OrÃgenes es un autor difÃcil, no sólo por las severas dificultades que propone la accidentada transmisión de sus textos, sino por la complejidad y hondura de su pensamiento. Mientras algunos autores antiguos y modernos tienden a simplificar la realidad y a evitar las tensiones entre las fuentes, el maestro de AlejandrÃa siente una particular atracción por los ÏÏοβλήµαÏα, es decir, por las dificultades. En vez de forzar la pacÃfica concordancia de las afirmaciones bÃblicas, este exégeta se esfuerza por mostrar sus tensiones e, incluso, sus contradicciones. Se aventura por este camino no porque quiera mostrar alguna fragilidad de la Escritura, sino porque está convencido de que la Palabra de Dios escrita en ambos testamentos, más allá de sus tensiones y contradicciones a nivel de la letra, goza de una total coherencia a nivel de su significado espiritual. De este modo, cuando OrÃgenes detecta una contradicción entre dos textos bÃblicos, los confronta mutuamente para profundizar su comprensión, convencido de que existe una plena armonÃa entre estos pasajes cuando se contempla su significado profundo. De este modo, derriba una sÃntesis superficial e invita al lector a reconocer una sÃntesis más profunda, que se verifica en el nivel de la comprensión espiritual. Se trata de una búsqueda gradual y siempre inacabada, que avanza desde una sÃntesis provisora más externa, a otra sÃntesis, siempre provisoria más profunda. Una homilÃa describe este dinámico camino de la lectura de las Escrituras:
Y verdaderamente si uno ha hecho algún progreso en la ciencia y ha adquirido alguna experiencia en este asunto, sabe bien que, cuando ha llegado a una visión de los misterios espirituales, allà el alma acampa como en una tienda. Y cuando, a partir de lo que ha encontrado, explora más allá y progresa hacia nuevas comprensiones, desde aquel sitio, como si levantara la tienda, se dirige a lugares superiores y coloca allà la sede del alma, fijándola en la estabilidad de los sentidos [espirituales]. Y desde allÃ, de nuevo, a partir de ellos, encuentra otros sentidos espirituales, que aparecen como consecuencia de los anteriores; y asÃ, siempre tendiendo hacia delante, parece que avanza por tales tiendas. Pues, nunca llega el momento en que el alma, abrasada por el fuego de la ciencia, puede estar en ocio o en reposo, sino que siempre es llamada desde las cosas buenas a otras mejores, y de nuevo desde las mejores a otras todavÃa superiores (HNm XVII,4).
Este fragmento de la homilÃa XVII sobre el libro de los Números, contiene, sin duda, elementos autobiográficos que reflejan de qué manera OrÃgenes comprende el complejo itinerario que recorre quien emprende la tarea de la lectura espiritual de las Escrituras.
La experiencia de OrÃgenes frente al mar de las Escrituras guarda cierta analogÃa con lo que experimenta el que estudia la obra del maestro de AlejandrÃa. La investigación académica también avanza de una sÃntesis provisoria a otra sÃntesis, también provisoria. Continuando con la metáfora de la marcha del pueblo de Israel por el desierto, aludida en la homilÃa, cuando se estudia un aspecto de las obras del Alejandrino, se avanza como hacia una cumbre en el camino, que se presenta como la meta. Sin embargo, una vez que se alcanza esa cumbre, lo que parecÃa la meta, se revela no sólo como un nuevo punto de partida de la siguiente etapa, sino que, al ser un lugar más alto, permite ver con mayor perspectiva ây por tanto reconsiderarâ lo que ya se ha recorrido. De este modo, el avance de la investigación no es lineal, sino multidimensional. A su vez, esta experiencia personal del estudioso se sustenta en un itinerario más amplio, conformado por la amplia tradición de estudios origenianos. Los logros actuales se apoyan en los avances de las generaciones de investigadores anteriores. También, en esta mirada colectiva, desde cada cumbre alcanzada, es necesario volver a mirar la totalidad del tenso, complejo, problemático y fascinante sistema teológico de OrÃgenes.
El libro que tengo el agrado de presentar se inscribe en esta tradición académica. Durante muchos siglos, los estudios se desarrollaron dentro del rÃgido marco de la pregunta por la herejÃa u ortodoxia. A finales del siglo XIX e inicios del XX, en el contexto de la elaboración de las primeras ediciones crÃticas de sus textos, OrÃgenes comenzó a ser estudiado con estándares más cientÃficos y con bases filológicas más sólidas. Estos estudios pusieron el énfasis en el carácter sistemático de su pensamiento, a la luz de los sistemas mediplatónicos de la antigüedad tardÃa. Por otra parte, una valoración excesivamente negativa de las traducciones latinas de OrÃgenes, realizadas por Rufino, obstruyó la investigación de una significativa porción de las obras origenianas. La segunda mitad del siglo XX, gracias a la revalorización de las traducciones latinas, del carácter exegético y de la dimensión mÃstica de la obra del maestro de AlejandrÃa, fue testigo de un fecundo desarrollo de los estudios origenianos, no exento de tensiones. Las dimensiones exegética, sistemática y mÃstica pudieron ser mejor integradas, y el dilema entre herejÃa y ortodoxia perdió relevancia gracias a dos factores: una mayor conciencia histórica de los estudiosos y el creciente interés por OrÃgenes fuera de los cÃrculos teológicos que, por siglos, habÃan sido el contexto natural de este tipo de estudios. De este modo, las últimas décadas han ofrecido un contexto favorable para el desarrollo de los estudios sobre OrÃgenes.
