron implementadas mediante discursos como el antisupersticioso, que estuvo presente hasta finales del siglo dieciocho en España. Mediante esta imposición de la aceptación de una metodologÃa disfuncional del pensamiento, que convive con la natural aceptación de la exageración y la deformación de la verdad histórica, se fue forjando el carácter y sentido de las opiniones del espectador español, a partir del Barroco. La cosmovisión resultante, con honrosas excepciones, se aprecia en el tono, fondo y sentido de estéticas literarias barrocas como la del teatro contrarreformista. Ãste, en muchos casos, se enfocará en la deformación propagandÃstica de la historia, con un propósito encomiástico hacia las oligarquÃas y con una crÃtica de las costumbres que es ligera, si es que existe, dentro de un tipo de entretenimiento atractivo para los sentidos y evasivo, pero, en muchos casos, intelectualmente vano. A partir del conocimiento de debilidades del ser humano como su frecuente estado de histéresis o su incapacidad de diferenciar realidad de fantasÃa, se le adaptarán diferentes ilusiones, fabricadas para aprovecharse de su esfuerzo y limitar el saber a aquel que fuera dócil y âbuenoâ, para que siguiera creyendo en tierras de Jauja.
En La ciencia de Cervantes se demuestra cómo las contradicciones del imposible consenso metodológico entre el método cientÃfico experimental y el eclesiástico-escolástico tuvieron su reflejo en diferentes obras clave, en las que se exploraba y problematizaba, neoplatónicamente, el abismo existente entre verdad e idea. Concretamente, en la obra cervantina se aprecian numerosos episodios que tratan sobre la errática imposición de un método del conocimiento informado, como era, por ejemplo, la navegación, en un contexto en el que no se puede desarrollar técnicamente, al no existir nuevas tierras por descubrir en La Mancha. Esta reflexión sobre los lÃmites geográficos se une a los del propio ser humano, en relación con los animales, planteada en El coloquio cervantino, cuya exploración de la imposible reconciliación de escolasticismo, humanismo y ciencia barroca está en lÃnea con las propuestas de otros autores neoplatónicos con los que se compara su obra en este ensayo, como son las de Maldonado y Kepler. Esto demuestra cómo Cervantes es una de las pocas excepciones barrocas españolas que reaccionarÃan intelectualmente contra las disonancias nacidas de la imposición de discursos y métodos incompatibles con la verdad, con una actitud neoplatónica muy cercana al humanismo renacentista que le precedió, pero con un espÃritu libre similar al que inspirará la Nueva Ciencia.
Sirva este ensayo para la comprensión de Cervantes y de su obra a partir de una serie de criterios contemporáneos suyos, con la intención de que sea asà mejor apreciado, como uno de los primeros y pocos escritores de la Historia capaces de utilizar la Literatura como un lenguaje para transmitir conceptos transcendentales para el ser humano. Entendió el potencial literario como fuente última de un tipo de SabidurÃa que estaba basada en la sencillez de la aproximación a la verdad de aquel ser consciente de que, evitando los filtros ideológicos, o de cualquier clase, a la hora de abordar asuntos transcendentales para el ser humano, su obra pervivirÃa y transcenderÃa eternamente. De este modo, habrÃa cumplido el difÃcil propósito de estar en armonÃa con las propias reglas que rigen el mundo divino, pudiendo contribuir, de paso, al progreso y bienestar humano, en cualquier tiempo, lugar ⦠y no-lugar ⦠de Auristelas infinitas.



Detalle del barril endemoniado, âNo Corners to Hideâ. Frank Quitely
A diferencia de Italia, en España se atiende menos a la crÃtica sobre la propia estructura de la fábula, que a su efecto en el lector: âLos criÌticos de las novelas de caballeriÌas en EspanÌa se preocupaban maÌs de los efectos que eÌstas produciÌan en el puÌblico, y menos de sus cualidades artiÌsticas formales, que los criÌticos del romanzo en Italiaâ (Riley teorÃa 135).
Esto coincide con el hecho de que la capacidad de razonar y alcanzar la virtud intelectual, más elevada que la virtud moral es, para teólogos como Bovelles, un estado elevado al que aspirar dentro de la FilosofÃa Natural: âSi lâ on envisage lâhomme en toutes ses acceptions selon la nature, comme selon lââge et la vertu, celuici sâaccomplit en quatre degrés. De fait lâhomme naturel, en tant quâenfant, se place au quatrième rang à partir des minèraux; [â¦] eu égard à la vertu intellectuelle, qui se réalise en lâhomme après la vertu morale, se présentent encore quatre degrees dans lâaccomplissment de lâhomme par la vertu intellectuelleâ (IV, 35,37).
En ese sentido, Cervantes también se alinearÃa con la estrategia manierista de intentar â[â¦] sobrecoger e impresionar a sus lectores no soÌlo porque esto fuera agradable, sino para atraer su atencioÌn y dotarles de un talante receptivo mediante el cual pudiera ser aceptada una leccioÌn de moral y fuera posible comunicarles una verdad universalâ, para lo que se sirve â[â¦] de medios estiliÌsticos y conceptuales, que atraiÌan la atencioÌn del lector, despertaban su ingenio y le invitaban a ejercitar su inteligencia.â AsÃ, la obra barroca también disfrutaba de cierto sentido de libertad, al apoyarse en el doble valor de la admiración que â[â¦] aunque podiÌa estar relacionada con la ignorancia, tambieÌn podiÌa estarlo con la curiosidad, que es el origen de la sabiduriÌaâ (Riley teorÃa 150).