Fernando Soler ha podido beneficiarse y aplicar a su trabajo los aciertos conceptuales del siglo recién pasado. En el presente estudio sobre el sentido teológico de las metáforas de comer y beber las dimensiones exegética, sistemática y mÃstica de OrÃgenes ya no están contrapuestas, como antaño, sino integradas; las obras que se han conservado sólo en traducción latina han sido incluidas con las correspondientes cautelas; la mirada no se centra en el problema de la heterodoxia u ortodoxia; ni tampoco la teologÃa del Alejandrino está leÃda, de manera anacrónica, a la luz de las subdivisiones modernas de la disciplina. En este contexto, el estudio de una metáfora se revela una manera eficaz y, a la vez, respetuosa del autor que permite un acceso nuevo a la fascinante obra del Alejandrino.
Quisiera destacar tres elementos del presente estudio: el método, la estructura y un fruto particular de su desarrollo. El método del libro retoma la técnica de la filologÃa alejandrina que, para profundizar el contenido de un texto, recurrÃa a la comparación de otros textos que, por diversos motivos, contenÃan algún elemento en común. OrÃgenes enunciaba asà este principio:
Para que conozcamos de modo más pleno el contenido interior de una palabra, creo que es conveniente presentar dónde encontramos escrita esta palabra en la divina Escritura, y comparar las realidades espirituales con las espirituales para se manifieste de modo más evidente que lo que indica esta palabra (H36PsL I,1).
A lo largo de este libro, el lector podrá apreciar de qué manera, la confrontación de textos que contienen elementos análogos obtiene como resultado una profundización en su comprensión. Este método, aplicado por OrÃgenes, funciona bien en sus textos y, a la vez, permite mostrar la coherencia y estabilidad de su teologÃa.
La estructura del trabajo no sólo responde al contenido estudiado, sino también a la mentalidad alejandrina. La tercera parte, la teologÃa origeniana desde metáforas de comer y beber, está elaborada sobre la base de las convicciones fisiológicas de OrÃgenes, expuestas en la primera parte del libro. Y, entre ambas secciones, se ofrece algunos elementos de su teorÃa hermenéutica. Este esquema, que avanza desde la letra hacia el espÃritu, corresponde también a la forma mentis origeniana, tal como lo refleja un texto programático:
Todas las cosas visibles pueden ser relacionadas con las invisibles, las corpóreas con las incorpóreas y las manifiestas con las ocultas, de modo que la misma creación del mundo puede entenderse como hecha por la divina SabidurÃa con una disposición tal que, sirviéndose de las cosas mismas como ejemplos, nos enseñe sobre las realidades invisibles, y de lo terrenal nos transporte a lo celestial (CCt III,13,27).
La teologÃa origeniana, tal como su exégesis, parte de la letra, de lo visible y palpable, para remintarse desde allà a lo invisible y espiritual. Por ello, sentido teológico de las metáforas de comer y beber en la obra de OrÃgenes debÃa brotar de las convicciones fisiológicas presentes en la mente del exégeta alejandrino.
Finalmente, quisiera destacar un elemento particularmente fecundo del presente trabajo. Era previsible que un estudio del significado de las metáforas de comer y beber en la obra origeniana ofreciera, por ejemplo, elementos para reconstruir el progreso espiritual, vinculado ya por Pablo a esta misma metáfora. Por otra parte, el abundante uso metafórico de comer y beber en los escritos de nuestro autor permitÃa esperar que su visión de conjunto fuese un camino para recorrer y confirmar los grandes temas teológicos de la obra del Alejandrino. Sin embargo, además de estos frutos esperables, la presente investigación ofrece algunos elementos que no sólo permiten confirmar, sino también profundizar la teologÃa de OrÃgenes. La consideración de la Trinidad desde las metáforas de comer y beber ofrece el siguiente texto:
No es absurdo decir que no solamente los humanos y los ángeles tienen necesidad de los alimentos intelectuales, sino también el Cristo de Dios. También este es, por decirlo asÃ, restaurado eternamente por el Padre, que es el único autosuficiente y autárquico (CIo XIII,219â221).
OrÃgenes presenta al Hijo eterno como necesitado del Padre. Este tipo de afirmaciones, que desaparecerán con la crisis arriana, por mucho tiempo han sido vistas como fórmulas provisorias, menos precisas respecto de las que se elaborarÃan en el siglo IV. Sin embargo, una afirmación como esta, situada en su contexto teológico, se manifiesta no como una formulación deficiente en comparación con el dogma posterior, sino como una expresión de gran riqueza teológica que, desgraciadamente, se perderá a causa de las traumáticas controversias que se desarrollaron tanto en Oriente como en Occidente, durante las décadas centrales del siglo IV. Esta manera de comprender la relación filial del Hijo respecto del Padre no sólo permite, entonces, reconstruir la historia de la teologÃa patrÃstica, sino que es un elemento que colabora en la renovación de la teologÃa trinitaria actual.
Samuel Fernández
Facultad de TeologÃa
Pontificia Universidad Católica de Chile